Muy buenos días, gente. Estoy reventado.
Me quería bañar, me quería duchar, pero nada, no.
No, de tu tía. He sacado fuerzas para entrenar, pero me he despertado como con...
No sé, tengo como mocos, o sea, es terrible.
Siempre andamos haciendo el gamba en la nieve, nunca me pasa nada.
O sea, siempre estoy perfecto.
Y esta vez, pues no sé, pues me ha dado...
Pero bueno, qué es lo que hay.
He sacado las fuerzas para entrenar, hemos cumplido.
Pero paso a ducharme, o sea, voy a ir a Jordania oliendo a queso cabrales.
Pero es lo que hay. Así que nada, nos vamos para la frontera.
Me da un huevazo de pena marchar de aquí.
O sea, el sitio es bestial, es guapísimo, pero bueno, es lo que hay.
O sea, yo creo que además ya no vamos a ver más el Mar Rojo,
porque la costa de Jordania que tiene con el Mar Rojo no la vamos a pisar.
Así que en principio se acabó el Mar Rojo.
Hasta que volvamos por aquí.
Volveremos. Egipto va a caer, África va a caer en este canal, señores.
Va a caer, no sé cuándo, pero va a caer.
Y en 4x4.
Tras más de medio año de viaje, saliendo desde España
y habiendo recorrido gran parte de Oriente Medio,
llega la hora de abandonar Arabia Saudí para recorrer lugares como Petra
o el desierto de Wadi Rum.
Lugares mundialmente conocidos por su belleza y riqueza cultural,
que pertenecen a Jordania.
Aunque para ello habrá que ver si conseguimos cruzar la frontera.
Salam.
Voy a Jordania.
¿Tienes pasaporte?
Vamos, ya estamos dentro.
Estamos ya en la frontera.
A ver si no nos ponen muchas pegas y nos dejan marcharnos rápido, de verdad.
No estoy hoy para el rollo que son las fronteras.
Son horribles, de verdad.
Una pereza me dan.
Me da la pinta más chunga que tiene esto, de verdad.
Las fronteras aquí no sé por qué siempre le ponen pinchos,
luego hay rayos X, o sea, en Arabia Saudí es terrible.
Es donde más seguridad estoy viendo, pero con diferencia, además.
Como bien sabéis, hemos pasado los últimos meses recorriendo Arabia Saudí,
un país que se caracteriza por albergar lugares espectaculares
sin rastro de turista alguno.
Y, por supuesto, de tener una cantidad de puestos militarizados exagerado.
Por ahora, parece que para salir del país no nos ponen demasiadas pegas.
Aunque uno nunca sabe qué esperarse.
Salam.
¿Pasaporte?
Ahora están diciendo que no hay ninguna información de mi acceso al país.
Así que hasta que descubran cuándo pasé y toda la vaina, aquí tendremos que estar.
Además, estoy bastante en tensión porque durante todo el tiempo que he estado en Arabia Saudí,
yo en total me he comido dos multas de tráfico en mi vida.
Durante este tiempo me he comido como seis o siete,
porque hay veces que no entiendo básicamente la señal y me la enchufan así.
Y es que no voy rápido, o sea, no voy a más que 110, pero pues me las han endiñado.
Y espero poder salir del país sin pagar.
Sí, claro.
El asunto pintaba feo y aunque podía probar que había entrado al país el día que yo aseguraba,
enseñarles vídeos de cuando entré en Arabia Saudí,
en los cuales había grabado agentes y policías fronterizos,
creo que no era la mejor idea.
Vale, ya está, tenemos el sello, todo está ok.
Qué fácil y sencillo, madre mía.
Bueno, pues ya nos han mirado todo, nos han chequeado todo.
Finalmente todo arreglado, increíble.
Ya ha sido más rápido de lo que yo pensaba para, pues bueno, para lo que pintaba,
que decía no information, no information.
Ahora falta entrar en Jordania.
Allá vamos.
Mirad la frontera, qué mal rollo, eh.
Todo por aquí perjotes, con pinchos.
