Cuando la Navidad duele: hablemos de lo que nadie dice 💔 Como si nadie escuchara #146 | Cris Blanco

Cris Blanco
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¡Hola a todo el mundo! Bienvenidos y bienvenidas
un domingo más a mi podcast
Como si nadie escuchara.
Yo soy Cris Blanco y en este espacio hablamos de cosas reales de la vida
como si nadie escuchara.
¿Qué tal estáis? Espero que estéis muy bien. Yo estoy muy feliz
porque este es otro episodio en colaboración
con la causa Brave Together
de Maybelline, que es la causa global de Maybelline por la salud mental.
En España llevan ya tres años colaborando
con la ONG El Teléfono de la Esperanza
para ofrecer ayuda a aquellas personas
que estén sufriendo de episodios de ansiedad o de depresión.
Además de colaborar con expertas como la psicóloga Bárbara Tobar
para ofrecer recursos y herramientas para ayudar a identificar
estos síntomas y ponerles solución.
Y bueno, ya se acerca la época de la Navidad, la época navideña.
Y yo quería tratar este tema con vosotros y con vosotras
desde la perspectiva, como siempre, de las emociones, de la salud mental.
Es una época que remueve muchísimos sentimientos
y que quizás, aunque todo el mundo piense que es una época de felicidad,
pues igual este año para ti no lo está siendo por lo que sea.
Y para ello he traído a Bárbara Tobar, psicóloga,
conferenciante, ya casi amiga y colaboradora del podcast
para hablar de todos estos temas. Hola, Bárbara.
Feliz de estar aquí una vez más y de conversar sobre el mundo y sobre la vida.
Claro que sí, como siempre.
Pues eso, hablábamos de que la Navidad es una época
que todo el mundo tenemos en mente, que es felicidad, que es alegría,
pero no para todas las personas lo es.
Y no todos los años la Navidad es una época feliz,
porque igual tú este año estás pasando por una mala época,
ya sea a nivel salud mental, salud física, económicamente, familiar...
Vete tú a saber.
Y claro, llega la Navidad y de pronto tienes la presión de
tengo que estar bien, tengo que ser feliz, la Navidad tiene que ser perfecta.
Totalmente. Yo veo la Navidad ahora mismo actualmente
como con un concepto un poco estereotipado, un poco rígido.
Casi como un traje en el que tienes que entrar sí o sí,
sin atender si te queda demasiado justo este año
o te queda demasiado grande o te viene demasiado grande.
Creo que es importante cuando vienen y se acercan estas fechas
hacer una pequeña pausa para escuchar cómo estás, qué necesitas,
qué te vendría bien, cómo quieres habitarlo,
cuál es el significado para ti este año de estas fechas.
O sea, darle un poco de sentido, de propósito
y no dejarnos llevar por todo lo que se supone que debes de
tengo que, que no siempre estamos en ese momento.
Absolutamente. De hecho, a mí me gustaría contar una experiencia personal
como siempre y partir de esta, porque es algo que yo nunca me había dado cuenta.
Yo, la Navidad es mi época favorita del año.
Yo soy la típica persona.
Hay gente que es el Grinch y hay gente que es Papá Noel.
Bueno, pues yo soy Papá Noel total, amo la Navidad.
Además, yo creo que las personas que somos así como especialmente
alegres en nuestro día a día, la Navidad es una época más para celebrar
y para ser felices.
Claro, cuando a mí me pilla la Navidad, en una época en la que mi salud mental
estaba por los suelos, que fue en el año 2019,
que yo realmente estaba, o sea, yo me sentía enferma.
No era como de estoy pasando por una mala etapa.
No, no, yo me sentía enferma.
Y de pronto llega la Navidad, que es mi época favorita del año.
Y yo no puedo ser feliz.
Es que no puedo.
O sea, por más que yo lo intente, por más que me den regalos,
que haya fiestas, comidas, que vea gente que quiero muchísimo.
Yo no era feliz.
Entonces yo me encontraba en la mesa de Nochebuena o en la mesa de Nochevieja
con un sentimiento de culpa en primer lugar, porque es como
ojo, es Navidad.
Tengo todo lo que la gente querría tener,
familia, comida en el plato, y yo no puedo estar bien.
Es imposible.
Y a mí se me caían los lagrimones.
O sea, yo recuerdo pensar.
De hecho, curiosidad, yo nunca bebo alcohol, pero esa noche
yo sentí como la necesidad, entre comillas, de tomarme una copa,
que para mí ya era como wow, porque necesitaba mitigar ese dolor,
porque para mí la Navidad estaba siendo terrible.
Y yo creo que el forzarte a estar bien cuando estás mal
y el forzarte a tener una sonrisa y el obligarte a
tengo que disfrutar de esto, porque claro, ¿cómo no lo voy a hacer?
Estoy siendo una desagradecida.
Lo único que hace es ponerte peor, porque tú misma te estás dando cuenta
de que no estás bien y que lo estás forzando.
Totalmente.
Hay mucha culpa, muchas veces en ese tipo de situaciones.
Hay un concepto en psicología que se llama la disonancia cognitiva,
que es cuando hay un salto importante entre lo que se espera de ti,
en este caso felicidad y alegría, y lo que tú realmente sientes.
Que puede ser que no sea esa felicidad y esa alegría.
Para mí es superimportante resolver esa disonancia a través de la escucha
interna, validar nuestros sentimientos,
saber conectar con cómo me estoy sintiendo y darme permiso para sentir.
O sea, para mí se puede
vivir con salud en no sentirte saludable.
Es decir, se puede vivir con éxito un sentimiento interno de fracaso,
o sea, se puede vivir con bienestar o de una forma positiva
una emoción negativa. ¿Por qué?
Porque yo creo que dar espacio, aceptar,
centrarnos en nuestro autocuidado, ese amor que se defiende mucho en Navidad
no siempre es un amor que tiene que estar orientado al menos solo al dar.
O a la familia.
También es un amor que puede ser recibido por ti y para ti.
Y a veces ponemos poco foco en nosotras y en lo que necesitamos.
En ese momento, en ese momento o llegamos a la Navidad supercansadas.
O sea, podemos llegar a la vida supercansados de un montón de tarea,
de trabajo, de estudios, de lo que sea.
Y a lo mejor comprometerte con un montón de actividades, cenas, quedadas.
