En este nuevo episodio de Misterios con Alma, los hermanos Alma y James Coronel nos llevan a explorar uno de los lugares más enigmáticos y cargados de historia de Durango: la ex-hacienda La Ferrería de las Flores. Durante su visita, llegan a un sitio aún más misterioso dentro de la propiedad, conocido como La Fundidora o Parque La Fundidora. Este lugar está envuelto en tragedias y fenómenos inexplicables que han marcado a la población local a lo largo de los años.
Uno de los relatos más impactantes que Alma y James descubren es la historia de las personas que han perdido la vida en el río que cruza por La Fundidora. Muchos ahogamientos han teñido este lugar de tragedia, dejando un aire pesado de misterio y dolor. Pero los fenómenos paranormales no terminan ahí. En la oscuridad del parque, se dice que muchos han escuchado la risa escalofriante de una niña, resonando en medio del silencio, aunque nunca ha sido vista.
Los encargados del lugar también han sido testigos de eventos inquietantes: luces que se apagan solas, voces inexplicables que surgen de la nada, y la presencia inquietante de seres que aparecen en las sombras. Pero quizás la historia más fascinante que se cuenta en este lugar es la de un arpa, colocada como simple adorno en el parque. Inexplicablemente, se dice que en las noches se escucha cómo alguien la toca, aunque no hay nadie cerca. El sonido de sus cuerdas vibrando en el aire frío y oscuro del parque deja a todos los visitantes con la piel erizada.
Acompaña a Alma y James en este recorrido paranormal por La Fundidora, donde la historia y lo inexplicable se entrelazan para ofrecer un episodio lleno de misterio y terror. ¡No te lo pierdas en Misterios con Alma!
De este cajón se le puede llamar, estaba como un hoyo que era donde le echaban toda la leña
y tenía que estar ocho días batizándole.
La han escuchado en muchos lados. ¿Aquí no se ha escuchado la llorona?
Aquí sí se escucha.
Sí.
Muchas personas la han escuchado.
Y luego aquí se andaban hablando con otras personas y a él le tocó meterse
y salvó uno, a los papás.
Un niño sí se volvió.
Tanto aquí como allá.
Y él le ha tocado en una de las ocasiones.
Andaba borrachito, él le dijo no se metan, el borrachito le hizo caso.
Usted levantaba una manguera, una sola.
Como le digo, él le echó la mano a ese, no se ve entonces.
En las caballerizas le apagaron las luces, pues.
Sí.
Sí, Eva, le apagaron las luces.
Se oyó, le digo a él que se oyó que una risa de una niña.
Es lo que se escuchó allá atrás, encontra el nopal.
La nopal era que estaba atrás.
Es la puerta que...
Misterios con alma.
Amigos, continuamos aquí en Durango.
Estamos en la ferrería, pero ahora en la otra parte de la hacienda.
Es aquí la fundidora, ¿verdad?
Fundidora.
Sí, y bueno, pues seguimos llevándole a ustedes más de estos temas
que a muchos nos llaman tanto la atención.
De situaciones extrañas que pasan, James.
Situaciones muy extrañas y que, bueno, tenemos aquí testigos de todas esas situaciones.
Bueno, de muchas situaciones que les han pasado personalmente.
Don Agustín y Joel, ustedes son trabajadores aquí de estas áreas, ¿verdad?
Sí.
Y nos compartían que, estando juntos, les han pasado algunas cosas.
Sí, le comentaba que era mi compañero.
Ya ve que allá arriba les comenté.
Sí.
Poquitos detallitos.
Le digo, no hemos visto, pero hemos escuchado.
Él es la persona que les mencionaba que también ha escuchado ruidos.
Como fue el año pasado, fue el arpa.
El arpa, ¿qué es eso, no?
A ver, ¿y cómo fue?
Platíquenos un poquito para las personas que no han visto el otro video
y que, si no lo han visto, vayan a verlo desde la ferrería a la hacienda.
