Nuevo Descubrimiento Extraño sobre la máscara de Tutankamón Que ASUSTA A Los Científicos. La máscara de Tutankamón es considerada por muchos expertos como el objeto más valioso que se conserva en la historia de la humanidad. Esta magistral pieza de orfebrería ha generado mitos, leyendas y toda clase de historias y curiosidades que hoy te contaremos. Historia Incomprendida analiza la fascinante máscara funeraria de Tutankamón, explorando las controvertidas técnicas arqueológicas empleadas para su recuperación en 1925. El estudio examina los materiales únicos, posibles reutilizaciones dinásticas y el valor histórico de este emblemático ajuar funerario que continúa desafiando las interpretaciones de los expertos modernos.
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Tutankamón
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This video examines the mysteries, technical brilliance, and controversies surrounding Tutankhamun's funerary mask. It covers the destructive recovery methods used by Howard Carter, the mask's sophisticated metallurgy and spiritual symbolism, scientific debates regarding its original owner, the debunking of various myths, and a modern restoration crisis involving the mask's beard.
Nuevo descubrimiento extraño sobre la máscara de Tutankamón que asusta a los científicos.
¿Sabías que para liberar esta máscara, Howard Carter tuvo que decapitar la momia
de Tutankamón con cuchillos calientes y luego cerrar el tronco por la mitad? ¿Por qué
enterraron junto a esta máscara un puñal fabricado con hierro caído del cielo, siglos
antes de que Egipto supiera trabajar el hierro?
Detrás de la máscara hay una historia mucho más extraña de lo que se pensaba.
Tutankamón es el faraón más famoso de Egipto porque su tumba y su fastoso ajuar funerario
fueron descubiertos prácticamente intactos en 1922, más de 3.000 años después de su
muerte. Aunque los ladrones entraron dos veces en la antigüedad y se llevaron parte de las
joyas, la tumba fue sellada de nuevo y se salvó del vaciado total que sufrieron los
demás faraones.
El faraón, llamado popularmente el Rey Tut, reinó aproximadamente entre 1333 y 1324 a.C.,
muriendo a los 19 años, y el objeto más famoso de su ajuar funerario es su máscara
de más de 10 kilos de oro e incrustaciones de piedras preciosas.
La máscara de Tutankamón es considerada por muchos expertos como el objeto más valioso
que se conserva en la historia de la humanidad. Esta magistral pieza de orfebrería ha generado
mitos, leyendas y toda clase de historias y curiosidades que hoy te contaremos.
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Carter usó cuchillos calientes y decapitó la momia para liberar la máscara
En noviembre de 1925, el equipo del arqueólogo Howard Carter utilizó cuchillos calientes,
cinceles y fuerza bruta para separar el cuerpo de Tutankamón del ataúd de oro macizo que
lo albergaba y liberar la icónica máscara funeraria, lo que provocó la decapitación
y el desmembramiento de la momia del célebre faraón.
Durante la momificación, los sacerdotes egipcios pusieron grandes cantidades de ungüentos
y resinas perfumadas sobre el cuerpo del faraón. Con el paso de los siglos y el calor de la
tumba, estas sustancias se oxidaron y endurecieron, transformándose en una masa negra y sólida,
que actuó como un fortísimo pegamento, soldando literalmente la momia al fondo del ataúd de oro
y fundiendo la cabeza con la máscara dorada. Antes de hacer uso de la fuerza física,
Carter intentó ablandar las resinas exponiendo el sarcófago al ardiente sol de Luxor,
alcanzando una temperatura de unos 65 grados Celsius, pero este tratamiento no funcionó.
Al verse bloqueado y alegando que ninguna fuerza legítima podría extraer el cuerpo entero,
el arqueólogo y el anatomista Douglas Durie tomaron la drástica decisión de desarmar el
cuerpo pieza por pieza. En 1925, la autopsia de 1925 desmembró la momia entera y luego lo ocultaron.
