Las 35 cosas más extrañas de los faraones egipcios

Relatos Históricos
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20 abr 2026
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En este vídeo revelaremos 35 de las cosas más extrañas de los faraones, los reyes que gobernaron Egipto con estatura de dioses durante más de tres mil años y legaron algunas de las cosas más majestuosas y sorprendentes de la historia humana
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35 cosas extrañas de los faraones egipcios.
El Antiguo Egipto, gobernado por los faraones, constituye una de las civilizaciones más
fascinantes de la historia.
Durante muchos siglos fue fundamentalmente un enigma, más allá de las evidencias físicas,
como la Gran Pirámide, hasta que, en 1822, gracias a la piedra de Rosetta descubierta
por Napoleón, durante su campaña de Egipto, pudo descifrarse la escritura jeroglífica
y los secretos formidables y deslumbrantes de los antiguos egipcios empezaron a revelarse.
En este vídeo revelaremos 35 de las cosas más extrañas de los faraones, los reyes
que gobernaron Egipto, con estatura de dioses durante más de 3.000 años, y le darán algunas
de las cosas más majestuosas y sorprendentes de la historia humana.
¿Es cierto que los faraones mataban a sus siervos para que los acompañaran a la otra
vida?
¿Cuáles eran las funciones de un faraón? ¿Cómo era la creencia egipcia de la vida
después de la muerte? ¿Cómo se preparaba para la otra vida al faraón egipcio?
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1. Los faraones mataban a sus sirvientes para que los acompañaran a la otra vida
En el Antiguo Egipto, las muertes rituales de sirvientes de faraones y de otros miembros
de la alta nobleza eran habituales, bajo la creencia de que podían continuar sirviéndoles
a sus amos en la otra vida.
Existen gran cantidad de pruebas de este tipo de muertes desde la época pre-dinástica
del Antiguo Egipto, y especialmente durante la Primera Dinastía, que transcurrió aproximadamente
entre los años 3100 y 2900 a.C., para comenzar a decaer progresivamente, hasta su desaparición
Los antiguos egipcios creían que el más allá era una prolongación de la existencia
terrenal, considerando que podían disfrutar del mismo estilo de vida y, para ello, las
élites se aseguraban de llevarse todo lo necesario.
2. El faraón Aja, el segundo faraón, sacrificó a 35 de sus sirvientes para que lo acompañaran
en la otra vida
Según la egiptóloga y escritora de la Universidad de Colombia, Ellen Morris, Aja, el segundo
faraón, reinante durante el siglo 31 a.C., se llevó a su tumba 35 sirvientes, más otros
12 en lugares circundantes de su recinto funerario.
Un relato de The New York Times, basado en el trabajo de un equipo arqueológico de las
universidades de Nueva York, Yale y Pensilvania, que excavó el complejo funerario del faraón
Aja, encontró un grupo de tumbas, incluyendo cinco con esqueletos de funcionarios de la
corte, sirvientes y artesanos, que parecen haber sido sacrificados para satisfacer las
necesidades del rey en el más allá.
En el artículo Ávidos, vida y muerte en los albores de la civilización egipcia, The
National Geographic, se señala que 35 sirvientes del faraón Aja fueron enterrados en tumbas
circundantes dentro de su complejo funerario.
3. Posibles métodos de sacrificios
La antropóloga física de la Universidad de Alberta, Nancy Lowell, cree que los sirvientes
eran estrangulados hasta la muerte debido a las manchas rosadas en sus dientes.
Lowell defiende su teoría afirmando, cuando alguien es estrangulado, el aumento de la
presión arterial puede hacer que las células sanguíneas dentro de los dientes se rompan,
y manche en la dentita, la parte del diente justo debajo del esmalte.
Ante la falta de traumas en los esqueletos, el egiptólogo estadounidense Matthew Adams
propuso el envenenamiento como probable método de ejecución de los sirvientes.
4. ¿Qué es un faraón?
Faraón es el nombre dado a los reyes que gobernaron el Antiguo Egipto durante más
de tres milenios, desde cerca del año 3100 a.C., cuando comenzó la llamada Primera Dinastía,
hasta el año 30 a.C., cuando la República Romana anexó el territorio egipcio.
