EL MISTERIOSO FINAL de la Antigua Civilización Ibérica que pudo ser la Atlántida, Los Tartessos

Relatos Históricos
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15 abr 2026
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Hoy conoceremos la desconocida historia de Tartessos, un legendario reino ibérico que fue confundido con la Atlántida.
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18 datos del origen de los Tartessos, la civilización ibérica que pudo ser la Atlántida, y su
decadencia.
El reino de Tartessos es un enigma de muchas aristas, en sus mitos fundacionales fue la
obra de un gigante enemigo de Heracles, fue el hogar de un cazador de piratas legendario,
fue gobernada tanto por tiranos como por reyes sabios, y acabó borrada tanto de los mitos
como de la historia por causa de una tragedia desconocida.
Se han encontrado varios poblados, templos, tesoros y cementerios en España de esta cultura,
pero aún no sabemos dónde está la esquiva capital admirada por Heródoto, buscada por
incontables arqueólogos provenientes de España y de otras regiones de Europa.
Hoy conoceremos la desconocida historia de Tartessos, un legendario reino ibérico que
fue confundido con la Atlántida.
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1.- El Enigma de Tartessos
Existen ciertos lugares en el mundo cuya ubicación exacta siempre será un enigma debido tanto
a escasez de documentos que hay sobre ellos, como a la destrucción de su cultura material.
La tierra de Tartessos es uno de esos enigmas. Nadie sabe si fue una ciudad-estado independiente,
o si se trató de una serie de ciudades-estado dirigidas por una ciudad o polis principal.
Tampoco se sabe cuándo o quién la fundó, cuál fue su capital o qué pasó con sus habitantes
luego de su caída. Son tantos los enigmas que la rodean, que muchos investigadores pensaron
que era un mito. No obstante, a lo largo del siglo XX y XXI
se han descubierto varios yacimientos arqueológicos en el área minera de Neves Corvo, Portugal,
en el norte de Andalucía y el sur de Extremadura, España, que demuestran que sí hubo una cultura
tartésica y que trabajaba metales como oro, plata y cobre en la región.
Sin embargo, hasta la fecha no se ha encontrado una gran ciudad portuaria tal y como la describió
Heródoto en el siglo V a.C., lo que pone en duda si realmente esta cultura llegó a
construir grandes ciudades y si acaso no se trató simplemente de un pequeño conjunto
de pueblos emparentados con la misma lengua y creencias.
2. La muerte de Gerión. Una de las primeras referencias que hay sobre
tartesos tiene que ver con un antiguo mito griego sobre Herácles, narrado por Heródoto.
En este mito Herácles, uno de los hijos de Zeus, mató a su esposa e hijos en un ataque
de locura inducido por Hera, para expiar sus faltas. Un oráculo le dijo que debía
realizar 10 trabajos al servicio de su primo, el rey Euristeo.
Tras completar los primeros 9 trabajos a Herácles, se le encomendó como décimo trabajo robar
el ganado del rey Gerión, un gigante de tres cabezas que había fundado Tartessos, una
mítica ciudad portuaria situada cerca de un río del mismo nombre, que se dio a conocer
en su época por su magnífico ganado y por sus excelentes trabajos con los metales.
Después de haber tenido que matar a la Hidra de Lerna, en un trabajo previo, el robo del
ganado de Gerión no parecía ser gran cosa salvo por el hecho de que este tenía un perro
gigante de dos cabezas, llamado Ortro, custodiando a su ganado.
Como ningún ladrón en todo Tartessos había sobrevivido a combate directo con dicho animal,
Herácles decidió apelar a su ingenio y lo mató atravesándole el cuello con una
flecha envenenada con la sangre de la Hidra de Lerna.
Luego cuando se dispuso a huir con su botín, Herácles fue descubierto por Euriteon, el
pastor que cuidaba al ganado de Gerión, quien le dio la voz de alarma a su amo sobre el
robo de ganado.
Para evitar ser asesinado, Herácles acabó con Euriteon y se enfrentó cuerpo a cuerpo
contra Gerión y acabó matándolo tras un duro combate.
Finalmente logró huir con su botín y se lo entregó al rey Euristeo, quien sacrificó
el ganado en honor a Hera.
3.
El Jardín de las Espérides
Luego de que Herácles robara el ganado de Gerión, Euristeo envió un mensajero a Herácles
y le dijo que dos de sus trabajos eran inválidos porque había recurrido a la ayuda de su sobrino
no había limpiado los establos de Augias por sí mismo, sino que había desviado un
río para cumplir con dicha tarea, por lo que tenía que llevar a cabo dos tareas adicionales.