No es lo que más necesitas, lo que te apetece.
Efectivamente, lo que tú necesitas es dedicarte ese tiempo para el descanso,
para el paseo, para el dormir, para el mimarte, para estar sola.
Tu manera de festejar el amor hacia ti misma en este caso.
Es verdad, porque solemos tener en mente que la Navidad se tiene que celebrar
con un montón de gente, con un montón de amigos, con un montón de familia.
Oye, pues igual yo no tengo tanta familia o igual yo este año he perdido a alguien
o igual me apetece estar sola porque llevo todo el año cargando con el peso
de muchos problemas y de mucha gente.
No hay una sola manera de vivir la Navidad.
Totalmente.
Lo que pasa es que yo creo que para poder llegar a esa conclusión
es importante animar a que la gente conecte más a menudo
con lo que siente.
Yo en terapia encuentro muchas veces que con muchos pacientes
que no saben bien lo que sienten o lo que han sentido a lo largo del día,
no prestan atención a su mundo emocional.
Estamos tan pendientes a veces de resolver, de hacer el tique en la lista,
de cumplir con nuestros objetivos externos diarios
que ni siquiera hemos reparado en cómo me he sentido.
Y detrás de cada emoción hay una necesidad.
Si yo no escucho las emociones, no puedo atenderlas ni resolverlas
de ninguna manera.
La escritura para eso yo creo que es algo muy poderoso.
Escribir lo que sientes.
Escribir lo que sientes, especialmente en estas fechas
que pueden ser de mucha vulnerabilidad para gente que ha perdido a alguien
o que ha perdido algo.
Gente que a lo mejor familias que se han separado
o situaciones simplemente emocionales difíciles.
Yo animaría a que esas personas estuvieran especialmente pendientes
de escribir para conectar con ellas, escucharse
y poder organizar su día a día un poco en coherencia con lo que necesitan.
Responder a lo que necesitan.
Si a ti estas Navidades lo que te apetece es estar sola,
es pasar más tiempo contigo misma y lo que son los encuentros sociales
te producen ansiedad, te producen presión.
Pues oye, no tienes por qué ir a todo.
No pasa nada.
Vas a tener muchísimas Navidades a lo largo de tu vida.
Es lógico que haya Navidades que no estés feliz,
porque al igual que hay años que son buenos y que son malos,
va a haber Navidades buenas y va a haber Navidades malas.
No es como que llega la Navidad y ya de pronto todos somos felicidad y alegría.
No. Y el hecho de muchas veces también la presión social
y lo que vemos es lo que más nos afecta,
especialmente ahora con las redes sociales.
Porque si ya de por sí tú te sientes mal,
si no estás celebrando la Navidad con un montón de amigos o de familia,
imagínate cuando te metes en redes y ves que fulanita de tal
le han regalado cinco bolsos de marca,
que además tiene una familia de 50.000 integrantes, una cena maravillosa.
Y tú igual estás sola en tu casa, porque ese año,
imagínate gente también que se va a vivir fuera,
que pasa las Navidades sola o solo, que eso también pasa mucho.
Pues hombre, te metes en Instagram y te da una punzada al corazón.
Entonces, ¿cómo podemos gestionar esas expectativas y esas comparaciones?
Total. Hay dos temas ahí. Uno, el tema de las redes sociales,
que es una cosa que tiene muchísimo impacto,
mucho más de lo que pensamos en nuestras emociones y en nuestro sentir.
Yo siempre digo que consumir demasiadas redes sociales
alimenta mucho una mentalidad de la escasez.
Total. No una mentalidad de la abundancia.
Total. Es la mentalidad de la escasez.
Lo que me falta, lo que no tengo, lo que el otro es y yo no,
el cuerpo que el otro tiene y yo no.
Todas estas cosas.
Entonces es muy importante desarrollar,
animar a todo el mundo a que desarrolle una mirada crítica
respecto al tipo de contenidos que consume y protegernos.
Protegernos significa ser más selectivos en consumir aquello
que sabemos que nos pueden estar haciendo daño
o que justamente alimenta esa mentalidad de la escasez.
Y sobre todo, y esto es importantísimo,
que lo que ves en redes sociales no es la realidad y te lo dice una influencer.
O sea, yo personalmente he llegado a tener días
en los que he publicado contenido porque igual estaba en mi programación
o porque al final yo pues es parte de mi trabajo
y tengo que seguir publicando cosas.
Y yo por dentro estaba hecha una M con perdón.
Pero tú lo has dicho, Cris, es tu trabajo.
Las redes sociales es una escaparate para seducir.
Exacto.
Para seducir de mil millones de maneras distintas, pero es para seducir.
Puedes tener cierta cautela y cierta responsabilidad con ello.
Y yo intento hacerlo.
Es más, si yo hay un día que estoy mal, pues de vez en cuando sí que publico.
Oye, hoy no estoy pasando por una buena época,
pero yo no estoy grabando mi minuto a minuto de mira, hoy me ha pasado esto.
Hoy tengo ansiedad.
También porque a veces igual no te apetece compartirlo por lo que sea,
porque prefieres contarlo a toro pasado, que es lo que me pasa a mí.
Yo prefiero contar mis sufrimientos, por así decirlo,
cuando ya han pasado, no cuando lo estoy sufriendo,
porque es como que me angustia más.
Y que las personas que te escuchan o las personas que te ven
no siempre están en el mismo estado emocional.
Entonces a veces hay contenido y cuando tú estás en un estado emocional triste,
lo habitas o lo vives desde una manera un poco más dolorosa
porque sientes esa ausencia en tu vida respecto a lo que estás viendo.
Hay otros momentos en los que estás feliz.
Eso te daña menos o te impacta menos.
O sea, no siempre estamos igual de vulnerables.
Y sobre todo que cuando estás vulnerable,
lo último que te apetece es recibir hostilidad
y las redes pueden ser un lugar muy hostil.
O demasiada alegría en la vida de otros que a lo mejor te hace sentir
un vacío más fuerte a nivel interno.
Exacto. Y eso relacionado con la Navidad, que tú estés viendo en Instagram,
que tu influencer favorita está publicando, que le han regalado mil cosas,
que está con su familia, con amigos, que tiene unas Navidades de ensueño,
no significa que sus Navidades verdaderamente sean de ensueño,
porque igual por dentro ella está sufriendo una batalla
que tú no estás conociendo.