El primer caso confirmado de uso de la palabra faraón para referirse al monarca de Egipto,
se encuentra en una carta dirigida a Kenatón, quien reinó aproximadamente entre los años
1353 y 1336 a.C. Narmer, también identificado como Menes, fue el unificador del Alto y el
Bajo Egipto, y es considerado el primer faraón y fundador de la Primera Dinastía, reinando
aproximadamente entre los años 3100 y 3075 a.C.
5. Faraones en el Génesis
El capítulo 12 del Génesis cuenta que el profeta Abram se trasladó a Egipto para escapar de un
periodo de hambruna en Canaán, aunque temiendo que el faraón lo despoje de su esposa Sarahí,
le dice a esta que simule ser su hermana. Tras descubrir el engaño, el faraón le ordena a Abram
que retorne a Canaán con su mujer. Según el escritor árabe Abasí del siglo X, Al-Mutanabi,
este faraón era Sanakt. En sus capítulos finales, el Génesis narra cómo José, el hijo de Jacob,
es vendido por sus hermanos como esclavo en Egipto, siendo promovido por un faraón anónimo al cargo
de vizir. El monarca da permiso a José para traer a su padre, sus hermanos y sus familias
a Egipto para vivir en la tierra de Gosén. El autor egipcio Ahmed Osman postula que este
faraón era Atutmosis IV. 6. Faraones en el Éxodo
En el libro del Éxodo, los israelitas descendientes del linaje de Jacob viven en la tierra de Gosén
bajo un faraón no identificado que oprime a los hebreos. También emite un decreto para matar a los
varones hebreos recién nacidos con el fin de disminuir su número debido a las preocupaciones
sobre su creciente población. Moisés, un hebreo, es salvado por su madre colocándolo en una canasta
de juncos en el río Nilo. Siendo descubierto de adoptado por la hija del faraón y criado en el
Palacio Real, Moisés después encabeza el Éxodo hacia la Tierra Prometida, siendo inútilmente
perseguido por el faraón y su ejército. Aunque el Éxodo es considerado un relato
mítico por la mayoría de los eruditos, el faraón en cuestión ha sido asociado con hasta
trece monarcas egipcios, desde Pepi I, reinante entre los siglos XXIV y XXIII a.C. hasta Abán
Keranef, soberano durante el siglo VIII a.C. 7. ¿Cuáles eran las funciones de un faraón?
El faraón ejercía diversas funciones religiosas y gubernamentales. En el ámbito religioso,
era el único intermediario entre los dioses y la población, asegurándoles a las deidades
el adecuado desarrollo de los ritos en los templos. A sus súbditos, el monarca les garantizaba la
integridad y defensa del territorio, una justicia imparcial y la prosperidad de la agricultura. En
los santuarios, la imagen del soberano se encuentra omnipresente a través de escenas y estatuas.
En la iconografía, si bien el faraón es representado como equivalente a un dios,
en el ceremonial religioso era sólo un humilde, celoso y diligente servidor de las deidades,
haciéndoles múltiples ofrendas. Como único ser humano que podía dialogar con los dioses en
igualdad de condiciones, el faraón era el oficiante supremo, el primero de los sacerdotes del reino.
8. Evidencia arqueológica de los faraones. Una de las evidencias arqueológicas egipcias
más antiguas es la cabeza de masa atribuida a Escorpión, rey predinástico cuyo reino comenzó
cerca del año 3200 a.C. La paleta de nármer, alusiva al primer faraón, es una representación
bélica del monarca, de pie, blandiendo un garrote, listo para aplastar al cráneo de un enemigo
arrodillado. El papiro Harris resume las numerosas acciones reales y donaciones realizadas durante la
vida de Ramsés III en la dinastía vigésima. El poder faraónico se manifestó monumentalmente
en la arquitectura funeraria de la necrópolis de Giza, Saqqara y el Valle de los Reyes, y los
numerosos templos son otros testimonios de los legados reales con las numerosas escenas de
ofrendas a los dioses y de las hazañas bélicas narradas por los faraones del Imperio Nuevo.
