CONVERSACIONES VALIENTES con BELÉN SANTO y BÁRBARA TOVAR 💕Como si nadie escuchara #138 | Cris Blanco

Cris Blanco
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¡Hola a todo el mundo! Bienvenidos y bienvenidas, un domingo más, a mi podcast Como si nadie
escuchara. Yo soy Cris Blanco y en este espacio hablamos de cosas reales de la vida como si
nadie escuchara. Hoy estoy muy emocionada porque traigo un episodio súper especial
de la mano de Brave Together, la causa global de Maybelline por la salud mental. Llevan
desde 2021 en España trabajando ofreciendo recursos para aquellas personas que sufren
de ansiedad y depresión, colaborando con la ONG El Teléfono de la Esperanza y con
expertos como la psicóloga Bárbara Tobar, que hoy tengo aquí a mi lado, para ofrecernos
herramientas y recursos para poder mejorar nuestra salud mental. Hoy tengo aquí a dos
invitadas súper especiales, Bárbara Tobar, psicóloga competenciante, gracias por estar
con nosotras, y también Belén Santo, creadora de contenido y una chica majísima. Hoy vamos
a estar hablando sobre tener conversaciones valientes, que es uno de los temas que se
abordan en esta causa de Brave Together de Maybelline. Entonces yo quiero preguntarte
primero Bárbara, ¿qué es una conversación valiente?
Bueno, es muy abierto lo de que es una conversación valiente. Yo creo que es aquella que nos toca
siempre exponer nuestra vulnerabilidad, o cuando tenemos que conectar con alguien porque
percibimos que está en un momento también de vulnerabilidad. La vulnerabilidad es algo
que yo creo que hemos aprendido un poquito a esconder, y cuando toca hablar sobre ello
y ponerlo encima de la mesa, las cosas a veces se hacen difíciles, ¿no? Se convierte en
un acto de valentía el hablar sobre ello.
Y yo quiero preguntaros, ¿alguna vez habéis tenido alguna conversación valiente? ¿Habéis
tenido que tener una conversación valiente?
Miles, miles, muchísimas. Pero tanto como para yo pedir ayuda, que soy una persona que
le cuesta muchísimo, tanto como por ver a mis amigas, sobre todo a mis amigas cercanas
estar por un momento muy complicado y no saber cómo abordarlo para que no se sientan
atacadas.
Claro, es que de hecho yo quería dividir un poco este tema en dos, ¿no? En primer lugar,
desde la perspectiva del que necesita ayuda y tiene que pedir ayuda, y en segundo lugar,
cuando eres la persona que de pronto le viene alguien y le dice, oye, necesito ayuda. Entonces,
en primer lugar, ¿alguna vez habéis tenido vosotras que pedir ayuda?
Y me ha costado un montón.
¿Te cuesta pedir ayuda?
Muchísimo. Es algo que, por ejemplo, mi hermana, que ahora que me he mudado a Madrid, dice
que tiene muchísimo miedo de que esté yo aquí en algún momento muy complicado y que
no pida ayuda a mi gente porque me cuesta muchísimo.
¿Y por qué crees que te cuesta tanto?
No lo sé, no lo sé. Soy una persona muy dura, me cuesta muchísimo enseñar, mostrar
mis sentimientos, verme vulnerable o débil, que no es debilidad al final, es simplemente
ser humano. Pero me cuesta muchísimo. Y sí, en su momento, por ejemplo, yo a los 18 años
por ahí estaba en un trabajo que me hacía muy mal mentalmente y tuve que ir al psicólogo
y llegar a dar el paso de decirle a toda mi gente, voy a empezar a ir al psicólogo, lo necesito,
fue abismal. Muchísimo.
¿Y tú, Bárbara, como psicóloga, o sea, tú estás aquí en figura de psicóloga,
pero también eres humana, entonces también te quiero preguntar a nivel personal, porque,
joder, parece que los psicólogos no tenéis problemas y no os pasan cosas,
¿pero tú alguna vez has necesitado pedir ayuda?
Sin duda. De hecho, estaba escuchando a Belén, a mí me pasa un poco lo mismo. Imaginaros,
sí, hay muchas personas a las que les cuesta evidentemente mucho pedir ayuda,
pero cuando eres psicólogo todavía casi se hace más difícil porque siempre te colocas en el rol
de ayudar. Entonces, de repente colocarte en el rol de la persona que necesita ayuda no es nada
sencillo. Incluso en el tema personal, o sea, pedir ayuda, levantar la mano, no quiero molestar,
no quiero preocupar, no quiero que traten a lo mejor un tema que me duele mucho de una forma
vulnerable o sin importancia. O sea, claro, claro que necesito pedir ayuda.
¿Y no te pasa quizás eso? Que al ser psicóloga, porque a mí no me pasa en el mismo aspecto porque
yo no soy psicóloga, pero yo al dedicarme a este tema de redes y siempre como estar dando consejos
y tal, sí me pasa un poco lo mismo, que siento que yo no puedo fallar porque la gente al final,
de alguna manera, no depende de mí, pero sí esperan que yo esté bien para poder ayudarles. Entonces,
si yo no estoy lo suficientemente bien, es como, ¿estoy fallando o no estoy siendo un ejemplo?
Eso es súper característico de la gente, que se coloca en el rol de cuidado o en el rol de ayuda.
Y es absurdo porque somos humanos, como decía antes Belén, somos todos humanos y por tanto
somos vulnerables y que de vez en cuando pillamos el virus de la tristeza o pillamos el virus de la
ira o de la ansiedad o del estrés porque somos humanos. Lo importante es cómo nos relacionamos
con eso. Quizás la diferencia está en que nosotros somos más capaces a lo mejor de identificarlo,
de dar cuenta, de buscar una solución o algo constructivo que nos sirva,
pero pillarlo es natural, pillarlo de vez en cuando.
Claro, totalmente. Y por ejemplo, tú Belén, ¿de qué dirías que has podido sufrir más? Porque yo
creo que las personas, corréjeme si me equivoco Bárbara, pero como que tendemos un poco más,
o a la ansiedad o a la depresión, dependiendo un poco de...
Ansiedad, sin duda. Ahora mismo ya me está... o sea, soy una persona súper ansiosa,
también soy muy nerviosa. Muchas veces no sé identificar si es más que nada que estoy muy
nerviosa, muy alterada o es ansiedad, pero hace nada, yo me mudé aquí hace semana y media.
A Madrid.
Claro, perdón, a Madrid. Y he estado un mes histérica, pero con muchísima ansiedad. Por
ejemplo, tuve otra conversación valiente con mi madre, que estuvo en mi casa ayudándome con toda
la mudanza. Y recuerdo que se alegró muchísimo porque me senté en la cocina y le dije,
mamá, escúchame un segundo. Le empecé a decir todo lo que me estaba saturando mentalmente,
que estaba súper nerviosa por esto o por lo otro. Simplemente me escuchó, se levantó,
me dio un abrazo, lloré un poquito, que me hacía falta, una lloradita y así.
Eso es, eso es.
Es que es verdad que muchas veces, y yo creo que las tres, por lo que puedo intuir y por lo poco
que os conozco, o bueno, algunas un poco más, pero sí es cierto que somos como personas muy
alegres, muy parlanchinas, que estamos siempre pues...
Eso repara, ¿eh? O sea, yo creo que también tener esa alegría, y a veces que viene de serie,
¿no? Porque a veces viene de serie esa alegría. Yo creo que repara porque aunque te vengas abajo,
quizá también tocas fondo y otra vez para arriba, ¿no? Y otra vez recuperas como relativamente rápido.
Pero de alguna forma creo que no nos dejamos estar mal.
Efectivamente.
Y yo creo que hay que entender que las personas que somos muy alegres, muy dicharacheras, muy tal,
también tenemos derecho a, joder, pues un día igual ir a una quedada con nuestras amigas y no hablar.
