¿Qué SECRETOS OCULTOS hay bajo la Catedral de Guadalajara?

Relatos Históricos
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24 ago 2026
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¿Qué SECRETOS OCULTOS hay bajo la Catedral de Guadalajara?. En este video haremos un recorrido por documentos históricos, hallazgos arqueológicos y leyendas populares que han rodeado la historia y misterios de la Catedral de Guadalajara.
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¿Qué secretos ocultos hay bajo la Catedral de Guadalajara?
¿Sabías que las torres que hoy identifican a Guadalajara son las terceras?
¿Y que una leyenda asegura que su forma salió del Platón, donde el obispo comía pitallas?
¿Y qué respondía el obispo muerto cuando alguien tocaba tres veces su ataúd en la cripta de la Catedral?
En pleno corazón de Guadalajara, dos torres coronadas por azulejos amarillos se elevan sobre una Catedral familiar para cualquier habitante de la ciudad.
Sin embargo, detrás de su fachada de cantera existe un edificio muy distinto del que comenzó a levantarse en el siglo XVI.
Incendios, terremotos y reconstrucciones cambiaron su apariencia una y otra vez, mientras cada generación ha añadido nuevas obras, imágenes religiosas y relatos.
Muchos de sus secretos no están a simple vista.
Bajo el altar descansan obispos y cardenales.
En sus capillas se conservan reliquias rodeadas por historias de martirio.
Y alrededor de sus criptas circulan relatos sobre deseos concedidos, túneles ocultos y presencias sobrenaturales.
En este vídeo haremos un recorrido por documentos históricos, hallazgos arqueológicos y leyendas populares que han rodeado la historia y misterios de la Catedral de Guadalajara.
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Miguel Hidalgo recibió un atendén en la Catedral, 1810.
La tarde del 26 de noviembre de 1810, el líder independentista Miguel Hidalgo y Costilla entró triunfalmente en Guadalajara por la calle de San Francisco, vestido como Generalísimo del Ejército Insurgente.
En su recorrido llegó primero a San Pedro Tlaquepaque, a 15 minutos de la ciudad, donde fue recibido por José Antonio El Lamo Torres, representantes del Ayuntamiento, el Cabildo Eclesiástico, las órdenes religiosas y numerosos habitantes.
Frente a la Catedral, Hidalgo saludó a los canónigos y bromeó sobre quiénes lo consideraban hereje, pese a recibirlo conforme a la liturgia católica.
Los miembros del Cabildo lo condujeron hasta el Presbiterio, lo sentaron bajo un docele y celebraron en su honor un Tedeum, una oración cristiana tradicional acompañada por una orquesta.
El líder insurgente avanzó después por la antigua calle de Santa Teresa hasta el Palacio Real, donde respondió a los discursos de autoridades, corporaciones y colegios.
Visita de Juan Pablo II, 1979
La Catedral Metropolitana de Guadalajara fue escenario de la primera visita del Papa Juan Pablo II a México.
El pontífice, quien luego sería conocido como el Papa Peregrino por sus muchos viajes al extranjero, llegó a la ciudad el 30 de enero de 1979 y dedicó su primera visita a la Catedral, donde se reunió con religiosas de clausura.
Durante su discurso, les habló sobre el valor de la vida contemplativa, centrada en la oración, el silencio y la consagración religiosa, mientras que defendió la vigencia de estas costumbres en un mundo orientado hacia lo material.
También destacó la Eucaristía como centro de estas comunidades y extendió su saludo a todas las monjas contemplativas del país.
La visita formó parte de una jornada en la que recorrió Guadalajara y también participó en actos en el Templo de Santa Cecilia, el Estadio Jalisco y el Seminario Mayor.
Hubo Catedrales Anteriores de Adobe y Paja
Antes de la Catedral Monumental que actualmente podemos ver en el Centro Histórico, Guadalajara tuvo templos mucho más modestos.
De hecho, la primera Catedral de la ciudad fue la Iglesia de San Miguel, erigida junto a la antigua Plaza Mayor, donde actualmente se encuentra el Templo de Santa María de Gracia.
