VIVIENDO EN CANADÁ Y REGRESANDO A ARGENTINA POR PRIMERA VEZ // En este video continuamos con la historia de inmigración a Canadá. Les contamos cómo fueron esos primeros años viviendo en la provincia de Quebec, estudiando francés durante el día, trabajando durante la noche, y adaptandose a los inviernos que eran bastante chocantes. También hablamos sobre el primer viaje a Argentina después de haber salido del país, cómo fue regresar de visita después de varios años, y las cosas que salieron a la luz durante ese viaje.
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VIVIENDO EN CANADÁ Y REGRESANDO A ARGENTINA POR PRIMERA VEZ | Historia de Daniel - Parte 8:
Este video es parte de la serie "Historia de Daniel", donde mi padre, Daniel, cuenta la historia de su vida, y la historia de inmigración de su familia, saliendo de Argentina para comenzar una nueva vida en los Estados Unidos y luego Canadá. Podrán encontrar la lista completa de los videos en esta serie acá: https://www.youtube.com/watch?v=b6r3wKax2NM&list=PLZ1Xn_FkRniMrv8qV03OyQVuj2fFN9-5q
En los primeros episodios de esta serie, Daniel recuerda su niñez en Argentina y nos cuenta una serie de eventos que forzaron a la familia a dejar el país por razones económicas. Él nos cuenta los desafíos de llegar a un nuevo país sin dinero, sin idioma, y sin conocer la cultura. La realidad económica, lo obliga a tener que tomar cualquier trabajo que esté disponible, para ayudar a su familia a salir adelante en este nuevo país.
En estos videos, él comparte sus experiencias de vida - los riesgos, las sorpresas, y las dificultades de comenzar una nueva vida en el extranjero. Las historias de vida en estos videos los llevarán desde Argentina, a los Estados Unidos, a España y finalmente a Canadá.
Esperamos que disfruten esta serie, y suscríbanse para ver futuros episodios.
Bueno, muy buenas tardes todos, aquí estamos nuevamente
continuando con la historia de la vida de mi papá, Daniel,
creo que todos ya lo conocen, porque vamos por la parte
número siete. Siete, no sé, no me acuerdo, pero bueno, en una
parte por ahí, sí, hoy vamos a seguir. Uh-huh. Estábamos en la
parte de Canadá ya, ¿no es cierto? Ya, ya habías llegado a
Montreal. A Montreal, como era una provincia francesa, me tuve
que poner a estudiar francés, lo más rápido que pude, porque
me di cuenta que no se podía funcionar, si uno no hablaba el
idioma, ¿no es cierto? Quebec, como ya les dije, siempre fue
una provincia muy particular en Canadá. Tiene muchísimos más
derechos y concesiones por el gobierno federal que casi todas
las otras provincias canadienses, por ejemplo, acá a
Quebec se le ha concedido el derecho de administrar su
sistema migratorio, ellos son los que deciden de qué países
reciben más emigrantes, y siempre tratan de que sean de
alguna manera mucho de países de habla francesa, porque claro,
es una burbujita de francés en un océano de inglés, que es
Norteamérica. Entonces, tratan de preservar su su cultura, y lo
encuentro bien, ¿no es cierto? También tienen el se les ha
otorgado el derecho de administrar el sistema de
recolección de impuestos, en el resto de Canadá, todas las
provincias administra el gobierno federal, es el que
recauda, pero en Quebec hay que hacer dos declaraciones fiscales
a fin de año, una para el gobierno federal, y otra para
Quebec, el gobierno provincial, la parte de dinero que le
tocaría recibir el Quebec, la administran ellos directamente
sin que tenga que pasar por Ottawa, ¿no es cierto? O sea
que sí, ese es el tema de la francofonía ya, ¿no es cierto?