El onceavo trabajo asignado a Herácles fue robar una manzana dorada del Jardín de las
Espérides, que le pertenecía a Hera y estaba custodiada por un grupo de ninfas y por un
dragón de 100 cabezas llamado Ladón, extremadamente difícil de matar.
Aunque Herácles no era cobarde, estaba en una situación difícil.
Si llegaba a ser atrapado, Hera iba a tener una excusa para poder acabar con él y enviarlo
al tártaro para toda la eternidad, ya que no era lo mismo robar a un mortal o a un gigante
que robar a la reina de los dioses.
Adicionalmente, tampoco sabía la ubicación de dicho jardín, lo que también lo ponía
en un aprieto, ya que si no cumplía con el plazo, no iba a lograr su expiación.
4.
El castigo de Atlas.
Siguiendo el consejo del mensajero enviado por Euristeo, decidió preguntarle en Hereo,
un titán marino, dónde se encontraba el Jardín de las Espérides, quien le reveló
que se encontraba en Tartessos, y que no podía cumplir su misión sin la ayuda de Atlas,
uno de los titanes derrotados por los dioses, y el padre de las espérides.
Luego de que Herácles encontrara a Atlas, le dijo a este que lo libraría de su condena
eterna de cargar con el peso de la bóveda celeste, por un día si convencía a sus hijas,
las espérides, de que le dieran unas cuantas manzanas doradas, este accedió sin muchos
miramientos agradecido de verse libre de su castigo.
No obstante, cuando Atlas regresó con las manzanas, se dio cuenta de que ya no tenía
que continuar con su castigo, por lo que estuvo a punto de dejar a Herácles como su reemplazo
por toda la eternidad.
Herácles al percatarse de este detalle, decidió apelar a la vanidad de Atlas, y le preguntó
si era realmente tan fuerte como para cargar el peso de la bóveda celeste en sus hombros,
y este le dijo que sí, lo que hizo que Herácles quedase libre de tal responsabilidad, pudiendo
marcharse con las manzanas doradas, que acabó entregando al mensajero de Euristeo.
5.
Norax, el hijo de Hermes
Varios años antes de que Gerión fuese asesinado, tuvo una bella hija, llamada Eriteia, quien
fue seducida por el dios Hermes, y quedó embarazada de un bebé al que llamó Norax.
Tal y como suele pasar con muchos héroes semidivinos, Norax era un niño inquieto,
de carácter difícil, que al crecer tuvo muchos conflictos con la gente común.
Fue por ello que su abuelo Gerión lo dejó a cargo de varios maestros que le enseñaron
oratoria y tácticas militares.
Tras ver su progreso, Gerión lo puso a cargo de una pequeña flota para que protegiera
las costas de grupos piratas, que ocasionalmente solían atacar la ciudad.
Luego de que Gerión fue asesinado por Herácles, Norax se convirtió en el primer sospechoso
de su asesinato, debido a su mal carácter, lo que llevó a que los ciudadanos de Tartessos
decidieran expulsarlo de la ciudad.
6.
El viaje de Norax
Tras ser desterrado, Norax partió de Tartessos con cinco barcos en busca del asesino de su
abuelo, pero al no encontrar ningún rastro decidió encontrar un nuevo hogar para él
y sus hombres.
En su primera parada, se detuvieron en una isla sin nombre, para obtener algo de comida
y agua.
La gente de la isla estaba desesperada, la población había sido atacada durante muchos
años por piratas, viendo cómo poco a poco la población local era secuestrada para ser
vendida en mercados de esclavos de toda Grecia sin que nadie los ayudara.
Fue por ello que cuando Norax y su tripulación se ofrecieron a ayudarlos a combatir a los
piratas, como muestra de agradecimiento por su generosidad, ellos se sintieron esperanzados.
El plan de Norax era simple, mientras los aldeanos atraían a los piratas hacia el interior
de la isla, él y sus hombres incendiaban los barcos piratas para cortarles la ruta
de escape, luego se unían a los aldeanos y remataban los que quedaban en la isla en
un ataque por la retaguardia.
Este plan fue un éxito y Norax acabó con los piratas, ganándose el agradecimiento
de los isleños, quienes lo aceptaron en la isla y la renombraron Nura en su honor.
No obstante, Norax decidió marcharse en busca de un mejor lugar para fundar una nueva colonia,
lo que lo llevó a Cerdeña, donde fundó la ciudad de Nora, dejando como testimonio
de la presencia de los Tartessios, la Piedra Nora.
