Así murió cada Asesino que EJECUTÓ a León Trotski. El crimen fue el resultado de una larga cadena de agentes, espías, militantes y colaboradores. 13 personas. En este video te contaremos cómo terminó cada uno de ellos.
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Lev Trotski
Iósif Stalin
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Resumen del video
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This video examines the 1940 assassination of León Trotsky in Mexico, detailing \"Operation Utka.\" It traces the conspiracy from Joseph Stalin's orders to the execution by Ramón Mercader, exploring the roles of various Soviet agents, collaborators, and the eventual fates of those involved, many of whom were later purged by the same regime they served.
Así murió cada asesino que ejecutó a León Trotsky.
¿Qué hacía el arma que mató a Trotsky guardada durante 40 años debajo de la cama de un policía mexicano?
¿Y cómo terminó exhibida hoy en un museo de Washington?
La tarde del 20 de agosto de 1940, León Trotsky trabajaba en su casa de exilio en Cochoacán, Ciudad de México.
Alrededor de las 5 y 20 llegó Jack Mornard, un conocido que también utilizaba la identidad de Frank Jackson.
Quería mostrarle a Trotsky un artículo que había escrito y consiguió quedarse a solas con él.
Mientras el revolucionario se concentraba en leer el texto, el visitante sacó un piolet y lo atacó por la espalda.
Trotsky sobrevivió inicialmente al golpe, pero murió al día siguiente, el 21 de agosto de 1940.
El supuesto Mornard era en realidad el español Ramón Mercader, un agente reclutado por la Unión Soviética para acabar con el exiliado.
Trotsky, nacido en Lev Davidovich Bronstein en 1879, había sido una de las figuras fundamentales de la Revolución Rusa de 1917
y uno de los principales dirigentes del nuevo Estado Soviético,
pero tras la muerte de Lenin en 1924, perdió la lucha por el poder frente a Joseph Stalin.
Lo expulsaron del Partido Comunista y luego del país,
y México fue la última parada de un exilio desde el cual nunca dejó de denunciar a Stalin
hasta fundar en 1938 una Internacional Comunista Rival.
Esa persistencia le costó la vida.
El asesinato fue el resultado de una larga cadena de agentes, espías, militantes y colaboradores.
Uno de ellos murió fusilado por sus propios jefes,
otro terminó como embajador de un país que no era el suyo,
otro fue enterrado en Moscú bajo un nombre falso.
En este vídeo te contamos cómo murió cada uno.
Trece nombres repartidos entre Moscú, España y México.
En este vídeo te contaremos cómo terminó cada uno de ellos.
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Stalin, autor intelectual máximo, ordenó personalmente la eliminación de Trotsky, Operación Pato.
Para encontrar al principal responsable del asesinato de León Trotsky,
no hay que empezar en México, sino a casi 11.000 kilómetros de distancia, en Moscú.
Joseph Stalin, quien dirigió la Unión Soviética con puño de hierro,
había convertido a su antiguo compañero revolucionario en uno de sus grandes enemigos políticos.
Tras imponerse en la lucha por el poder soviético, Stalin expulsó a Trotsky del territorio.
Pero el exilio no terminó con la rivalidad.
Desde el extranjero, el antiguo fundador del Ejército Rojo
continuó denunciando al régimen stalinista y defendiendo su propia visión del comunismo.
Cansado de los cuestionamientos de quien había acusado de traidor,
Stalin decidió eliminar la amenaza.
Con Trotsky muertos, acabó el problema, le dijo entonces a Pavel Sudoplatov,
alto funcionario de los servicios secretos soviéticos, según relató este último en sus memorias.
A partir de allí se organizó la llamada Operación Utka,
conocida en español como Operación Pato,
destinada a asesinar al dirigente exiliado en México.
Stalin sobrevivió a Trotsky casi 13 años, hasta el 1 de marzo de 1953,
cuando sufrió una grave hemorragia cerebral en su residencia de Kuntsevo, cerca de Moscú,
y permaneció durante horas sin recibir atención médica.