Aquel edificio, dedicado al Arcángel Miguel, estaba construido principalmente con adobe, un material común en las primeras edificaciones del Virrenato de la Nueva España.
Algunas versiones también describen estas estructuras tempranas como construcciones sencillas cubiertas con paja, muy diferentes de la cantera y las altas bóvedas posteriores.
Su fragilidad quedó demostrada el 30 de mayo de 1574, cuando un incendio dañó severamente la iglesia.
Para entonces, el centro urbano comenzaba a desplazarse hacia una nueva Plaza Mayor, donde sería edificada la Catedral Definitiva, que conocemos en la actualidad.
La mandó construir Felipe II por cédula real, 1561.
La construcción de una nueva Catedral no surgió únicamente de una decisión local.
El 18 de mayo de 1561, el rey Felipe II de España autorizó el proyecto mediante una cédula real, documento con el que la Corona Española comunicaba órdenes para sus territorios.
La nueva iglesia sería levantada en Guadalajara, capital del Reino de Nueva Galicia, y sus gastos debían ser cubiertos por el Consejo.
Poco después, el 31 de julio de ese año, Pedro de Ayala, segundo obispo de Nueva Galicia, colocó y bendijo la primera piedra, en un acto que marcó la fundación del edificio, aunque las obras no comenzaron inmediatamente.
La autorización real subraya la importancia administrativa que Guadalajara ya había adquirido en Nueva España, y explica por qué el proyecto fue concebido con dimensiones más ambiciosas que las iglesias anteriores.
La construcción real comenzó en 1571, y pasó por varios maestros. Aunque la primera piedra fue colocada en 1561, la construcción efectiva de la Catedral de Guadalajara comenzó 10 años después, en el año de 1571.
El proyecto avanzó durante décadas, como era habitual en los grandes edificios religiosos, que dependían de recursos, materiales, trabajadores y decisiones técnicas sucesivas.
La dirección del proyecto no permaneció siempre en las mismas manos. Entre los maestros vinculados con el edificio, destaca Martín Casillas, el arquitecto que llegó a convertirse en maestro mayor de la obra.
También intervino Diego de Aguilera, maestro mayor de la Catedral de México, quien sostuvo con Casillas un debate sobre la solución adecuada para cubrir el templo.
Aquella discusión, documentada en 1599, reveló que la catedral no nació de un diseño único e inalterable, sino de un proceso colectivo prolongado y sujeto a sucesivos cambios.
Dedicada en 1618, consagrada en 1716, y elevada a basílica menor por Pío XI en 1938.
Tras décadas de trabajo, el templo pudo abrir sus puertas y comenzar su vida religiosa en el siglo XVII.
La Catedral de Guadalajara fue dedicada a la Asunción de María el 17 de febrero de 1618, aunque también a registros de una consagración el 22 de octubre de ese año.
La dedicación establece la advocación de un templo, mientras que la consagración corresponde al rito que lo destina al culto.
Sin embargo, el proceso ceremonial no terminó allí. El 12 de octubre de 1716 se realizó otra consagración, casi un siglo después de concluida su etapa inicial.
Mucho más tarde, el 21 de diciembre de 1938, el Papa Pío XI le concedió el título de basílica menor, una distinción que reconoció su importancia histórica, litúrgica y pastoral dentro de la iglesia católica mexicana.
Es una mezcla de estilos arquitectónicos. La Catedral Metropolitana de Guadalajara no pertenece a un solo estilo arquitectónico.
Su apariencia es resultado de siglos de construcción, reparaciones y transformaciones, por lo que reúne elementos renacentistas, góticos, barrocos, moriscos, neoclásicos y neogóticos.
La portada central de cantera presenta arcos de medio punto y rasgos renacentistas, mientras que las tres naves interiores están cubiertas por bóvedas y nervaduras asociadas con la tradición gótica.
Las columnas estriadas y los capiteles toscanos aportan otra capa al conjunto.
A estas formas se suman influencias barrocas y moriscas, visibles en detalles decorativos.