9. La rutina diaria de un faraón. El lugar central del faraón en la sociedad
del Antiguo Egipto está atestiguado por numerosas y variadas fuentes arqueológicas. Ya en el periodo
predinástico, el rey aparece en el ejercicio de sus funciones esenciales, culto a los dioses,
actividades bélicas y ritos agrarios. En general, las funciones y actividades
faraónicas están atestiguadas por una cantidad impresionante de documentos inscritos en tumbas,
estatuas, estelas, canteras de piedra y en lugares de paso a lo largo de los caminos.
Sin embargo, las fuentes egipcias no describen la rutina diaria del monarca, sino que más bien
tienden a magnificar al gobernante, contextualizando sus acciones en un marco mitológico.
10. La vida diaria de un faraón, según Diódoro. Según el historiador griego del siglo I a.C.,
Diódoro Cículo, algunos funcionarios al servicio del faraón eran el director de la ropa del rey,
el asistente de la diadema y el jefe de los peluqueros, lo que sugiere la importancia
que tenía el diario arreglo personal del monarca. Los días de abstinencia dietética del faraón
seguramente estaban relacionados con mandatos religiosos. Sin embargo, los faraones disfrutaban
de un menor libre albedrío del que en principio pudiera pensarse en función de su poder.
Diódoro escribió, en primer lugar, los reyes no llevaban una vida tan libre e independiente
como los de otras naciones, no podían hacer lo que quisieran, todo estaba regulado por leyes,
no solo su vida pública, sino también su vida privada y cotidiana.
11. El faraón en las tardes.
Los faraones eran jefes de estado y gran parte de su vida cotidiana giraba en torno a la intrincada
red de asuntos cortesanos y responsabilidades administrativas que podían ocuparle la mañana
y la tarde. Rodeado de un séquito de asesores, funcionarios de alto nivel y escribas,
el mandatario presidía una compleja burocracia que gobernaba los diversos aspectos de la sociedad
egipcia, supervisando temas como administración de justicia, cobro de impuestos y asignación de
recursos. En tiempos de guerra debía dedicar buena parte de la jornada a organizar las acciones
bélicas, que a menudo lideraba personalmente. Además, debía dedicar tiempo al ceremonial
religioso en los días estelares del año y era el primer diplomático del reino,
recibiendo a dignatarios extranjeros para establecer acuerdos y alianzas.
12. El faraón en las noches.
Al ponerse el sol, el faraón interrumpía sus actividades públicas y sus obligaciones
ceremoniales y se retiraba a sus cámaras particulares del Palacio Real en busca de
reposo y tranquilidad. Un selecto grupo de consejeros de máxima confianza podía acompañarlo
para hacer balance de las actividades del día y trazar planes para los días siguientes. Antes de
irse a la cama, se observaban algunos rituales de limpieza y purificación para asegurar una
pacífica transición de la vigilia al sueño. Luego, el faraón se retiraba a sus aposentos
privados, custodiado por sirvientes leales, dispuesto a disfrutar de un reparador descanso
para retomar su agenda de trabajo al día siguiente. 13. La vestimenta del faraón.
La vida de un faraón estaba llena de grandeza ceremonial, tanto para el cumplimiento de sus
funciones de gobierno como para sus deberes religiosos. El día del soberano egipcio comenzaba
con unos elaborados rituales, que eran tanto de higiene personal como de significado religioso.
Los sacerdotes ayudaban al faraón en estas actividades, diseñadas como actos de purificación
y preparación para su rol de gobernante y de intermediario entre los dioses y el pueblo.
Su atuendo era simbólico, desde la doble corona que representaba la unidad del Alto y el Bajo
Egipto, hasta los tocados ceremoniales, como el pañuelo de Nemes, que se usaba durante los
rituales. Su vestimenta, confeccionada con los mejores linos y tejidos, y adornada con
piedras preciosas, reforzaba su estatus divino. 14. La comida del faraón.
El faraón tenía acceso a los mejores alimentos del reino, incluyendo pan, frutas, carne, vino y miel.