Es salir de Europa y las fronteras son otro mundo, o sea, son todas totalmente diferentes.
O sea, estaría guay saber si por las montañas se puede cruzar, modo ilegal.
Estaría muy curioso saberlo, la verdad.
No lo vamos a hacer.
Me preguntaron por mis pendientes, con no mucha amabilidad a decir verdad,
a lo cual respondí que eran típicos en el País Vasco,
mientras que escaneaban mis ojos para introducirme en su base de datos y poder acceder al país.
Y aquí comenzaría la pesadilla del día.
Comenzaron a registrar mi furgoneta de arriba abajo como nunca antes lo habían hecho.
El chico algo le dijo al militar fronterizo,
que decidieron ponerme en una esquina para registrar aún más exhaustivamente la furgoneta.
En este país, al igual que en muchos otros de Oriente Medio, acceder con dron está completamente prohibido.
Y aunque lo escondí con mucho mimo, perdonad mi lenguaje, pero ahora mismo se podría decir que los llevaba de corbata.
El dron estaba a punto de ser la última de mis preocupaciones.
En uno de los cajones guardaba un casquillo de un arma que me dejaron disparar en Croacia cuando recorríamos los Balcanes.
Se trataba de un rifle de alto calibre utilizado en la guerra de la antigua Yugoslavia en el frente corbata.
Un rifle capaz de tumbar a un ciervo a cientos de metros de distancia.
Algo que ni siquiera recordaba tener.
Es solo un presente.
Es de la guerra de la Yugoslavia.
La guerra de la Yugoslavia, ¿sabes?
Entre Croacia, Eslovenia y todos estos países.
Es solo un presente.
Es nada.
Es vacío.
Es usado.
Aquí fue cuando empezaron a reunirse más agentes alrededor de la furgoneta para registrarnos aún más a fondo.
Esto parecía mi peor pesadilla.
El mejor plan posible para un día en el cual te levantas con mocos y medio enfermo.
Abre Instagram.
Puedo escribirlo para ti, si quieres.
Te lo dije, es de la guerra de la Yugoslavia.
La guerra de la Yugoslavia fue entre...
Esto es algo que nunca jamás suelo hacer en fronteras.
Pero desesperado traté de demostrarles que era un simple viajero.
Sin embargo, la cosa siguió y les dio por empezar a romper el techo de la furgoneta para ver que no llevase nada en el hueco del cableado de la luz.
No lo rompas.
¿Por qué lo rompes?
Yo vivo aquí, ¿sabes?
Pero por favor, no lo rompas.
Yo vivo aquí, ¿sabes? Es mi casa.
Así que no lo rompas, por favor.
Voy a cerrar esto.
¡No!
Quizás esté enojado.
Limpié el regalito de Chuchi a los jordanos
mientras que continuaban con las preguntas y continuaron registrando la furgoneta con ayuda de un perro policía esta vez.
Quizás pueda jugar con mi perro.
Hacía tiempo que no me daban tantos por él.
Por ahí...
Pero bueno, aquí ya está, sin más.
Me ha dado mucha pena lo del perrete.
O sea, cómo se ponía donde...
Chuchi suele ir en esa posición.
Y se quedaba ahí en plan de no me quiero ir de aquí.
O sea...
Muy triste, muy triste.
Bueno, ya veis que hay también más perretes por aquí.
Pero bueno, sin más.
Aquí ya está, hemos acabado.
Así que...
Chaito.
Y...
Son horribles las fronteras.
Son muy pesados, son muy pesados.
O sea...
Además, igual me han preguntado cinco veces.
¿De dónde eres?
Y es como tú.
Tienes mi puto pasaporte.
O sea, deja de trolearme.
En plan, déjame en paz.
Es que...
¡Buah!
De verdad, ¿eh?
¡Qué paciencia!
Pero bueno, estamos en Jordán.
Así que ponemos rumbo a Wadi Rum.
Al fin.
Bueno, dentro de lo que cabe, no me puedo quejar tampoco.
Porque los drones no están admitidos.
No están permitidos.
Y no me han pillado mi drone pocho.
Destruido.