Bueno, llegamos y el francés había que hablarlo sí o sí, lo
fui a estudiar durante casi como un año, estuve estudiando en
la escuela, trabajaba como ya les dije de noche, repartía
comida china para un restaurante, en un tiempo
repartía productos para una farmacia, etcétera, era para
ayudarnos un poco con los gastos, ¿no? Hasta que se
terminó el curso, vivíamos en una zona de la ciudad que se
llamaba Montreal Norte, una diferencia enorme con Estados
Unidos, con la ciudad de Nueva York, lo que habíamos dejado
atrás, porque claro, era chico, vieron poca población, se lo
veía a a Montreal, era todo tranquilo, calmo, este, no
estaba esa esa máquina brutal como en Nueva York, está
siempre el movimiento, vio que a uno lo abruma, esto era más
bien una vida más tipo campechana, vieron así, más de
de pueblo chico, ¿no es cierto? Tenía un hermoso sistema de
subterráneos, la ciudad, los únicos subterráneos creo en
todas las Américas que funcionan sobre neumáticos de de goma, no
tienen rieles como los trenes, sino que son muy silenciosos,
porque son ruedas de goma, un sistema del centro de la ciudad
subterráneo, todos los edificios del centro comunicados
bajo tierra, o sea, la ciudad subterránea, lo único que
claro, no había una población de habla hispano, digamos, de de
de de gente que hablase español, era escuchar español en las
calles, en aquel entonces, en Montreal, uno se paraba y
prácticamente la gente se abrazaba en la vereda, porque
era una un acontecimiento poquísimo en común, ¿no? En
aquella época estaba mayormente lo que había sido la
inmigración de los países como Portugal, Italia, algunos de
Francia había, pero no no eran muy numerosos, en fin, pero de
la de la Latinoamérica, poco y nada llegaba a Canadá en esa
época, Canadá todavía no era un destino como quien dice
considerable para todos aquellos que querían emigrar,
era más que nada o los Estados Unidos, o de lo contrario, se
iban para el lado de Europa, España, Inglaterra, Alemania,
la gente, ¿no? Canadá no tenía ese esa atracción, y por
supuesto, el clima era pero era una cosa brutal, ¿vieron? Era
algo, ha cambiado mucho ya, ¿no es cierto? Pero nosotros
cuando llegamos, las dos cosas que nos chocaron fueron que
primero, el ritmo de trabajo en Canadá en comparación a los
Estados Unidos, era el doble. Segundo, que prácticamente no
había feriados, creo que en todo el año había tres, cuatro
feriados, ahora los han extendido, creo que hay nueve o
diez, ¿no? Ajá. Pero en aquella época prácticamente no había
días feriados, se trabajaba, pero a un ritmo, y tercero, el
clima. Era brutal, miren, yo no sé, pero en aquellas épocas
cuando nevaba, pero podían nevar a dos metros de nieve, la
ciudad se paralizaba. Yo me acuerdo que muchas veces uno
iba a trabajar y el tema de la meteorología no estaba tan
desarrollado como el día de hoy, que con las computadoras
ya pueden predecir un un plan de de tormentas de diez y hasta
quince días por adelantado. En aquella época todavía piensen
que cincuenta años atrás todo eso no estaba tan como como
hoy en día, o sea, que la pifiaban y la pifiaban muy
seguido, muchas veces uno se iba a trabajar y decían que iba
a haber una una nevada, pero una nevada nomás, y por ahí que
se lleva a las once, a las doce del mediodía, empezaba a nevar
y empezaba a nevar con Tuti, y y bueno, muchas veces no daba
tiempo ni ni siquiera de irse de la compañía, allá las
compañías tenían en aquella época en las partes de los
depósitos, esos esas camas como que tienen en el ejército, que
son como de lona. Los y bueno, y la gente se tenía que quedar a
dormir, a pasar la noche en la en la compañía, porque cuando
empezaba la tormenta, no había forma de salir y de llegar a
ningún lado, uno dice, ay, ¿por qué no se iban a la casa?
Pero ¿cómo? Cuando empieza a nevar en esa forma, todo el
sistema de transporte que va sobre tierra, con la nieve, y
se empiezan a quedar atascados los coches, y cruzados, y
trabados, y los colectivos no pueden continuar a ningún lado,
están cargados de gente, y y están atorados en el tráfico, o
sea que yo me acuerdo que una vez salí del trabajo, tenía un
Renault doce, había comprado en aquella época, un coche
malísimo para Canadá, porque para el que el clima no no
andaba, y salimos del trabajo, nos largaron, y bueno, pasó lo
que pasó, el tráfico se quedó atascado, y todo el mundo
abandonar el auto, dejarlo ahí parado donde quedó, y y yo me
acuerdo que tuve que pasar la noche entre las dos puertas de
un edificio, allá los edificios tienen dos puertas, porque
todo, todo es doble, la ventana, todo, para que se
forme una una barrera de aire caliente, ¿cierto? O sea, que
está la puerta de entrada que da hacia la vereda, hay un
pequeño lobby, con calefacción, y después está la puerta
principal que da la entrada al edificio, o sea que me tuve que
quedar entre las dos puertas con la calefacción, esperando que
pase el el temporal, porque no había forma de llegar a ningún
lado, los autos de policía abandonados por el medio de las