La comida faraónica no solo estaba concebida para proporcionar el sustento, sino que formaba
parte del ceremonial religioso, y las restricciones que el rey se imponía en su dieta por motivo de
la religión asombraron a Diótoro. El historiador escribió,
Los reyes estaban acostumbrados a vivir de alimentos sencillos, de carne de terneros y
de gansos. No debían beber más que una cierta medida de vino, fijada en tal cantidad de un modo
tal que no produzca ni demasiada saciedad ni embriaguez. Parece extraño que un reino tenga
libertad para escoger su comida diaria. 15. Los templos egipcios eran sagrados
y prohibidos para el pueblo. A diferencia de las sinagogas, las iglesias cristianas y las mesquitas,
los templos egipcios no estaban concebidos para reuniones masivas a las que los fieles
acudían a razón de su comunión en una misma fe. La palabra egipcia, Hotennetger, equivalente a
morada del dios, indica que se trata de un lugar destinado a acoger a la Tierra una parte de la
eternidad divina, y no un espacio asambleario. Sin embargo, la participación de la gente no
estaba totalmente suprimida y en fechas excepcionales, se permitía el ingreso de
devotos a los patios interiores de los templos, mientras las profundidades del santuario con las
figuras divinas se reservaban para los sacerdotes y el faraón. 16. El faraón era un sirviente de
Dios. Según los textos grabados en las paredes de los templos, el faraón se sometía con sinceridad
y fervor a la dependencia de los dioses para mostrar su gratitud a Amón. El faraón Tutmosis
I dijo muy humildemente, Beso la tierra ante vuestra majestad. El faraón debía aplicar las
órdenes dadas por los dioses. Ante Amón, Tutmosis III dijo, No soy negligente con lo
que ha ordenado que se haga, lo hago según su orden. Estas órdenes divinas abarcaban desde
renovar o construir un templo, o realizar una campaña militar en la frontera, hasta erigir
un obelisco o cavar un pozo en el desierto. Esta obediencia se originaba en un vínculo de
parentesco filial, ya que se consideraba que el faraón era hijo de los dioses y las diosas.
17. El faraón era el interlocutor entre Dios y el pueblo. En las escenas de culto grabadas
en las paredes de los templos, aparecen imágenes de faraones como interlocutores exclusivos con
los dioses. Uno de los roles del monarca era mantener la vitalidad de los dioses y todas
las ofrendas que convergían hacia los templos, y sus almacenes eran una obligación de los súbditos
hacia las deidades, con el faraón como único garante y responsable. El tipo,
cantidad y frecuencia de las ofrendas dependían del dios adorado en el santuario. Heba,
dios de la tierra, recibía ramos de flores. Nungum, deidad del diluvio, era ofrendado con agua,
y Min, protector de las expediciones comerciales y mineras, recibía incienso y mirra.
18. Era considerado un dios en la tierra. Durante la segunda dinastía del Antiguo
Egipto, que se desarrolló aproximadamente entre los años 2890 y 2670 a.C., el faraón Raneb,
también conocido como Nebra, relacionó su nombre con lo divino y su reinado con
la voluntad de los dioses. Después de Nebra, los monarcas de las dinastías siguientes fueron
equiparados con los dioses, y con algunos deberes y obligaciones que les correspondían como tales.
Entre estos, uno de los más importantes era el mantenimiento de Emad, o del equilibrio y la
armonía, que habían sido decretados por los dioses y que era necesario observar para que
la gente pudiera vivir la mejor vida posible. 19. Los faraones y las pirámides.
En la Tercera Dinastía, el faraón de Hóser hizo construir por el vizir Inhotep una pirámide
escalonada como su hogar eterno. Siguiendo diseños de Inhotep, otros soberanos de la
Tercera Dinastía, como Segeneptaga y Kaba, construyeron pirámides y crearon el tipo de
monumento piramidal que se convertiría en símbolo de Egipto. Otros reyes del Imperio Antiguo siguieron
el ejemplo, culminando con la Gran Pirámide de Giza, inmortalizando a Keops y poniendo de manifiesto
el poder y el gobierno divino del faraón en Egipto. 20. Los rituales de los faraones.
