La Mentira del Oscurantismo de la Iglesia Católica?

Relatos Históricos
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1 Visualizaciones de video·1 may 2026
Esa asociación entre Edad Media y oscurantismo fue popularizada por Petrarca y enraizó en la cultura popular, a pesar de que la historiografía moderna la considera parcialmente engañosa e inexacta.
En este video vamos a hacer un recorrido por la Edad Media, deteniéndonos particularmente en aquellos lapsos y acontecimientos por los que ha sido relacionada con la oscuridad y el oscurantismo.
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Cosas oscuras del oscurantismo en la Edad Media.
Hay acuerdo en que la Edad Media comenzó en el año 476 con la caída del Imperio Romano
de Occidente, pero existen pequeñas diferencias de tiempo en torno a su momento final.
Gran cantidad de historiadores sitúan el fin de la Edad Media y el comienzo de la Edad
Moderna en 1492 con el descubrimiento de América.
Otros postulan al año 1453 cuando cayeron Constantinopla y el Imperio Romano de Oriente,
momento que también coincide aproximadamente con otro hito trascendental de la historia,
el de la invención de la imprenta de tipos móviles.
Los historiadores que defienden que la Edad Media fue una época de atraso y oscurantismo
intelectual sitúan su final en el Renacimiento, aunque este acontecimiento tampoco tenga
una fecha precisa de inicio.
La propia Edad Media suele ser dividida en tres etapas, la Alta Edad Media, que culminó
en el año 1000, la Plena Edad Media, entre este momento y el siglo XIII, y la Baja Edad
Media, que habrían sido los dos últimos siglos del periodo.
Otros expertos no comparten la idea de la Plena Edad Media y defienden solo dos etapas,
Alta y Baja, con parte aguas en el año 1000.
De cualquier modo, existe bastante acuerdo en que las peores cosas ocurridas durante
el periodo de aproximadamente mil años de la Edad Media, que le han hecho portadora
de los calificativos de Oscura y Oscurantista, sucedieron en la Alta Edad Media.
Esa asociación entre Edad Media y Oscurantismo fue popularizada por Petrarca y anraizó en
la cultura popular, a pesar de que la historiografía moderna la considera parcialmente engañosa
e inexacta.
En este vídeo vamos a hacer un recorrido por la Edad Media, deteniéndonos particularmente
en aquellos lapsos y acontecimientos por los que ha sido relacionada con la Oscuridad
y el Oscurantismo.
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César Baronio le puso años oscuros al Oscurantismo en la Edad Media
El concepto de Edad Oscura para hacer referencia a la Alta Edad Media, y a menudo a todo el
Medievo, surgió en los años 1330, cuando el poeta y erudito italiano Petrarca comenzó
a referirse a los siglos posteriores al Imperio Romano de Occidente como oscuros, en contraste
con la luz de la Antigüedad Clásica.
La expresión recurre a imágenes tradicionales de luz contra oscuridad para contrastar la
ignorancia, intolerancia y la persistencia en el error de la época, contra periodos
de conocimiento, comprensión y tolerancia, tanto anteriores como posteriores.
En el año 1602, el prelado e historiador italiano César Baronio calificó como años
oscuros el periodo tumultuoso entre los siglos X y XI.
La idea llegó a extenderse a todo el Medievo como una era de oscuridad y aridez intelectual
en Europa que abarcó desde la caída de Roma hasta el Renacimiento.
Este cuestionamiento y menosprecio a la Edad Media por su oscurantismo se hizo especialmente
intenso en el siglo de las luces, presentado como su opuesto en términos intelectuales
y de producción de conocimientos.
Otros estudiosos más escépticos respecto a la dicotomía oscuridad-luz prefieren utilizar
el término oscuro para denotar la escasez relativa de registros, al menos durante la
primera parte de la Edad Media.
La mayoría de los eruditos modernos evitan asociar por completo la Edad Media con la
idea de oscuridad popularizada por Petrarca al considerarla inexacta y engañosa.
Muchos consideran que no fue tan oscura, aunque sí tuvo cosas oscuras.
Los críticos de la Edad Media durante el periodo renacentista y de la Ilustración
fueron algo injustos con el Medievo al no reconocer que los avances que se estaban concretando
en su propia época tenían un punto de partida en la era criticada y despreciada.
