Así murió CADA ASESINO que EJECUTÓ a María Antonieta, la reina guillotinada. Uno tras otro, casi todos los hombres que la condujeron a la guillotina, el destino les hizo pagar su violencia con violencia. ¿Quiénes fueron… y por qué la historia les cobró caro sus acciones? Cómo se ha hecho
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This video examines the fates of the individuals who orchestrated the trial and execution of Marie Antoinette during the French Revolution. It illustrates a cycle of \"violence repaid with violence,\" detailing how the architects of the Reign of Terror—including prosecutors, judges, and political leaders—were largely consumed by the same brutal system they helped create.
Así murió cada asesino que ejecutó a María Antonieta, la reina guillotinada.
A primera hora del 16 de octubre de 1793, en un juicio amañado, María Antonieta, exreina
consorte de Francia como viuda del ya ejecutado Luis XVI, fue declarada culpable de los tres
principales cargos que se le imputaban, alta traición, conspiración contra la seguridad
del Estado y agotamiento del Tesoro Nacional.
María Antonieta fue ejecutada por decapitación en la guillotina a las 12.15 del mediodía
del 16 de octubre del año 1793.
Preparándose para su ejecución, tuvo que cambiarse de ropa delante de sus guardias.
Instantes antes de ser decapitada, pisó un zapato de su verdugo y sus últimas palabras
fueron «Perdóneme, señor, no lo hice a propósito».
Pero la historia no terminó con su muerte, porque, uno tras otro, casi todos los hombres
que la condujeron a la guillotina, el destino les hizo pagar su violencia con violencia.
¿Quiénes fueron?
¿Y por qué la historia les cobró caros sus acciones?
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Charles Henry Samson, verdugo jefe de París, dirigió su ejecución
Charles Henry Samson provenía de un linaje de ajusticiadores parisinos del siglo XVII
y fue el verdugo jefe de París durante los reinados de Luis XV y Luis XVI y la Primera
República.
Administró la ejecución de la pena capital en París durante más de cuatro décadas
y según un diario familiar, entre el 14 de julio de 1789 y el 1 de octubre de 1796, supervisó
el guillotinado de 2.548 personas, incluyendo 370 mujeres, entre ellas la reina María
Antonieta, al rey Luis XVI, nueve mayores de 80 años y 22 menores de 18, cuya ejecución
era legal en Francia en ese tiempo.
Durante el guillotinado de María Antonieta, su hijo Henry accionó la caída de la cuchilla.
Tras la Revolución Francesa, Samson desempeñó un rol esencial en la adopción de la guillotina
como método estándar de ejecución.
Después de que el doctor Joseph Ignace Guillotin propusiera públicamente la máquina como
método más piadoso de causar la muerte, Samson presentó un memorándum de gran relevancia
y perspicacia ante la Asamblea Francesa, defendiendo la propuesta del médico.
Su hijo menor, Gabriel, fue su asistente desde 1790, pero murió tras resbalar de un andamio
mientras mostraba una cabeza cortada a la multitud.
Charles Henry Samson falleció en París el 4 de julio de 1806, a los 67 años.
Antoine Quentin Fouquier de Thibille, acusador público que exigió su pena de muerte
Antoine Quentin Fouquier de Thibille, apodado de manera póstuma el proveedor de la guillotina,
fue un abogado francés que actuó como acusador público del Tribunal Revolucionario durante
la Revolución Francesa y el Período del Terror.
Se desempeñó como fiscal en París desde marzo de 1793, solicitando la ejecución de
numerosos acusados, incluyendo célebres personajes como María Antonieta, Danton y Robespierre.
En su condición de fiscal supervisó más de 2.000 guillotinadas.
Tras los acontecimientos del 10 de Termidor, 28 de julio de 1794, fue arrestado a principios
de agosto y juzgado por el Tribunal Revolucionario, acusado de ser uno de los principales responsables
de los excesos cometidos durante la época del terror.
El valor que tenía al pedir la pena de muerte para miles de personas le flaqueó cuando
fue él quien resultó acusado, y se defendió en los siguientes términos.
«No soy yo quien debería estar ante el tribunal, sino los jefes cuyas órdenes he ejecutado.
