Así Fue La Triste Vida De La Última Zarina del Imperio Ruso - Alejandra Romanov

Relatos Históricos
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14 abr 2026
31 datos de la trágica vida de Alejandra Fiódorovna Románova, la última zarina de Rusia. ►Suscríbete al canal: https://geni.us/eZcCYJ
¿Cómo fue realmente su cercanía con Rasputín? ¿Cómo fue la trágica vida de su único hijo varón? ¿Por qué el pueblo ruso no la quería? ¿Por qué los enviaron a Siberia a pesar de que era la familia más poderosa de Rusia? ¿Cómo fue la trágica muerte de ella y la de toda su familia? ¿Cómo se identificaron sus restos?
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Alejandra Fiódorovna Románova
31 datos de la trágica vida de Alejandra Fyodorovna Romanova, la última zarina de
Rusia.
La historia de las familias reales no siempre está llena de lujos, fiestas y riquezas.
La tragedia suele estar presente de muchas formas, y la última pareja real rusa no escapó
de esta realidad.
Si bien la historia de amor entre Nicolás y Alejandra Romanova fue de ensueño, su
compromiso y posterior unión matrimonial presagiaban malos augurios desde el principio.
¿Sería una maldición de la princesa alemana?
¿Estaba condenada a ser infeliz por siempre?
¿Qué desgracias le reservaba la vida debido a la sangre que corría por sus venas?
Hoy conoceremos la trágica vida de la última zarina de Rusia, una mujer que llegó al trono
imperial por amor, y desde ese momento la angustia y el sufrimiento marcaron sus días
hasta su horrible muerte.
¿Cómo fue realmente su cercanía con Rasputín?
¿Cómo fue la trágica vida de su único hijo varón?
¿Por qué el pueblo ruso no la quería?
¿Por qué los enviaron a Siberia a pesar de que era la familia más poderosa de Rusia?
¿Cómo fue la trágica muerte de ella y la de toda su familia?
¿Cómo se identificaron sus restos?
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1.- Una boda sombría
La última pareja real del imperio ruso la conformaron Nicolás y Alexandra.
Ellos se casaron siete días después del funeral de Alejandro III, el padre del zar.
Para el pueblo ruso, el mismo hecho de que se hayan casado prácticamente después del
funeral hizo pensar que la llegada de Alexandra no era un buen presagio para su nación.
Ella misma admitió que su boda fue como una continuación de las ceremonias fúnebres,
solo que iba vestida de blanco en lugar de negro.
2.- Un mal presagio el día de la coronación
Nicolás y Alejandra recibieron oficialmente la corona el 14 de mayo de 1896.
Ese día aproximadamente medio millón de rusos se concentraron en la capital para ser
partícipes del evento y gozar de la oportunidad para comer gratis.
Sin embargo, en algún momento se corrió el rumor de que no había suficiente comida para
todos, por lo que se desesperaron y corrieron hacia las mesas de regalos para no quedarse
sin su parte.
Pero fue tanto el salvajismo que se pisotearon unos a otros y así provocaron una trágica
muerte en masa en el campo Kodinka.
La policía no pudo detenerlos.
Ahora bien, eso no fue lo único malo de ese día, pues por insistencia de familiares del
zar se les dijo a los emperadores que participaran en el baile preparado por los franceses para
mantener las apariencias.
No obstante, esta decisión provocó la furia del pueblo ruso herido por la tragedia de
sus compatriotas, y peor aún, viendo en todo su esplendor al zar y a la zarina alemana,
bailando como si nada hubiese pasado.
En lo más profundo de su ser, los zares sí estaban afligidos por tan terrible suceso,
tanto que al día siguiente visitaron a los heridos y dieron ataúdes para los fallecidos.
Esta situación fue un presagio más para pensar que este reinado realmente traería
infelicidad a la nación.
3.
UNA TERRIBLE ENFERMEDAD HEREDITARIA
Lo más horrible para la pareja imperial rusa no serían los acontecimientos precedentes,
sino que la zarina escondía un horrendo secreto familiar.