Estos adelantos en todos los órdenes que tuvieron su momento político estelar en la
Revolución Francesa eran en cierto modo la continuidad natural de unos acontecimientos
que venían desarrollándose desde tiempo atrás y que eran observables en los campos
de la agricultura, la medicina, la óptica y los métodos de trabajo, entre otros.
Irónicamente muchos de los tratados que seguían utilizándose en el Renacimiento sobre diferentes
materias eran copias de la Edad Media.
Visto desde una perspectiva espacial, en realidad durante la Edad Media no hubo una
pérdida o discontinuidad en la producción del conocimiento, sino que ésta se trasladó
de Occidente a Oriente.
Mientras Europa Occidental estaba persiguiendo supuestas brujas y científicos que se atrevían
a cuestionar los dogmas pseudocientíficos defendidos por la Iglesia, en el Este, primero
Constantinopla y después Bagdad y otras ciudades del mundo islámico florecían por su producción
intelectual.
Había una razón económica en este redespliegue geográfico de la producción del saber.
Eran los nuevos imperios mundiales los que disponían de los recursos para destinarlos
a la investigación y el desarrollo.
Es fácil entenderlo examinando el mundo actual y observando cuáles son los centros que producen
los nuevos conocimientos.
Caída del Imperio Romano de Occidente, Paso de la Autoridad Central a los Reinos Medievales
La caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 fue el hito histórico que
marcó el comienzo de la Edad Media.
Durante cinco siglos, Roma había gobernado el mundo como imperio hegemónico, transmitiendo
sus virtudes y sus defectos.
Ya en los años finales del imperio, la figura del emperador de Occidente no expresaba nada
relevante en cuanto a poderío político, militar y financiero, y ni siquiera controlaba
los dispersos dominios que aún podían denominarse romanos.
Los reinos bárbaros habían establecido sus propios poderes en los teóricos territorios
romanos, hasta que en el año 476, el rey germánico Odoacro le propinó al emperador
Rómulo Augustulo el último empujón que le faltaba para caer.
El Senado Romano al menos salvó las insignias imperiales, enviándolas al emperador Zenón
en Constantinopla.
Roma cayó y sus territorios se fraccionaron en varias entidades políticas sucesoras.
La caída se produjo porque el Imperio Romano perdió las fortalezas que le habían permitido
mantenerse como un poder hegemónico y centralizador.
Los historiadores mencionan una serie de factores para la caída.
El casi invencible ejército romano fue igualado o superado en efectividad por sus rivales.
La salud y la economía se debilitaron, los factores de poder persistieron en unas luchas
intestinas que afectaban a todos.
El cristianismo se convirtió en un poder espiritual antes de serlo, también en lo
económico.
Cuando los bárbaros presionaron, encontraron a una Roma sin respuesta, y la antes poderosa
autoridad central daría paso a una mirada de reinos medievales descentralizados.
Algunos historiadores dicen que el Imperio Romano nunca cayó, sino que se transformó
en las sociedades de la Edad Media.
Una corriente historiográfica postula que en realidad Roma nunca se desplomó, sino que
constituyó una especie de transición gradual, aunque a menudo violenta, hacia los reinos
y la sociedad medieval.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, algunos historiadores se centraron en los elementos
de continuidad en el Imperio Romano y los reinos germánicos posteriores, más que en
los de ruptura.
En el libro Historia de las instituciones políticas de la Antigua Francia, escrito
entre 1875 y 1889, el historiador francés Fustel de Coulanges señaló que los bárbaros
simplemente dejaron continuar un proceso de transformación que ya estaba en marcha
en las instituciones romanas.
Partiendo de esta idea, en 1920, el historiador belga Henri Pirene planteó la tesis que lleva
su nombre, que sigue siendo influyente en la actualidad.
Esta tesis sostiene que la manera romana de hacer las cosas no cambió de inmediato después
de las invasiones bárbaras.
De acuerdo con Pirene, los bárbaros fueron a Roma no a destruirla, sino a participar
en sus beneficios, por lo que intentaron preservar el estilo de vida romano.
Esta propuesta argumenta que el reino europeo de los francos fue una continuación de la
Roma imperial, y valida la coronación de Carlo Magno como el emperador del Sacro Imperio
Romano Germánico, que sucedió a los emperadores romanos.
El periodo de migración
Este periodo, a menudo llamado como el de las invasiones bárbaras, fue el de la época
de la historia europea marcada por los desplazamientos de poblaciones a gran escala, que se asentaron
en territorios del Imperio Romano de Occidente, y fueron testigos de su caída.