Mis amigas me aplauden cuando lloro, literalmente. Me han visto llorar, literal. Cuando me ven llorar,
me dicen, menos mal, por fin lloras de llanto nuestro.
Pero no eres de llanto fácil.
Para nada. Para nada, yo no lloro. O sea, lloro sola.
Pero es gracioso, porque la gente que no llora envidia a la gente que llora. Y la gente que
llora mucho envidia a la gente que no llora. Porque yo, que lloro un mogollón, muchas veces digo,
ojalá no llorar tanto porque hay situaciones en las que no me conviene llorar. ¿Sabes lo que te digo?
No, no, amor, encontrar el equilibrio es lo difícil, ¿no? Yo creo que muchas veces entre
una cosa y la otra. Yo creo que llorar es fundamental porque te desahoga, obviamente,
pero el hecho de no poder hacerlo en público o que te cueste tanto expresar esos sentimientos,
uno también tiene que parar a entender, ¿dónde lo he aprendido? ¿O cuándo lo he aprendido? ¿Por
qué he aprendido a esconder algo que es tan sano y tan natural como sentir?
Totalmente. Es verdad. Totalmente. Yo creo que es más que nada porque tengo a mi padre,
por ejemplo, como una figura muy venerada, por así decirlo. Es un hombre que ha currado muchísimo
durante toda la vida, le admiro muchísimo y es un hombre que no enseña sus sentimientos
prácticamente nunca. Duro. Pues súper duro. Es un mítico hombre, todo latino, fuertote,
de yo puedo con todo. Y yo creo que de él he aprendido, porque también nos parecemos mucho
en el carácter, de tengo que ser tan fuerte como él, no puedo mostrarme vulnerable ante mi familia
o ante la gente que quiero, para ser un pilar, por así decirlo. Y tú no crees, Belén, que si tu
padre hubiera aprendido a expresar más sus sentimientos y a pedirle ayuda, ¿no crees que
le hubiera sido más fácil la vida en ocasiones? Totalmente. Totalmente, sí, sí, sí. Pero al
final es algo que no decides directamente. Sí, no es consciente. Para nada. O también que la
vida te ha obligado a ser así, de cierta forma. Las circunstancias de la vida, tú te has visto
obligado a que tengo que ser fuerte y no puedo mostrar mi vulnerabilidad. Efectivamente. O también
porque muchas veces el mundo mismamente, o la sociedad, nos recompensa por ocultar nuestros
sentimientos o por mostrarnos más duros. Entonces es como, esto es lo que tengo que seguir haciendo.
Eso es muy importante, los lugares seguros donde realmente uno pueda expresar y pueda sentir y que
no tengas que estar en un cliché o en una coraza donde tener que aparentar esa dureza, ¿no? De alguna
manera. Y más que nada no sentir pena de otra persona, ¿sabes? En plan, yo poder contarte a ti
todos mis problemas y llorar contigo y no verte cara de pena. Que no te juzguen. Claro, en plan,
no hacer que yo me sienta mal, de no quiero que sientan pena por mí, simplemente escúchame,
entiéndeme. Ahí es donde yo creo que hay personas que son como casa, que son como hogar. Son aquellas
personas a las que tú sientes que puedes acudir y contarles lo que sea que no te van a juzgar. Y
creo que eso es como lo más importante. Tener, aunque sea a una persona, no hace falta que tengas
un grupo de amigos súper grande, porque no todas tenemos esa suerte, pero tener a alguien que tú
puedas ir y decirle, mira, me está pasando esto, y aunque pienses que otras personas te puedan juzgar,
esa persona no te va a juzgar. Sí, y saber recibir el afecto. O sea, cuando las personas somos duras
o nos cuesta expresar nuestros sentimientos o mostrar nuestra vulnerabilidad, también va de la
mano de que nos cuesta recibir afecto. O sea, en ese momento que nos den un abrazo, que nos den besos,
que nos mimen, nos pueden hacer sentir hasta incómodas, ¿no? Porque no sabemos cómo encajar
ese afecto, cómo recibirlo. Y creo que es algo también que nos hace mucho más resilientes, saber
recibir apoyo y cariño, ¿no? Y que ser vulnerable no es ser débil, es ser humana. De hecho, yo siempre lo
digo, hace falta ser muy fuerte y tener mucho carácter para poder llevar tantos sentimientos
y tantas emociones en un mundo que tantas veces es tan cruel. Totalmente. Entonces, creo que es
importante como dar la vuelta a la tortilla y decir, oye, que tú estés sintiendo esto no te hace
débil, te hace humana. Y que es incongruente. Cuando vemos a alguien que se emociona contando algo que le
ha pasado en un vídeo, en una conferencia, en tu vida personal, conectas mucho más. Y a esa persona
incluso la escuchas de otra manera y la validas de otra manera. Sin embargo, cuando se trata de
nosotras mismas, cuando tenemos que hacer ese mismo ejercicio, como que nos juzgamos mucho más
duramente y nos coartamos mucho más. Estás haciendo darme cuenta de tantas cosas. ¿Verdad? Qué bien.
Esto es una conversación valiente. Por ejemplo, cuando lloro por estar muy agobiado, lo que sea,
el otro día que me vino mi madre a abrazar, al principio le dije no, no me abraces. No quería yo
en ese momento un contacto físico decir no, estoy bien. No me abraces, no me hace falta. Y es justo
lo que acabas de decir. Totalmente. Yo me doy cuenta de las cosas. Sí, pero a veces es necesario. Y sabes que a lo mejor en el abrazo de tu madre te
derrumbas. Yo recuerdo cuando mi hijo era muy chiquitín, se cayó en la guardería y se hizo una
brecha y me decía la profesora, no ha llorado en todo el día. Y fue verme por la puerta y abrazarme
y se puso a llorar todo lo que no había llorado todo el día. Sabemos que en brazos de nuestra
madre también podemos derrumbarnos. Y a veces no queremos ese abrazo porque me quiero mantener fuerte
y si tú me tocas me va a entrar la ternura, me voy a desarmar, no quiero desarmarme. Exacto. Es una actitud un
poco defensiva. A mí me pasa igual, a mí me pasa igual. Y yo creo que también uno de los motivos por los que no
tenemos conversaciones valientes de este aspecto, corrígeme si me equivoco, es porque al menos yo
siento que si verbalizo lo que estoy sintiendo y lo que estoy pensando, lo hago real. Es un poco raro,
pero la primera vez que yo quise ir al psicólogo, yo me acuerdo que era como de joder, pero en el
momento en el que yo vaya al psicólogo, es como que estoy reconociendo que tengo un problema y no
quiero. Bueno, cuando no lo verbalizas para no hacerlo real, en psicología decimos que estás
utilizando una estrategia evitativa, evitativa de afrontamiento, no quieres enfrentar el tema.
Entonces lo dejas en tu mente, sabes que solamente lo tienes tú y por tanto lo controlas tú al 100%
y por tanto te acuerdas o no te acuerdas cuando tú quieras. Si lo haces real, involucras a más
personas y esas personas pueden sacarte el tema, pueden enfrentarte a ello y quizás no quieras
tener esa falta de control sobre tu preocupación. Pero si no lo cuentas, no lo afrontas. Al final
es como una mosca que está ahí haciéndote y está ahí tocando las narices. Entonces tienes que
plantarle cara y decir, oye, está pasando esto. El hecho de que reconozcas que tienes un problema no
hace el problema más grande, simplemente lo hace real, que ya lo es, que ya lo es. Yo aquella vez
que fui al psicólogo porque estaba fatal, llegué, me senté y me dijo, ¿por qué estás aquí? Y empecé
a llorar. No le dije ni una sola palabra, simplemente me senté y me dice, ¿por qué has venido? Guau, me sacó
300.000 pañuelos, porque claro, era el momento de explicarle que yo no estaba bien, que me estaba
encontrando fatal, que estaba como muy nerviosa. ¿Esto por un trabajo que tenías? Sí, fue un poco un conjunto de cosas.