Igual tiene ansiedad, tiene depresión, ha perdido a alguien y tú no lo sabes.
Tiene problemas en el trabajo con su pareja.
No lo sabemos.
Entonces es lo que tú dices, la mentalidad.
Y casi seguro que pasan cosas de estas, quiero decirte.
Es decir, hay ocho sabores en la vida que yo siempre digo,
que es el éxito y el fracaso, el placer y el dolor,
las alabanzas y el rechazo, las ganancias y las pérdidas.
Punto. Y esos ocho sabores están en un bebé, en un anciano,
en una persona súper exitosa influencer
y en una persona que es normal andar por casa de su barrio.
Sí, total. Todos tenemos esos ocho sabores.
Entonces no somos bichos raros ni perros verdes
por experimentar ciertas emociones ni ciertos estados.
Pero claro, es normal que en redes sociales es un trabajo,
es un escaparate, es una herramienta para...
Y nadie comparte sus malos momentos.
Quiero decir, tú lo que te van a hacer compartir
es lo bueno, lo abundante.
Entonces es lo que tú dices, es un escaparate.
Hasta cuando compartimos los malos momentos en redes sociales está editado.
Es decir, estás eligiendo cuándo compartirlo, cómo compartirlo y tal.
Es decir, no es del 100% auténtico,
aunque tú quieras hacerlo 100% auténtico, porque estás eligiendo publicarlo.
Exacto.
Ya eso es un filtro importante a tener en cuenta para quien lo consume.
Y porque nadie está en tu cabeza.
Aunque tú muestres algo, tu cabeza es un mundo.
Tú no sabes lo que la gente piensa o siente.
Entonces relacionándolo con la Navidad, al final, evidentemente,
tú te vas a comparar con la Navidad del resto porque lo estás viendo,
porque tienes un montón de estímulos.
Entonces, oye, si estas Navidades van a ser difíciles para ti
y sabes que exponerte a redes sociales te va a hacer daño,
desinstalate esos días las redes sociales.
Esa noche de Nochebuena, que sabes que va a ser dura para ti.
Apaga el teléfono móvil, apártalo, ponte una película, cena algo rico.
No pases la noche comparándote con los demás.
Y prepárate. Es muy importante, y eso es lo que hablábamos al principio,
de lo difícil que es a veces hacer una pausa en la vida para prepararnos.
Si estamos pasando un momento difícil, si estamos en una etapa de vida difícil,
aunque suene un poco raro, planifica un poco los días de Navidad.
Es decir, para mí es muy importante entender que nuestro sistema
inmunitario, psicológico, son la acumulación de emociones de calma,
de conexión, de tranquilidad.
Pues a lo mejor si para ti la Nochebuena o la Navidad o reunirte con la familia
o cualquier circunstancia que ocurra en ese contexto es difícil para ti.
Asegúrate que los días antes te metes un buen chute
de paseos por el campo si te gustan o de escuchar la música que te encanta
o de tener la comida rica que te gusta o bailar si es lo que te encanta
o pintar si es lo que te encanta.
Asegúrate de tener una buena dosis de todo lo que a ti te nutre
para poder llegar a ese día satisfecha, llena,
con tu cuenta bancaria emocional, ¿sabes?, saneada, saneada.
Totalmente, es verdad.
A mí esto me recuerda un poco a cuando, por ejemplo,
yo era más adolescente y llegaba al fin de semana
y yo quizás no tenía amigas con las que salir o mis amigas ya tenían plan
y yo me sentía muy sola.
Entonces me metía en redes y veía cómo todas estaban de fiesta con amigos.
Para mí eso era mortal.
Me puedo imaginar.
Entonces yo llegaba al fin de semana y es que lo que hacía era
yo me daba un baño porque yo soy muy de baño con mis sales, con mis cosas
y apartaba el móvil y decía no quiero saber nada de nadie,
no quiero hablar con nadie, porque es que el recrearme en esa escasez,
que en el fondo no es escasez, porque todo se ve,
cómo se dice, el jardín se ve más verde desde el otro lado,
el césped se ve más verde desde el otro lado,
porque al final tú estás solamente viendo eso, la parte que te falta,
pero no lo que tienes.
Igual hay personas que darían la vida por tener la vida que tienes tú
y tú no te das cuenta y te estás quejando por cosas
que para otras personas son súper valiosas.
Siempre nos vamos a fijar en lo que nos falta, no en lo que tenemos.
Y en las navidades pasa igual.
Siempre te vas a fijar en yo no tengo un montón de regalos estas navidades.
Ya, pero es que igual tienes una familia maravillosa.
Ojo, es que yo estas navidades no hay la cena que a mí me gusta.
Ya, pero igual tienes salud mental.
Mira, de hecho, hay un concepto que a mí parece muy interesante
que se ha hablado, pero que quizá no hemos reparado y profundizado en exceso,
que es la gratitud.
Sí, el sentimiento de gratitud, o sea, el sentimiento de gratitud
que nos ayuda.
Tenemos que ser todos conscientes que en el fondo lo que queremos
es que por nuestro torrente sanguíneo corra a tope la oxitocina
y la serotonina y que sabemos que cuando hay suficiente oxitocina
y serotonina, nos sentimos muchísimo mejor con nosotras mismas
y con nosotros mismos.
Por tanto, qué importante es tener hábitos que estimulan
ese tipo de neurotransmisores en nuestro organismo.
Sí, la gratitud, dar gracias,
es un concepto que puede parecer como un poco cliché,
pero realmente nos ayuda muchísimo
a despertar a esa ley de la abundancia frente a la escasez.
Yo tengo un ejercicio que si quieres lo podemos hacer en directo.
En vivo y en directo.
Te animo a hacer gratitud.
Pues claro que me animo.
Yo creo que este ejercicio, que lo utilizo muchas veces con pacientes,
tiene el objetivo de poder aplicarlo, utilizarlo estos días de Navidad.
Venga, vamos, atentos, porque esto nos puede servir.
Vale, lo primero que quiero que conectes es con las tres cosas buenas
que sientes que te han pasado este año.
Vale, tres cosas buenas que han pasado este año.
Vale, no tienen que ser tan específicas.
Puede ser igual algo más general en el sentido de esa sensación de,
por ejemplo, agradecida de tener una familia.
