Tajín: los misterios de la ciudad que inventó un tipo cemento en México, y domesticaron la vainilla

Relatos Históricos
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Nuevo Descubrimiento Extraño En TAJIN Que ASUSTA A Los Científicos!. Conoce todos los secretos de esta hermosa ciudad
Resumen
Historia Incomprendida detalla la estructura multicultural de esta antigua urbe veracruzana, destacando sus 21 canchas de juego de pelota y precisas alineaciones astronómicas. Además, analiza el misterioso abandono de la ciudad y el papel de gobernantes como 13 Conejo.
El Tajín es un sitio arqueológico perteneciente a la cultura totonaca, que dominó parte del
actual estado de Veracruz aproximadamente entre el siglo IX y finales del XII o comienzos
del XIII. Domesticaron y cultivaron la vainilla mucho antes de la llegada europea.
El ritual de los danza, de los voladores de papantla, tiene raíces totonacas. Actualmente
existen 200.000 a 250.000 totonacas que conservan su lengua, principalmente en la Sierra Norte
de Puebla y el Centro Norte de Veracruz. El Tajín cuenta con su hermosa pirámide
de los nichos de 365 cavidades, o ornacinas o nichos. Tiene más de 17 canchas de jogo
de pelota, indicando que ese ritual era central en su vida religiosa y política.
Se ha pensado que el Tajín estuvo poblado continuamente desde cerca del año 100 antes
de Cristo, aunque investigaciones más recientes parecen indicar que su ocupación continua se
verificó aproximadamente entre los años 800 y 1200 después de Cristo. Llegó a tener entre 15.000
y 20.000 habitantes en esos años. ¿Quién fundó el Tajín? ¿Cómo se desarrolló? ¿Cuáles fueron
sus principales aportes a la cultura mexicana? ¿Cómo se produjo su declive? Hoy conoceremos
todo sobre el Tajín, una de las culturas fundamentales de México después de Teotihuacán
y antes del apogeo mexica. Antes de meternos a fondo, no te olvides de suscribirte a nuestro
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1.- ¿Qué es el Tajín y dónde se encuentra? El Tajín es un sitio arqueológico precolombino
de la cultura clásica veracruzana, situado en el actual estado mexicano de Veracruz,
a unos 60 kilómetros del Golfo de México. Se encuentra a 11 kilómetros de Papantla y a 22
de Poza Rica. La ciudad prehispánica vivió su apogeo entre los años 800 y 1200 d.C., época
durante la cual se erigieron numerosos inmuebles, incluyendo pirámides, templos, palacios y canchas
para el juego de pelota. Su esplendor se produjo después de la caída de Teotihuacán y conservó
varios rasgos culturales, heredados de esa prominente civilización que se desarrolló en
el Valle de México. La prosperidad del Tajín y su multiculturalidad de más de medio centenar
de etnias viviendo en la ciudad le permitió ejercer una notable influencia regional, llegando
a controlar buena parte del actual territorio de Veracruz. El Tajín sobrevivió al declive masivo
de las ciudades precolominas mexicanas y mesoamericanas de finales del periodo clásico,
cayendo en torno a 1230. Durante los siguientes cinco siglos y medio, no existen registros de
que algún europeo pasara por el lugar. 2.- ¿Cuál es la historia de la ciudad?
El Tajín significa Ciudad del Trueno en lengua totonaca, y popularmente se ha atribuido a la
fundación del urbanismo a esta etnia. Los chapanecas también han sido mencionados como
posibles constructores, y existen varias evidencias de que los huastecas fueron,
por lo menos, habitantes tempranos. Sin embargo, no se ha encontrado pruebas arqueológicas
concluyentes que confirmen la construcción por ningún pueblo prehispánico, y los arqueólogos
e historiadores prefieren atribuirla a la llamada cultura del Tajín. Algunos inmuebles ceremoniales
en el Tajín parecen haberse iniciado en el siglo I de la Era Común, y durante el periodo clásico
temprano ya mostraba la influencia teotihuacana, visible en su arquitectura, escultura, pintura y
cerámica. Se observan influencias mayas desde el periodo posclásico. La ciudad llegó a ser la más
grande de la región de la costa norte del Golfo de México, ejerciendo hegemonía en el área limitada
por las cuencas de los ríos Casones y Tecolutla entre los siglos IX y XII de la Era Común.
