Así murió cada Asesino que EJECUTÓ a Emiliano Zapata | La Venganza Mexicana

Relatos Históricos
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Así murió cada implicado en el asesinato de Emiliano Zapata. Esta es la historia de cómo terminó cada uno de los hombres detrás de la traición.
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Emiliano Zapata
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Así murió cada implicado en el asesinato de Emiliano Zapata.
¿Por qué el hombre que traicionó a Zapata estaba bebiendo cerveza tranquilamente en otro cuarto de la hacienda,
mientras lo acrebillaba con balazos?
¿Qué fue necesario hacer con 59 soldados, fusilarlos a sangre fría,
solo para convencer a Zapata de que entrara a la trampa que le costaría la vida?
¿Qué le pasó al asesino de Zapata 15 meses después del crimen?
Emiliano Zapata fue asesinado el 10 de abril de 1919
en la hacienda La Chinameca, cerca de Ecuautla, Morelos.
Después de un toque de clarín a modo de saludo,
que era la señal para que los pistoleros escondidos lo mataran a balazos,
nació así una leyenda que ha perdurado hasta el México contemporáneo.
Esta es la historia de cómo terminó cada uno de los hombres detrás de la traición.
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Manuel Palafox, el ave negra,
secretario íntimo de Zapata expulsado un año antes del crimen.
El militar mexicano Manuel Palafox Ibarrola,
nacido en Puebla de Zaragoza en torno a 1887,
fue un asistente íntimo de Emiliano Zapata,
llegando a ser uno de los hombres de más confianza del caudillo del sur.
En algún momento empezó a circular el rumor en el ejército del sur
de que a Palafox le atraían los hombres,
condición que había logrado mantener en la reserva,
aunque Zapata lo sabía y fingía ignorarlo.
Zapata, que ha sido señalado como una persona
a la que le gustaban tanto hombres como mujeres,
sabía que el sentir atracción entre hombres
era muy mal visto entre los rudos caballeros de aquel tiempo
y había instituido la ejecución para los soldados
que parecieran demasiado femeninos.
Sin embargo, el comportamiento demasiado evidente de Palafox
empezó a inquietar al mismo caudillo,
hasta que finalmente lo destituyó como general
y de su función de principal emisario del zapatismo,
apartándolo de su círculo íntimo en 1918.
En octubre de ese año,
Palafox escapó para unirse al ejército del general Cirilo Arenas Pérez,
un carrancista renegado,
y en noviembre lanzó una proclama,
desconociendo a Zapata e invitando a otros oficiales
y soldados del ejército del sur a unirse a su facción,
también agrarista como la del zapatismo.
Sin embargo, la petición de Palafox,
con la única excepción de Victorino Bárcenas,
fue ignorada por el ejército de Zapata,
que prefirió mantenerse leal a su caudillo.
Zapata fue asesinado en abril de 1919
y en agosto de ese año,
Palafox, apodado el ave negra,
se unió a otros militares para lanzar el plan de Emil Palta,
y en 1920 se acogió a la unificación del ejército revolucionario.
Existen versiones encontradas sobre el destino de Palafox,
una sostiene que fue fusilado por su orientación íntima,
y otra que murió en la Ciudad de México
el 25 de abril de 1959, a los 72 años.
Tenía motivos para estar resentido con Zapata,
aunque su nombre no ha aparecido entre los implicados
en el asesinato del caudillo del sur.
Vicente Alonso, el hacendado dueño de Chinameca,
escenario y trampa de la emboscada.
Emiliano Zapata fue emboscado y asesinado en la Chinameca,
una hacienda a propiedad de Vicente Alonso,
cerca de Cuautla, Morelos.
En el año 1700, el predio de Chinameca
era sólo un pequeño trapiche,
propiedad de Felipe Cayetano de Cárdenas.
Hacia 1885, el lugar era conocido como Rancho Nuevo,
y contaba con un poblado de casi 40 habitantes,
formado por personas que habían recibido las tierras
después de la victoria de Juárez
durante la segunda intervención francesa.
Hacia finales del siglo XIX,
el hacendado Vicente Alonso Simón,
que había tenido éxito con otras haciendas,
empezó a comprar terrenos en el lugar,
formando la Chinameca.
Alonso era un hacendado de dotes intelectuales
y había publicado artículos sobre la mejor manera
de sembrar caña de azúcar
para su utilización en ingenios azucareros.