Pero, ¿ustedes andaban aquí haciendo un recorrido o cómo fue?
Recogiendo unas sillas, porque se había terminado un evento.
Como a las 12 de la noche.
Humberto, el vigilante que miraba ahorita en la hacienda.
Sí.
O él y yo, como las tres personas que estábamos.
Ya por terminar.
Ya que nos estábamos al último.
Ahí.
Sí.
Y como a las 12 de la noche, más o menos, tocaron esa arpa que está a espaldas de nosotros.
Aquella grandota.
Nosotros, el primer toquido que le dieron, dijimos, se nos afiguró.
Pero ya como al minuto, él volvió a sonar.
Otra vez.
Y volteamos los tres a ver a la arpa.
Y no había nada.
Ahí fue ya cuando salimos corriendo, ¿no fue?
Sí.
Los tres.
Los tres corrimos.
Humberto.
No fue que hubiera un gato por ahí moviéndole.
No.
No, pues sí era gato que yo la tocaba.
Era un artista ese gato.
La tocaron bien.
Sí, se oyó bien.
¿Ustedes en dónde estaban?
¿En qué punto estaban?
Abajito.
Esa era como 20 metros de lata.
Sí.
Exactamente.
¿Qué sintieron en ese momento cuando escuchan el primer sonido del arpa así?
Tiene un sonido especial, ¿no?
¿Qué fue lo primero que pensaron?
A ver, denme su versión, Agustín.
Y luego usted me va a dar su versión.
Pues es que en ese momento, en el momento en que volteamos y no vemos a nadie.
Cuando nos imaginamos algo malo.
Y dijimos, ¿quién la sonó?
¿O por qué sonó?
Exacto.
¿Usted qué fue lo que sintió?
Pues miedo.
Miedo.
Porque pues ellos ya iban caminando.
Y dije, pues yo a alcanzarlo atrás de ellos.
Sí.
El guardia ahí de Agustín.
¿Sí se sienten esas ganas de correr?
Porque es algo que no se ve, pero se sabe que está ahí.
Sí.
De hecho, hasta habían de sacar un permiso de venir.
No muy noche.
Suponemos que por las 10 de la noche aquí.
Como a las 11 o 10.
A las 10.
Se saquen un permiso y luego vengan.
Y si gusta, nosotros nos acompañamos para que vean la vibra que se siente aquí.
Sí cambia.
Cambia mucho la vibra.
Está muy tranquilo, ¿verdad?
Sí.
Muy armonizado.
Ya como a las 11 de la noche.
Sí, como a las 11, 11 y media.
Hice una vuelquecita.
Ok.
¿Esa arpa por qué se colocó ahí?
¿O nada más es un adorno que pusieron?
Es un adorno.
Sí, eso lo pusieron hace como unos 12 años.
Hace poco.
Adorno nomás de aquí.
Ok.
También otra situación que nos comentaba que alguna vez andaban ya cerrando también allá en la hacienda.
Ya tarde.
Él andaba junto conmigo.
De hecho, le tocó cerrar la puerta a la reja de atrás.
Cuando digan lo que sintió.
Pues se oyó, le digo a él que se oyó que una risa de una niña.
Es lo que se escuchó allá atrás.
Con tal nopal, la nopalera que está atrás de la hacienda.
¿Es la puerta que divide entre la caballeriza y la entrada a la hacienda?
¿Sí?
Sí.
Ahí andaba usted cerrando.
Sí.
Le tocaba cerrar.
¿Qué le dijeron a él?
¿Cierra allá atrás?
Es que él fue a llevar unas cosas a la oficina.
Y yo me fui a cerrar allá y fue cuando escuché yo.
Ahí.
¿La risa se escuchó hacia atrás, hacia donde está la caballeriza?
Sí, ahí atrás de la caballeriza.
Pero que era como una risa contenta de una niña que anda jugueteando.
