La verdadera razón por la que mataron al cardenal Posadas Ocampo. ¿Quiénes en verdad fue el capable del fin del arzobispo de Guadalajara y por qué lo hicieron? ¿Cómo se encuentra el caso más de tres décadas después de ocurrido?
Únete a nuestro contenido exclusivo: / @historiaincomprendida
This video analyzes the 1993 assassination of Cardinal Juan Jesús Posadas Ocampo in Guadalajara, examining the systemic impunity and conflicting narratives surrounding the crime. It contrasts official government versions of mistaken identity with allegations of a premeditated state crime, highlighting the lack of judicial resolution after three decades.
La verdadera razón por la que mataron al Cardenal Posadas Ocampo.
¿Cómo se confunde a un Cardenal alto y corpulento con un jefe mafioso de 1,67 metros de estatura,
disparándole 14 veces desde menos de 80 centímetros?
El 24 de mayo de 1993, el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, arzobispo de Guadalajara,
fue asesinado a quemarropa en el estacionamiento del aeropuerto de esa ciudad.
La versión oficial dijo que lo confundieron.
¿Por qué se interrumpió la autopsia antes de terminarla?
¿Y quién dio realmente esa orden?
Más de 50 detenidos, ni un solo sentenciado y en 2009 todos los cargos anulados.
¿Quién se benefició de que este caso regresara a cero?
La década que cerró el siglo XX fue dolorosa y oscura para México.
Los grandes casos más sangrientos del periodo dejaron al descubierto lo mucho que había penetrado en el Estado,
cuyos cabecillas perdieron todo el pudor para arreglar sus cuentas donde mejor les viniera,
sin importar que fuera a un sitio público, a plena luz del día,
o que se llevaran por delante a inocentes sin nada que ver.
¿Quiénes en verdad mataron al arzobispo de Guadalajara?
¿Y por qué lo hicieron?
¿Cómo se encuentra el caso más de tres décadas después de ocurrido?
Antes de meternos a fondo, no olvides suscribirte a nuestro canal
y activar las notificaciones para mantenerte al día con nuestras actualizaciones.
14 balazos a quemarropa, así ejecutaron al cardenal en el aeropuerto.
El 24 de mayo de 1993, desde Guadalajara,
empezaron a llegar noticias alarmantemente sorprendentes a la oficina de Jorge Carpizo,
funcionario con solo algunos meses al frente de la Procuraduría General de la República.
Una intensa balacera se había producido en el aeropuerto de Guadalajara.
Desde un principio se habló de un problema entre bandas del tráfico de estupefacientes,
y que había varios muertos, incluyendo a un sacerdote.
Cuando comenzó a fluir información más precisa desde el aeropuerto jalisciense,
México todo se conmocionó.
En efecto, entre los muertos estaba un sacerdote,
pero no un cura parroquial de los muchos que hay en un país abrumadoramente católico,
sino nada menos que Monseñor Juan Jesús Posadas Ocampo,
cardenal arzobispo de Guadalajara.
Los médicos forenses que iniciaron la autopsia del prelado,
identificaron 14 heridas de bala en el cuerpo del cardenal,
procedentes de distintas armas.
Al final, la autopsia no se completó, según se informó,
cuando las autoridades mexicanas otorgaron una dispensa solicitada
por el nuncio apostólico Girolamo Prioyone.
En el documento oficial solo quedó asentado que los balazos recibidos por el cardenal
eran suficientes para causarle la muerte.
Fue a recibir al nuncio por una decisión de último minuto.
Siete fueron las víctimas mortales de aquella tarde de mayo de 1993,
incluyendo al arzobispo Posadas y su chofer.
Todo fue rápido, violento y ruidoso,
antes de dar paso al miedo, el silencio y al asombro.
Por varias horas, el aeropuerto Tapatío fue el corazón de México
y simultáneamente el centro de un confuso cruce de informaciones.
Para las autoridades resultaba esencial averiguar la causa del enfrentamiento
y la muerte del cardenal complicaba aún más las cosas.