Durante la autopsia realizada en noviembre de 1925, el equipo del arqueólogo Howard Carter
desmembró la momia del rey Tut, y posteriormente intentó ocultar los daños reuniendo las piezas
sobre un lecho de arena. El motivo documentado detrás de este procedimiento destructivo fue la
imposibilidad de separar la momia del sarcófago, agravada por la prisa por recuperar las joyas y
amuletos que estaban atrapados entre los vendajes. Cuando Carter abrió el ataúd de oro macizo,
descubrió que los aceites y resinas sagradas vertidas durante el proceso de momificación
se habían solidificado con los ciclos. La momia estaba literalmente fundida y pegada
al fondo del sarcófago. Tras intentar sin éxito ablandar la resina dejándola expuesta al intenso
sol del desierto egipcio, recorrieron a la fuerza bruta, lo que provocó el desmembramiento de la
momia. Usaron cuchillos calientes para separar la cabeza y la icónica máscara de oro, y cinceres
para cortar las extremidades superiores e inferiores por las articulaciones, para retirar
brazaletes, collares y amuletos. El tronco fue cerrado por la mitad para despegarlo del fondo
del sarcófago. Hay pruebas documentales de que Howard Carter robó objetos de la tumba
Existen pruebas documentales que respaldan los señalamientos de que Howard Carter y su
equipo sustrajeron objetos de la tumba de Tutankhamon antes de su apertura oficial.
El egiptólogo británico Sir Alan Gardiner recibió de regalo un amuleto por parte de Carter.
Posteriormente, Rex Eichenbach, director del Museo de El Cairo, confirmó que el objeto provenía
indiscutiblemente de la tumba del rey Tut, y que no se encontraba registrado.
Cuando la correspondencia privada intercambiada entre Howard Carter y Alan Gardiner salió a la
luz, reveló la notoria incomodidad del egiptólogo al comprobar que su compatriota y arqueólogo se
había apropiado de piezas del ajuar funerario del célebre faraón a espaldas de las autoridades
egipcias. Expertos como el egiptólogo y escritor estadounidense Bob Breer han documentado cómo
Carter retuvo o regaló artefactos, como estatuillas, amuletos y collares, que coincidían
con exactitud con piezas encontradas en la tumba, pero ausentes en los registros oficiales iniciales.
Un niño aguador egipcio habría hallado el primer escalón de la tumba
Existe una leyenda de que un niño aguador egipcio de nombre Hussein Abdel Razul fue
quien encontró el primer escalón de la tumba del faraón Tutankhamon el 4 de noviembre de
1922, aunque no hay pruebas que confirmen la historia. La correspondencia, los diarios y los
informes de excavación del arqueólogo británico Howard Carter no mencionan a ningún niño aguador
que hubiera descubierto el primer peldaño de la famosa tumba en el Valle de los Reyes.
La leyenda moderna creció a partir del libro de divulgación que Thomas Jobin publicó en
1978, donde se popularizó esta escena casual. Años después del hallazgo, el fotógrafo Harry
Burton retrató a un niño egipcio llamado Hussein Abdel Razul luciendo un collar presuntamente
procedente de la tumba de Tutankhamon. Esta fotografía alimentó con el tiempo el mito de
que el chico había sido el verdadero descubridor de la tumba del faraón. Oficialmente fueron el
propio Howard Carter y sus trabajadores contratados quienes realizaron las labores que sacaron a la
luz la entrada de la tumba. La máscara se vio por primera vez en 3250 años, el 28 de octubre de
1925. Tutankhamon o Nebheperu, Ra Tutankhamun, nacido en Amarna cerca del año 1343 antes de
Cristo, gobernó Egipto entre 1333 y 1324 antes de Cristo, según la cronología convencional del
imperio nuevo de la historia egipcia. Fue el último rey de su linaje al final de la décima octava
dinastía, y su nombre de nacimiento le fue puesto en honor de Atón, dios venerado en el culto
monoteísta establecido por su padre Akenatón. Tutankhamon adoptó este nombre tras la muerte de
su padre en homenaje a Amun, una de las deidades con la que restauró el politeísmo tradicional de
Egipto. El rey Tut murió en Tebas en el año 1324 antes de Cristo, a los 19 años, y su tumba fue
descubierta el 4 de noviembre de 1922, en el Valle de los Reyes. Sin embargo, llegar a la
cama a la funeraria interior tomó casi tres años. El 28 de octubre de 1925, Carter abrió el tercer y
último ataúd del faraón, lo que reveló la máscara de oro, la cual fue vista por primera vez en
aproximadamente 3.250 años. Tras retirar los pasadores y levantar la tapa del sarcófago de
oro macizo, la máscara apareció reposando directamente sobre los hombros de la momia.