Sus propios guardias temían entrar a su habitación sin permiso,
producto del clima de terror que él mismo había creado.
Cuando finalmente fue atendido, su estado era crítico.
Tras varios días de agonía, murió el 5 de marzo de 1953.
Las circunstancias alimentaron sospechas sobre una posible intervención de Elavrenti Beria,
pero el supuesto asesinato nunca quedó demostrado.
La causa oficial fue una hemorragia cerebral.
Beria, jefe de la Seguridad Soviética,
eslabón superior de la cadena de mando de la NKVD que ejecutó la operación.
Cuando Trotsky fue asesinado en México en agosto de 1940,
Elavrenti Pavlovich Beria estaba en la cúspide del aparato de seguridad soviético.
Había llegado a Moscú en 1938 como adjunto de Nikolai Yezhov,
y poco después lo sustituyó como comisario del Pueblo para Asuntos Internos,
es decir, jefe de la NKVD,
organismo que concentraba las funciones policiales, de inteligencia y de seguridad del Estado.
Ocupó ese puesto desde noviembre de 1938 hasta 1945.
Su poder sobrevivió a la muerte de Trotsky.
Durante la Segunda Guerra Mundial amplió todavía más su influencia
y después supervisó incluso el proyecto soviético de la bomba atómica,
pero el elemento que había permitido su ascenso también terminó condenándolo,
su proximidad a Stalin.
Cuando el dictador murió el 5 de marzo de 1953,
Beria intentó posicionarse dentro de la nueva dirección soviética
para tener el control de los ministerios de seguridad del Estado y asuntos internos,
pero sus propios compañeros comenzaron a verlo como una amenaza.
El 26 de junio de 1953,
una conspiración encabezada por Nikita Khrushchev
y respaldada por otros dirigentes y militares, llevó a su arresto.
El 23 de diciembre fue juzgado por un tribunal especial de la Corte Suprema de la Unión Soviética,
sin abogado defensor ni posibilidad de apelación,
y condenado por traición y otros delitos.
Según la versión más aceptada,
Beria suplicó por su vida antes de ser ejecutado de un disparo.
Tenía 54 años.
El hombre que había dirigido durante años uno de los aparatos represivos más temidos de la Unión Soviética,
terminó cayendo víctima de una purga desde el propio poder soviético.
Yeshov, jefe de la NKVD, 1936-1938,
bajo su mando arrancó la persecución mortal contra Trotsky y los trotskistas.
Nikolai Ivanovich Yeshov no estuvo involucrado directamente en el asesinato de Trotsky en México.
De hecho, murió varios meses antes,
pero fue uno de los principales responsables de convertir la supuesta conspiración trotskista
en una justificación para la maquinaria represiva de Stalin.
Tras el asesinato del dirigente comunista Sergei Kirov, en 1934,
las autoridades soviéticas comenzaron a señalar como responsables políticos a antiguos opositores,
incluyendo al propio Trotsky, aunque para entonces llevaba años fuera de la Unión Soviética.
Stalin nombró a Yeshov jefe de la NKVD en septiembre de 1936,
reprochando a su antecesor, Gengri Yagoda,
no haber combatido con suficiente eficacia el supuesto bloque trotskista.
Bajo Yeshov, la persecución alcanzó su momento más brutal.
Los seguidores reales o supuestos de Trotsky fueron arrestados,
interrogados y llevados ante los llamados juicios de Moscú.
En enero de 1937, por ejemplo, el proceso contra Georgy Pyatakov,
Grigory Sokolechnikov y otros acusados de trotskismo,
terminó con 13 condenas a muerte, entre ellas la de Pyatakov,
mientras que Sokolechnikov recibió 10 años de prisión y murió en la cárcel en 1939.
La represión se extendió después a cualquier forma de oposición considerada peligrosa,
pero Yeshov terminó atrapado por el mismo sistema.
En 1939, Stalin comenzó a apartarlo e insertó a Beria dentro de la NKVD,
hasta desplazarlo completamente.