Era portadora del gen de la hemofilia, lo que suponía que todos los hombres del linaje
real probablemente desarrollarían esta enfermedad que impide la coagulación de la sangre, condición
que para la época era mortal.
Alejandra sufrió en carne propia la muerte de parientes cercanos, como su hermano Frederick.
Pero lo peor estaría por suceder, cuando al fin dio a luz a su único hijo varón,
el heredero al trono de Rusia.
Se confirmó la noticia más dolorosa, era hemofílico, y su infancia estuvo marcada
por los dolores más terribles, tanto que desió su propia muerte.
4.
SU ORIGEN REAL
Alejandra Fyodorovna Románova nació como la princesa Victoria Alex Elena Louis Beatrice
Endarmans, Alemania, el 6 de junio de 1872.
Era la nieta de la reina Victoria de Inglaterra, al ser hija de la princesa Alicia del Reino
Unido.
Su padre fue Louis IV, gran duque de Hesse, ducado que formaba parte del imperio alemán.
Alejandra no necesitó un matrimonio arreglado para ser de la realeza.
5.
SU INFELIZ INFANCIA
Alex vivía en la casa real de Hesse, y cuando tenía apenas 6 años, un brote de edipteria
se diseminó por el palacio y muchos se contagiaron, incluyendo a sus hermanos y su padre, quienes
murieron uno tras otro.
Sólo su hermana Isabel sobrevivió porque fue apartada de los enfermos.
Su madre se negó a separarse de los demás familiares y los cuidó hasta que mejoraron,
pero esto le costaría la vida a la princesa Alice.
Alex pasó de ser una niña alegre a una niña sombría.
6.
SU PERSONALIDAD
Alexandra era una mujer muy femenina y testaruda, también tímida y callada, por lo que muchos
la tildaron de fría y orgullosa, pero en el fondo, sólo era una percepción superficial.
En realidad, era una mujer muy idealista y creía en la bondad de las personas.
De hecho, siempre actuaba más siguiendo sus emociones que la razón.
Los rusos no gustaban de ella por esa frialdad que irradiaba, y porque evidentemente se expresaba
con gestos muy propios de los alemanes.
Como madre y esposa era un ser ideal, se dedicó a sus hijos en cuerpo y alma hasta el final
de su vida.
7.
LOS COMPROMISOS QUE NO ACEPTÓ
Al quedar huérfana de madre, la princesa Alice quedó a cargo de su abuela, la reina
Victoria, quien la adoraba y quien juró a sí misma que sería como su propia hija hasta
que se casara.
La reina Victoria deseaba confirmar que Alice se convirtiera en reina consorte del Reino
Unido, así que en 1889 movió sus fichas para que su nieta se encontrara con Eddie,
el segundo en la línea de sucesión al trono británico, y se enamorara.
Aunque Eddie quedó prendado de la princesa Alice y hasta le propuso matrimonio, ella
no aceptó porque sencillamente no estaba interesada en él.
Su abuela trató de convencerla, pero sus intentos fueron infructuosos.
Alice demostró así su fuerte carácter y su capacidad para no ceder ante las presiones.
Para 1891, la reina Victoria intentó nuevamente arreglar un matrimonio, esta vez con el príncipe
Maximiliano de Baden.
Este fue invitado a Darfstad y cuando le hizo la propuesta a Alice, pese a su sorpresa,
le dijo que no lo conocía.
La princesa no deseaba ser grosera, por lo que le pidió ayuda a su hermana Victoria
para rechazarlo de la forma más cortes posible.
8.
Su primer y gran amor
Alice conoció a su primer amor cuando tenía 12 años, en 1884.
Fue amor a primera vista.
El chico de 16 años que robó su corazón había sido el Sarevich Nicolás, el heredero
al trono imperial de Rusia.
Aún cuando pasaron los años, éstos los hacían cada vez más cercanos y más enamorados.
De hecho, en el diario personal del futuro Tsar de Rusia, éste escribió,
«Mi sueño es casarme algún día con Alice H. La he amado durante mucho tiempo.