7. La leyenda de Gargoris.
Luego de que se enteraran de la buena reputación que se había ganado Norax tras derrotar a
los piratas, la élite de Tartessos decidió enviar una delegación mientras estaba en
la isla Nura, donde lo invitaban de nuevo al reino donde sería coronado como rey, cosa
que este no aceptó porque pensó que podía ser una emboscada de sus enemigos.
Tras rechazar el trono, el consejo de la ciudad decidió finalmente elegir a un nuevo rey que
no tenía vínculos con el linaje de Gerión. El nuevo rey se llamaba Gargoris y era conocido
por haberle enseñado a los hombres cómo obtener la miel y por haber mejorado el comercio
de la ciudad con otras polis de la antigüedad. No obstante, Gargoris tenía un gran defecto,
sentía atracción enfermiza por su hija, que lo llevó a forzarla, dejándola embarazada
en el proceso. Producto de su transgresión, nacería su hijo Abidis, un niño del cual
trató de deshacerse entre sus oportunidades.
8. El Niño Milagroso
Luego de nacer, el rey le ordenó a sus soldados que mataran al bebé, pero ninguno tuvo el
valor de hacerlo, por lo que lo dejaron en el bosque para que lo devoraran las fieras
salvajes y se marcharon con la intención de volver al día siguiente y recuperar su
cuerpo. No obstante, contra las posibilidades y por razones desconocidas, los dioses decidieron
proteger al niño y enviaron a una loba para que lo amamantara. Esto lo vieron como una
señal de que debían regresarlo al palacio junto a su padre y desistir de darle muerte.
No obstante, el rey insistió nuevamente en que debía morir y ordenó que trajeran una
jaulía de perros para que devorara al niño, pero cuando la trajeron, los perros en lugar
de devorar al niño, lo protegieron de cualquier ataque. Finalmente, al ver que los perros
no hacían nada, le ordenó a uno de sus generales que colocara al niño en un cesto y lo arrojara
al mar, cosa que este hizo pero con muchos remordimientos.
9. El Joven del Bosque
No obstante, aunque todo parecía perdido para el pequeño Avidis, una manada de delfines
arrastró la cesta hasta la costa, donde fue descubierto por una pastora quien lo crió.
Se lo llevó a vivir a una cabaña en el bosque y le enseñó a hablar.
Cuando Avidis cumplió los cuatro años, una víbora mordió a la pastora provocándole
la muerte, dejando al pobre niño solo y sin alimentos. No obstante, los dioses volvieron
a intervenir y enviaron una sierva para que le diera leche y lo cuidara hasta que pudiese
valerse por sí mismo. Y así pasaron muchos años, con Avidis aprendiendo la lengua de
los hombres de los pastores y leñadores, que se encontraba esporádicamente en el bosque
mientras defendía a la manada de ciervos, de la que se sentía parte del ataque de los
cazadores.
10. La Leyenda de Avidis
Avidis habría pasado toda su vida en el anonimato de no ser porque cierto día un cazador lo
denunció ante el rey, luego de ser atacado por él. A esta denuncia se sumaron las de
otros cazadores, lo que llevó a que el rey ordenara a la guardia real que lo buscara
y capturara, algo que hicieron tras una dura pelea contra el joven salvaje defensor de
los ciervos.
Cuando el joven finalmente fue llevado ante el rey, éste ordenó que lo bañaran dado
que apestaba debido a su tiempo en el bosque. Una vez libre de la suciedad, su madre lo
reconoció por su parecido con su padre y por una marca de nacimiento que éste tenía
en el pie, lo que la llevó a pedirle clemencia al rey, que no quería perdonarle la vida
para evitar que la gente supiese de su pecado.
Y justo cuando se disponía a ordenar la ejecución de su hijo, los dioses enviaron un rayo como
señal de advertencia. El rey ya había ignorado tres señales de que Avidis estaba bajo su
protección. Si lo hacía una cuarta vez, los dioses no tendrían clemencia con él
y lo castigarían de formas terribles.
Fue por ello que el rey cambió de opinión y acabó reconociéndole como su hijo, ya
que no tenía otros hijos varones para sucederle.
Luego de la muerte de Gargoris, Avidis ascendió al trono y se convirtió en uno de los reyes
más queridos de todo Tartessos.