Sí, pero sobre todo un trabajo de un jefe muy... Justo vamos a hacer un episodio hablando sobre el
estrés y la ansiedad en el trabajo, o sea que esto viene de lujo porque es un tema muy interesante.
Sí, sí, sí, me destrozó. Encima luego tenía que trabajar después de esa cita en el psicólogo y yo
estaba con un ataque de ansiedad de tres pares de... narices. Eso. Era exactamente lo que iba a decir. Y me gritó. ¿Quién?
El jefe. Yo estaba así, le dije, no puedo trabajar. Pero Belén, me tienes que avisar antes porque la tengo que llamar. Y yo
llorando, pero como una esponja con 18 añitos que tenía. Y el señor enorme chillándome y me tuve que ir.
A eso voy cuando muchas veces digo que sí que me pregunta la gente, ¿crees que ya está como más
normalizado el tema de la salud mental y tal y igual? Digo, sí, en redes, cuando escuchamos estos discursos y tal y
quizás pues cuando hablas con tu mejor amiga está más normalizado, pero en la vida real, en el día a
día, en el trabajo, en el tal, queda mucho recorrido. Bueno, yo creo que la gente joven lo tiene muchísimo más
incorporado. O sea, yo creo que también es verdad que generaciones a lo mejor de, pues incluso mi propia
generación, generaciones de mis padres, un poco menos, un poco menos, pero yo lo noto mucho con
mis hijos, con generaciones más jóvenes, que hay otro lenguaje. Mira, hay una cosa que es
súper bonita, digamos, en la psicología budista, parece de alguna manera, que es la humanidad
compartida y es sentir que lo que te pasa a ti, no sólo te pasa a ti, sino que le pasa a mucha
más gente. Que fíjate que es parecido a lo que nos han dicho de pequeñitos de mal de mucho,
consuelo de tontos. Pues no, no señor, mal de mucho, consuelo de tontos, no. Humanidad compartida es saber que lo que te
pasa a ti es algo normal, es humano y lo compartimos todos. Y tanta divulgación que hay sobre salud
mental y tantas cosas que están contando y gente hablando sobre sus sentimientos. Creo que ha hecho
normalizar cosas que estaban muy escondidas y muy encerradas en las casas y que nos daba como cosa
airearlas, ¿no? Y ahora te das cuenta que no pasa nada, que es normal. Es que a mí me parece alucinante
que se haya tardado tanto tiempo en reconocer la importancia de la salud mental. Pero di que ahora
al menos nuestra generación tiene el ir al psicólogo como algo normal y corriente. No, y hablarlo con alguien y eso, y tener
una conversación de estas y no sentirte juzgada. Porque yo creo que tú antes, hace ya bastantes
décadas, pero tú ibas a alguien y le contabas que tenías ansiedad, que tenías estos pensamientos
intrusivos, que tenías estos síntomas y era como de, perdonad la expresión porque está mal dicho, pero está
loca. Sí, sí. Es que es muy heavy el hecho de que ahora podamos hablar abiertamente sobre algo, mostrar
nuestros sentimientos y ya que hay gente que no te va a entender. Yo creo que hay gente que no te
entiende. Sí, bueno, pues siempre habla de todo, ¿no? Pero es verdad que vuestra generación ha hecho muchísimo por la
divulgación en salud mental y por normalizar cosas que en nuestra época no era tan normal y que hemos
tenido que aprender como a veces a disimular o a tapar, a ocultar. Es que creaba mucha incomodidad, yo creo, las personas que te
escuchaban, ¿sabes? Y sentiste muy incorrecta. ¿Qué tengo que hacer con ella? Y se distraíaban muchísimo. Pero teniendo en
cuenta lo que te puede llegar a afectar un problema de salud mental, me parece muy fuerte que hayamos
tardado tanto en darle la importancia que merece. Sí, sí, totalmente. Y yo quería preguntaros, ¿quiénes son
vuestras personas casa, entre comillas? O sea, ¿quién es esa persona a la que vosotras vais y le decís, mira, me ha pasado
esto, necesito desahogarme, no hace falta que me des ningún consejo, solamente que me escuches y que estés ahí.
Uy, he tenido varias, he tenido mucha suerte, he tenido mucha suerte, sí. Yo tenía, o sea, para mí mi referencia absoluta y
total ha sido mi madre, que la perdí muy joven, pero la verdad es que toda la etapa de infancia, adolescencia, es que no sé
cómo explicaros, o sea, para mí ha sido mi ángel, o sea, es una persona que ha querido en mí tanto, que me ha dado tanto amor, de tantas
maneras diferentes, que yo creo que mucho de lo que soy lo debo, le debo a ella, ¿no? Pero también mi pareja, o sea, mi
marido ha sido mi amigo, mi amante, mi confidente, todo, o sea, el padre de mis hijos. Que además, puntualizamos que lleva desde
los 15 años con su marido, ¿eh? O sea, esto del amor para toda la vida, a mí me hace creer mucho. Me voy a emocionar.
Sí, sí, es que es muy bonito. ¿Y tú, L?
Mi hermana y mi madre, las dos. Sí, mi hermana es mi mejor amiga, mi persona, literalmente. Y mi madre, la verdad es que cuando vivía con ella, me llevaba fatal,
tanto con ella como con mi padre, sí, la convivencia era horrible, pero desde que me he independizado, o sea, me llevo la leche de bien con los dos, pero súper bien.
Que mucha gente se lleva mucho mejor con sus padres o con su familia en general cuando se ha independizado.
También te digo que yo creo que ya me ven como una mujer, ¿sabes? En su momento, pues también tuve una adolescencia complicada, sí, sí, sí.
Porque eras rebelde, ¿no?
Yo ahora mismo me veo con 14 años y me meto un tortazo, te lo digo así. O sea, sí, sí, fui muy tonta, o sea, tampoco hice mucho el bobo, pero mucho de nadie me entiende.
Es que soy la única en este mundo que siente estas cosas, ay Dios, insoportable.
Yo creo que eso es como muy normal, ¿no?
Yo creo que es muy necesario, o sea, yo creo que cuando se pasan esas crisis en la adolescencia es porque algo teníamos que aprender, porque yo tuve una adolescencia también muy complicada,
o sea, a mí me metieron en un internado, me escapé del internado, o sea, tela, tela, tela.
Pero creo que necesitaba aprender cosas y que no había otro camino para aprenderla y que lo que tenía que aprender no estaba en los libros, que era donde estaba la clase.
O sea, yo ahí no encontraba el aprendizaje que necesitaba y lo encontré en otros lados, ¿no? Que a lo mejor es un poco lo que te pasó a ti, ¿no?
Puede ser, puede ser, no sé, fui un poco pesada, pero bueno, sí.
Es que la cosa es que fui la más complicada de los tres, tengo otros dos hermanos, ¿sabes?
Entonces es como que fui la adolescente de casa, la adolescente.
Pero claro, desde que me independicé creo que ya me vieron pasar de ser una niña a ser una mujer, paga sus cuentas, hace sus cosas, no nos pide ayudas, y me llevó súper bien.
Entonces, últimamente la verdad que mi madre, yo le cuento cualquier cosa, me escucha, no pasa nada.
Yo creo que es que las madres juegan un papel muy importante.
Los padres también, ¿eh?
Sí, sí, sí.
Mira, el otro día pensaba acerca de esto, ¿no? Porque es verdad que el apego, ¿no?
El apego, el vínculo, estrella que al ser humano le construye, etcétera, etcétera, se piensa en la madre siempre con el apego, ¿no?
Pero también creo que es importante incluir al padre.
Primero para quitar un poco de responsabilidad, al menos solo la madre, en el proceso de creación de la criatura.
