Todo tiene su estación, y cada propósito su tiempo bajo el cielo. Muchos tienen reloj. Yo elegí tener tiempo. Tiempo para congelar esa estación en la que a todas horas es hora de aventura; y la aventura de aquel día sería mi bautizo californiano en el que recordé que, si te equivocas de camino, puede que se te vaya de las manos. Esta es la historia de cuando me perdí en el desierto de la Baja California y me acechó un coyote mientras trataba de levantar la moto... 🐺
📣 MÚSICA EN ESTE VÍDEO ➳ Pangal & Gana - El baile de Los Andes huayno ➳ Mahesh Vinayakram - Shivoham ➳ Anthony Vega - Lazy moves ➳ Charlie Ryan - Tiki panjadrums worse nightmare ➳ Extremoduro - Correcaminos ➳ Yanivi - Hungarian salads ➳ Ofer Koren - Sax party ➳ Calle13 - La vuelta al mundo (Kurt cover)
En este preciso instante estoy comenzando la ruta por la Baja California,
una península gigantesca de México que se encuentra entre el océano Pacífico y el mar de Cortés.
Durante los próximos cuatro o cinco días voy a estar subiendo hasta la frontera con Estados Unidos
alternando una costa con la otra. No hay tiempo que perder.
¡Vámonos para allá que ya es hora!
Después de unas semanas disfrutando de la sanadora naturaleza en La Ventana,
llegó el momento de dejar uno de esos hostales que te marca en el camino, y por tanto, el viaje.
—La Ventana es uno de esos sitios de los que cuesta irse. Ahora entiendo por qué te quedaste aquí.
Pero como decía Yogananda: "Cada propósito tiene su tiempo bajo el cielo".
Y necesito moverme debajo de este. A ver cuáles otros encuentro.
Que sigas abriendo la ventana a mucha otra gente y que la vista que encuentres
del otro lado te satisfaga. ¡Que nada te la enturbie! ¡Hasta luego! ¡Adiós!
Pues sí, este es uno de esos lugares de los que cuesta mucho irse.
Y me voy no porque quiera, sino por migración. Se me termina la estancia en México.
Lo cual me pondría en movimiento, en movimiento por pistas muy arenosas,
razón por la que fue necesario montar las llantas adecuadas.
Acabo de cambiar las llantas hace un rato. He puesto un taco extremo para la mucha arena
que voy a encontrar en la Baja California. Realmente no tengo mucha práctica
manejando con unas llantas tan extremas, me siento un poco inseguro,
pero definitivamente debe ser cuestión de práctica.
Porque además de olvidar poner el separador del ABS y romper el sensor de presión,
estos chicos colocaron casi cuatro bar de aire en la rueda delantera,
lo cual haría que la conducción fuera hasta que me diera cuenta
de todo menos sencilla.
Vámonos a ver qué nos espera en esa ruta que nos han pasado.
La arena tiene un misterio y es acostumbrarte al bailoteo y no parar, no parar, no parar.
Solo que hasta que te acostumbras al bailoteo y destensas un poco el cuerpo,
no es inmediato, ¿sabes? Entonces, por la arena siempre sin pararse para no enterrarse.
¡Ay, no! ¡Me enterré! Se me ha olvidado poner el modo enduro.
¡Eso es! Acordaros de desactivar el control de tracción porque si no,
no vais a ningún lado. Un camino un poquito extraño para llegar
pero un camino al fin y al cabo. Es muy normal tensarse, es normal.
Pero tenéis que dejar que la rueda se vaya abriendo camino. Se supone que aquí es por la derecha.
¿Encontraremos algo? ¡Espérate! Es que por aquí no estaba previsto, o sea,
por aquí en un inicio no era, pero está siendo. La verdad es que este camino no es muy visitado.
No sé si me voy a arrepentir nada más empezar de meterme por aquí. Al menos hay que intentarlo, ¿no?
Digo yo. Al final os tendré que pasar esta ruta, que seguro que a más de uno o una se le antoja.
Solo que creo que por aquí no pasa mucha gente. ¡Uy, las espinas!
Deberían de ser pocos kilómetros hasta incorporarme al camino de verdad,
porque menudo arenal. A ver, a ver... Lo importante es no parar.
Si paras, ya sabes lo que pasa... Está siendo desafiante, la verdad,
este atajo que me ha regalado Calimoto.