Los gobernantes del Tajín extendieron su dominio desde el Piedemonte de la Sierra
Madre Oriental hasta las llanuras costeras en los actuales estados mexicanos de Veracruz y Puebla.
3. Así fue el día en que Diego Ruiz descubrió la pirámide de los nichos del Tajín, en 1785.
Pasaron más de dos siglos y medio desde la caída de Tenochtitlán, sin que ningún español o europeo
diera cuenta de la existencia del Tajín, casi sepultado por la selva. En 1785, Diego Ruiz,
un inspector del Virreinato de la Nueva España, enviado a la región en busca de plantaciones
clandestinas de tabaco, encontró la pirámide de los nichos sobresaliendo en medio de la espesura.
Ruiz dibujó la pirámide e informó del hallazgo en la publicación Gaceta de México,
indicando que los indígenas se comportaban con mucho secretismo respecto al lugar.
El reportaje fue conocido por los círculos académicos españoles en el Virreinato y la
metrópoli, atrayendo la atención del sacerdote e historiador José Antonio de Alzate Ramírez,
primero en escribir sobre el monumento. El alemán Alexander von Humboldt y Pedro
Márquez contribuyeron al conocimiento en Europa de la pirámide, que en el siglo XIX era comparada
con las construcciones del Imperio Romano. 4. Los 365 nichos de la pirámide.
Calendario solar, ritual de 260 días o algo que aún no entendemos.
La pirámide de los nichos es llamada también el Tajín, pirámide de los siete pisos, pirámide de
Papantla y templo de los nichos. Es el edificio más conocido del yacimiento por su arquitectura
típica, su precisa alineación astronómica y su buena conservación. Su nombre más utilizado
proviene de que alberga 365 nichos o hornacinas, excluyendo los de la escalera posterior,
lo que ha sido relacionado con la duración del año solar. El edificio es de planta cuadrada,
de 35 metros de lado y 25 de altura, y tiene siete niveles, construidos con losas talladas
con precisión, especialmente las más cercanas a los nichos. La mayor de las dosas tiene un peso
estimado de 8 toneladas. La estructura original tiene un recubrimiento de estuco, utilizado para
pinturas. Todo indica que la pirámide fue erigida en función de criterios astronómicos y de relación
con el paisaje, y se cree que pudo haber sido un marcador calendárico anual o agrícola.
5. Nadie sabe qué pueblo construyó el Tajín. Más de 50 grupos étnicos y un debate sin resolver.
Como ocurría en todas las ciudades-estado de la época prehispánica, el gobierno del Tajín estaba
centralizado, pero había una diferencia importante con otras entidades políticas precolombinas. La
sociedad tajinense era enormemente multicultural. Hasta 50 distintos grupos étnicos hacían vida
en la ciudad, y se desconoce cuál de ellos fue el más influyente en su fundación, aunque a menudo
se asigna este mérito a los totonacas, en parte por el indicio lingüístico de que Tajín es un
término de la lengua de este pueblo también veracruzano, traducido como trueno y relámpago.
En 1519, los totonacas aliaron con los españoles para liberarse del dominio mexica. Fue exitosa
su alianza, pero posteriormente quedaron bajo el dominio y la encomienda española. Cuando fue
redescubierto por los españoles en 1785, el Tajín ya era conocido por los totonacos locales,
aunque este indicio no es considerado suficiente para asignarles la fundación, y el tema continúa
sometido a debate. Se desconoce también qué nivel de rivalidad o de sometimiento étnico pudo
haber existido entre los pueblos que vivían en la ciudad-estado, pero es un hecho que la
convivencia o el nivel de autoridad alcanzaron un mínimo para hacer florecer el Tajín.