El término hace referencia al decisivo papel que jugaron la migración y asentamiento de
varias tribus, particularmente los francos, alamanes, godos, alanos, hunos, eslavos, búlgaros
y magiares, en el interior o en las fronteras imperiales, y en Europa en su conjunto.
Tradicionalmente se ha considerado que las migraciones comenzaron en el siglo IV, entre
100 y 175 años antes de la caída del imperio, y culminaron en el siglo VI.
Este fenómeno demográfico estuvo dictado por una serie de factores, cuya importancia
relativa continúa sometida a debate.
Algunos historiadores fijan su comienzo en el año 375, con la invasión de Europa por
los Hunos, y marcan su final en el año 568, cuando los Lombardos conquistaron la península
itálica.
Otros amplían el periodo, señalando que comenzó cerca del año 300, y finalizó en
torno al año 800.
Se discute cuál fue el rol de esta población extranjera en la caída del imperio de Occidente,
se sabe que los no romanos fueron incorporados al ejército imperial, tanto antes de la caída
de Roma, como después en Bizancio.
Se dio la paradoja que después de la caída del imperio romano de Occidente, el imperio
romano de Oriente, con sede en Constantinopla o Bizancio, en cierto modo controló a los
reinos bárbaros, que sustituyeron a Roma.
Reinos bárbaros Los reinos bárbaros, también llamados posromanos
y primeros reinos medievales, fueron los estados de Europa occidental y el norte de África,
fundados tras el colapso del imperio romano occidental en el siglo V.
Fue un proceso político gradual, complejo y en buena medida violento, después de que
el imperio romano no pudo contener las grandes concentraciones de población en sus fronteras,
lo que conllevó a las invasiones o a las invitaciones a asentarse.
Roma ante un proceso inevitable, se negó a integrar adecuadamente a los nuevos habitantes
a su marco imperial, lo que contribuyó a su colapso.
Los gobernantes bárbaros comenzaron siendo señores de las guerras locales y clientes
de Roma, sin conexión firme con ningún territorio, y las relaciones se fueron estrechando en
la medida que los emperadores de la fase final del imperio, empezaron a utilizarlos como
peones en las guerras civiles.
Solo después de que la autoridad central romana se desplomó, los reinos bárbaros
pasaron a ser nuevos estados, con territorios definidos, aunque a menudo vagamente.
Los reinos bárbaros se fortalecieron imitando a Roma en muchos aspectos, y prácticamente
se subordinaron diplomáticamente al imperio romano de oriente.
En principio, la única diferencia entre un reino bárbaro y la Roma imperial, era la
escala, mayor y más compleja en el caso romano.
En su gran mayoría, los reinos bárbaros fueron frágiles y efímeros, y finalizaron
convencionalmente en el año 800, con la coronación de Carlo Magno como emperador del imperio
carolingio.
Historia del feudalismo
El feudalismo o sistema feudal fue una combinación de tradiciones culturales, políticas, legales,
económicas y militares, que florecieron en Europa durante la edad media, entre los siglos
9 y 15.
En un sentido general, fue una manera de organizar la sociedad en torno a la tenencia de la tierra
a cambio de trabajo o servicios.
El feudalismo no fue concebido como un sistema político formal por las personas que lo vivieron
en la edad media.
Una definición ahora clásica fue aportada por el medievalista belga del siglo XX, François-Louis
Hanschov, quien lo describió como un conjunto de obligaciones legales y militares recíprocas
de la nobleza guerrera propietaria de la tierra con sus vasallos.
Una definición más amplia fue elaborada en 1939 por el historiador francés Marc Bloch,
quien añadió las obligaciones de la nobleza en general, el clero y el campesinado.
Desde el último cuarto del siglo XX ha habido un debate entre los historiadores de la edad
media sobre la utilidad del feudalismo para la comprensión de la sociedad medieval.
Tampoco existe claridad sobre los términos, aunque la palabra feudal ya se conocía al
menos en el año 1405, el sustantivo feudalismo es más reciente y empezó a utilizarse en
el siglo XVIII en paralelo con la expresión francesa feudalité.
Incluso la voz ha sido asimilada a otras realidades históricas y se habla, por ejemplo, del Japón
feudal en alusión al periodo del Eshogunato.
¿Qué es el feudo?
Feudo era el nombre dado durante el feudalismo al espacio de tierra que un señor feudal
otorgaba a un vasallo mediante un contrato de vasallaje.