Yeshov fue detenido y encerrado en la prisión de Yuhannovka,
donde fue acusado, entre otras cosas, de espionaje,
conspiración y de los propios excesos de las purgas que había dirigido.
Fue torturado y terminó aceptando las acusaciones.
Su juicio comenzó el 2 de febrero de 1940, sin abogados ni testigos.
El 4 de febrero fue fusilado y sus cenizas acabaron en una fosa común del cementerio Donskoy.
Trotsky viviría seis meses más que él.
Sudoplatov, jefe de tareas especiales del NKVD,
organizador directo de la operación para asesinar a Trotsky.
Siberia representaba la cúspide institucional del NKVD.
Pavel Antolievich Sudoplatov estaba mucho más cerca del terreno operativo.
Este agente soviético, que llegaría al rango de teniente general,
se especializó precisamente en misiones clandestinas en el extranjero.
En sus memorias explicó que las llamadas tareas especiales
comprendían actividades como sabotajes, secuestros y asesinatos fuera de las fronteras soviéticas.
Y entre las operaciones más importantes que dirigió,
estuvieron precisamente los dos planes para eliminar a Trotsky en México.
Sudoplatov había ingresado muy joven en las estructuras soviéticas de seguridad
y terminó convirtiéndose en uno de los especialistas del régimen para operaciones especialmente delicadas.
El asesinato de Trotsky es solo uno de los diversos asesinatos de alto perfil por los que se le señala.
Su papel no fue empuñar personalmente el arma,
sino organizar y administrar la estructura clandestina que debía cumplir la orden de Stalin,
utilizando agentes y colaboradores capaces de operar lejos de Moscú.
A diferencia de Yeshov y Beria, Sudoplatov no terminó ejecutado,
pero tampoco salió indefne de las luchas posteriores a Stalin.
Tras la muerte del dictador en 1953,
fue arrestado y condenado a 15 años de prisión en el sistema penitenciario soviético,
cumplió su condena y sobrevivió durante décadas a muchos de los hombres con los que había trabajado.
En 1994 publicó sus controvertidas memorias en un libro titulado Operaciones especiales,
memorias de un maestro de espía soviético,
donde relató buena parte de aquellas operaciones clandestinas,
aunque algunas de sus afirmaciones posteriores han sido cuestionadas.
Sudoplatov murió en Moscú el 26 de septiembre del año 1996,
a los 89 años, más de medio siglo después del asesinato de Trotsky.
Eitingon, coordinador operativo en México, alias General Kotov,
incorporó a Caridad y a Ramón Mercader a la operación.
Uno de los hombres fundamentales entre la orden emitida desde Moscú y su ejecución en México,
fue Naum Isakovich Eitington, también conocido como Leonid Alexandrovich Eitington.
Y por identidades como la del General Kotov.
Era un experimentado oficial de inteligencia soviético que había participado en operaciones clandestinas
fuera de la Unión Soviética, mucho antes de que Trotsky se convirtiera en su objetivo más célebre.
Su conexión con los Mercader comenzó durante la Guerra Civil Española,
cuando conoció a Caridad Mercader del Río, comunista española y madre de Ramón Mercader.
Eitingon terminaría reclutando a Ramón, un joven militante comunista,
para participar directamente en el plan contra Trotsky.
El 20 de agosto del año 1940, cuando Ramón Mercader entró en el despacho de Trotsky y lo hirió mortalmente,
Eitingon y Caridad esperaban afuera de la residencia de Coyoacán,
en automóviles separados para facilitar su fuga.
Pero Mercader nunca salió, los guardaespaldas de Trotsky lograron reducirlo.
Eitingon y Caridad abandonaron el lugar y escaparon de México.
Pese al éxito del atentado, Eitingon tampoco escaparía para siempre de las purgas soviéticas.
Fue encarcelado en 1951 durante las campañas vinculadas con el llamado complot de los médicos.
Liberado después de la muerte de Stalin y detenido nuevamente tras la caída de Beria,
en 1957 recibió una condena de 12 años y perdió su rango y condecoraciones.
Fue liberado después de la caída de Khrushchev en 1964 y trabajó posteriormente como traductor y editor.