Carter escribió en su diario que la máscara tenía una expresión triste, pero serena,
simbolizando al dios Osiris. Pesa 10.23 kilos y su oro vale millones, pero la pieza es invaluable.
La máscara funeraria de Tutankamón pesa exactamente 10.23 kilogramos, o 22.5 libras,
y su valor material es de millones de dólares, aunque su apreciación como objeto histórico
resulta incalculable. Fue elaborada con dos láminas de oro martilladas y soldadas,
con incrustaciones de lápiz lazuli, turquesa, cuarzo, cornalina, obsidiana y vidrio de colores.
Es considerada la máxima joya de la antigüedad y el objeto histórico más valioso del mundo.
Cada detalle de la pieza fue trabajado con una precisión asombrosa para la época,
combinando oro y otros valiosos materiales, ilustrando el extraordinario grado de avance
de la orfebrería egipcia hace más de tres milenios. Mide 39.3 centímetros de ancho,
54 centímetros de alto y 49 centímetros de profundidad. Aparte de su valor como artefacto
histórico y artístico, la máscara del rey Tut entraña un enorme simbolismo, ya que los
antiguos egipcios creían que la piel de los dioses estaba hecha de oro, por lo que este
metal aseguraba la vida eterna y la divinidad del faraón. Las técnicas de orfebrería de la
máscara siguen asombrando a los metalúrgicos. Más de 3.200 años después de haber sido elaborada,
la máscara funeraria de Tutankamón sigue siendo una de las obras maestras de la metalurgia y una
de las más perfectas y complejas de la historia humana. Lo que más asombra a los metalurgistas
modernos son las avanzadas técnicas de orfebrería que los antiguos egipcios lograron dominar sin las
tecnologías de la actualidad. Los orfebres egipcios lograron unir láminas de oro utilizando una
técnica de soldadura por difusión térmica o microsoldaduras con aleaciones de cobre.
Las uniones son tan perfectas que resultan prácticamente imperceptibles a simple vista.
Toda la estructura facial fue moldeada a golpes de martillo desde la parte posterior a partir de
una única lámina de oro gruesa, con un repujado de precisión que logró un relieve de un realismo
anatómico impresionante. La máscara combina el oro con la técnica del cloisonné o alveolado,
incrustando piedras semipreciosas con precisión milimétrica. Análisis modernos revelan que la
máscara no está confeccionada con un solo tipo de oro, sino con aleaciones selectivas.
Los ojos son de cuarzo y obsidiana, el collar mezcla piedras y vidrio.
La máscara funeraria representa al faraón Tutankamón como Osiris, el dios egipcio del
más allá. Según el egiptólogo y arqueólogo británico Nicholas Reeves, la máscara no solo
es la imagen por excelencia de la tumba de Tutankamón, sino que es quizá el objeto más
conocido del Antiguo Egipto. Desde el año 2001, algunos expertos han sugerido que,
en principio, la máscara pudo haber sido confeccionada para Neferneferautón o Nefertiti,
una reina faraona que reinó hacia el final del período de Amarna.
La cabeza está cubierta por el tocado real y la frente luce los emblemas de la realeza y la
protección, el buitre y el ureo, o cobra erguida. Los ojos son de obsidiana y cuarzo,
y las cejas y los parpados están incrustados con lápiz lázuli. El ancho collar incrustado,
llamado uzeke, está hecho de piedras semipreciosas y vidrio de colores, y termina
en cabezas de halcón. La mayoría de los reyes eran coronados con un solo símbolo animal,
generalmente la cobra erguida. Sin embargo, la máscara de Tutankamón presenta un esplendor
aún mayor con la cobra y el buitre juntos. Según algunos egiptólogos, esta doble cresta no es un
mero adorno, sino que magnifica la protección divina del faraón, y evoca la reunificación
del reino tras las turbulencias de Amarna. El buitre Nekbet y la cobra Uadjet marcan
soberanía sobre las dos tierras. El buitre Nekbet y la cobra Uadjet, en la máscara de Tutankamón,
representan el poder absoluto y la soberanía del faraón sobre las dos tierras de Egipto.