Sí, jugueteando, corriendo.
Y se oyó.
Y pues ya era noche para que hubiera ahí en la calle gente.
Niña chiquita ya le dijo ya.
Y luego lo que le pasó hace como tres días fue que llegué y le abrí a las ocho de la mañana.
Yo voy y le abro y él entra y checa y yo me retiro.
También estaba usted solo, ¿verdad?
Sí, pues hay un golpe ahí en los guardias, en el escritorio, en el mueble.
Así como si alguien le hubiera pegado.
Sí, como si alguien le pegara al mueble.
Es diferente que tronar a la madera como truena por el clima o por otras situaciones.
A un golpe.
Sí, porque era en la mañana, temprano, a las ocho.
Les estaba yo comentando de la vez que nos tocó cerrar después del recorrido.
Que los dos escuchamos el quejido.
En los cuartos de aquel lado.
En donde yo le había mencionado.
Entra a la oficina enseguida.
Ahí se escuchó el quejido de una persona ya mayor, ¿verdad?
Sí, esa vez también.
Entre la oficina y el cuarto de don Juan Nepoduce.
Pero me asustan las cabezas cuando arrastran algo en la iglesia, ¿verdad?
Sí.
Dentro de la iglesia.
Nosotros tenemos una ventana que comunica a la puerta principal de la capilla.
Cuando escuchamos que arrastran cosas vamos y nos asomamos por la ventana y la puerta está hasta cerrada con candado.
Sí.
Pero arrastran las bancas adentro de la iglesia.
Una vez oímos ese ruido.
Sí.
Lo que más raro se nos hizo es que el día que la escuchamos estaba atendida la señora.
Que iba mucho a la iglesia de Astela.
Sí.
Hubo una señora que falleció.
Y esa señora muy devota a la iglesia.
No se veía en la iglesia.
Iba mucho a la iglesia.
Sí.
Y era que estábamos platicando.
Y yo, ¿de qué se moriría?
Pues si se veía buena y sana y todo.
Empezamos a conversar cuando arrastraron una banca.
Dijimos, ahí andan limpiando.
Sí.
Estaba cerrado.
Estaba cerrado con candado.
O sea, nadie podía andar limpiando ahí.
Estaban las puertas cerradas.
Cuando andan limpiando están abiertas las puertas para que la gente...
Claro.
Pero sin haber nadie, ¿quién podía haber movido una banca?
O sea...
No.
En otra ocasión allá, pero no más que eso, sí hace más tiempo.
Yo creo que ya más añillos.
Como le digo, él me echó la mano a eso en los eventos.
En las caballerizas le apagaron las luces.
Sí.
Se apagaron las luces.
Y dice que él miró como una persona con el pie así.
En las mismas caballerizas.
En los comederos.
Ahí en los pesebres.
Entonces andaba usted ahí arreglando.
Sí, andaba él.
Teníamos dos eventos, uno aquí y uno en el domo.
Y yo me vine al de aquí y él me hizo el favor con el de la hacienda.
Pero fue a apagar todas las caballerizas.
Sí, las lámparas.
Y se le adelantaron, se las apagó otra hacienda.
Que le dijo, no se preocupe Joel, yo le ayudo a apagarlas.
Entonces usted apenas iba a ir a apagarlas.
Sí, pues ya no que yo iba, las apagaron.
Yo creía que era este que había bajado las pastillas de allá, pero no.
O sea, de principio dijo, yo creo que anda Agustín que ya vino y bajó la pastilla.
Y luego que le dice, no, no era yo.
Este me había dicho que aquí me iba a esperar, ¿verdad?
Sí.
Yo no podía entrar porque él traía las llaves.
Sí.
Entonces no había podido ser usted.
No, porque él traía las llaves.
Exacto.
Las llaves que había.
Y eso dice que vio a la persona, ¿verdad?
¿Como un hombre?
Sí, era como un hombre que estaba ahí recargado.
