31 DIABÓLICAS cosas que los ZARES RUSOS hicieron bajo su reinado

Relatos Históricos
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14 abr 2026
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Finalmente, Iván IV el Terrible fue el máximo clásico de la maldad entre los zares, por sobrados motivos, como podrás comprobar en este vídeo sobre las cosas más escalofriantes de estos cuatro soberanos rusos.
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31 cosas escalofriantes de los ares rusos.
Por distintos motivos, Pedro I, Ana I, Nicolás II e Iván el Terrible fueron célebres emperadores
rusos.
De Pedro I el Grande, sus atrocidades y actos escalofriantes han quedado un poco en segundo
plano, amparado en su prestigio de haber modernizado Rusia.
La Emperatriz Ana es quizá la menos conocida de los cuatro personajes, pero fue una mujer
que en sus diez años de gobierno dejó una huella de crueldad casi sin parangón en la
historia de la monarquía rusa.
Nicolás II, el último zar, no fue un hombre malo al estilo de Iván el Terrible, pero
su incompetencia marcó el final del imperio y protagonizó unos cuantos episodios lamentables
en sus más de 22 años en el trono.
Finalmente, Iván IV el Terrible fue el máximo clásico de la maldad entre los ares, por
sobrados motivos, como podrás comprobar en este vídeo sobre las cosas más escalofriantes
de estos cuatro soberanos rusos.
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Siete cosas escalofriantes de Pedro I de Rusia
Pedro I, llamado Pedro el Grande, fue uno de los ares más importantes en la historia
del imperio ruso.
Durante su reinado de casi 43 años, entre 1682 y 1725, sentó las bases del imperio,
construyó la capital imperial de San Petersburgo como una ventana a Occidente y modernizó
Rusia al estilo occidental.
Sin embargo, el monarca que revolucionó Rusia lo hizo a un precio terrible, incluyendo la
ejecución de su propio hijo.
Veamos las siete cosas más escalofriantes del reinado de Pedro el Grande.
Número 1 Convirtió la construcción de San Petersburgo en una masacre
Pedro el Grande quedó deslumbrado con el Palacio de Versalles durante una visita a
Francia, y decidió que Rusia no solo debía tener un nuevo palacio de gobierno, sino
una nueva capital imperial.
Justificó sus sueños de grandeza diciendo que el imperio debía abrirse una ventana
a Occidente, y aprovechó la mano de obra gratis de los siervos de su país y la experiencia
europea para construir San Petersburgo en la desembocadura del río Neva, cerca de Finlandia
y del Mar Báltico.
Más de medio millón de siervos rusos trabajaron en la edificación de la ciudad fundada en
1703 por Pedro I, estimándose que posiblemente murieron hasta 100.000 de ellos.
Un historiador ruso del siglo XIX escribió ¿Sería difícil encontrar en los anales
de la historia militar alguna batalla que se cobrara más vidas?
Número 2 Prohibió el uso de piedra de construcción en el resto de Rusia para destinarla toda
a San Petersburgo
Pedro el Grande ordenó a todos los aristócratas y personajes poderosos rusos que poseían
más de 500 siervos la construcción de un edificio de al menos dos pisos en la nueva
ciudad.
Dada la inmensa demanda de materiales de construcción que supuso la edificación de San Petersburgo,
el autócrata ruso prohibió el uso de piedra en todo el resto del imperio, de manera que
todas las canteras trabajaran para abastecer de bloques a la nueva capital imperial.
Sobre las condiciones de vida de la mano de obra sierva, el historiador Sevgeny Anisimov
escribió
Los trabajadores fueron obligados a llegar a la capital en convoyes desde todo el país.
Allí los obligaron a vivir durante varios meses en refugios subterráneos, en cabañas
o al aire libre.
La comida era escasa y no había provisión médica.