Durante mucho tiempo he resistido la sensación de que mi sueño más querido se hará realidad».
En una ocasión, como muestra de su amor, le regaló un broche y pusieron sus nombres
en el cristal de una ventana.
9.
El rechazo de sus futuros suegros
Aunque Nicolás y Alice se amaban con locura, los padres de él la rechazaron cuando su
hijo pidió casarse con ella, ya que los ares eran profundamente anti-alemanes.
María Fyodorovna, su madre, pensaba que no era digna de casarse con el Sarevich y que
tenía una personalidad que no la llevaría a ser una emperatriz exitosa.
En 1894, Alejandro III estaba casi agonizando y fue por ello que aceptó que Alice se casara
con su hijo para así garantizar la sucesión del trono.
Nicolás rebosaba de alegría.
Fue un momento muy especial porque Alejandro III, en su lecho de muerte, se puso su uniforme
completo y los bendijo.
10.
A la reina Victoria tampoco le agradaba esa unión
El rechazo no era unidireccional.
A la abuela de Alex tampoco le agradaba Rusia ni el papá de Nicolás, pues temía por la
seguridad de su nieta.
Esto la llevó a oponerse rotundamente a su casamiento y a tejer sus hilos para separarlos,
pero la vida se encargaría de juntarlos hasta el día de su muerte.
11.
A la futura Sarina le preocupaba tener que convertirse a la iglesia ortodoxa
Alex amaba profundamente a Nicolás, aunque un creciente temor se apoderaba de ella, tanto
que en principio se resistió al casamiento.
La razón, no deseaba renunciar a su fe luterana para sumarse a la iglesia ortodoxa.
La fe de una religión le estaba ganando terreno al amor, pero un Nicolás devastado le rogó
para que le diera el sí, ya que no existía felicidad en su mundo si ella no estaba presente.
12.
La coronación se produjo dos años después
Finalmente, Alex y Nicolás se casaron en 1894, luego del fallecimiento de Alejandro
III.
Eso sí, su coronación se efectuó en 1896.
La princesa de 22 años vistió un traje con diamantes y perlas incrustadas.
Sin embargo, no tenía la más remota idea de lo que era llevar la gestión de un estado.
Por su parte, a Nicolás no le sería fácil llevar las riendas de una nación donde la
clase campesina era pobre, y prácticamente la mitad de la población se consideraba
perteneciente a minorías étnicas, lo cual evidenciaba una notoria desigualdad.
Aunque el día inició con mucha alegría, esa coronación presagiaba para muchos una
desgracia.
La tragedia de Ekhodinka sería el hecho que marcaría el mal inicio del gobierno de los
13.
Lazarina era rechazada por el pueblo ruso.
El casamiento unos días después del funeral de Alejandro III y la tragedia de Ekhodinka
el día de la coronación fueron hechos que empezaron a marcar la impopularidad de Lazarina,
más allá de su origen alemán y las diferencias conocidas entre ambas naciones.
Su personalidad tímida fue vista por los rusos como una muestra de soberbia, frialdad
y arrogancia.
También la barrera idiomática, al no dominar con fluidez el francés, el idioma de la
corte, la alejaban comunicativamente de ese entorno, pues aunque escribía y leía en
francés a la perfección, le costaba hablarlo, el ruso lo dominaba completamente, sobre todo
después de comprometerse con Nicolás.
Un aspecto que tampoco la favoreció fue el no entender su papel social en la corte, ya
que evitaba organizar fiestas, pues le horrorizó descubrir tantos amoríos y rumores en torno
a estos eventos.
La difícil relación con su suegra tampoco abonó el terreno para ganar popularidad,
puesto que a la viuda emperatriz le costaba entender que Lazarina debía ser la protagonista
en los eventos imperiales.
14.
La agonía de buscar el anhelado heredero.
Lo más difícil hasta ahora para Lazarina realmente no sería su mayor angustia, como
todo matrimonio joven, deseó tener herederos para la sucesión.