Sólo actué conforme al espíritu de las leyes aprobadas por una convención investida de
plenos poderes».
En general, su defensa se basó en culpar a Robespierre y al Comité de Salvación Pública.
No le sirvió de nada, fue guillotinado el 7 de mayo de 1795.
Maximilien Robespierre exigió juzgarla y dominaba el comité que la condenó.
Después de la ejecución de Luis XVI, el destino de María Antonieta se convirtió
en una cuestión central de la Convención Nacional.
Mientras algunos abogaban por su muerte, otros proponían intercambiarla por un rescate del
Sacro Imperio Romano Germánico o por prisioneros de guerra franceses.
En abril de 1793, durante el reinado del terror, se formó un Comité de Salvación Pública,
que en julio fue dominado por Maximilien Robespierre.
Con su ingreso por esas fechas, a instancias de Robespierre, el comité exigió juzgar
a la ex-reina.
Caído en desgracia por sus excesos, el 28 de julio de 1794, el Tribunal Revolucionario
condenó a muerte el artífice de la época del terror, junto con 21 de sus partidarios.
Un grabado de la época identifica a Robespierre como el número 10 en la procesión hacia
el Cadalso.
Tras su decapitación, la multitud estalló en vivas, gritos y júbilo, y aplausos que,
según informes del periodo, se extendieron por 15 minutos.
Robespierre y los demás ajusticiados fueron sepultados en una fosa común en el recién
abierto cementerio de Herrancis, entre 1844 y 1859.
Posiblemente en 1848, los restos de todos los allí enterrados fueron llevados a las
catacumbas de París.
Jacques René Herbert lanzó la falsa acusación de delitos con su hijo en contra de ella.
María Antonieta fue juzgada por los delitos de alta traición, malversación y dilapidación
del Tesoro Nacional y conspiración contra la República.
Jacques René Herbert también la acusó falsamente de relaciones con su pequeño hijo, Luis
Carlos, reconocido por los monárquicos franceses como Luis XVII.
Este falso cargo era innecesario para asegurar una condena a muerte, que estaba decidida
antes del comienzo del juicio, pero fue incluido para que en el prontuario figurara un delito
moral o familiar, a los que se les daba gran importancia en la época, sobre todo tratándose
de una extranjera, que por lo demás nunca simpatizó a los franceses.
El inventor del delito íntimo de María Antonieta con su hijo fue el periodista radical Jacques
Herbert, uno de los principales instigadores de las medidas más excesivas aplicadas durante
la época del terror.
Herbert era tan radical que acusaba a Robespierre y a Danton de ser demasiado blandengues.
Cuando lanzó la acusación del delito íntimo contra María Antonieta durante el juicio,
Robespierre no pudo ocultar su contrariedad y más tarde lo calificó de imbécil.
Su enfrentamiento con Robespierre costó a Herbert su arresto, juicio y fue guillotinado
el 24 de marzo de 1794.
Se cuenta que se desmayó varias veces camino al cadalso y gritó histérico cuando lo pusieron
bajo la hoja.
Según se afirma, los verdugos y la multitud se divirtieron un poco con él ajustando la
máquina para que la cuchilla se detuviera a pocos centímetros de su cuello.
Hicieron esto tres veces, pero a la cuarta les cercenaron la cabeza.
Martial Hermann presidió el tribunal que condujo su juicio.
Martial Hermann fue un abogado francés que actuó como juez principal en varios juicios
durante el reinado del terror, siendo sus casos más importantes los de María Antonieta
y George Danton.
Hermann fue comisario de policía y como tal se ocupó de las conspiraciones de la prisión
de Luxemburgo poco antes de la caída del régimen jacobino.
Estas conspiraciones no eran motines ni rebeliones realizadas por los presos, sino planes concertados
para el asesinato de determinados prisioneros.
El 28 de agosto de 1793, a propuesta de Robespierre, sustituyó a Jacques Bernard-Marie Montané
como presidente del tribunal revolucionario.
Tres días después del 9 de Termidor, 30 de julio de 1794, Hermann fue arrestado y
encarcelado, pasando diez meses en prisión.
