La Vaca y la Garza

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🌿✨ Una lección de amistad y confianza 🐄🦢
En una finca colombiana, una vaca y una garza compartían una hermosa amistad hasta que un sapo sembró la duda entre ellas. 🐸💭 ¿Se estaba aprovechando la garza? La vaca creyó que sí… hasta que el sabio perro le enseñó el verdadero valor de la cooperación en la naturaleza. 🐶💡
💚 Una historia sobre la importancia de pensar antes de juzgar y el poder de la amistad. ¿Qué opinas de esta enseñanza? 🤔💬
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Hola queridos exploradores de historias, hoy en los cuentos de la AWE de bcsmedia.net
les trae un cuento mágico que les encantará, escúchenlo hasta el final.
La vaca y la garza
En una pequeña finca en las montañas de Colombia, vivía una pareja de campesinos,
acompañados de una vaca que les proveía la leche para su sustento y un perro que cuidaba la propiedad.
En el pequeño potrero, rodeado de una cerca de alambre de púas, siempre estaba la vaca comiendo pasto
y cerca de ella el perro que ya tenía sus años, y se la pasaba echado la mayor parte del día.
Todas las mañanas llegaba al potrero una garza blanca, de las llamadas garzas bueyeras o garzas de ganado.
Esta garza se posaba sobre el lomo de la vaca y mientras buscaba garrapatas en la piel de su amiga, conversaban sobre sus vidas.
La garza le contaba sobre lo que veía en otras fincas, y la vaca, que no tenía mucho que contar,
escuchaba sus historias y le contaba lo contentos que estaban sus dueños por la calidad de su leche.
Tras comer una docena de garrapatas, la garza se despedía y alzaba el vuelo,
perdiéndose en el cielo azul para desaparecer hasta el día siguiente.
El perro levantaba la cabeza y emitía un débil ladrido para despedirse.
Un día, apenas se despidió la garza, la vaca seguía masticando el pasto cuando oyó una voz ronca que salía por debajo de la cerca.
Oye vaca, ¿no te das cuenta? ¿Cómo se aprovecha de ti esa garza?
Preguntó la vaca un poco asustada y sorprendida.
El pasto se movió y apareció de un brinco un sapo.
Se le acercó a la vaca y le dijo,
Croak, croak, ¿soy yo o el sapo que vive en la quebrada?
He estado viendo cómo esa garza se aprovecha de ti y creo que deberías detenerla.
La vaca, asombrada, dejó de comer y se acercó aún más al sapo diciéndole,
¿Por qué crees que se aprovecha de mí?
Croak, croak, ¿cómo que por qué?
La muy bribona viene cada mañana, se para en tu lomo y se come las garrapatas que llevas en tu piel.
La estás alimentando y no te paga nada.
¿O acaso tomas los chismes que te cuenta como pago?
La vaca se quedó pensativa y apenas murmuró,
Nunca lo había visto de esa manera.
Claro, se aprovecha de ti.
Deberías exigirle un pago o que no vuelva por acá.
No seas bobita, mi querida vaca.
Croak, croak.
Y de un salto volvió a salir de la cerca y se perdió en la maleza.
La vaca se quedó el resto del día reflexionando y entre más lo pensaba, más furiosa se sentía,
Pues creyó que la garza definitivamente estaba abusando de su inocencia.
A la mañana siguiente, como siempre, llegó la garza aleteando y aterrizó sobre el lomo de la vaca.
La cual se sacudió fuerte y la garza cayó al piso.
¡Ey, tranquila, soy yo!
Dijo la garza reponiéndose del golpe.
Sí, ya sé que eres tú, pero ya no te quiero sobre mi lomo.
Respondió la vaca con tono de ofendida.
La garza extrañada le preguntó,
¿Pero qué pasó, amiga?
¿Qué pasó? Que me di cuenta de tu abuso.
Vienes aquí todos los días a desayunar con mis garapatas.
¿Y crees que contándome un par de chismes de las vacas de otras fincas, con eso me puedes pagar?
Pues se te acabó el juego.
No puedes volver a comerte mis garapatas.
Tras esa respuesta contundente de la vaca, la garza trató de hacerle entrar en razón.
Pero al intentar hablar, la vaca agregó,
¡No trates de engañarme más!
Ya me di cuenta de todo y no quiero que vuelvas por acá.
Y se fue caminando hacia el otro lado del potrero.
La garza seguía muy sorprendida y miró al perro,
que veía todo a la distancia como preguntándole qué pasaba.
Pero este estaba tan extrañado como ella y apenas podía encogerse de hombros.
Sin más remedio, la garza alzó el vuelo y se marchó.
El resto del día la vaca siguió molesta.
El perro trató de iniciar una conversación,
pero ella contestó con furia y el canino, que ya era mayor y tenía la sabiduría que dan los años,
la dejó tranquila hasta que estuviera en mejor disposición para hablar.
Al día siguiente el perro observó a la vaca para ver si podía acercarse a conversar,
pero ella seguía incluso más molesta,
pues tenía una rasquiña que no la dejaba comer pasto en paz.
Así transcurrió el día, con la vaca comiendo y rascándose,
mientras el perro la observaba del otro lado del potrero.
Salió el sol nuevamente y la vaca lucía desesperada por la picazón.
Utilizaba su cola para tratar de calmar la rasquiña y trataba de lamerse el lomo,
pero la lengua no alcanzaba a llegar.
Tras otro despertar, el perro vio con sorpresa como la vaca trataba de rodar en el pasto.