Número 3 Hizo matar a su propio hijo
Alejo Petrovich Romanov, hijo de Pedro el Grande y su primera esposa, Eudoxia Lupujina,
y príncipe heredero de la corona, tuvo una tormentosa relación con su padre.
La relación hizo crisis en 1716, cuando Alejo Petrovich huyó a Viena en la compañía de
su amante, Afrosinia Fiodorova, y se puso bajo protección del emperador del Sacro Imperio
Romano Germánico, Carlos VI.
El emperador ruso juzgó intolerable la actitud de su hijo, pero fingió que lo perdonaría
si Alejo retornaba a Rusia.
Tan pronto Alejo Petrovich llegó a San Petersburgo, Pedro el Grande ordenó la constitución de
una corte que lo juzgó y condenó a muerte.
Alejo Petrovich Romanov fue ejecutado el 7 de julio de 1718, a los 28 años.
Número 4 Decapitó personalmente a algunos, el Streltsi
Los Streltsi fueron una unidad militar rusa creada en el año 1550 por el zar Iván IV el Terrible.
Su armamento estándar era una bardiche y un arcabuz, y sus servicios se remuneraban con tierras.
En el siglo VI ya se habían convertido en un cuerpo de élite, ganando influencia en la corte
En 1698, cuatro regimientos de los Streltsi, situados en Moscú, se rebelaron contra el
zar, mientras Pedro el Grande se encontraba fuera de la ciudad.
La insurrección fue un intento de deponer a Pedro primero, y colocar en su lugar a su
hermana Sofía, el ex evgenia Romanova.
La revuelta fue aplastada por el ejército zarista, y cuando Pedro el Grande regresó
a Moscú, ejecutó una venganza brutal contra los Streltsi, hechos prisioneros, decapitando
personalmente a varios de ellos.
5.
Desterró a su primera esposa a un monasterio.
Eudoxia Fidorovna Lopuginá fue la primera esposa de Pedro el Grande, y la madre de Alejo
Petrovich Romanov, el hijo que el emperador ejecutó.
Fue la última zarina de origen ruso, Eudoxia pertenecía a la secta rigorista Los Viejos
Creyentes, que se oponía a las medidas de occidentalización de Rusia del emperador.
Cuando se produjo la revuelta de los Streltsi, Pedro I sospechó que su esposa había participado
en la conspiración, y la desterró al monasterio de Esustal, donde se convirtió en monja con
el nombre de Elena.
Eudoxia Fidorovna estuvo siete años enclaustrada, hasta la muerte de su exesposo Pedro el Grande.
6.
Envió los cadáveres de los Streltsi, ejecutados a la ventana de su hermana Sofía Aleksevyevna
Romanova, y forzó su clausura en un monasterio.
Sofía Aleksevyevna Romanova fue una princesa rusa, hermana de los ares Teodoro III, Iván
V y Pedro I el Grande.
Mediante una alianza con el príncipe Vasily Golitsy, un hábil político y cortesano, logró
hacerse regente durante la minoridad de sus hermanos reinantes, Iván V y Pedro I.
Esta irrupción de Sofía en el alto gobierno fue un hecho extraordinario, ya que las mujeres
rusas, por lo general, se mantenían alejadas de la política.
Cuando fracasó la revuelta de los Streltsi, que pretendía entronizarla, Pedro el Grande
envió los cadáveres de los amotinados a la ventana de Sofía, y después la obligó
a tomar los hábitos en la más absoluta clausura.
Las otras monjas solo podían verla una vez al año, el día de Pascua.
Murió con la vejiga gangrenada Pedro el Grande empezó a padecer gravemente
del aparato urinario, especialmente de la vejiga, situación de salud que habría sido
empeorada por un hecho que todavía se discute si fue real o ficticio para presentarlo como
un héroe.
En el invierno de 1723, Pedro I se encontraba en visita de inspección en el Golfo de Finlandia,
cuando vio a un grupo de soldados que se estaban ahogando cerca de la costa, y presuntamente
entró en el agua helada para rescatarlos.