En la mitología egipcia, el buitre Nekbet representa a la diosa protectora del Alto
Egipto, defensora de la realeza y símbolo del poder y la maternidad. Como diosa tutelar del
sur del país, su equivalente en el Bajo Egipto era la cobra Uadjet, juntas formaban las dos damas
que legitimaban al faraón. A Nekbet se le consideraba la madre mítica y nodriza del faraón,
a quien protegía durante nacimientos, coronaciones y batallas, extendiendo sus alas. La cobra Uadjet
representa la protección divina, el poder soberano del faraón y la fertilidad del Bajo Egipto.
La forma de cobra erguida se conoce como ureo, un emblema colocado en la frente de la corona roja
del Bajo Egipto y en los tocados reales para simbolizar la autoridad absoluta y la legitimidad
del monarca. Según el mito, ureo protegía al faraón escupiendo fuego para destruir a sus enemigos
terrenales y sobrenaturales. La parte trasera lleva el conjuro 151b del libro de los muertos.
La parte trasera de la máscara mortuoria del rey Tut, tiene grabado en jeroglíficos
egipcios el conjuro 151b del libro de los muertos. El texto grabado en la máscara contiene una
fórmula sagrada dirigida a proteger y guiar al faraón en el inframundo. Este conjuro identifica
mágicamente los rasgos faciales y los sentidos del rey con divinidades como Horus, Anubis, Osiris, Ra,
Ipta, Sokar, funcionando según la mitología egipcia como una armadura espiritual para asegurar
la eternidad del monarca. El conjuro detalla cómo cada parte del rostro del faraón se asocia a la
barca solar y a la protección divina. El libro de los muertos es un conjunto de textos funerarios,
fórmulas mágicas y sortilegios, escritos en papiros, que los antiguos egipcios colocaban
en las tumbas, bajo la creencia de que guiaban y protegían las almas de los difuntos en el
inframundo. No había un volumen fijo o canónico y cada papiro era una selección personalizada
de conjuros, adaptada a los deseos y al poder que había tenido el muerto.
Su nombre real dado por los egipcios es el libro de la salida al día. El nombre,
libro de los muertos, fue una invención de los egiptólogos del siglo XIX para agrupar estos
textos. El oro tiene distintos quilates y tonos entre el rostro y el tocado. El rostro y el cuello
de la máscara de Tutankamón están hechos con oro de 18.4 quilates, lo que confiere a estas partes
un tono más claro, mientras que para el resto de la pieza se utilizó oro de 22.5 quilates,
lo que le da un tono más amarillo e intenso. El oro de 18.4 quilates es una aliación que
contiene más plata o cobre, dando un tono más suave. El oro de 22.5 quilates, utilizado para
el tocado o nemes, y el resto de la máscara da un brillo y color dorado más profundo.
Precisamente esta diferencia de aleaciones áureas ha alimentado el debate sobre el destino original
de la máscara. Algunos expertos, como el egiptólogo británico Nicholas Ribes,
sugieren que esta diferencia de aleaciones y tonos indica que la máscara pudo haber sido
hecha originalmente para otra persona. Existe un vidrio azul único creado
para la máscara, el azul Tutankamón. Entre 2006 y 2007, un equipo de investigadores
dirigido por el profesor Masayuki Uda, de la Universidad de Waseda, realizó un estudio sobre
la composición de la máscara dorada de Tutankamón. Para ello, se utilizó un difractómetro de rayos
X, un dispositivo que utiliza la difracción y la fluorescencia de los rayos X para identificar
los compuestos más probables presentes en una muestra. El estudio descubrió en los vidrios de
la máscara un nuevo tono de azul conocido como azul de Tutankamón. La investigación también
distinguió las distintas aleaciones de oro presentes en la máscara que, en opinión de los
investigadores, le confieren a la pieza una dureza y un brillo cuya belleza supera la del oro puro.
Además del oro, la icónica máscara también incorpora una fantástica gama de tonos azules.
Durante mucho tiempo se pensó que estos azules se obtenían de vidrio en polvo y minerales,
pero este estudio reveló que prácticamente todos los azules del tocado eran amorfos. Se
cree que el tono llamado azul de Tutankamón deriva de una mezcla de azul egipcio y otros
dos pigmentos. La máscara pudo no haber sido hecha para Tutankamón, sino para una mujer.
Los diferentes tipos de oro presentes en la máscara de Tutankamón y otros detalles han
alimentado el debate de que la pieza quizá fue hecha para otra persona,
posiblemente la reina Neferneferauton o Nefertiti, según Nicolás Rives.
