Por esta razón el DIABLO quería EL CUERPO DE MOISÉS

Relatos Históricos
20 seguidores
2 Visualizaciones de video·28 abr 2026
19 sept 2023
El cuerpo de Moisés. ►Suscríbete al canal: https://geni.us/eZcCYJ
Por muchos siglos, los mejores “detectives” bíblicos han tratado de resolver el caso sin conseguirlo, dadas las pocas pistas que ofrece Judas 9, y todo lo que se tiene es un conjunto de teorías que vamos a examinar en el presente video.
También trataremos sobre quién era este Judas que dejó un enigma tan polémico y fascinante, que por supuesto no era el primer Judas que suele venir a nuestra mente: Judas Iscariote.
-----------------------------------------------------------------
Agréganos:
Facebook ►
https://geni.us/xS4dD
Instagram ►
https://geni.us/ZLr9j
Por esta razón, el diablo quiso el cuerpo de Moisés después de su muerte.
Un versículo de menos de 40 palabras del Nuevo Testamento originó uno de los debates
más antiguos, controversiales e inciertos de la Biblia.
Es el breve pasaje de la epístola de Judas, conocido como Judas IX, en el que se menciona
una disputa entre el arcángel Miguel y Satanás por el cadáver de Moisés.
Según el Antiguo Testamento, tras la muerte del patriarca que sacó a los israelitas de
la esclavitud en Egipto y los condujo durante el éxodo, el mismo Dios lo enterró en un
lugar desconocido.
Partiendo de esta referencia bíblica y de Judas IX, durante 2.000 años se ha discutido
y especulado por qué disputaban Miguel y el diablo sobre el cuerpo de Moisés.
Por muchos siglos, los mejores detectives bíblicos han tratado de resolver el caso
sin conseguirlo, dadas las pocas pistas que ofrece Judas IX, y todo lo que se tiene es
un conjunto de teorías que vamos a examinar en el presente vídeo.
También trataremos sobre quién era este Judas que dejó un enigma tan polémico y
fascinante, que por supuesto, no era el primer Judas que suele venir a nuestra mente, Judas
Iscariote.
Antes de meternos a fondo, no te olvides de suscribirte a nuestro canal y activar las
notificaciones para mantenerte al día con nuestras actualizaciones.
La disputa entre el arcángel Miguel y Satanás sobre el cuerpo de Moisés contenida en Judas
IX.
Tras negarle a Moisés el ingreso a la tierra prometida, Dios le autorizó avistarla desde
la cumbre del Monte Nebo, en Moab, donde, según el libro del Deuteronomio, murió a
los 120 años, todavía en pleno vigor.
Llegaba así a su fin, según la Biblia, la vida del líder judío que, tras sacar al
pueblo israelita de la esclavitud en el Antiguo Egipto, lo había conducido 40 años por el
desierto en pos de la ansiada tierra.
Según la tradición talmúdica basada en las primeras líneas del libro de Josué,
sexto del Antiguo Testamento que tomó su nombre de líder que sustituyó a Moisés
y condujo a los israelitas a la tierra prometida, la muerte del patriarca que recibió de Dios
las tablas de la ley se produjo el 7 de Hadar, duodécimo mes del calendario hebreo.
El 7 de Hadar es el día tanto de nacimiento como de muerte de Moisés.
Deuteronomio 34,57 recoge así este episodio.
Y murió allí Moisés, siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de
Jehová, y lo enterró en el valle, en la tierra de Moab, enfrente del Bet Peor, y
ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy.
Era Moisés de edad de 120 años cuando murió, sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió
su vigor.
Según la cronología hebrea del siglo II, Seder Olam Ravá, o el Gran Orden del Mundo,
que detalla los tiempos de ocurrencia de los eventos bíblicos desde la creación, la fecha
de la muerte de Moisés correspondió al 12 de febrero de 1272, antes de la era cristiana.
Sobre el lugar en el que Dios enterró a Moisés, el texto citado del Deuteronomio lo considera
desconocido.
Pero leyendas posteriores recogidas en la epístola de Judas del Nuevo Testamento, refieren
una disputa entre el arcángel Miguel y Satanás relacionada con el cuerpo de Moisés.
Judas 9 señala, pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando
con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él,
sino que dijo, el Señor te reprenda.