Algunos historiadores opinan que esta historia fue inventada para darle un aura de heroísmo
a su muerte, que se produjo el 8 de febrero del año 1725, la autopsia reveló que tenía
la vejiga gangrenada.
7 cosas escalofriantes de la Emperatriz Ana Ivanovna de Rusia
Ana I fue Emperatriz de Rusia entre 1730 y 1740, hija de Iván V y sobrina de Pedro el
Grande.
Era llamada Iván a la Terrible por su crueldad, su pésimo sentido del humor y sus malos modales,
aunque su linaje no era el mismo que el de Iván el Terrible.
Fue una mujer infeliz y hubo muchas cosas tristes y escalofriantes en su vida.
1.
La llamaron en una ocasión jamón de Westfalia.
Ana Ivanovna nació el 7 de febrero de 1693, como cuarta hija del zar Iván V de Rusia
y su esposa prosodia Salchikova.
Si bien nació princesa, la vida de Ana no fue precisamente un cuento de hadas.
Aunque era zar, su padre realmente no tenía ningún poder, ya que se la pasaba mental
y emocionalmente ausente.
Su madre era una mujer desdichada por las condiciones mentales de su esposo, que utilizaba
el rigor y la severidad con sus hijas como válvula de escape a su infelicidad.
Ana no destacó tampoco por su apariencia, de contextura obesa, y en una ocasión fue
objeto de una burla brutal cuando le dijeron que parecía un jamón de Westfalia.
2.
Perdió a su padre a los 3 años de edad.
Mentalmente incapacitado y apodado Iván el Ignorante, el co-gobernante Iván V sólo
cumplía funciones ceremoniales, sentado en absoluta quietud, mientras que el poder real
estaba en manos de su ambiciosa tía Sofía, y después en las de su hermano Pedro I,
el futuro Pedro el Grande.
Iván V murió a los 29 años, cuando su hija Ana tenía sólo 3, y Pedro I comenzó a consolidar
su poder.
La traumática niñez de la princesa afectó su personalidad, haciéndola una joven obstinada
y sombría, lo que le valió el apodo de Iván a la Terrible.
En 1710, Pedro I logró concertar el matrimonio de su sobrina Ana con un noble Lituano y las
cosas, que parecían cambiar favorablemente para ella, lo hicieron para empeorar.
3.
Su esposo de 18 años murió dos meses después de la boda.
En 1710, en medio de sus vicisitudes familiares, Ana Ivanovna, de 17 años, se casó ilusionada
con Federico Guillermo Keckler, duque de Ecurlandia y Semigalia, un estado vasallo del Gran Ducado
de Lituania.
Antes de conocerlo, Ana le había escrito a su prometido,
No puedo dejar de asegurar a vuestra Alteza, que nada podría deleitarme más que escuchar
su declaración de amor por mí.
Por mi parte, le aseguro a su Alteza que comparto sus sentimientos, en nuestro próximo feliz
encuentro, que espero con ansias, aprovecharé, si Dios quiere, la oportunidad para expresárselas
personalmente.
Desafortunadamente, el duque de 18 años murió el 21 de enero de 1711, dos meses después
de la boda, dejando a Ana viuda y sola en un país extranjero.
4.
Ana IV gobernó su ducado durante 20 años en medio de la amargura.
La boda había sido lujosa y con la pomposa elaboración de las casas reales del siglo
XVIII.
Se dice que el joven duque se encargó personalmente de acelerar su trágico final cuando desafió
alzar a un concurso de bebida, pescando una borrachera monumental que no le sentó bien
a un estado de salud ya debilitado.
Tras la repentina muerte de su esposo, la desconsolada Ana se convirtió en una solitaria
gobernante de un ducado desconocido que dirigió durante 20 años en medio de la amargura.
