Neymar and Argentina: the forbidden love that no one expected

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7 Visualizaciones de video·23 may 2026
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Resumen del video
Generado por IAThis video explores the unique and affectionate relationship between Brazilian star Neymar and Argentina, contrasting his initial struggles in the country with his eventual status as one of the most beloved Brazilians to visit Argentine soil.
El 27 de abril de 2026, Neymar llegó a Buenos Aires para jugar la Copa Sudamericana.
Santos contra San Lorenzo. Un partido más en la fase de grupos. Eso era en el papel.
Lo que pasó en las horas siguientes no lo esperaba nadie. Entrenó en Casa Amarilla.
Pidió la camiseta de Boca, se la puso, posó con ella y se la llevó a casa.
Le regaló su número 10 del Santos a Galopo, jugador de River.
Fue al gasómetro, se acercó a los chicos que lloraron al verlo de cerca y se llevó la camiseta del ciclón.
Después del empate uno a uno, salió del vestuario y grabó un mensaje que en Brasil nadie quiere escuchar.
Dijo que la hinchada de San Lorenzo había cantado todo el partido.
Que nunca había vivido algo así afuera de Brasil. Que nunca lo iba a olvidar.
El tipo más famoso del fútbol brasileño, en Buenos Aires, enamorado de todo lo que veía.
Y eso abre una pregunta que vale la pena hacerse. ¿Cómo llegamos acá?
¿Cómo el jugador de la selección que más odiamos en cada eliminatoria, en cada final, en cada clásico continental,
terminó siendo el brasileño más querido que pisó suelo argentino?
Eso es lo que vamos a contar hoy. La primera vez que Neymar jugó en Argentina fue el 17 de mayo de 2012,
cuartos de final de la Copa Libertadores. Santos viajó a Liniers para enfrentar a Vélez.
Neymar tenía 20 años. Era el jugador más desequilibrante de Sudamérica.
Y llegaba con toda la expectativa del continente encima. Lo que encontró fue otra cosa. Vélez lo anuló.
Lo marcó de a dos, lo frenó, lo frustró durante 90 minutos.
El equipo de Ricardo Gareca ganó 1-0 con un gol de cabeza de Mauro Óvolo.
Y Neymar se fue de la Malfitani sin poder hacer nada.
Primer contacto con el fútbol argentino. Derrota. Y aún así, desde ese día, algo quedó en él.
14 años después volvió, esta vez con el Santos en la Copa Sudamericana,
para jugar contra San Lorenzo en el nuevo gasómetro. Y lo que pasó no tiene antecedentes.
Mientras Santos entrenaba en Casa Amarilla, Neymar pidió la camiseta de Boca.
No se la alcanzaron para ver qué hacía. La pidió él, se la puso, posó con ella.
Se la llevó a casa con toda la bolsa de regalos del club.
Le regaló su mítica camiseta número 10 del Santos a Juliano Galopo, jugador de River.
Con quien había cruzado caminos en Brasil, cuando Galopo jugaba en el San Pablo.
Se quedó con los chicos de San Lorenzo, que se largaron a llorar al verlo de cerca.
Y al salir del vestuario, después del empate, grabó ese mensaje.
La hinchada cantó todo el partido.
Faun nunca había vivido algo así afuera de Brasil. Nunca lo iba a olvidar.
Neymar se fue de Buenos Aires más enamorado que cuando llegó.
Todo eso tiene una raíz. Y la raíz son las personas.
Hay tres nombres que construyeron ese puente, entre Neymar y Argentina,
de una manera que ningún otro brasileño tuvo.
Leandro Paredes fue el primero. En el PSG se volvieron hermanos.
Salidas juntos, bromas constantes, una amistad que fue mucho más allá del vestuario.
Paredes habla de Neymar con un respeto que guarda para muy pocos.
Ángel Di María fue el segundo. Años compartidos en París.
Y lo que los unió no fue el fútbol, sino el día a día, las charlas,
la convivencia de dos personas que se cayeron bien desde el primer día.
Después está Messi. La más importante de todas.
Fueron compañeros en el Barcelona entre 2013 y 2017.
Ganaron juntos la Champions League de 2015 en Berlín,
cuando la MSN destruyó a la Juventus 3-1 en la final.
Neymar puso el tercero en el descuento.
Ese tridente marcó 122 goles en una sola temporada,
la delantera más demoledora que vio el fútbol europeo en décadas.
De esos cuatro años, nació algo que sobrevivió a la salida de Neymar,
al PSG, a las finales de Copa América jugadas de lados opuestos
y a todo lo que el tiempo y la rivalidad pudieron poner en el medio.