A partir de allí, las relaciones económicas y de producción se daban entre el vasallo,
ahora en funciones de señor, con los campesinos que vivían en su feudo.
Los campesinos, bajo la jurisdicción del vasallo, podían ser siervos, habitualmente sometidos
a prestaciones obligatorias de trabajo o personas libres.
El señor feudal se reservaba el cobro de impuestos, en dinero o en especies, por el
establecimientos de utilidad colectiva situados en su territorio.
Entre estos se encontraban molinos de granos, panaderías, herrerías y tabernas.
Igualmente los señores feudales podían devengar cantidades predeterminadas o peajes por la
explotación maderera de un bosque o el cruce de un río o de un puente situados en su propiedad.
Estas rentas constituían un monopolio del señor feudal que se complementaban con los
beneficios obtenidos por las operaciones agrícolas y ganaderas dirigidas por los vasallos en
los feudos, estipulados en los contratos de vasallaje.
A esto se sumaba un impuesto cobrado por la iglesia católica, equivalente a un 10% de
la cosecha.
Aunque en origen el señor feudal retenía teóricamente la capacidad de despojar del
feudo a su vasallo, a menudo otro noble como él, estos en la práctica fueron haciéndose
vitalicios y hereditarios, pasando a formar parte del patrimonio de las familias de la
nobleza.
Transmisión del conocimiento en el oscurantismo
La mayor parte del conocimiento durante el imperio romano se produjo y difundió en griego,
pero en el momento de la caída de Roma, muy pocos occidentales lo leían o hablaban.
Pocas generaciones después de la caída del imperio occidental, casi todos los europeos
de occidente eran descendientes de bárbaros, analfabetos y no romanos alfabetizados.
En este momento de la historia, la educación no fue que se perdió, sino que estaba por
adquirirse.
Los principales lugares en los que el nuevo proceso educativo se desarrolló fueron los
monasterios y las catedrales.
El sistema educativo de la antigüedad clásica se había basado en el griego, el latín,
la gramática y la retórica.
Los nuevos rectores católicos otorgaron prioridad al latín, pero sólo para lo que tuviera
que ver con la religión, a pesar de que mentes preclaras como la de San Agustín, defendían
el aprendizaje de los clásicos.
Eran mayoría los que pensaban que Tertuliano, quien al cuestionar el valor del saber clásico,
se preguntó ¿Qué tiene realmente que ver Atenas con Jerusalén?
Mencionó a Jerusalén porque era su ciudad santa.
La desurbanización que trajo consigo el fin del imperio occidental redujo el alcance de
la educación, y en el siglo VI, la enseñanza y el aprendizaje se trasladaron a las escuelas
monásticas y catedralicias, cuyo centro de atención era el estudio de los textos bíblicos
y de los padres de la iglesia.
Ciencia en la Edad Media
La ciencia europea de la Edad Media se enfocó en el estudio de la naturaleza y en las matemáticas.
El idioma principal de la ciencia en el mundo antiguo era el griego, la producción científica
avanzada en la Edad Antigua se produjo en Grecia o en la parte helenística del Imperio
Romano.
Los intentos tardíos de Roma en traducir los textos científicos del griego al latín no
tuvieron buenos resultados.
El nuevo poder cristiano desechó el griego e impuso el latín, quedando aislada de las
fuentes antiguas del conocimiento.
Durante un tiempo, los hablantes del latín que querían conocer sobre ciencia antigua
sólo tenían acceso a dos libros de boesio.
Por otro lado, el estudio de la naturaleza casi siempre se llevó a cabo por razones
prácticas o religiosas, más que por el deseo de aprender.
El cuidado de los enfermos obligaba a la búsqueda de medicinas y la necesidad de establecer
las fechas no fijas del calendario religioso, como la Semana Santa, llevó a estudios matemáticos
y astronómicos.
Algunos monjes que querían saber cuál era el mejor momento para orar, estudiaron el
movimiento de las estrellas.
Aunque una serie de clérigos y eruditos cristianos, como Isidoro de Sevilla y Beda, mantuvieron
el espíritu de investigación racional, Europa Occidental vivió un periodo de declive científico
durante la Alta Edad Media.
Medicina en la Edad Media
La medicina medieval en Europa Occidental estuvo caracterizada por una mezcla de ideas
médicas de la antigüedad y nuevas influencias espirituales.