Murió por causas naturales en Moscú el 3 de mayo de 1981, a los 81 años.
Su rehabilitación oficial solo llegó póstumamente, en 1992.
Grigulevich, agente de la NKVD, codirigió con Siqueiros el asalto armado fallido del 24 de mayo de 1940.
Antes de la operación que logró el asesinato de Trotsky, el NKVD intentó una estrategia mucho menos discreta.
Uno de los principales encargados fue Joseph Ramultovich Grigulevich,
agente soviético nacido en Vilna, especializado en operaciones clandestinas
y en la eliminación de adversarios del régimen.
Había adquirido experiencia durante la Guerra Civil Española y,
tras recibir entrenamiento especial, fue presentado por Beria a Sudoplatov
como un candidato adecuado para participar en la eliminación de Trotsky.
Grigulevich llegó a México en enero de 1940, utilizando el nombre clave Hussik.
Durante los meses siguientes preparó un ataque directo contra la casa fortificada donde Trotsky vivía en Coyoacán.
En la madrugada del 24 de mayo de 1940 encabezó un comando en el que participó,
entre otros, el famoso pintor y militante comunista mexicano David Alfaro Siqueiros.
Los atacantes irrumpieron armados en la residencia y dispararon contra las habitaciones,
pero fue un fracaso. Trotsky sobrevivió.
Grigulevich continuó trabajando para la inteligencia soviética durante años.
Llegó incluso a construir una extraordinaria identidad falsa como Teodoro Castro Bonéfiel,
ciudadano costarricense, y consiguió ser nombrado embajador de Costa Rica en Italia y Yugoslavia.
En 1952 recibió otra misión de asesinato, eliminar al líder yugoslavo Josip Broz Tito.
La muerte de Stalin en marzo de 1953 hizo que el plan fuese cancelado y Grigulevich regresó a Moscú.
Allí ocurrió algo muy distinto a lo sucedido con otros agentes de esta historia.
Rehizo su vida como académico, se especializó en América Latina y la Iglesia Católica,
escribió docenas de libros y llegó a ingresar en la Academia de Ciencias de la Unión Soviética.
Murió en Moscú el 2 de junio de 1988, a los 75 años.
Su pasado como agente soviético permaneció oculto hasta mucho después de su muerte.
Ramón Mercader, el autor material, asestó el golpe de Piolet el 20 de agosto de 1940.
De todos los participantes en la conspiración,
Jaime Ramón Mercader del Río fue quien ejecutó el ataque mortal.
Para llegar hasta Trotsky, había pasado años construyendo identidades falsas.
En París se presentó como el belga Jacques Monard y en América utilizó el nombre de Frank Jackson.
Su relación con Silvia Angelov le abrió progresivamente las puertas del entorno de Trotsky,
hasta convertirse en una presencia conocida en la residencia de Coyoacán.
Mercader preparó entonces un pretexto sencillo,
pidió a Trotsky que leyera un artículo que supuestamente había escrito.
El 20 de agosto de 1940, volvió a la casa ocultando bajo la ropa un Piolet o pico de alpinismo.
Una vez en el despacho, mientras Trotsky leía el texto, Mercader lo golpeó en la cabeza,
pero el soviético no murió inmediatamente.
Gritó y sus guardaespaldas se rompieron en la habitación.
Traduciendo al atacante, Trotsky fue trasladado a un hospital y murió al día siguiente, el 21 de agosto.
Mercader mantuvo durante años su identidad falsa y fue condenado en México a 20 años de prisión,
que cumplió íntegramente hasta su liberación el 6 de mayo de 1960.
Después viajó a la Unión Soviética, donde fue reconocido como héroe,
y pasó sus últimos años entre Moscú y La Habana.
Murió finalmente en la capital cubana el 18 de octubre de 1978, a los 65 años, víctima de cáncer de pulmón.
En aquellos años circuló incluso el rumor de que su enfermedad había sido provocada deliberadamente
mediante un objeto contaminado con material radiactivo,
pero esa versión nunca fue demostrada.