calles, la policía salía con la moto nieve, con la moto de
nieve, ¿vieron? A recorrer, había que tener en la casa
siempre una una provista de comida en aquella época, de
platas, porque cuando venían esas tormentas de nieve, a veces
podían durar tres, cuatro días, y cerraba todo, cerraban los
bancos, por miedo a los robos, porque no se olviden que en
aquella época Montreal era la capital mundial de los robos a
bancos, a mano armada, era una cosa increíble, robaban los
bancos, claro, no había tarjetas de crédito, y era todo
efectivo, o sea que los bancos tenían plata, y Montreal era un
centro de de de robo de bancos que era en parecía el los
supermercados cerraban, no había forma de de suministrarse,
digamos, en ningún lugar, ¿no? Si usted no tenía una provista
de comida en su casa, la pasaba mal, había que tener velas,
había que tener siempre una cocinita de esas a gas que se
llevan para acampamento, porque las cocinas y todo eso son
eléctricas en Canadá, la gran mayoría, ahora hay algunas a gas,
pero en aquella época era todo eléctrico, y con esas
tormentas, se caían los cables, se cortaba la luz, y usted se
quedaba sin, no podía ni siquiera hacerse un café con
leche, adentro de su casa, o sea que había que tener este,
había que estar preparado, era como que uno se iba
prácticamente a internar, ¿vieron? Súper difícil. Y
bueno, el clima era lo que hacía que mucha gente no
pensase en emigrar a un país como ese. Yo he llegado a pasar
casi cincuenta grados de de frío en Montreal. A la gente le
avisaban, miren, la piel descubierta se congela a esas
temperaturas, ¿vieron? Había que andar abrigado, con
bufanda, solamente los ojitos se le veían a uno, ¿vieron? Acá
de la respiración, todo blanco, con hielo, y los los ojos, que
era lo único que estaba más o menos al descubierto, se
sentían como si fuesen dos huevos duros, una cosa pero
increíble. Y me acuerdo que yo tuve, tenía un amigo que se
le quedó el auto, un día así de hacía como cuarenta grados
bajo cero, y decidió caminar dos cuadras, hasta una estación de
servicio, y no tenía gorra, y al otro día de caminar esas dos
cuadras en ese frío, las orejas se le habían hecho como unas
ampollas de agua, parecían las cosas así, las dos orejas se le
habían congelado, unas ampollas de agua, y cuando se le
reventaron, parecían dos pasas de uva, como le habían quedado
a las orejas. Las manos, uno no puede cambiar un neumático, no
puede tocar nada metálico a esas temperaturas, porque es
como que no es que esté frío, el frío quema, o sea que cuando
uno va a meterle la mano, algo que sea la mano desnuda, y algo
que sea metálico, es como que usted va a agarrar algo que ha
estado en el fuego, caliente, así le quema, ¿no? ¿te acordás
que se te congeló la lengua? Ashley. Ah, tu hermano. Salió
del balcón y había unos unas cosas de. Los hielitos que se
le forman al a la a la reja del balcón, y no tuvo más idea de
que ir a chuparlo como si fuese un helado, y donde le apoyó la
lengua, se le pegó la lengua al al metal, con agua tibia,
tuvimos que ir a derretirla, porque la pobrecita, mi hija,
la del medio, la Ashley, quedó con la lengua fuera, pegada en
la en el barrote de la reja, ¿vieron? El clima era brutal,
miren, era una cosa que lo que habremos sufrido, lo que
habremos pasado en esa época nosotros ahí en Canadá era
bueno, pero estábamos por un lado tranquilos, porque
teníamos, saben que en Canadá la medicina es social, o sea,
que todos los ciudadanos estamos cubiertos por un plan
nacional de salud, los hospitales son son gratis, uno
no tiene que pagar absolutamente nada cuando va a
ver a un médico, cuando se va a hacer exámenes clínicos, si
usted se tiene que internar, lo lo entran al hospital, lo
operan, y el día que le dan el alta, se va, y no hay cuenta,
no existe eso, está todo cubierto con los impuestos de
los ciudadanos, se les da el plan de salud también, para los
niños hasta los dieciséis o los dieciocho años, el tema
odontológico también es gratis, así que por ese lado
estábamos tranquilos de que vieron enfermedades y
emergencias en la vida de los seres humanos siempre hay, y
en Estados Unidos, esa era una de las razones que a nosotros
nos tenía bastante preocupados también, porque Estados Unidos
son todos planes privados, y el que no tiene un buen plan, se
puede encontrar en en serios problemas, ¿cierto? Lo puede
fundir, una enfermedad en Estados Unidos funde a una
familia, le le traga la casa, si usted tiene una casa, una
propiedad, se la lleva, porque nadie puede afortar esos
costos. Bueno, terminé la escuela, dejé los trabajos de
noche, por supuesto, me puse a buscar un trabajo de día, mi
hermano ya trabajaba vendiendo automóviles nuevos, y sí, me
conseguí un trabajo en una compañía de importaciones, y yo
quería reclamarla a mi hermana para que entre a Canadá, o sea,
que tuve que conseguirle una oferta de trabajo, los
propietarios de la compañía, cuando les expliqué el caso, me
dijeron, sí, no hay ningún problema, le vamos a hacer una
