TOP 9 años más terroríficos que nunca desearías repetir

Relatos Históricos
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29 abr 2026
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En este vídeo hemos reunido los nueve peores momentos de la historia y cada quien decidirá cuál ha sido el peor.
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Los 9 peores años para estar vivo en toda la historia.
Algunos opinan que el peor momento para vivir en la Tierra fue el periodo comprendido aproximadamente
entre 1346 y 1356, cuando la epidemia de peste negra, la peor tragedia en la historia de
la humanidad en términos proporcionales, se abatió sobre Europa, matando al 60% de
la población europea.
Hay quienes piensan que la peor época para estar en este mundo fue en 1918, cuando la
epidemia de gripe española mató a entre 50 y 100 millones de personas.
Otros creen que ese momento fue mucho más antiguo, hace 74.000 años, cuando la erupción
del monte Toba en Sumatra sumió en el caos y la oscuridad a los primeros humanos.
En este video hemos reunido los 9 peores momentos de la historia, y cada quien decidirá cuál
ha sido el peor.
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Año 1933, la gran hambruna ucraniana.
En 1933, el líder máximo de la Unión Soviética, Joseph Stalin, decidió dar una elección
brutal al rebelde pueblo de Ucrania, que evitaba incorporarse al programa de colectivización
forzosa de tierras, e insistía en seguir utilizando su lengua y sus tradiciones en
contra de la rusificación impuesta por el Estado Comunista.
La elección fue una hambruna planificada, organizada y ejecutada por el Estado Soviético,
un episodio que los ucranianos llaman Olodomor, que significa matar de hambre, y que en efecto
mató a cerca de 6 millones de personas.
La hambruna fue realizada despojando por la fuerza al campesinado ucraniano de los alimentos
de subsistencia, las semillas para siembra y los aperos de labranza, y cerrando los campos
de cultivo, dejando a la población totalmente inerme.
Ejemplos de historias de sobrevivientes del Olodomor se comían a sus familiares.
Un fenómeno inimaginable y aterrador del Olodomor fue el comer carne de otros humanos,
como un nivel extremo de desesperación y trastorno mental debido al hambre.
María Adrivivna Tilna, una ucraniana superviviente, testigo ocular del Olodomor, dijo en un testimonio.
Una anciana se comió a su hijo.
La mujer era vieja, pero se comió a su bebé.
Así fue en 1933.
Se quedó grabado para siempre en mi mente.
Esa mujer sobrevivió, pero no vivió mucho.
Su sobrina la llevó a su casa y le reprochó.
Te comiste a tu hijo.
La gente sobrevivió comiendo el alimento para el ganado.
Al no tener nada para comer en los campos cerrados, los ucranianos tenían que subsistir
con cualquier alimento que tuvieran a mano.
Los sustitutos alimenticios consumidos, muy bajos en nutrientes, a menudo resultaban muy
peligrosos para la salud, y no era raro que alguien muriera por causa de ellos.
No comíamos melaza porque no nos la permitían, así que comíamos pulpa de remolacha.
Sabes, la pulpa para alimentar a las vacas.
Robábamos la pulpa de remolacha, que era muy agria y nos estaba acarcomiendo el hígado.
Señaló María.
Los bebés eran los primeros en morir.
Katerina Buriak, una superviviente que después pudo escapar al Reino Unido, donde murió
con casi 85 años en la ciudad de Bradford, dijo en 2008.
Éramos seis en nuestra familia.
Mi madre, mi padre, dos hermanas, un hermano y yo.
Recuerdo que no había nada para comer.
Caminé y caminé por todas partes con mi hermano buscando ramas y arbustos para alimentarme.
Mi hermana Oksana, de ocho meses, fue la primera en morir porque mi madre no tenía leche para
alimentarla.
Después murió Alina, mi hermana de tres años, seguida de mi hermano mayor Philip,
que nació en 1923.