11. La leyenda de Argantonio
De acuerdo con los historiadores Anacreonte y Heródoto, en torno al año 550 a.C. surgió
Argantonio, el primer rey histórico de Tartessos. Gerión, Gargoris y Avidis se consideran reyes
mitológicos que gobernó al país durante 80 años y llegó a vivir hasta unos 120 años.
Este gobernante es considerado uno de los mejores reyes de la historia de Tartessos,
ya que expandió el comercio de metales como el oro, la plata, el hierro y el bronce, con
las ciudades fenicias de Tiro y Gádir, actual Cádiz de España, mientras abría el comercio
con otras polis gregas como Samos.
Según los investigadores actuales, se piensa que este rey fueron en realidad varios reyes
con el mismo nombre que gobernaron durante la Edad Dorada de Tartessos.
Se desconoce cuántos Argantonios hubo en esta dinastía, quién fue el padre del primero
de ellos y cómo terminó su reinado, salvo que no tuvo grandes conflictos y que ejerció
como mediador entre griegos y fenicios.
12. La historia de Tartessos según la arqueología.
De acuerdo con exploraciones arqueológicas realizadas en España, el reino de Tartessos
pasó por varias etapas.
Etapa de bronce tardío, transcurrida entre 1200 y 900 a.C., se caracterizó porque la
población solía trabajar productos hechos de bronce, así como por la construcción
de viviendas de planta ovalada o circular, sin una organización espacial definida.
Etapa proto-oriental, tuvo lugar entre los años 900 y 700 a.C., y mantiene elementos
de la etapa anterior, con el añadido de la explotación de plata y la creación de losas
de piedra con representaciones de guerreros, lo que indica una mayor estratificación
social.
Etapa oriental, abarca desde el año 700 al 650 a.C., se considera que en esta etapa
pudo haber llegado población procedente de Fenicia, que se mezcló con la población
local e introdujo innovaciones técnicas como las murallas de piedra y el torno para la
alfarería, así como la introducción de la incineración de los difuntos sobre la
inhumación que se hacía previamente.
Etapa tardía, esta última etapa abarca del año 650 al 500 a.C., en esta etapa comienza
a desaparecer el comercio con las ciudades fenicias, mientras se expande el comercio
con las ciudades griegas, lo que coincide con el gobierno argantonio.
También hay una reducción de la explotación de plata y se abandonan varios de los centros
metalúrgicos, hubo una mayor construcción de murallas, lo que indica que había amenazas
de guerra.
La batalla de Alalia No hay grandes detalles de cómo fueron los
últimos años de Tartessos, pero se sabe que su caída estuvo vinculada con una guerra
contra sus aliados.
En algún momento entre los años 540 y 535 a.C., los cartagineses, una colonia fenicia,
formaron una alianza con los etruscos, pueblo predecesor de los romanos, para derrotar a
una colonia fosense de Alalia, actual Aleria, situada al este de Córcega.
El objetivo de la alianza era detener el expansionismo griego, crear nuevas colonias, y hacerse con
el control de las rutas marítimas del Egeo y el Atlántico controladas por sus enemigos.
La justificación que dio esta alianza para desencadenar la guerra era que la ciudad de
Alalia era un nido de piratas que solía atacar a sus embarcaciones.
Ya fuese verdad o no dicha acusación, lo cierto es que la flota etrusco-cartaginesa
de unas 100 o 120 naves, entró en combate contra una escuadra griega fosense de apenas
60 naves en el Mar Sardonio, actualmente llamado Mar de Cerdeña.
No se sabe cuántas bajas hubo en dicha batalla, pero se conoce que el bando griego logró
obtener la victoria tras perder unas 40 naves, lo que les hizo perder su supremacía en la
región y abrió el camino para el expansionismo de los cartagineses y etruscos en años posteriores.
Número 14. La caída de Tartesos.
Luego de la disminución de la flota de Alalia, el comercio con la ciudad de Tartesos con
las colonias gregas comenzó a decaer. La ciudad de Gadir cayó bajo el control cartaginés
y se convirtió en una de sus principales ciudades comerciales, lo que interrumpió
el comercio de esta con Tartesos. Posteriormente, cuando los cartagineses se
hicieron con el control Mainaque, actual Málaga, una ciudad grega fundada bajo la protección
de Tartesos, debilitaron al reino. No hay documentación que revele la existencia
de que haya habido alguna guerra directa entre Cartago y Tartesos, pero sí se sabe
que la competencia económica entre Gadir y Tartesos por el control de los metales en
las rutas comerciales, pudo haber provocado el declive económico de Tartesos y su extinción
hacia el año 500 a.C.
Número 15. El mito de la Atlántida.