Esta referencia sobre el cuerpo sin vida de Moisés es la única en la Biblia, y desde
la antigüedad se ha debatido por qué discutían el arcángel y Satán con relación al cadáver
del patriarca.
El texto bíblico no ofrece ningún motivo específico sobre esta disputa, por lo que
sólo existen teorías explicativas.
Una es que dada la propensión de la gente a adorar las cosas creadas más que al mismo
creador, quizás el diablo quería que los huesos de Moisés estuviesen disponibles para
ser adorados, en lugar de a Dios.
Esto es consistente con Romanos 1.25, cuando dice que las personas cambiaron la verdad
de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas, antes que al creador.
Otro ejemplo de esto es del Antiguo Testamento, cuando el pueblo israelita adora a una serpiente
de bronce hecha por Moisés, obedeciendo instrucciones de Dios, pero con la intención de representar
un símbolo, no un objeto de adoración.
Igualmente una de las principales dificultades que Jesús tuvo con los fariseos fue su adoración
de la ley de Moisés, en vez de permitir que la ley los condujera a la necesidad de un
salvador.
El relato perdido sobre la disputa entre Miguel y el diablo por el cuerpo de Moisés.
Otra teoría sobre la disputa entre el arcángel Miguel y el manigno, es que el satanás acusador
al que hace referencia Apocalipsis 12.10 estaba haciendo resistencia a que Moisés fuera resucitado
para la vida eterna con base en los pecados que le habían impedido entrar a la tierra
prometida, como el de Meribah cuando golpeó la roca para que brotara agua, o el del egipcio
que mató cuando este estaba agrediendo a unos israelitas.
En cuanto a información histórica adicional sobre la disputa entre el arcángel Miguel
y Satanás, es posible que Judas se haya referido a un relato extra bíblico extraviado, conocido
en el siglo primero como La Asunción de Moisés.
Este texto apócrifo judío, también conocido como Testamento de Moisés, contiene profecías
que el patriarca habría revelado a Josué antes de transferirle el liderazgo de los
israelitas.
La palabra testamento alude al discurso último de un moribundo.
Se cree que este texto fue escrito originalmente en una lengua semítica, probablemente hebreo,
con una posterior traducción al griego koiné, que era el idioma común del mundo helenístico.
El único manuscrito que se conserva es una traducción latina de un texto griego del
siglo VI, aunque incompleto, dándose el resto por perdido.
A partir de referencias de obras antiguas, existe la hipótesis de que las secciones
faltantes del Testamento de Moisés hacen referencia precisamente a la disputa entre
el arcángel Miguel y el diablo por el cuerpo del patriarca.
El documento en latín fue descubierto a mediados del siglo XIX en la Biblioteca Ambrosiana
de Milán por el prelado y erudito italiano Antonio Maria Seriani, y publicado por él
en 1861, el texto consta de 12 capítulos.
La mayoría de los analistas fechan el documento a principios del primer siglo de la Era Común,
contemporáneo con los últimos personajes históricos que menciona.
Estas secciones parecen estar familiarizadas con la muerte de Herodes el Grande, lo que
sugiere que al menos esta parte data de entre el año 4 a.C. y el 30 de la Era Común.
Otros investigadores fechan la obra en el último siglo antes de Cristo, y sugieren
que las referencias del siglo I fueron añadidos posteriores.
Algunos escritores antiguos, como Gelasio de Sísico y Orígenes, citan la asunción
de Moisés con referencia a la disputa sobre su cuerpo, referida en Judas 9.
¿Quería Satanás que Moisés fuera adorado como un ídolo?
Moisés es uno de los principales líderes de la Biblia, y Dios le otorgó el honor de
ser el que sacara a su pueblo de la esclavitud en Egipto, y de dirigirlo por el desierto
a lo largo de cuatro décadas.
Sin embargo, Dios condenó a una generación de hombres a morir en el desierto por su negativa
inicial a entrar a la tierra de Canán y conquistarla.
Debido a su fidelidad, Josué y Caleb fueron los únicos de su generación en ser exceptuados
del castigo de no poder entrar a la tierra prometida, y Moisés pudo haber obtenido el
permiso también de no haber sido por el pecado de Meribah.
Ahora bien, ¿qué tiene que ver el arcángel Miguel con eso?
Aparentemente, Dios había comisionado al arcángel Miguel para velar por las necesidades
de la nación de Israel y protegerla, tal como se expresa en los dos primeros versículos
del capítulo 12 del libro de Daniel.
