Alberto Ruz Coyote es un nómada cuyos viajes están dedicados al cambio social, la sostenibilidad ambiental y las artes escénicas. Fundó la primera ecoaldea de #México, conocida como Huehuecoyotl. Además, dirigió la Caravana Arcoíris por la Paz durante 13 años a lo largo de 17 países de América Latina 🚌 https://coyotealbertoruz.org ⬇ ⬇ ⬇ ⬇ ⬇ ⬇ ⬇ ⬇ ⬇ ⬇ ⬇ ⬇ ⬇ ⬇ ⬇ ⬇
Desde siempre los viajeros me han apasionado.
Porque yo, desde muy chico, lo que más me gustaba era viajar.
La gente que se dedica una etapa de su vida o que nace
y crece como parte de una tribu nómada... SON MI TRIBU.
Originalmente todos éramos nómadas. O sea, los inventos de la propiedad, construcciones
y el Estado son muy recientes en la historia de la humanidad.
Antes éramos clanes que viajábamos con las temperaturas, con la caza, con la pesca, con la recolección...
Donde podíamos tomar, no dejar mucha huella y podíamos movernos.
Se nos olvida pero estamos viajando todos todo el tiempo, porque la Tierra está en movimiento.
Y somos nosotros los que queremos que se detengan las cosas, los pensamientos, las culturas, las sociedades...
Queremos que todo se detenga para que sea como nosotros queremos.
Y bueno, la Madre Tierra, la Pachamama y el cosmos nos enseñan que estamos muy equivocados.
Al final, el movimiento galáctico, cósmico, y el movimiento de la Tierra
y de las estaciones, todo eso tiene que ver con movimiento y con cambio.
—¿Cuáles serían las consecuencias de haber perdido el nomadismo que nos caracterizaba?
—Se perdió la libertad, el sentido de libertad que da y que me daba a mí.
Cada vez que arrancaba mi autobús, yo arrancaba y decía: "¡Wow! ¡Hacia lo desconocido!"
A no saber qué iba a pasar en el camino. No era un viaje organizado yendo de hotel en hotel,
a un restaurante y una visita a un museo, no. El partir por una nueva ruta que no conocía
y que me iba a traer todo tipo de de aventuras.
—¿Qué opinas del mundo después de haberlo recorrido ancha y profundamente?
—He visitado y vivido en más de cincuenta o sesenta países.
Cuando me preguntan "¿Cuál es el que más te gustó?"
Les digo, "¡Ay, pregunta idiota!" Porque a mí, de cada lugar donde estuve,
hay algo que me gustó mucho. Eso también abre tu mente, la consciencia.
Porque te toca vivir con todo tipo de gente, comer cualquier tipo de cosa,
dormir donde se pueda... El poder estar en mi casa, donde quiera que fuera.
La casa la traes como las como las tortugas. La traes encima, ¿no?
En cualquier sitio sientes que formas parte de él.
—¿Tal vez hayamos olvidado un poco que el mundo es nuestra casa?
—Cuando por primera vez entendí que era importante tener legislaciones biocéntricas,
recuperar ese sentido de vivir en una casa común, algunos dicen "una nave común", también lo es.
Y para mí, es nuestra Madre común.
—¿Qué has aprendido en tu vida, Coyote? —Cinco idiomas.
Para mí, una de las cosas más importantes es descubrir que en cualquier lugar he encontrado gente buena.
No tener miedo y desconfianza de la gente. Al partir de una confianza que tú generas
y que tú compartes, se vuelve confianza, te acerca.
Tú volteas el imán y se repelen. Tú giras el imán y se atraen.
Entonces, por todos lados he encontrado gente así. Otra de las cosas que he aprendido es a tener
más paciencia que la que tenía antes, porque, para ser tribu tienes que ir al ritmo
de personas de todas las edades, de todo el grupo. Aceptar hasta lo que no te gusta
o los que no te gustan. La inclusión de todo y todos es el mundo en el cual a mí me gustaría
encontrarme cuando regrese. Si empiezas a rechazar a los que no te gustan
y solo te quedas con los que piensan, sienten y hablan como tú, ahí empiezas a restringir
el tema de que somos tribu.
—¿Qué es ser tribu? —Un grupo que, entre varios, o entre muchos,
los que sea, cada quien hace algo que es para el bien común.
Ser comunidad. Tener algo que te unifica con otros por razones de lo que sea, no importa,
ideológicas, religiosas, laborales, étnicas, cual sea, pero que te hace uno, una comunidad,
con un grupo de gente. En la vida nómada, con un grupo eres tribu,
y como se dice en México: ¡A LA FUERZA!
—¿Cuál es tu mayor crítica al mundo de hoy en día?
—Es una polarización de fuerzas, entre las cuales ya no puede haber diálogo.
Hay creencias en ambas partes. Hay verdades en ambas partes. Hay juicios y hay prejuicios.
Es muy difícil lograr un entendimiento mutuo en este momento. Se ha facilitado mucho, cuando algo no te gusta,
lo tiras, incluido en las parejas, ¿no? Si no te funciona, adiós, otra, y otra, y otra...
En todos los años de mi vida nunca había vivido una situación de polarización de cualquier cosa,
por las vacunas, por las creencias, por los muros... Es muy difícil dialogar porque estamos
enfrentándonos con certezas y con creencias inamovibles. Así son las cosas y si tú piensas
de otra manera, tú eres mi enemigo. Es lo que nos está tocando vivir, ¿no?
—¿Cuál es la esperanza? —La esperanza es no perder la esperanza.