Sus restos fueron llevados a Moscú y enterrados en el cementerio de Kuntsevo,
bajo otra identidad, Ramón Ivanovich López.
Caridad del Río, agente de la NKVD y madre de Ramón,
lo convenció de sumarse al NKVD y esperaba en el auto de fuga la noche del crimen.
Detrás de Ramón Mercader había otra figura profundamente comprometida con el aparato soviético,
su propia madre, Eustacia María Caridad del Río Hernández,
más conocida como Caridad Mercader.
Militante comunista y veterana de la guerra civil española,
comenzó a colaborar con los servicios soviéticos antes de convertirse formalmente en agente.
Según los archivos soviéticos y el testimonio de su hijo Luis,
fue reclutada en 1937 y ese mismo invierno mantuvo una larga conversación privada con Ramón,
para convencerlo de incorporarse también al NKVD,
el Comisariado del Pueblo para Asuntos Interno Soviético.
Caridad llegó a México en septiembre de 1939.
Inicialmente, ella y Ramón cumplían una función secundaria en los planes contra Trotsky,
porque el primer intento debía ser ejecutado por el comando armado encabezado por David Alfaro Siqueiros.
Cuando aquel atentado fracasó en mayo de 1940,
el plan basado en la infiltración de Ramón adquirió una importancia decisiva.
El 20 de agosto de 1940, mientras su hijo entraba en la residencia de Coyoacán,
Caridad y el oficial soviético Nahum el Chincón,
esperaban cerca, en automóviles separados, para ayudarlo a escapar.
Pero Ramón no salió.
Al escuchar las sirenas y observar el movimiento alrededor de la casa,
entendieron que había sido capturado y huyeron.
Poco después abandonaron México clandestinamente.
Caridad consiguió llegar a Moscú en 1941
y recibió la orden de Lenin por su participación en la operación.
Años después volvió a México y visitó a Ramón en prisión,
antes de establecerse finalmente en París.
Durante sus últimos años alternó estancias entre Francia y Moscú.
Murió en la capital francesa en 1975, a los 82 años,
sin haber sido procesada por su participación en el asesinato.
La embajada soviética se ocupó de su funeral
y fue enterrada en el cementerio parisino de Epantin.
Siqueiros lideró el asalto armado fallido el 24 de mayo de 1940
contra la casa de Coyoacán.
José de Jesús Alfaro Siqueiros,
universalmente conocido como David Alfaro Siqueiros,
fue uno de los grandes representantes del muralismo mexicano
junto con Diego Rivera y José Clemente Orozco.
Además de artista, Siqueiros era un comunista convencido,
veterano de la Revolución Mexicana y de la Guerra Civil Española,
donde combatió de lado republicano
y alcanzó el rango de teniente coronel.
Su adhesión al estalinismo lo enfrentó directamente contra Trotsky.
En la madrugada del 24 de mayo de 1940,
Siqueiros encabezó junto con otros conspiradores
un mando de alrededor de 20 hombres
que penetró en la residencia de Coyoacán.
Los atacantes dispararon cientos de veces
hacia la habitación donde dormían Trotsky y su esposa, Natalia Sedova.
Pese a la violencia del ataque, ambos sobrevivieron.
El fracaso desencadenó una investigación.
Uno de los participantes terminó delatando a Siqueiros,
quien fue perseguido por las autoridades mexicanas
y en 1941 partió al exilio en Chile.
Regresó a México en 1944
y, pese a aquel episodio,
reconstruyó una extraordinaria carrera artística.
Décadas después volvió a ser encarcelado.
En 1960 recibió una condena por disolución social,
vinculada con su activismo político,
y permaneció cuatro años en la prisión de Lecumberri.
Siqueiros nunca dejó de combinar pintura y militancia.
En 1966 recibió incluso el Premio Lenin de la Paz.
Finalmente murió en Cuernavaca, Morelos,
el 6 de enero de 1974, a los 77 años.
Sus restos fueron depositados en la Rotonda
de las Personas Ilustres de Ciudad de México,
junto a los de otros grandes nombres del muralismo mexicano.