¿Qué hacía Posadas en la terminal aérea?
Poco después, el procurador Carpizo supo que la tragedia pudo haber sido mucho peor
y de graves consecuencias políticas internacionales.
En el aeropuerto estaba Monseñor Girolamo Prioyone,
nuncio apostólico de la Santa Sede en México,
es decir, el máximo representante del Papa en el país.
Por el mismo Prioyone, el procurador supo el motivo de la presencia del cardenal en el aeropuerto.
Había ido a recibir personalmente al nuncio en una decisión que tomó a último minuto.
Prioyone había sido invitado a bendecir una amueblería que abría sus puertas en Guadalajara.
El auto quedó con más de 200 impactos de bala.
A la fecha de hoy, el caso del cardenal Posadas sigue abierto
sin haberse identificado a los responsables materiales e intelectuales del crimen
y las versiones oficiales de que el prelado fue víctima de fuego cruzado entre bandas de mafiosos
o de que lo confundieron con otra persona siguen siendo insostenibles.
Tanto la iglesia como diferentes organizaciones civiles
creen que el arzobispo fue víctima de un asesinato premeditado.
En 2018, al cumplirse 25 años del asesinato,
el presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana,
Confiamos en que la investigación de su caso, que sigue abierta,
algún día se esclarezca para que podamos seguir construyendo caminos
para un México más justo y fraterno.
El abogado Fernando Guzmán Pérez señaló que la hipótesis artificial
de que una confusión cayó en el ridículo
desde los primeros momentos en el que el reconocido médico forense de Jalisco,
el doctor Mario Rivas Sousa,
explicó a la prensa que con 14 tiros a menos de un metro de distancia,
con huella de pólvora en el mentón,
lo que indicaba que le habían disparado a menos de 80 centímetros
y más de 200 tiros en el automóvil en el que iba,
no había sido ninguna confusión.
La primera explicación oficial,
murió en un fuego cruzado entre mafiosos.
El mismo 24 de mayo de 1993,
el procurador general, Jorge Carpizo,
presentó una primera versión del asesinato del arzobispo
al declarar que murió en el fuego cruzado
entre dos bandas de traficantes de drogas
que se enfrentaron en la terminal aérea de Guadalajara.
Sin embargo, el informe forense desmintió poco después al procurador
al señalar que el cuerpo del cardenal
tenía 14 disparos a quemarropa.
En una segunda versión,
Carpizo señaló que Posadas había sido confundido con otra persona
a la que una banda del crimen organizado quería matar,
de manera que para las autoridades,
el cardenal había sido víctima de
una terrible confusión.
La PGR difundió publicaciones con fotos y retratos
de tres de los traficantes de sustancias
más conocidos del momento,
señalándolos por el crimen del prelado
y ofreciendo recompensas de hasta 15 millones de pesos de aquella época
por información que condujera a su captura.
El obispo Juan Sandoval Íñiguez y otros purpurados
rechazaron la versión de la PGR.
En 1996, la PGR cambió su versión.
Lo confundieron con
un conocido líder de la mafia con bigote.
En 1996, la Procuraduría General de la República de México
cambió oficialmente su versión de que el cardenal Posadas Ocampo
había muerto en el fuego cruzado entre bandas del crimen organizado
al ser confundido con un famoso jefe mafioso de bigotes
que actualmente purga cadena perpetua en los Estados Unidos
en la prisión de máxima seguridad de Florence, Colorado,
de primer nombre Joaquín.
Según esta versión, los asesinos a sueldo y exmilitares
Álvaro Osorio y Edgar Mariscal,
quienes fueron presentados como asesinos confesos,
habían recibido el encargo de matar al mafioso
actualmente recluido en Florence,
quien viajaría por el aeropuerto de Guadalajara
y llegaría a la terminal vestido de negro
y en un automóvil gran marqués blanco,
mismo color de indumentaria y tipo de vehículo
en el que llegó el cardenal Posadas Ocampo.