Por ejemplo, tres cosas buenas que te han pasado este año,
este 2024, y que eres como que te vienen pa' cuando lo piensas, que te conectan.
Las tengo, las tengo.
Cuando las tengamos, es muy importante que vayamos reparando una a una
y vayamos como sintiéndolas en el cuerpo.
No es pensarlas, es sentirlas.
Es distinto pensar que sentir, es sentirlas.
Vale, sí, las siento.
OK, luego, tres personas a las que agradeces profundamente
que hayan estado este año en tu vida.
Bueno, bueno, empezamos ya con la lagrimita.
Sí, sí, sí, las tengo, las tengo.
¿Las tienes claras?
Claro, sí.
Igual. A ver, ¿sabes qué pasa?
Que es que entonces alguna se me queda fuera y yo eso no lo puedo hacerlo.
Porque igual son cuatro.
No pasa nada que sean cuatro.
Vale.
Perfecto, son cinco, tampoco pasa nada.
Tampoco hagamos una lista eterna.
No, porque entonces no es creíble tampoco.
Pero de tres a cinco me parece OK.
Vale, perfecto.
Voy pasando una a una igual.
Y cuando pienso en esa persona, la siento.
O sea, siento lo que me da, siento como me hace sentir.
¿De acuerdo?
Y por último, tres cosas que han sido,
que han existido por ti, que has hecho que sean posibles.
Tres cosas de las que te sientas orgullosa.
Vale.
¿Tres?
Tres.
Y no tienen que ser súper importantes.
¿OK? O sea, no lo idealicemos.
Claro, no tiene que ser he conseguido un premio.
Puede ser una decisión que has tomado o una iniciativa que has tenido.
O simplemente seas...
O un mantenerte en un lugar, ¿sabes?
O si has tenido una época difícil, el haber conseguido salir adelante
y llevar tu día a día con cierta normalidad, que eso ya es suficiente.
Perfecto, totalmente.
Entonces, ¿qué estamos haciendo?
Estamos aprendiendo a entrenar nuestra mente.
Al agradecimiento.
Para tener, claro, pensamientos positivos y agradables.
Entonces, tres cosas de las que estás agradecido de tu vida.
Eso es.
Tres personas que agradeces que estén en tu vida.
Que hayan estado en 2024 en tu vida.
Y tres cosas de las que te hayas sentido orgullosa en tu vida.
Que has hecho tú por ti misma.
Si hay alguna que no conectas, o sea, por ejemplo,
imagínate, hay personas que te dicen,
pues es que yo no tengo tres cosas de las que me siento orgullosa.
Eso generalmente tiene que ver con un punto de exigencia.
Es que eso es lo que me pasa a mí.
Que está guay, porque entonces yo me doy cuenta
de que tengo ahí un punto exigente que no me permito dar valor
a cosas sencillas y cotidianas que han sido o que he hecho yo solita.
Entonces, es una toma de conciencia nada más.
Pues eso lo tendré que trabajar más.
Rebajar un poquito el exigente y decir, oye,
pues igual yo este año, aunque no haya hecho deporte todos los días,
pues de vez en cuando he salido a correr.
Aunque sé que me cuesta muchísimo, pues oye.
Y hay personas que a mí me han comentado,
yo levantarme por las mañanas y pararme a pensar en tres cosas
de las que estoy agradecida en mi vida,
es que me conecta en un mood distinto,
que me ayuda a enfrentar el día y cuando no lo hago lo noto.
Y te hace ver las cosas desde la perspectiva,
como hemos dicho antes, de la abundancia y no de la escasez.
Es un entrenamiento.
O sea, nuestro cerebro lo vamos diseñando.
Somos los arquitectos de nuestro cerebro.
Si yo no tengo, por la racha que lleve, por mis hábitos, por lo que sea,
si no tengo un hábito de pensar cosas positivas y agradables,
me va a afectar anímicamente.
Pero al mismo tiempo, si estás sintiendo algo que catalogamos como negativo
o algo que te revuelva.
Acéptalo.
Hay que aceptarlo.
Dale espacio.
Exacto.
Y no porque sea navidad.
Hay que luchar contra ello.
Eso no quiere decir querer construir pensamientos de agradecimiento,
pensamientos positivos.
No quiere decir en absoluto, muy buen apunte,
que tengamos que cohibir, restringir o evitar las emociones negativas.
Es que para mí eso es muy difícil, Bárbara.
Ambas cosas pueden convivir.
Claro, cuando a mí, por ejemplo, me dicen,
eso, tienes que entrenar el pensamiento positivo,
tienes que pensar más de manera optimista.
Cuando estás hecha mierda, por así decirlo,
claro, alguien te dice, tienes que aceptarlo,
pero luego tienes que pensar en positivo.
Entonces, tú no sabes hasta qué punto aceptar o pensar en positivo,
porque sientes que pensar en positivo es rechazar lo que estás sintiendo.
De hecho, es muy importante que entendamos
que las emociones positivas y negativas no son un continuo.
En un extremo están las positivas y en otro están las negativas.
No, no, no.
Son dos líneas distintas.
Vale.
Entonces, ¿eso qué quiere decir?
Que yo tenga baja las emociones negativas
no quiere decir que yo tenga emociones positivas.
Yo puedo simplemente no sentirme mal,
pero tampoco estar como súper alegre, súper feliz.
Superpletórica.
Estoy tranquila, serena, ¿vale?
Son dos cosas distintas.
Por tanto, es muy importante entender
las emociones negativas se gestionan,
o las emociones difíciles, ¿vale?
Odio la palabra negativo.
Las emociones difíciles se gestionan desde el espacio,
la escucha, el amor a uno mismo.
La compasión.
Encontrar las necesidades que hay detrás de eso y la compasión.
Las emociones positivas se tienen que entrenar,
porque son un modo de enfrentar la vida, de pensar.
El optimismo, que se entrena, ¿vale?
Es uno de los factores de mayor resiliencia en el ser humano.
Es decir, las personas optimistas se ha comprobado
que tienden a vivir más años.
Y hay gente que lo puede tener más por naturaleza.
Sí.
Hay gente que lo tiene que entrenar un poquito más.
No sé si es naturaleza.
Habrá una parte de genética, sin duda, seguro.
Hay una parte también que está muy vinculada a la crianza,
a los apegos que tú has recibido,
a muchas circunstancias de vida que tú has acumulado.
Sí, claro.