Que por cierto, no lo sabéis, pero mi cámara también está destruida.
Así que estamos a tope por aquí.
Probablemente, mientras registraban la furgoneta,
zarandearon el objetivo que estaba dentro de la funda sin cuidado alguno.
Quedándome ahora también sin poder hacer uso de mi Canon R7.
Con la cual estaba muy contento porque la calidad, en comparación al móvil,
con sus 32 megapíxeles, es un mundo.
Y es muy versátil y poco pesada a la hora de llevarla en nuestras rutas.
Además, el objetivo me servía tanto para bloguear como para grabar paisaje,
ya que tenía mucho rango de zoom.
Pero de tripa es corazón que aquí queda mucho viaje por delante
y Wadi Rum nos espera.
Estamos ya acercándonos al desierto de Wadi Rum.
Así que hoy lo que creo que vamos a hacer, porque sigo teniendo la cabeza como un bombo,
va a ser ver atardecer.
Espero que esté muy bonito.
Y irnos a dormir y descansar para el día de mañana,
que se vienen cuatro días muy intensos.
Cuatro o cinco, veremos a ver qué tal se desarrolla la aventura,
cuánta agua necesitamos y cuántas pasamos.
Y depende de qué tal vaya todo,
veremos a ver cuántos días nos metemos por el desierto.
Y digo esto porque estamos a punto de embarcarnos en una aventura en autosuficiencia
de cuatro o cinco días,
con idea de recorrer a pie el que se considera el desierto más bonito del mundo,
pero que no deja de ser un lugar hostil con unas duras condiciones meteorológicas.
Y tendré que cargar con muchísimo agua y comida, ya que somos tres bocas que alimentar.
Es hora de prepararse para una de las aventuras más increíbles
que vamos a vivir en este canal.
Muy buenos días gente.
Tengo que tener una cara de soba impresionante,
para empezar la aventura.
Chuchi ¿Cómo de ganas tienes de que empiece la aventura?
No me chupes el sobaco, por fa.
Gracias.
Ya veis como la tengo todo el rato alrededor de matojos.
Está todo lleno de uras, de lo que son ratoncitos de este desierto.
Y vamos, la tengo a la tía loca.
Hoy ya vamos a empezar con la rutilla,
que ya han disfrutado lo suficiente y ya han preparado más o menos todo.
Y ahí es el pedazo de sitio en el cual estamos totalmente tranquilos.
Así que bueno, la verdad que hemos gozado y empieza a apretar el sol.
Así que hora de empezar con la rutilla de hoy.
Ponemos rumbo al pequeño pueblo de Rum,
que da nombre al desierto de Guadirum.
Un pequeño poblado con unos 2.000 habitantes
enclavado entre dos imponentes montañas.
Con sus calles rotas, edificios descuidados
y una falta total de instalaciones básicas
que uno esperaría en un lugar mundialmente reconocido,
como cajeros o baños públicos,
que dan la sensación de ser un lugar caído en el olvido.
Desconozco si siempre será así,
pero sí que es cierto que varios locales me confirmaron
que el turismo había caído en picado
debido al conflicto de su país vecino, Israel,
con Irán, Líbano y la Franja de Gaza.
Lo que sí que os puedo confirmar
es que el lugar es puro espectáculo
y que parece que vamos a tener la suerte
de recorrerlo con muy pocos turistas.
Y lo primero va a ser conseguir agua.
Pues bueno, finalmente hemos conseguido agua
sin ningún tipo de problema.
Aquí, ya sabéis como siempre, son súper majos.
Lo que sí que me ha sorprendido
es que al final, bueno, ya habéis visto la zona de Alula,
que es como un desierto muy parecido a este,
pero en Arabia Saudí,
que era todo como mucho más orientado al turista,
pero aquí, ahora os voy a enseñar las calles,
es súper, súper mega auténtico.
O sea, sigue siendo un pueblito muy pequeño,
viven unos 2.000, 2.500 habitantes,
y ahora os lo voy a enseñar, pero vais a flipar.
Pero bueno, lo dicho, tenemos agua,
nos lo han dado gratis, súper amables.