Pues no podía más con la rasquiña.
El canino se acercó y le preguntó.
Ay, sí, por favor, ráscame por la barriga, en el lomo, en la pata,
ay, aquí, aquí, en las orejas, por todas partes, ay, ay, como pica.
El perro la rascó por donde pudo, pero la vaca no se aliviaba de su malestar.
En medio de esto, la vaca decidió hablar de su altercado con la garza
y le contó cómo el sapo la había instigado y que por eso ocurrió todo.
El perro la escuchó atentamente y le dijo.
Amiga, creo que te dejaste llevar por un concepto equivocado.
En la naturaleza, todos los animales tenemos una función.
Las abejas toman el néctar de las flores,
pero de esa forma se llevan el polen que esparcen para que haya nuevas plantas naciendo,
al igual que cuando algunos pájaros comen frutos de los árboles y después esparcen sus semillas.
De esa misma forma, las garzas se alimentan de las garrapatas de las vacas,
pero a su vez las benefician porque las están librando de esos parásitos
que además de provocar rasquiña, cuando son muchas, pueden causar enfermedades.
La vaca quedó tan sorprendida con las sabias palabras del perro
que hasta se olvidó de la rasquiña y se detuvo a pensar.
El perro continuó.
Cobrarle a la garza por comerse tus garrapatas es injusto.
Ella también te está beneficiando.
Es como si le cobraras a nuestros amos por la leche que ordeñan
cuando ellos son quienes te alimentan, te bañan, te dan un lugar donde vivir y te consienten.
Hasta te cantan cuando te ordeñan.
Tras un momento de reflexión, la vaca exclamó.
Vaya, cuanta verdad hay en tus palabras, querido perro.
Me dejé llevar por ese sapo malvado y no pensé bien lo que le dije a la garza.
Ahora no tengo a nadie que me quite las garrapatas.
El perro sintió pena por su amiga y le dijo.
Mira, soy viejo y hace rato que no salgo de la finca,
pero puedo ir a buscar a la garza a ver si acepta volver.
Por mi olfato, sé a cuál finca va, así que iré a ver si puedo encontrarla.
¿De verdad harías eso por mí?
Dijo la vaca ilusionada.
Para eso están los amigos, respondió el perro,
y se escabulló por debajo de la cerca con gran dificultad.
La vaca, mientras esperaba, se rascaba con la cerca,
rodando por el piso y pegándose con la cola,
hasta que de pronto escuchó un aleteo y vio a la garza que aterrizó a pocos metros de ella.
¡Hola, garcita! ¡Qué alegría verte!
Saludó la vaca, un tanto emocionada y a la vez avergonzada.
Hola, vaca. Tu amigo me convenció de venir a hablar contigo.
Dijo la garza sin mostrar mucha alegría y agregó.
Pues, ¿qué es lo que tienes que decir?
La vaca agachó la cabeza y no sabía por dónde empezar.
Pues, es que quiero disculparme por la forma en que te traté.
Me he dejado convencer de las malas intenciones del sapo.
Y hasta ahora vengo a entender cómo funciona su relación en la naturaleza.
Y aparte de nuestra relación natural de vacas y garzas,
la verdad es que ya te había acogido mucho cariño y te he extrañado bastante.
Perdóname, por favor.
Y si estás de acuerdo, puedes venir cuando quieras a comerte mis garrapatas.
La garza sonrió y dijo.
Amiga, yo también te extrañé y me sentí mal por lo que me dijiste.
Pero dejemos eso en el pasado y volvamos a ser como antes.
Aletió y se levantó en el aire hasta que se posó sobre el lomo de la vaca.
Y sorprendida le advirtió.
¡Vaya!
Estás llena de garrapatas.
Debes estar sufriendo.
Yo sola no podría comérmelas todas.
Voy a llamar a otras amigas garzas para que me ayuden y te podamos dejar limpia otra vez.
Espérame aquí.
La garza se fue volando y un rato después apareció el perro metiéndose con gran esfuerzo por debajo de la cerca.
La vaca le agradeció y le contó lo que le había pasado.
A lo que el perro afirmó.
Me alegra mucho, amiga vaca.
Recuerda entonces no volver a creer en lo que te diga algún malintencionado.
Debes analizar antes de actuar impulsivamente.
Al terminar de decir eso, aterrizó la amiga garza acompañada por tres más de su especie.
Y con el permiso de la vaca, empezaron a devorar todas las garrapatas.
Al día siguiente, como todos los días de ahí en adelante, la garza llegó a donde su amiga vaca.
Comió garrapatas y se contaron sus experiencias más recientes.
Rieron e hicieron su amistad más fuerte.
Todo siendo observado por el sabio y bondadoso perro que, echado en el piso, le sonreía a sus dos amigas.
Cuento escrito para VCSmedia.net por Jaime Rincón
Niños, ¿si escucharon lo que tuvo que vivir la pobre vaca por escuchar los rumores malintencionados del sapo?
Por ningún motivo está bien seguir los consejos de personas que, por su envidia y egoísmo,
quieran dañar la relación entre compañeros del colegio, amigos, familiares y vecinos.
Siempre hay que hablar con palabras positivas, con respeto y con amabilidad.
Destacando las virtudes, los valores y buenas costumbres.
Y además, ser muy agradecidos con todos los que nos rodean.
Así es como se contribuye para formar una convivencia sana y feliz.
El tiempo se nos ha terminado.
Recuerden que aquí los estaré esperando con más fantásticas y divertidas historias.
¡Hasta pronto!
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