oferta para que ella también, si quiere, pueda trabajar con
nosotros, en esa época también a uno le pedían que tuviese un
poco de dinero en el banco, cuando quería ser el de algún
familiar, para demostrar que podía hacerse cargo de cuando
ese familiar llegase al país, los gastos, ¿no? Así que ya
tenía algunos ahorros, y presenté la aplicación para
reclamar a mi hermana, me la aceptaron, y bueno, un año y
pico, hasta que mi hermana también pudo entrar a Canadá
como residente legal, mi hermana Mellisa. Después, entre mi
hermano y yo, le hicimos el reclamo, para traerla a mi
mamá, también, otros casi dos años de papeleo, y de ida y
vuelta, y hasta que también a mi mamá la la aceptaron para que
entrase como emigrante de residente. En el Interin, fue
el año setenta y ocho, más o menos, para esa época, y ahí
fue cuando me llamaron del del consulado argentino, y me
dijeron, ¿se acuerda que yo les había contado en el otro video
que habían perdido mi DNI, documento nacional de
identidad, cuando lo mandaron a la Argentina por el tema del
servicio militar, para que lo firme algún general en el
distrito militar, lo habían perdido, bueno, lo encontraron,
se había caído atrás de un mueble, y cuando decidieron
pintar la oficina y movieron los cabinetes de de archivos,
estaba en el piso atrás de uno de esos archivos, así que me lo
mandaron a a Canadá, y ahí fue cuando decidí por primera vez
que iba a regresar a la Argentina, desde que me había
ido, era el año mil novecientos setenta y ocho, yo había salido
en el setenta, así que habían pasado ocho años que no
regresaba a la Argentina. Bueno, planeé el viaje, un
viaje accidentado, pero con suerte a la vez, porque
nosotros cuando estábamos en Argentina siempre nos gustaba
andar cazando, íbamos a salir a cazar bizcacha, para poner carne
en la mesa, ¿vieron? Y allá había quedado un rifle que
habíamos dejado, ¿me acuerdo? Y yo digo, uy, me voy a comprar
una caja de balas en Montreal, cosa que cuando vaya a la
Argentina, me voy al campo a practicar un poco tiro al
blanco, y utilizarlo un poco, rifle. Ahora, yo no tenía ni
idea de lo que estaba pasando en ese momento en la Argentina,
en el setenta y ocho era el con el terrorismo, y los militares,
y los desaparecidos, y todo eso, nosotros no no sabíamos lo
que estaba pasando. Entonces, dejé el tema de la compra de
las municiones para el último día antes de viajar. Y me
acuerdo que fui a la armería a comprarlas el último día, y
llego, y estaba lleno de gente adentro, los empleados, pero las
puertas estaban cerradas. Y digo, qué raro, golpeo así,
viene un tipo y me dice, no, no le podemos vender nada porque
estamos haciendo inventario, ¿vieron? Digo, bueno, me voy
sin la munición, ¿qué le voy a hacer? Pero en la valija
también había metido un montón de herramientas, ¿vieron que en
el campo siempre hacen falta las herramientas? Me las llevaba
para allá pinza, llave, iba pesada la valija. Y sí, llegué
a Buenos Aires y mi valija la la abrieron, vieron en en la
aduana. Pienso que en esa época una valija pesada, sí,
andarían buscando los milicos, si hubiese llevado las
municiones, quien sabe, hoy no estaba hablándoles acá, porque
hubiesen dicho, este es un terrorista que vuelve a a la
guerrilla, y o sea que el destino de cada uno, ¿vieron
cómo se dan las cosas, ¿no? Llegué a la Argentina, y bueno,
acá en el setenta y ocho, nos empezamos a dar cuenta que la
situación estaba heavy, porque estaba mi hermana también, mi
hermana la la mi gemela, la otra, con su marido, que es
colombiano, se había casado ella ya con el marido, y ella había
venido también de visita a la Argentina, o sea que nos
encontramos en Buenos Aires, y cada vez que íbamos a algún
restaurante, o alguna cafetería, estaba sentado en la
mesa, y de golpe paraba un camión militar en la puerta, se
bajaban los soldados con los fusiles, la ametralladora, y
documento, documento, documento, el que no tenía el
DNI, vamos, se lo llevaban, y varias, varias veces nos pasó
eso, ¿no? Así que, bueno, otro tema yo tenía el pasaporte
argentino, todavía no era ciudadano canadiense, y antes de
salir de Canadá, lo hice renovar al pasaporte, en el
consulado, por cinco años, pero claro, las típicas leyes de
aquella época de la República Argentina, ¿vieron? Uno cuando
pisaba este territorio nacional, los pasaportes
caducaban todos, y había que renovarlos nuevamente en la
Policía Federal, acá en Buenos Aires, y claro, venías de
vacaciones por dos semanas, y te perdía tres, cuatro días
haciendo trámites, yendo, y viniendo, o sea que llego a la
Policía Federal, porque me dicen, ah, este pasaporte lo
tiene que renovar antes de salir del país, le digo, pero si lo
acabo de renovar en en en Montreal, hace dos días, no
importa, caducó, me dice, tiene que renovarlo de nuevo, vaya a
la Policía Federal y hágalo. Voy a la Policía Federal con
el DNI, el pasaporte, y claro, mi pasaporte figuraba como
soltero, pero mi DNI en Nueva York figuraba como casado.