Todo tiene su estación y cada propósito su tiempo bajo el cielo.
Muchos tienen reloj, yo elegí tener tiempo. Tiempo para congelar esa estación en la que
a todas horas es hora de aventura. Y la aventura de aquel día sería
mi bautizo californiano en el que recordé que si te equivocas de camino
puede que se te vaya de las manos.
A ver qué nos encontramos por aquí. Tiene que ser por el de la derecha
y acelerando al bajar. Desafiante...
¡Ay...! No sé si darme la vuelta, eh. No es tan difícil, pero...
Pero hacía un calor infernal. No sabía si se complicaba más adelante
y además, pronto me daría cuenta de que no estaba solo.
Vuelta al ruedo. Pero esta vez con mucha más tranquilidad, por suerte.
La tranquilidad es un estado superfluo. Hoy la tienes y mañana tal vez no.
Porque he estado unos días un poco tenso, pero ya estoy con moto-terapia.
¡Moto-terapia! Está un poco mal caída.
Tengo un aparato que puedo usar. No lo he usado mucho pero está al fondo de esa maleta.
Voy a tener que sacar el aparato me parece a mí. ¡Vamos a sacarlo!
Lo llevo cargando un montón de tiempo y todavía no le he dado el uso que en realidad tiene.
Este va abajo, este va aquí. Después va este... Creo... ¡No!
No me acuerdo muy bien de cómo iba esto.
Se supone que es así.
¡Que va! Se nota que no tengo práctica con esto. Vamos a intentarlo ahí.
¡Estoy cansado, eh! ¡Empezamos bien el viaje...!
Mejor se pondría cuando me diera cuenta de que había un coyote acechándome.
En realidad no sabía si era uno o varios, así como desconocía si cazan en grupo o en solitario.
No paro de pensar en el lobo que acaba de pasar. Bueno, un lobo o un coyote, imagino que un coyote.
¡Parece que está funcionando!
Esto es lo máximo. Ahora a coger aire para lo que toca hacer.
¡Y listo! Estoy notando las cervezas que me tomé ahí en La Ventana...
No puedo fallar porque el coyote anda cerca.
¡Ahí!
Se me acelera mucho el corazón. Antes he tenido la moto encendida
unos quince minutos y pensé que con eso y el olor a gasolina se iba a ir.
Pero no. Ha sido un error meterme por aquí.
Me voy a dar la vuelta y me voy de aquí rapidísimo.
Menos mal que creo que los coyotes son solitarios, tampoco lo sé.
Entonces, me voy a dar aquí la vuelta ya que puedo, y nos vamos.
¡Ahí está! ¡Adiós, coyote! Disculpe que no me quede.
Me voy de aquí.
Tengo que parar, tengo las pulsaciones demasiado altas, me voy a caer así.
Hace muchísimo calor. Me he deshidratado bastante. Y bueno, pues pero un coyote no ayuda.
Parece que no viene nadie. Es la retaguardia. Ya me estaba imaginando un combate cuerpo a cuerpo
con el Coyote y no es broma. Tengo que estar más en forma... Ahora estoy peor y me canso rápido.
¡Oh! Vaya manera de comenzar, amigos... La Baja California...
La verdad, eso que ha pasado ahora es uno de los fantasmas de cuando
te vas a introducir en una moto aventura en solitario. Que te aparezca un animal en un sitio alejado...
Un animal potencialmente depredador, claro. Mira que pensaba que con la gasolina y la moto
se iba a asustar y no, estuvo dando vueltas alrededor. ¡Increíble!
Tendría poca hambre el coyote. Es que uno de los problemas que tenga crías cerca,
ahí todos los animales son más violentos. Mi amigo Simón en Colombia me dijo que una vez
vio un jaguar o algo así y le dije: "¿No te dio miedo?"
Y me djo: "No, parce, me llenó de energía".
Esta noche juzgaré si me ha llenado de energía o no. Está tan caliente que marca 37 grados
en la atmósfera y 119 grados en el motor. ¡Vámonos de aquí que le tiene que dar el aire!
Aquí están los postes de luz, vamos a esperar a que se enfríe un poco el motor.
118 grados y me marca mucha presión en la rueda delantera, yo creo que está mal.
Que voy con 3,25 bar en la rueda delantera y le quité. O sea, tendría cuatro...