Y añadió, mi madre no dejaba de decirle a mi padre que fuera a trabajar a la granja
colectiva, donde al menos recibiría algo para comer.
Sin embargo, él dijo que prefería morir antes que trabajar allí.
Lamentablemente, eso fue lo que sucedió.
Murió dejándonos solas a mi madre y a mí.
Mi madre se fue a trabajar a Alcolhos y me dejaba sola todo el día.
Al menos regresaba a casa al final de cada día con una taza de comida.
Ambas sobrevivimos.
Año 1347, La Peste Negra
Entre los años 1346 y 1356, se extendió por toda Europa la mayor calamidad de la historia,
que se cree que mató a unos 50 millones de personas, aunque su nombre de Peste Negra
fue acuñado más adelante.
Algunas ciudades europeas como Florencia perdieron hasta el 80% de su población, lo que llevó
al poeta florentino Petrarca a escribir lo siguiente.
Oh, feliz posteridad, que no experimentará tan abismal dolor y considerará nuestro testimonio
como una fábula.
El poeta sobrevivió a la epidemia, no así su amada Laura.
Un clonista florentino de la época escribió.
Todos los ciudadanos no hacían otra cosa que llevar los cadáveres para enterrarlos.
En cada iglesia cababan fosas profundas hasta el nivel del agua, y así, los pobres que
morían durante la noche eran rápidamente abrigados y arrojados a la fosa.
Por la mañana, cuando se encontraban muchos cadáveres en la fosa, tomaban un poco de
tierra y la echaban encima con paladas.
Luego colocaban otros encima, y luego otra capa de tierra, como se hace en una lasaña
con capas de pasta y queso.
Causante de la Peste Negra
La Peste Negra fue una epidemia de peste bubónica causada por el vacilo Yersinia pestis, alojada
en pulgas que a su vez colonizaban las ratas.
Las ratas viajaban de una ciudad a otra en los barcos mercantes, asegurando la propagación
de la enfermedad.
Una vez que mataban a sus huéspedes roedores, las pulgas hambrientas se volvían contra
los humanos, infectándoles la peste.
Desde el punto de la picadura, el contagio se extiende a un ganglio linfático, que se
hincha y forma un bubón doloroso, que suele ubicarse en una axila, la ingle, el cuello
o un muslo, de donde proviene el nombre de peste bubónica.
El periodo de incubación duraba entre 3 y 5 días, y seguido de otro lapso similar de
enfermedad, hasta que las personas morían.
Una Mortandad Sin Igual
Un estudio detallado de la información demográfica europea disponible a mediados del siglo XIV
y de las incidencias de la peste, estableció dos características notables para la enfermedad.
Su nivel extremo de letalidad y la uniformidad de la mortalidad en las distintas regiones
europeas.
Los datos son lo bastante numerosos y amplios como para considerar que, probablemente la
peste mató a un 60% de la población que Europa tenía al comienzo de la epidemia.
Como en general se supone que en los tempranos años 1340, Europa tenía una población de
80 millones de habitantes, el índice de mortalidad del 60% para la enfermedad implica que mató
a unos 50 millones de personas.
Tal mortandad eclipsa incluso los horrores de la Segunda Guerra Mundial, y los del Gran
Salto Adelante, y la revolución cultural del maoísmo en China.
Como proporción de la población que perdió la vida, la peste negra causó una mortalidad
sin igual en la historia.
Año 1600, Erupción del Volcán Huayna Putina, Perú
El 19 de febrero del año 1600 entró en erupción en los Andes peruanos, el volcán Huayna Putina,
lanzando cenizas hasta Canadá.
Esta erupción superó a la del Vesubio, y afectó el clima y la agricultura en Europa,
incluso hasta Rusia.
El volcán, situado a 4850 metros sobre el nivel del mar, expulsó 14 kilómetros cúbicos
de cenizas, lava y material volcánico, hasta una altura de 30 kilómetros, sepultando a
por lo menos una decena de poblados cercanos, y matando a un estimado de 1500 personas.