Las famosas torres piramidales, construidas durante el siglo XIX, introdujeron su imagen neogótica reconocible, una compleja combinación que surgió de las múltiples intervenciones que el edificio necesitó a lo largo de su historia.
Las torres originales se derrumbaron en el sismo de 1818.
En 1818, un terremoto sacudió Guadalajara y transformó la silueta de su catedral.
Al terminar el movimiento telúrico, las torres originales y la cúpula se habían derrumbado, dejando al templo sin sus elementos más visibles.
Durante años, el edificio permaneció sin torres hasta que se levantaron nuevos campanarios.
Las segundas torres también cayeron en 1849 y las actuales son de Gómez y Barra.
La reconstrucción posterior al terremoto de 1818 no resolvió definitivamente el problema.
Las torres sustitutas también cedieron durante otro sismo, ocurrido en 1849, y la catedral volvió a perder parte esencial de su silueta.
El obispo Diego Aranda y Carpinteiro encargó entonces un nuevo proyecto al ingeniero y arquitecto Manuel Gómez y Barra, autor de obras importantes en Guadalajara.
El especialista optó por levantar campanarios de estilo neogótico y empleó piedra pómez, un material ligero que reducía el peso de la estructura ante futuros movimientos sísmicos.
Los trabajos comenzaron alrededor de 1851 y concluyeron en 1854.
Después de tres años, aquellas torres, muy distintas de las originales coloniales, terminaron convirtiéndose en el rasgo más reconocible de la catedral metropolitana de Guadalajara y en uno de los símbolos urbanos de Jalisco hasta la actualidad.
DATOS DE LAS TORRES, ALTURA, FORMA Y AZULEJOS
Las torres actuales no son exactamente iguales entre sí. Una alcanza 65.91 metros de altura y la otra 65.55 metros, una diferencia pequeña que suele pasar inadvertida desde la plaza.
Su perfil ha sido comparado con dos alcatraces colocados al revés. Comienzan con una base amplia y ascienden hasta rematar en agujas estrechas.
Sobre la estructura de piedra pómex se colocaron azulejos amarillos procedentes de Sayula, un municipio de Jalisco conocido por su tradición alfarera.
LEYENDA Las torres se inspiraron en la vajilla del obispo.
Existe una historia popular que atribuye el diseño de las torres a un objeto inesperado, la vajilla del obispo Diego Aranda y Carpintero.
Según la leyenda, después de una procesión de Corpus Christi hacia el año 1850 o 1851, el prelado trataba de aliviar el calor de junio comiendo pitallas servidas en un platón decorado con figuras y paisajes.
Entre esos motivos aparecían campanarios piramidales. Manuel Gómez Ibarra habría observado el diseño y lo habría utilizado como inspiración para las nuevas torres de la catedral.
El relato explica de manera pintoresca el origen de su forma, pero debe entenderse como tradición oral y no como un hecho plenamente documentado.
Lo comprobable es que Gómez Ibarra construyó los campanarios y empleó piedrapones para aligerarlos frente al riesgo sísmico ante la posibilidad de nuevos terremotos.
La cúpula actual fue reconstruida en el siglo XIX. La cúpula visible en la actualidad tampoco corresponde a la primera etapa del templo.
La original se desplomó junto con las torres durante el terremoto de 1818, y las reconstrucciones posteriores modificaron varias veces el remate del presbiterio.
La estructura actual fue concluida por Domingo Torres en 1875, dentro del amplio proceso de renovación que atravesó la catedral durante el siglo XIX.
Su función no es únicamente exterior, permite iluminar el muro del fondo y dirige la mirada hacia el espacio principal del culto.
En sus pechinas, es decir, las superficies curvas que sostienen la base de la cúpula, Carros Villaseñor pintó a los cuatro evangelistas, con sus símbolos tradicionales en la tradición cristiana.
Mateo con un ángel, Marcos con un león, Lucas con un toro y Juan con un águila.
El interior, altar mayor, ciprés y coro.
Al entrar en la catedral de Guadalajara, la nave central conduce hacia un altar mayor de mármol blanco y plata.