Vittorio Vidali, agente del Ecominterna,
Comandante Carlos, y presunto implicado en la conspiración,
nunca fue condenado.
Este comunista italiano, conocido bajo distintos nombres
y especialmente como Comandante Carlos,
había trabajado durante años para estructuras vinculadas a Moscú.
Tras el ascenso de Benito Mussolini,
salió de Italia, pasó por la Unión Soviética
y desarrolló actividades para el Cominterna,
o Internacional Comunista,
además de mantener una prolongada colaboración
con los servicios soviéticos.
Durante la Guerra Civil Española,
desempeñó importantes funciones políticas y militares
dentro del campo republicano.
En 1939 regresó a México para reforzar la línea antitrotskista
dentro del Partido Comunista Mexicano.
A partir de allí, las fuentes históricas discrepan.
Algunos relatos lo identifican como participante
en el primer atentado contra Trotsky
el 24 de mayo de 1940,
y también lo relacionan con la infiltración de Mercader
en el entorno del soviético.
Sin embargo, otras fuentes tienen una interpretación diferente.
Sostiene que el propio Trotsky acusó erróneamente a Vidali
de desempeñar un papel importante en aquel primer atentado
y considera carentes de fundamento varias de las acusaciones
que posteriormente lo presentaron como un asesino
al servicio de Stalin.
Lo cierto es que Vidali nunca fue condenado judicialmente
por la muerte de Trotsky.
Su destino fue muy distinto al de muchos agentes soviéticos de la época.
Volvió a Trieste en 1947,
justo cuando la ciudad dejaba de ser italiana
para convertirse en el territorio libre de Trieste,
administrado por los aliados,
y Yugoslavia hasta 1954.
Allí se convirtió en una figura importante del comunismo local.
Posteriormente fue diputado y senador del Partido Comunista Italiano.
Con la desestalinización fue perdiendo influencia,
pero nunca sufrió una purga comparable
a las de otros personajes de esta historia.
Murió en esta misma ciudad el 9 de noviembre de 1983,
a los 83 años.
Silvia Ahelov, trotskista estadounidense.
Su relación con Mercader le dio a este el acceso al círculo de Trotsky,
aparentemente sin conocer los planes.
Silvia Ahelov ocupa un lugar muy diferente dentro de esta historia,
porque no existe el mismo consenso sobre su responsabilidad en el atentado.
Era una estadounidense vinculada con el Partido Socialista de los Trabajadores,
una organización trotskista de Estados Unidos.
Y conoció en París en 1938 a un hombre que se presentaba como Jack Monard.
En realidad era Ramón Mercader,
quien estaba construyendo cuidadosamente una identidad falsa
para infiltrarse en el entorno de Trotsky.
Ambos iniciaron una relación sentimental que duraría cerca de dos años.
Esa relación resultó fundamental para el asesinato.
Cuando Mercader siguió a Ahelov hasta América,
utilizó otra identidad, la de Frank Jackson.
Y gracias a su cercanía con ella,
ya comenzó a entrar en contacto con personas del círculo trotskista.
Finalmente pudo frecuentar la residencia de Coyoacán
hasta conseguir estar a solas con Trotsky, el 20 de agosto de 1940.
La versión tradicional sostiene que Ahelov
ignoraba la verdadera identidad y las intenciones de Mercader,
y que fue utilizada para facilitar, sin saberlo, su infiltración.
El propio Mercader afirmó después de ser detenido
que Silvia no tenía relación con el crimen.
Sin embargo, las autoridades mexicanas sí sospecharon de ella.
Fue arrestada y acusada de complicidad,
aunque no terminó condenada.
Su inocencia ha sido cuestionada posteriormente.
Algunos consideran que las contradicciones de su comportamiento
permiten considerar que pudo haber colaborado conscientemente con Mercader.
Después del asesinato,
Ahelov abandonó la actividad política pública
y vivió durante más de medio siglo alejada de los reflectores.