Mira, me gustaría pasar un poco a un bloque
que me parece muy importante y yo quería poner encima de la mesa,
porque sé que las Navidades pueden ser una época muy difícil
para las personas que sufren con la autoimagen,
con el físico, con la comida,
las personas que pueden tener algún trastorno de la conducta alimentaria.
Es una época en la que la comida está en el centro de la celebración.
Súper importante.
Entonces, claro, para una persona que tiene un TCA,
o que ya no hace falta que llegues a tener un TCA,
pero que igual tienes conductas con la comida que no son muy sanas,
te sientes culpable al comer, con el cuerpo, exacto,
de pronto lo ves con miedo.
Llega la noche de Nochebuena y ves toda la comida
e igual te apetece, porque tú quieres comer,
porque tú te quieres comer un polvorón, un turrón o lo que haga falta,
pero te cohíbes, no lo haces, lo compensas,
y no hace falta que sea algo que se catalogue como un TCA como tal,
sino simplemente ideas que tenemos súper normalizadas,
especialmente mujeres jóvenes, que no son normales,
que la primera que las tiene normalizadas soy yo, ejemplo.
Si igual en Nochebuena ceno un montón y me siento culpable
porque he comido turrones y polvorones,
pues al día siguiente no como en todo el día.
Y tú puedes pensar, eso es normal porque estoy compensando.
No es normal, porque al final lo que estás haciendo es catalogar
el comer como algo negativo y esa culpabilidad la estás compensando
con una restricción que no es sana,
porque no comer en todo el día no es sano, ¿no?
Mira, o sea, totalmente.
Varias cosas ahí, por un lado,
todo lo que tiene que ver con trastornos de la conducta alimentaria
o si no hay un diagnóstico, simplemente un tonteo, ¿no?
Con esa comida o con esa imagen, un tonteo.
O sea, es muy importante entender que es mucho más profundo
que las personas que tienen estos síntomas
no es un tema solo relacionado con el cuerpo,
con la imagen, con la estética, ¿vale?
No, es mucho más profundo.
Es decir, es un problema que hay,
o bien con la regulación emocional,
o bien porque hay personas que están controlando sus emociones negativas,
restringiendo sus emociones negativas y lo hacen a través de la comida.
O sea, ese control que ejercen sobre la comida
les da una sensación de plenitud y de bienestar,
porque es como estar restringiendo una necesidad o una emoción, ¿vale?
O dos, porque hay una inseguridad o hay un deseo de agradar,
un deseo siempre de ser aprobada, de ser valorada, de ser amada,
que lo traspasas a la comida.
La comida es algo que está muy vinculado a emociones.
Sí, y la gente no es consciente.
Y la gente no es consciente.
Entonces, que no pensemos que el comentario típico de,
pero si tú estás fenomenal,
¿cómo puede ser que estés preocupada por eso?
Pero qué tonta, si estás estupenda.
Que esto no va de eso.
No, esto va mucho más allá.
Esto va mucho más profundo.
Entonces, es muy importante que si hay un problema de este tipo en la familia,
creo que todos tenemos la responsabilidad de informarnos y formarnos
qué hay detrás de eso.
Y más ahora en Navidades.
Sí, para no quedarnos en la superficie, no forzar a comer,
no hacer comentarios sobre el físico, sobre la imagen.
O sea, todo eso es súper importante.
Y para la persona que lo sufre, yo le diría varias cosas.
Por un lado, igual que decíamos antes,
hoy estos días estate especial pendiente de tus emociones.
¿Para qué? Para que no se incendien.
Para que no llegues a incendiarlas.
Regula, busca actividades que te hagan sentirte en calma,
que te desahoguen, que te hagan sentirte mejor contigo misma
para poder enfrentar con mayor solvencia el momento de la cena.
Sobre todo, quizá no es bueno las sobremesas.
Quizá se les debe de permitir a estas personas que no haya comida en la sobremesa.
El resto de polvorones, de turrones.
Al final es una tentación que todo el rato tienes el ojo puesto en el polvorón
y que ya ni te centras en la conversación.
Y luego, animar a que no tenemos por qué hacer un atracón de una comida de Navidad.
No tenemos por qué hacer un atracón de una noche buena.
Quiero decirte, la comida, fenomenal, es un símbolo de festejo,
pero a lo mejor yo puedo centrarme en la calidad de la conversación,
en disfrutar de la gente con la que estoy,
en celebrar la familia, en celebrar el entorno.
Y la comida, bueno, pues regularla.
O sea, no comer emocionalmente.
Comer por necesidad física, y para eso la ansiedad tiene que bajar.
A veces la alegría, la alegría es un disparador de la ansiedad.
Estoy tan contenta que la ansiedad se me dispara,
y entonces lo pago con la comida.
Necesito estar en mí, necesito bajar todo ese nivel de activación,
sea ansiedad, sea alegría, estar serena.
Y la serenidad es una emoción que me va a ayudar un montón
en la regulación de la comida.
Pero sobre todo también me gustaría puntualizar
para esas personas que le tienen miedo a la comida.
Quizás ya no tanto, porque estamos un poco en los dos extremos.
La persona que come por ansiedad, es decir,
la persona que paga esa ansiedad o intenta mitigarla comiendo,
y la persona que le pasa todo lo contrario,
que igual ve la comida como un enemigo,
y no se permite siquiera en esas fechas tan especiales
darse lo que se podría entrecomillar,
porque a mí no me parece bien esta expresión,
un capricho.
No es un capricho, quiero decir,
evidentemente no podemos estar todo el día comiendo polvorones,
turrones, donuts, claro que no,
porque no es sano para nuestro organismo.
Pero no es una comida enemiga,
y si para disfrutar de las navidades
tú disfrutas en el fondo comiéndote un polvorón
y no lo estás haciendo por el miedo a engordar,
por el amor de Dios,
o sea, que la vida es muy corta,
no puedes restringirte de esa manera
solamente por el miedo a algo que además, quiero decir,
realmente es tan importante coger o bajar unos kilos,
somos humanos, evidentemente vamos a fluctuar.
Y aquí me vendrá mucha gente a decirme
no, pero entonces estabas fomentando la obesidad y no sé qué.
No, por supuesto que no.
Evidentemente hablamos con un control
en el sentido de, con un equilibrio más que control,
pero no te puedes tú frenar a tener esas pequeñas cosas
que te dan felicidad por el miedo a que tenga una repercusión física.