Neferneferauton es una de las figuras de la realeza más misteriosas de la historia del
Antiguo Egipto, ya que apenas hay información de él o ella, aunque se ha sospechado insistentemente
que en realidad era una mujer, posiblemente Nefertiti, gran esposa real del faraón Akenatón,
padre de Tutankamón. La máscara presenta los lóbulos de las orejas perforados,
un rasgo común en las representaciones de mujeres y niños en el Antiguo Egipto,
pero ausente en las máscaras mortorias de faraones varones adultos.
Expertos como Rives y la egiptóloga Joanna Fletcher han señalado restos de cartuchos con
hombres parcialmente modificados en el interior. Esta teoría también es alimentada por la prematura
y repentina muerte de Tutankamón, lo que habría obligado a echar mano de un ajuar funerario
destinado a otra persona y adaptado de prisa. Algunos egiptólogos consideran factible la
reutilización, considerando la crisis dinástica de la época. Otros sugieren que las perforaciones
podrían deberse a que Tutankamón era un niño cuando asumió el trono y que el ajuar no
correspondía necesariamente a otra persona. Bajo el cartucho de Tutankamón se leen rastros
de otro nombre borrado. En el Antiguo Egipto, un cartucho era un símbolo ovalado con una línea
horizontal que encerraba los jeroglíficos del nombre real de un faraón para protegerlo y
asegurar su identidad en la eternidad. Reeves descubrió que bajo los jeroglíficos del cartucho
de la máscara de Tutankamón y otros objetos de su tumba, existen rastros de un nombre borrado.
El nombre original que se ocultaba debajo es Aken Keperruhe Neferneferauten, el cual ha sido
asociado con la misteriosa mujer faraón que gobernó brevemente antes que el rey Tut, identificada a
menudo como la reina Nefertiti. Según esta teoría, debido a la repentina muerte de Tutankamón a los
19 años, no hubo tiempo de fabricar todo su ajuar funerario. Por ello, los artesanos reutilizaron
piezas preparadas para Neferneferauten, limaron el nombre original y grabaron encima el del joven
rey fallecido. El análisis de los jeroglíficos del cartucho reveló que los signos del nombre
del trono de Tutankamón fueron cincelados sobre incisiones más profundas y antiguas que deleteraban
el nombre de la reina, lo que refuerza la hipótesis de la mezcla de ajuares de dos faraones.
La egiptóloga rechaza a Arifs. Fabricar la máscara en dos partes era lo normal.
El egiptólogo Aidan Dodson planteó una hipótesis sobre la discusión del ajuar
funerario de Tutankamón. Según Dodson, el sucesor de Akhenatón, el faraón Neferneferauten,
quien probablemente fue su esposa Nefertiti, nunca recibió un entierro real. Por lo tanto,
es probable que sus ajuares funerarios se reutilizaran para preparar los de Tutankamón
al comienzo de su reinado. Esto significaría que el ajuar mortorio del rey Tut ya estaba
prácticamente terminado cuando falleció prematuramente, en lugar de haber sido preparado
a toda prisa. Sin embargo, la tumba de Tutankamón posiblemente aún estaba incompleta, lo que
significa que es probable que se le asignara una tumba ya existente, que estaba destinada
a otro personaje de la realeza o de la nobleza de menor rango. La reutilización de objetos
funerarios era común en este periodo, incluyendo ataúdes y bóvedas, por lo que esto en sí
mismo no resultaba inusual. En 2015, Rips argumentó que estos objetos
probablemente incluían la máscara funeraria de oro de Tutankamón, con base en el hecho
de que la pieza está compuesta por dos partes. Sin embargo, fabricar las máscaras funerarias
en dos partes no era una rareza, sino algo común. Las cámaras ocultas de la tumba pasaron
del 90% de certeza a la nada. En 2015, Nicola Rips lanzó la hipótesis
de que, contiguas a la tumba de Tutankamón, había unas cámaras secretas que probablemente
alojaban los sepulcros de otros faraones, posiblemente el de la reina Nefertiti.