El faraón siempre tuvo que ejercer un rol religioso, de la misma forma en que cada egipcio
de alto rango desempeñaba una especie de oficio sacerdotal en el templo del dios que le correspondía.
El monarca era considerado el sacerdote de todos los dioses. Al entrar en casi todos los templos
egipcios, pueden verse representaciones de los faraones ofreciendo sacrificios a los dioses.
Según el egiptólogo alemán Adolf Hermann, en su obra de 1894, Vida en el Antiguo Egipto,
la principal tarea del faraón era dar alabanza a sus padres, los dioses del alto y bajo Egipto,
porque le dan fuerza y victoria y una larga vida de millones de años.
21. Ra y los faraones.
Los faraones eran considerados descendientes de Amón, que a su vez descendía del dios del Sol
Ra y del dios halcón de la realeza Horus. Los egipcios creían que sus reyes habían
recibido una autoridad divina para gobernar cuando se creó el mundo.
Llamado el señor de todo lo que rodea el disco solar, se creía que el faraón formaba una unidad
junto con los dioses y el universo, y era tenido como intermediario entre los seres supremos y la
gente común. A través de los faraones, los dioses transmitían la fuerza vital a la gente.
Los egipcios pensaban que la coronación de un nuevo faraón era la revelación de un dios,
y creían que su rey no solo establecía el vínculo entre el cielo y la tierra,
sino que su aliento mantenía separados los dos mundos.
22. Los faraones eran los comandantes de las fuerzas militares y de la policía.
Un relieve de la tumba de Núkhon Khoteb y Nyaka Khnum de la quinta dinastía del
Imperio Antiguo muestra a un policía arrestando a un ladrón en la plaza del mercado. Durante el
Imperio Nuevo, los policías actuaban como alguaciles, fiscales, interrogadores y aplicadores
de castigos. Formalmente, el faraón era el comandante en jefe del ejército y de la policía,
aunque en la práctica el sistema judicial estaba en manos del vizier.
El vizier, o primer ministro, seleccionaba a los jueces y designaba al jefe de policía,
y entre las principales funciones policiales estaba la protección de las caravanas comerciales
y la vigilancia de los mercados y otros lugares públicos.
23. La creencia egipcia de la vida después de la muerte.
¿Cómo los egipcios creían que la muerte no era más que el fin de una etapa y la continuación de
la vida en otro ámbito? Recorrían a las muertes rituales de sirvientes para garantizarse las
mismas comodidades de las que disfrutaban en su primera existencia. Según afirma A.J. Spencer,
en su obra Muerte en el Antiguo Egipto, el sacrificio de los sirvientes era permitir
que los faraones y los nobles ricos disfrutaran del mismo tipo de estilo de vida después de la
muerte que habían tenido durante su existencia terrenal. También querían mantener el mismo
estatus social que habían disfrutado en la tierra, una jerarquía social que se basaba en
ser servidos por otros. 24. ¿Cuál es el origen de la mumificación?
Durante buena parte del Imperio Antiguo, la mumificación artificial estaba en su fase
experimental relativamente temprana. En Giza solo se mumificaba a los miembros de la élite
más alta de la sociedad, especialmente a los integrantes de la familia real, y estos primeros
intentos ya muestran los pasos que se convertirían en el estándar para la mumificación en siglos
posteriores. Este procedimiento incluía secar el cadáver con sales naturales, extraer los órganos
para conservarlos separadamente en vasos canopos y envolver el cuerpo en vendas de lino para darle
toda la apariencia posible a un ser humano. Los ataúdes y los arcófagos proporcionaban
elementos de protección adicionales. 25. ¿Cómo se preparaba para la otra vida
el faraón egipcio? La doctrina religiosa egipcia incluía la
creencia en tres ámbitos, sobre el más allá, el inframundo, la vida eterna y el renacimiento
del alma. El inframundo tenía una sola entrada a la que se podía acceder atravesando la
tumba del fallecido. Para alcanzar la vida después de la muerte ideal, era necesario
realizar muchas prácticas durante la existencia, entre las que se incluía la justicia y el
respeto a las creencias religiosas egipcias, de los que el faraón era el máximo responsable.