El Huayna Putina, que significa joven volcán en lengua quechua, afectó principalmente
a las regiones peruanas de Arequipa, Tacna y Moquegua, y otras áreas del país, así
como a parte de los actuales territorios de Bolivia y Chile.
Recientemente el presidente del Instituto Geofísico del Perú, Hernando Tavera, expresó
El año 1600 ha quedado registrado para América del Sur por haber sido testigo de una de las
explosiones volcánicas más importantes del mundo, quizás el más grande proceso eructivo
de un volcán, al menos de Suramérica.
La erupción provocó hambre en Rusia.
Las ciudades grandes más cercanas, como Moquegua y Arequipa, quedaron cubiertas por una gruesa
capa de humo y ceniza, y el material volcánico contaminó las aguas del río Tambo.
La erupción se mantuvo al menos durante un mes, y los relatos de la época indican que
Arequipa estuvo a oscuras y sin poder ver ni el sol ni las estrellas, por lo que el
día se hacía casi indistinguible de la noche.
En el mundo, las evidencias más claras de la erupción del Huayna Putina se han encontrado
en los bosques canadienses.
Igualmente crónicas de comienzos del siglo XVII mencionan hambrunas que ocurrieron en
entre 1601 y 1603, que habrían tenido relación, porque las temperaturas a nivel global disminuyeron
hasta 2 a 3 grados en algunas zonas, agregó Tavera.
La erupción alteró la atmósfera y ocasionó una disminución de las temperaturas en todo
el hemisferio norte, provocando también una caída de la producción de alimentos en Alemania.
Un estallido más potente que el del Vesubio
Tavera apuntó, si las erupciones volcánicas son medidas en una escala de 0 a 8, la explosión
del Huayna Putina alcanzó el número 6.
En el momento más crítico, la fumarola alcanzó la parte alta de la atmósfera, lo que hizo
posible que las cenizas volcánicas se mantuvieran en el aire, dando vueltas de un lugar a otro
durante más de un año.
La erupción del Huayna Putina fue más poderosa que la del Vesubio, que sepultó las ciudades
romanas de Pompeya y Herculano, en el año 79 a.C.
Que Tavera cataloga como de nivel 5, el estallido del volcán peruano dejó un inmenso cráter
a 4.200 metros sobre el nivel del mar.
De manera similar al Krakatoa, que estalló en Indonesia en 1883, destruyendo la isla
de Rakata en un 70%, las evidencias de la erupción del Huayna Putina, consistentes
en residuos piroclásticos, han sido localizadas más de 400 años después del acontecimiento,
en árboles canadienses.
Cuando han talado árboles han encontrado que en algunos anillos se encuentra ceniza
volcánica que, después de la datación, corresponden a este volcán, agregó Tavera.
Año 1785, sequía en México
Entre 1785 y 1786, el territorio mexicano, entonces gobernado por el Virreinato de la
Nueva España, sufrió la sequía más devastadora de su historia conocida, un periodo que fue
llamado el Año del Hambre.
La brutal sequía desencadenó una crisis alimentaria y se combinó con tormentas fuera
de temporada y brotes de enfermedades que convirtieron cada día en una lucha tenaz
por sobrevivir.
Esta situación produjo malestar social y el debilitamiento del gobierno del Virrey
Bernardo de Galves y Madrid.
Durante el periodo, las lluvias se redujeron hasta la casi inexistencia y los ríos quedaron
con sus cuencas casi vacías.
La falta de agua arruinó las cosechas de maíz y demás especies vegetales asociadas
con la milpa mexicana, como calabazas, frijoles, chiles y quelites, lo que generó una hambruna
en la que murieron unas 300.000 personas.
La mayoría de las pocas lluvias fueron bajo la forma de ciclones tropicales, calamidades
que dejaron de estar confinadas a sus temporadas anuales para manifestarse fuera de época,
arruinando cosechas, destruyendo infraestructuras y provocando inesperadas inundaciones en algunas
regiones.
