En el vídeo de hoy explicaremos cómo funciona el sistema de pensiones en España y exploraremos el apasionante mundo de las mutualidades que pueden ser un complemento perfecto que haga que el sistema de pensiones sea más sostenible de lo que hoy en día es.
Señoras y señores, tenemos un elefante en la habitación.
A estas alturas ya casi todo el mundo sabe
que el mayor problema de las economías desarrolladas
es el envejecimiento de la población.
A medida que más y más gente se jubila,
las arcas de los estados tienen que hacer frente
a un mayor pago de pensiones.
Además, el progresivo envejecimiento de la población
también provoca que el estado
tenga que destinar una mayor cantidad
de recursos a sanidad y dependencia,
sin contar la baja natalidad.
Por ello, hoy vamos a prepararnos,
aunque lo veamos lejos,
para uno de los momentos más importantes de tu vida,
tu jubilación.
Vamos a explicar cómo funciona el sistema de pensiones
público y privado, veremos qué está haciendo el gobierno
y cómo tiene pensado enfrentarse
a la situación, y daremos algunas soluciones
que se podrían aplicar
para hacer que este gran problema
no lo sea tanto como pueden ser
las mutualidades de previsión social, por ejemplo.
En este vídeo voy a centrarme
en el caso de España, pero si no eres español
es muy posible que los mismos conceptos
se adapten también a tu país.
Cuando hablamos de prepararte para la jubilación
tenemos que tener en cuenta
tres pilares fundamentales que protegerán
nuestras finanzas cuando
llegue la hora de retirarnos.
El primer pilar es la protección pública encarnada
en la seguridad social.
El segundo pilar son los sistemas de pensiones privados
promovidos por las empresas para sus empleados.
Y el tercer pilar es la previsión
individual, es decir, aquellas previsiones
que contratamos por iniciativa propia.
Comencemos por el primer
pilar con un poco de historia. En el siglo XIX
los estados modernos se estaban asentando
y para ello la figura del Estado
tenía que ser una figura fuerte, capaz
de garantizar el bienestar económico y social
de sus ciudadanos. Y para ello los estados
más desarrollados comenzaron a implementar
un concepto que entonces
era muy rompedor, el Estado del Bienestar.
El Estado del Bienestar no
eran más que políticas gubernamentales
para corregir desigualdades y mejorar
la calidad de vida de la población.
Entre todas estas políticas que conformaban
el Estado del Bienestar se encuentran
los sistemas de pensiones, los cuales
están diseñados para garantizar la
protección de los ciudadanos ante problemas
inesperados como enfermedades, desempleo
o accidentes, y ante situaciones
vitales como la jubilación.
En España el sistema de pensiones
está compuesto por un sistema público
gestionado por la Seguridad Social
y se basa en un modelo de reparto colectivo
donde las cotizaciones
de los trabajadores en activo financian
las pensiones de los jubilados
actuales. Vamos, que lo que tú cotizas
no se te guarda en una hucha
y se te queda al final de tu vida laboral
sino que ese dinero se usa para
pagar las pensiones de aquellos que actualmente
están jubilados. En España
este sistema está gestionado principalmente
por el Instituto Nacional de la
Seguridad Social, el INSES.
Este se encarga de las pensiones
contributivas y también está
el Instituto de Mayores y Servicios
Sociales, el INSERSO, que
gestiona las pensiones no contributivas.
¿Y qué es esto de pensiones contributivas
y no contributivas? Fácil.
Las pensiones contributivas son aquellas
a las que se accede después de haber
realizado aportaciones a la Seguridad Social
durante un periodo mínimo de tiempo.
De hecho, para acceder al 100% sobre
la base reguladora es necesario
haber cotizado como mínimo 35
años. Estas pensiones
están directamente relacionadas con las
cotizaciones que los trabajadores
han realizado a lo largo de su vida laboral.
Cuanto más cotices, más pensión
te toca. Hasta cierto límite, claro.
Las pensiones no contributivas,
por otro lado, están destinadas a personas
que no han podido cotizar lo suficiente
a la Seguridad Social para acceder a una
pensión contributiva o que directamente
nunca han cotizado, como es el caso de
muchas mujeres que se dedicaron a ser amas de casa
o de trabajadores que han
trabajado en negro durante muchos años.
Estas pensiones son financiadas por el
Estado a través de los impuestos y están
diseñadas para proporcionar un ingreso
básico a aquellos ciudadanos
que se encuentran en una situación
de vulnerabilidad. Bueno, sigamos.
