El año 1709: EL PEOR AÑO PARA ESTAR EN EUROPA - ¿Qué fue lo que pasó?

Relatos Históricos
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El Misterio de 1709 el año en que se congeló TODO Europa. ►Suscríbete al canal: https://geni.us/eZcCYJ
Los ingleses lo llamaron “Great Frost”, los franceses “Le Grand Hiver”, mientras que los investigadores lo consideraron una mini edad de hielo y hoy les contaremos su trágica historia.
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El misterio de 1709, el año en que se congeló toda Europa.
Mucha gente ha visto en las noticias que el invierno del periodo 2022-2023 es uno de los
más helados registrados en 60 años en la historia de Norteamérica.
No obstante, hubo otro anterior a ese que fue mucho peor y que afectó no solo a Estados
Unidos y Canadá, sino a la mayor parte de Europa, provocando muertes masivas por hipotermia,
hambrunas, una fuerte crisis económica y el destino de dos guerras.
Los ingleses lo llamaron Great Frost, los franceses Le Grande Héber, mientras que los
investigadores lo consideraron una mini edad de hielo, y hoy les contaremos su trágica
historia.
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El Termoscopio
Una de las peculiaridades del gran invierno de 1709 fue el hecho de que era el primer
gran invierno registrado en el que se empleó un termoscopio, un instrumento de medición
de la temperatura predecesor del termómetro, que fue creado por el inventor Galileo Galilei
hacia el año 1592.
Dicho instrumento fue perfeccionado por el médico Santorio Santorio, un amigo de Galileo
Galilei, quien le añadió una graduación numérica al termoscopio para medir la temperatura
de manera más precisa en el año 1612.
El termoscopio fue construido utilizando una pequeña jarra llena de agua, donde se introducía
verticalmente uno de los extremos de una varilla cilíndrica, hueca de vidrio, unida a una gran
ampolla de cristal en su parte superior.
La columna de agua situada abajo subía o disminuía dependiendo de los cambios de temperatura
del aire.
Los mares congelados
En Londres se congeló el río Támesis, lo que motivó la creación de una de las ferias
heladas más grandes, con miles de londinenses reunidos para beber, patinar y divertirse
en el ovedoso espacio abierto.
Sin embargo, la alegría no duró, ya que la helada continuó durante mucho más tiempo
que las olas de frío anteriores.
Los canales y el puerto de Amsterdam también se congelaron.
En Francia, los ríos, la red de canales y los puertos se congelaron, y la nieve bloqueó
las carreteras.
En España, el río Ebro corrió una suerte similar.
Lo mismo pasó tanto en el puerto de Marsella como en la costa mediterránea y en varios
puntos a lo largo de los ríos Ródano y Garona, donde el hielo pudo soportar el peso de un
gran número de carruajes cargados, lo que sitúa en torno a los 28 centímetros de espesor.
El mar Báltico, por su parte, también estuvo sólido durante cuatro meses completos, permitiendo
que los viajeros lo cruzaran a pie o a caballo desde Dinamarca a Suecia o Noruega.
Lo mismo ocurrió con casi todos los ríos del norte y centro de Europa, e incluso con
las aguas termales de Aquisgrán, en la actual Alemania.
En el Adriático, la helada dejó numerosos barcos atrapados en el hielo, cuyas tripulaciones
perecieron debido al hambre y a la hipotermia.
Roma y Florencia quedaron completamente aisladas del mundo por las fuertes nevadas.
En Venecia, se utilizaron patines de hielo en lugar de las góndolas habituales para
moverse por la ciudad.
Los niños que devoran niños.
Entre el 5 y 6 de enero de 1709, se registraron temperaturas que en las graduaciones actuales
equivalen a menos 5 grados Fahrenheit.
Este descenso drástico en la temperatura global provocó que las personas más pobres
murieran congeladas cuando dormían.
El mismo riesgo lo corrieron los nobles de Francia, cuyos castillos con grandes ventanales
dejaban pasar grandes corrientes de aire helado, el frío era tan fuerte que la comida y el
vino se congelaban, provocando grandes hambrunas y rebeliones.
En Francia, el rey Luis XIV organizó repartos de pan y obligó a la aristocracia a hacer
lo mismo.