Ajá. Entonces, la chica agarra mi pasaporte, dice, este
pasaporte ya no sirve más, y le va a poner el sello
descancelado, y yo se lo quito, ahí en la Policía Federal, le
digo, no, que lo necesito para cambiar cheque de viajero. Ah,
me dice, bueno, para hacer el nuevo pasaporte necesita
certificados de casamiento legalizados por el consulado
argentino en Nueva York, y en fin, todo ese papelerío, yo ya
ni siquiera vivía en Nueva York, y de la persona con la que me
había casado, ya estábamos divorciados, y no teníamos
ningún contacto, o sea que, si me hubiese cancelado ese
pasaporte en ese momento, con todo el papelerío que me
pedían otra vez en la Argentina, no hubiese salido
más de acá. Así que, menos mal que se lo saqué, y bueno, con
eso, todavía el pasaporte afuera de la Argentina estaba
vigente. O sea que digo, bueno, ¿cómo hago ahora yo para salir
del país? Y ahí mismo en la Policía Federal, me dijeron,
¿tienes el DNI? Y le digo, sí, y me dicen, bueno, andate a
Chile con el DNI, y de ahí te tomas el avión, el pasaporte
te sirve. El vuelo iba en esa época era Canadian Pacific, que
venía por Santiago. OK. Venía a Santiago, Buenos Aires.
Entonces, yo lo que hice fue perder la parte, Buenos Aires,
Santiago, y me fui por tren. En aquel entonces todavía estaba
el tren que cruzaba la cordillera de los Andes, iba
para por Mendoza. Hice Buenos Aires, Mendoza, Mendoza,
Santiago, por tren, ¿no es cierto? Sí, esa fue la última
vez que vi a mi papá, acá en la Argentina, me acuerdo que él
vino a despedirme en la estación de retiro ahí, cuando
yo tomé el tren, y el caso curioso que muchos me preguntan
y que yo siempre le dije, más adelante le voy a decir la
razón por la cual mi papá nos dejó ir, es que mi papá ya
tenía otra había formado otra pareja aquí en la Argentina,
nosotros nunca supimos, ¿OK? O sea, que cuando nosotros
empezamos a llegar de visita, el que primero llegó fue mi
hermano, y en esa época mi papá ya no vivía en una pensión,
sino que ya se había mudado a vivir con la señora esta, con
la requeta, ahí en la zona de un parque Chacabunco, creo, una
cosa por el estilo. Un lindo apartamento, vivían los dos, no
tenían hijos. El primero que llegó a visitarlo fue mi
hermano, teníamos la dirección, porque claro, él nos escribía,
pero con la dirección nueva, ¿no? Tal vez nunca pensó que
íbamos a venir a visitar así de paracaidista, de sorpresa.
Primero llegó mi hermano, y bueno, él le había comentado
a esta señora que él tenía un hijo nomás, le había dicho. Mi
hermano mayor. Bueno, después llegó mi hermana gemela, ¿no
es cierto? Y bueno, lo fue a visitar a mi papá, y claro, le
tuvo que decir a la señora que también era hija de él, ¿no?