6. Inventaron cemento colado mil años antes que Europa, y no existió en ningún otro lugar de
América. Los constructores del Tajín utilizaron un material único, descrito como un cemento colado,
que no existía en su tiempo en ningún otro lugar de América y Europa. Este mortero fue
utilizado en las juntas de losas y en la construcción de pilares, techos y otros
componentes arquitectónicos. A lo largo de su existencia, el edificio 3 del Tajín,
conocido como Templo Azul, fue cubierto con cemento varias veces y pintado de azul en cada
una de sus capas, en lugar del rojo, más común en la época precolombina. Todavía los restos de
esta pintura azul son visibles en el lado oriental y en parte de la escalera del templo. Se afirma
que el azul era generalmente asociado con el dios de la lluvia, aunque no existe evidencia que lo
respalde. El edificio de las columnas tenía tejado de cemento, arqueado en la parte frontal,
entre los pilares y los aposentos interiores. 7. Cada equinoccio, la luz desciende los siete
niveles de la pirámide en exactamente 7 minutos. Tras comprobar las precisas alineaciones en la
construcción de la pirámide de los nichos, los estudiosos comenzaron a observar los fenómenos
de luz y sombras en el edificio en diferentes momentos del año. En 2010, la arqueóloga
Patricia Castillo y su equipo de trabajo en el yacimiento arqueológico hicieron unas
observaciones notables durante el equinoccio de primavera. En los equinoccios, los rayos del sol
van iluminando el edificio a horas exactas, desde su séptimo nivel, que es el más alto,
hasta el último en la superficie. Cada minuto, un nuevo nivel piramidal queda totalmente irradiado
hasta que, transcurrido siete minutos, la pirámide completa se muestra iluminada.
Según Castillo, estos sucesos de luz y sombras constituyen evidencia de que el
Tajín fue una ciudad sagrada, como Teotihuacán en el Valle de México y Chichen Itzá en la región
maya. 8. HASTA 21 CANCHAS DE JUEGO DE PELOTA,
LA MAYOR CONCENTRACIÓN DEL MUNDO ANTIGUO AMERICANO. Los primeros arqueólogos llegaron al Tajín a
comienzos del siglo XX y con los descubrimientos petroleros en la región. La construcción de
carreteras a partir de los años 1920 mejoró el acceso al sitio y facilitó una investigación más
intensiva. Agustín García Vega efectuó la primera cartografía y exploración formal entre 1935 y
1938, dejando totalmente despejada la pirámide de Los Nichos, primer edificio en mostrarse
completamente. García Vega extendió su exploración hasta los 310.000 m2, poniendo
al descubierto otros edificios y proponiendo el nombre de El Tajín para el sitio.
A partir de 1938, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH, asumió las
excavaciones y reconstrucciones dirigidas por José García Pagón. La campaña de Pagón se
extendió por casi cuatro décadas, hasta la muerte del arqueólogo en 1977, y permitió
descubrir plataformas, palacios y numerosas canchas para el juego de pelota. Hasta ahora
se han descubierto en El Tajín 21 canchas para la práctica del deporte ritual mesoamericano,
la mayor concentración encontrada hasta la fecha.
Número 9. Los relieves del juego de pelota sur narran un sacrificio cósmico que aún no
se descifra por completo. Las 21 canchas para el juego de pelota descubiertas en El Tajín han
llevado a la conclusión de que el lugar era una especie de ciudad olímpica para la práctica del
deporte ceremonial. Esta abundancia de campos constituye también otro indicio de la
multiculturalidad de la ciudad-estado veracruzana, ya que el deporte prehispánico entrañaba una
rivalidad o un suceso bélico. La cancha sur sobresale en El Tajín por ser la más grande y
la más decorada, albergando unos bajos relieves con escenas sobre una decapitación ritual de las
que se realizaban al final del juego. El juego de pelota era utilizado para dirimir diferentes
disputas y estaba relacionado con la legitimidad de los gobernantes. Sin embargo, el significado
del sacrificio representado en la cancha sur aún no ha sido dilucidado por completo. La cancha
norte también contiene bajos relieves con imágenes rituales.
Número 10. El culto al pulque, intoxicación sagrada con bebida potencialmente alucinógena
antes del sacrificio. El pulque era una bebida supremamente importante en El Tajín,
formando parte de sus ritos y ceremonias. Dos de las numerosas canchas para el juego
de pelota encontradas en el yacimiento arqueológico contienen paneles con notables
representaciones. Destaca la cancha sur, que muestra a dioses del inframundo, y un jugador
que es decapitado ritualmente para llegar hasta las deidades a pedir pulque, lo que significa
que los tajinenses creían que la bebida tenía un origen divino. El dios del pulque aparece
representado de varias formas en los paneles finales de la cancha sur. En uno de los paneles,
un personaje vestido de águila aparece sentado sobre un recipiente para líquidos, posiblemente
mientras es alimentado por una mujer. En otro panel deteriorado, aún es posible observar a dos
figuras, una sentada en un trono y otra junto a una tina de pulque. Todas estas representaciones
ilustran la importancia del pulque y su ideidad asociada en la vida de El Tajín.