Un sombrerito, ¿verdad?
Sí.
¿Vio como la silueta?
Sí, así de lado. No, no, no vi bien así, pero sí estaba alguien recargado.
Saben que Manuel hasta en el día veía cosas.
Sí.
Bueno, Manuel García, un compañero de nosotros.
Sí.
Dejaba el güiro prendido.
Sí.
Era tirado en el suelo y se venía.
Sí.
Porque también le tocó ver cosas.
En el día, ¿verdad?
Sí, en el día.
Pues trabajaba en el día.
Sí.
Entonces él se quedaba como de guardia en el día.
No, era jardinero.
Ah, él era jardinero.
En las caballerizas también venía y nos decía.
Sí.
Venganse para enseñarles lo que vi.
Y ya íbamos para arriba.
Ahí estaba el güiro rumbando abajo.
Sí.
Ahí lo dejaba tirado.
O sea, él sí salía literal corriendo.
O sea, él no se quedaba a investigar qué era.
Más que vengan.
Vengan, acompáñenme.
Como a las doce la última vez.
Nos dijo uno que vio un charro, ¿se acuerda?
Sí.
Y así de reojo volteó y como que lo vio así de lado.
Estaba un charro también viéndolo ahí.
Sí.
Ahí en las caballerizas.
Digo, son cositas que han pasado, ¿verdad?
Sí.
Claro.
Y pues estamos hablando de más de 100 años en ese siente.
¿Cuántas cosas más nos pasarían antes?
¿Cierto?
Todo el tiempo que estuvo derrumbada, redombada, en ruinas.
Pero hablamos de muchas, muchas presencias que se dan.
Pero no solamente en la hacienda, sino también que rondan aquí en la fundidora.
Digo, porque ¿quién anda tocando el arpa a 10 horas de la noche?
¿A las doce, doce y media?
Sí, como doce.
Cuando terminó el evento.
Y aquí, ¿este lugar tiene historia que haya pasado algunas cosas?
Bueno, porque era la fundidora, aquí trabajó mucha gente, fundían el hierro.
¿Pero hay alguna historia como que...?
Pues mire, para empezar, y ya le ha tocado, ¿verdad?
Sí.
Ser testigo.
Para empezar, ha habido muchos hogar, ¿verdad?
Tanto aquí como allá.
Y ya le ha tocado en una de las ocasiones.
Andaba borrachito, él le dijo, no se metan, el borrachito no hizo caso.
Usted levantaba una manguera, una soga.
La manguera, el compañero y yo, don Manuel.
Sí.
En el canal, se agarraba de la manguera.
Pero se ahogó, ¿verdad?
Sí, sí.
Él se ahogó.
No se alcanzó a agarrar de la manguera.
¿Entonces eso fue hace poquito?
No, ya tenía años, como unos 10 años.
Sí.
Y luego aquí se andaban ahogando también dos personas y a él le tocó meterse.
Y salvó uno, ¿verdad?
A los papás, un niño sí se ahogó.
Y uno se lo sacó un cuñado mío.
Pero digo, como hay cantidades de cosas tristes que han pasado.
Sí.
Y usted sabe que donde pasa algo, pues quedan ánimos.
Lo primero que dicen, anda penando.
Pena.
Está muy hondo ahí.
Sí.
Él se ahogó por allá.
Como ya mucha otra ida creciente del río.
Se metieron.
Pero fue un balón.
Y se ahogó.
Se vino.
Qué triste.
Pero el papá sí lo alcanzó a sacar.
Sí, saqué a la mamá y al papá.
¿Los papás se metieron también?
Sí, andando.
No se esperase que yo era niño.
Ay, qué triste eso sea.
Se le va el balón al niño.
El niño corre por su balón.
Se le hace muy fácil meterse.
Los papás se habían ido atrás del niño.
No sabían nadar ninguno de los tres.
Se le tocó sacar al papá y a la mamá.