Sin embargo, tanto la versión de la muerte del cardenal
en el fuego cruzado como la de que fue confundido
con el célebre jefe criminal
carecían de credibilidad por lo cerca
Asesinos a sueldo de la pandilla Barrio Logan de San Diego
jalaron el gatillo.
Según se afirma, a finales de 1992,
David Barrón, miembro de la pandilla Barrio Logan de San Diego,
forjó una alianza con los hermanos Arellano Félix,
jefes de la organización de tráfico de sustancias
más poderosa de Tijuana.
Al parecer, Barrón ayudó a los hermanos Arellano Félix
de la mafia tijuana y a otros de sus allegados
a evitar una emboscada que les tenía preparada una mafia rival,
la principal de Sinaloa, la discoteca Christine de Puerto Vallarta,
Jalisco, en noviembre de 1992.
Poco después, la organización de Tijuana,
aprovechando su nueva conexión con Barrón,
empezó a suministrarles sustancias estupefacientes
para que las vendiera en San Diego
y otras ciudades del sur de los Estados Unidos.
Sin embargo, el tráfico de narcóticos
no era el único negocio de la pandilla Barrio Logan
con los tijuanases,
sino que con cierta frecuencia realizaban asesinatos
por encargo de la organización de Tijuana.
Dado que la mafia de Tijuana se encontraba
en guerra constante con la de Sinaloa,
entonces dirigida por el bigotudo Ahora entre rejas
por el resto de su vida en Colorado,
sus nuevos asociados de Barrio Logan
realizaron varios asesinatos por encargo
entre los rivales sinaloenses.
Según otra versión del asesinato del Cardenal Posadas,
fueron pistoleros de Barrio Logan los que lo mataron,
al confundirlo con el jefe de la organización de Sinaloa,
al bajar de su automóvil blanco.
La Rana, el asesino a sueldo
que decía saber quién había matado al Cardenal.
Según se afirma, Humberto Rodríguez Bañuelos,
alias La Rana, un asesino a sueldo
muerto de un infarto en prisión,
en enero de 2018,
confesó a miembros del personal del Centro Federal
de Readaptación Social Nº 2 Occidente,
que disponía de información documental
sobre los verdaderos culpables
del homicidio del Cardenal.
Rodríguez Bañuelos no ofreció pistas,
solo aseguró que en caso de disponer
de los servicios de un abogado, defensor valeroso,
lo contaría todo.
El valiente letrado nunca se presentó,
aunque Rodríguez dispuso de varios abogados,
siempre por poco tiempo.
La muerte de Rodríguez Bañuelos,
un antiguo jefe de la Policía Judicial de Sinaloa,
hasta que pasó a convertirse abiertamente
en trasgresor de la ley,
se llevó el supuesto secreto a la tumba,
aunque muchos creen que solo estaba fanfarroneando.
Antes de morir,
Rodríguez Bañuelos purgó casi 17 años
de su sentencia, a 25 años
de prisión que recibió por un doble homicidio.
Entre sus empleadores, como asesino a sueldo,
estaba la mafia de las sustancias
ilícitas de Tijuana.
El mafioso se tiró al piso y escapó
del aeropuerto.
Según se afirma, cuando el Cardenal Posadas Ocampo
y su chofer fueron asesinados,
en el estacionamiento del aeropuerto de Guadalajara,
el jefe mafioso de Sinaloa
no se encontraba lejos y se tiró al piso
al escuchar la balacera.
Se dice que minutos después del atentado,
uno de los hermanos Arellano Félix,
junto a otros hombres armados,
abordaron un vuelo comercial con destino a Tijuana.
La Procuraduría General
no pudo explicar por qué estos viajeros
pudieron marcharse sin ningún obstáculo.
El jefe del tráfico
de estupefacientes de Sinaloa
fue arrestado el mes siguiente y recluido en la cárcel
de alta seguridad de Almoloya.
Francisco, el mayor de los hermanos Arellano,
fue arrestado en Tijuana.