En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos
de tu pueblo, y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta
entonces, pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hayan escritos
en el libro.
Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida
eterna y otros para vergüenza y confusión perpetua.
Es posible que Dios incluyera entre las funciones de Miguel la de cuidar en su nombre el cuerpo
de Moisés, o la de guardarlo por un tiempo, pero ¿por qué esto era necesario y por qué
mantener en secreto la ubicación de la tumba del patriarca?
Esto podría haberse debido a la posición de exaltación que Moisés tenía a los ojos
de su pueblo, era el único líder que los israelitas habían tenido, y la mayoría de
ellos habían nacido o crecido bajo su liderazgo.
Y aunque la gente a menudo discrepara, se quejaba, protestaba o se amotinaba, y durante
el éxodo lo hizo varias veces después de la muerte del patriarca, sin duda habría
querido honrarlo y venerarlo como el dirigente sin precedentes que había sido, capaz de
sacar a su pueblo de la esclavitud y separar las aguas del mar, entre otros prodigios.
Deuteronomio 34.8 ofrece una evidencia bastante clara de esto cuando señala que los hijos
de Israel lloraron a Moisés durante 30 días en los campos de Moab.
Es muy probable que esos israelitas que habían llorado tanto a su líder, hubieran querido
llevar con ellos sus restos a la tierra de Canaán, como hicieron con los de José cuando
salieron de Egipto.
Para enterrarlos con gran solemnidad y erigir un santuario sobre su sepultura, no es difícil
ver cómo esto podía haber evolucionado hasta convertirse en un centro de adoración idólatra.
Después de todo, los israelitas acarrearon la serpiente de bronce que Moisés había
fabricado en el desierto por orden de Dios, instalándola en la tierra prometida y adorándola
con el nombre de Neustán.
Finalmente, ¿qué papel juega el diablo en este asunto?
Satanás parece haber intentado apoderarse del cuerpo de Moisés, o al menos averiguar
dónde estaba su tumba.
Es posible que de Satanás haberse salido con la suya, el cuerpo del patriarca habría
sido utilizado para seducir y tentar a los israelitas, de allí que Miguel, con sus facultades
de ángel poderoso, lo impidió.
Por otra parte, la segunda parte de Judas 1.9, contiene una referencia muy interesante
al señalar que Miguel no se atrevió a emitir contra el diablo juicio alguno, sino que más
bien lo remitió a Dios al decirle a Satanás, el Señor te reprenda.
Este versículo y su contexto son vistos por algunos intérpretes del Nuevo Testamento
como una indicación a los cristianos de que su trabajo no es reprender al demonio, ni
siquiera de manera sarcástica o burlona, ya que ni el mismo arcángel Miguel se sintió
en disposición de tratar directamente con él.
La opinión de Calvino sobre el asunto
En su obra Comentarios sobre las epístolas de Pedro y Judas, William Kelly señala que
el diablo se veía a sí mismo como señor del orden material, y por lo tanto, el cadáver
de Moisés era legítimamente de su propiedad.
El teólogo protestante del siglo XVI, Juan Calvino, vio el episodio con la óptica de
la lucha contra la superstición, de manera que la disputa sobre el cuerpo de Moisés
tenía que ver con su ubicación.
Kelly apunta, la razón para ocultar su tumba es evidente para todos, es decir, que los
judíos no podían sacar su cuerpo para promover la superstición.
Y sin duda vemos que Satanás casi en todas las edades se ha procurado convertir los cuerpos
de los santos en ídolos para los hombres necios.
Sobre esto es interesante recordar que el propio Calvino insistió en ser enterrado
en una tumba anónima para evitar cualquier idolatría.
El Arcángel Miguel
Miguel el protagonista del lado del bien en la disputa por el cuerpo de Moisés, es un
arcángel y el jefe de los ejércitos de Dios en las tradiciones judía, cristiana y musulmana.
Su veneración en el cristianismo abarca a las principales iglesias, incluyendo católica,
ortodoxa, anglicana y copta, en general, los cristianos lo consideran el abogado del
pueblo elegido de Dios y el protector de la iglesia.
Es el patrono y protector de la iglesia universal para los católicos y el primero de los siete
arcángeles para los coptos.
Según los testigos de Jehová, Miguel es el mismo Jesucristo.