Después llegó mi hermana, la del medio, en el mismo caso. Y
el último que llegué a visitarlo fui yo, toqué el
timbre, me acuerdo, y me contesta el viejo, hola, ¿quién
es? Le digo, soy Daniel. ¿Qué Daniel? Dice. No, Daniel, tu
hijo. Y bajó, ¿no es cierto? Rápido ahí. Hola, Polaco, ¿cómo
está? Me decía. Digo, bien, vine de visita a la Argentina,
pasé a saludarte. Me dice, OK. Y subimos al apartamento y
estaba la señora, Enriqueta. Una hermosa persona. Y le dice,
pero Luis, ¿cuántos más hay? ¿Cuántos hijos más tenés? Le
dice, ¿no? Porque mi papá aún no le había dicho nada, que
tenía todos los hijos, ¿no? Y le dice, no, esto es el último,
no hay más que esto que el otro, bueno, comimos juntos,
ahí, imagínense, todos adultos, ¿qué le hubiera costado a mi
viejo decir, OK, la relación con tu abuela se terminó, yo
la formé otra otra pareja, y punto, pero claro, por esa la
razón que él firmó todos los papeles para que nosotros nos
vayamos de la Argentina, y no puso ningún pero, porque él ya
estaba en esa relación, y era una, éramos como una, no sé si
decirlo, un un impedimento, o no se animaba a decirle a la
mujer con la que empezó la relación que tenía hijo, o
habrá empezado la relación mintiendo que no tenía hijo y
después cómo arreglo esta situación, ¿no es cierto? Y y
bueno, esa fue la razón por la cual él nos dejó salir de la
Argentina sin muchos miramientos, y yo no lo no lo
juzgo, lo único que me que que siempre me dio desde que lo
supe una sensación de desagrado es de que él podía pagar una
mensualidad de una pensión ahí en la calle Cochabamba en en
Constitución, que no usaba, porque ya estaba viviendo con
esta mujer en un lindo apartamento, y esa pensión era
dinero que nosotros en Necochea lo hubiésemos podido utilizar
para tal vez tener un poquito mejor de calidad de vida, y él
por no haber sido frontal, tanto con mi madre como con la
nueva pareja, decir, bueno, esta es la situación, siguió
durante años pagando una pensión y tirando plata a la
basura, sin haber tenido que hacerlo, porque nadie le iba a
cuestionar nada, ¿no es cierto? Y tal vez que con lo que él
pagaba un mes de pensión para nada, con ese dinero yo hubiese
podido hasta comprarme el el que nunca tuve para ir al
colegio secundario, ¿vieron? Son esas cosas que uno dice,
pero ¿qué falta de de honestidad, ¿no es cierto? Para
poner las cosas sobre la mesa y decir, bueno, esto es así, acá
se terminó, yo ya tengo otra otra vida, y los tantos son los
tantos, ¿no es cierto? Pero bueno, agua bajo el puente. Así
que estaba aquí en la Argentina, y me tuve que ir por
Chile, crucé la cordillera, estuve en Santiago varios días,
y en el viaje de regreso, cuando yo venía hacia Argentina, el
avión había parado también en Lima, Perú, y ahí le había
dado una llamada por teléfono a tu mamá. A la que ahora mi
esposa que estaba viviendo en Lima. Así que digo, bueno, de
regreso para unos días en Lima, para encontrarnos, ¿no es
cierto? Ella me dice, sí, vení, quédate acá en casa, en el
apartamento, hay lugar, etcétera, etcétera. Así que
bueno, estuve en Santiago, en Santiago me tomé un avión a
Lima, en Lima llegó al aeropuerto, no, ella me había
dicho que me iba a estar esperando, no había nadie, así
que digo, ¿y ahora dónde voy? No conocía nada de Lima, ¿viste?
Sabés allá el callao. Callao. El callao de aquella época, el
aeropuerto está en un barrio, pero más picante, y digo, ¿y
ahora dónde me voy? Así que ya estaba haciendo planes para irme
a buscar algún lugar, era de noche, porque todos los vuelos
que llegan a Lima llegan como a las dos o a las tres de la
mañana. Es un lugar tétrico para salir de viaje, porque no,
todos los vuelos llegan ahí como es mitad de camino entre las
siempre, ¿no? Siempre. Siempre. Hasta ahora. Hasta ahora, la
media noche, la una, las dos, las tres de la mañana, o sea,
que creo que eran como las dos de la mañana, ¿no? Y por ahí la
veo que viene Pilar, mi esposa, hola, ¿qué tal? ¿qué pasó? Le
digo, no, pensé que no venías, que te arrepentiste. No, me
dice, me perdí. Había venido con el auto de la mamá, que
tenía un una cosa así, un coche americano, un autazo, un B8,
tenía una una bestia era aquel auto. Y me vino a buscar y
bueno, me llevó ahí al al apartamento, en donde viven
ellos en Miraflores, y y sí, este, salíamos juntos,
nuevamente, así que, este, estuve como tres meses ahí en
Lima, y bueno, ahí fue cuando decidimos que nos íbamos a
casar, yo ya tenía como veinticuatro años, habré