Mira, yo creo que en la época de Navidad
quizá no es el mejor terreno para hacer ningún avance
en tus dificultades para la comida.
Es decir, es como si tú, cuando uno esquía,
sabes que hay pistas verdes, azules, rojas y negras
en nivel de dificultad.
Para mí la Navidad,
para una persona con problemas de alimentación
o que está tonteando con esta dificultad,
es una pista negra.
Es muy difícil.
Al igual que lo es el verano,
porque son dos épocas del año jorobadas
para las personas que tienen una relación complicada
con el cuerpo o con la comida.
Entonces es muy importante sostener ese tiempo,
es decir, pasar por ese tiempo sin que te descompenses,
sin que te afecte en exceso.
Y luego tienes el resto del año en pistas un poco más fáciles
para trabajar qué está pasando conmigo,
qué está pasando con mis emociones,
por qué para mí el control de la comida
me da tranquilidad, me da satisfacción,
qué estoy intentando controlar.
¿Qué hay detrás de eso?
¿Cuántas veces has tenido que contener emocionalmente en tu vida?
¿Cuántas veces has tenido que esconder una emoción negativa
por miedo a preocupar,
porque no te estaban dando espacio para expresarla?
O sea, algo está ahí detrás,
que hay que trabajarlo en épocas más fáciles para la persona.
Claro, en esa época simplemente...
Sostente.
Sostente, exacto.
Sobrevive, entre comillas.
Haz un plan para poder nutrirte de cosas que te hagan feliz,
que te hagan sentirse segura,
rodearte de gente que te haga sentirte bien,
todo eso, por supuesto,
pero sostente.
Absolutamente, absolutamente.
Y es que además esta época es muy complicada
porque nos solemos reencontrar
con personas que igual hace mucho tiempo que no vemos
y siempre en Navidades
cae el típico comentario de
¿Has cogido peso? Hoy estás más gordita.
Hoy has adelgazado. Niña, come más.
Niña, come menos. ¿Te vas a comer todo eso?
Por favor,
stop los comentarios sobre el físico de los demás
en las celebraciones especialmente,
pero en Navidad se acabó.
Nunca sabes por lo que puede estar pasando alguien.
Tú no sabes si esa persona lleva todo el año
lidiando con un TCA,
si ha cogido peso porque está deprimida,
si lo ha perdido porque tiene ansiedad.
No lo sabemos.
Entonces esos comentarios
es un comentario que para ti igual es un segundo de comentario
y para esa persona repercute durante años.
Mira, yo aquí no voy a ser nada
equilibrada en mi comentario.
Yo sometería a estas personas a trabajos forzados
o algún tipo de multa.
Es decir,
es que no somos conscientes del daño
que podemos hacer con ese tipo de comentarios.
A lo mejor familiares más mayores
que lo dicen como en toda naturalidad.
Ay, vaya, pues parece que estás más gordita, ¿no?
O vaya, parece que has cogido algo de peso
y que te salen rayos que podrías atravesar
perfectamente a esa persona en ese momento.
O sea, eso no se hace.
O sea, no se hace porque puede ocasionar
muchísima inseguridad,
mucha autocrítica, disparar.
Y parece un comentario inocente.
Y la dejas incómoda esa persona toda la noche.
E igual meses.
E igual meses, efectivamente.
Para mí es muy importante, evidentemente,
avisar, acostumbrar a la gente
que no se hacen comentarios sobre el físico,
que no se hacen comentarios sobre los cuerpos,
que hay diversidad enorme de cuerpos.
Que lo importante es que un cuerpo sea sano.
Sano.
Y una vez que un cuerpo es sano,
tendrá millones de formas distintas
porque hay millones de cuerpos distintos.
Pero que un cuerpo sea el resultado de estar feliz,
de estar en bienestar, de estar en equilibrio,
de tener buenos hábitos.
Y que el resultado sea el que tenga que ser.
Y que eso es lo que tenemos que trabajar en aceptar.
Que este es el resultado de mi cuerpo,
ese es el resultado de buenos hábitos.
Tu cuerpo es así, es así, es así.
Y no eres menos sana porque en Navidades
te comas un polvorón o te comas un tour.
O sea, faltaría más.
Quiero decir, es que a mí esto me ha pasado.
Yo llegaba a Nochebuena,
nunca he llegado a tener un TCA,
pero sí he tonteado, como tú bien has dicho,
con esas cositas.
Yo llegaba a la Navidad
y a mí me daba pánico la mesa.
Porque era como un polvorón, un turrón.
Claro, yo quería comer,
pero al mismo tiempo eran los enemigos.
Porque era como de, voy a engordar.
Cuando además yo estaba muy delgada.
O sea, yo distorsionaba completamente
la realidad de mi físico.
Yo me veía al espejo y me veía gorda.
Es que es terrible.
O sea, ya ahora con perspectiva
miro hacia atrás y digo, qué barbaridad.
Pero yo y amigas mías también que decías,
¿cómo es posible que lleváramos tanto tiempo
tan preocupadas por algo que además no era real?
Porque quiere decir,
es que estábamos perfectamente sanas y estupendas.
¿Nos podíamos permitir ese polvorón?
Permitir, entiéndeme.
Con creces.
Pero aún así era como, no.
Oye, que tú no eres menos sana
porque te tomes un polvorón.
Que no te va a pasar nada.
Que si coges un par de kilos en Navidad,
no pasa nada.
O sea, eres humana.
Totalmente.
Sobre todo porque al ser una conducta
que está derivada de la autoexigencia.
Exacto.
De querer ser perfecta.
De querer estar siempre perfecta.
Guapísima, ideal.
Y sobre todo darnos cuenta
que al final todas esas conductas
esconden algo muy importante
y es siempre querer estar ideal para los demás.
Siempre estar para los demás.
O sea, yo siempre digo
que las actividades que hacemos en el día a día
las podemos dividir en dos grandes bloques.
Actividades que me dan energía
o actividades en las que tengo que poner energía.
Y es muy importante que nos aseguremos
que tenemos una buena dosis de actividades
que me dan energía.
No puedo estar siempre en el dar yo a los demás energía.
O siempre estar con placer
en el ofrecerme, en la generosidad,
en el responsabilizarme de los problemas de otros.
No puedo estar siempre en el dar
porque llega un momento en que me vacío.