Epidemias de viruela, cólera y tifus se propagaron más fácilmente entre los organismos débiles
y desnutridos.
Migración interior
El Año del Hambre afectó a todos los estratos poblacionales de la Nueva España, pero con
más énfasis en las clases de menores recursos, que pasaron hambre, enfermedades y penurias
en grandes proporciones.
Sin nada que comer en las zonas rurales, muchas familias campesinas se trasladaron a las ciudades,
donde apenas si podían sobrevivir por su pobreza.
Las grandes ciudades de la época, como la Ciudad de México, Guadalajara, Guanajuato,
Morelia y Chihuahua, se saturaron de campesinos migrantes, que llegaban desesperados, muertos
de hambre y sin techo, para disgusto de la población establecida.
Hasta cierto punto las autoridades proporcionaron comida y techo a los recién llegados, en
una cruzada contra el hambre, así como empleos a los hombres en la construcción de obras
públicas, pero estas medidas apenas fueron un alivio para el drama, sin embargo, esta
disponibilidad de mano de obra barata, dio un impulso a la construcción de obras como
palacios y el empedrado de las calles.
Cambios en la dieta
La cruzada contra el hambre liderada por el gobierno virreinal, promovió ciertos cambios
en la dieta mexicana, que empezaron a manifestarse en los años siguientes.
Hasta el año del hambre, los españoles, criollos y mestizos urbanos, consumían pocas frutas
y verduras, alimentos que eran vistos con cierto desdén, como comida de campesinos,
quienes las consumían en abundancia, a menudo sin más opción.
Después del periodo del hambre, alimentos como tunas, nopales, verdolaga y otras especies
vegetales, con muy poca demanda en las ciudades, empezaron a abrirse un mayor espacio en la
dieta mexicana.
Otros alimentos, como arroz, trigo y lentejas, también empezaron a popularizarse, arrebatando
al maíz y los frijoles un pequeño trozo en su cuasi-monopolio de la alimentación
popular mexicana.
Año 1816, el año sin verano
El año de 1816 es conocido como el año sin verano, por la aguda disminución de las temperaturas
medias en todo el planeta, causada por anomalías climáticas.
En Europa, las temperaturas veraniegas de 1816 han sido las más bajas desde el año
1766, lo que ocasionó una escasez de alimentos en todo el continente y el hemisferio norte,
por la pérdida de cosechas.
Las evidencias sugieren que el descenso de la temperatura fue consecuencia de un evento
volcánico ocurrido en abril de 1815, en el monte Tambora, en la actual isla indonesia
de Subwawa, entonces perteneciente a las indias orientales holandesas.
La erupción del Tambora ha sido la mayor en al menos 1300 años, y se unió al estallido
del volcán filipino Mayon, en 1814, para hacer descender la temperatura por intermedio
de la ceniza y el material volcánico que bloquearon los rayos solares.
En 1816, Europa apenas estaba recuperando de los estragos causados por las guerras napoleónicas,
y Francia y el Reino Unido sufrieron grandes penurias, haciéndose habituales los disturbios
por alimentos.
Impacto en Europa
Las cosechas europeas ya habían sido malas a lo largo de los primeros años de la década
de 1810, y el golpe final se produjo en 1815 por la erupción del Tambora.
Un continente diezmado por las guerras napoleónicas se vio sumido en una escasez generalizada
de alimentos, que provocó la mayor hambruna del siglo XIX.
Los precios de los alimentos se dispararon en toda Europa, y como se desconocía que
la escasez había sido causada por una anomalía climática, la gente, hambrienta y desesperada,
protestaba frente a los mercados de granos y panaderías, y muchas ciudades sufrieron
disturbios.
Aunque estas turbulencias sociales eran habituales en tiempos de hambruna, los disturbios de
1816 fueron los más violentos en Europa desde la Revolución Francesa, casi dos décadas
antes.