tenido, veinticinco, no sé, por ahí. Le digo, bueno, yo me voy
a regresar a Canadá, y cuando me este me me organice, después
venís vos, y nos casamos, y hacemos todo el papeleo para
que te quedes también a vivir en Canadá. Así que ahí estuvimos
en Lima, fue la época cuando les conté en otros videos que
había que salir porque con salvoconductos de noche, había
toque de queda, gobiernos militares, la misma historia de
toda la América Latina, vieron un país y era un calco del
otro en esa época. Así que sí, un día me llama mi hermano, me
dice, mira, si podés venir ya para para Montreal, porque hay
una oportunidad de negocios, a ver si te interesa, podemos
comprar un negocio. Le digo, sí, ya estoy por viajar, así que
viajé, y sí, la oportunidad de negocio había resultado ser
que compramos un pequeño negocio que allá se llaman que
son esos negocios que son como un pequeño almacén, pero que
está abierto los siete días por semana, y hasta horas
tardes, cuando ya cierran los supermercados, y todos los
otros negocios, estos lugarcitos quedan siempre abiertos,
trabajan, pero constantemente. Así que se presentó la
oportunidad y compramos el negocio, y yo lo empecé a
operar, ¿no es cierto? Este negocio estaba bastante venido
a menos, porque el dueño era una persona ya mayor, que no le
daba mucha bola, y bueno, yo lo empecé a levantar, a poner más
productos, a modernizarlo, a hacerlo trabajar, ¿no? Y y sí,
resultó ser un buen negocio que caminaba bien, pero claro, era
mucho trabajo, eran horas largas, siete días por semana,
de las nueve de la mañana hasta las doce de la noche, y bien
sacrificado, ¿no es cierto? Así que bueno, en el un día me
avisa por teléfono que llegaba Pilar, me dice, llego tal día,
y se vino nomás, ¿ah? Así que ya no se podía dar marcha
atrás, ¿vieron? Y bueno, llegó a Montreal y le dieron la
estadía como turista, por supuesto, y empezamos a ver el
tema de para hacer el casamiento, ¿no? Empezamos a
chocar contra todos los problemas de que la iglesia
católica nos pedía certificados de bautismo, para ver de que
habíamos sido, este, bautizado, de que éramos, bueno, toda la
historia, ¿vieron? Y no teníamos nada nosotros. Así que
no me acuerdo qué había sucedido con el tema de hacer
una boda por civil, había surgido algún problema que
tampoco no sé por qué no se nos daba, y y entonces fuimos a
hablar hasta tuvimos que ir a hablar con el el bishop, ¿cómo
se llama en español? El no sé. Bueno, un jerarca de la
iglesia, a la a la residencia principal ahí en en Montreal,
donde estaba ellos, el el bishop se llama, ya no voy a
acordarla como se dice en español, y bueno, el tipo nos
dice, bueno, yo no tendría problema que se casen si no
tienen todos esos papeles, le explicamos que nosotros éramos
de los países de América Latina, que ella había
estudiado en el colegio religioso, yo también habíamos
hecho la primera comunión, bautizado, todo, pero no
teníamos los los comprobantes en mano, y para conseguir eso se
iba a demorar muchísimo tiempo, y ella tenía tiempo limitado
para estar como turista, así que él dice, bueno, lo que hacen
es lo siguiente, vayan a buscar alguna iglesia donde el
párroco esté dispuesto a casarlos bajo esta circunstancia,
así que bueno, entramos a caminar por la zona donde
vivíamos hasta que conseguimos una una iglesia donde el
párroco ahí dijo, sí, no hay ningún problema, yo lo voy a
casar, un cura bien moderno, piola, ¿vieron? OK, así que se
hizo la ceremonia, nos casamos, y mi mamá después en casa no
hubo fiesta, no hubo nada, fue una cosa así rápida, ¿no? Y
había hecho mi mamá unas unas milanesas, un pollo al horno, y
le decimos al al párroco ahí, si le interesaba venir a
compartir un poco la comida con nosotros, sí, nos dice la
dirección, yo voy. Ay Dios mío. Y llegó vestido de civil, con
una camisa de seda abierta, un chaco, era la época de fiebre
de sábado a la noche, con esa con esos trajes de vieron de de
tres con chaleco, todo, la camisa desabotada, desabotonada
hasta acá, una una cadena de oro macizo y tenía colgada creo
que una uno de esos, no sé si era un diente de de medio como
de de tigre, una pata, no sé, de algo colgada acá, pero el
pelo todo bien arreglado, que es todo otro, manejando un
camaro Z veintiocho, color celeste clarito, a la miércoles,
y esto decimos nosotros, mirá el cura este, y se sentó en la
mesa con nosotros, y nos empezó a contar de que sí, que él
conocía Las Vegas, que de tanto en tanto le gustaba ir, ¿viste?