Ya tengo por aquí toda la mochila,
así que arrancamos, al fin.
Eso sí, hace un calor que alucináis, de verdad.
Pero el lugar es excepcional, es súper bonito.
Señora, nos vamos.
Tú, ¿habrá que despertar o qué?
Madre mía, la suada que me lleva.
Tú, que hay que salir.
Venga, que te llevo yo.
Y te pongo un bañuelo para que no te dé el sol.
¿Te estoy convenciendo?
¿Tarpís?
Bueno.
Venga, tú mientras tanto me puedes esperar fuera.
Venga.
Muy bien.
¡Hombre!
Venga, que nos vamos.
Guapitona.
Es un pañuelo que me dieron, que se pone en la cabeza,
que es para verano.
Así que vamos muy finito.
Pero así la princesa va a ir muy bien.
Y nada, ya veis el pueblo.
O sea, flipáis.
Aquí es justo donde empieza el desierto de Wadi Rum.
Ya veis que hemos aparcado justo a las puertas del desierto.
Ya que el chico vivía aquí.
Pero vamos, ya veis las casas que son totalmente humildes.
Y que este es uno de los lugares más conocidos en el mundo.
Es el desierto más bonito de todo el mundo.
Viene aquí muchísima gente.
Y a mí me sorprende que la entrada al desierto, pues ya veis lo que se puede ver.
Es todo súper, súper humilde.
Gente que vivirá con lo justo y necesario.
Al final también hay que tener en cuenta que, por ejemplo,
el chico que me ha dado agua,
sus padres, sus abuelos, todos han sido beduinos.
Llevan viviendo aquí no sé cuántos miles de años con unas tradiciones,
con una forma de sobrevivir.
De hecho, sus padres todavía viven en el desierto, por lo que me ha explicado,
de manera nómada.
Así que esperemos que les podamos visitar también durante este viaje.
Pero vamos, que eso me ha sorprendido muchísimo.
Yo me esperaba algo mucho más, pues orientado para el turista
y explotado totalmente, pero para nada.
Lo que sí que os digo que se ve muchísima basura.
Y aquí no se ve tanta.
Pero ya os enseñaré cuando volvamos al pueblo que, vamos,
en el centro del pueblo hay muchísima, muchísima basura.
O sea, más de lo que suele haber normalmente en otros lugares que he visto de Oriente Medio.
Bueno, Irak creo que lo superaba.
Lo de Irak era ya otro nivel.
Y voy a darme desde ya la crema porque no sabéis el calorazo que hace.
Como siempre digo, ya sabéis.
Fita y zarpas.
Código.
Minus 20% de descuento.
Y ropa de montaña, ternúa.
Minus 15% con el código.
Fita y zarpas, 15.
Soy una máquina ya, o sea, metiendo ahí los códigos.
Es increíble, la verdad.
Una vez tienes la cara lo suficientemente blanca,
lo vuelves a guardar porque esto es como un pintalabios.
Es increíble, ¿eh?
Increíble.
Te lo guardas y perfecto.
Nada, y seguimos.
Dicho esto, empieza nuestra travesía por el desierto de cuatro días probablemente.
Veremos a ver qué tal se da y a ver qué tal yo mis piernas
porque llevamos unos 12 litros de agua, muchísima comida.
O sea que mis piernas lo van a sufrir de lo lindo.
Comenzamos así con nuestra aventura por el desierto
con el objetivo de llegar a contactar con alguna familia de beduinos
que vivan dentro del desierto de acuerdo a sus antiguas tradiciones.
Habrá que ver cómo de complicado resulta
ya que entre toda la comida y el agua y el material de acampada
es muy posible que esté transportando cerca de 30 kilos de peso a mis espaldas.
Me acabo de encontrar aquí un perrito muerto.
No os lo voy a enseñar de cerca porque creo que es bastante heavy.
Pero bueno, simplemente quiero también enseñar no solo la parte bonita
que aquí al final los animales, bueno sobre todo el perro,
pues bueno ya sabéis que su religión pues es diferente
y pues bueno, pues es bastante heavy que a veces te encuentres perros
pues en cualquier esquina de cualquier cuneta se pueden encontrar
y lo están así exactamente.