En sus primeros días de cautiverio escribió una memoria a su favor, destacando que siempre
se había preocupado por ayudar a las esposas e hijos menores de los hombres que arrestaba.
El 6 de mayo de 1795 recibió el veredicto de condena a muerte con un solo voto de mayoría,
y se cuenta que arrojó su sombrero por la ventana en una reacción de rabia e impotencia.
Marcial Hermann fue guillotinado en la Place de Grève de París, el 7 de mayo de 1795,
a los 35 años.
Georges Coton, miembro del Comité, redactó leyes que aceleraron ejecuciones.
Georges August Coton fue un abogado y político francés conocido por su actuación como diputado
en la Asamblea Legislativa durante la Revolución Francesa.
El 30 de mayo de 1793, Coton fue elegido miembro del Comité de Salvación Pública, formando
una especie de triunvirato no oficial dentro del órgano, junto con Maximilien Robespierre
y Louis-Anthony de Saint-Just.
Como miembro del Comité, redactó proyectos legales para acelerar las ejecuciones, incluyendo
la de María Antonieta.
Coton desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de la Ley del 22 praeireal,
que causó un fuerte aumento en el número de ejecuciones de los acusados como contrarrevolucionarios.
Este instrumento legal, conocido como la Ley del Gran Terror, permitió al Comité de Salvación
Pública simplificar los procesos judiciales y las ejecuciones.
Durante la crisis que antecedió a la reacción termidoriana, Coton renunció a un viaje a
Ubernia para, como escribió, poder morir o triunfar con Robespierre.
Durante las últimas caóticas semanas de la época del terror, en la que todo el mundo
temía por su vida, la Convención, en un acto de autopreservación, ordenó el arresto
de Robespierre, su hermano Augustine, Saint-Just y Coton, todos ejecutados en las masivas guillotinadas
del 28 de julio de 1794.
Louis-Anthony de Saint-Just, miembro del Comité que selló su destino
Louis-Anthony de Saint-Just, apodado el Arcángel del Terror, fue un político, filósofo y
prominente revolucionario francés que presidió la Convención Nacional Francesa, lideró
el Club Jacobino, y fue una de las figuras más importantes de la Revolución.
Fue un aliado incondicional y cercano amigo de Robespierre, y murió guillotinado el 28
de julio de 1794, tras la caída de éste.
Destacado por su elocuencia, reconocido por su inflexibilidad e intransigencia en la defensa
de los principios revolucionarios, especialmente la igualdad, Saint-Just también descolló
en varias misiones militares que le encomendaron, como la rectificación del ejército del Rhin
y la victoria de los ejércitos republicanos en Fleurus, frente a la monarquía de los
Habsburgo.
Como miembro del Comité de Salvación Pública, Saint-Just fue uno de los personajes que sellaron
el fatal destino de María Antonieta.
Como teórico político, inspiró notoriamente la Constitución del año 1, así como la
Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1793, anexa al texto constitucional.
El 9 de Terminor defendió a Robespierre de las acusaciones de sus opositores, y fue arrestado
junto con él.
A partir de ese momento, Saint-Just se mantuvo en un silencio sepulcral hasta su ejecución
al día siguiente.
Antoine Simon manipuló a su hijo para que acusara a su propia madre
Antoine Simon fue un zapatero jacobino que manipuló y coaccionó al pequeño príncipe
Luis Carlos, hijo de María Antonieta y Luis XVI, reconocido por los realistas franceses
como el rey Luis XVII, para que firmara una declaración en la que acusaba a su madre
de agresiones íntimas.
El 3 de julio de 1793, el Comité de Salvación Pública separó por la fuerza a Luis Carlos,
entonces un niño de 8 años, de su madre, y abajo arresto en la prisión de la Torre
del Temple.
El chico fue puesto al cuidado del jacobino Antoine Simon y su esposa, María Juana.
El objetivo de los revolucionarios era borrar su identidad real y reeducarlo en los ideales
de la república.
Para obtener una confesión, el niño fue emborrachado con vino, hostilizado y coaccionado.