En el año que compró los terrenos de Chinameca,
Alonso comenzó la construcción de un gran canal de regadío
para regar sus tierras,
obra que se ejecutó en más de cinco años.
En esa época, la hacienda contaba con 35.000 hectáreas,
incluyendo los fértiles llanos de Chinameca,
Amatepec y Hornos,
regados por el río Cuautla.
El hacendado optó en principio por la siembra de arroz
y en 1906 construyó la casa de la hacienda.
A finales de 1906 fue construido
el ramal de ferrocarril que llegaba a Chinameca
y Alonso pudo transportar
las maquinarias más modernas del momento
para la fabricación de azúcar
y empezó a sembrar caña.
La primera zafra de prueba produjo una tonelada de azúcar
y media tonelada de melaza.
Cuando Emiliano Zapata llegó a la Chinameca
para ser asesinado a traición,
la hacienda había crecido hasta más de 64.000 hectáreas,
siendo la más grande de Morelos.
En ese tiempo, los grandes hacendados
crecían comprando las tierras a los pequeños propietarios
con el lema de
o me vendes o le compro a tu viuda.
Carlos Reyes Aviles, secretario
y único sobreviviente cercano a Zapata,
aquel 10 de abril.
Zapata llegó a caballo a la Chinameca
aquel 10 de abril de 1919
con una escolta de sólo una docena de hombres,
ya que se suponía que sólo tendría
una reunión con Jesús Guajardo
para coordinar la entrega de un lote de armas y municiones.
El único superviviente cercano a Zapata
en la emboscada que le extendió Guajardo
fue Carlos Reyes Aviles,
secretario del Caudillo del Sur.
El parte presentado por Reyes sobre el suceso dice
La guardia parecía preparada a hacerle los honores.
El clarín tocó tres veces llamada de honor
y al apagarse la última nota,
al llegar el general en jefe al dintel de la puerta,
de tal manera más alevosa, más cobarde,
más villana, a quemarropa,
sin dar tiempo para empuñar ni las pistolas,
los soldados que presentaban armas
descargaron dos veces sus fusiles
y nuestro general Zapata cayó
para no levantarse más.
El general Carlos Reyes Aviles era un militar mexicano
nacido en Durango en 1893,
que había empezado a luchar a temprana edad
en la Revolución Mexicana.
En 1913 entró al Ejército Libertador del Sur
con el rango de capitán segundo
y fue incluido como asistente en el Estado Mayor
del general Zapata.
Fue ascendiendo en la jerarquía hasta ser nombrado coronel,
convirtiéndose en secretario del Cuartel General
y después en secretario personal
del Caudillo del Sur.
Tras acompañar a Zapata a Chinameca
y dar el parte de su muerte como único
superviviente de la escolta del Caudillo,
en septiembre de 1919
Reyes Arias solicitó una licencia
de separación del ejército zapatista.
Entre 1924 y 1925
fue diputado del Congreso de la Unión,
donde continuó trabajando en defensa
de las propuestas agraristas de Zapata.
En 1928
publicó el libro Cartones Zapatistas
y seis años después la biografía
del general Emiliano Zapata
y parte oficial de su muerte.
El secretario particular de Zapata murió en 1954
en la Ciudad de México.
Victorino Bárcenas,
el zapatista desertor cuya falsa amnistía
sirvió de pretexto para la trampa.
Victorino Bárcenas,
nacido el 31 de octubre de 1889
en Tlapala, Guerrero.
Fue un militar mexicano que intervino
en la Revolución Mexicana
y después en la Guerra Cristera.
Al comienzo de la Revolución Mexicana
se sumó al movimiento de Madero
y desde 1913 se integró al ejército de Zapata,
alcanzando el grado de general.
En abril de 1914
venció al general huertista
Antonio G. Olea en el Tomatal
y en abril de 1916
conquistó Chilapa de Álvarez
junto con Victoriano Bermejo.
Ese mismo año recibió la instrucción
de fusilar al general Encarnación Díaz,
cuyo comportamiento desmedido
estaba ocasionando un gran desprestigio
al movimiento de Zapata.
Encargo que cumplió el 13 de julio
del año 1916
en Huellitalpan, Guerrero.
