¿Cuál es la experiencia más inesperada que te pasó viviendo en otro país?
Bueno, déjenme contarles lo que me pasó en Australia.
Todo comenzó un día común mientras trabajaba en una granja.
Pensé que lo peor que podría pasar era olvidarme de usar protector solar, pero no, estaba muy equivocado.
Ese día estaba recogiendo frutas, tranquilo, cuando de repente escuché un ruido raro.
Como un golpe seco, pero no le di importancia.
Al rato, vi que uno de los trabajadores locales se estaba riendo mientras miraba algo detrás de mí.
Me di vuelta, y ahí estaba, un canguro, pero no un canguro cualquiera, era enorme.
Hasta acá todo bien, porque siempre me dijeron que los canguros son bastante pacíficos.
Pero este no.
Este me estaba mirando fijo, con las patas delanteras apoyadas en el suelo y moviendo la cola como si estuviera calentando motores.
Yo traté de mantenerme calmado y empecé a caminar despacio hacia un lado, pero ahí fue cuando cometí mi primer error.
Sin querer, pisé un balde metálico que hizo un ruido tremendo.
El canguro saltó hacia adelante y yo me quedé congelado.
Lo peor es que parecía que me estaba desafiando, como si dijera, a ver, ¿te vas a mover o qué?
Y, bueno, yo hice lo que cualquiera haría, empecé a correr.
Lo gracioso es que mientras corría, me di cuenta de que no me estaba persiguiendo, todavía.
Pero cuando miré hacia atrás, lo vi saltar como si fuera un atleta olímpico.
Y ahí sí, entré en modo pánico.
Me metí en un cobertizo que estaba abierto, cerré la puerta y me quedé escuchando.
¿Saben qué pasó después?
El canguro no intentó entrar, pero sí empezó a dar golpes en las paredes del cobertizo con la cola.
Yo estaba pensando que eso era todo, hasta que escuché un ruido aún más raro.
Miré hacia arriba y, ¿pueden creerlo?
El techo tenía un agujero.
Así que ahí estaba yo, atrapado, rezando para que no se le ocurriera saltar y meterse conmigo.
Después de unos minutos que parecieron horas, el canguro se aburrió y se fue.
Cuando salí, mis compañeros estaban muertos de risa.
Uno me dijo, che, ¿te acordaste de darle las gracias al jefe del lugar?
Porque ese canguro es casi una mascota.
Siempre hace lo mismo con los nuevos.
Así que ahí lo tienen, no me atacó ni nada, pero pasé uno de los sustos más grandes de mi vida.
Y aprendí dos cosas importantes, uno, nunca subestimes a un canguro,
y dos, siempre hay un novato al que le toca el bautismo de canguro.