Recibió cargos por tenencia ilícita de armas,
siendo alojado también en Almoloya.
Después de saltar al primer plano
tras el alzamiento en Chiapas del ejército zapatista
de Liberación Nacional
el 1 de enero de 1994,
el subcomandante Marcos
dijo que él tenía la intuición
de que el cardenal había sido asesinado porque
tenía información sobre varios funcionarios de alto nivel
ligados al tráfico de sustancias
y que pensaba informar al respecto
al anuncio apostólico.
El crimen convirtió a ese mafioso
en el hombre más señalado en México.
En 2012, la versión del Buró Federal
de Investigaciones de los Estados Unidos
sobre el asesinato del cardenal posada
a su campo, era que había sido una
trágica equivocación.
Un cable confidencial del FBI al que tuvo
acceso el periódico de Houston Chronicle
sostenía que el arzobispo había
sido confundido con el jefe de la organización
del tráfico de estupefacientes de Sinaloa.
El cable detallaba
que la organización de los Arellano Félix
estaba tratando de asesinar a su rival
sinaloense en el aeropuerto de Guadalajara.
Sin embargo, en vez de matar
al ahora preso de Colorado, asesinaron
al cardenal arzobispo de Guadalajara.
No obstante, esta versión
fue cuestionada inmediatamente y aparecieron
teorías que alegaban que el cardenal
había sido eliminado por su posición
en temas sociales y políticos.
El asesinato de posada a su campo convirtió
al jefe de la mafia de las sustancias ilícitas de Sinaloa
en el hombre más señalado de México,
aunque su salto a los primeros lugares
de la lista de los más buscados por el FBI
llegaría años después,
tras su fuga en el año 2001.
Un cable secreto de la DEA
de Estados Unidos respaldó la confusión.
Tras el asesinato
del cardenal, el FBI proporcionó
información sobre un próximo viaje
que estaba planeando el jefe de la mafia de Sinaloa
a El Salvador para dirigir
un gran operativo de tráfico de estupefacientes.
Esta información fue
develada en un documento de octubre de 1993,
cinco meses después
del asesinato del cardenal.
Además del informe sobre el crimen
del arzobispo, The Houston Chronicle,
también pidió al FBI la difusión
de su archivo sobre la muerte de Luis Donaldo Colosio,
candidato presidencial del PRI,
asesinado en Tijuana en marzo
de 1994. La respuesta
fue breve y sorprendente.
No podemos encontrar el archivo.
Si bien la petición de
información fue enviada al FBI,
la respuesta fue entregada por la Agencia de Inteligencia
de Defensa, DIA, por sus
siglas en inglés de los Estados Unidos.
La DIA revisó el informe
antes de su divulgación para asegurarse
de que no contuviera información delicada
de Seguridad Nacional.
El FBI también apostó por la
identidad equivocada.
Desclasificado 2012
Un documento desclasificado en 2012
relacionado con una investigación del FBI
sobre el asesinato del cardenal posada
a su campo, reveló que la agencia estadounidense
otorgaba credibilidad a la
hipótesis de que el arzobispo había
sido asesinado al ser confundido con el jefe
de la Organización del Tráfico de Estupefacientes
de Sinaloa.
Unas semanas después del crimen del arzobispo,
el jefe mafioso sinaloense Joaquín
fue arrestado en Guatemala e ingresado
en un penal de alta seguridad de México,
del que se fugó en enero de 2001,
ascendiendo en la lista de los criminales más
buscados por el FBI, quedando sólo
por detrás de Osama Bin Laden, eliminado
el 2 de mayo de 2011 en Pakistán.
Mario Ruiz Macie,
entonces Subprocurador General
de la República durante el sexenio de Carlos Arinas
de Gortari, fue otro de los que no creyó
en la teoría de la identidad equivocada
en la muerte del cardenal.
El subprocurador
señaló como contradictorio que un prominente
jefe del crimen organizado viajara
en un auto corriente y sin blindaje.