En seis años, Alexandra tuvo cuatro embarazos, todas niñas, no llegaba el anhelado varón,
pueblo enfurecido, veía a Lazarina como una mujer defectuosa por no poder procrear el
heredero al trono.
La angustia tras cada embarazo se apoderaba de Alexandra, quien sintió decepción y rompió
en llanto cuando nació su segunda hija.
El panorama fue aún peor cuando dio a luz a Marie, la tercera.
El nacimiento de la cuarta niña, Anastasia, fue para Nicolás un evento extremadamente
angustiante.
15.
Creyó en un místico.
Su angustia aumentaba con el tiempo y con cada embarazo.
Pese a su fe, se atrevió a creer en un místico, llamado Philippe Nicervachot, que se lo presentó
la duquesa Milica Nicoláepna.
El místico aseguraba que podía cambiar el sexo del bebé en el útero, usando poderes
magnéticos.
Los familiares cercanos sabían que Philippe era un embaucador y les aconsejaron a Alexandra
y a Nicolás que se alejaran de él, pero no hicieron caso.
A finales de 1901, todo apuntaba a que Lazarina había quedado encinta nuevamente, y el místico
aseguró que estaba embarazada de un niño.
Transcurrieron los meses y en el verano de 1902, quedó en evidencia que Alexandra no
estaba embarazada.
Sin embargo, las experticias médicas determinaron que la emperatriz tuvo un embarazo molar,
es decir, un óvulo fertilizado muerto en la cuarta semana de gestación.
Para cuidar las apariencias, el parte médico oficial declaró que Lazarina tuvo un aborto
espontáneo y sin complicaciones.
Luego de semejante humillación, Alexandra envió al charlatán de regreso a Francia.
Número 16.
Al fin nació el futuro heredero.
Para 1903, la pareja imperial de Rusia decidió apoyar la canonización de un monje, Serafín
de Sarov, quien supuestamente había hecho milagros en la región de Tambov.
Philip, antes de irse de Rusia, les dijo que Serafín les haría el milagro de tener un
hijo varón.
La canonización del santo se llevó a cabo el 19 de agosto, día en que los emperadores
de Rusia se sumergieron en el manantial de Sarov, aguas donde alguna vez se bañó Serafín.
Lloraron para que esas sagradas aguas los bendijeran con la fortuna de un hijo varón.
En 1904, Lazarina quedó nuevamente embarazada y era obvia la ansiedad por saber si efectivamente
era un niño.
Y el milagro ocurrió.
El 12 de agosto del año 1904, nació el tan anhelado heredero, el Tsarevich Alexei.
Número 17
La culpa por haber heredado la hemofilia a su único hijo varón.
Tan pronto nació Alexei, Alexandra confirmó la terrible verdad.
El bebé tenía hemofilia.
Cuando le cortaron el cordón umbilical, el sangrado no paró en días y la sangre jamás
se coaguló.
Esta condición la mantuvieron como un secreto de estado.
Lazarina sentía una inmensa culpa porque ella era la portadora del gen.
El drama era peor porque sufrió en carne propia la muerte de su hermano y de un tío,
quienes fallecieron muy jóvenes.
El promedio de vida en esa época para un hemofílico era de 14 años.
Número 18
La relación con sus hijos.
El hecho de haber tenido cuatro niñas antes de dar a luz al anhelado heredero, influyó
en el trato hacia ellas.
Aún así, las amaba con todo su ser.
Se dice que era distante con su hija mayor, Olga, pese a que confiaba en ella para mantener
disciplinados a sus hermanos menores.
Esto llenaba de frustración a la niña.
Con su segunda hija, Tatiana, era más cercana.
Tal parece que, en cuanto a personalidad físico, era la más parecida a su madre.
De hecho, su comportamiento era incondicional con la emperatriz.
Marie, la tercera, tenía mucha inseguridad porque no se sentía tan querida como sus
hermanas.
Particularmente notaba una diferencia evidente de trato con relación a Anastasia, la cuarta
hija de los Ares de Rusia.