Este testimonio fraudulento fue después utilizado contra María Antonieta, como uno de los cargos
en su contra por el periodista revolucionario Jacques Herbert.
La exreina se negó a responder las preguntas sobre este tema por considerarlas ofensivas.
Luis Carlos murió en prisión a los 10 años de edad en 1795, debido a la tuberculosis
y a las pésimas condiciones de salubridad en cautiverio.
Antoine Simon formó parte del grupo de guillotinados en la Plaza de la Revolución, actual Plaza
de la Concordia, el 28 de julio de 1794, junto con Robespierre.
Jean-Paul Marat incitó por prensa a matar a la familia real.
Jean-Paul Marat fue un periodista revolucionario radical jacobino, conocido principalmente
por haber sido acuchillado hasta la muerte en una bañera el 13 de julio de 1793 por
la militante girondina Charlotte Corday, uno de los episodios de la Revolución Francesa
Desde su periódico El Amigo del Pueblo, Marat insistía, de manera constante y virulenta,
en la necesidad de ejecutar a la familia real de Francia.
Estos mensajes y proclamas tuvieron un impacto decisivo en el destino final de Luis XVI y
María Antonieta.
Los escritos de Marat contribuyeron a la radicalización de las masas francesas, ya que muchos de sus
integrantes compartían su propuesta de eliminar, no solo a la pareja real, sino a toda la aristocracia
francesa por su oposición a la revolución.
Con sus textos, Marat fue uno de los principales impulsores de la ejecución en la guillotina
del rey Luis XVI el 21 de enero de 1793.
Marat fue uno de los principales ideólogos de la época del terror de la Revolución
Francesa, que entre el 5 de septiembre de 1793 y el 27 de julio de 1794 guillotinó
entre 15.000 y 17.000 personas, y en total murieron, incluyendo todas las causas, entre
35.000 y 40.000 personas.
Estos ejecuciones, muertos en prisión, fusilamientos masivos y ahogamientos.
Sin embargo, no pudo darse el gusto de ver expuesta al público por el verdugo la cabeza
de María Antonieta, ya que antes de la ejecución de la exreina, Carlota Corday lo mató a él.
George Danton creó el tribunal revolucionario que la juzgó.
George Jacques Danton fue un abogado y político francés y uno de los personajes más destacados
de la Revolución Francesa.
De origen modesto, emergió como líder político radical gracias a su brillante oratoria, que
desplegó en el Club de los Cordeliers y en la Asamblea Nacional.
Tras la caída de la monarquía el 10 de agosto de 1792, fue nombrado ministro de justicia.
Actuó como el principal instigador del Tribunal Revolucionario en la Convención Nacional
y fue el primero en presidir el Comité de Salvación Pública.
Tras la insurrección del 31 de mayo al 2 de junio de 1793, cambió de opinión sobre
el uso de la fuerza, haciéndose más moderado, y perdió su puesto en el Comité, lo que
consolidó su rivalidad con Robespierre.
Abandonó la política, pero fue instado a regresar a París para abogar por la moderación,
lo que hizo pidiendo el fin del terror y la disolución del Comité de Salvación Pública.
A finales de marzo de 1794 anunció el fin del terror sin haberse alcanzado el consenso
en torno a esa medida entre la dirigencia revolucionaria, y Robespierre lo hizo guillotinar
acusándolo de conspiración.
Bertrand Barrere, miembro del Comité que ordenó el terror
Bertrand Barrere de Biesoac fue un político, periodista y mazón francés, uno de los miembros
más importantes de la Convención Nacional.
Respaldó la creación del Comité de Salvación Pública, siendo uno de los principales responsables
del reinado del terror, junto a Robespierre y a Saint-Just.
En la primavera de 1794, se convirtió en opositor de Robespierre y se unió al golpe
que condujo a la caída del líder revolucionario.
Se dice que era tan oportunista, que una anécdota posiblemente apócrifa señala que en una
de las últimas sesiones de la convención, llevaba en los bolsillos dos discursos, uno
a favor y otro en contra de Robespierre, tras la ejecución de Robespierre lo describió
como tirano y como el terror mismo.