Escribió más de 300 cartas a su familia, rogando que le encontraran un nuevo pretendiente,
pero al parecer ningún hombre de medios y estirpe reconocida estuvo dispuesto a pedirla
en matrimonio, sin sospecharse que llegaría a ser emperatriz de Rusia.
5.
Asesinó y exilió a sus opositores.
Aunque Ana Ivanovna jamás volvería a casarse, una cadena de improbables acontecimientos
la llevó al trono de Rusia en 1730, ya como una mujer madura, solistaria, amargada y vengativa.
Su ascenso al trono se produjo a partir de una espinosa cuestión de sucesión.
Tras morir Catalina I, última esposa de Pedro el Grande, que había sucedido a su marido
en el trono, la corona fue para Pedro II, quien murió sin herederos.
Fue así como Ana Ivanovna se convirtió en emperatriz, comenzando un periodo considerado
una era oscura en la historia rusa, en la que asesinó o deportó a Siberia a sus opositores,
incluyendo a algunos miembros de su Consejo Privado Supremo.
6.
Se exilió a la esposa del príncipe Mijaíl Alexévich Kolitsin, solo por ser católica.
El príncipe Mijaíl Alexévich Kolitsin, un aristócrata ruso, se enamoró locamente
de Lucía, la hija de un posadero italiano, y aceptó casarse sin que ella renunciara
al catolicismo.
La pareja llegó a San Petersburgo en 1732, dos años después del ascenso al trono de
Ana I, y la emperatriz, enterada de la situación religiosa particular de los cónyuges, y probablemente
amargada por su visible felicidad, se propuso destrozar el matrimonio.
Exilió a Lucía, anuló el matrimonio y retiró el título nobiliario al príncipe.
7.
Casó al príncipe Kolitsin con una jorobada y los puso a pasar su primera noche de bodas
en una casa de hielo.
En el invierno de 1739 a 1740, Ana I ordenó la construcción de una obra de fantasía
que fusionaba la magia con la ciencia, una casa hecha totalmente de hielo, completamente
amublada.
La emperatriz convirtió al príncipe Kolitsin en un bufón de la corte, y lo obligó a casarse
con una de sus sirvientas, la jorobada Avdotya Vusheniknova.
Kolitsin y Avdotya se casaron el 6 de febrero de 1740, vestidos de payasos, y fueron metidos
en una jaula llevada por un elefante a un insólito lugar para pasar su primera noche
de bodas, la casa de hielo.
Salieron al día siguiente con quemaduras por el frío, pero vivos.
Esta fue una de las últimas crueles burras de Ana I, de que murió ocho meses después,
a los 47 años.
7 cosas escalofriantes de Nicolás II de Rusia.
Nicolás II Romanov es uno de los ares más conocidos porque fue el último y especialmente
por las terribles circunstancias de su muerte.
Tras ser masacrado junto a su esposa y sus cinco hijos en 1918, en el transcurso de la
Revolución Bolchevique.
Durante su reinado de 22 años y 134 días entre 1894 y 1917, y los meses que le siguieron
antes de morir, ocurrieron cosas verdaderamente espantosas.
Número 1.
Vio a su abuelo Alejandro II mientras se desangraba morimundo.
El zar Alejandro II, abuelo de Nicolás II, fue el monarca ruso que más atentados sufrió
a lo largo de su reinado.
Entre 1866 y 1880, salvó la vida en cinco atentados, cuatro en Rusia y uno en Francia,
por la mala puntería de sus atacantes o por circunstancias afortunadas y fortuitas, como
una vez en la que un transeúnte apartó el arma del perpetrador cuando estaba a punto
de dispararle.
El 13 de marzo de 1881, Alejandro II fue objeto de un sexto atentado del que de nuevo salió
ileso para morir pocos minutos después, en un séptimo ataque, en un caos de seguridad
que escresparía a los protectores de los altos personajes de la actualidad.