Al hambre se sumó una epidemia de tifus, que comenzó en Irlanda y se extendió por
Escocia, Suiza e Italia, matando a 65.000 personas en las restantes islas británicas
y Europa continental.
Impacto en América del Norte
En la primavera y el verano de 1816, el este de Estados Unidos fue cubierto por una niebla
seca, que atenuaba la luz solar y le daba una coloración rojiza.
La niebla no se iba ni con la lluvia ni con el viento, y la menor intensidad de luz permitía
observar las manchas solares a simple vista.
William G.
Atkins, un historiador de Massachusetts, escribió sobre el desastre.
Todos los meses se producían heladas severas.
El 7 y el 8 de junio caía nieve y hacía tanto frío que se cortaban los cultivos,
llegando incluso a congelarse las raíces.
A principios de otoño, cuando el maíz estaba en la leche, se encontraba tan completamente
congelado que nunca maduraba, y apenas valía la pena cosecharlo.
Thomas Jefferson, ya retirado en Monticello, perdió sus cosechas y sus deudas crecieron.
El precio de la avena aumentó de 12 a 92 centavos por fanega entre 1815 y 1816.
Año 541, La Plaga de Justiniano
Durante el reinado del emperador Justiniano I el Grande, entre los años 527 y 565 de
la Era Común, se produjo en el Imperio Romano de Oriente uno de los peores brotes de peste
de la historia, que costó la vida a entre 25 y 50 millones de personas.
La peste llegó a la capital imperial, Constantinopla, en el año 542, procedente de las provincias
exteriores del imperio, y continuó devastando el mundo mediterráneo por otros 225 años.
La plaga se trasladó de Etiopía a Egipto, y luego a toda la región mediterránea, siguiendo
las rutas comerciales establecidas por el imperio.
La enfermedad no afectó el norte ni el interior de Europa, lo que sugiere que la portadora
de las pulgas de la peste era la rata negra, un roedor que prefería mantenerse cerca de
los puertos y los barcos.
La plaga tuvo tal extensión que ni el emperador Justiniano I se libró de ella, aunque sobrevivió
y le dio su nombre a la calamidad.
El tratamiento de los enfermos
Según sus recursos, los apestados tenían dos opciones, la atención médica o los remedios
caseros.
La medicina bizantina era una de las más adelantadas de la época, especialmente en
Constantinopla.
Los bizantinos realizaban estudios de medicina de 4 años en Alejandría, la ciudad más
adelantada en la materia, cuyos programas académicos se centraban en las enseñanzas
del médico griego del imperio romano Claudio Galeno.
Sin embargo, desconociendo el origen de la peste, era poco lo que los médicos podían
hacer, y a menudo sus remedios resultaban contraproducentes.
Si hubo un mayor índice de supervivencia en las clases altas, como el caso emblemático
del emperador, fue por una mejor nutrición y condiciones de higiene y de vida.
Los que no tenían acceso a un médico debían conformarse con los remedios caseros, que
incluían polvos bendecidos por los santos, baños de agua fría, anillos mágicos y otros
amuletos, y diferentes medicamentos, especialmente alcaloides.
Ninguno de estos remedios tenía efectos sobre la peste, pero cuando una persona lograba
sobrevivir, le atribuía su corazón a uno de ellos.
Consecuencias de la peste para el Imperio Bizantino
La amplia propagación y alta letalidad de la peste debilitó política económica y
militarmente al Imperio Romano de Oriente.
La falta de hombres en edad de trabajar y de combatir afectó sensiblemente la economía
y el ejército, lo que era conocido por los vecinos y enemigos de la entidad imperial,
desde los lombardos en Europa Occidental hasta los árabes en el Medio Oriente.
Esto condujo a la pérdida de territorios, principalmente por no poder contener las
invasiones árabes, menor poder territorial equivalía a menor influencia política.