Sin embargo, Barrere fue arrestado y su abogado defensor, Lázare Carnot, lo terminó de hundir
con su defensa, argumentando que no era mucho peor que él mismo.
Fue condenado a la deportación a la Guayana francesa, pero logró fugarse de la cárcel
antes de cruzar el océano, iniciando una vida de fugitivo hasta que las cosas lograron
calmarse.
Se benefició de la amnistía de Napoleón en 1799, y murió el 13 de enero de 1841,
a los 85 años, siendo el último miembro del Comité de Salvación Pública en fallecer.
Jacques-Nicolas Villarot-Barrene, miembro del Comité, la llamó vergüenza de la humanidad.
Jacques-Nicolas Villarot-Barrene fue un revolucionario francés que sobresalió como orador de los
jacobinos. Fue el autor de la idea de establecer un calendario revolucionario republicano en
sustitución del gregoriano, cuyo día inicial fue el primero de Vendimiario, 22 de septiembre
de 1792, fecha en la que la Convención Nacional abolió la monarquía y proclamó oficialmente
la Primera República Francesa. Formó parte del Comité de Salvación de la República
desde septiembre de 1793, por lo que le tocó participar en el juicio a María Antonieta,
a la que describió como una vergüenza para la humanidad. Fue cercano a Robespierre en
sus enfrentamientos con Heber y Danton, aunque lo abandonó en el momento decisivo, participando
en el golpe que lo depuso. En 1795 fue arrestado, juzgado y condenado al exilio en la Guayana
Francesa. Tras la amnistía de Napoleón, en 1799 rehusó regresar a Francia, prefiriendo
quedarse en América, instalándose en la colonia francesa de Saint-Domingue, en la
parte occidental de la isla La Española, futura república de Haití. Villau-Barenne
murió en Puerto Príncipe, ya en un Haití independiente, el 3 de junio de 1819, a los
63 años. Jean-Marie Collot de Gervois, miembro del Comité durante el terror que la condenó.
Jean-Marie Collot fue un dramaturgo, actor y revolucionario francés que formó parte
del Comité de Salvación Pública durante la época del terror de la Revolución Francesa.
Envió a la guillotina a más de 2.000 personas en la ciudad de Lyon, aunque suele anotarse su
favor que salvó de la cuchilla mortal a Madame Tussaud, la artista francesa conocida por sus
esculturas de cera y fundadora del famoso museo que lleva su nombre en Londres.
En octubre de 1793, la Convención lo envió, junto con Joseph Fouché, a castigar la Revuelta de Lyon,
donde hizo un baño de sangre de tal magnitud que incluyó a 100 sacerdotes y monjas,
que alarmó incluso al poco impresionable Comité de Salvación Pública, que lo hizo retornar a París.
Acusado de atacar a la población de Lyon y temiendo su propio arresto y ejecución,
Collot se opuso a Robespierre durante la Reacción Terminatoriana en julio de 1794.
A pesar del cambio de bando, en 1795 fue juzgado y deportado a la temible colonia penal de Cayena,
en la Guayana francesa, donde murió de fiebre amarilla en 1796, a los 46 años.
Lázare Carnot, miembro del Comité con Poder Dictatorial durante el Terror
Lázare Carnot fue un dirigente revolucionario y matemático francés, conocido principalmente por
su papel como organizador de la victoria de Francia en las guerras revolucionarias contra
Austria. Como matemático, se le considera uno de los creadores de la geometría moderna y su hijo,
Sadi Carnot, padre fundador de la termodinámica. Lázare Carnot no se opuso al establecimiento del
reinado del terror y participó en la caída de Robespierre, a pesar de lo cual logró salvar
el cuello en una época en la que la vida valía poco en Francia, aunque estuvo un
periodo preventivamente exiliado en Génova. En 1800, Napoleón lo designó ministro de guerra,
aunque sus convicciones republicanas no calzaban con las aspiraciones autocráticas del Gran Corzo.
Finalmente se retiró de la vida pública y Napoleón, quien había sido su protegido,
lo nombró conde de Carnot. Prestó un último servicio a Buenaparte como ministro del interior
durante los 100 días, tras lo cual fue deportado a Prusia, muriendo en Amagdeburgo en los de agosto
de 1823. Pierre André Confinjal, juez del tribunal, firmó su sentencia de muerte.