El conocimiento médico estándar durante la primera parte de la Edad Media estaba basado
en textos griegos y romanos muy escasos, cuyas pocas copias, hechas a mano, a menudo sólo
estaban disponibles en sitios de acceso restringido, como los monasterios.
Hasta ese momento, la medicina occidental se basaba en los tratados hipocráticos, atribuidos
al médico Hipócrates de Kos, que vivió entre los años 460 y 370 a.C. y alcanzó
fama durante el periodo de Pericles.
Estos textos, de los cuales se han conservado algunos restos, incluyendo el juramento hipocrático
que hacen los médicos, eran la base del cuidado de la salud cuando la Edad Antigua dio paso
a la Edad Media.
Los griegos veían el cuerpo humano como un sistema que reflejaba la acción de la naturaleza
e Hipócrates aplicó esta creencia a la medicina.
Así durante la Alta Edad Media, la mayor porción de la producción intelectual sobre
medicina estaba en griego, y ese idioma era conocido por una fracción muy pequeña de
la población.
Con el creciente dominio religioso de Occidente por parte de la Iglesia Católica, se asentó
en Europa la idea de que las esperanzas de cura dependían principalmente de Dios.
Los estudios médicos durante la Alta Edad Media fueron empíricos y pragmáticos, centrados
en tratar de curar los males y no en conocer qué los causaba.
Si bien subsistía cierto enfoque secular sobre el origen y la cura de las enfermedades,
factores como el pecado, el destino y los astros pasaron a ser preponderantes en sus
desenlaces.
Esta situación empezó a cambiar con el llamado Renacimiento del siglo XII, cuando se fundaron
las primeras universidades medievales y los médicos europeos pudieron acceder a los textos
¿Es cierto que la gente en la Edad Media tomaba más cerveza que agua?
Si bien el desconocimiento de la potabilización produjo terribles epidemias durante la Edad
Media, existe la equivocada percepción de que la gente del Medievo bebía más cerveza
que agua para evitar las calamidades producidas por el agua contaminada.
Obviamente, tal como lo muestran muchas estampas de la época que se conservan en pinturas
y tapices, los hombres medievales eran amantes de la cerveza.
Sin embargo, hay que diferenciar entre las regiones europeas, la cerveza era la bebida
preferida en Europa del Norte, donde el clima no dejaba que prosperaran los viñedos para
elaborar vino.
En las regiones sureñas, donde el clima permitía el crecimiento de las vides, como Portugal,
España y el sur de Francia y de Italia, la bebida favorita era el vino.
Lo que sí tenían claro los europeos de cualquier latitud, sin necesidad de conocer la composición
química de la cerveza, era que ésta era mucho más nutritiva que el agua.
Aunque se elaboraba precariamente a partir de cebada y de que los bebedores actuales
considerarían desastrosa, la cerveza medieval, el líquido, además de tranquilizar o alegrar
a gente que llevaba una vida muy dura, aportaba unas buenas calorías.
5 Métodos de Tortura en la Edad Media
Durante la Edad Media, la tortura era considerada una manera legítima de obtener una confesión
o castigar a un infractor, y algunos de los métodos más brutales y populares fueron
los siguientes.
1 Cuna de Judas
Este invento italiano consistía en suspender a una persona con una cuerda que pasaba a
través de una polea, bajándola hacia un supuesto asiento en forma de pirámide para
que su vértice se insertara en el ano, una variante femenina permitía que la punta entrara
por la vagina.
2 Pera de la Angustia
Este suplicio era utilizado contra mentirosos, homosexuales, blasfemos y mujeres acusadas
de haber abortado voluntariamente.
Consistía en una pequeña pieza con cuatro hojas de metal que iban abriéndose dentro
de un orificio corporal.
Cuando el torturador accionaba un tornillo, los orificios preferidos eran el ano, la vagina
y la boca.
3 Silla de Hierro
Era una silla con púas de hierro en la que los torturados estaban sentados, las púas
podían ajustarse por debajo de la silla para que penetraran más en la carne.
Cuando se deseaba obtener una confesión rápida de una persona a la que en principio no se
quería torturar, se le hacía presenciar el suplicio y generalmente confesaba.
4 Triturador de Cabezas
En este método, el supliciado ponía la cabeza en un banco de tortura para que se le apretaran
progresivamente con un tornillo, incluso si quedaba viva, la persona torturada sobrevivía
con algún hueso de la cara roto.
5 Rueda Rota
El torturado era atado por los brazos a los radios de una rueda de un vehículo en movimiento,
terminando con las extremidades descoyuntadas.