También mandó a registrar todos los almacenes de granos para evitar el acaparamiento, enviando
inspectores para asegurarse de que se obedecieran las reglas.
Esta medida no fue efectiva, y como si todo eso no bastara, los campesinos que se habían
visto obligados a comer sopa hecha con helechos, formaron bandas por los caminos de toda Europa
que asaltaban panaderías, emboscaban convoyes de cereales y atacaban a los viajeros y carruajes
en busca de algo para comer.
Entre febrero y junio de 1709 hubo al menos 155 intentos de rebelión abierta en Francia,
cuando personas desesperadas invadieron castillos e instituciones religiosas que pudieran tener
comida.
La hambruna se volvió tan mala que la cuñada del rey francés escribió una carta en la
que decía que los niños se devoraban unos a otros.
Los animales congelados No sólo el mar o la gente se vio afectada
por la gran helada.
Los troncos de los árboles se hicieron añicos, como si estuvieran hechos de vidrio en lugar
de madera maciza.
Los olivos de la ciudad de Valencia se vieron destrozados por las bajas temperaturas.
Las campanas de las iglesias se rompieron cuando la gente trató de tocarlas.
En Versalles, la duquesa de Orláns, cuñada del rey Luis XIV, escribió a un pariente
en Hannover.
El frío aquí es tan intenso que casi desafía toda descripción.
Estoy sentado junto a un fuego crepitante.
Tengo una barrera delante de la puerta que está cerrada, de modo que puedo sentarme
aquí con un abrigo de piel alrededor del cuello y los pies en un saco de piel de oso,
y todavía estoy temblando, y apenas puedo sostener la pluma.
Nunca en mi vida he visto un invierno como este.
Un canónigo de Vion, en Borgogna, Francia, fue testigo de cómo los viajeros morían
en el campo, el ganado en los establos, los pájaros y otros animales salvajes en los
bosques, mientras el vino se congelaba en los barriles y se encendían hogueras públicas
para calentar a los pobres.
Tanta muerte acabó por atraer a los lobos que se alejaron del bosque y se aventuraron
a las aldeas en busca de algo para comer, que a veces resultaron ser aldeanos que habían
muerto congelados.
La Gran Helada afectó dos guerras.
La guerra de sucesión española entre Francia y Gran Bretaña se retrasó debido a las malas
cosechas, el frío y la hambruna generada por la Gran Helada en 1709.
No obstante, la guerra entre Gran Bretaña y Francia volvió a encenderse en otoño de
ese año, provocando la pérdida de 30.000 vidas en la batalla de Malplaquet, dando como
resultado la victoria de Inglaterra.
En la Gran Guerra del Norte entre Suecia y Rusia, la Gran Helada contribuyó a que el
ejército ruso alcanzara la victoria.
Las tormentas y heladas invernales repentinas mataron a cerca de 2.000 soldados del ejército
sueco dirigido por el rey Carlos XII.
Dicho número se elevaría a unos 20.000 soldados caídos en combate en los meses subsiguientes,
quienes también se vieron afectados por el hambre, enfermedades y la falta de suministros.
Pedro el Grande obtendría la victoria gracias a que preparó mejor a sus tropas para el
clima invernal, a quienes mantuvo dentro de sus campamentos, lo que ayudó a que tuviera
menos bajas que los suecos, permitiéndole derrotarlos en la batalla de Poltava en junio
de 1709.
El deshielo Cuando finalmente llegó el deshielo a Inglaterra
en abril, hubo una serie de inundaciones generalizadas, lo que se tradujo en una gran catástrofe
para una economía mayoritariamente agrícola.
Las cosechas se arruinaron, los precios de los cereales se multiplicaron por seis y muchas
comunidades pasaron hambre.
El Producto Interno Bruto por Cápita se redujo en un 23% y no se recuperó por completa sino
hasta una década después.
Se estima que del millón de muertos provocados directa o indirectamente por la Gran Helada
en Europa, hubo un total de 600.000 muertos nada más en Francia.
El investigador Leroy Ladurie estima que en Francia hubo alrededor de 100.000 personas
muertas por hipotermia.
Unas 200.000 murieron en la hambruna que siguió al deshielo, así como otras 300.000 muertes
provocadas por enfermedades como la fiebre tifoidea, la viruela, el sarampión, la disentería
e incluso el escorbuto al año siguiente.