Ese día, un terrorista arrojó una bomba contra el carruaje del zar, matando a uno
de sus guardias, y el monarca se bajó a ver lo que había ocurrido, siendo asesinado por
otro terrorista con otra bomba.
Nicolás II vio como su abuelo llegaba al palacio de invierno, dejando un hilo de sangre
sobre la nieve, para morir poco después.
Número 2.
Continúan los festejos después de la tragedia de Godinga.
La coronación de Nicolás II tuvo lugar el 14 de mayo de 1896, y cuatro días más tarde
estaba prevista la realización de una celebración popular en el campo de Godinga, de Moscú,
con la asistencia de los ares.
Los asistentes recibirían un bollo de pan, una salchicha, pan de jengibre, pretzels,
bebidas y una taza conmemorativa.
A las 5 de la madrugada del 18 de mayo ya se habían reunido decenas de miles de personas,
algunas fuentes hablan hasta de medio millón, cuando empezó a propagarse un rumor de que
la comida y la cerveza no alcanzarían para todos.
Lo que vino después fue una estampida en la que murieron pisoteadas 1,389 personas
y hubo cientos de heridos graves.
El sarno canceló el programa de festejos e hizo su aparición con la sarina a las 2
de la tarde, después de que fueron borradas las huellas de la tragedia.
Se afirma que la pareja real después se fue a una fiesta ofrecida por Francia.
3.
Fue a la guerra con Japón de forma insensata.
Entre 1904 y 1905, los imperios de Rusia y Japón pelearon la guerra ruso-japonesa en
la que estaba en disputa el territorio de Manchuria.
El emperador Meiji inicialmente no quería el conflicto sino dividir el territorio disputado,
pero un Nicolás II bastante desinformado creía que vencería fácilmente a un Japón
al que consideraba totalmente rural y subdesarrollado.
Perdió la guerra en Manchuria y el ambiente político en Rusia se le hizo más adverso,
con los revolucionarios bolcheviques tomando impulso.
4.
Fue responsable del Domingo Sangriento.
El 22 de enero de 1905, el sacerdote ortodoxo y líder obrero, Gyorgy Japón, organizó
una marcha pacífica de trabajadores con el objetivo de entregar una carta al zar en el
Palacio de Invierno de San Petersburgo, que terminó en el Domingo Sangriento o Domingo
Rojo.
La manifestación fue ametrallada por la guardia imperial rusa, matando a unas mil personas.
Aunque el emperador estaba ausente, ya que había salido de viaje de fin de semana, fue
responsabilizado de la masacre y tuvo que hacer una serie de concesiones políticas
en medio de las turbulencias de ese año.
5.
Aceptó a Rasputín y le permitió quedarse en su palacio.
Aunque la polémica relación de la familia imperial con el místico y ocultista ruso
Grigory Rasputín la llevó fundamentalmente a la zarina, el zar la aceptó e incluso aceptó
que el manipulador personaje se quedara en su palacio.
Rasputín era, por lo menos, un personaje inquietante que pretendía tener poderes sobrenaturales,
y su relación con la familia real arruinó aún más la menguante reputación de Nicolás
II.
Finalmente, Rasputín fue asesinado en 1916 por algunos personajes de la nobleza para
impedir que continuara influyendo en la familia real.
6.
Fue un líder incompetente y de consecuencias trágicas para su país.
Nicolás II es considerado uno de los líderes más incompetentes de la era moderna, no estaba
preparado para gobernar y no fue ni un reformador como su abuelo, ni un represor como su padre.
Era una persona manipulable que se dejaba convencer fácilmente, y su relación con
Rasputín representa la mejor evidencia.
Durante su reinado, el imperio ruso entró en decadencia política, social y militar,
lo que unido a su esoterismo e incapacidad llevó al colapso del régimen imperial.
No fue capaz de liderar la transición de la monarquía autocrática rusa a una monarquía
constitucional que hubiera evitado mucha sangre.