Para acceder a una pensión contributiva
los trabajadores deben haber cotizado
un mínimo de 15 años, con
al menos dos años dentro de los
15 años anteriores a la jubilación.
La edad legal de jubilación en España
está aumentando gradualmente y se
sitúa en 66 años en
2024, aunque es posible
jubilarse antes con penalizaciones
o después con incentivos.
Eso sí, si tienes menos de 50 años
ya te digo que es muy probable que cuando
tú te jubiles, la edad de jubilación
sea mayor. ¿Y cuánto vas a
cobrar de pensión si te jubilas? Bueno,
como hemos dicho, la cuantía de la pensión
se calcula en función de las bases
de cotización de los últimos años trabajados
y del número, obviamente, de años cotizados.
¡Un rollo! Pero quédate
con que, hasta un límite, cuanto más
cotices, más vas a cobrar.
El gobierno actualiza las pensiones
al menos al ritmo de la inflación
porque en España así lo marca la ley.
Vale, una cosa importante. Las mutualidades
profesionales también podrían encuadrarse
aquí, ya que son una alternativa a la
seguridad social. Pero bueno, esto os lo
cuento luego. Así que hasta aquí el sistema
público de pensiones. Pero, ¿qué hay del
privado? Pues, por un lado, tenemos el
segundo pilar, compuesto por los planes de
previsiones que las empresas hacen para sus
empleados. Estos planes consisten en
aportaciones que bien pueden ser abonadas
íntegramente por las empresas o pueden
estar formadas también por aportaciones de los
empleados. Este pilar, a diferencia del
primero, que utiliza un sistema de reparto
se basa en un sistema de capitalización.
En este sistema, cada
trabajador cotiza por su propia cuenta,
haciendo aportaciones que se acumulan con el tiempo.
Estas contribuciones se invierten
y capitalizan, y las
prestaciones futuras dependerán
tanto del monto total de las aportaciones
como del rendimiento financiero de estas
inversiones. Y, por último, tenemos que ir
al tercer pilar, que son las previsiones individuales
que cada persona contrata por
iniciativa propia, como planes de pensiones
u otros productos de ahorro-inversión
gestionados por entidades financieras
como bancos, mutualidades
o aseguradoras. Estos productos
permiten a los individuos ahorrar
de manera voluntaria para mejorar sus ingresos
durante la jubilación. Los
planes de pensiones funcionan mediante
aportaciones periódicas o puntuales que
se invierten en diferentes activos financieros
y su resultado dependerá de lo
bien o mal que haya invertido el gestor
del plan de pensiones en el que hayas puesto tu
dinero. Vamos, que al igual que en los
planes de previsiones de las empresas para
sus empleados, estos también funcionan
bajo un sistema de capitalización.
Las aportaciones a planes de pensiones
tienen beneficios fiscales,
ya que pueden deducirse de la base
imponible del IRPF, reduciendo
la carga fiscal durante los años de
aportación. Existen diferentes tipos
de planes de pensiones, como los planes
individuales, promovidos por entidades
financieras y contratados de manera
individual, o los planes
asociados, promovidos por asociaciones
o colegios profesionales. Los
planes privados son súper importantes
a la hora de complementar el tema
de las pensiones, y me explico.
Se pueden bajar las pensiones, retrasar
la edad de jubilación, tratar de fomentar
la natalidad, apostar por la productividad
y un largo etcétera. Pero la
mayor parte de estas medidas, o son
muy a largo plazo, o el coste de
las soluciones, recae de lleno en
los propios trabajadores y pensionistas.
Por ello, a día de hoy, la herramienta
más práctica para mejorar la jubilación
de los trabajadores es complementar
las pensiones públicas con los planes
privados, creando un sistema mixto.
Es cierto que hay entidades
financieras y aseguradoras que ofrecen
estos planes privados, pero en mi opinión
hay una opción mucho mejor. Hablo de
las mutualidades de previsión social, más
conocidas simplemente como mutualidades
o mutuas en España. Pero
¿qué es esto de las mutualidades? Bien,
trataré de explicarlo de la forma más sencilla
posible. Imagina un grupo de personas
que tienen algo en común, como su
trabajo o el lugar donde viven.
Ahora imagina que estas personas deciden unirse
para ayudarse mutuamente en
caso de que ocurra algo inesperado, como
una enfermedad, o un accidente,
o incluso, venga, para hacer frente a la jubilación.