Total.
Entonces necesito también el recibir.
Cuando yo me coloco en el merecimiento
yo también tengo derecho, ¿sabes?
A estar en mí, a ser imperfecta,
a que los demás estén pendientes,
también un poco de mí me cuiden.
Total.
A exigir también cariño
en el sentido positivo de la palabra.
En el sentido de tengo derecho y merecimiento
de ser una persona importante para la vida de los demás.
Llega un momento en que esas creencias
sobre que tienes que ser perfecta en tu físico
te importan cada vez menos.
Totalmente.
Yo eso lo he ido notando,
que fíjate que tampoco soy tan mayor,
pero he ido creciendo y sé que, por ejemplo,
veo una gran diferencia de cuando tenía 18 años a ahora.
Antes el físico me importaba infinitamente más.
Pero una barbaridad.
Me hacía yo muchas más fotos a mí misma.
Me recreaba mucho más en mi físico,
en estar guapa, en exponer.
Mirad qué guapa estoy.
Me preocupaba mucho salir bien en la foto,
que me vieran bien, qué tal.
Ahora es que realmente ha pasado a un segundo plano.
Sigue siendo importante, os mentiría si os dijera que no.
Y más cuando estoy aquí maquillada como una puerta.
Pero es un cambio.
No es lo mismo querer estar saludable,
querer estar sana,
querer verte guapa dentro de tus circunstancias de cada uno.
Quiero decirte, compararte con un cliché.
Absolutamente.
Compararte con una imagen estereotipada.
O obsesionarte.
O con una belleza que tú ves en redes sociales
como muy determinada.
Y que eso sea como tu core, tu centro.
Todos queremos vernos bien.
Y es importante tener confianza en lo mismo
y sentirse bien con lo mismo.
Nadie está diciendo que no.
Pero la obsesión es lo que hace daño.
Y lo que has dicho antes me parece importantísimo
porque me recuerda mucho a lo de los síntomas de la ansiedad.
Nos centramos mucho en el síntoma,
en la taquicardia, en el mareo, al igual que aquí.
Nos centramos en el problema con la comida.
¿Pero qué esconde detrás?
¿Qué hay detrás?
Eso es lo más importante.
Una autoexigencia, un perfeccionismo.
El problema con la comida solo es el termómetro.
Es la temperatura.
Tienes 39, fiebre.
Mira, ese es el síntoma.
¿Pero qué hay detrás para tener esa fiebre?
Eso es importantísimo, completamente.
Y ahora vamos a pasar al último bloque
de este episodio de podcast, que es un tema muy delicado,
pero siento que se habla poco
y me parecía muy importante ponerlo encima de la mesa
en este episodio.
Y es el duelo en la Navidad.
No podemos obviar que llega la Navidad
y para muchas personas va a haber una mesa,
para muchas personas va a haber una silla vacía.
Y eso es algo que pesa mucho
porque las Navidades son una época
en la que todo el mundo se reencuentra,
una época de amor, de familia.
Y claro, esa falta hace mucho daño y está ahí.
Entonces, ¿cómo podemos navegar esa ausencia
o esa silla vacía?
Madre mía, es un tema profundo, ¿no?
Yo creo que la muerte, cuando hablamos de un duelo,
porque hay muchos tipos de duelo, ¿no?
Si podemos tener un duelo
en cuanto a que a lo mejor son las primeras Navidades
en las que mi familia y mis padres han separado
o que yo me he separado, ¿no?
O una pérdida de un trabajo, o de un estatus,
hay muchos tipos de duelo porque duelo es pérdida,
y hay muchos tipos de pérdidas, ¿no?
O de salud, por ejemplo, también.
Pero cuando es una pérdida de un ser querido,
yo creo que es muy, muy importante,
por un lado, la espiritualidad.
Es decir, ¿qué relación tengo yo con la muerte?
Tengo creencias religiosas,
las creencias religiosas, por ejemplo,
yo creo que son un factor de protección
bastante importante para muchas personas
que han perdido a alguien.
Pero si no tienes ese factor de protección,
¿por qué no tienes...?
Claro, si no tienes ese factor de protección,
creo que es muy importante varias cosas.
Primero, en qué fase del duelo te encuentras.
No todas las fases del duelo
son igual de agitadas o de serenas, ¿no?
Las primeras fases son quizás las más convulsas,
donde puede haber ira,
puede haber mucha negación, mucho enfado,
mucha tristeza, mucho dolor, ¿no?
Hay mucha agitación emocional.
Para las personas que se encuentran en esa fase,
desde luego, yo creo que hay varios tips importantísimos.
La primera de ellas es,
quizás es un buen momento para crear rituales nuevos.
Quizás es un buen momento para no hacer lo mismo
que he hecho durante los últimos años en Navidad,
cuando esa persona así estaba.
Quizás es un momento para crear un nuevo ritual
que sea coherente con el estado emocional en el que estoy,
que a mí me venga bien,
que esté conectado con lo que a mí me alivia,
con lo que da sentido en este momento a estas Navidades.
Ya habrá otras Navidades en las que a lo mejor
quieras recuperar esos rituales de antes o lo que sea,
pero quizás es un buen momento para hacer un ritual nuevo
o una manera de festejar nueva y diferente, ¿no?
Exacto.
O hacer un ritual para honrar a esa persona que no está, ¿no?
Depende de la personalidad de cada uno.
Hay personas que cuando fallece alguien
no pueden ni hablar del tema, no quieren hablar del tema.
Entonces, igual llegan las Navidades
y lo que quieren es estar solos y aislarse.
Completamente comprensible y aceptable.
Y luego hay personas que quieren homenajear,
que al revés, se quieren juntar
y quieren hacer, como tú has dicho, un ritual, quizás...
Y no tenemos que forzar.
No tenemos que forzar.
Y sobre todo, cada persona lleva el duelo a su manera.
Y eso no significa que una lo esté sufriendo más que otra.
Es decir, si tú en Navidades ves que tu primo está celebrando
la Navidad y se le ve aparentemente feliz,
mientras que tú lo único que quieres es estar solo,
no significa igual que tu primo esté sufriendo menos.
Igual él necesita el contacto social y necesita estar con
gente para llevar ese duelo, mientras que tú lo único que
quieres es estar solo.
Cada uno lo lleva a su manera.