Neymar dijo más de una vez que jugar con Messi fue el sueño de su vida hecho realidad.
Sin filtro, sin preparación.
Con esa honestidad que a veces sorprende en alguien acostumbrado a cuidar cada palabra.
El 10 de julio de 2021. La final de la Copa América en el Maracaná.
Argentina contra Brasil.
Por las restricciones del COVID, o el estadio más imponente de Brasil, estaba casi vacío.
6.500 personas en un estadio con capacidad para más de 70.000.
El silencio hacía que cada grito, cada pelotazo,
cada falta se escuchara con una nitidez que normalmente no existe.
En ese ambiente irreal, Neymar fue el mejor de la cancha.
Lo pararon solo a patadas.
Lo marcaron de a dos, lo empujaron, lo frenaron como pudieron.
Y aún así fue imparable.
Paredes lo dijo después sin guión preparado.
Que Neymar en esa final fue un espectáculo.
Que fue el rival que más le costó en toda su carrera.
Que era un animal.
Argentina ganó 1 a 0 con el gol de Di María.
El Maracaná casi vacío quedó en silencio total.
Neymar se quedó en la cancha destrozado.
Llorando, con la cara tapada.
Era la noche más importante de su vida y la había perdido.
En el túnel, Neymar se sentó en las escaleras.
Solo.
Y los argentinos, los mismos que lo habían marcado a patadas 40 minutos antes,
fueron a buscarlo.
Messi, Paredes, Di María, se sentaron con él, charlaron, se rieron de algo.
Esa imagen recorrió el mundo entero.
No fue un gesto calculado ni un momento armado para las cámaras.
Fue simplemente lo que pasa cuando la amistad de verdad pesa más que el resultado del partido.
Hay algo más en la visita de abril de 2026 que vale la pena detenerse a pensar.
Neymar llegó a Buenos Aires y en el mismo día le hizo un guiño a Boca y otro a River.
No por cálculo.
No porque alguien se lo pidió.
La camiseta de Boca la pidió él.
Nadie la sacó para tentarlo.
La pidió, se la puso, posó y se la llevó.
Y la camiseta número 10 del Santos, la más icónica de su carrera,
se la regaló a Galopo, jugador de River.
La que representa toda su historia.
Se la dio a un millonario, en el mismo día.
Al club de Boca y al de River.
Para cualquiera que vive el fútbol argentino, eso es casi imposible de procesar.
Porque son los dos clubes más grandes del país, los que se odian con más intensidad que cualquier otro.
Y Neymar llegó, los quiso a los dos.
Y se fue tan tranquilo, sin pensarlo demasiado.
Como alguien que genuinamente no tiene problema con ninguno de los dos lados.
Eso dice algo sobre cómo Neymar entiende el fútbol.
Que el amor por el juego, siempre va a ser más grande que la rivalidad entre camisetas.
La pregunta que sobrevuela todo esto desde el principio.
¿Es Neymar el brasileño más argentino de la historia?
Si ser argentino es nacer acá, obviamente no.
Pero si ser argentino en el sentido más futbolístico del término,
significa entender la pasión, respetar el aguante,
valorar el sacrificio por la camiseta, sentir el juego como algo que va más allá del resultado,
entonces Neymar tiene más de argentino que muchos que nacieron del lado correcto del río.
Y nunca entendieron de qué se trata todo esto.
La rivalidad entre Brasil y Argentina es real.
Es parte de la identidad de los dos países.
Pero Neymar es la prueba de que en esa rivalidad puede haber respeto genuino.
Puede haber amistad real.
Puede haber un tipo del otro lado, que cuando llega a tu ciudad,
hace todo lo que haría alguien que te quiere de verdad.
Que se pone tu camiseta sin que nadie se lo pida.
Que le regala lo más valioso que tiene a un jugador tuyo.
Que se va diciendo que nunca lo va a olvidar.
Y que uno le cree.
Eso no se fabrica. Eso o lo tenés o no lo tenés.
Neymar lo tiene. Ese es Neymar para la Argentina.
Así el brasileño que entrenó en Casa Amarilla, posó con la camiseta de Boca.
Le regaló su número 10 a un jugador de River.
Le dijo a la gente de San Lorenzo que nunca los iba a olvidar.
Y que se sentó en el túnel del Maracaná con Messi y Paredes la noche más dura de su vida.
Cada vez que viene se va más enamorado que cuando llegó.
¿Es el brasileño más querido que pisó suelo argentino?
Para mí sí.
Pero la pregunta es para vos.
¿Y en qué club del fútbol argentino te hubiese gustado verlo jugar alguna vez?
Escribe abajo.