En el Corán, Miguel reside en el séptimo cielo y fue uno de los tres ángeles que visitaron
a Abraham para anunciarle el nacimiento de su hijo Isaac y de su nieto Jacob.
En la tradición musulmana, Miguel aparece siempre después de Gabriel, ya que fue este
el que llevó la arcilla con la que Alá creó a Adán, el primer hombre.
El episodio de Judas 9 en el que Miguel disputa con Satanás es consistente con el papel de
frustrar al demonio y a los ángeles del mal que le otorga el apocalipsis.
Apocalipsis 12.7.9 dice, Después hubo una gran batalla en el cielo.
Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón, y luchaban el dragón y sus ángeles, pero
no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.
Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el
cual engaña al mundo entero, fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados
con él.
Miguel es llamado príncipe de las naciones por la tradición rabínica judía, actúa
como abogado de Israel, enfrente a su acusador Samael o Satanás, y tiene el papel de defender
a los hebreos desde los tiempos de los patriarcas bíblicos.
Según el rabí del siglo I, Eliezer ben Jacob, Miguel sacó a Abraham del horno donde había
sido tirado por Nimrod.
También fue uno de los que le anunciaron a Lot la destrucción de Sodoma y Gomorra.
Según algunos midrash judíos, la relación de Miguel con Moisés comenzó mucho antes
de su muerte y de la disputa por su cuerpo que refiere el Nuevo Testamento.
Estas exégesis hebreas del texto bíblico sostienen que Miguel fue maestro de Moisés
durante el éxodo, y protegió a los israelitas del ejército del faraón cuando la separación
de las aguas.
En el libro de Daniel del Antiguo Testamento, Miguel es llamado uno de los principales príncipes,
y el gran príncipe que está a cargo de tu pueblo, que le menciona igualmente a Miguel
como el ángel guardián del pueblo judío.
Existe una creencia en parte de la cristiandad de que Miguel es simplemente otra revelación
de Jesucristo.
El teólogo protestante estadounidense del siglo XVIII, Jonathan Edwards, al menos en
sus prédicas, hizo la asociación, y en su sermón Cristo exaltado dijo,
«Este Miguel es Cristo».
El argumento más evidente de que Miguel no es el Señor parece ser que precisamente Judas
IX se somete al Ser Supremo cuando dice a Satanás, «El Señor te reprenda».
Sin embargo, ni siquiera esta aparentemente inobjetable evidencia cierra el debate.
En Zacarías 3.2, Dios se refiere a sí mismo como una tercera persona al decir,
Y dijo Dios a Satanás, «Dios te reprenda», o Satanás, Dios que ha escogido a Jerusalén
te reprenda.
¿Habla Miguel también de sí mismo en Judas IX?
Calvino también puede interpretarse de esta forma cuando dijo, «Lo que Judas relata como
dicho por Miguel, se encuentra también en el libro de Zacarías».
Y en alusión a Daniel 10.21, Calvino es aún más abierto sobre la posibilidad de que Miguel
y Cristo sean la misma persona al afirmar, y luego Miguel, a quien algunos piensan que
es Cristo.
No me opongo a este punto de vista, porque lo llama príncipe de la iglesia, y este título
no parece pertenecer en modo alguno a ningún ángel, sino que es peculiar de Cristo.
Sin embargo, Calvino introduce un matiz, por Miguel muchos están de acuerdo en entender
a Cristo como la cabeza de la iglesia.
Pero si parece mejor entender a Miguel como arcángel, este sentido resultará adecuado,
porque bajo Cristo como cabeza, los ángeles son los guardianes de la iglesia.
El clérigo y expositor bíblico inglés del siglo XVII, Thomas Manton, quien fue secretario
de la asamblea de Westminster y capellán de Oliver Cromwell, en sus conferencias sobre
Judas IX, proporcionó argumentos en favor y en contra de la asociación de Cristo con
el arcángel Miguel.
Al respecto señaló que, por un lado, el nombre Miguel significa Dios fuerte, o como el Dios
fuerte, y que en muchos lugares de las escrituras se presenta como la cabeza de los ángeles.
En efecto, estas referencias aparecen en Génesis 48.16, Éxodo 3.2 y Daniel 10.13 y 12.1.
Sin embargo, Manton matizó afirmando,
No es absolutamente necesario interpretar esos versículos como refiriéndose a Cristo.
Mucho menos se pretende aquí, ya que estaría por debajo de su dignidad luchar con el diablo.