Anastasia era muy parecida físicamente a su madre, pero con una personalidad totalmente
extrovertida, tanto así que la apodaban Diablillo en el palacio.
Finalmente, era obvio que Lazarina sentía predilección por Alexei.
Lo adoraba porque era el único hijo varón y heredero del trono de Rusia.
Nunca lo castigaba y siempre lo llenaba de mimos.
Esto también se debía a la condición de salud del pequeño.
Alexandra se encargó personalmente de la crianza y educación de sus hijos, al menos
en sus primeros años de vida.
Número 19.
La deteriorada salud de Alexandra.
Los numerosos embarazos y la angustia perene por no poder dar un hijo varón menguaron
la salud de Lazarina.
Casi no comía ni dormía, estaba sin energía y con los pies hinchados.
Tomaba infusiones de hierbas para recomponerse.
Los médicos llegaron a creer que, por algunos síntomas que presentaba, podía tener alguna
afección de la tiroides.
Se quedó semi-inválida, producto del agotamiento nervioso que sufría por estar pendiente de
la salud de Alexei.
Número 20.
La fe de Lazarina en Rasputín.
Era evidente que Alexandra agotaría todos los recursos para curar a su hijo.
Inicialmente buscó ayuda en la medicina convencional, pero no estaba dando resultados.
Por eso se obsesionó con buscar un auxilio sobrenatural, y fue así como el famoso Rasputín
entró en la escena imperial rusa.
Lazarina estaba convencida de que este hombre podía curar al Tsarevich.
Alexandra creía en el poder de la oración, y Rasputín se valió de esto para confirmarle
que él tenía el poder de curar a Alexei.
En 1907, el príncipe tuvo una lesión en el muslo.
Desesperada, Lazarina envió un telegrama al místico.
Él contestó que Dios cuidaba de su hijo y que los médicos se alejaran del niño,
y entonces sucedió el milagro.
La hemorragia se detuvo por sí sola, dos días después de que llegara el telegrama
de Rasputín.
Esto significó para Alexandra un hecho divino, convirtiéndolo en su consejero y confidente.
Pese al rechazo popular hacia el místico, luego de la curación milagrosa, Rusia empezó
a enfrentar serios problemas.
Número 21.
Su inexperiencia en la política la condujo a cometer errores.
Lazarina era una mujer que creía en la bondad humana.
Esto, junto con su inexperiencia política, la hicieron cometer errores que abonaron el
camino para un fatal desenlace.
Una de las biógrafas de Lazarina, Alexandra Fyodorovna Sofie Vox Joveden, afirma que la
emperatriz fue difamada y agraviada.
Muy pocos cuentan que luchó por mejorar las condiciones de las clases menos favorecidas.
Ella amaba tan profunda y sinceramente a la nación que la adoptó, que cuando supo de
la abdicación de Nicolás II, dijo, Dios quiera que la reina salve a Rusia.
Número 22.
Fue repudiada por muchos tras el estallido de la Primera Guerra Mundial.
La vida ponía una vez más a Alexandra en una situación difícil.
El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 supuso el enfrentamiento entre el
Imperio Ruso y el Imperio Alemán.
Como era de esperarse, su vinculación con Alemania aumentó su impopularidad en Rusia.
De hecho, fue acusada de colaborar con los alemanes y de mantener contacto con Guillermo
II de Berlín, para negociar una paz deshonrosa, cuando esto no era cierto.
En 1915 ella había quedado a cargo de los asuntos internos, cuando Nicolás II tomó
el mando del ejército y viajó para enfrentar a los alemanes, pese al consejo de sus asesores
de que no lo hiciera.
Incluso, la zarina trabajó como enfermera curando a los soldados rusos heridos.
Número 23.
Su cercanía con Rasputín no la favoreció.
En vez de confiar en los ministros cercanos del zar, Alexandra despidió a la mayoría
y puso en su lugar a personas sugeridas por Rasputín, quienes resultaron incapaces para
los cargos.