Y porque el padre también tiene cada vez más, porque cada vez están más implicados también en la crianza, ¿no?
Entonces, yo creo que son dos figuras que la forma en que nos aman, en que hablan de emociones, en que enfrentan las nuestras propias, en que nos regulan, es que nos marcan una barbaridad, ¿no?
Totalmente, sí, yo soy igual que mi padre, igual, igual.
O sea, tiene el carácter idéntico.
Yo soy igual que mi madre.
Yo en mi caso, por ejemplo, lo que te pasa a ti es que no sientes que no puedes ser vulnerable porque tienes que ser fuerte y porque tal, porque has visto en tu padre.
Yo, lo que me pasa a mí personalmente y el motivo por el que yo no suelo mostrar o no quiero mostrar que estoy mal, es porque siento que es mi responsabilidad que la gente esté bien.
Ya, porque lo veías en tu madre.
O sea, todo también justo.
O sea, mi madre siempre ha sido como mi roca, súper alegre, súper estable, súper tal, y yo siempre he querido ser como ella.
Entonces era como, pues inevitablemente yo también.
Y yo me acuerdo que cuando yo estaba triste o yo tenía una época de ansiedad terrorífica, lo que más me pesaba era decir, la gente se va a dar cuenta.
Y entonces la gente ya va a notar que ya no soy el cascabel de la casa, que ya no soy el argle de la fiesta.
Pero es tu identidad.
Exacto.
Entonces eso es lo que más me... que siento que es mi responsabilidad que la gente esté bien, ¿sabes?
O sea, yo creo que preocuparte de que los demás estén bien es súper bonito y es súper sano, siempre y cuando no te descuides a ti misma.
O sea, yo creo que no hay que olvidarse también de cuidarte tú, de estar pendiente de tus necesidades, de ti.
Sí.
El problema es cuando priorizas siempre a los demás frente a ti, porque luego nunca encuentras el momento de estar contigo y de escucharte y de priorizarte y decir, esta vez yo, sin sentirte culpable o sin sentirte mal por hacerlo.
Y también el tema de perder tu personalidad creo que también es por la forma en la que tratamos los problemas mentales, ¿sabes?
Las enfermedades de decir, por ejemplo, yo lo he dicho hace 20 minutos, soy una persona ansiosa, no es que tenga ansiedad.
Y ya lo tomo como si fuera parte de mi personalidad.
O soy una persona depresiva.
O sea, tú eres una persona y estás en un momento y en un contexto de tu vida que te hacen padecer durante un lapsus de tiempo algo.
Pero lo adaptamos como si fuera parte de nuestra personalidad y creo que ese es un problemón.
Es muy importante lo que acabas de decir, porque yo como persona también muy ansiosa, o sea, me veo muy reflejada y creo que las dos somos muy nerviosas.
Y de hecho a mí muchas veces me acompleja y voy a sitios y me dicen, uf, eres muy nerviosa, ¿no? Y yo como de, mierda, ya se han dado cuenta.
Totalmente.
Me avergüenza mucho eso a mí también.
Pero es verdad que dices, no, yo no soy una persona ansiosa.
Podemos ser más activas, más tal, pero la ansiedad no me identifica.
Es que yo muchas veces siento que es como, hola, soy Cris y tengo ansiedad.
No, literal.
No soy.
Yo creo que somos, ¿no? Es una pregunta como muy profunda, ¿no?
Pero es que realmente yo creo que estamos constantemente en cambio y estamos constantemente transformándonos
y podemos pasar épocas en las que nos sentíamos muy inseguras y de repente otra época en la que te sientes mucho más segura de ti misma.
O un día y al día siguiente también.
O un día y al día siguiente.
Quiero decirte que es que estamos en constante transformación y etiquetarnos de una manera, aunque sea incluso a nosotras mismas, creo que nos limita.
La gente quiere que te conoce o yo quiero que me conozco, pero de repente muestro facetas de mí o rasgos de mí que me sorprenden
y que también los incorporo a mi identidad sin problema.
A mí me ha ayudado mucho cuando paso por una época de ansiedad fuerte decirme a mí misma, tú no eres tu ansiedad.
Tú eres una persona con tu personalidad, con tus valores, con tu manera de querer a los demás,
que ahora mismo tienes ansiedad.
Y esa ansiedad es tan potente que muchas veces te nubla y te hace decir quién soy.
Pero eres mucho más que tu ansiedad.
Sin duda.
No dejes que te defina.
Y ahora me gustaría preguntaros una cosa.
¿Cómo os habéis sentido o cómo os ha ayudado el tener una conversación valiente?
¿Habéis notado una diferencia en el antes de hablar de algo que os ha costado y el después?
El liberarme, básicamente.
Lo que hablábamos, ¿no? De que no lloro, de que tal...
Por ejemplo, a principios de este año tuve una ruptura muy grande
y estuve medio año literalmente sin soltar una lágrima.
Necesito hablar de alguna manera o hacer algo para llorar.
Y manteniendo esas conversaciones valientes,
de no me apetece mostrarme débil, lo voy a poner así porque no es debilidad,
pero tener esas conversaciones me ha hecho de repente salir de ese bloqueo emocional,
empezar a sentir las cosas como tenía que sentirlas,
pasar el duelo como tenía que pasarlo.
O sea, ayuda muchísimo simplemente hablar.
Y entonces, ¿por qué?
O sea, yo te pregunto genuinamente porque ahí me pasa al revés.
Que comparto quizás demasiado.
O sea, todo lo que tú te callas, yo lo hablo.
Entonces, si tú ya sabes que liberarlo te hace sentir mejor, ¿por qué te cuesta tanto?
Me cuesta muchísimo, soy mucho más de escuchar.
Me parece que molesto al contar mis cosas.
Y es que es una tontería porque es mi gente y es quién más quiere saber de mí,
pero me parece que si estamos hablando de algo y te pones tú a contar,
prefiero escucharte y aconsejarte y ayudarte antes que ponerme yo a decirte.
Y también por no hacer de menos tus problemas, ¿sabes?
Si estamos hablando de tu problema, no voy a decir yo,
ah, pues me pasa esto.
Claro, pero es que a una amiga de verdad o a una persona tan...
No sé muy bien cómo llevar la conversación a hablar de mí, sinceramente.
Pero es que una amiga de verdad te tiene que querer también cuando tú le cuentas.
Yo creo que hay que poner consciencia.
O sea, yo creo que muchas veces cuando no tienes consciencia de...
O sea, cuando no te pones consciencia en una conversación
o en un cambio que quieres hacer de ti, al final funcionas por el piloto automático.
Y el piloto automático son los aprendizajes que hacemos desde que somos súper chiquititas.
Entonces, si yo he aprendido, porque he tenido un modelo de conducta
que ha sido mi referente, que ha sido mi padre,
que a lo mejor estas cosas no las ha hecho,
o no lo he visto de forma natural en casa, con mi familia, con mis amigos, etc.
Yo no lo aprendo.
O sea, yo aprendo lo que veo, aprendo lo que observo, aprendo lo que me enseñan.
Pero si nadie me lo ha enseñado, no lo he observado, no lo he visto,
¿cómo lo voy a hacer? ¿Por qué lo voy a hacer?
No es natural, ¿no?
Entonces, de alguna manera hay que aprender a reflexionar sobre esto
para que tú te pongas tus deberes.
Y decir, venga, pues hoy en esta conversación voy a hablar un poquito de mí.
Voy a ser un poco protagonista en esta conversación
y le voy a robar un poco a esta persona su atención para yo estar en el centro.
Y aunque esté incómoda, lo voy a sostener.
Exacto.
Para acostumbrarme.
Y me voy a exponer un poco a ese miedo que tengo
que al rechazo, para darme cuenta de que no me van a rechazar.
No pasa nada.
O sea, de que mis amigas de verdad no me van a dejar de querer
porque yo un día no sea la cama de la fiesta.