11. Más del 50% de la ciudad sigue enterrada bajo la selva
Se estima que todo lo descubierto hasta ahora en El Tajín corresponde a menos del 50% del
sitio, por lo que más de la mitad aún espera ser despojado del manto selvático y desenterrado
Los expertos estiman que la ciudad-estado se extendió por un área de cerca de 10
kilómetros cuadrados, pero la mayor parte se encuentra sepultada en la jungla,
y los lugares que hoy se pueden conocer representan sólo una fracción del yacimiento.
Estos lugares abiertos a los turistas y estudiosos de la época prehispánica abarcan la pirámide de
los nichos y el llamado Tajín Chico, que abarca numerosos inmuebles, incluyendo el
edificio de Las Columnas. También están abiertas a los visitantes las canchas para
el juego de pelota norte y sur, las más importantes entre las 21 descubiertas.
Un espectáculo infaltable es el de los voladores, que se presenta en la entrada
del sitio cada media hora durante el horario de visitas.
12. El cambio climático medieval pudo destruir la civilización. La ciudad
del trueno murió por exceso de agua. En el siglo X comenzó en Europa el llamado
periodo cálido medieval, que se extendió hasta el siglo XIV. Esta época excepcionalmente calurosa
fue beneficiosa para los europeos. Temporadas de cultivo más largas, crecimiento poblacional,
expansión vikinga a Agroinlandia, construcción de catedrales, ya que luego vino la pequeña
edad de hielo en los siglos XIV y XIX, que trajo hambrunas, plagas y crisis.
Se ha propuesto que este cambio climático se reflejó en México en grandes inundaciones,
que colapsaron las ciudades, marcando el inicio de su periodo de decadencia y abandono.
Actualmente, los estudiosos combinan informaciones procedentes de fuentes clásicas,
especialmente investigaciones in situ, con datos obtenidos con la tecnología de
teledetección LIDAR, para tratar de establecer los motivos por los que las ciudades precolombinas,
como el Tajín, fueron abandonadas. La pirámide de los nichos y la cancha sur para el juego de
pelota se encuentran entre los edificios más tardíos del Tajín, y según la arqueóloga
Patricia Castillo, si tomamos en cuenta que eran medios de contacto con lo divino, con el sol,
el agua y el viento, debieron erigirlas buscando el equilibrio de un ambiente natural que estaba
trastocado. Número 13. La gran Xicalcoluqui. Un caracol cósmico de 12.000 metros cuadrados,
único en toda Mesoamérica. La Gran Xicalcoluqui, o Gran Creca del Tajín,
es un muro escalonado en espirales, de 360 metros de longitud y unos 12.000 metros cuadrados de
superficie, que representa a un caracol de mar cortado. Ha sido interpretado como una
representación de Quetzalcóatl, como la deidad del movimiento y el viento. El muro delimita un
amplio espacio con varias edificaciones, incluyendo dos canchas para el juego de pelota. La obra es
uno de los mejores ejemplos mesoamericanos en el uso de la Xicalcoluqui, diseño llamado también
Greca y traste escalonado, frecuente en el arte y otros campos culturales de Mesoamérica.