La economía bizantina también quedó casi arruinada con la peste, por la falta de brazos
para trabajar en el campo, la menor disponibilidad de alimentos encareció los productos de la
dieta diaria.
Año 536, una niebla misteriosa
Science le preguntó al historiador medieval de la Universidad de Harvard, Michael McCormick,
cuál creía que había sido el peor año para vivir y respondió, 536.
No dijo 1349, cuando la peste negra estaba en su apogeo en Europa, ni 1918, cuando la
gripe española devastaba la población europea.
McCormick señaló que el año 536 fue el comienzo de uno de los peores periodos para vivir,
sino el peor año.
Una niebla de misterioso origen sumió a Europa y a Asia en una oscuridad permanente, día
y noche durante año y medio, pues el sol emitía su luz sin brillo, como la luna durante
todo el año, según escribió Procopio, un historiador bizantino.
Las temperaturas a mediados del año 536 se desplomaron entre 1.5 y 2.5 grados Celsius,
comenzando la década más fría de los últimos 2.300 años.
Resuelto el misterio de la niebla permanente del año 536
La caída de las temperaturas hizo fracasar las cosechas y la gente empezó a morir de
hambre.
Las crónicas irlandesas registran una escasez de pan entre los años 536 y 539.
Los europeos de la cuarta década del siglo VI no sabían cuál era la causa de la niebla
permanente que los estaba matando, pero los estudiosos de la época actual suponían que
se trató de una erupción volcánica que blocó los rayos solares con sus emisiones
de millones de toneladas de ceniza y humo.
Esta hipótesis ha sido corroborada recientemente por un estudio ultrapreciso del hielo de un
glaciar suizo realizado por un equipo dirigido por McCormick y el glaciólogo del Instituto
de Cambio Climático de la Universidad de Maine, Paul Majewski.
En noviembre del año 2018, el equipo informó que una erupción volcánica cataclísmica
en Islandia arrojó cenizas por todo el hemisferio norte a principios del año 536.
La información está en el hielo y en los árboles
Desde que los estudios de los anillos de los árboles sugirieron en la década de 1990,
los investigadores han buscado la causa sobre por qué los veranos en torno al año 540
fueron atípicamente fríos.
En 2015, testigos de hielo polar de la Antártida y Groenlandia proporcionaron algunas pistas.
Cuando un volcán entra en erupción, arroja azufre, bismuto y otros elementos y compuestos
a la atmósfera, donde forman un velo de aerosol que refleja la luz del sol devuelta al espacio,
enfriando la tierra.
Comparando el registro de estos rastros químicos del hielo con la información de los anillos
de árboles, un equipo dirigido por el vulcanólogo Michael Siegel descubrió que en los últimos
2.500 años, casi todos los veranos atípicamente fríos fueron antecedidos por una importante
erupción volcánica.
Hace 74.000 años, la catástrofe de Toba
Hace cerca de 74.000 años, el monte Toba, un volcán de Sumatra, experimentó una megaerupción,
una de las más poderosas en la historia del planeta, desencadenando probablemente una
masiva alteración del clima mundial.
Por algún tiempo se sospechó que esta supererupción había exterminado a la mayoría de los primeros
humanos, lo que explicaba la caída abrupta de la población que sugería las evidencias
genéticas.
Sin embargo, posteriores estudios concluyeron que la megaerupción del Toba no había sido
tan apocalíptica.
En cambio, una de estas nuevas investigaciones, realizada en el sitio etíope de Shinfa Metema,
encontró que la erupción de Sumatra generó unas condiciones áridas a las que los humanos
tuvieron que adaptarse y que pudo haber sido la principal causa de la migración del hombre
hacia el resto del mundo.
Dientes de mamíferos y cáscaras de huevos de avestruz para entender el clima
Para entender el clima de la época de la erupción, los investigadores analizaron los
niveles de los isótopos de oxígeno y carbono en dientes fosilizados de mamíferos y cáscaras
de huevos de avestruz, lo que reveló que los animales comían plantas que tenían más
probabilidades de crecer en condiciones más secas.