Si ya no es solo por rechazo, es, no sé, me es incómodo, sinceramente.
Yo creo que más que por rechazo es porque dejas de ser la persona
que tú crees que eres.
Esa persona fuerte, resiliente.
Yo puedo sola.
Yo solita, ¿no?
Como decía mi hija al principio.
Yo solita, ¿no?
Pues al final, yo solita hace que cuando yo conecto con mis emociones
ante alguien y ese alguien me acoge,
yo siento que estoy perdiendo mi identidad de poder yo sola.
Y no me gusta, me siento incómoda.
Es como cuando yo tengo que pedir ayuda si soy siempre la que ayudo.
Pues es que al principio es que me incomoda.
Pero sé que es necesario.
Sé que es bueno, sé que es sano.
Sé que me ayuda a evolucionar.
Pero claro, si no le pongo intención, es difícil hacerlo.
¿Y cómo podemos encontrar el equilibrio entre pedir ayuda
y no sobrepasar a los demás con nuestros problemas?
Diversificar.
Súper importante.
A veces cogemos a una persona que es nuestro confidente,
que nos sentimos súper a gusto con esa persona porque escucha bien,
porque atiende bien por todo lo que sea,
y la saturamos.
Entonces, está bien que te guste el brownie,
pero no puedes desayunar, comer, cenar brownie.
O sea, hay que diversificar por una salud de dieta.
Y la salud de dieta social también implica no tener solo un apoyo.
Hay que buscar más de un apoyo.
Y a lo mejor hay personas que te escuchan genial,
pero hay a lo mejor otras personas con las que te puedes distraer
o con las que puedes reírte.
Hay diferentes maneras de sentirte apoyada y ayudada.
Y yo creo que es muy importante no quemar los vínculos
porque son algo tan importante para una
que no nos podemos quedar sin ellos.
Totalmente.
Yo creo que también, aparte de estar todo el rato hablando de tus problemas,
también intentar mantener una conversación con esa persona
de cualquier otra cosa.
Distraerte.
Pero con esa misma persona, ¿sabes?
Entiendo lo que dices, pero, por ejemplo,
si tienes una persona con la que lo pasas bien
y otra con la que te desahogas,
igual esa persona dice
oye, ¿por qué conmigo solo se desahoga y con la otra se está riendo?
Entonces, intentar tener muchos tipos de conversaciones.
En plan, te cuento toda mi tristeza,
pero vamos a intentar distraernos juntos.
Eso es muy importante.
A mí me pasa mucho lo que has dicho tú, Bárbara,
que yo cojo a una persona con la que tengo confianza
e igual a los demás no les cuento nada de lo que me está pasando
y finjo la sonrisa y no sé qué,
pero a esa persona la machaco sin darme cuenta con mis problemas.
Y además, como yo soy muy obsesiva,
pues igual tengo muchas dudas de
¿y si pasa esto? ¿y si pasa lo otro?
Entonces voy a esa persona.
Ruku, ruku, ruku.
Porque te calma.
Exacto, porque es la persona que me calma,
es la persona que me reasegura.
Es tu persona chupete.
Exactamente.
Entonces, claro, muchas veces yo pienso
joder, pero cuidado,
porque, por ejemplo, mi novio Dani,
que es para mí mi persona casa junto con mi madre,
pues es verdad que muchas veces yo digo
tengo que frenar.
Es decir,
está bien que yo le cuente mi problema
o lo que me está pasando a esta persona de confianza,
pero tengo que saber también cuándo poner el límite.
Es decir, ya le hemos hablado,
ya te he contado lo que me pasa,
ya te he pedido consejo, ya me lo has dado,
vamos a cambiar de tema también por mi propia salud mental.
Totalmente.
Porque si yo entro en un bucle,
no salimos de ahí y además puedo deteriorar la relación.
Totalmente.
Absolutamente.
Muy bien, pues ahora me gustaría como pasar al segundo bloque,
que es la parte de cómo actuar
cuando alguien te pide ayuda a ti,
que me parece que es muy complicado.
Alguna vez os ha venido alguien y os ha dicho
oye, necesito ayuda.
E igual no os lo esperabais.
A mí todos los días.
A ti no te ha venido nadie.
Todos los días varias veces además.
Claro, claro, eso es cierto.
Claro, Bárbara está muy acostumbrada.
Pero también eso indica que mucha gente necesita ayuda, ¿no?
Sí, muchísima.
Muchísima.
Y nosotros los psicólogos lo hemos notado mucho
que a raíz del COVID
se ha notado muchísimo en consultas
que ha habido una demanda muy bestia
de apoyo y de ayuda.
Y de hecho los psicólogos
estamos muy saturados de trabajo en España.
O sea, mucho.
Porque la salud pública, la sanidad pública
está todo muy chungo
en cuanto a la ayuda psicológica.
Y es bastante vergotoso.
Y es una vergüenza
porque las citas que te dan son cada tanto
que para atender realmente un problema de salud mental
no es suficiente.
Igual una cita cada tres meses.
Y es como si yo siento que me estoy muriendo.
Es que de aquí a tres meses
puedo tener un pensamiento de hacer algo
que no cuando te las dan con prisa.
Cuando vas diciendo
tengo pensamientos de querer quitarme la vida
igual te las dan de aquí a un mes.
Y tienes suerte.
Entonces al final lo que pasa es que
esas personas terminan acudiendo al médico de cabecera
o al médico de familia
y el médico de familia lo que hace es medicar.
Entonces estamos en una sociedad
tremendamente medicalizada
porque no hay una atención psicológica suficiente
para no tener que recurrir a tantos fármacos y pastillas
que no te dan recursos.
Calma.
Pero no te dan recursos para lidiar con lo que te está pasando.
Y no todo el mundo se puede permitir ir a un psicólogo.
No todo el mundo se puede permitir ir a un psicólogo.
Y menos todas las semanas
que es lo que se supone que cuando estás muy mal
que también estás otra.
Normalmente esperamos mucho
a ir al psicólogo
hasta que no estamos a punto de estallar.
Literal.
Es como cuando ya no podemos más
es cuando vamos al psicólogo.
Entonces es cuando necesitamos más ayuda.
Y si te van a dar una cita cada tres meses
pues dime tú.
Así es, totalmente.
Y no solamente esperamos mucho, mucho.
Pensemos que cuanto más esperemos
también tarda más en arreglarse
porque vas acumulando una bola
que va afectando a todas las áreas de tu vida
con lo cual más contaminadas
están todas las áreas de tu vida del problema.
Esto pasa por ejemplo mucho con los niños.
El 70% de los niños que tienen problemas de ansiedad
cuando son jovencitos o en la infancia
no van al psicólogo.
¿Eso qué quiere decir?
Que en la vida del adolescente
o en la vida del adulto
ese niño va a acumular un montón de años
¿Cómo eres capaz de detectar en un niño pequeño la ansiedad?
Porque un niño pequeño no te sabe decir
tengo ansiedad.
Imagínate que tú eres madre.
Bueno, es que tú eres psicóloga.
Tú juegas con ventaja.
Pero una persona que no sea psicóloga
y tiene un niño muy pequeño de siete años
que tiene ansiedad
pero no te puede decir tengo ansiedad.
Pues mira, hay características
como por ejemplo los dolores de tripa.
Muchos niños que les duele la tripa
y no quieren ir al cole.
Es un síntoma de que algo está pasando.
Que se muerda en la camiseta.
Irritabilidad.
Morderse las uñas.
Casi siempre la ansiedad y la tristeza
en los niños se muestra con rabietas.
Con irritabilidad.
Con problemas a lo mejor sociales con los amiguitos.
Con no querer ir al cole.
Todas esas pesadillas.
Yo te puedo contar mi experiencia como niña ansiosa.
Lo que pasa es que yo no sabía que tenía ansiedad.