Por tanto, no me ha reventado la rueda de milagro. Los chicos no tenían mucha idea y me la hincharon por tres.
¡1,30! 1,30 ahora. Menos mal que no me ha explotado.
Voy a esperar a que baje un poco la temperatura del motor porque está en 120 grados.
Hace muchísimo calor por dentro y por fuera. Y Súper Supernova también lo siente.
Tenía la rueda en cuatro bar, nunca la he tenido así.
Yo le dije a los chicos que la rueda trasera llevara 2,3 y la delantera 1,9 o 2
porque me venía a la arena. Entonces, comprobé la trasera y el sensor
de presión de la moto no me marcaba la presión al principio de ninguna rueda.
Luego me marcó la de atrás, le bajé un poco la de adelante
y como no sé qué holgura tiene que tener con los tacos porque no soy muy experto en ello,
más bien soy novato, no me di cuenta de que he estado manejando
por el arenal con 3,5 de bar. ¡Es que es increíble!
Con el coyote siguiéndome los pasos. La idea era llegar un poquito más allá
de Cabo San Lucas. El día ha decidido que no sea así,
entonces, voy a intentar acampar en Cabo Pulmo, que me han dicho que es seguro y maravilloso.
Tengo 53 minutos para llegar allí. Hago el kilómetro que me falta de arenal,
espero no caerme y espero tener una noche bien estrellada y bañarme en el mar desnudo.
Ahora es como si no hubiera ni arena. A lo mejor habría llegado.
Ya decía yo que con tanto taco cómo iba a bailar tanto la moto.
Un recordatorio de que siempre tenemos que comprobar las cosas por nosotros mismos.
¡Vamos allá! Si es que lo suyo es no poner los pies, poniendo los pies te cansas más y claro,
por eso he llegado con la lengua fuera. Por eso y porque no estoy en forma, por las dos.
Como una de las cosas que más me gusta de México es su comida,
pues he comido de todo, no me he privado de nada.
—¡Hola, amigo! ¿Qué tal? ¿Cómo le va? Una pregunta, ¿los coyotes son hostiles?
Me he metido por ahí porque el mapa me mandaba por otro lado, me he caído con la moto
y mientras la levantaba, un coyote estaba rondando.
—No, son mansitos. ¿Tenía baba en la boca? —Por suerte no lo vi de tan cerca.
O sea, ¿si los coyotes babean baba blanca es porque tienen la rabia y ahí sí son violentos?
—Sí, exacto. —Vale, gracias. ¡Hasta luego! ¡Buena tarde!
Nos hemos librado. ¡Nos hemos librado! Que por cierto yo de la rabia no estoy vacunado,
aunque a veces hay cosas del mundo que me da mucha rabia.
La verdad, rabia abia al final del día como que no me apetecía. ¡Rabia de coyote no quiero!
Ni de coyote ni de nadie. Porque en el mundo ya hay demasiada rabia.
¡No quiero más rabia! ¡Vámonos a Cabo Pulmo!
Esto es algo que pasa mucho en la Baja California, que hay bastantes vacas sueltas.
El otro día vi un accidente en medio de la carretera... La vaca muerta y el coche siniestro total...
¡Qué bonito! Estate al loro, viene el coyote montado en un vespino y no tiene licencia y no tiene destino.
Bueno, me estoy aproximando por aquí al Parque Nacional Cabo Pulmo,
el lugar en el que pretendo acampar. Si detrás de la cuesta hay lo que creo...
Se viene toma épica...
¡Qué preciosidad! Cabo Pulmo es uno de los mejores sitios del mundo para bucear.
Aquí se ve de todo. Por alguna razón a las ballenas y a los bichos grandes les encanta venir para acá.
Últimos rayos de sol acariciando las colinas de Cabo Pulmo.
Agustín Ostos, también conocido como SoyTribu, después de siete años de aventuras y desventuras
aprendizajes y desaprendizajes, ha llegado a un increíble lugar llamado Cabo Pulmo.
Y el dron sigue ahí, como si fuese un pasajero más. Esto es demasiado bonito.
Se están poniendo unos colores en el cielo como si Dios le hubiese dado al botón
de encendido de la mejor escala cromática.
El mar de Cortés, señoras y señores. ¡Qué hermosura!