Este sustituyó al antiguo ciprés, el nombre dado a una estructura monumental que cubría y destacaba el altar.
Aquel ciprés medía 8 metros, pesaba 20 toneladas y fue diseñado en Génova por el escultor David Gandini en 1866.
Juan Durini dirigió una instalación en diciembre de 1869, junto con cuatro esculturas de los evangelistas, pero fue desmontado en 1992 y trasladado a un patio del actual Museo de Arte Sacro.
Cerca del presbiterio se encuentra el coro del Cabildo Eclesiástico, estrenado en 1832 para el rezo del oficio divino.
Su sillería de cocobolo incluye 22 asientos inferiores y 31 superiores, además de la silla cardenalicia situada en el centro.
Entre los tesoros pictóricos de la Catedral de Guadalajara se destaca una obra resguardada en la Sacristía, una representación de la Inmaculada Concepción, atribuida al pintor barroco Bartolomé Esteban Murillo.
El artista español, nacido en 1617 y fallecido en 1682, fue una de las figuras más reconocidas de la pintura barroca sevillana y desarrolló numerosas versiones de este tema mariano.
La atribución indica que la autoría ha sido aceptada por tradición o por análisis especializados, aunque no debe presentarse con la misma certeza que una obra documentada sin discusión.
El mural de Cristóbal Villalpando
La misma Sacristía conserva una obra monumental del pintor nuevo hispano Cristóbal de Villalpando, la iglesia militante y triunfante.
La pieza fue encargada por Juan de Santiago y León Galavito, obispo de Guadalajara, durante las obras que permitieron concluir ese espacio en 1687.
Villalpando fue uno de los artistas más destacados de la Nueva España y se especializó en composiciones religiosas de gran formato, abundantes personajes y complejos efectos de luz.
El título de la pieza distingue dos dimensiones de la comunidad cristiana, la iglesia militante, formada por los creyentes que viven en la tierra, y la triunfante, integrada por quienes han alcanzado la gloria celestial.
El mural no es una simple decoración, sino que convierte el muro de la Sacristía en una explicación visual de ideas teológicas y del orden espiritual católico colonial.
El órgano Merklin, 1893
Sobre la entrada principal se encuentra uno de los instrumentos más imponentes de la Catedral de Guadalajara, su órgano monumental.
Fabricado en París por la Casa Merkline, un taller especializado en órganos e instrumentos llegó al templo gracias a las gestiones del organero tapatío Francisco Godínez Morales,
quien se encargó de instalarlo personalmente en 1893, en una tribuna situada sobre el coro alto.
Originalmente, el órgano tenía 38 registros, los mecanismos que permiten seleccionar diferentes grupos de tubos y modificar el color del sonido.
El órgano forma parte del patrimonio artístico de la Catedral, ya que su caja de apariencia neogótica armoniza con las reformas decimonónicas y recuerda que el recinto fue concebido como un espacio acústico y ceremonial histórico.
La Virgen de la Rosa, regalo de Carlos V
Entre las imágenes más antiguas que se conservan en la Catedral se encuentra la Virgen de la Rosa, una escultura de madera que representa a María con el niño Jesús,
y que recibió su nombre por el arramillete de rosas que llevaba en la mano derecha.
Según la tradición, el emperador Carlos V envió en 1548 cuatro imágenes marianas al Reino de la Nueva Galicia.
Los franciscanos conservaron dos, mandaron otra a Poncitlán, y entregaron esta a los fundadores de Guadalajara.
Cuando la Catedral fue dedicada en 1618, la imagen fue trasladada solemnemente al nuevo edificio.
Actualmente permanece en un nicho situado a la derecha del altar principal.
Campanas históricas, reloj y carrillón
Las torres no solo definen la imagen exterior de la Catedral, también conservan un conjunto de 19 campanas, cada una con nombre e historia propios.
Sus sonidos han regulado durante siglos la vida religiosa de Guadalajara.
Han anunciado misas, festividades, funerales y acontecimientos extraordinarios.