7.
Murió en horribles circunstancias junto con su familia.
La madrugada del 17 de julio de 1918, Elzar y su familia fueron reunidos en el sótano
de la casa de Ekaterimburgo, en los montes Urales, en la que se encontraban en arresto
domiciliario.
A continuación, un grupo bolchevique armado los ametralló, matando al zar, a su esposa
Alejandra Fiodorovna, a sus cuatro hijas, Olga, Tatiana, María y Anastasia, y a su
hijo, Elzarevich Alexei.
Los cuerpos de la última familia real rusa fueron enterrados en fosas comunes, encontrados
después de la disolución de la Unión Soviética.
10 cosas escalofriantes de Iván el Terrible.
El apodo de El Terrible es por sí solo un buen indicio de la personalidad de Iván IV.
Su impresionante lista de ocho matrimonios ya lo retratan un poco, y el primer zar ruso
fue desde un temible hombre de familia en la esfera privada, hasta un maniaco como gobernante,
cuya lista de cadáveres osciló entre los millares y los centenares de miles.
La siguiente es sólo una pequeña lista de sus atrocidades y cosas más escalofriantes.
Número 1.
Se afirma que cegó a Poznik Yakovlev.
La leyenda cuenta que al ver terminada la Catedral de San Basilio en 1560, a Iván el
Terrible le pareció tan hermosa que ordenó enseguecer al maestro arquitecto Poznik Yakovlev
para que no pudiera construir otra obra tan magnífica.
Por fortuna para Yakovlev y sus ojos, la historia es casi seguramente un mito, entre otras cosas,
porque en los archivos rusos su nombre no figura entre los constructores de la famosa
iglesia, símbolo de identidad visual de Moscú.
Sin embargo, el relato ilustra el tipo de reputación al que Iván IV se hizo acreedor.
Número 2.
Humilló al arzobispo Prímen, casándolo con una yegua.
Prímen, arzobispo de Novgorod, fue un partidario cercano de las políticas de mano dura de
Iván el Terrible.
En 1570, el zar marchó sobre Novgorod, ciudad del noroeste que estaba pensando desertar
hacia el reino de Polonia, y arrestó a Prímen, quien estaba comprometido en la indentona.
Para humillar al arzobispo, lo casó con una yegua y después lo hizo circular por las
calles en medio de una corte de bufones.
Eso no fue lo peor para Prímen, quien fue encarcelado y murió en prisión en 1571.
Número 3.
Masacró y deportó a la población de Kazán.
En 1551, el canato tártaro de Kazán se alzó en contra del zar e Iván el Terrible y hitió
la ciudad con un asombroso ejército de 150.000 hombres.
Después de que los defensores rechazaron una oferta de paz, Iván IV ató prisioneros
tártaros a estacas, mostrándolos por encima de las murallas de la ciudad y amenazando
con ejecutarlos.
El Terrible fue sorprendido cuando sus mismos adversarios mataron a sus compatriotas, para
evitar que continuaran en manos no musulmanas.
Después, en una de sus típicas demostraciones, Iván IV tomó la ciudad y aniquiló y deportó
a su población.
Número 4.
Ejecutó a un comandante victorioso de su ejército.
Después de rendir a Kazán, Iván IV envió a su destacado comandante de tropas, Mijaila
Borotinsky, a someter al canato de Crimea.
A pesar de ser superado en proporción de 2 a 1, Boronitsky mostró su talento militar
característico y venció a los tártaros de la península.
Cuando el victorioso comandante esperaba ser ascendido, condecorado y recompensado por
el zar, Iván tenía otros planes para él.
Un sirviente había convencido al Terrible de que Boronitsky estaba planeando su muerte
El paranoico zar sometió a su general a una sesión de torturas con fuego y después ordenó
encarcelarlo, pero Boronitsky murió de las heridas antes de llegar a prisión.