El reino de Tartesos permanecería en el olvido hasta el año 1922, cuando se publicó el
ensayo Tartesos de Adolf Schulten, un investigador alemán que asoció la semi histórica ciudad
de Tartesos con el mito de la extinta Atlántida, apelando a una serie de interpretaciones lingüísticas
hoy en día descartadas. De acuerdo con el autor, el reino de Tartesos
dejó evidencia arqueológica de su existencia en la desembocadura de ríos situados en Sevilla,
Huelga y Cádiz, algo que sí es cierto. No obstante, aún se ignora la ubicación de
la ciudad principal, ya que los yacimientos arqueológicos descubiertos hasta la fecha
pertenecen a pequeños poblados y cementerios, no a la gran ciudad escrita e imaginada por
Schulten.
Sin embargo, no todo ha sido negativo. Existen tres grandes descubrimientos arqueológicos
que indican que Tartesos sí pudo haber sido un reino próspero, al margen de que aún
no se conozca su capital. Los descubrimientos del tesoro del Carambolo, de Cancho Ruano
y el Turuñuelo apuntan en esta dirección.
16. El tesoro del Carambolo.
El 30 de septiembre de 1958, mientras se llevaban a cabo labores de construcción, Alonso Hinojo,
uno de los obreros, se encontró en el centro del Carambolo, situado en el municipio de
Camas, a 3 kilómetros de Sevilla, un brazalete de oro de 24 kilates y de un incalculable
valor arqueológico.
Tras seguir excavando, los obreros encontraron 21 piezas de oro de 24 kilates, con un peso
total de 2.950 gramos. Informaron al arqueólogo y catedrático Juan de Mata Carriazo y a Roquía
sobre dicho descubrimiento, quien dató las piezas como originarias de los siglos VIII
y VII a.C. y pertenecientes a la cultura tartésica.
De acuerdo con investigaciones posteriores, se piensa que el tesoro de diseño fenicio
era parte de un ajuar funerario destinado a algún rey o noble importante de tartesos.
Estas piezas se encuentran actualmente en el Museo Arqueológico de la capital hispalense
y en el Ayuntamiento de Sevilla.
Número 17. El descubrimiento de Cancho Ruano.
El conjunto Cancho Ruano es un yacimiento arqueológico descubierto por Juan Maluquer de Motes en 1978,
que se localiza a 3 kilómetros del municipio de Salamea, en dirección a Quintana de la
Serena. Este yacimiento pertenece a dos culturas, los tartesios y los turdetanos.
En sus niveles más antiguos se encuentra una antigua cabaña de origen tartesio construida
entre los siglos IX y VII a.C., mientras que en los niveles superiores se encuentra un
altar para sacrificios rituales construido por los turdetanos en torno al siglo VI a.C.
Este yacimiento fue destruido parcialmente por un incendio en algún momento del año
370 a.C., y cuenta con la presencia de varias piezas de cerámicas y esculturas de bronce
de motivos fenicios. También fue declarado Monumento Nacional en 1986, y es considerado
muy importante porque nos da pistas de qué pasó con el territorio de los tartesios luego
de su caída y de cómo fueron desplazados por otras culturas.
18. El Turuñuelo. El Turuñuelo es un yacimiento arqueológico
tartésico del siglo V a.C. que se encuentra en las inmediaciones del municipio de Guareña,
Padajós, cerca de Yelbes. Este yacimiento fue descubierto en la década de 1990, pero
no fue explorado de manera sistemática, sino hasta los años 2014 y 2017. Este yacimiento
era un santuario con varios toros y caballos sacrificados como ofrenda a los dioses, que
fue enterrado por los propios tartesios, posiblemente para evitar el saqueo de otros pueblos invasores
como los celtas. En el santuario también se han encontrado
vasijas con motivos griegos, semillas, restos de alfombras de esparto y otros tejidos.
El santuario, que aún se encuentra en estudio, es importante porque demuestra que la cultura
tartesia no se extinguió del todo en el siglo VI, como se pensaba, sino que persistió
hasta el siglo V a.C. Los descubrimientos arqueológicos de tartesos
nos muestran que no todas las sociedades están obligadas a prosperar mediante la guerra y
la destrucción, sino que también pueden hacerlo mediante el comercio y unas buenas
relaciones diplomáticas con sus vecinos. Y aunque la diplomacia no es una garantía
de que las culturas vayan a perdurar en la historia, su práctica en la antigüedad sí
nos demuestra que hay otros caminos para lograr el desarrollo social.
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un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla.