Este desacierto fue una confirmación más para el pueblo ruso de que la zarina parecía
jugar a destruir la corte y favorecer a los alemanes, además, se rumoraba que ella tenía
un romance con el místico.
El hastío llegó a su límite y terminaron asesinando a Rasputín en diciembre de 1916,
hecho que alteró aún más a la zarina y produjo profundos cambios políticos.
Número 24.
La hambruna desató revueltas internas.
La escasez y el hambre se convirtieron en el pan de cada día para millones de rusos,
debido a que la economía estaba seriamente afectada por la guerra.
Aproximadamente 15 millones de hombres fueron sacados del campo para ir a la guerra, y muchos
medios de transporte, principalmente los ferrocarriles, fueron usados con fines bélicos,
lo que acentuó aún más la crisis alimentaria, pues se dificultaba el traslado de comida
a las zonas urbanas.
Lógicamente la inflación se disparó y la crisis económica no tenía marcha atrás.
Los habitantes de Petrogrado y otras grandes ciudades se amotinaron por el tema alimenticio
y por las evidentes malas gestiones gubernamentales, entonces empezaron a protestar en las calles,
conformándose a una gran rebelión que desembocó en la Revolución de Febrero.
Se estableció el Soviet de Petrogrado, con 2.500 diputados electos, y la Duma, la Asamblea
Legislativa, hizo pública la declaración de un gobierno provisional, informando a Nicolás
II que tenía que abdicar.
Número 25.
El zar abdicó y la zarina era odiada por el pueblo.
Había huelgas y disturbios por todo el país.
La figura de Lenin apareció como líder de la revolución, pertenecía al partido conocido
como los bolcheviques.
Era evidente que la familia real estaba en peligro de muerte si los bolcheviques la encontraban.
El zar intentó llegar a Petrogrado para calmar la situación, pero fue imposible llegar a
su destino porque los caminos estaban bloqueados, sus generales le aconsejaron que abdicara.
La posición de la zarina era de inminente peligro ahora con Nicolás II depuesto de
su cargo y con el odio ferviente del pueblo ruso.
Intentaron asaltar el palacio Alejandro, pero fueron repelidos con éxito, al estar enterada
de la abdicación del zar, Alexandra pidió a la Duma seguridad para ella y su familia.
Número 26.
Alexandra y sus hijos fueron puestos bajo arresto domiciliario.
Cuando la zarina se percató de que los guardias del palacio Alejandro empezaron a usar pañuelos
en sus muñecas, supo que apoyaban a la Duma y que ella y sus hijos, aunque serían defendidos,
ahora estaban bajo arresto domiciliario.
A Alexandra y sus hijos se les permitió seguir con su vida rutinaria, salvo por ocasionales
cortes de energía eléctrica.
A Nicolás II se le permitió regresar al palacio, donde también pasó a estar bajo
arresto con el resto de su familia.
Número 27.
No pudieron ser exiliados.
Después de la revolución rusa, muchos querían que los Romanov salieran de Rusia porque estaban
amenazados por los bolcheviques, pero la realidad es que nadie los quiso en su país.
El gobierno provisional los mantuvo bajo arresto domiciliario en el palacio Alejandro, su casa.
Jorge V de Inglaterra, primo hermano de Nicolás II, no los quiso refugiar en Gran Bretaña
por temor a repercusiones para su corona.
Sugirió buscar apoyo en Francia, no obstante, los diplomáticos británicos en esta nación
explicaron que no era posible recibirlos allí, porque entre los franceses estaban muy arraigados
los sentimientos contra los alemanes, y era innegable el origen de Alexandra.
El gobierno provisional se encontraba decepcionado por la negativa de estas naciones extranjeras
para recibir a la familia Romanov, así que por un asunto de seguridad, no tuvo más remedio
que reubicarlos dentro del mismo territorio ruso.
Número 28, los Romanov fueron trasladados a Siberia.
En agosto de 1917, fueron llevados a Tobolsk, Siberia, un lugar tranquilo, más seguro y
con más simpatías hacia el tsar y su familia.