El Xicalcoluqui está formado por tres o más pasos conectados con un enganche,
y ha estado presente en el diseño mexicano y mesoamericano desde el periodo precolombino
hasta la actualidad. Ejemplos de la época prehispánica se encuentran en elementos
de la arquitectura, murales, esculturas, cerámicas, joyas, máscaras, códices y
trabajos con plumas. Número 14. Trece Conejo. El gobernante que apareció de la nada,
se proclamó Quetzalcóatl, y su linaje desapareció con la ciudad. Ilustraciones
de El Tajín muestran la historia de Trece Conejo, un misterioso gobernante de la ciudad,
que probablemente ordenó la construcción de varios edificios importantes, y cuya estirpe
terminó con el abandono de la ciudad. El principal dios de El Tajín era Quetzalcóatl,
por lo que no es de extrañar que Trece Conejo se proclamara la encarnación de la deidad,
como lo hicieron otros gobernantes mexicanos antes y después de él. El edificio de las
columnas alberga bajorrelieves que celebran a Trece Conejo, por lo que éste quizá fue
el constructor. En una sección aparece el nombre del gobernante y el de un colaborador
identificado como H4. Los participantes en la procesión sujetan por el pelo a personas
cautivas. Número 15. Mapas coloniales llaman al sitio
Mictlán. La ciudad entera pudo ser un portal al inframundo. Un conjunto de mapas nativos
fechados durante el periodo de la Conquista Española sugieren que la ciudad pudo haber
recibido el nombre de Mictlán, o lugar de los muertos en la época. Los mapas fueron
encontrados en Tihuatlán, localidad situada a 42 kilómetros al norte del sitio de El
Tajín. La identificación de un punto como Mictlán no es extraña en México para sitios
de los cuales se desconoce su nombre antiguo. El nombre Mictlán también aparece en un registro
de tributos que más tarde fue incluido en el Códice Mendoza, un codice azteca fechado
en torno a 1541, ya iniciado el periodo virreinal. Esta referencia a Mictlán ha sido asociada
con una definición totonaca del Tajín, como lugar de los seres o espíritus invisibles.
El nombre Mictlán está relacionado con el de Mictlantecutli, o señor del lugar de los
muertos, el Nenganagua, el dios del inframundo de Aztecas, Mixtecas y Zapotecas.
Número 16. El Tajín tiene su propia escritura jeroglífica y nadie puede leerla
Los jeroglíficos del Tajín forman parte de los sistemas de escritura no descifrados,
así llamados porque ninguna propuesta de desciframiento ha alcanzado una amplia aceptación
entre los especialistas. La mayoría de los ejemplos son antiguos, pero una pequeña cantidad
es de la Edad Media Occidental o de la moderna. En varios casos, las evidencias son demasiado
pocas para establecer si los signos representan un sistema de protoescritura, de escritura
o no lingüístico. Las principales dificultades para el desciframiento
suelen ser las limitaciones en la cantidad de texto jeroglífico disponible, la ausencia
de una traducción a un sistema de escritura conocido que permita hacer la equivalencia
o la falta de otros anclajes externos. En el caso de los jeroglíficos del Tajín,
todas estas restricciones están presentes. Sólo se cuenta con un cuerpo de texto reducido,
especialmente en el edificio de las columnas y en algunos paneles de una cancha para el juego de
pelota. Número 17. Usaban azul maya traído desde Yucatán y Sinabrio de Guerrero, redes comerciales
de cientos de kilómetros. El azul maya fue una pintura creada por esa cultura, mezclando el
mineral paligorskita, también conocido como atapulgita, con un pigmento vegetal obtenido
del índigo. En principio, se creyó que este azul había sido usado exclusivamente por los mayas,
hasta que se descubrió que también fue utilizado en el Tajín y otros lugares.
Esto indica que los tajinenses comerciaban con ciudades situadas a cientos de kilómetros,
como las localizadas en la región maya de la península de Yucatán. Para el color rojo,
los artistas del Tajín empleaban el sinabrio o vermellón, un sulfuro de mercurio procedente
del actual estado de Guerrero, otro lugar alejado que ilustra sobre las extensas rutas
comerciales de las que formó parte la civilización veracruzana. Uno de los inmuebles del Tajín es el
Templo Azul, en el que se utilizó repetidamente el azul maya en sucesivos mantenimientos realizados
a lo largo de la existencia de la ciudad. Número 18. La cornisa volante. Un elemento
arquitectónico que no existe en ningún otro sitio del mundo prehispánico. El Tajín sobresale por
su elaborada arquitectura, la alineación astronómica de sus edificios y la influencia
que ejerció en la región del Este de México, de la que fue el epicentro. Los monumentos bien
conservados y las particularidades arquitectónicas del sitio veracruzano proporcionan una magnífica
perspectiva sobre una época que fue crucial en la transformación del México prehispánico.