Las autoridades de Antigüedades de Egipto, ante la expectativa de un nuevo e importante
descubrimiento arqueológico, respaldaron la teoría de Rips y apoyaron las investigaciones
subsiguientes. Una primera evaluación con radar, realizada
por investigadores japoneses, concluyó con una probabilidad del 90% la existencia de
las cámaras secretas. Sin embargo, nuevos escaneos y mediciones
realizados en 2018 por equipos independientes, como uno de National Geographic y otro dirigido
por el investigador italiano Francesco Porcelli, concluyeron que las cavidades secretas imaginadas
por Rips no existían. Así, la existencia de las cámaras pasó de una certeza del 90%
a la nada. El puñal de hierro meteorítico enterrado
junto a la máscara y la momia Uno de los objetos más fascinantes encontrados
en la tumba de Tutankamón fue un puñal de hierro que estaba colocado en el muslo derecho
de la momia del faraón, entre las envolturas del hilo.
Durante décadas, este puñal constituyó un fascinante enigma, ya que la edad de hierro
no comenzó en Egipto hasta varios siglos después de la muerte de Tutankamón.
En 2016, un estudio mediante espectrometría de fluorescencia de rayos X, confirmó que
el hierro del puñal contiene altos niveles de níquel y cobalto, una firma química idéntica
a la de los meteoritos de hierro. La hoja fue fabricada con hierro homogéneo
de origen espacial, finamente labrado y libre de óxido significativo, y el mango es de
oro macizo. Una hipótesis explicativa es que el puñal
de hierro meteorítico fue un regalo al faraón hecho por un gobernante cuyo pueblo ya conocía
la metalurgia férrica. Las teorías de faraones extraterrestres nacen
del arte de Amarna, no de la evidencia. Las teorías pseudocientíficas sobre faraones
extraterrestres se originaron principalmente por la estética del arte de Amarna y no por
evidencias de objetos reales, como el hallazgo del puñal de hierro meteorítico de Tutankamón.
El estilo artístico del periodo de Amarna, impulsado por el faraón Akenatón, padre
del rey Tut, rompió totalmente con el canon tradicional egipcio. El nuevo estilo mostraba
representaciones con cráneos extremadamente alargados, rasgos faciales muy particulares,
cuellos estilizados y abdómenes prominentes. Los teóricos de las conspiraciones utilizaron
estas deformaciones artísticas como supuestas evidencias de fisionomías alienígenas.
Por otra parte, el puñal de hierro meteorítico de Tutankamón es un objeto arqueológico real
y documentado. Para los antiguos egipcios, el hierro procedente de meteoritos era conocido
como hierro del cielo, y se consideraba un material sagrado y de gran estatus, pero la
existencia del puñal responde al trabajo metalúrgico de la humanidad, y no a intervenciones
alienígenas. El ADN de 2010 refutó el síndrome de Marfan
y probó la consanguinidad real. El análisis de ADN realizado en 2010 a los
restos de Tutankamón, descartó definitivamente que el faraón padeciera síndrome de Marfan
o ginecomastía, y concluyó que las figuras andróginas del arte de Amarna eran una convención
artística y no un retrato real de su cuerpo. Lo que sí encontró fue una necrosis ósea
en el pie izquierdo, pie zambo y malaria, dolencias asociadas a la acumulación de defectos
genéticos por consanguinidad real. Los estudios, liderados por el arqueólogo
egipcio Sahihawas, revelaron detalles cruciales sobre la salud y el árbol genealógico del
rey Tut. Las pruebas genéticas establecieron que los padres de Tutankamón eran hermanos
completos de sangre. Su padre fue el faraón Akenatón, quien el nombre real de su madre
se desconoce, siendo llamada la Dama Joven. La momia de la Dama Joven fue encontrada en
1898 en la tumba KB35, y hasta hoy no ha podido ser identificada con un nombre histórico.
Las reconstrucciones faciales de 2005 generaron acusaciones de blanqueamiento. Las reconstrucciones
faciales del rey Tut presentadas en 2005 desataron una intensa polémica internacional de acusaciones
de blanqueamiento. El debate giró principalmente en torno a la decisión de los especialistas
de otorgarles rasgos marcadamente eurocéntricos y un tono de piel claro a Tutankamón, en
lugar del tono oscuro característico de los egipcios. Dado que los huesos no guardan registro
del color de la piel, la elección del tono recayó en interpretaciones artísticas y
antropológicas. El modelo final exhibido al público mostró a un Tutankamón de piel
clara, en contraste con el color que caracteriza a la mayoría de los africanos. Las autoridades
egipcias y los científicos involucrados defendieron el resultado, alegando que el color se aproximaba
al promedio histórico del norte de África. Un estudio epidemiológico del BMJ desmontó
la maldición de Tutankamón.