El forense reveló que los disparos
fueron a menos de un metro.
La versión de que el cardenal murió en medio de
un fuego cruzado entre bandas criminales
quedó puesta en duda tan pronto fue formulada
por la Procuraduría General,
y todavía la mayor parte de la opinión sostiene
que se trató de un ataque directo a Posadas
o Campo.
Esta versión fue defendida por Mario Rivas
Ousa, prestigioso médico forense
fallecido en 2018, a los 92
años, quien jamás se retractó
de su posición.
En aquel momento, el doctor Rivas Ousa
aseguró que el cuerpo sin vida del prelado
presentaba 14 balazos propinados
a corta distancia. Esta cercanía
dejó en el mentón del cardenal
una huella de pólvora, la cual suele formarse
cuando los disparos de un arma de fuego
son hechos a corta distancia.
El médico forense dijo,
yo, Mario Rivas, desvestía al cardenal
porque ni siquiera había quien lo desvistiera.
Yo sabía dónde tenía los
balazos. Yo dije lo que tenía que decir
y nunca me he rajado de lo que yo dije.
Estas declaraciones
resultaron en amenazas de muerte para el médico,
a quien le asignaron una escolta
oficial hasta que las cosas se calmaron.
Un cardenal alto y corpulento
confundido con un mafioso de 1,67
metros de estatura.
¿Creíble? Un argumento
que han sostenido los defensores de la teoría
de que los asesinos a sueldo que acabaron con la vida
del cardenal posada a su campo
sabían perfectamente a quién mataban.
Es la diferencia de contextura entre el
prelado y el antiguo jefe de la mafia
del tráfico de estupefacientes de Sinaloa.
Mientras el cardenal era
un hombre alto y corpulento, el jefe mafioso
medía 1,67,
de allí su célebre apodo, y pesaba
en aquel tiempo unos 74 kilogramos.
A más de tres décadas
del asesinato, las teorías
conspirativas han proliferado por falta de una
investigación sólida, que a estas alturas
ya resulta casi imposible para obtener
una explicación creíble.
La hipótesis de que el arzobispo de Guadalajara
fue confundido con el jefe de la mafia de
Sinaloa, a quien sus rivales de Tijuana
querían matar, y sabían que viajaba
ese día por el aeropuerto Tapatío,
si bien fue validada hasta por el FBI,
también tiene sus puntos débiles, como
el apuntado anteriormente sobre la amplia diferencia
de contextura entre los dos hombres.
Salinas habría ordenado
que no le hicieran autopsia completa.
Cuando el cardenal posada
a su campo fue asesinado, México
estaba en el quinto año del sexenio de Carlos
Salinas de Gortari, presidente de la
República entre 1988
y 1994.
El sexenio de Salinas estuvo
ocupado de asesinatos oscuros,
y el del arzobispo de Guadalajara no fue
el único. El 23 de
marzo del año 1994,
el candidato presidencial del PRIM,
Luis Donaldo Colosio, quien se había
distanciado de Salinas, fue asesinado
a balazos en un acto político en el barrio de
Palomas Taurinas, Tijuana, por un supuesto
asesino solitario.
Seis meses después de Colosio, fue
asesinado el secretario general del PRI,
José Francisco Ruiz Macié,
quien había estado casado con una hermana de
Salinas. La petición
de que la autopsia del cadáver del cardenal
fuera interrumpida, habría sido una
orden directa del presidente Salinas de Gortari.
Sin embargo,
no existe una prueba documental de dicha orden
presidencial y la abrasión provino
del testimonio del reputado médico forense,
Mario Ribasousa, quien ya había
iniciado el procedimiento.
Es obvio que no hubo confusión,
la carta de Ruiz Macié.
Mario Ruiz Macié, entonces su procurador
general de la república, le escribió
una carta al procurador general, Jorge
Carpizo MacGregor, en la que señalaba
que la investigación del caso del cardenal,
posada a su campo, había sido manipulada.