Creo que esto lo hablamos en el último episodio.
Hasta mucho más mayor.
O sea, yo sabía que a mí me pasaba algo.
Yo iba a clase y yo me encontraba mal.
Me dolía la tripa.
Me mareaba.
Pensamientos intrusivos de todo tipo.
Mis padres van a tener un accidente y se van a morir.
Me voy a poner enferma y tal.
Miedo, miedo, miedo.
Y yo no sabía que me pasaba.
Porque además es que, imagínate, con 10 años nadie.
Nadie de mi clase imaginaba que estaba ansiada.
Y claro, pues es verdad que yo misma fui ignorando esas señales
porque tampoco sabía cómo gestionarlo.
Hasta que no me estalló ya con 18, 19.
Que ya es cuando fui al psicólogo.
Y entonces tenía una bola...
Igual pensabas que era simplemente la vida.
Claro, si tienes 10 años y desde los 10 años sientes eso.
Claro.
Totalmente.
Y al final un niño no sabe decirlo porque piensa que es la vida.
¿No?
Muchas veces.
O simplemente, yo qué sé, no tiene esa consciencia emocional.
Y muchas veces los padres no lo perciben.
O no dan cuenta.
O lo normalizan.
O no se atreven a enfrentarlo.
Claro.
Porque a muchos papás también les da miedo llevar a su hijo a un psicólogo
porque les da como cosa.
¿No?
O sea, ahí hay muchas historias que hacen que muchas veces
el 70% de los niños no reciba la atención psicológica
que deberían de recibir.
Y se procrastina a la adolescencia o a la vida adulta.
Pero, mira, saber cuáles son los síntomas, por así decirlo, está genial.
Sí, es muy útil.
¿Y cómo debemos reaccionar cuando alguien nos viene y nos dice
oye, mira, lo estoy pasando muy mal o tengo muchos pensamientos horribles,
tengo ansiedad, tengo depresión?
¿Cómo, en ese momento, cuando alguien te lo cuenta,
qué le dices?
Mira, si ya te lo cuentan, ya vamos muy adelante.
Porque a veces lo que pasa es que tú detectas que hay una persona
que lo está pasando mal pero no lo está verbalizando de ninguna manera.
Pero si te lo está compartiendo ya tienes una parte muy importante ganada
y es que esa persona está aceptando lo que le está pasando.
Cuando esto ocurre, lo que yo recomiendo es apoyo sin juicio.
Apoyo, disponibilidad y ofrecerle opciones.
Vamos a pedir ayuda, vamos a buscar a alguien que te pueda escuchar,
que te pueda dar recursos, que te pueda tal.
Incluso si lo necesita, la primera vez acompañarle.
Facilitarle un poco las cosas si realmente vemos que es un problema
que él mismo no puede resolver.
Si lo puede resolver, escucha, apoyo.
Y una cosa que decía Belén antes, sin darle el drama,
sin mirarle con la pena ni con la compasión,
entendiendo que son cosas, igual que a veces tenemos una dermatitis,
a veces tenemos un problema con la tristeza o con la ansiedad,
que son cosas naturales.
Y si esa persona no quiere, por ejemplo, ir al psicólogo ni nada,
porque yo, por ejemplo, he tenido muchos momentos en los que he visto
que alguien no está bien mentalmente, ¿sabes?
En plan tiene, pues bueno, todos los síntomas que le son la persona,
eso es.
Intentas decirle, ve al psicólogo, está muy bien.
Yo les he hablado desde mi punto de vista de haber ido, ¿sabes?
Es decir, es un lugar que es único y exclusivamente para ti,
te puedes abrir y no quieren ir al psicólogo.
¿Qué más se puede hacer?
Es muy complicado.
Cuando una persona no quiere acudir a un psicólogo,
a mí lo único que se me ocurre son dos opciones.
Una es darle la opción de acudir a hacer meditación o hacer yoga,
hacer algún tipo de curso de formación que tenga que ver con la parte interna
que le abre alguna puerta que le permita luego después
dar el paso al apoyo psicológico.
O si no, estar pendiente, ayudarle, siempre protegiéndote tú y cuidándote tú
porque tampoco te puedes volcar y ahogar tú por sacar a alguien
que encima no quiere pedir ayuda.
O sea, obviamente estando pendiente,
pero incluso animándole a que sea la primera vez en compañía contigo
o estar pendiente para que en un momento de vulnerabilidad
vuelvas a sacarle el tema.
Luego tenemos recursos como un teléfono.
Por ejemplo, el Break Together tiene un teléfono 24-7
que está disponible para personas que necesitan en un momento dado
ayuda y desahogo por profesionales.
Pues acudir a teléfonos también de ayuda que están especializados en esto.
Que lo dejamos por aquí en pantalla y en la descripción para que podáis acudir a él.
Sí, totalmente, yo estoy de acuerdo.
También es verdad que hay personas que son muy cabezotas
y no quieren ir al psicólogo porque dicen
es que él no va a saber más que yo.
Esto yo lo he escuchado mucho.
Él no me va a conocer mejor que yo,
entonces él no me va a ayudar más que yo.
Y tú, por más que lo intentes,
no puedes obligar a alguien a recibir una ayuda que no quiere recibir.
Pero que sabes que es realmente lo único que necesitan.
Yo muchas veces les digo, imagínate que yo tengo aquí una herida enorme
que me está sangrando y no para y se me está infectando.
Tú me dirías, ve corriendo al hospital.
Te digo, no.
Porque en realidad, por ejemplo, la persona que no quería ir me decía
que sacan dinero, que lo único que es para sacar dinero
y que realmente no te ayudan, no sé qué.
Imagínate que yo te digo lo mismo, que tengo aquí una herida.
No, es para sacarme dinero.
Yo estoy bien así.
Es muy complicado, ¿no?
Ese tipo de creencias son creencias muy rígidas, muy pesimistas,
que justamente el pesimismo es uno de los peores rasgos,
que peor es relacionado con salud mental.
Entonces, claro, es como la pescadilla que se muerde la cola.
Total.
O que esa persona, insistiéndole, varias fuentes diferentes,
varias personas distintas de su entorno que le digan exactamente lo mismo,
facilitar a lo mejor un encuentro acompañado.
Pero si una persona no quiere, es complicadísimo poderle ayudar.
Es muy frustrante darte cuenta de que alguien está mal
y querer ayudarle pero que no se deja ayudar.
Ni por ti ni por ningún profesional.
Y dices, claro, es que me duele muchísimo verte mal,
pero al mismo tiempo es que no estás queriendo hacer nada para cambiarlo.
Y, claro, tampoco le puedes culpar porque igual no quiere,
porque tiene inseguridades o tiene miedo.
Sobre todo cuando es un adulto, ¿no?
Porque si es un adolescente le puedes poner un límite, ¿no?
O sea, te tienes todavía cierto nivel de control sobre su vida
y puedes poner límites, ¿no?
Pero cuando ya es un adulto es muy complicado.
Y a veces hay que saber también retirarse, ¿no?
Y saber decir hasta dónde para que tampoco te arrastre a ti.
Porque hay personas que realmente...
Ya, pero si es una persona muy querida por ti
y tú le ves que está en un bucle de no querer salir de ahí
y sabes que no está bien...
¿Qué haces, Belén?
Alejarte me parece que es...
Más que alejarte es protegerte.
Es decir, tú puedes estar disponible, tú puedes darle apoyo,
tú puedes tratar de quererle y de estar para esa persona
dentro de unas ventanas, ojo, tampoco consumiendo toda tu vida, ¿no?
Pero llega un momento en el que si esa persona no quiere recibir ayuda
no podemos forzarles.
No podemos obligarles, ¿no?
Es cierto, yo creo que lo más importante
y esto es para las personas que quizás les cuesta más
dar un consejo, porque hay gente que honestamente...