Si bien Cristo contendió con el diablo durante su humillación, Mateo IV no lo habría hecho
antes.
Y agregó que la frase de Judas IX de que el interlocutor de Satanás no se atrevió
a proferir juicio de maldición contra él no parece aplicable a Jesucristo.
Otros teólogos han defendido la equivalencia entre Miguel y Jesús.
El erudito bíblico y predicador inglés del siglo XIX, Charles Spurgeon, dijo en sus prédicas,
Miguel es el Señor Jesús, el único arcángel, y recuerdan, como nuestro Señor, quien es
el verdadero Miguel, el único gran arcángel, dijo al comienzo de la predicación del Evangelio.
En su comentario de Judas IX, el erudito y teólogo calvinista inglés del siglo XVIII,
John Gill, escribió, sin embargo, el arcángel Miguel, por quien se entiende, no un ángel
creado sino un eterno, el Señor Jesucristo.
En su comentario sobre toda la Biblia, el estudioso bíblico galés, Matthew Henry,
no aborda el tema al comentar, Judas IX, pero al revisar Daniel 10.21 va en sentido contrario
Para los cristianos, Judas IX es el ejemplo
supremo de cómo deben tratar con el demonio. Algunos comentaristas bíblicos han señalado
que la referencia de Judas IX corresponde al mismo episodio contenido en Zacarías 3.1.2,
que dice, Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Dios,
y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle, y dijo Dios a Satanás, Dios te reprenda,
o Satanás, Dios que ha escogido a Jerusalén te reprenda.
Pero las objeciones a que se trata del mismo episodio son evidentes, ya que la única coincidencia
entre ambos textos es el deseo de que Satanás se ha reprendido y el nombre de Miguel no
aparece en ningún momento en el pasaje de Zacarías, siendo el mismo Dios el que se
dirige al diablo.
En todo caso, cualquiera que sea el origen del relato de Judas IX, el autor se refiere
textualmente a una verdadera contienda entre el arcángel Miguel y Satanás.
Hablando de manera concreta y no alegórica o simbólica, tal como lo habría hecho al
referirse al episodio de Moisés golpeando la roca u otra acción específica, no existe
en la Biblia ninguna referencia que arroje dudas sobre la veracidad de la contienda de
Miguel con el demonio.
Por lo demás, hay muchas alusiones bíblicas a los ángeles y al demonio, ya que tanto
los ángeles buenos como los malos son utilizados en transacciones importantes en la tierra.
Como lo escueto del pasaje no permite conocer la naturaleza de la disputa sobre el cuerpo
de Moisés, solo queda hacer conjeturas.
No se sabe si hubo una disputa sobre el entierro del cuerpo, sobre el lugar de su enterramiento,
o sobre su posesión, o acerca de cualquier otra cosa.
Lo que sí admiten muchos cristianos es que Judas IX representa la ilustración suprema
de cómo deben tratar con el demonio.
Para estos partidarios del cristianismo, el ejemplo de Miguel rehusando pronunciar una
maldición sobre el demonio es una lección capital sobre cómo relacionarse con las fuerzas
del mal.
¿Estaba interesado el diablo en profanar el cuerpo de Moisés?
La teoría de que la disputa por el cuerpo de Moisés se produjo para que Satanás no
lo convirtiera en objeto de adoración por los poderes atribuidos a sus restos, tiene
otro referente bíblico en el segundo libro de los Reyes.
Este evento relacionado ocurrió cuando el cuerpo de un hombre fue arrojado a la tumba
de Eliseo, reviviendo cuando entró en contacto con los huesos del profeta escogido como el
sucesor de Elías.
Dos Reyes 1320-21 dice, Y murió Eliseo, y los sepultaron.
Entrado el año, vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra.
Y aconteció que al sepultar unos a un hombre, súbitamente vieron una banda armada, y arrojaron
el cadáver en el sepulcro de Eliseo.
Y cuando llegó a tocar el muerto los huesos de Eliseo, revivió, y se levantó sobre sus
pies.
Si la Biblia le atribuyó poderes milagrosos al cuerpo de Eliseo, no sería de extrañar
que los seguidores de Moisés hubieran esperado lo mismo de los restos de su líder, aun considerando
que el conductor de los israelitas fue muy anterior al profeta.
En todo caso, ambos son personajes relevantes del Antiguo Testamento, y el principio reforzaría
la idea de que, con el cuerpo de Moisés, podría haber comenzado un culto idólatra.