La construcción precolombina mexicana y mesoamericana se caracteriza por el uso
masivo de taludes, plataformas y cuerpos piramidales, pero el Tajín añadió en varios
de sus edificios la cornisa volada, un elemento arquitectónico que no se ha encontrado en ningún
otro sitio del mundo prehispánico. En la pirámide principal del yacimiento, los nichos ocupan el
espacio que los tableros tienen en otras composiciones arquitectónicas mexicanas,
y se encuentran unidos a una cornisa superior, que va creciendo progresivamente hacia afuera en
los distintos niveles piramidales, de manera que pareciera estar en el aire. De allí el
nombre de cornisa volante o volada. Número 19. Colonia,
socia o heredera de Teotihuacán, la conexión con el imperio más poderoso de Mesoamérica.
Aunque durante el apogeo del Tajín, Teotihuacán ya había sido abandonada,
la cultura cercana a la costa este de México, muestra notables influencias de la misteriosa y
poderosa civilización, que se asentó en el Valle de México y decayó hacia la primera mitad del
siglo VIII. De manera que existe un debate sobre si el Tajín fue aliada, tributaria o heredera de
la cultura teotihuacana. Durante su periodo de mayor esplendor, el Tajín enfrentó el desafío
de un escenario político, con numerosos microestados que competían entre sí por
ocupar el espacio dejado por los teotihuacanos. Y si bien los desarrollos tajinenses estuvieron
influidos por la cultura de las Tierras Altas, del centro de México, el Tajín también muestra
los impactos de sus relaciones con otras civilizaciones. En este marco, el Tajín
sobresalió como el centro principal del comercio de obsidiana en su región de influencia, recurso
que procedía del Valle Central de México. Así, la cultura teotihuacana impregnó a la del Tajín
y a varias otras. Número 20. En 2023 encontraron la primera tumba real del sitio, con túneles para
visitar al muerto. En 2023 se informó del hallazgo de una tumba construida para un gobernante tardío
del Tajín, el primer monumento funerario encontrado en el sitio arqueológico veracruzano. A pesar de
que la tumba fue encontrada vacía, los investigadores pudieron rastrear residuos orgánicos y un ADN
antiguo en el piso. Dos momentos trascendentales relacionados con los ritos funerarios del Tajín
eran el entierro del cadáver y la exhumación de los huesos. Es posible que no pasaran muchos
años entre el entierro y el desentierro, y se buscaba remover todas las partes, incluso el
esqueleto. Las reliquias eran guardadas y utilizadas para simbolizar una relación con el muerto. Para
los aspirantes a gobernar, y los gobernantes mismos, tener estas reliquias constituía parte
importante del origen de su legitimidad. El ADN antiguo fue encontrado en bajas concentraciones,
pero en el rango de calidad aceptable. La muestra fue analizada en el laboratorio Macrogen de Corea
del Sur, que estableció la procedencia humana del ADN. Número 21.
La danza de los voladores codifica el ciclo de 52 años. Cuatro hombres por trece vueltas es igual
a la rueda calendárica. En la danza de los voladores, cuatro hombres jóvenes, que simbolizan
los puntos cardinales, trepan a lo alto de un palo y descienden dando trece vueltas hasta llegar al
suelo. Numerosos pueblos indígenas mexicanos realizan esta danza relacionada con la fertilidad
y la renovación, muy apreciada por los turistas. Los cuatro danzantes y las trece vueltas que dan
entrañan un simbolismo. La multiplicación de cuatro por trece resulta en cincuenta y dos,
el número de años de la rueda calendárica maya, uno de los objetos prehispánicos mexicanos más
conocidos y reproducidos. Para los indígenas prehispánicos, el ciclo de 52 años era más
importante que los años mismos. La rueda calendárica permite interpretar infinitamente
una serie de periodos de 52 años. Se desconoce su nombre en lenguas mayas, pero los mexicas la
llamaban chihuenelpichi en náhuatl, palabra que ha sido traducida como anudado de los años.
Cada 52 años, las civilizaciones de México y Mesoamérica celebraban ceremoniales importantes.
Los mexicas realizaban la ceremonia del Fuego Nuevo.
Número 22. Tajinchico. Una acrópolis orientada a 60 grados al sur y nadie sabe por qué. Por
sus características arquitectónicas, se pensaba que el Tajín había sido dividido en dos zonas,
una al sur, más antigua, y otra al norte, más nueva, conocida como Tajinchico.