Pierre André Confinjal Duval, más conocido como Jean-Baptiste Confinjal,
fue un abogado y revolucionario francés, juez del Tribunal Revolucionario y miembro del Consejo
General de la Comuna de París. Políticamente cercano a Robespierre, se comportó con un celo
y una intransigencia que engendraron hacia él una profunda animadversión entre los círculos
revolucionarios, junto con su tendencia a los comentarios ingeniosos fuera de lugar.
Como juez del Tribunal Revolucionario, le tocó juzgar y firmar la sentencia de muerte de María
Antonieta en octubre de 1793. Presidió el juicio de Anthony Labossière, fundador de la química
moderna, y dejó para la historia una frase infame cuando la esposa del hombre de ciencias pidió
clemencia para su esposo. La república no necesita científicos ni químicos, el curso de la justicia
no puede demorarse. Labossière, artífice del sistema amétrico, descubridor del papel del
oxígeno en la combustión y autor de la ley de la conservación de la masa, fue guillotinado
el 8 de mayo de 1794. Confinjal fue el condenado a muerte número 55 en ser guillotinado durante
las purgas de la reacción termidoriana, el 6 de agosto de 1794, en París.
Gabriel Toussaint Essayer, juez que firmó su acta de ejecución. El 5 de agosto de 1793,
Gabriel Toussaint Essayer fue incorporado como juez del Tribunal Revolucionario,
junto con sus colegas Jean-Baptiste Confinjal, Petit de Hautivert y Claude Manuel d'Obsend.
En esa ocasión, cuando fue informado, el ministro de Justicia respondió que acogía,
con beneplácito, la elección de estos ciudadanos, cuya marcada conciencia cívica e inteligencia
son garantías seguras de que el tribunal no perderá la confianza del público.
Poco más de dos meses después se celebró el juicio de María Antonieta,
condenada a muerte por unanimidad por el Tribunal Revolucionario.
Hijo de un comerciante de telas de Confinjal, Gabriel Toussaint Essayer se había convertido
en abogado en Nochón en 1783. En 1790 fue elegido juez en el Tribunal de Distrito de Copieng. Su
hermano, Alexander Essayer, fue alcalde de Copieng. Antes de ser elegido para el Tribunal
Revolucionario, Essayer había presidido el Tribunal del Segundo Distrito desde el 1 de
marzo de 1793. Envió a la guillotina a René-François Dumas, apodado Dumas el Rojo por
el color de su pelo. Implicado en el juicio de Anton Fouquier-Timbiel, Essayer fue guillotinado
junto con otros 16 coacusados, en 7 de mayo de 1795, a los 38 años.
Leopold Renaudin, jurado que la declaró culpable por unanimidad
Leopold Renaudin fue un fabricante de instrumentos musicales y revolucionario francés que actuó
como miembro del jurado del Tribunal Revolucionario, que condenó a muerte por unanimidad a María
Antonieta. En su juicio fue particularmente reconocido por la calidad de sus contrabajos,
que siguen siendo muy solicitados un siglo después de su muerte. Además, sobresalió
por la habilidad con la que encontraba y reparaba los defectos de los instrumentos musicales.
Partidario de los Ideales de la Revolución, fue elegido para representar su sección en
1791 y 1792. Se actuó como delegado seccional para presentar una petición a la Asamblea
Legislativa el 3 de agosto de 1792. Tras la caída de Luis XVI, tomó posesión de un
escaño en la Comuna de París el 10 de agosto de 1792. Fue uno de los miembros más enérgicos
del jacobinismo y uno de los jurados más severos del Tribunal Revolucionario. Fue juzgado
junto a Fouquier-Timbiel, y durante el proceso se defendió como lo hacía la mayoría de
los acusados, invocando el rigor de la ley y declarando, en aquel entonces, todos habrían
votado como nosotros. Renaudin fue condenado a muerte y guillotinado el 7 de mayo de 1795,
junto con otros 15 coacusados. Joaquín Villate, jurado en el juicio que la condenó.