También hubo muertes provocadas por comer alimentos en mal estado y por reingestión
de carroña.
A la pérdida total de campos y ganados que dejaba el grueso de la población en una situación
de hambruna, hay que sumar la aparición de una epidemia de gripe, que se extendió por
el continente entre 1709 y 1710 y llegó hasta el Imperio Otomano.
Disminución de la Actividad Solar
Durante mucho tiempo, la causa del gran invierno de 1709 ha sido un gran enigma para muchos
investigadores.
No obstante, eso no ha impedido ciertas hipótesis.
De acuerdo con la NASA, es posible que haya ocurrido un fenómeno llamado Mínimo de Maunder
en el periodo comprendido entre 1645 y 1715, en el que hubo menos actividad de las manchas
solares provocando menos ozono, lo que afectó la presión del aire y desembocó en un enfriamiento
global de la Tierra.
En 2010, el físico solar del Centro de Investigación EMS de la NASA, David Hathaway, escribió
que hay buena evidencia, hasta cierto punto, de que la actividad en la superficie del Sol
podría causar fluctuaciones en la temperatura de la Tierra, y que estos ciclos solares ocurren
aproximadamente cada 11 años, pero siempre son variables.
Algunos científicos sugieren que hubo un periodo de alrededor de 70 años en el que
la actividad de las manchas solares casi se detuvo, y fue un periodo que se correspondía
no solo con los años fríos, sino con la llamada Pequeña Edad de Hielo.
No obstante, dicha teoría ha sido criticada por investigadores como George Fulner, del
Instituto de Investigación sobre el Cambio Climático de Potsdam, quien señala que las
manchas solares tienen un impacto insignificante en la temperatura general de la Tierra, especialmente
cuando se compara con el calentamiento global y el impacto que la humanidad ha tenido.
Fulner sugiere que otro periodo de disminución de la actividad, como el que se vio alrededor
de la congelación de 1709, solo reduciría la temperatura promedio alrededor de 0,1°C.
Los volcanes y el hielo ártico
Existe otra teoría que plantea que todo comenzó unos cuatro siglos antes, con una serie de
erupciones volcánicas que comenzaron a finales del siglo XIII.
En un estudio realizado por la Universidad de Colorado, se descubrió que varios volcanes
masivos tales como el Eteide, en las Islas Canarias, el Santorini, en el Mediterráneo
Oriental y el Vesuvio, cerca de Nápoles, entraron en erupción entre 1250 y 1300,
llenando la atmósfera con partículas de ceniza que repelían la luz solar lejos del
planeta, lo que generó un descenso gradual de las temperaturas, que resultó en una expansión
de los casquetes polares, y a su vez, provocó que las temperaturas siguieran bajando hasta
llegar a un punto crítico en el año de 1709.
Otro grupo de investigadores que observó los patrones climáticos desde el comienzo
de la pequeña edad de hielo, encontró evidencia de que una gran parte del hielo marino había
abandonado el Océano Ártico y se había dirigido a climas más cálidos de forma continua
durante los siguientes 100 años.
Esto pudo haber tenido impacto en las corrientes oceánicas y de viento, lo que habría bastado
para provocar el gran invierno del año 1709.
Sin embargo, también existen dudas, y dicen que el periodo de enfriamiento simplemente
no habría sido suficiente para hacer el tipo de diferencia que vio el mundo.
Por otro lado, no se puede descartar la posibilidad de que el invierno de 1709 haya sido el resultado
de una convergencia de los tres fenómenos, la falta de actividad de las manchas solares,
el efecto invernadero de los volcanes y los desprendimientos de hielo ártico, o que no
hubiera sido alguno de esos fenómenos, sino otro factor implicado que aún no se ha estudiado.
Aún son muchos los fenómenos naturales ocurridos en el pasado que no tienen explicación científica
certera.
Sobre ellos sólo se especulan escenarios hipotéticos que no encuentran mayor asidero
en los que se viven en la actualidad, porque no hay punto de comparación entre ellos.
Sin embargo, queda demostrado que este tipo de eventos catastróficos sólo puede descubrir
el lado humano y el lado más salvaje de nuestra especie.
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