Y sobre todo, me parece muy importante recordar que
solamente muere quien se olvida.
Mientras tú tengas a esa persona en mente y en tu corazón,
tengas un recuerdo con esa persona,
no se está olvidando.
Esa persona sigue ahí.
Incluso en la mesa de Navidad, aunque la silla esté vacía,
tú sigues teniendo a esa persona contigo.
Y lo que para mí también es muy importante,
y a mí me sirvió mucho cuando perdí a mis padres,
aprender a amarte como ellos lo hacían.
Para mí ha sido el gran regalo que yo me hice a mí misma
cuando perdí a mis padres.
Aprender a amarme como ellos me amaban.
Porque cuando hay un duelo, muchas veces el duelo
evidentemente la pérdida de esa persona,
pero también la pérdida de su amor.
La pérdida de cómo te miraban, de cómo te trataban,
de los consejos que te daban.
Hay una pérdida muy importante de la calidad de vínculo.
Entonces, cuando tú tienes todo eso ya introyectado,
pero cuando has pasado mucho tiempo al lado de una persona,
tú ya te la conoces, ¿no?
Pues aprender a seguir tratándote, cuidándote,
hablándote como ellos te hubieran dicho,
como ellos hubieran querido, como ellos te amaban.
Para mí eso ha sido el mejor regalo que yo me pude dar
tras el fallecimiento de mis padres.
Y yo creo que al final cada uno construye su herramienta,
su filosofía, aquello que te ayuda a manejar.
Y es tan diverso y es tan importante que además
dediquemos tiempo a pensar cómo a mí me puede aliviar,
cómo a mí me puede ayudar, cómo puedo honrar a esta persona
y cómo puedo, sobre todo, aprender a amarme
o llevarle cerca para seguir sintiendo
la manera que tenía de amarme.
Eso yo creo que es importantísimo en estas fechas.
Total, y al final es una perspectiva muy optimista también,
porque yo creo que tanto tú como yo somos muy optimistas,
pero quizás no para todo el mundo es tan fácil
llevarlo a ese terreno.
Y también está bien, quiero decir,
si estas navidades te falta alguien,
y estás pesimista total.
O quieres estar solo o no quieres celebrar la Navidad.
Ya habrá más años, ya habrá otros momentos, ¿no?
Claro, exacto, pero hay gente,
hay mucha gente que le coge mucha manía a la Navidad
porque falta alguien.
Y en el momento en el que falta esa persona,
la Navidad ya no tiene sentido.
Y yo lo entiendo, porque yo muchas veces lo pienso y digo,
joder, si a mí me faltara, por ejemplo, mi madre,
que es la persona con la que más comparto la Navidad,
sería muy duro, ¿sabes?
Pues mira, Cris, si te faltara tu madre,
como me pasó a mí en su momento,
al final yo ahí tenía otras personas
que también necesitaban de mi alegría.
Y me necesitaban de alguna manera.
Entonces, es verdad que a veces nos faltan personas
importantes en nuestra vida, pero no olvidemos
que también hay otras muchas que están y que nos necesitan.
Entonces, es muy importante abrir tu conciencia
a todo eso para darte cuenta de que todavía eres necesario,
todavía eres importante y que hay mucha gente
que también te necesita.
Exacto, hay todavía mucho amor que dar
y mucho amor que recibir, pero claramente
las Navidades son una época difícil para esto
y queremos abrazar desde aquí.
Yo creo que este episodio lo hacemos también un poco
para que se sienta como un abrazo a aquellas personas
que igual estas Navidades, pues oye,
no están siendo buenas, no van a ser buenas
y no pasa nada. Y las tienes que llevar
como tú buenamente puedas, como quieras.
Haz de esa Navidad tu Navidad.
No la Navidad de los demás.
No te compares con el resto.
Y sobre todo, que está bien estar mal.
Y que hay que abrazar las emociones difíciles.
No te fuerces a estar bien. No hay nada peor
que forzar una sonrisa o un chiste.
No estoy bien, oye, pues familia, avísalo.
Familia, yo no estoy bien.
Si me veis más callada, si me veis más tal,
es porque no estoy bien.
Y no forcemos, es decir, no forcemos el
no, es que no te puedes quedar sola, pero ¿cómo vas a hacer esto?
Es que fíjate cómo estás, es que fíjate...
O sea, bueno, pues cada persona yo creo que
necesita efectivamente manejar su duelo
a su manera, mientras que sea una forma
respetuosa, ¿no? Y sea una forma
digamos...
adecuada, sana para esa persona, respetémoslo.
Totalmente. De no juzguemos, ¿no?
Si tú estás en un
buen momento vital y a ti lo que te apetece
es celebrar la Navidad
con toda tu familia y con todos tus amigos
y de pronto un integrante te dice
que no va a venir porque quiere estar solo, a ti te va
a fastidiar porque tú estás bien y tú lo que quieres es
juerga. Pero es que te tienes que poner en el lugar
del otro y aceptar que necesita
ese espacio. Tú tienes que construir tu propia juerga
y el otro tiene que construir su propio duelo.
Y yo creo que es importante que cada uno
encuentre la manera también de gestionar
sus emociones a nivel interno y que sepa
manejarse emocionalmente con todas esas frustraciones
que pueden aparecer, ¿no? Completamente.
Así que simplemente eso, esto es un
abrazo para todas aquellas personas
que pues estas Navidades no vayan a ser tan
buenas, vendrán Navidades mejores
y como dice Bárbara, hay mucho amor que dar, mucho
amor que recibir todavía. Gracias
Bárbara como siempre por acompañarme en esta conversación.
No se me ocurre nadie mejor
para hablar de esto y por supuesto
muchísimas gracias a Brave Together de
Maybelline que nos ofrece este espacio para
hablar de algo tan importante como es la
salud mental. Recordamos que ellos
colaboran con el ONG Teléfono de la Esperanza
os dejamos aquí abajo el contacto
para todos aquellos que necesitéis ayuda
y soporte en estos momentos. La verdad que es
un gusto que haya estas iniciativas
de marcas pues tan importantes
para poder hablar de estos temas
porque se necesita y mucho. Así que
gracias también a vosotros y vosotras
por estar aquí escuchando una semana más.
Os mandamos un abrazo muy grande y
Feliz Navidad, estéis bien,
estéis mal, os mandamos mucho amor.
Feliz Navidad.