El Tajinchico fue erigido en una meseta elevada, con sus inmuebles a lo largo de
un solo eje y con todos los edificios en un ángulo de 60 grados hacia el área sur.
Se desconoce el motivo por el que se utilizó esta singular disposición arquitectónica,
pero ahora se sabe que el Tajinchico formaba parte del centro de la ciudad.
El Tajinchico albergaba una enorme acrópolis formada por numerosos palacios y otros edificios,
aunque con pocos templos. Fue llamado Tajinchico cuando se creía que era una área relacionada,
pero aparte, la expresión ha quedado asentada en el vocabulario sobre el sitio. Desde el punto
más alto del Tajinchico domina el edificio de las columnas. Posiblemente el Tajinchico fue
construido por razones de seguridad, ya que por su elevación era más fácil de defender.
Número 23. 12 dioses del trueno aún habitan las ruinas, según los Totonacas,
y el nombre original de la ciudad se perdió. Posiblemente el Tajín no fue fundada por los
Totonacos, pero esta etnia fue la más influyente en la vida de la ciudad. El pueblo Totonaca ha
vivido principalmente en el actual estado de Veracruz, la región de la costa y el norte de
Puebla, y actualmente se estima su población en unos 450.000 indígenas. Entre los principales
centros urbanos poblados por los Totonacas estaba el Tajín, señalado como el máximo
exponente de su cultura, y se les acredita la fundación de Papantla y Semboala.
Tajín es una palabra Totonaca asociada con trueno, relámpago y rayo. El nombre
antiguo de la ciudad prehispánica se perdió, pero según documentos mexicas era Meclán. El
Códice Mendoza aporta otra definición, lugar de los seres o espíritus invisibles.
Los Totonacos de la época precolombina y del Virreinato creían que por los templos, palazos
y demás edificios del Tajín circulaban 12 antiguos dioses relacionados con truenos,
centellas y tormentas. Muchos de los indígenas actuales piensan que estas deidades continúan
habitando las ruinas del sitio arqueológico. Número 24. Los habitantes del Tajín fueron
los primeros en domesticar la vainilla en el mundo. Resulta difícil imaginar la repostería
actual sin la vainilla, y esta orquídea, la única que se cultiva en el mundo con fines
industriales, fue domesticada en México. Los Totoracos, a los que la tradición asocia como
los primeros productores de vainilla, continúan enorgulleciéndose de ese legado.
De acuerdo con la Obra Producción de Vainilla Mexicana de Juan Hernández,
a mediados y finales del siglo XVIII, los Totonacos de la región de Papantla,
en el estado de Veracruz, fueron los primeros y únicos exportadores de vainilla durante casi
100 años, en parte por la calidad excepcional de la vainilla que se produjo. En el mural El Tajín,
de Diego Rivera, aparecen indígenas Totonacas ofreciendo un tributo de vainilla a los aztecas,
quienes no podían sembrar la planta en el antiplano central, porque no prosperaba debido
al clima y la altitud. Es posible que los Totonacos del Tajín hayan sido los domesticadores de la
vainilla. Número 25. Conexiones inexplicables con el mundo maya, a más de 1500 kilómetros
de distancia. El Tajín muestra la influencia maya en sus edificios y obras de arte. Las
balaustradas de la escalera de la pirámide, de los nichos, están ornamentadas con motivos
parecidos a los de la pirámide maya de Copal, en el actual Honduras, y el conjunto presenta
un diseño que recuerda al monumento hondureño. Esta conexión de dos sitios separados por más
de 1500 kilómetros es sorprendente y no ha sido explicada. Igualmente, resulta destacable que
una estela descubierta en la pirámide del Tajín muestra la figura de un gobernante al pie del
monumento, un motivo artístico utilizado por los mayas. Asimismo, los bajos relieves del
edificio de las columnas, en Tajín Chico, alusivas al gobernante 13 Conejo, recuerdan
el estilo maya de la ciudad de Uxmal. Las hornas sinas de la pirámide de los nichos,
aparte de representar el año astronómico, presentan decoraciones relacionadas con la
lluvia y la fertilidad, motivos similares a los de los mayas. Número 26. La ciudad entera es un
y Tlaloc de la lluvia. Estos dos dioses representaban el equilibrio y la vida en la
tierra, incluyendo sus seres vivos, corrientes de agua y elevaciones naturales, que los prehispánicos
americanos creían que también estaban dotados de almas. Se afirma que la ciudad entera fue
construida como una concepción del universo, reflejando la dualidad representada por los
dos dioses principales. Los nativos mesoamericanos creían que por su condición de seres dotados de
alma, los elementos naturales del entorno solo podían utilizarse con orden y respeto,
y con la conformidad de los seres supremos universales. Este orden y respeto incluía
no matar a un animal si no iba a consumirse, y no talar un árbol si no iba a utilizarse.