John Kappelman, antropólogo y geólogo de la Universidad de Texas, Austin, y jefe de
la investigación, explicó,
Los isótopos se encuentran incorporados en los tejidos duros.
En el caso de los mamíferos, observamos sus dientes, el esmalte de sus dientes, pero también
los encontramos en la cáscara del huevo del avestruz.
El análisis de la fauna y la flora del lugar también reveló una gran cantidad de restos
de peces tras la erupción.
El hallazgo quizá no deba sorprender por la proximidad de un río, pero los peces son
raros en otros yacimientos del mismo periodo.
Corredor verde o corredor azul
Después de toda, la gente multiplicó por cuatro su consumo de pescado, lo que es consistente
con la hipótesis de una mayor aridez, que redujo la producción de alimentos vegetales.
Los autores del estudio también especularon que con el clima más seco reducía el caudal
de los ríos, haciendo posible una más fácil captura de peces en las pozas y sitios de
represamiento de las aguas.
El equipo también teorizó sobre un posible corredor azul, a través del cual los primeros
humanos quizá migraron hacia el norte, una vez que el pescado ya no pudo sostenerlos.
Sin embargo, la mayoría de los modelos sugieren que las migraciones humanas principales se
realizaron durante las temporadas húmedas, por corredores verdes y no azules.
Año 1918, la gripe española
La peor calamidad de la historia en pérdidas de vidas ha sido la gripe española o epidemia
de influenza de 1918, que le causó la muerte a entre 50 y 100 millones de personas.
Una característica inusual de la epidemia del año 1918 fue que, a diferencia de otros
brotes gripales, que afectan principalmente a niños y ancianos, ésta atacó en mayor
proporción a jóvenes y adultos en buen estado de salud, así como a los animales, incluyendo
perros y gatos.
El brote de 1918 fue del virus de la gripe tipo A, subtipo H1N1, y todavía se debate
si se originó en China, en Estados Unidos o en la propia Europa.
Los primeros casos en Europa se produjeron al parecer en Francia, de donde pasó al Reino
Unido e Italia, más tarde a Alemania y por último a España.
Un nombre que es un equívoco
En plena Primera Guerra Mundial, los ejércitos beligerantes se apresuraron a ocultar la información
a sus ejércitos, y público en general por el temor de un desplome de la moral de combate
y de la retirada del apoyo de la opinión pública a la guerra.
Sucedió que siendo España un país neutral que no participó en la guerra, sus medios
de comunicación hablaron libremente de la pandemia, que fue llamada popularmente gripe
española, porque España parecía ser el único país afectado.
Cuando empezó a entenderse que la tragedia era global, ya los hospitales públicos y
militares estaban colapsados de infectados.
En mayo de 1918, el ejército alemán tuvo que interrumpir sus operaciones bélicas porque
tenía un millón de soldados enfermos.
Durante 1918 hubo dos oleadas, y se cree que el 75% de las muertes se produjeron durante
la segunda.
En 1919, el virus fue mucho menos letal porque la mayoría de los organismos habían desarrollado
los anticuerpos necesarios, por ello el brote del año 2009, que fue de un virus de la misma
familia H1N1, resultó mucho menos letal.
El único remedio que funcionó fueron las transfusiones de sangre.
En 1918 no había vacunas, y la humanidad estaba indefensa ante una cepa particularmente
agresiva.
Los médicos utilizaron todos los recursos a su alcance, incluyendo viejos tratamientos,
como sangramientos, y prescribiendo dosis enormes de aspirinas.
Sin embargo, la única acción que mostró algún éxito fueron las transfusiones de sangre
de personas curadas a nuevos enfermos, una estrategia que se volvió a aplicar durante
la crisis mundial de salud de 2020.
Una experiencia que dejó la epidemia de 1918 fue el uso obligatorio de la mascarilla, que
también sería replicada un siglo después.
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