O sea, yo por ejemplo, pues hay cosas que se me dan muy mal
pero la inteligencia emocional se me da muy bien.
Entonces si tú me vienes y me cuentas un problema
pues igual tengo habilidad para aconsejarte.
Pero hay gente que no.
Entonces yo para esa gente que le cuesta dar consejos
y que no sabe cómo reaccionar cuando alguien necesita ayuda, diría
Lo más importante que debes hacer es escuchar.
Escucha, ya está.
No te estoy pidiendo que me des un consejo psicológico
porque sé que no eres psicólogo.
No te estoy pidiendo que me hagas maravillas porque sé que no me las vas a hacer.
Solamente quiero que me escuches y que me des cariño, ya está.
Porque también la gente muchas veces se frustra.
Es decir, se enfada, ¿no?
Como no saben cómo ayudarte, se enfadan consigo mismas.
O su propia preocupación de verte a ti mal
hace que quiera darte consejos como muy directivos
y que tú no estás receptiva para ese consejo.
Entonces se enfadan porque no estás siguiendo el consejo que te están diciendo.
Es que eso, Bárbara, me ha pasado tantas veces.
Muchas veces te dan consejos que a ellos les han venido bien
pero que para ti es un caso súper distinto.
Yo que sé, pues vete por allá a pasear.
Que a mí me vino muy bien ya, pero igual es lo que yo no necesito.
Y que posiblemente no quieres ni consejos.
Yo creo que muchas veces cuando estás mal, tú ya sabes lo que tienes que hacer.
O sea, lo que quieres es amor.
Lo que quieres es afecto.
Lo que quieres es cariño.
Lo que quieres es que te apoyen.
Ya está.
Y a veces es como que subestimamos mucho el poder de estas cosas.
Y cuando son súper poderosas y nos calman, nos aquietan.
Cuando una madre calma a un bebé, ¿qué es lo que hace?
Se lo lleva al pecho y acaricia la cabecita.
No le está dando consejos.
Respira y no le dice nada.
Y el bebé va respirando calmado.
Y es que a veces necesitamos solamente lenguaje no verbal.
Calidad de presencia.
Escucha.
Afecto.
Calma.
Total.
Sí, porque a veces es contraproducente.
O sea, que yo cuando estoy teniendo un ataque de ansiedad
o estoy en una mala etapa, alguien me diga,
relájate, deja de pensarlo.
Respira.
Ya sé que tengo que respirar.
Pero no hables tanto del tema.
Que entonces tal es como de, ahora mismo no lo puedo ver.
Porque cuando tú tienes ansiedad, tu cerebro,
o cuando tienes depresión
o cuando estás en un estado mental difícil,
tu cerebro, al menos en mi opinión, en mi experiencia,
está nublado.
Es decir, yo no veo más allá.
O sea, yo ahora mismo para mí todo es peligroso
o todo es oscuro o todo es triste.
Entonces, no puedo racionalizar algo
porque en mi interior no...
Totalmente.
Es una cosa súper importante.
Cuando estamos emocionados,
hay dos tipos de, digamos,
como de procesamiento en la emoción, ¿no?
De abajo a arriba y de arriba a abajo.
¿Qué significa eso?
Que hay veces estamos suficientemente emocionados
pero somos capaces de procesar un consejo,
de escuchar o de entender lo que nos están diciendo.
Bien, pues entonces ahí la palabra
tiene un papel protagonista.
Pero hay veces que estamos tan bloqueados
porque estamos con tantísima ansiedad
o tan agobiados
que no podemos ni escuchar lo que nos están diciendo.
Ahí es cuando es mucho más importante el cuerpo.
El afecto, el tacto, la escucha,
el respeto, dar el espacio.
Totalmente.
Súper importante.
Porque si no, la persona se bloquea y no recibe.
Y el otro se puede frustrar
porque se da cuenta que el otro no recibe, ¿no?
Sí, es cierto.
Que igual lo está haciendo con toda su buena fe.
Sí, seguro.
Es que es muy complicado también
nacer sabiendo cómo actuar
ante un ataque de ansiedad,
ante una persona con actitudes depresivas.
Es súper difícil.
Sí, porque sobre todo yo creo que es muy frustrante
y porque una realidad que no nos gusta aceptar
es que a nadie nos gusta rodearnos
o estar con personas que lo están pasando mal.
Esto es una realidad.
No nos divierte.
Yo prefiero estar rodeada de gente...
Cuando yo estoy bien,
prefiero estar rodeada de gente que también está bien.
Entonces, de pronto,
tener a alguien que está mal,
pues quieres arreglarlo.
Quieres decir,
venga, vamos a estar bien, vamos a hacer algo.
Pero tienes también que dejar espacio y tiempo
a esa persona
para que siga su proceso.
Totalmente.
Yo creo que ahí
todo lo que tiene que ver con la compasión
no en el sentido de lástima,
ni en el sentido de tener pena por alguien para nada.
Eso es lo peor.
Sino compasión,
sino en el sentido de amar cuando alguien sufre.
Bien seas tú mismo o bien sea otro,
aprender a amar
y amar con mayúsculas,
como el pam-pam,
¿sabes?
El amar-amar, ¿sabes?
Que es estar,
dar espacio,
permitir,
mimar, ¿no?
Permitir pasar por absolutamente todos los procesos
de estar mal.
O sea, permitirnos estar mal,
permitir a la otra persona que llore,
que esté triste.
Exacto.
Que sienta lo que tenga que sentir, ¿no?
Y no sentir lástima.
Yo creo que también
como mostrar un poco de esperanza.
O sea, yo cuando lo estoy pasando mal
lo que más odio es que alguien me pueda decir
¡Ay, qué horror!
Si a mí me estuviera pasando eso
no sé cómo actuaría.
¡Qué lástima me das!
¡Qué tal!
Eso me hace sentir peor
porque me hace pensar que mi problema es gigante
y que no se va a solucionar.
Prefiero mil veces que me digas
¡Oye, mira!
Todo va a estar bien.
Me des un abrazo
y digas
vamos a hacer algo para distraernos.
Vamos a...
Sí, a veces solo necesitas compañía.
Sí, pero también que no le quiten peso.
Claro.
Tiene que haber un equilibrio.
Eso es.
Si encuentras un problema
tampoco es que te digan
¡Bueno, venga!
¡Qué difícil es!
¡Jolín!
¡Qué difícil es!
Es que es súper difícil.
Estamos viviendo una cosa
y la contraria
y esto y lo otro.
Es dificilísimo.
Yo me quedaría con una cosa muy importante
que tiene que ver un poco
con todo esto que estamos diciendo
que es
tener la intención
de querer ayudar
eso me parece importantísimo
y la escucha.
Porque tú cuando escuchas
escuchas todo.
No escuchas solo las palabras.
Escuchas
si esa persona
está abierta
a un abrazo
o no lo está.
Si está abierta
a que la toquen
o no.
Si está abierta
a que siga hablando
o quiere estar en silencio.
La escucha
nos permite dar cuenta
de lo que el otro
necesita
en lugar de ir
con una fórmula
muy limitada
que no va a funcionar
con todo el mundo
y que no todo el mundo
es igual.
Es como
el otro día lo dijo
un señor que conocí
y me dijo
es medir la temperatura
de la persona
con la que estás
para saber bien.
Si dar consejos
y no darlos.
Si dar un abrazo
o no darlo.
Si está receptiva tal o no.
Yo creo que las personas
que nos conocen
más o menos tienen que saber.
A mí personalmente
me ayuda mucho
cuando estoy mal
que me escuchen,
me den un abrazo,
me digan que todo va a estar bien
y me distraigan
porque yo necesito distracción.
Incluso una cosa muy importante.
A veces también
tenemos que saber decir
lo que necesitamos.
A lo mejor
si mi pareja
me está diciendo
que no sé qué
y no me está funcionando
a lo mejor lo que le tengo que decir
es que ahora
cariño,
eso no.