Los pasajes en barco hacia el inframundo estaban únicamente reservados para los reyes difuntos.
Se creía que Ram, el dios egipcio del sol, viajaba al inframundo en barco cuando se ponía
el sol. Como una forma de imitar la expedición diaria de Ram, los antiguos egipcios construían
modelos de barcos, de muchos tamaños, a los que enterraban junto a sus faraones.
26. ¿Cómo era el proceso de momificación?
En el proceso de momificación, los antiguos egipcios eliminaban toda la humedad del cadáver,
dejando solamente un cuerpo seco que no se descomponía fácilmente. El proceso duraba
unos 70 días, y el primer paso era extraer las partes internas, que se dañaban más
rápidamente. Para preservar al máximo la integridad de la cabeza, el cerebro era extraído
poco a poco con unos ganchos especiales, a través de las fosas nasales. Era una operación
muy delicada, ya que podía desfigurar completamente el rostro.
De los demás órganos, sólo el corazón era dejado en su lugar, bajo la creencia
de que era el centro del ser y la inteligencia. A continuación, el cuerpo era secado con
sales y las zonas hundidas se rellenaban con lino y otros materiales, y se añadían unos
globos como ojos falsos. Finalmente, el cuerpo se envolvía con cientos de metros de lino.
A menudo, los sacerdotes colocaban una máscara del rostro de la persona.
27. ¿A QUIÉN MOMIFICABAN?
Tras su muerte, los faraones de Egipto solían ser momificados y enterrados en tumbas elaboradas
con anterioridad. Los integrantes de la nobleza y los funcionarios de alto rango también
recibían el mismo tratamiento, y ocasionalmente la gente común. La momificación no estaba
restringida legalmente a las élites, pero era un procedimiento costoso, fuera del alcance
de la mayoría de la población. También se momificaban animales por motivos religiosos.
Los toros sagrados de las primeras dinastías tenían su cementerio en Saqqara. Otros animales
con significado religioso que resultaron momificados fueron gatos, bawinos, aves y cocodrilos.
28. EL PODER DE LOS FARAONES
Ellen Murray sugiere que los faraones utilizaban las muertes rituales de sus sirvientes como
una forma de alardear de su poder. Igualmente apunta que el poder de los reyes debió serlo
bastante grande, en lo político y en lo religioso, como para persuadir a sus súbditos de que
valía la pena morir con ellos.
Igualmente, las familias de los sacrificados debieron estar convencidas de que la muerte
de sus parientes tenía alguna ventaja, lo que no habría sido posible si los involucrados
no hubiesen tenido una fuerte creencia en la existencia venidera. Los faraones se aseguraban
de que la gente los considerara dioses, propietarios de sus vidas tanto en la tierra como en el
más allá.
29. EL VIAJE A LA OTRA VIDA
Los antiguos egipcios consideraban que el paso a la otra vida después de la muerte
terrenal, constaba de una serie de etapas. Creían que la primera fase abarcaba el vehículo
de transporte, que finalmente conduciría a sus almas difuntas a la inmortalidad.
Las personas estaban sujetas a una multitud de pasajes, pero la elección de la ruta no
era suya y dependía de su estatus. El aspecto que más influía para determinar qué pasaje
se tomaba, era la posición que el fallecido ocupaba en el liderazgo de la nación.
Los pasajes en barco estaban reservados para los faraones, mientras que para las personas
comunes el vehículo habitual era el ataúd.
30. EL JUICIO DE LOS MUERTOS
Para los antiguos egipcios, el juicio de los muertos era el proceso que permitía a los
dioses juzgar el valor de las almas de los fallecidos. Tras completar su viaje a través
del inframundo, el fallecido llegaba al salón de la diosa Maat, donde su pureza sería juzgada
para establecer si era digno de ingresar al reino de Osiris.
El difunto debía dirigirse correctamente a cada uno de los 42 asesores de Maat por
sus nombres, mientras recitaba los pecados que no había cometido durante su vida. Luego
su corazón era pesado contra la pluma de Maat. Si era más liviano, pasaba la prueba,
y si era más pesado, el difunto resultaba devorado por la diosa Ami, quedando destruida
su alma permanentemente.