En 1918
ayudó a los habitantes de Buenavista de Cuellar
a repeler ataques
de grupos armados del zapatismo,
lo que comenzó a distanciarlo del ejército
libertador del sur.
Cuando en 1918 Manuel Palafox
abandonó a Zapata, Bárcenas desertó
del ejército libertador del sur
y se unió a la facción disidente.
En diciembre de 1918
aceptó la amnistía promulgada por Carranza
y en 1919
se implicó en el complot que resultó en el asesinato
de Zapata, ganándose el apodo
de El Judas de la Revolución.
Se opuso al plan de Agua Prieta
y en 1922 combatió a Álvaro Obregón.
En 1927
se sumó a los cristeros en su guerra contra el ejército
federal.
Con cerca de 300 milicianos reclutados
en San Lorenzo, Chautzingo,
Huitzuco y Tlaxcala,
logró mantener bajo control parte del sur de Morelos
y del norte de Guerrero para los cristeros.
Atacó un tren en Santa Fe,
Quechula, Tenango
y después ocupó San Juan,
Huilantla, Taxco e incluso Chilpancingo
por algunas horas.
Murió el 27 de enero del año 1928
en Ecuatlán del Río,
después de ser gravemente herido en batalla
en el Tomatal.
Los 59 soldados de Bárcenas,
sacrificados por Guajardo, como prueba
de lealtad para engañar a Zapata.
En los meses previos al asesinato,
Benustiano Carranza había decidido que la única salida
contra Emiliano Zapata
era eliminarlo.
En la planeación de la operación, a la que se referían
como una labor especial,
se presentaba al caudillo del sur como un enemigo
del constitucionalismo y se insistía
en que debía atacársele con base
en la sorpresa y el engaño,
con la consigna de acorralarlo como una fiera.
El general carrancista
Pablo González resolvió
aprovechar la oportunidad
que ofrecía el mismo cabecilla para asestarle
de un golpe mortal.
Así, el asesinato de Zapata
se orquestó a través de una hilera de acontecimientos
que incluía filtrar falsa información
sobre unas presuntas discrepancias
insalvables entre el general González
y Jesús Guajardo,
desarrollar una relación fluida por correspondencia
entre Guajardo y Zapata,
simular un ataque de la guarnición de
Jhon Akatepec, leal a Carranza,
por parte de Guajardo, y prometer
hombres, armas, municiones, víveres
e información militar.
Y como punto culminante
que permitiera atar el nudo del engaño,
fusilar a los 59 soldados
del ex zapatista victoriano Bárcenas,
como prueba final a Zapata de que
Guajardo era sincero cuando le decía
que quería integrarse al ejército del sur
al mando de su propia tropa.
Este fusilamiento de 59
infelices fue la prueba de lealtad
y el punto final que cerró el círculo
en torno al astuto plan para
asesinar a Zapata, y el caudillo del sur
cayó en la trampa tan arteramente
hundida. Zapata,
por su parte, tomó algunas contramedidas de
aseguramiento. Desde el 2 de abril del
año 1919, puso al
coronel Feliciano Palacios, de toda su
confianza, en el cuartel de Guajardo
en Villa de Ayala, y exigió castigo
para el desertor victoriano Bárcenas.
La vigilancia de Palacios
fracasó porque Guajardo sabía cuál era su
verdadero propósito, y se cuidó de
no cometer errores. El castigo a Bárcenas
seguramente es su ejecución.
También se derrumbó precisamente por el fusilamiento
previo de los 59 soldados de su unidad
como prueba de lealtad.
Coronel Antonio Cano,
el anfitrión que delató a Guajardo apenas
15 meses después del crimen.
Se afirma que mientras Emiliano Zapata
era ultimado a balazos, el coronel
Jesús Guajardo, partícipe en la
elaboración del plan criminal, y su ejecutor
bebía cerveza en otro aposento
de la hacienda de la Chinameca.
Después subió el cadáver del centauro del sur
al propio caballo de líder agrarista
para trasladarlo a Coutla, y presentarlo
al general Pablo González como evidencia
del cumplimiento de su misión.
Una misión que le había valido a Guajardo
una recompensa de 50.000 pesos
y un ascenso al grado de general.
Con ese cuantioso premio
en metálico y un mayor rango en el ejército
constitucionalista, todo parecía
ir sobre ruedas para Guajardo,
conocido como el demonio de los ojos verdes.