¿Estoy vivo? ¿Es esto la vida real?
¡Qué hermosura! Y veo un montón de caravanas, así que aquí puedo acampar sin problema.
Bueno, pues parece que hay vida en Cabo Pulmo. Yo pensaba que no había nada y algo hay.
Me gustaría inspeccionar la playa para ver cómo está. Está como desolado, ¿no?
Tengo que preguntar dónde acampa la gente. No tengo ni idea.
—¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Todo bien? La gente que acampa en la playa, ¿sabes dónde es?
—Sí, hacia allá. —¿Más hacia allá? ¿Por la entrada del pueblo?
—Sí, en una zona donde hay muchas piedras. —Sí, vi muchas caravanas.
—Sí, en esa zona es. —Vale.
—Está lleno de piedras. Es que aquí está prohibido. —Aquí está prohibido, ¿no? ¡Listo!
—Disculpa, es que se me estaba enterrando las ruedas, lo siento.
Una pregunta, ¿dónde acampa la gente aquí?
—Ahí donde las piedras. —¿Allí al fondo?
—Sí.
Allí al fondo pero en el fondo seguía sin saber bien dónde era.
Pues buscar un sitio seguro, plano, y no demasiado a la vista estando casi a oscuras
no es tan sencillo.
—Si me quedo enterrado os voy a tener que llamar...
Vale, parece que es ahí al fondo. Es que así a oscuras me va a costar encontrarlo.
Pero bueno, a oscuras totalmente no estamos porque estas pedazo de luces hacen de día el camino.
¿A donde es? Es que ahí se ve gente pero no sé si hay una zona o cada uno donde quiera.
¡El banquito de arena inesperado! ¡Pero bastante! Vamos a dar una vuelta por aquí.
Si lo vemos claro, lo hacemos. Y si no, pues no.
Yo lo que quiero es tomar unas cervezas con alguien de por aquí.
Es que zona de acampada no veo, eh.
—Una pregunta, señor. ¿Dónde se acampa por aquí?
—En cualquier zona está bien. —¿Pero la gente se suele poner en algún sitio en concreto?
—Date cuenta que todo el área es de acampada. —Y es seguro, ¿no?
—Oh, sí, es muy tranquilo. —Vale, me puedo poner entre las auto caravanas.
Un placer, Luis, soy Agustín.
A ver, José Luis me ha dicho que donde está esa palmera,
que no sé si son los chicos a los que eché tierra, hay dos españoles.
Entonces, yo creo que me voy a acercar y voy a preguntar si puedo acampar por aquí.
—¡Hola! ¿Hola?
Pues yo no veo a nadie aquí. Ni españoles ni de ningún sitio.
¡Ah del barco!
Yo creo que por aquí, es un buen sitio. Me ha dicho José Luis que es muy tranquilo.
Pues ya está, será tranquilo, ¿no? Digo yo. A ver si no amanezco descuartizado.
Cinco de la mañana en la Baja California. He dormido razonablemente bien
y me dispongo a desayunar un buen aguacate pensando en qué es lo que el día de hoy traerá.
Pensando con qué mitad te quieres quedar. ¿Con la parte positiva o con la parte negativa?
La luz y la sombra, cóncavo y convexo, Sol y Luna. Hace mucho tiempo que no contesto una de las
cartas de este juego: "¿Qué te hace sentir en paz?"
A lo largo de estos años he ido pensando que mi objetivo en la vida no es la felicidad,
es la paz y la tranquilidad. Es el estar bien, el estar tranquilo, sin grandes alteraciones.
Es el sentir que si mañana fuera el día en el que te toca ir, te vas tranquilo...
Y te vayas en paz.
Pa-ciencia.
La ciencia de la paz. No la valoramos cuando la tenemos,
y cuando hay guerra no la paramos de desear.
Te hace sentir en paz viajar en moto. Me hace sentir en paz tomarme
una buena cerveza con mis amigos. Reírme mucho, exprimir ese humor absurdo que me fascina.
Me da paz mirar el mar. Nuestra gran antigua casa ahí está.
Yo creo que la paz está íntimamente relacionada con el bienestar, si estás bien, estás en paz.
Y cuando hay algo que molesta, hay que revisar qué es y por qué nos quita paz.
La paz, amigos, la paz.
El cuerpo sabe cuando en ella está.