Murió en el año de 1995, a los 86 años,
mientras residía en Manhattan,
sin haber ofrecido públicamente alguna explicación
que resolviera las dudas sobre cuánto sabía realmente acerca de Mercader.
Robert Sheldon Hart, guardaespaldas de 25 años,
que abrió la puerta a los asaltantes el 24 de mayo,
sigue en disputa si fue víctima o infiltrado.
Uno de los episodios más extraños del primer atentado contra Trotsky,
intentado el 24 de mayo de 1940,
ocurrió antes de que comenzaran los disparos.
Robert Sheldon Hart, un estadounidense de apenas 25 años,
era uno de los jóvenes encargados de proteger la residencia de Trotsky en Coyoacán.
Llevaba alrededor de ocho semanas trabajando allí,
y aquella madrugada estaba de guardia en entrada
cuando el comando encabezado por David Alfaro Siqueiros
consiguió penetrar en la propiedad.
Tras el ataque fallido, Hart desapareció junto con los atacantes.
La pregunta surgió inmediatamente.
Había abierto voluntariamente la puerta.
Joseph Hansen, secretario y guardaespaldas de Trotsky,
defendió que Hart había sido engañado.
Los asaltantes llevaban uniformes policiales y militares,
y pudieron convencer al joven de que traían un mensaje urgente.
Cuando su cadáver apareció el 25 de junio en una casa de Clan Minalco,
en la zona del Desierto de los Leones,
esa interpretación pareció fortalecerse.
Hart había sido asesinado a tiros,
y su cuerpo ocultado y cubierto con cal.
Trotsky incluso colocó en su residencia una placa en su memoria,
atribuyendo su muerte a Stalin.
Sin embargo, décadas después surgió otra versión.
Documentación y testimonios vinculados con los servicios soviéticos
han presentado a Hart como un agente de la NKVD,
supuestamente identificado con el nombre clave Amur,
encargado precisamente de facilitar la entrada del comando.
Según una declaración atribuida posteriormente a Nahum Enkingon,
Hart habría participado inicialmente,
pero se habría arrepentido durante la operación,
motivo por el cual fue eliminado.
El problema es que ambas interpretaciones continúan enfrentándose.
Hart pudo haber sido víctima engañada,
o un infiltrado que terminó convertido también en víctima
de sus propios compañeros.
Lo indiscutible es su final.
Fue llevado por los asaltantes la noche del atentado
y asesinado en los días siguientes,
sin llegar a ver el segundo y definitivo ataque contra Trotsky.
Los hermanos Arenal, Luis y Leopoldo Arenal,
cuñados de Siqueiros,
participaron en el asalto de Mayo
y son señalados como responsables materiales
de la desaparición de Sheldon Hart.
Entre los hombres que participaron en el asalto armado de Mayo
estaban los hermanos Luis Arenal Bastard
y Leopoldo Arenal Bastard,
vinculados estrechamente con el círculo de Siqueiros.
Eran hermanos de Angélica Arenal,
pareja del muralista,
y por tanto cuñados de Siqueiros.
Luis, además, tenía una carrera artística propia.
Fue pintor, grabador y escultor,
miembro fundador de organizaciones como
la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios
y el Taller de Gráfica Popular.
Su habitancia comunista estuvo estrechamente
ligada a su producción artística.
Luis participó directamente en el ataque
contra la casa de Trotsky en 1940,
y tras el fracaso,
fue obligado a irse durante un tiempo a Estados Unidos.
Pero la conexión de los hermanos Arenal
con aquella noche
no terminó en los disparos contra la residencia.
Cuando la policía mexicana investigó
la desaparición de Hart,
llegó hasta una casa de Tlaminalco,
que había sido alquilada precisamente por Luis
y Leopoldo Arenal.
Fue allí donde apareció el cadáver
de la casa de Trotsky.
Bob Hansen escribió poco después que,
según las confesiones obtenidas
durante la investigación,
Luis y Leopoldo habían sido los últimos integrantes
del grupo que permanecieron con Hart
antes de su asesinato.
Por eso fueron señalados como responsables materiales
o, al menos,
directamente relacionados con su muerte.