Ruiz Macié escribió,
es obvio que no hubo confusión,
ya que el jefe de la mafia de Sinaloa
no circularía en un auto normal, sin blindaje,
como el del cardenal.
El subprocurador continuó acusando
al procurador de haber sembrado una evidencia
en el caso, al sostener que alguien había
declarado que el jefe mafioso de Sinaloa
le había comprado a su esposa un auto igual
al del cardenal, dos años atrás.
Mario Ruiz Macié era hermano
de José Francisco Ruiz Macié,
el secretario general del PRI y ex cuñado
de Salinas de Gortari, asesinado a balazos
el 28 de septiembre de 1994
en la Ciudad de México.
Los hermanos Ruiz Macié estaban relacionados
con el cobro de sobornos pagados por los
traficantes de estupefacientes, y Mario
murió en 1999, por una
sobredosis de antidepresivos,
cuando se encontraba bajo arresto domiciliario
en los Estados Unidos.
Iglesia y gobierno de Jalisco
fue un crimen planeado con premeditación.
El gobierno del
Estado de Jalisco y la Iglesia Católica
han mantenido históricamente que la muerte del cardenal,
Juan Jesús Posadas Ocampo,
fue un crimen planificado con premeditación
y alevosía, y no producto de un
fuego cruzado entre bandas delictivas,
o una supuesta confusión del prelado
con un jefe del crimen organizado.
La arquidiócesis de Guadalajara
siempre ha rechazado la aversión de las autoridades
federales. Sacerdotes
y prelados, incluyendo monseñor Juan
Sandoval Íñiguez, arzobispo de
Guadalajara entre 1994 y
2011, y actual cardenal Epres Vítero
de Nuestra Señora de Guadalupe,
han sostenido que fue un complot fríamente
planeado, un crimen de Estado,
añadiendo que los asesinos a sueldo conocían
bien al cardenal, y lo mataron a quemarropa.
En distintas fases
de las investigaciones, instancias del
gobierno de Jalisco discreparon de las conclusiones
de la Procuraduría General, y han
publicado informes que apuntan a que el asesinato
fue un ataque directo.
Un mes antes lo amenazaron en
Los Pinos por saber demasiado.
Distintas investigaciones y testimonios
de la Iglesia Católica Mexicana,
indican que, semanas antes de ser asesinado,
el cardenal Posadas Ocampo
acudió a una reunión en la residencia
oficial de Los Pinos.
En esta junta, el arzobispo habría sido presionado
y amenazado por prominentes miembros
del gabinete de Carlos Salinas de Gortari,
por las informaciones que poseía sobre lucro
de altos funcionarios del Estado, a través
de sobornos pagados por los jefes del tráfico
de estupefacientes.
Tras esta tensa reunión en Los Pinos,
el cardenal fue expulsado del edificio oficial,
y un mes más tarde resultó muerto en el
aeropuerto de Guadalajara, donde iba
a reunirse con el nuncio apostólico,
y probablemente a compartir con el representante
del Vaticano, las graves informaciones
que poseía.
Estos señalamientos han sido documentados
y expuestos públicamente por medios como la revista
Proceso, y así prensa,
que han hecho seguimiento a las denuncias de impunidad
y encubrimiento en torno al caso.
Nosotros fuimos,
la acusación de Benjamín Arellano contra
la PJF.
En 2011, Benjamín Arellano Félix,
uno de los hermanos que dirigían el tráfico de sustancias
ilícitas en Tijuana, declaró
por primera vez sobre el asesinato del cardenal
posada a su campo, acusando directamente
a la Policía Judicial Federal,
PJF, del crimen.
Según el mafioso, el entonces
jefe policial, Rodolfo León Aragón,
le habría confesado, nosotros fuimos,
argumentando que el arzobispo fue
eliminado supuestamente por proveer
de armas a la guerrilla zapatista.
El ejército zapatista se dio
a conocer públicamente el 1 de enero de
1994, 7 meses
después del asesinato del cardenal.