Sin embargo, la vida le tenía
preparada una celada al asesino de Zapata.
El 29 de septiembre
de 1919 se supo
que Jesús Guajardo, ya conocido por
el crimen del centauro del sur, tenía
un problema con la justicia.
El propio Venustiano Carranza había convocado
a Guajardo desde Puebla de Zaragoza
a la ciudad de México, para que respondiera
por los asesinatos de dos oficiales
del ejército subordinado suyos,
el coronel Piña y el capitán Ávila.
El jefe de operaciones
militares de Puebla, general
Pilar R. Sánchez, había
informado sobre una discusión sostenida por Guajardo
en una cantina con sus oficiales
que resultó en la muerte de Ávila y Piña.
Testigos mencionados
en el informe señalaron que Guajardo había
matado a los dos hombres a quemarropa
y bajo los efectos del alcohol.
En el acta de los hechos levantada por
el general Sánchez, éste ordenaba el
arresto del general Guajardo para su
traslado primero a Puebla de Zaragoza
y posteriormente a la capital de la República
para el correspondiente juicio.
Aunque Guajardo logró escapar al castigo
de los asesinatos de los dos oficiales,
su fin estaba cerca
y no demoraría en llegar.
El 2 de julio de 1920
Guajardo se insurreccionó contra
Adolfo de la Huerta, quien ejercía como
presidente interino, pero sus fuerzas
fueron vencidas por las del general Eugenio Martínez.
Esta vez el asesino de Zapata
fue juzgado, condenado a muerte
y fusilado en Monterrey, Nuevo León,
el 17 de julio del año 1920.
Guajardo había sido
traicionado por el coronel Antonio Cano,
quien tras hospedarlo en su casa lo delató
ante sus enemigos. La ejecución de Guajardo
fue recibida con satisfacción
en el ejército zapatista, que en ese
momento apoyaba a de la Huerta.
Gildardo Magaña, el zapatista
que heredó el mando.
Gildardo Magaña Cerda,
nacido el 7 de marzo de 1891
en Zamora, Michoacán, un mexicano
cuyo padre de ideas liberales
lo envió a estudiar comercio en el Temple College
de Filadelfia, Estados Unidos.
Magaña regresó a México
en 1907, pero no con ideas
liberales ni comerciales, sino a narcosindicalistas.
En marzo de 1911
intervino en la conspiración de Tacubaya,
huyendo a Morelos tras ser descubierta.
En Morelos se unió al movimiento agrarista
liderado por Emiliano Zapata,
participando en el asedio y toma de Cuautla.
En esta conquista Zapata le otorgó el grado
de Teniente Coronel del Ejército Libertador
del Sur. Siendo uno
de los pocos hombres con cierta educación formal
en el zapatismo, actuó como diplomático
zapatista, tratando de acercar
posiciones entre Zapata y Madero.
En julio de 1912
fue arrestado mientras realizaba una misión
clandestina en la Ciudad de México.
Recluido en la misma cárcel en la que ya estaba
Pancho Villa, a quien enseñó a leer
y escribir. Tras el golpe de Victoriano Huerta
fue clave en la unión entre Villa y Zapata.
En septiembre de 1917
Zapata lo ascendió
a general de brigada, otorgándole
el mando de las fuerzas zapatistas,
que combatían a las carrancistas en la frontera
entre Puebla y Morelos. Tras el asesinato
de Zapata fue electo como sucesor
del Caudillo del Sur por los otros cuatro jefes
del movimiento. Genovevo de la O,
Maurillo Mejía, Timoteo Sánchez
y Jesús Capistrán Yañez
de los cinco, era el único
no oriundo del campo morelense.
Magaña fue elegido jefe del ejército
libertador del sur para continuar la lucha
en defensa de los postulados del plan de Ayala.
Después de que los jefes sureños
aceptaron el plan de amnistía de Carranza
se unió al plan de Agua Prieta.
Ya consolidada la revolución mexicana
fue gobernador del territorio norte
de Baja California y del estado de Michoacán.
Murió el 13 de diciembre de 1939
en la Ciudad de México.
Adolfo de la Huerta, el presidente
que ordenó fusilar a Guajardo en Monterrey.