Ninguno de los dos murió violentamente.
Luis continuó desarrollando una extensa carrera artística
y murió en Ciudad de México
el 7 de mayo de 1985.
Con unos 76 años,
murió en Ciudad de México
el 24 de octubre de 1989,
a los 78 años.
Antonio Puyol,
integrante del Comando Armado
del 24 de mayo de 1940,
fue detenido junto con Siqueiros
en octubre de 1940.
Otro de los nombres identificados
por la investigación mexicana
fue Antonio Puyol Jiménez,
también conocido posteriormente
como Abel Puyol.
Nacido en Chalco, Estado de México,
en 1913, era pintor,
por lo que se movían Siqueiros
y Luis Arenal.
En 1937, incluso viajó a España
para combatir en las brigadas internacionales
durante la Guerra Civil.
Ese vínculo lo llevó también al comando
que atacó la residencia de Trotsky.
Las pesquisas realizadas después del atentado
identificaron a Siqueiros
como uno de los principales organizadores
y a Puyol como su secretario
y uno de los participantes.
Mientras otros integrantes del grupo
fueron detenidos,
ellos dos permanecieron prófugos durante meses.
El 24 de octubre de 1940,
cuando Ramón Mercader
ya había conseguido asesinar a Trotsky.
Puyol, sin embargo,
no terminó ejecutado
ni pasó el resto de su vida encarcelado.
Su trayectoria posterior
regresó fundamentalmente al arte.
Tiempo después se trasladó a Montevideo, Uruguay,
donde utilizó durante un tiempo
el nombre de Abel Beltrán Bastar.
Allí conoció a Ada Canave en Alerio,
quien sería su esposa.
La pareja no regresó definitivamente a México
hasta 1960.
El caso fue agravado durante décadas
y murió en Ciudad de México
el 22 de septiembre de 1995
a los 82 años.
El Piolet y los presidentes de México.
El arma bajó una cama 40 años
y dos mandatarios sin conexión con el crimen.
El objeto más famoso de toda esta historia
tuvo un recorrido casi tan extraño
como el de algunos de sus protagonistas.
El Piolet, utilizado por Mercader
para matar a Trotsky,
no desapareció tras el asesinato.
Después de pasar por manos
de las autoridades mexicanas,
terminó durante décadas
fuera de la mirada pública.
Uno de los policías relacionados
con la investigación lo conservó
y, según la reconstrucción de su trayectoria,
permaneció aproximadamente 40 años
guardado debajo de una cama.
Mucho después acabó en Estados Unidos
y actualmente forma parte
de la colección del Museo Internacional
del Espionaje en Washington.
Pese a muchos rumores y dudas,
el gobierno mexicano no tuvo conexión alguna
con el asesinato ocurrido en su país.
En 1940, el presidente de México
todavía era Lázaro Cárdenas del Río,
quien lideró una política
de acogida a perseguidos políticos
y fue precisamente bajo su gobierno
cuando México abrió sus puertas a Trotsky
y a numerosos refugiados republicanos españoles.
Le siguió en la presidencia
a Manuel Ávila Camacho,
quien ganó las elecciones de 1940,
pero no asumió la presidencia
hasta el 1 de diciembre de ese año,
más de tres meses después del asesinato.
Gobernó hasta noviembre de 1946.
El asesinato de León Trotsky
fue mucho más que la eliminación
de un rival personal de Stalin.
La conspiración demostró
hasta dónde podía extenderse
la persecución política soviética.
Trotsky llevaba más de una década
fuera de la Unión Soviética
y estaba refugiado al otro lado del mundo,
pero seguía siendo considerado
una amenaza suficiente
como para movilizar redes clandestinas.
También convirtió a Trotsky
en uno de los símbolos más conocidos
de las luchas internas
que acompañaron la consolidación
del poder stalinista.
Stalin consiguió eliminar
a uno de sus adversarios más importantes,
pero no consiguió hacer desaparecer
sus ideas, sus escritos
ni el debate sobre el rumbo
que tomó la Unión Soviética.
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