Número 27. El Grupo Arroyo, una de las áreas más antiguas de la ciudad y su mercado. El
Grupo Arroyo de El Tajín recibe ese nombre porque está delimitado en tres de sus lados por pequeñas
corrientes de agua, siendo un área de más de 8.000 metros cuadrados, una de las más antiguas
de la ciudad. Cuenta con una plaza flanqueada por cuatro altas edificaciones que sobresalen
sobre el resto, los edificios 16, 18, 19 y 20, que se distinguen por su simetría y alturas
similares. A diferencia de la pirámide de los nichos, las hornacinas de los templos de esta
zona de la ciudad no están tan bien acabadas. Se cree que la plaza, por su amplitud, era el
mercado principal de la ciudad, que se estima que llegó a tener cerca de 20.000 habitantes.
Esta hipótesis es sustentada por una escultura situada en el área, que tiene características
parecidas a las de una deidad relacionada con el comercio.
28. En el mercado se vendían pieles de jaguar, vainilla y esclavos.
El mercado de El Tajín era un amplio espacio repleto de puestos de venta instalados con palos
y telas, en los que se vendían desde los productos básicos, como maíz, frijoles y cacao, hasta cosas
más valiosas, algunas de lejana procedencia, como pieles de jaguar, plumas de quetzal y guacamaya,
llaves exóticas, como loros. La vainilla local igualmente era un bien transado en el mercado
de El Tajín. Este lugar también era el punto de venta de
esclavos para el servicio y el sacrificio. Al oeste de esta zona había un área con
numerosas esculturas que, según las evidencias, fueron destruidas o vandalizadas después
de que la ciudad cayó. Probablemente varias de estas obras de arte fueron reutilizadas
como material de construcción.
9. Un salón de audiencias en El Tajín Chico.
El edificio C del Tajín Chico sigue siendo en buena medida un misterio. No era un templo,
pero su propósito no está del todo claro, aunque se cree que pudo haber sido un lugar
utilizado por gobernantes y sacerdotes para escuchar peticiones y recibir visitantes.
Su tejado era de unos 150 metros cuadrados y el edificio contaba con dos aposentos hacia
el oeste y una sala principal con cinco pilares que se abría hacia el este.
30. El edificio más majestuoso de El Tajín.
Si bien la edificación más popular de El Tajín es la Pirámide de los Nichos, su vecino,
el edificio 5, no se deja opacar por las singularidades del famoso cuerpo piramidal y es considerado
el inmueble más majestuoso del sitio arqueológico.
Este edificio situado en el centro del complejo es una imponente pirámide truncada que se
eleva desde una plataforma de más de 3.000 metros cuadrados de superficie. La parte superior
tiene dos plataformas, ambas ornamentadas con trastes escalonados.
31. Festival Cumbre Tajín.
Cumbre Tajín es un festival musical y cultural que se realiza anualmente en marzo en El Tajín,
en coincidencia con el equinoxio de primavera en el hemisferio norte. El evento de tres días
es una fiesta de identidad de los totonacos, aunque se ha ido convirtiendo en una celebración
multicultural con participantes de diversas partes del mundo, incluso del Tíbet. Por
el festival han pasado, entre otros, Alejandra Guzmán, Fito Páez y Los Tigres del Norte.
Aparte de conciertos, incluye encuentros de voladores, teatro, experiencias de temazcales,
talleres, visitas diurnas y nocturnas al sitio arqueológico y festivales gastronómicos
y artesanales.
Cumbre Tajín 2026 está programado entre el 20 y el 22 de marzo e incluye actividades
en el sitio arqueológico, el Parque Taquilezúcut, situado frente al yacimiento Yempapantla.
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misterios sin resolver del Tajín, ciudad del relámpago.
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Recuerda, un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla.