Felipe Adolfo de la Huerta
Marcor, nacido el 26 de mayo
de 1881 en
Guaymas, Sonora. Fue un político mexicano
que ejerció como presidente de México
en calidad de interino entre el 1 de
junio y el 30 de noviembre de 1920
designado por el Congreso
tras el asesinato del presidente Venustiano Carranza.
Durante su corto
mandato de seis meses, de la Huerta
se propuso reorganizar la administración republicana,
lograr rapaz interior
y convocar a elecciones generales
para renovar los poderes ejecutivo y legislativo.
Fue un gobernante conciliador
con los grupos disidentes que manifestaban
intenciones de diálogo, pero no dudó
en ordenar el fusilamiento del general Jesús Guajardo
después de que éste se levantara
en su contra y fuera derrotado.
La formación de su gabinete fue
una muestra de amplitud política,
ya que integró a representantes de los diferentes
bandos revolucionarios en pugna
hasta el asesinato de Carranza.
Bajo su presidencia se realizaron
las elecciones federales del 1 de agosto
de 1920, que resultaron
en la elección de Álvaro Obregón como presidente
de la República, momento señalado
por varios historiadores como el de
la finalización de la Revolución Mexicana.
De la Huerta se integró al gabinete de Obregón
como secretario de Hacienda.
En 1923 estalló la llamada
Rebelión de la Huertista contra la sucesión
de Obregón por Plutarco Elías Calles
Tras el fracaso del movimiento,
de la Huerta se exilió en los Estados Unidos,
donde vivió grandes estrechezas económicas
junto a su esposa.
Tras 11 años de exilio, retornó a México
en 1935, bajo el gobierno
de Lázaro Cárdenas.
Más tarde ocupó la dirección de pensiones
bajo las administraciones de Manuel Ávila Camacho
y Miguel Alemán Valdés. Durante el sexenio
de Adolfo Ruiz Cortines,
fue visitador general de consulados.
Murió el 9 de julio de 1955
en la Ciudad de México,
víctima de un edema pulmonar
y un ataque cardíaco.
Genovevo de la O, el general zapatista
que terminó sumándose al clan de Agua Prieta.
Genovevo de la O, nacido
el 3 de enero de 1876
en Tantamaría, Aguacatitlán,
Morelos, un combatiente zapatista
que se destacó durante la Revolución Mexicana.
Desde temprana edad
sobresalió como defensor de la gente
de bajos recursos, luchando contra la voracidad
de los hacendados que siempre estaban
tratando de anexarse las tierras limítrofes
con sus haciendas, con el apoyo del gobierno
de Porfirio Díaz.
De la O, junto a otros campesinos de Morelos
perjudicados por la política agraria del
Porfiriato, respaldó la llegada al poder
de Francisco y Madero, principalmente
por sus promesas de reforma agraria.
Sin embargo, desilusionado del
maderismo, se sumó al movimiento de Emiliano
Zapata, al que respaldó en el plan de
Ayala en 1911.
Tras la ruptura entre Zapata y Madero,
de la O se alzó en armas con el ejército zapatista,
recibiendo el mando de las tropas
en el norte de Morelos, y ascendiendo
rápidamente a Mayor, Teniente Coronel y
Coronel. Entre
1911 y 1912,
su división del Ejército Libertador del Sur
tuvo un notable éxito combatiendo
las fuerzas gubernamentales en Cuernavaca.
Tras la decena trágica,
combatió a Victoriano Huerta y después al Carrancismo.
Tras el asesinato de Zapata,
reconoció como nuevo jefe del zapatismo
a Gildardo Magaña.
Respaldó el plan de Agua Prieta
de obregonistas contra carrancistas, y
Obregón lo nombró jefe de las operaciones militares
en Morelos. Después,
Genovevo de la O ejerció funciones similares
en Aguascalientes y la Ciudad de México.
Estuvo activo en funciones de
gobierno hasta la edad límite de 75
años establecida, y murió el 12 de
junio de 1952,
en su pueblo natal, a los 76 años.
Álvaro Obregón,
el gran beneficiario político del crimen
y artífice del pacto con el zapatismo
sobreviviente.