Había resultado ser un playboy, ¿viste? Y bueno, pero nos casó,
qué problema, ¿viste? ¿no es cierto? Y esa fue la la
aventura que tuvimos con el cura este de de la y de la ciudad
de Villa San Lorén, eran en Montreal. Así que bueno, hice
la aplicación en en inmigración, llevé las
comprobantes del negocio, porque yo también era socio en el
tema del negocio con mi hermano, o sea, que llevamos, llevé las
las cuentas de depósito en el banco, el libro de cheque, todo
lo que a uno le piden para verle si es solvente o no,
dijeron, está todo muy bien, la aceptaron, me acuerdo que nos
separaron, ¿OK? A ella la llevaron a un cuarto y a mí me
dejaron ahí y nos empezaron a hacer preguntas cruzadas, ¿no
es cierto? ¿Dónde se conocieron? ¿Cuándo se
conocieron? En fin, toda la historia, a ver si era un
matrimonio verdadero, o si era un matrimonio por conveniencia
de papeles, ¿vieron? Y bueno, claro, como ambos contestamos
todo lo mismo, ¿de qué lado de la cama duerme uno? ¿Qué color
son los cepillos de dientes? En fin, todo, ¿eh? Canadá. Y
bueno, pasamos este el examen sin ningún problema, la
aceptaron, y al poco tiempo también ya ella tenía su
residencia en Canadá, y empezamos nuestra vida sin
nada, otra vez, alquilamos un apartamento, y no teníamos
nada, la cocina, y la heladera. Poco a poco fuimos buscando de
comprar una cama, primero dormimos en un colchón en el
piso, y así poquito a poquito, los dos trabajando, ¿no es
cierto? Compramos un auto de segunda mano, un un Chevrolet
Malibú, ella trabajaba en las oficinas de una compañía que
hacía negocios con España, porque ella habla alemán, muy
bien, habla habla inglés, o sea, que tenía la la facilidad
de una compañía que trabajaba mucho con España, y Europa,
secretaria, yo trabajaba en el negocio, y sí, así empezó la
la vida matrimonial en Canadá, ¿no es cierto? Los fines de
semana, me acuerdo que nos íbamos al estaban de moda los
cuando uno ve esos cines donde entra con el auto, y daban dos
y tres películas, así que nos hacíamos unos lindos sándwiches
de de salame, llevábamos para tomar, y entrábamos al que sé
yo, cuando bajaba el sol, eran el verano, y ahí te ponían
aquellos parlantes que colgabas en los vidrios, ¿viste? Unos
tremendos parlantes así que tenían el para darle volumen,
y nos veíamos dos, tres películas, este, se trabajaba,
contentos, mueblamos la casa de a poco, empezamos a viajar un
poco, fuimos a Cancún, fuimos a las Bahamas, viajábamos de
tanto en tanto a Perú, a visitar a la familia de ella,
bueno, este tenemos que ir a reunirnos en media hora con una
tía que hace mucho que no veo, es la última de los tíos que
de que está todavía viva acá en Argentina, nos vamos a ir a
encontrar ahora, así que nos tenemos que preparar, y vamos a
ir a la cafetería Las Violetas. Las Violetas. A tomar un té y
con mi primo y su esposa. Ya. Así que este video lo vamos a
hacer un poquito un poco más corto. No es tan cortito,
cuarenta y cinco minutos. Ah bueno. Está casi más o menos
por ahí andamos. Nuevamente les digo que este va a ser el
último video que yo ya filmo aquí en Argentina. Queda
grabado para que se vayan publicando así mientras yo no
esté con ellos, hasta que ellos regresen a Canadá y
podamos empezar a hacer videos de cocina y otras cosas más, y
lamentablemente tengo que regresar, me duele en el alma
porque he estado hablando con mi esposa y me dice que hacen
dieciocho grados bajo cero ya en Toronto, está nevando, ha
estado nevando duro, hoy anduvimos caminando por el
de la ciudad y los jacarandá en flor, una belleza, pero una
belleza, Buenos Aires, una ciudad única en el mundo, y
nos veremos ya en el próximo video, lo vamos a hacer desde
Canadá. Desde Canadá. Sí. En enero. Toronto, y me muero por
verlo a mi hijo de cuatro patas, que lo extraño loco, me
mandan dos o tres videos por día, porque tengo que verlo
por lo menos una vez al día, porque lo extraño, ¿qué quieren
que le diga? Somos con pinche nosotros con el todo. Así que
ahora ya pasado mañana ya lo voy a estar rascando y vamos a
estar juntos paseando por el parque con frío, pero bueno,
este nos vemos en el próximo y todo lo mejor para todos
ustedes. Tata. Gracias.