Número 5.
Era un adicto al mercurio.
Hasta el siglo XIX, el mercurio era recetado como remedio contra el estreñimiento, la
depresión, la infertilidad y los dolores de cabeza.
Iván el Terrible recurrió al uso de mercurio como analgésico en su vejez, y existen evidencias
de que desarrolló una adicción, ya que tenía un caldero con azoque en su habitación.
Algunos síntomas comunes de la intoxicación con mercurio son irritabilidad, nerviosismo
y cambios de humor.
Aunque el Terrible ya mostraba una severa inestabilidad mucho antes de la vejez, es
posible que su rápido deterioro psicológico se debiera a su dependencia del mercurio.
Número 6.
Fundó la Oprichnik.
Casi todo el mundo ha oído hablar de la Checa, la primera policía política del régimen
bolchevique, así como del inmenso KGB que la sustituyó.
Sin embargo, la primera organización rusa parecida a una policía secreta fue la Oprichnik,
fundada por Iván IV en 1565.
Era un cuerpo especial que no dependía de los bollardos, sino del propio zar, que funcionaba
como guardia personal, y llegó a tener unos 6.000 hombres escogidos con base a su lealtad
al monarca.
El Terrible utilizó esta unidad para asesinar y despojar de sus propiedades a nobles de
Número 7.
Perpetró la masacre de Novgorod.
Después de humillar y encarcelar a Primen, Iván IV acusó de traición a toda la población
de Novgorod.
Utilizando a sus matones de la Oprichnik, saqueó iglesias y monasterios, entregando
el botín a su guardia personal, y terminó de destruir aldeas que ya estaban debilitadas
por la guerra con Polonia.
Ejecutó una masacre en la que murieron unas 4.000 personas, y pasarían varios siglos
para que Novgorod se recuperara del brutal trato del Terrible.
Número 8.
Tuvo ocho matrimonios fallidos.
Aunque este no representa necesariamente un indicador de maldad, lo es al menos de
inestabilidad, dado que la iglesia ortodoxa rusa admitía un máximo de tres matrimonios,
solo los tres primeros enlaces de Iván IV fueron reconocidos.
Sin embargo, ocho matrimonios parecen muchos para un hombre supuestamente devoto.
Iván sospechó que Anastasia y Marfa, su primera y su tercera esposa, fueron envenenadas
por los boyardos, y desató una brutal represión contra éstos.
Curiosamente, en 1547, cuando el Terrible comenzaba su reinado, a casi 3.000 kilómetros
de distancia, terminaba por causa de muerte el de su colega Enrique VIII de Inglaterra,
quien se casó seis veces y envió al cadalso a dos de sus mujeres.
Número 9.
Le provocó un aborto a su nuera.
Se afirma que el 19 de noviembre de 1581, el zar realizó una visita inesperada a su
hijo, el zarevich Iván Ivanovich, y a la esposa de éste, Yelena Sheremeteva, encontrado
semidesnuda a su nuera, que estaba embarazada.
Al parecer, el Terrible consideró indecente la ligereza de ropas de Yelena y la golpeó
provocándole un aborto.
La mujer gritó pidiendo ayuda y acudió a su esposo Iván Ivanovich, produciéndose
el evento trágico más conocido en la vida del Terrible.
Número 10.
Asesinó a su hijo.
Según la versión de Boris Gudunov, que acompañaba al zar al escuchar los gritos de su esposa,
el zarevich acudió a ver qué sucedía y confrontó a su padre por la agresión.
Iván IV, de 51 años, consideró la actitud de su hijo un irrespeto y una insubordinación,
y comenzó a golpearlo con el bastón que había empezado a usar para ayudarse a caminar,
provocándole heridas mortales.
Se dice que el efilicidio fue el único episodio que conmovió al despiadado zar en toda su
vida.
Menos de tres años después, Iván el Terrible moriría.
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