Dejaos que aquí se ve que lleva muchísimo tiempo porque la arena se lo está comiendo.
Hemos dejado ya el pueblo, vamos.
Bueno, directamente no se ve.
Y acabamos de dar aquí con unas pequeñas tiendas
que estas sí que son de auténticos beduinos.
Toda la verja para las cabras que ahí es donde las guardarán.
Ahora mismo pues las estarán llevando por ahí
y después las tiendecitas en las cuales viven
y estas pues lo he dicho, las van moviendo de sitio y así es como viven.
O sea, muy loco la verdad.
Después sí que se ven mogollón, mogollón de campamentos.
Aquí ya son campings gigantes.
Es esto llevado al extremo todo que se ve bastante, bastante lujoso
y eso ya es de pago para los turistas.
Lugar al cual no vamos a ir.
Aunque sí que pasaremos cerca porque lo quiero ver, quiero ver.
A ver qué es lo que han montado la verdad.
Las que pensaba que eran tiendas de beduinos no lo eran.
Tal y como podéis ver, aunque se parecen,
tienen otro tipo de estructura que para nada son como las de los beduinos.
Además, estos viven mucho más adentro del desierto, unos 20 kilómetros hacia el interior.
Así que es el lugar hacia el cual vamos a poner rumbo.
Y allí si os fijáis es donde almacenarían todo el agua.
Que bueno, normalmente la sacan de bajo tierra.
Porque hasta donde yo sé aquí hay mucho agua pero todo está bajo tierra.
Bueno, en la mayoría de Wadis, como le llaman aquí,
que básicamente ya os he explicado en capítulos anteriores,
que es básicamente un sitio en el cual es desértico
y hay agua y está entre montañas.
Pero bueno, hay veces que el agua está bajo tierra.
Vamos a aprovechar la ocasión también para dejar ya esta libre
que en breves ya vamos a buscar un sitio para acampar porque se está haciendo ya muy tarde.
A ver tú, pijolinguis.
Venga.
Ya eres feliz, eh.
Hola.
A volar.
Oh, mi terreno.
Mis tierras.
No sé.
¿Querrá cazar un coche?
¿Tarpihuis?
No.
¡Tarpis!
De princesa tiene lo que yo te diga.
Vamos a ir ya buscando un sitio en el cual acampar
que probablemente nos vamos a ir a aquellas tierras de allí
que allí tiene pinta de que vamos a tener una panorámica bastante buena y bastante tranquilita.
Así que ese es el plan.
¡Nos vamos para allá!
Es demasiado gracioso verlos.
O sea, es como Chuchi ahí en plan modo Boboló, ¿no?
¡Oh sí, quiero ser amigo!
Y luego Tarpis es como la rancia en plan de
tú vete de aquí chaval, déjame en paz.
Es que es increíble, de verdad.
Es un espectáculo verles así.
Iba a ser donde vamos a dormir en el día de hoy.
Yo creo que tenemos un pedazo de vistas.
Estamos como un poquitín de alto, digamos.
Vistaques.
Además en la parte de atrás allí hay como unas casas que sí que tiene pinta también
de ser casa de, pues eso, de alguien que iba aquí en la mitad del desierto.
Son casas ya de adobe.
Así que vamos a echarles un vistazo también en cuanto monte todo el chiringo.
Veremos cuántas noches más terminamos pasando en el desierto.
En principio con cuatro días deberíamos de ser capaces de recorrer todo este desierto
o al menos sus zonas más icónicas y la zona donde viven los beduinos.
Lo que está claro es que va a ser una experiencia dura y que nos va a exigir físicamente,
pero que vamos a disfrutar como niños, acampando en este lugar salvaje,
sin internet y lejos del estrés de ninguna zona urbana.
Si necesitáis algo para vuestras mascotas, ropa de montaña o un seguro de viaje,
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Nos vemos la semana que viene y seguimos con la Ruta Familia.