Ahora lo que quiero
es que me abraces
un abrazo,
nos veamos una peli
y que nos relajemos.
Esperamos mucho
pedir lo que quieres.
Que la otra persona
le nazca exactamente
pero incluso
ya no hablando
de estar en ningún problema,
en una relación.
Lo típico es
si no le nace
déjalo ir.
No, si no le nace
cuéntaselo
y si luego no lo hace
pues a tomar por letras.
Exactamente.
La cosa es contarlo.
Totalmente.
De hecho a mí me pasa mucho
y lo hablaba el otro día
con mi psicóloga
que mi novio
es mucho más racional,
mucho más tranquilo que yo
y entonces cuando yo estoy teniendo
episodios de ansiedad
o estoy en una época tal,
a él le cuesta mucho gestionarlo
porque él es como
pero venga,
deja de pensarlo
o ya no deja de pensarlo
sino vamos a dejar de hablarlo
porque sabemos que esto te hace mal
pero quizás se frustra.
Él se frustra
porque me quiere ayudar
y yo sé que no lo hace con maldad
y yo se lo contaba a mi psicóloga
y mi psicóloga me dijo
Cris, es que él no te puede dar
algo que él no tiene
o no sabe
o no conoce.
Claro.
O él a lo mejor
le ayudaría a identificar
qué cosas
que tú se las puedes contar
qué cosas te ayudan de él.
A mí lo que más me ayuda
de ti cariño
es que estés presente.
Si a mí lo que me ayuda
además de ti
es que te pueda coger la mano
que a lo mejor
son cosas que ni siquiera
se está siendo consciente
del bien que te hace
que son medicina para tu alma
y si lo sabe
a lo mejor eso
le empodera más
en esa presencia
sin necesitar buscar
una súper solución mágica.
Y de hecho
yo esto se lo comuniqué
porque además pasó hace
relativamente poco
que tuvimos una situación
pues eso
que yo estaba pasándolo mal
y él llevaba yo mucho tiempo
sin pasarlo mal
y entonces
le pilló de sopetón
y no supo cómo reaccionar
pero al igual que yo
yo tampoco supe
porque llevaba tanto tiempo
sin tener ansiedad
que de pronto me pilló de golpe
y él pues quizás
reaccionó como pues eso
intentando solucionarlo rápido
y tal
y es verdad que me dio abrazos
y tal
pero como que
él mismo se dio cuenta
de que no lo había hecho
todo lo bien
que lo podría haber hecho.
Y lo mejor de todo
es que él lo reconoció
y él dijo
Jorge y lo siento
porque al igual que tú
tampoco has sabido gestionar
esta situación
yo tampoco
pero llevamos mucho tiempo
sin saber gestionarla
y no pasa nada
y lo importante yo creo
es que las personas
nos demos cuenta
de lo que ha pasado
de cómo podríamos
haberlo hecho mejor
y que haya esa compasión
y esa comprensión
entre ambos.
Totalmente.
Ahí ha salido un melón
súper importante, ¿no?
Y yo creo que también
tenemos que entender
que no siempre vamos
a estar correctos
o sea, no siempre
estamos regulados
no siempre decimos
lo perfecto
ni sentimos lo perfecto
podemos tener un mal día
podemos estar torcidos
podemos estar de mal humor
qué sé yo, ¿no?
También es súper importante
que nuestra pareja
o nuestros amigos
o las personas cercanas
a nosotros
nos ayuden a regularnos
cuando estamos desregulados
porque si yo estoy desregulada
y tú te desregulas más
porque yo estoy desregulada
pues vaya lío, ¿sabes?
Entonces si yo estoy
desregulada
necesito que te regules
y si la que estás
desregulada eres tú
pues voy a intentar
regularte yo hoy
entonces, oye
¿tú cómo estás?
Pues yo estoy a un 30 hoy
pues venga
voy a intentar estar
a un 70 yo, ¿sabes?
Eso es.
Porque si no
si nos contaminamos
constantemente
con nuestras emociones
aquí no nos saca nadie
para adelante.
Totalmente.
Es importante regularse
porque ahí me escribe
mucha gente, por ejemplo
diciéndome
jo, Cris
es que mi novio está muy mal
tiene una depresión horrible
no sé cómo ayudarle
y está afectando
a nuestra relación.
Esto me lo escriben un montón.
Guau.
¿Qué puedo hacer?
Porque ya sus problemas
me sobrepasan.
Yo le quiero
pero me está afectando a mí
lo que él está sufriendo.
Entonces cuando son casos
así como más severos
no cosas puntuales
igual
sino algo de
verdaderamente
estás con una persona
muy depresiva
o que tiene un...
Yo es que creo que
cuando tú estás
es como cuando tú salvas a alguien
que está en el mar
ahogándose.
Llega un momento
en que salvar a una persona
que se está ahogando
puede provocar
que te ahogue a ti.
Total.
¿Sabes?
Hay un momento
en el que
si te está ahogando a ti
hay que aprender a soltar.
¿Sabes?
Es que es súper duro.
Yo en ese caso
que no soy psicóloga
entonces
no voy a tener a ti más caso
pero yo por ejemplo
les diría que
por ejemplo
leyeran mucho
sobre la depresión
para saber cómo tratarle
porque igual están
utilizando herramientas
que tienen
pero no se han informado
en qué más pueden hacer.
Pero fíjate Belén
yo imagino
que cuando hacen esas preguntas
es que todos esos pasos
ya los habrán hecho.
Claro.
Yo hablo de personas
que a lo mejor
ya le han dicho 50 veces
vete al psicólogo
cuando ya se han entregado
un cuerpo y alma a salvarles
cuando ya habrán leído
todo lo que tengan que leer
cuando ya has hecho
todo el camino
de lo que representa ayudar
y nada de eso funciona
es que ahí está perdido
y la persona está ahí anclada
y no quiere salir
y tú estás empezando
a tener también
sintomatología depresiva
¿qué haces?
Ahí también te digo
wow
igual no sé
si vais a estar de acuerdo
pero igual si esa persona
está tan mal
el hecho de alejarte de ella
siendo igual
su único apoyo
le puede hacer reaccionar
claro
que toque fondo
pero
que al tocar fondo
gire para arriba
pero por otro lado
te sientes responsable
sí totalmente
entonces es muy difícil
totalmente
porque dices por un lado
me quiero salvar a mí
pero también te quiero
y te quiero salvar a ti
pero además
lo importante en ese tipo de casos
o lo que se suele hacer en terapia
por ejemplo
es que en ese tipo de casos
si la persona necesita alejarse
porque lo está pasando ya
realmente muy mal
a la persona no se la deja sola
sino que se intenta buscar
apoyos en la vida de esa persona
pues pueden ser los padres
hermanos
amigos
diversificados
que no sea una sola persona
la que de repente asuma
totalmente el control
sino personas diversificadas
que estén pendientes
que estén atentos
porque sepan que tu apoyo
va a ser más retirado
para que no se quede
del todo solo
claro
pero a veces
cuando tú ya estás quemado
y hundido
hay que también
un poco pensar
en uno mismo
en salvarse
porque al final
si no nos salvamos nosotros
a nosotros mismos
nadie nos va a salvar
yo creo que en este episodio
ha quedado bastante claro
que es muy importante
ayudar
y pedir ayuda
saber ofrecer apoyo
sin necesidad de hacer malabares
simplemente estar
escuchar
y tener conversaciones valientes
os quiero agradecer
chicas
Belén
Bárbara
por esta conversación
me ha parecido maravillosa
y por supuesto
a Brave Together de Maybelline
por esta oportunidad
de ofrecernos este espacio
para hablar de temas
tan importantes
y darle la relevancia
a la salud mental que merecen
así que muchísimas gracias
gracias a ti
y hasta pronto
chao