31. LOS LAGOS DE FUEGO
Los lagos y ríos de fuego eran uno de los peligros a lo largo del viaje a través del
inframundo, y tenían una naturaleza dual. Las corrientes y estanques eran custodiados
por baguinos, que constituían una fuerza que protegía a los difuntos si hacían correctamente
sus recitaciones, pero que también podían destruirlos si se equivocaban. Durante la
vigésima primera dinastía se representaban dentro de los lagos de fuego, figuras humanas
equivalentes a enemigos del faraón, y de los dioses, como una muestra de lo que le
ocurría a los que adversaban al rey y las deidades.
32. ¿QUÉ HACÍA UN FARAÓN CUANDO HABÍA GUERRA?
En tiempos de guerra, los asuntos administrativos de estado pasaban a un segundo plano y el
faraón se abocaba a la defensa de su reino, o a liderar una campaña de conquista. Como
máximos gobernantes y comandantes militares, los faraones dirigían sus ejércitos, siempre
que estuvieran en condiciones de combatir. Liderando personalmente a sus fuerzas en el
campo de batalla, el rey acrecentaba su prestigio, incluso si los dioses, por alguna razón,
lo habían privado de la victoria. Además, la presencia del máximo representante del
país en la lucha inspiraba a sus tropas.
Antes de una campaña o batalla importante, el faraón y sus máximos comandantes y asesores
militares diseñaban la mejor estrategia para enfrentar al enemigo. Incluso algunos faraones
sacaban tiempo de su apretada agenda en tiempos de guerra para pasar revista a sus tropas
y verificar su equipamiento.
33. Deportes que practicaba un faraón.
Muchos faraones fueron deportistas apasionados. Las actividades deportivas ocupaban un lugar
destacado en sus pasatiempos. Eran una forma de relajarse, mantenerse en forma y mostrar
evidencias de su fuerza y habilidades. Se sabe que Ramsés II dedicaba buena parte de
su tiempo libre a las carreras de carros. Fue un consumado ahuriga, tanto en actividades
de esparcimiento como en el campo de batalla. La caza era otra actividad de ocio popular
entre los reyes, y Tutankamón y Amenhotep III cazaban aves acuáticas, cabras montesas
e incluso peligrosos leones.
34. Artes en la vida de un faraón.
La danza y la música formaban parte del tiempo libre del faraón. Los músicos y bailarines
más talentosos del reino eran llevados a la corte para amenizar recepciones, banquetes
y sesiones privadas de esparcimiento. Los juegos de mesa también ocupaban algunas horas
en el tiempo de ocio del faraón. Juegos como el Emégen y el Cenet desafiaban el pensamiento
estratégico del rey, y ofrecían momentos de amistosa competencia con consejeros, cortesanos
y militares de alto rango.
35. El declive de los faraones.
El poder del faraón comenzó a lambidecer después del reinado de Ramsés III, que terminó
en el año 1155 a.C., durante el Imperio Nuevo, cuando los pueblos del mar invadieron Egipto.
Los egipcios pudieron derrotar a los pueblos del mar, pero a un costo financiero y en vidas
muy elevado, y la economía de Egipto empezó a declinar. Durante el reinado de Ramsés
III se había producido la primera huelga laboral conocida, lo que evidencia la magnitud
del debilitamiento de la figura faraónica.
En el año 525 a.C., los egipcios fueron derrotados por los persas en la Batalla de Pelusio, y
la figura del faraón sufrió un duro golpe. Los egipcios aclamaron a Alejandro Magno como
un libertador que expulsó a los persas que los tenían sometidos.
Cuando el último faraón, que fue la reina faraona Cleopatra VII, murió en el año 31
a.C., la dinastía Ptolemaica a la que pertenecía, hacía tiempo que había perdido el poder
de los reyes egipcios de antaño. Después de Cleopatra, Egipto se convirtió en una
provincia romana, y la gloria de los faraones empezó a desvanecerse en el recuerdo.
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