El grupo llevaba una
década organizándose en la clandestinidad
en Chiapas, de modo que el señalamiento
no es cronológicamente imposible,
pero sí exige cuestionar cómo un movimiento
entonces desconocido para el país
habría motivado la ejecución de un cardenal.
En su declaración oficial,
Arellano Félix también sostuvo que León Aragón
participó directamente en el
comando de la Policía Federal que ejecutó
al prelado. El jefe del
crimen organizado de Tijuana también indicó que
León Aragón lo extorsionó pidiéndole
10 millones de dólares y otros activos
para dejarlo fuera de la investigación de la muerte
del cardenal. Esta versión
coincide con la de la Iglesia Católica,
que ha sostenido que la muerte del arzobispo de
Guadalajara fue un crimen de Estado.
Anabel Hernández documenta
la tesis del crimen de Estado.
En su libro de 2010,
Los señores del narco, la periodista mexicana
Anabel Hernández defendió la teoría
de que la muerte del cardenal Posadas Ocampo
fue un crimen de Estado.
Un elemento de la PJF
que estaba activo en esa corporación con
un importante cargo, afirmó para esta
investigación que al cardenal Juan Jesús
Posadas Ocampo lo mandó a matar el
gobierno federal y que presuntamente
el que coordinó el operativo del asesinato
fue el entonces jefe de la PJF,
Rodolfo León Aragón.
La versión no es nueva. Es la misma que la
del cardenal Juan Sandoval Íñiguez,
arzobispo de la Arquidiócesis de Guadalajara.
Expuso Hernández en su obra.
El funcionario policial
declarante que prefirió permanecer
en el anonimato añadió que los jefes
de la mafia del tráfico de estupefacientes
de Tijuana jamás habrían atentado
contra el cardenal Posadas Ocampo,
ya que éste había bautizado a una hija de Ramón
Arellano Félix. Los Arellanos
se reunieron en secreto con el nuncio
Prioyone. Entre
diciembre de 1993 y enero
de 1994,
los hermanos Ramón y Benjamín Arellano Félix
se reunieron en secreto con
Girolamo Prioyone, embajador de la
Santa Sede en México, en la Ciudad de México.
Las entrevistas se acordaron después de
un intercambio de correspondencias,
tras el cual Ramón se trasladó a la capital mexicana
el 14 de diciembre de 1993,
mientras que su hermano Benjamín
viajó el 16 de enero de 1994.
Tras la revelación
de las reuniones informadas por
el Excélsior, se produjo un escándalo
que afectó a la conferencia episcopal mexicana,
pues sus altas instancias desconocían
la celebración de las entrevistas,
y el nuncio apostólico tuvo que realizar
unas aclaratorias.
Tiempo después se supo que la reunión del nuncio con
Benjamín duró unos 45 minutos,
y que el jefe del tráfico de estupefacientes
tijuanase le dijo al embajador
Papal que los hechos sucedidos en el
aeropuerto de Guadalajara nunca se iban
a aclarar, pero que él y el resto
de su familia no habían tenido nada que ver.
Seis personas
más murieron, chofer, sinaloenses
y una pasajera de taxi.
Aunque el caso del
asesinato del cardenal Posadas Ocampo
no ha sido cerrado de manera formal,
las autoridades judiciales mexicanas
continúan sosteniendo la versión de que el arzobispo
fue ejecutado en una operación
organizada por los hermanos Arellano Félix
para matar al jefe del tráfico de sustancias
ilícitas de Sinaloa, a quien el
comando ejecutor confundió con el prelado.
La prominencia del cardenal
como personaje público hace olvidar
con frecuencia que él no fue el único muerto
en aquella dramática tarde del 24
de mayo de 1993 en Guadalajara.
En La Balacera
también murieron el chofer del cardenal
Pedro Pérez Hernández y otros
cinco civiles. José
Jerónimo Quesada, Martín Aceves,
Álvaro Santiago y Ramón Torres
eran sinaloenses que presuntamente escoltaban
al jefe mafioso de Sinaloa.