Aunque Obregón no tuvo nada que ver con la muerte de
Zapata, Muertos Carranza y el Centauro
del Sur, el gran beneficiado de
ambas muertes fue él. Con Pancho Villa
convertido en una lejana amenaza en el norte
de México, Obregón ganó fácilmente
las elecciones federales de 1920,
y neutralizó a los líderes zapatistas
supervivientes halagándolos,
ofreciéndoles puestos de mando, y prometiéndoles
que, progresivamente, daría cumplimiento
a sus aspiraciones agraristas del
plan de Ayala, formulado por Zapata.
Así, los zapatistas
se integraron a los sucesivos gobiernos
revolucionarios de Obregón, Calles
y Cárdenas. Consolidada
la revolución, y con Calles, uno de sus
hombres de confianza, en el poder,
Obregón puso en marcha su siguiente jugada
de modificar la constitución para
reelegirse. Obregón
tuvo éxito en su movimiento y ganó
las elecciones federales del 1 de julio
de 1928, con lo que
no contaba era con que un fanático
pistolero arruinaría sus aspiraciones
de ejercer la presidencia por
segunda vez. El 17 de
julio de 1928,
el cristero José de León Toral mató a tiros
a Álvaro Obregón, en el restaurante
La Bombilla, de la Ciudad de México, cuando
el presidente electo ya se veía nuevamente
gobernando el país. La muerte
de Obregón trajo como principal verificiario
a su protegido Plutarco Elías Calles,
quien se convirtió en el jefe máximo
de la revolución durante la época del Maximato,
en el que los presidentes en ejercicio
eran sus títeres. El Maximato
concluyó con la elección de Lázaro Cárdenas,
a quien Calles creyó poder controlar
también, pero se equivocó cuando el padre
de Cuauhtémoc Cárdenas lo envió al exilio.
Pablo González Garza,
el general que diseñó la emboscada,
y se jactó de ser autor intelectual.
Pablo González Garza fue un general
carrancista mexicano nacido el 5 de mayo
de 1879,
en Lampasos de Naranjo, Nuevo León.
En 1901 se empleó como obrero
durante la construcción del ferrocarril
de El Paso a Santa Fe, California,
en los Estados Unidos. Más tarde
trabajó en campos petrolíferos californianos
y adquirió una educación en política,
economía, historia, geografía
y telegrafía. En 1907
regresó a México y se unió al maderismo.
En enero de 1911 se levantó
en armas contra el porfiriato, al
mando de 60 voluntarios, ocupando
las plazas de Monclova, Cuatro Ciénegas
y Coahuila. En junio
licenció sus tropas por orden de madero,
obteniendo el grado de teniente coronel de
caballería. Volvió a tomar las armas
durante el alzamiento de Pascual Orozco,
ascendiendo a teniente coronel.
Se unió a Venustiano Carranza
en Coahuila durante la revolución
constitucionalista, forjando una relación
que duraría años. Cuando
Carranza decidió asesinar a Zapata,
le confió al general de división González Garza
la misión de idear y llevar a cabo
el plan. González Garza
diseñó el plan para matar al caudillo del sur.
Le confió la ejecución al
coronel Jesús Guajardo. El mismo general
González presumió, después de haber sido el
autor intelectual, del astuto plan
para asesinar al líder agrario.
Tras el asesinato de
Carranza se trasladó a Estados Unidos,
donde invirtió su fortuna en un banco,
y el crack de 1929 lo dejó
en la ruina. Regresó a México,
muriendo casi en la miseria en Monterrey,
el 4 de marzo de 1950.
Jesús Guajardo, el coronel que
disparó a Quemarropa contra Zapata,
en Chinameca. Jesús María
Guajardo Martínez fue un general mexicano
nacido el 29 de agosto
de 1892 en Candela,
Coahuila. Luchó al lado de
Victoriano Huerta después de la decena trágica.
Después se unió al constitucionalismo
de Carranza, siendo contactado por el
general Pablo González Garza, para
llevar a cabo el asesinato de Zapata.
Ya convencido por el coronel Guajardo
de que deseaba cambiar de bando,
Zapata aceptó una invitación a desayunar a la
hacienda La Chinameca, cerca de Coahuila,
donde se hablaría de la entrega de un lote
de armas y municiones.
Zapata fue saludado al llegar por un toque de
clarín, mientras la última nota
comenzó el ametrallamiento del Centauro del Sur,
en el que también participó Guajardo,
disparándole a Quemarropa.
Después, Guajardo llevó
el cuerpo de Zapata a Cuautla para que González
viera que había cumplido con su misión
y le entregara la recompensa de
50.000 pesos en oro. Además,
Guajardo se ganó su ascenso a general.