Otra posibilidad es que Satanás hubiera querido apoderarse del cuerpo de Moisés, o conocer
un lugar en el que Dios lo había sepultado para profanarlo, cosa que el Supremo no quería
que ocurriera.
Resulta difícil imaginar cómo habría sido esa profanación, y en qué medida se habría
podido lograr, pero es una posibilidad lógica, considerando el espíritu maligno del Príncipe
del Mal.
La Epístola de Judas
El versículo de Judas 9 de apenas 34 palabras que ha motivado tantos debates, interpretaciones
y comentarios a lo largo de los siglos, se encuentra en la Epístola, o Carta de Judas,
que forma parte del Nuevo Testamento.
Su origen se ha fechado en el último tercio del primer siglo de la Era Común, posiblemente
en Judea, y fue concebida para alertar a la comunidad cristiana sobre los falsos maestros
que, de manera encubierta, se infiltraban para sembrar el disenso y las falsas doctrinas.
Es uno de los textos más peculiares del Nuevo Testamento, porque en su brevedad de un capítulo,
25 versículos y poco más de 600 palabras, ha podido generar una vigorosa controversia,
quizás solo superada por el libro del Apocalipsis, mucho más largo.
La Epístola de Judas fue canonizada como texto adecuado y oficial de la Iglesia Católica
en el siglo IV, pero antes había sido incluida entre los escritos dudosos, especialmente
por las varias licencias que se tomó el autor, refiriendo tradiciones extra bíblicas y literatura
apócrifa.
A pesar de la polémica generada por los pasajes de la carta, especialmente el de la disputa
de Miguel con el demonio, el texto no ha tenido ningún rol significativo en la formación
doctrinaria de las iglesias cristianas.
El académico y exégeta bíblico estadounidense del siglo XX, Raymond Brown, uno de los primeros
estudiosos católicos en aplicar el método histórico crítico al análisis de la Biblia,
consideró la Epístola de Judas demasiado negativa, antigua y apocalíptica para las
circunstancias actuales, y calificó su aplicación a la vida ordinaria como de una formidable
dificultad.
¿Y quién fue este Judas que escribió la Epístola?
Por supuesto no fue el primer Judas que viene a la mente del gran público, Judas Iscariote,
ya que, según los evangelios, éste se quitó la vida mucho antes del tiempo en el que fue
preparada la carta, fechada hacia el último tercio del siglo I.
De todas formas, nada que se sospechara que hubiera escrito el apóstol que traicionó
a Jesús habría sido canonizado por la iglesia, la autor de la Epístola se presenta a sí
mismo como Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Santiago.
Dado que la alusión a Santiago, sin más detalles, lleva a pensar que éste era un
personaje bien conocido, la hipótesis más plausible es que Judas era hermano de Santiago
del Justo, obispo de Jerusalén y hermano del Señor.
Esta hermandad se entiende como confraternidad, sin ningún sentido biológico, una antigua
tradición cristiana tiende a identificar al Judas de la Carta con el apóstol Judas
Tadeo.
Esta suposición se basa en que el evangelista Lucas y el libro de los Hechos de los Apóstoles
presentan a Tadeo como Judas de Santiago.
Sin embargo muchos exégetas bíblicos actuales, incluyendo católicos, se inclinan por rechazar
la identificación del Judas de la Epístola con Judas Tadeo.
Tantos personajes bíblicos y el del cristianismo printivo con el nombre de Judas no deben sorprender,
a pesar de que actualmente ya casi nadie se llama Judas por culpa de Iscariote.
Este nombre significa alabanza sean dadas a Dios y fue muy popular en Tierra Santa,
especialmente después de que el héroe judío Judas Macabeo encabezó la revuelta contra
el dominio de los Seleucidas en el siglo II antes de Cristo.
Esperamos que este vídeo te haya sido útil, si tienes algo que agregar por favor compártelo
con nosotros en la sección de comentarios.
Dale me gusta a este vídeo y envíale el enlace a tus familiares y a tus mejores amigos,
para que también sepan más de por qué el diablo quiso el cuerpo de Moisés después
de su muerte.
Si eres nuevo en nuestro canal no olvides suscribirte, no se te olvide seguirnos en
todas nuestras redes sociales que van a estar aquí abajo en la descripción.
Recuerda, un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla.