Realmente el plan del gobierno provisional era sacarlos de Rusia, pero sus intentos de
reubicarlos dentro de la misma Europa fracasaron.
Sin embargo, la vida les haría una jugarreta, Alexandra, Nicolás II y sus hijos terminaron
en Ekaterimburgo, una ciudad siberiana bajo control total de los bolcheviques.
Estos los mantuvieron bajo arresto domiciliario, llenos de terror por los días por venir.
Número 29, la Casa Ipatiev, una pesadilla.
En abril de 1918, la vida de los Romanov dio un giro aún más oscuro.
Fueron llevados a la Casa Ipatiev o la Casa Ipatiev, la Casa de Propósito Especial, siendo
despojados de sus títulos reales y demás privilegios, incluyendo parte de su equipaje.
Los bolcheviques creían que se habían adueñado de todas las joyas de los Romanov, pero no
contaban con la astucia de la Hexarina, quien les indicó a sus hijos que se cosieran en
sus ropas las piedras preciosas como diamantes, esmeraldas y demás, por si podían escapar
y necesitaban dinero.
Más de 70 hombres custodiaban la Casa Ipatiev.
Su comandante, Alexander Abadeyev, era un tipo alcohólico, tosco y salvaje.
Cuentan que cuando alguno de los Romanov pedía algo, él decía que se vayan al infierno.
La estadía en este sitio fue una terrible pesadilla.
No sabían si seguirían juntos, si los separarían o si los matarían.
Tuvieron muy pocos privilegios, casi no recibían correspondencia exterior y solo podían leer
ediciones viejas de periódicos.
30.
La ejecución familiar.
Historadores soviéticos piensan que hay cierta evidencia de que fue Vladimir Lenin quien
ordenó la ejecución de Nicolás II y su familia.
Otros relatos oficiales apuntan que fue decisión del Soviet regional de los Urales.
Yakov Yurovsky fue nombrado comandante de la Casa Ipatiev y fue quien recibió el 13
de julio de 1918 la orden para ejecutar a los Romanov.
Cuando era la medianoche del 17 de julio, Yurovsky mandó a llevar al sótano a la ex
familia real, luego informó a Alexar que fueran condenados a muerte.
En ese momento se empezaron a escuchar los disparos.
Primero dispararon a Nicolás y a Alexandra, luego a sus hijos.
Alexandra no pudo terminar de hacerse la señal de la cruz porque ya yacía muerta.
La habitación se llenó de ruido y humo.
Al llegar la calma, los soldados descubrieron que los niños seguían vivos, las joyas cosidas
a sus ropas les habían salvado la vida.
Paradójicamente, fue realmente desgarrador para los soldados tener que ejecutarlos nuevamente.
Fueron minutos insoportables.
Ese día fueron asesinados Nicolás II, Alexandra, sus hijos y algunos de sus sirvientes.
En total fueron 12 personas ejecutadas.
Número 31 ¿Cómo se identificaron sus restos?
La excavación que se realizó en 1979 evidenció que los Romanov no solo fueron fusilados,
sino que los apuñalaron y les rociaron ácido sulfúrico.
Sus cuerpos fueron abandonados en una fosa sin nombre.
Para identificar los cuerpos de Alexandra y tres de sus hijas, se hizo un análisis
de ADN usando una muestra de sangre del príncipe Felipe, duque de Edimburgo.
Nicolás II se identificó con el ADN obtenido de su hermano fallecido, el gran duque Jorge
Aleksandrovich de Rusia.
Pero aún faltaba por recuperar los restos del Tsarevich y su hermana Marie.
Fue en 2007 que encontraron una tumba sin marcar, y luego de las respectivas pruebas
de ADN, se determinó que se correspondían con los de ellos.
La iglesia ortodoxa ha mantenido una posición tensa en relación con la identificación de
los Romanov.
En 2015 fueron exhumados nuevamente los restos y se reconfirmó la identidad de la familia
imperial con nuevas pruebas de ADN.
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