Joaquín Villate fue un partidario de la Revolución Francesa, designado miembro del
jurado del Tribunal Revolucionario en septiembre de 1793, justo a tiempo para actuar en el juicio
a María Antonieta. Procedente de una familia de la burguesía de Haute-Marché, su padre,
François Villate, era un cirujano jurado de Ajun, estudió en Eymoutiers, y más tarde
cursó filosofía en la Universidad de Burgos. Tras morir, su padre asistió a un seminario
en Limoges y fue nombrado segundo profesor en el Colegio Real de la Ciudad. En 1791 fue
designado retórico en Saint-Gaultier, en Indre. En la primavera de 1792 llegó a París
para estudiar medicina, instalándose en la rue du Bac.
Villate refirió que el 12 de octubre de 1793, día en el que Hebert lanzó su temeraria
acusación de delitos íntimos de María Antonieta con su hijo de ocho años, ceno
con Robespierre, Saint-Just y Bareré. Según Villate, a Robespierre estaba tan irritado
con el escandaloso señalamiento, que pensaba que él lo daba todo el juicio, que rompió
el plato con el tenedor y calificó a Hebert de imbécil. Villate fue otro de los guillotinados
el 7 de mayo de 1795.
Pierre-Antoine Antonelle, jurado en el juicio que la condenó
Pierre-Antoine Antonelle fue un político, periodista revolucionario francés, que presidió
el Club Jacobino y fue el primer alcalde de Arles, elegido por votación popular. Aunque
de origen aristocrático, fue un decidido defensor de la revolución en Arles, Provenza
y finalmente en París, donde integró el jurado del Tribunal Revolucionario, que condenó
a muerte a María Antonieta.
Se negó a condenar enérgicamente a los girondinos, posición que sus aliados jacobinos vieron
con recelo, y fue encarcelado hasta la reacción termidoriana.
Poco después de ser puesto en libertad, se unió a la Convención Nacional durante la
insurrección del 13 de vendimiario. Posteriormente, se retiró casi por completo de la política
activa, dedicándose a publicar textos sobre la teoría de la revolución y los derechos
humanos.
Murió el 26 de noviembre de 1817 en Arles, y su funeral fue boicoteado por el clero local
debido a su firme anticlericalismo.
Josef Soberville, jurado y médico que votó su condena
Josef Soberville fue un cirujano y revolucionario francés, íntimo amigo y médico personal
de Robespierre. Participó en la toma de la Bastilla del 14 de julio de 1789, y formó
parte del jurado del Tribunal Revolucionario que condenó a María Antonieta a morir en
la guillotina.
Durante los acontecimientos de la Bastilla, entró en la fortaleza y atendió a los heridos.
Después de su derrocamiento, Luis XVI fue bautizado por los revolucionarios como Luis
Capeto, y tras su ejecución, María Antonieta era referida como la Viuda Capeto.
Robespierre pidió a su amigo Soberville que vigilara la salud de la Viuda Capeto, desde
su encarcelamiento hasta el final de su juicio.
María Antonieta padecía de cáncer de útero, y Soberville la alimentaba a base de caldo
de pollo, después envió a la guillotina a su paciente.
Soberville murió el 10 de julio de 1846, en París, a los 92 años.
Joseph-Ignace Guillotin, proponente de su instrumento de muerte, tiende a afirmarse
erróneamente que el inventor de la guillotina fue el médico francés Joseph-Ignace Guillotin.
Sin embargo, este artefacto de ejecución ya estaba inventado y lo que hizo el Dr. Guillotin
fue proponer su uso como instrumento oficial de ejecución en Francia, al considerarlo
menos brutal que la horca y otros métodos al uso.
La revolución francesa popularizó el método de ejecución y el instrumento adoptó el
nombre de El Médico.
Varios miembros de la familia Guillotin pidieron formalmente que la máquina mortal recibiera
otra denominación, pero el nombre quedó instalado.
Guillotin era contrario a la pena de muerte y creía que la adopción de un método menos
inhumano sería un primer paso hacia la abolición del castigo capital.
Joseph-Ignace Guillotin murió en París el 26 de marzo de 1814, a los 75 años.
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