Algunas piezas sobrevivieron a terremotos y conflictos, por lo que sus inscripciones permiten reconocer diferentes épocas del templo.
Junto a ellas funcionaron mecanismos destinados a medir y comunicar el tiempo.
El reloj marcaba las horas para quienes transitaban por el centro de la ciudad, mientras el carrillón producía secuencias musicales mediante campanas afinadas.
Así, los campanarios cumplían una doble función.
Convocaban a los fieles y difundían señales comprensibles para toda la población.
Antes de los teléfonos y altavoces, sus toques formaban parte del lenguaje cotidiano de la ciudad.
La cripta de los obispos y cardenales bajo el altar
Justo debajo del altar mayor se encuentra la cripta destinada a los obispos y cardenales de Guadalajara.
En este espacio reposan figuras de distintas épocas de la diócesis.
Entre ellas los cardenales José Garibi y Rivera, José Salazar López y Juan Jesús Posadas Ocampo.
También se conservan los restos de Francisco Gómez de Mendiola, fallecido en 1576, y de Juan Santiago y León Garavito, muerto en 1694.
Las sepulturas, identificadas mediante placas, convierten al recinto en una especie de archivo funerario de la iglesia.
La tumba de Posadas Ocampo está acompañada por una fotografía y por una escultura de la piedad, en la que María sostiene a Jesús después de la crucifixión.
Para muchos visitantes este lugar funciona además como espacio de oración y memoria de Guadalajara, y su historia religiosa.
Leyenda. Pedir deseos tocando los ataúdes de los obispos.
La cripta también está rodeada por una tradición popular.
Según la leyenda, quien formula una petición y toca tres veces alguno de los ataúdes, puede recibir una respuesta del obispo sepultado.
Un golpe significa que la súplica fue aceptada.
Dos golpes indican una respuesta negativa.
El relato ha contribuido al ambiente misterioso asociado con las llamadas catacumbas de la catedral, aunque no existe evidencia de que ocurra ese supuesto intercambio.
Además, el ritual ya no puede realizarse como antes, porque los sarcófagos se encuentran protegidos por un vidrio.
Aún así, numerosos peregrinos y turistas descienden por las escaleras laterales para contemplar las tumbas.
Más que una práctica oficial de la iglesia católica, se trata de una creencia transmitida entre visitantes y vinculada con la búsqueda de milagros durante generaciones.
El Cardenal Posadas Ocampo, asesinado en 1993, está sepultado ahí.
Una de las sepulturas más visitadas pertenece al Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, que fue arzobispo de Guadalajara desde 1987 y nombrado cardenal por el Papa Juan Pablo II en 1991.
El 24 de mayo del año 1993, Posadas Ocampo se dirigió al Aeropuerto Internacional de Guadalajara para recibir al nuncio apostólico Girolamo Priglione, pero no pudo cumplir su misión.
El arzobispo fue asesinado junto con su chofer, Pedro Pérez Hernández, después de recibir 14 disparos.
La versión oficial sostuvo que quedó atrapado en un enfrentamiento entre integrantes de organizaciones delictivas rivales y que fue supuestamente confundido con un famoso cabecilla del crimen organizado.
Sin embargo, las autoridades eclesiásticas, especialistas y familiares cuestionaron esa explicación y defendieron la hipótesis de un ataque directo.
Miles de personas acudieron a la catedral para despedirlo. Sus restos permanecen bajo el altar mayor, acompañados por una placa conmemorativa en la cripta episcopal local.
Relicario de los Mártires Cristeros
En la Capilla del Señor de las Aguas, ubicada en el cubo de la Torre Norte, se conserva el Relicario de los Mártires, dedicado a sacerdotes y laicos muertos durante la Guerra Cristera.
Este conflicto enfrentó, entre 1926 y 1929, al gobierno mexicano y a grupos católicos que rechazaban las restricciones impuestas al culto religioso.
El Relicario exhibe partículas óseas de varios mártires mexicanos que murieron por defender la libertad religiosa y fueron beatificados en 1992.