Europa en los años 1000 después de Cristo
Aunque la especulación de que el mundo se acabaría en el año 1000 de la Era Común
se limitó a unos pocos monasterios franceses, en ese momento Europa Occidental seguía siendo
menos desarrollada en comparación con el mundo islámico o con China.
En el aspecto comercial, los vikingos habían desarrollado una ruta comercial en el norte
de Europa que conectaba el Báltico con Constantinopla a través de Rusia.
Inglaterra, con buena parte de la nación devastada por las recientes invasiones vikingas,
estaba en un estado desesperado.
Los ingleses tomaron represalias contra los nórdicos en el año 1002, masacrando a colonos
daneses, lo que a su vez condujo a más venganzas escandinavas, y al dominio de Inglaterra
por parte de Dinamarca, aunque solo por un tiempo.
Entretanto la cristianización avanzaba rápidamente demostrando a largo plazo que era un efectivo
freno contra las incursiones bárbaras.
Islandia, Groenlandia y Hungría fueron declaradas cristianas alrededor del año 1000, mientras
que Dinamarca, Noruega, Suecia y la Rus de Kiev adoptaron sucesivamente la religión
cristiana entre los siglos X y XII.
Entretanto en Europa se estableció formalmente la institución del matrimonio, aunque los
grados de consanguinidad permitidos y prohibidos variaban, si bien siempre existía la posibilidad
de anular las uniones a través del papado.
El fin del primer milenio vio como la piedra y la mampostería empezaban a reemplazar a
la madera en la construcción a gran escala, moderando la deforestación del continente
que estaba en marcha.
Algunos procesos culturales después en torno al año 1000 marcaron el final de la Alta
Edad Media, como el renacimiento de la vida urbana, el surgimiento de la burguesía, el
redescubrimiento del derecho romano, la fundación de las primeras universidades y los inicios
de una literatura nativa europea.
En el año 1000 el Vaticano estaba firmemente controlado por Otón III, emperador del Sacro
Imperio Romano Germánico, quien se autodefinía como Emperador del Mundo.
Sin embargo las posteriores reformas y acciones eclesiásticas permitieron a la iglesia recuperar
prestigio y autonomía.
Como la construcción de majestuosas y duraderas catedrales de piedra, la consolidación de
la Orden Cluniacense o Benedictina, que en el siglo XII tenía 2000 prioratos y los monasterios
más influyentes, y la recopilación de una gran masa de decretales en un solo cuerpo
de derecho canónico.
Roma solo tenía 35.000 habitantes, pero en el auge del Imperio Romano la ciudad alcanzó
un millón de habitantes.
En el año 1000 la China dominada por la Dinastía Song era el imperio más poblado del mundo.
Constantinopla, la capital del Imperio Romano de Oriente, tenía una población de aproximadamente
300.000 personas y París apenas 20.000.
Roma, que en el momento de mayor esplendor del imperio había sido una megaurbe de un
millón de habitantes, estaba irreconocible con apenas 35.000 pobladores.
En cambio, otras ciudades occidentales dominadas por imperios musulmanes florecían en población
y en producción de conocimiento.
Córdoba, en la España Islámica, era en ese momento la ciudad más grande del mundo,
con 450.000 habitantes.
El siglo XI marcó un retorno a la vida urbana y las ciudades italianas duplicaron su población.
Londres, abandonada durante siglos, volvió a ser el principal centro económico de las
islas británicas.
En el año 1000, Brujas y Gante realizaban ferias comerciales periódicas en sus castillos
en un intento por retornar a la vida económica que tenían las ciudades de Europa Occidental
en los últimos siglos del Imperio Romano de Occidente.
En el sur europeo, el Califato Omeya tocó a su fin en el año 1031 y su fragmentación
abrió paso a la formación de un grupo de reinos musulmanes de pequeña escala llamados
taifas.
Francia seguía fragmentada en una multitud de pequeños condados que vivían en un permanente
estado de guerra, lo que facilitó la conquista por los vikingos del noreste francés, una
región que recibiría el nombre de Normandía.
El Reino de Borgoña, constituido por los antiguos Burgundios, estaba más en la esfera
germánica.
Fuera de Europa, la potencia dominante era el Imperio Romano de Oriente, dominio que
llegaría a su fin el 29 de mayo de 1453, cuando Constantinopla cayó en poder del Imperio
Otomano.
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