Le respondieron al fuego cuando escucharon
la balacera que mató al cardenal.
El otro muerto fue María Concepción Aceves,
pasajera de un taxi.
Más de 50 detenidos,
ningún sentenciado. Monumento a la impunidad.
Aunque el expediente
sobre el asesinato del cardenal Posadas
Ocampo continúa abierto y se han
practicado más de 50 detenciones.
Nadie ha sido sentenciado
y tanto la comunidad católica mexicana
como la sociedad civil del país califican
el caso como un monumento a la impunidad.
En 2018,
al cumplirse el primer cuarto de siglo del
asesinato, el portal Vida Nueva
Digital Colombia realizó una entrevista
a Fernando Guzmán Pérez, uno de los autores
del libro La verdad os hará libres.
No tengan miedo, relacionado con el caso
Posadas. El abogado
expresó varias conclusiones que siguen siendo
vigentes en la actualidad, como la de que
existen numerosas evidencias como para suponer
que el asesinato fue un crimen de Estado.
No hay elementos para considerar que fue una
confusión, aseguró Guzmán Pérez.
En 2009 se anularon
los cargos contra los arrestados y el caso
volvió a cero. En el año
2009, el Tribunal Superior de Justicia
de Jalisco anuló todos los cargos que implicaban
como presuntos autores del asesinato
a integrantes de diferentes bandas
del crimen organizado, relacionadas
con el tráfico de estupefacientes en México.
Y el caso volvió a su punto de partida
de mayo de 1993.
Era tal la contradicción
de elementos, situaciones totalmente
irregulares, que todas esas sentencias
se echaron abajo y el Tribunal Superior
ordenó la reposición total del procedimiento.
Desde entonces, el asunto
sigue en el juzgado penal de Jalisco,
sin que se haya dictado una sentencia,
lo cual es muy grave, señaló el abogado
y escritor Fernando Guzmán Pérez.
33 años después,
la iglesia lo llama una herida abierta.
33 años después
del asesinato del Cardenal Juan Jesús Posada
Zocampo, los obispos mexicanos
recuerdan el crimen sin resolver
como una herida abierta.
Los prelados mexicanos señalaron que
su colega fue víctima de un acto de
violencia injustificable que dejó una
herida abierta en nuestros corazones
y en la historia de nuestro país.
El Cardenal Juan Sandoval Íñiguez,
quien en 1994 sustituyó
a Posada Zocampo como arzobispo
de la capital de Jalisco, tiene una
opinión muy distinta a la versión oficial.
En un video difundido en
2016 por Facebook, Sandoval
Íñiguez, entonces arzobispo emérito
de Guadalajara, señaló que el asesinato
fue un crimen de Estado
perpetrado por la Policía Judicial Federal,
es decir, por la Policía
PGR.
La carta de 2024 fue el
chivo expiatorio.
En 2024, el antiguo jefe de la
mafia del tráfico de estupefacientes en
Sinaloa, que purga cadena perpetua
en los Estados Unidos, señaló que
él había sido el chivo expiatorio del caso del
Cardenal Posada Zocampo.
En favor del jefe mafioso sinaloense,
no abonaron los múltiples disfraces
que utilizaba para escapar del
seguimiento de las autoridades.
Se disfrazaba hasta de cardenal,
dijo uno de los conocedores del mundo del crimen
organizado en México.
Esperamos que este video te haya sido útil.
Si tienes algo que agregar, por favor,
compártelo con nosotros en la sección de comentarios.
Dale me gusta a este
video y envíale el enlace a tus familiares y a
tus mejores amigos, para que también sepan más
sobre la verdadera razón por la que
mataron al Cardenal Posada Zocampo.
Si eres nuevo en nuestro
canal, no olvides suscribirte.
No se te olvide seguirnos en todas nuestras redes
sociales, que van a estar aquí abajo
en la descripción. Recuerda, un pueblo
que no conoce su historia
está condenado a repetirla.