La maldición de Tutankamón es un mito popular que atribuye muertes prematuras y desgracias
a las personas que participaron directamente en el descubrimiento y apertura de la tumba
del faraón egipcio. Un estudio epidemiológico publicado en 2002 en el British Medical Journal
desmontó científicamente este mito, al demostrar que las personas expuestas a la tumba no sufrieron
una muerte prematura en comparación con quienes no lo estuvieron.
El artículo titulado La maldición de la momia, estudio de Cohortes Histórico, publicado
por el investigador Mark Nelson, de la Universidad Australiana de Monash, utilizó el método
científico para analizar de forma retrospectiva la supervivencia de los implicados. La diferencia
en la longevidad de ambos grupos fue irrelevante desde el punto de vista estadístico.
El hongo de la maldición hoy se investiga contra la leucemia. Las supuestas muertes
prematuras por la maldición de Tutankamón fueron asociadas a un hongo presente en la
tumba del faraón. Actualmente, los científicos investigan moléculas
de este hongo, Aspergillus flavus. Como un posible tratamiento contra la leucemia, un
equipo de investigadores descubrió compuestos naturales llamados aspergillicinas dentro
de este hongo. El Aspergillus flavus puede sobrevivir en estado latente durante miles
de años en ambientes cerrados y oscuros, como las tumbas egipcias. En pruebas de laboratorio,
las aspergillicinas destruyen células tumorales de leucemia con una eficacia similar a la
de algunos medicamentos de quimioterapia. Los ensayos han demostrado la efectividad
de los compuestos en muestras de laboratorio. Sin embargo, todavía se requieren evaluaciones
en animales y ensayos clínicos en humanos para confirmar la seguridad y eficacia real
de un potencial tratamiento. La barba fue arrancada accidentalmente en 2014 y pegada
con resina epóxica, un pegamento industrial. En agosto de 2014, durante una limpieza y
remodelación de las luces de la vitrina, en el Museo Egipcio de El Cairo, la barba
de la máscara de Tutankamón se desprendió accidentalmente. Presos del pánico, los trabajadores
que realizaban la limpieza y remodelación utilizaron una resina epóxica de secado rápido,
un pegamento industrial muy fuerte e inapropiado en las restauraciones arqueológicas, para
pegar la barba. Con el chapucero trabajo, la barba no solo quedó torcida, sino que
al intentar raspar los excedentes de pegamento con espátulas metálicas, los empleados rayaron
el oro de la máscara. El secreto de la chapuza pudo mantenerse hasta enero de 2015, cuando
estalló el escándalo y ocho empleados del museo fueron despedidos y llevados a juicio
por negligencia grave.
La restauración germanoegipcia de 2015 reató la barba con cera de abeja
En 2015, un equipo de restauradores formado por especialistas alemanes y egipcios, liderado
por el experto alemán Christian Kekmann, retiró el pegamento industrial extra fuerte
que los trabajadores del Museo Egipcio de El Cairo habían utilizado para realizar su
apresurada y deficiente reparación de la máscara de Tutankamón.
El nuevo pegamento elegido por los expertos fue cera de abejas, un material totalmente
natural que ya era utilizado por los antiguos egipcios y que además permite que el proceso
sea completamente reversible si se requiere una intervención futura.
En 2025, la máscara se mudó al Gran Museo Egipcio bajo vidrio antibalas.
A finales de octubre de 2025, la máscara de Tutankamón fue trasladada del Museo Egipcio
de El Cairo a su nueva locación en el Gran Museo Egipcio, situado en la meseta de Giza,
cerca de las pirámides.
Con esta y otras reubicaciones, por primera vez en la historia se exponen en un mismo
recinto, los más de 5.000 artículos del ajuar funerario rescatado de la tumba de Tutankamón,
que estaban dispersos por distintos espacios museísticos egipcios.
La máscara está expuesta bajo estrictas medidas de seguridad, que incluyen vidrios
antibalas.
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de Tutankamón que asusta a los científicos.
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