Caso PELICOT: "Dominique Pelicot No Es Un Monstruo"

Alex Fidalgo
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3 Visualizaciones de video·19 oct 2024
Ana Carrasco-Conde, la conocida como 'filósofa del mal', reflexiona acerca del terrible caso de Dominique Pelicot, quien drogó repetidamente a su esposa Gisèle e invitó a extraños a unirse a él para v**larla.
Episodio completo: https://www.youtube.com/watch?v=uoaVnkUyag8
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Nos estábamos encaminando hacia el mal, hacia tu gran especialidad, la filósofa del mal.
Es como han acabado refiriéndose a ti.
Ha habido un caso recientemente que ha suscitado mucha conversación acerca del mal y la maldad,
y es un caso sobre el que yo he escuchado hablar a criminólogos, policías, abogados, psicólogos, psiquiatras,
pero yo al menos no he escuchado hablar de ello a una filósofa que es el de Giselle Pellicot,
la mujer de Dominique Pellicot, marido que sometía químicamente a su mujer para que otros hombres abusasen de ella, la violasen.
Estos hombres eran, según parece, gente completamente normal, padres de familia,
y de hecho la propia familia de este señor, de Dominique Pellicot,
se está enfrentando a la locura de conciliar que esta persona tenía esa personalidad monstruosa
con el hecho de que, según parece, fuera de eso era un padre y un marido amantísimo.
Yo te digo yo que si eso no era un padre amantísimo.
Claro, pero creo que lo dice la propia familia.
Pero fíjate todo lo que me has contado y la forma en la que lo has tenido de contarlo,
la forma en la que te has referido a él, es muy habitual, es bastante común,
que cuando alguien hace algo que nos parece impensable, algo que es tremendamente horroroso,
pensamos que es un enfermo mental, que es un monstruo o que es una bestia.
Y eso me parece muy peligroso. ¿Sabes por qué?
Porque en el momento en que decimos que alguien está loco, es una bestia o es un monstruo,
o es un psicópata, si quieres, de repente lo sacamos de lo que son los seres humanos normales.
Porque pensamos que los seres humanos normales no hacemos eso.
Y entonces de repente encontramos ese elemento antagónico que tú me has presentado.
Era un padre maravilloso, pero por otro lado hace esto, que es de generado, de monstruo.
¿Cómo es posible conciliar ambos factores?
De nuevo estamos en un pensamiento muy polar, es más dialéctico, es mucho más complicado que todo eso.
Las formas de comportarnos, de relacionarnos con los demás,
tiene que ver con lo que son dinámicas internas de funcionamiento,
tiene que ver con patrones, tiene que ver con formas en las que siempre nos relacionamos.
Tiene que ver, y esto es una de las cosas que me parecen interesantes,
si tú piensas que es una enfermedad o piensas que eres una bestia o que eres un monstruo,
estás de alguna forma sacando de la ecuación a seres normales, racionales y sensibles
que piensan en lo que se debe hacer, como si el ser humano supiera lo que hay que hacer.
Pero es que el ser humano no tiene por qué saber lo que hay que hacer.
Aprende a vincularse, aprende a relacionarse,
aprende a reconocer a los demás como un medio o a reconocerlos como un fin.
Es algo que se aprende y así te conectas.
De cara a la galería, es verdad que también se aprende a tener cierto tipo de comportamientos.
Tu forma de tratarlos, tu forma de tratarlos a veces como objeto,
tu forma de tratar al abuelo en tu vídeo,
implica también una forma en la que tú objetivizas, conviertes a los demás en cosas.
Por eso te decía, una cosa es ser protagonista de tu vida,
otra cosa es considerar a los demás como actores secundarios o como actores de reparto.
También encontramos la idea de convertir a los demás en un objeto para ti, para tu beneficio.
Y eso no es ni de monstruo, no es ni de bestia y no es ni de loco.
Y esto es lo que hay que pensar. ¿Por qué esto sucede?
¿Porque el mal no tiene que ver con algo deficiente?
¿El mal no tiene que ver con algo que no se piensa?
¿El mal no tiene que ver con algo irracional? En algunos casos sí.
Pero otra vez, el mal está muy bien hecho, está muy bien pensado.
Este hombre pensaba muy bien lo que estaba haciendo.
Sabía lo que estaba haciendo. Tenía una planificación con respecto a lo que estaba haciendo.
Y aquellos que aceptaron hacer ese, lo voy a decir así, uso de su mujer,
también estaban recreando ese patrón de comportamiento según el cual esa mujer,
esa persona era un objeto.
Entonces la cuestión no es preguntarnos...
Claro, es que esto se lo preguntaba Hannah Arendt en Eichmann en Jerusalén.
Y ella decía, bueno, Eichmann no es un monstruo.
Y se lanzaron encima.
Lo que pasa es que no era persona porque no estaba asumiendo realmente las consecuencias de sus actos.
Lo que yo te digo es, esta persona no es un monstruo.
Y sí que estaba meditando lo que estaba haciendo.
Y es esto lo que es insoportable de pensar.
Como hay personas que en su sano juicio son capaces de cosificar a los demás.
Pero en realidad, ¿sabes lo que pasa?
Y esto es lo inquietante, que todos hemos cosificado a alguien alguna vez.
Por ejemplo, cuando tenemos un mal día, todos hemos tenido un mal día y lo pagamos.