Pues bien, esa unión es lo
que se llama una mutualidad. Y para
poder hacerla cada uno de los miembros de la mutua
tiene que aportar una cantidad de
dinero de manera regular a un fondo
común que es gestionado por la propia
mutualidad. No obstante, las mutuas
tienen varias características
que las hacen únicas. Por un lado,
no tienen ánimo de lucro, es decir,
no buscan generar ganancias para
repartir entre accionistas. Todo el dinero que
recaudan se destina a
mejorar los servicios para los miembros.
Además, estas funcionan bajo
el principio de capitalización individual.
Cada miembro tiene en la mutualidad
una cuenta personal donde se acumulan
sus aportaciones a lo largo del tiempo.
Como es lógico, los fondos acumulados en
estas cuentas pertenecen a cada miembro
de forma individual y se invierten, por
ejemplo, en muebles para generar rendimientos.
Por ello, la cantidad acumulada
cuando se necesite el dinero dependerá
de las aportaciones de cada miembro y los
rendimientos obtenidos. De esta forma,
los miembros tienen más control y transparencia
sobre sus aportaciones y los
rendimientos generados a lo largo del tiempo.
Además, tienen un alto grado
de autogestión. O dicho de otra manera,
sus miembros tienen un papel activo en la
gestión de la mutualidad. A menudo, las decisiones
importantes se toman en asambleas
donde los socios pueden votar.
Y aunque algunas de ellas sólo están disponibles
para ciertos profesionales
o para sus familias, repasemos
las principales mutualidades que hay en España.
La más conocida es, sin duda, la Mutualidad
General de Funcionarios Civiles del Estado,
la MUFACE, la cual proporciona
servicios de salud a los funcionarios del Estado.
Luego tenemos una que se llama la
Mutualidad, que es la antigua mutualidad
de la abogacía. Esta mutualidad está
orientada a los profesionales del mundo del derecho,
la ingeniería y sus familiares
y ofrece servicios de previsión social
incluyendo planes de ahorro, jubilación
y protección para cubrir todas sus
necesidades de previsión e inversión.
Otras mutuas importantes
son la Mutualidad General Judicial,
la Mutualidad de Previsión Social de
Arquitectos Superiores, la Mutualidad de Previsión
Social de Peritos, Ingenieros,
Técnicos Industriales, la Mutualidad de la
Ingeniería o la Mutualidad General
de Previsión del Transporte.
Es decir, hay muchísimas. No obstante,
es posible que ahora os estéis preguntando
¿y cómo va esto de las mutuas?
¿De verdad son rentables?
Veamos un ejemplo. La Mutualidad,
o antigua Mutualidad de la Abogacía,
da servicio, como decía, a los profesionales
del derecho y la ingeniería, dos de las
profesiones más ejercidas de toda España.
Lo primero, aunque es lo más
obvio, es que es sólo para abogados,
ingenieros y para sus familiares.
Lo segundo es decir que es una mutualidad de capitalización
individual, por lo que cada miembro
tendrá su cuenta personal independientemente
del producto que escoja para planificar
su futuro o su jubilación.
Esta mutualidad invierte en activos
de muy poco riesgo, como bonos de deuda
pública. Esto hace que el perfil de riesgo
sea mínimo. Respecto a la rentabilidad,
en 2023 fue, por ejemplo,
del 3,83%.
Y aunque ésta variará cada año,
esta es una muy buena opción para que los abogados
protejan su capital de la inflación con el mínimo
riesgo y con beneficios fiscales.
¡Nada mal! Si bien esto es sólo un
ejemplo, la mayoría de las mutuas ofrecen
planes similares. Por todo ello,
y volviendo al tema principal, invertir
paralelamente pensando en una planificación
financiera a largo plazo complementaria
a la seguridad social puede convertirse
en una decisión fundamental
en la mejora del problema de las pensiones,
aliviando la presión sobre el sistema
público. Y es que con una seguridad
social, con un déficit crónico
y cada vez mayor, el buscar soluciones
innovadoras es clave.
Y las mutuas realmente lo son.
El sistema mixto público-privado
es completamente necesario para acabar
con la mayor amenaza que se cierne
sobre todas las economías desarrolladas.
¿Y tú? ¿Qué opinas?
¿Alguna vez habías oído hablar de las mutuas?
Nos vemos en los comentarios. Si te ha gustado el vídeo
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en próximas entregas. Por lo demás
¡un saludo y hasta la próxima!