Tras el asesinato de Zapata,
Guajardo se metió en un lío con la justicia
militar que resiste cuando, estando
borracho en una taberna, asesinó
a Quemarropa a dos subordinados.
Carranza lo hizo llevar a Ciudad de México
para juzgarlo, pero salvó el pellejo,
seguramente por el favor que el presidente
le debía por haber asesinado a Zapata.
Muerto Carranza en mayo de
1920, dos meses después,
Guajardo, un militar incompetente,
se levantó contra el presidente
interino Adolfo de la Huerta, siendo
fácilmente vencido en Torreón por el general
Eugenio Martínez. Esta vez no pudo
escapar del paredón, siendo fusilado
el 17 de julio de 1920
en Monterrey.
Venustiano Carranza, el presidente que ordenó
el operativo, y firmó la recompensa
de 50.000 pesos.
Tras la decena trágica y el asesinato
de Madero, Venustiano Carranza
logró unir a varios líderes revolucionarios
en torno a su figura, y consiguió el
derrocamiento del gobierno ilegítimo de
Victoriano Huerta. Pero el movimiento
revolucionario continuaba profundamente
dividido. Al caudillo norteño Pancho
Villa le gustaba ir por libre, aunque
estaba apaciguado con sus haciendas después
de ser derrotado por Obregón
en Celaya, mientras que en el sur,
Emiliano Zapata mantenía sus exigencias
de redención del campesinado.
Cuando Carranza llegó a la
presidencia, tuvo que seguir enfrentando
a Zapata, que controlaba Morelos,
muy cerca de Ciudad de México, y al
general Félix Díaz, sobrino de Porfirio,
que quería recobrar los laureles de su
tío. Antiguos porfiristas
como José María Dávila y Guillermo
Meixcuero, se habían revelado en Oaxaca
con el nombre de los soberanistas,
exigiendo un mayor poder local.
José Inés García Chávez
lideraba la resistencia contra el carrancismo
en Michoacán, mientras que los hermanos
Cleofaz, Magdaleno y Saturnino
Cedillo, habían conformado un frente
opositor en San Luis Potosí.
Pancho Villa estaba lejos, pero activo en Chihuahua,
y Obregón se había distanciado de Carranza,
retirándose a su hacienda.
Pero la mayor amenaza contra Carranza
era Zapata, por su popularidad,
la lealtad de sus jefes y el tamaño
y la alta moral de su ejército.
En este caótico contexto, Carranza lanzó
varias campañas contra el zapatismo en Morelos,
sin alcanzar los resultados esperados.
Fue así como Carranza llegó
a la conclusión de que la única solución contra
Zapata era matarlo, y le ordenó
a su general de confianza, Pablo González
Garza, que formulara un plan para
asesinar al caudillo agrarista,
ofreciendo una recompensa de 50.000 pesos
para el ejecutor.
Pancho Villa, el otro caudillo aliado de Zapata,
eliminado después por el mismo
grupo sonorense.
Muertos Carranza y Zapata, los dos grandes
gallos revolucionarios que quedaban en la gallera,
eran Álvaro Obregón y Pancho Villa.
Obregón había tomado
la delantera postulándose a la presidencia
durante el gobierno interino de Adolfo de la Huerta,
que siguió al asesinato de Carranza.
Con el apoyo de Elías Calles
y otros militares de Sonora,
Obregón tenía el camino expedito al poder,
a menos que Villa hiciera algún movimiento.
Pero el centauro del norte
prefirió quedarse en sus haciendas de Durango
y Chihuahua, y Obregón se hizo con el poder
en las elecciones federales, del 5 de septiembre
del año 1920.
Obregón neutralizó
al zapatismo superviviente ofreciéndoles
cargos y prebendas a sus líderes,
de manera que pudo gobernar en paz hasta
transferir el poder a su lugar teniente Calles.
Pero Villa,
el caudillo más parecido a Zapata durante las
guerras revolucionarias, no había dejado
de ser una amenaza, y el mismo grupo
sonorense resolvió liquidarlo
en el atentado de Parral, del 20 de julio
del año 1923.
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implicado en el asesinato de Emiliano Zapata.
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un pueblo que no conoce su historia
está condenado a repetirla.