Por ejemplo, yo he tenido un mal día hoy contigo.
Me cruzo contigo en el metro y te doy un golpe y digo, joder este tío.
De repente el otro se convierte en un obstáculo, se convierte en una cosa, me cago en... perdón.
Entonces me parece que son dinámicas que tenemos que enfrentar.
Y que este tipo de casos, lejos de...
Es verdad que son como momentos en los que vemos concretizado un tipo de mal.
Pero me parece que son ocasión para repensarnos como sociedad.
Justamente porque el mal, tal y como yo lo entiendo, es una dinámica relacional.
Haces el mal a alguien porque le ves de una determinada manera.
Por supuesto, este hombre no consideraba que su mujer tuviera sentimientos.
No consideraba que estuvieran en el mismo estatuto que los suyos.
Seguramente no consideraría que, dado que estaba dormida no se enteraba, fuera malo.
Pero en realidad sí sabía que era malo porque lo estaba ocultando.
La dormía y lo ocultaba.
Entonces me parece que habría que dar una vuelta a cuáles son las condiciones de posibilidad
por las cuales una persona considera que otra puede ser un objeto.
Daniel Verdú en El País escribe esto, que si me permites te voy a leer sobre ese caso.
Los psiquiatras más que a la caricatura del monstruo, a la idea moral del mal,
atribuyen el comportamiento de Pellicot al denominado clivaje.
Un fenómeno de autodefensa que se desarrolla en los primeros años de vida
para protegerse de una fuerte ansiedad generada por la distorsión
entre la imagen que querríamos mandar a los demás y lo que somos realmente.
Y ese mecanismo de protección de uno mismo explica que ese hombre tuviera una cara A y una cara B
y que a su familia solo mostrase la A, incluida a su esposa,
que tuvo que dormirla para que no la viera.
Para la familia sería mucho más fácil si ese hombre hubiera sido un mal padre,
pegase a sus hijos, hubiera sido un marido desinteresado.
Pero no, era un gran padre, un vecino formidable y su esposa le adoraba.
Se cayeron todos de un piso 36.
Claro, pero sin querer discutir con psiquiatras que ese es su campo de trabajo.
Es posible que las evaluaciones que le hayan hecho a este personaje,
que yo desde luego no he tenido acceso a ellas,
tenga algún tipo de problema con respecto a su formación cuando era un infante.
Pero el proceso en el que el sujeto se convierte en sujeto, se custodia la identidad,
tiene que ver con aquello que se vive y con dinámicas que se repiten.
Son modelos internos de funcionamiento.
Entonces creo que efectivamente puede haber personas que hayan tenido algún tipo de patología,
pero me parece que abusar de este tipo de explicaciones
lo que hacen es convertir a estas personas en enfermos de alguna manera.
Y la cuestión es que las personas que pagaron por abusar de su mujer,
también eran todos enfermos.
¿Cuántos enfermos hay en la sociedad?
Estamos todos locos.
Un psiquiatra te dirá que es posible que sí, que estamos todos locos.
Pero me parece que es interesante ver cómo en estos procesos
en los que nos vamos conformando como personas y nos conformamos con los demás,
fíjate, decías tú antes en esa descripción, tiene que ver con mecanismos de defensa.
Esto es interesante.
¿Mecanismos de defensa con respecto a qué?
Primero, cuidado con esta explicación porque nos puede llevar a justificarlo.
Y no se trata de justificar sus acciones.
Se trata de llegar a comprenderlos.
Entonces, vamos a pensar.
Lo que has dicho tú, vamos por partes, como decía Jack el Destripador.
Es muy maníaco, lo han dicho muchas veces, seguro.
Decíamos, un mecanismo que tiene que ver con autodefensa.
¿Autodefensa con respecto a qué?
¿Qué es lo que le ha podido suceder?
¿En qué tipo de familia vivía?
Como para haber aprendido a defenderse así.
Una en la que tiene que generar una cara visible y una cara oculta.
Pero esto es interesante, una cara visible y una cara oculta.
Una cara visible que sabe cómo comportarse y una cara oculta que no sabe,
en la que no puede llevar a cabo determinados comportamientos,
como por ejemplo, tener ganas de hacer daño a alguien.
Todos alguna vez en nuestra vida hemos tenido ganas de hacer daño a alguien.
O no, a lo mejor es que yo soy muy mala.
Pero parte de la capacidad del ser humano es saber regular eso.
Lo que me parece interesante es que sabes regular eso,
porque sabes que la persona que tienes delante de ti es un ser humano como tú,
que tiene tu sensibilidad y tu forma de ser.
¿Le pasaba eso a este hombre?
Hay un proceso de objetivación con respecto al otro.
Entonces la pregunta no es, ¿es que tenía un proceso de clivaje?
La pregunta, también puede ser filosófica, es,
¿cuáles son las condiciones de posibilidad por las cuales ha entendido
que en ese momento de autodefensa o el otro es un peligro o el otro es un objeto?
Y dentro de esa dinámica, ¿en qué nos afecta a todos los demás?
Es decir, no reducirlo a una enfermedad porque lo saca de la ecuación.
Y yo creo que es más interesante, aunque también más inquietante,
acercarlo a la dimensión racional, a la dimensión que podamos tener todos,
de una mayor a menor medida, me parece a mí.