Estas reliquias convierten la catedral en un lugar de memoria sobre uno de los episodios más violentos de la relación entre el Estado y la Iglesia en México,
y más que simples objetos históricos, estos restos representan testimonios materiales de personas reconocidas por su fe.
Santa Inocencia, la leyenda popular
La versión más conocida sobre Santa Inocencia cuenta que era una niña que deseaba hacer la primera comunión, pese a la oposición violenta de su padre.
Según la leyenda, comenzó a recibir catequesis en secreto con ayuda de unas religiosas,
y cuando estuvo preparada, se vistió de blanco y acudió a la iglesia para recibir el sacramento.
Después regresó a casa y decidió contarle la verdad a su padre.
Al enterarse, éste habría reaccionado con furia y le clavó un cuchillo en el pecho.
Los vecinos escucharon el grito, pero no pudieron ayudarla.
Cuando llegaron, se encontraron a la niña muerta, mientras que su padre había huido de la escena del crimen.
Su cuerpo habría sido llevado a la Catedral de Guadalajara como símbolo de fidelidad religiosa.
Santa Inocencia, la historia documentada
Aunque popular, la leyenda de Santa Inocencia es muy distinta a la historia documentada del caso.
De acuerdo con el sacerdote e historiador Tomás de Eijar,
sus restos fueron extraídos en 1786 del cementerio del Campo Verano, en la vía Atirbutina de Roma,
específicamente en las catacumbas de Santa Asiriaca.
El previstero Manuel Antonio Flores Alatorre adquirió la reliquia y la envió a México,
donde fue recibida por su hermano, el canónigo Vicente Flores Alatorre,
y el 8 de mayo de 1788, el obispo de Guadalajara, Fray Antonio Alcalde,
certificó los documentos que acompañaban los restos,
que después pasaron al convento de las Agustinas de Santa Mónica y por otros recintos religiosos.
Finalmente, entre 1924 y 1925, el arzobispo Francisco Orozco y Jiménez
ordenó trasladarlos a la catedral como reliquia religiosa para su veneración.
Santa Inocencia, el cuerpo relicario y los mitos paranormales
Lo que los visitantes observan en la urna de Santa Inocencia no es un cadáver incorrupto completo,
sino una efigia asociada con varias reliquias.
Sus restos suelen describirse como un cuerpo relicario,
un término que define a figuras fabricadas para contener restos de santos o mártires.
En el caso de Santa Inocencia, se conservan los huesos de las manos
y una caja con tierra y sangre atribuida a la mártir.
La superficie del rostro parece estar hecha de yeso o papel maché,
y no necesariamente de cera, como suele afirmarse.
También circulan historias según las cuales le crecen el cabello y las uñas,
pero el pelo visible de los restos es una peluca.
En 2012, un video apareció mostrar que la figura abría los ojos.
La grabación se volvió internacionalmente conocida,
aunque se considera probablemente un montaje o efecto visual.
Leyenda del ánima sola
Al entrar por la puerta principal de la Catedral de Guadalajara,
los visitantes pueden encontrar un nicho con la imagen enmarcada de un fraile.
La figura está relacionada con la leyenda del ánima sola,
una creencia popular sobre las almas que permanecen en el purgatorio.
Según el relato, aquel religioso celebró una última misa,
y durante ella liberó indebidamente a varias almas culpables
antes de que cumplieran su penitencia.
Por haber alterado ese destino, habría sido condenado a permanecer también en el purgatorio.
Otras versiones aseguran que su castigo consiste en vagar eternamente por el mundo.
Los túneles secretos, leyenda contra realidad
Durante siglos se ha dicho que bajo el centro de Guadalajara existe una red de pasadizos secretos,
conectada con la Catedral, templos, casonas, edificios públicos y cementerios.
Las historias les atribuyen funciones como rutas de escape para religiosos,
escondites durante conflictos,
accesos privados para autoridades e incluso escenarios de encuentros clandestinos.
Sin embargo, otras investigaciones ofrecen una explicación menos fantástica.