Cuando se pierde la esperanza ahí ya se fastidió todo. O sea, básicamente,
en ese momento ya te rindes. A veces, a los que no queremos perder la esperanza se nos llama "utópicos",
"románticos" o "ilusos", o cualquiera de esas cosas. Pues sí, vamos a decir que sí.
Pero yo no quiero perder la esperanza. Y cualquier cosa que sucede,
como tú ahora mismo que estás aquí con tantos seguidores, que van a ver esto,
y que vas a ir a otro sitio donde vas a mostrar otra realidad de gente que está haciendo
algo para preservar la esperanza, pues es un trabajo que es el que nos toca hacer.
Yo creo que volvernos ejemplos de lo que proponemos, es fundamental.
—¿Cómo se ve la vida en el ocaso? —Paso momentos muy duros.
Pero hay algo que en un momento dado, me da la fuerza para seguir adelante.
No me he dejado vencer por el pesimismo, la pasividad o el miedo,
o cualquiera de esos otros enemigos que tenemos. ¡No! Hay una parte de mí que sigue,
y sigo haciendo cosas que me dan la razón o las razones para seguir adelante
hasta el momento que toquen mi campana y me digan "se acabó".
Todo es cíclico y está basado en estaciones. No puedes permanecer siempre en la primavera,
ni siempre en el verano, ni siempre en el otoño, ni siempre en el invierno.
Las civilizaciones tienen también su auge, y nosotros, los árboles, los animales,
también tenemos nuestros ciclos, y yo sé que estoy en el último ciclo de mis ciclos.
Pero he vivido tantas vidas en esta vida...
—Te lo has pasado muy bien. —¡Uf! ¡Me la he pasado muy bien!
—¡He visto fotos y sé que te la has pasado muy bien! —En todos los sentidos, ¿no?
—¿Qué es la paz para ti? —La paz, ya lo dijeron otros antes que yo.
No es una finalidad, es un camino. El camino donde cada día tienes que estar trabajando
con tus obstáculos, enojos, envidias, rabias... No llegas a la paz, vas caminando a la paz.
Vas caminando y tratando de que lo que hagas cada día, tenga que ver en cómo vivir
lo más pacíficamente, armónicamente, y respetuosamente.
Vivir simplemente, la simplicidad me parece fundamental.
No estar corriendo tras el "quiero más, quiero más". Nunca tuve muchas necesidades.
Siempre hay que ver qué tres cosas son las que para mí son fundamentales.
Y bueno, si esas tres partes o cosas estaban satisfechas, todo lo demás me sobra.
Yo descubrí el concepto de "el buen vivir" en Ecuador. El "sumak kawsay" es el vivir bien.
Porque el vivir mejor es un pozo sin fin. El vivir bien es vivir con lo que tienes,
con lo que necesitas. El vivir mejor es "quiero esto, quiero eso, tengo esto pero ahora quiero uno mejor"...
"Ahora gano esto pero quiero ganar esto, tengo una televisión pero ahora quiero una más grande,
un reloj, un celular..." O sea, no tiene fin. Traten de encontrar lo que realmente necesiten
para vivir bien. No traten de entrar en la carrera del vivir mejor, que es lo que ha destruido todo.
Y sigue destruyendo todo. Cuando vives bien, cuando logras entender el buen vivir,
es como una gran lección que te puede servir de guía para no distraerte en otro tipo de cosas.
—¿Qué mensaje te gustaría dejar? —Al viajar creas inmediatamente un rizoma
por donde vas pasando, que fue lo que hizo la caravana. En la caravana viajaron a través de trece años,
unas 450 o 470 personas, que fueron tripulantes. Así los llamaba. Éramos todos voluntarios.
De todas esas personas que estuvieron, unas 50, 60 o 70 absorbieron y ahora
ya lo materializaron en sus lugares, proyectos que forman parte de una red de eco aldeas,
como quieras llamarlo. Entonces, el viajar, el conocer mucha gente, el conocer muchos lugares,
el vivir situaciones completamente fuera de tu zona de confort, todas esas experiencias y vivencias
te dan una visión cada vez más más global. Y eso se lo recomiendo a todos.
No tienen que vivir una vida nómada, pero sí pasen una época de su vida,
no solamente de vacaciones en la playa o en el hotel, sino conozcan, conozcan otras cosas, otra gente
de otras realidades sociales. Amplíen sus intereses, más y más intereses.
Busquen siempre nuevas cosas y encuentren siempre nuevas rutas, nuevos caminos
que básicamente les permitan a ustedes también volverse como este árbol,
con raíces por todos lados. Varias de las tribus dicen que lo que se hace,
siempre hay que hacerlo pensando en siete generaciones.
No tanto las de atrás, sino de las que vienen. ¿Qué le dejas tú a tus próximas generaciones?
Y que lo que dejes, sea un ejemplo, una enseñanza, para que ellos ya puedan
seguir viviendo en las próximas generaciones. Si tú cuidas los árboles, si cuidas tus relaciones,
si tú cuidas los animales, si tú cuidas la naturaleza. Cualquiera de estas cosas, las personas que viven
en la ciudad o que ha vivido y que ha crecido en la ciudad, no tiene ningún contacto con esto.
El poder observar cambios en la gente con la cual interactuaste en un momento dado,
cambios positivos, produce una gran satisfacción.
—¿Cuál es el sentido de la vida para ti? —Vivirla plenamente, vivir todos tus sueños.
Sueño que no vives, se vuelve pesadilla. Entonces, como a mí no me gustan mucho
las pesadillas, trato de vivir todos mis sueños.
—Soñar es importante. —Y despertar es más importante.