La doctora Alicia Torres Rodríguez y el académico Robert Curley,
ambos de la Universidad de Guadalajara,
señalan que muchos de esos conductos eran galerías filtrantes
construidas durante el periodo colonial para abastecer de agua la ciudad.
En el siglo XVIII, fray Pedro Antonio Buseta impulsó una red de túneles abovedados de cantera.
Su existencia es real, pero sus supuestas conexiones secretas
pertenecen principalmente a la leyenda.
Hallazgo arqueológico durante la línea 3, 2015
En junio del año 2015, las obras de la línea 3 del Tren Ligero
llevaron a un hallazgo junto a la Catedral de Guadalajara,
en la esquina de la Avenida Alcalde y la Calle Hidalgo,
mientras un trabajador realizaba excavaciones para reforzar la cimentación del templo.
Aproximadamente a un metro y medio de profundidad aparecieron varias piezas de cerámica.
Inicialmente se pensó que podían estar acompañadas por restos humanos,
pero esa posibilidad fue descartada.
El Instituto Jaliciencia de Ciencias Forenses y la Fiscalía del Estado
identificaron entre los objetos un jarrón,
antes de entregar el caso al Instituto Nacional de Antropología e Historia,
que retiró las piezas para analizarlas,
ordenó detener los trabajos en ese punto
y pidió cubrir temporalmente la excavación
mientras determinaba su posible valor arqueológico local.
Restos humanos en el Templo de San Francisco por daños de la línea 3, 2022
Las obras de la línea 3 también fueron relacionadas con daños en otro templo histórico cercano.
La Iglesia de San Francisco de Asís.
En 2022, mientras se examinaban profundas fisuras en su cúpula y torre,
fueron encontrados restos humanos que sorprendieron incluso a los frailes franciscanos,
encargados del recinto.
Fray Héctor Ventura describió el hallazgo como un pequeño cementerio,
aunque señaló que no existían recursos para estudiarlo a profundidad.
El religioso planteó incluso la posibilidad de que allí reposara Fray Antonio de Segovia,
un misionero vinculado con la Virgen de Zapopan,
pero reconoció que serían necesarios estudios de datación
para confirmar su sospecha.
Según los custodios,
las grietas y vibraciones se intensificaron durante la construcción
y posterior circulación del tren.
Por tanto, ni la identidad ni la antigüedad de los huesos
han podido ser confirmadas científicamente.
Ha sido dañada por numerosos sismos.
La historia de la Catedral de Guadalajara
también puede leerse como una lucha constante contra la propia tierra,
sobre la cual se erige,
además de los grandes colapsos de 1818 y 1849.
El edificio sufrió daños por sismos registrados en los años 1932,
1957,
1979,
1985,
1995 y 2003.
Estas sacudidas no siempre derribaron partes completas,
pero fueron acumulando afectaciones estructurales,
como una ligera inclinación y hundimiento de la Torre Norte,
además de daños en la cúpula.
A esta vulnerabilidad se suman las vibraciones
producidas por los vehículos que circulan por el túnel,
bajo la Avenida Hidalgo,
junto al costado norte del templo.
Por eso, la conservación de la Catedral
exige revisiones e intervenciones continuas,
y ha debido adaptarse repetidamente
a las condiciones sísmicas de Guadalajara.
Los secretos de la Catedral de Guadalajara
no consisten únicamente en pasadizos desconocidos
o sepulturas ocultas.
También se encuentran en las capas de historia
acumuladas en sus muros,
los templos precarios que la precedieron,
las torres que cayeron y fueron levantadas
para volverse a caer,
así como las obras artísticas
que llegaron desde diferentes lugares y épocas.
Cada reconstrucción transformó el edificio,
pero también permitió que continuara
ocupando un lugar central en la vida religiosa
y cultural de la ciudad.
Al mismo tiempo, sus criptas, reliquias y leyendas
muestran cómo una comunidad interpreta el pasado
y llena sus vacíos con relatos capaces
de sobrevivir durante generaciones.
Bajo sus torres no se conserva una sola historia,
sino muchas versiones de Guadalajara,
superpuestas entre la piedra,
la memoria y la fe.
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