¿Usted estaba aquí trabajando?
Sí, ya estaba aquí.
Aquí estaban comiendo cuando se fueron allá a bañarse.
Se les fue el balón y se les hizo fácil meterse a los niños.
Y sí, pues ya mucha corriente el río.
¿Y usted los vio y actuó?
¿Qué dijo?
¿Tengo que ayudarlos?
Metí como pude ayudarle a sacarlos.
Ya lo sabemos papás.
No, no sé.
Podríamos.
Qué valiente.
Lo que es ver que alguien está ahí a punto de perder la vida,
es tratar de ayudar.
¿Y usted logra sacar a los dos papás?
Sí, a la mamá y al papá los saqué yo.
Y un cuñado mío sacó al otro niño.
Que ya andaban en medio, andaban lejos.
Ay, Dios mío.
Y el niño no alcanzó a salir de ese sitio.
Qué triste.
Y acá pues lo que le digo.
La otra persona.
Acá van como unos trece.
¿En donde cruzamos?
¿Donde iba el...
Sí.
¿Ahí donde pasamos ahorita por el puentecito?
No, acá de este ladito.
En el canal.
¿Ahí cayó también?
Iban así como ahorita llenos.
No, ellos se andaban bañando.
Pero Juan sí les avisó que no se bañaran porque estaba fondo.
Y no hicieron caso, andaban borrachitos.
Sí, andaban pedos.
Se metieron, perdieron la vida.
El canal iba llenote, llenoto.
Qué miedo.
Hay que hacer caso.
Sin prudencia.
Sí, sí, sí.
Oigan, y otra pregunta.
Bueno, aquí pasa el canal, tenemos agua.
Y luego mucho se dice que donde hay agua ronda la llorona.
La famosa llorona que la han escuchado en muchos lados.
¿Aquí no se ha escuchado la llorona?
Aquí sí se escucha.
Sí.
Muchas personas la han escuchado.
Nomás que no es cierto que dice, hay mis hijos.
No.
No es cierto que dice, hay mis hijos.
Eso sí no es cierto.
Esa es leyenda, no más mito.
Las personas que la han escuchado dicen que es como un lamento nada más.
De una señora.
Pero no dice, hay mis hijos.
Es como un lamento, no más nada más.
¿Entonces gente de aquí sí la ha escuchado?
¿Gente que vive por aquí?
Sí, sí, sí la han oído.
Los vecinos que viven aquí cerquita.
Eso sí la han escuchado.
Pero ellos nos han comentado que no es cierto que dice, hay mis hijos.
Que es nomás un lamento.
Ya vi que hay un chustito que dicen, ¿se escuchó la llorona?
Sí.
En tal parte.
No falta quien grite, hay mis hijos.
No, ella no, no grita así.
Nomás es un lamento.
¿A ustedes no les ha tocado escucharla?
No, no, no.
La guardia.
¿Cómo se llamaba?
Graviel.
A Graviel sí le ha tocado escucharla.
¿Les platicó?
Sí, tenía un perrito.
Dice que el perrito también lloraba.
Con él en la casa.
Asustado.
Asustado los dos, él y el perrito.
Cuando la escucharon.
¿El perrito sí la sintió también?
También, el perrito fue el primero que empezó a llorar.
Ahí, miren la caseta.
Dice, ya nos metimos y la escuchamos bien.
Y el perrito lloraba.
Pero él también dice que es un lamento, nada más.
Como un lamento largo de una mujer.
Solamente es eso.
Exactamente.
No dice, hay mis hijos.
Nomás se escucha.
Bueno, es que aquí alrededor yo creo que andan tantas cosas de lo que estamos hablando.
Y bueno, aparte, pues todos esos seres que también andan alrededor del agua, ¿no?
Bueno, haciendo recorrido, acá de este lado vemos... ¿Cómo se llama esa?
Es una...
Como una caja de...
¿De qué material?
Aparentemente se ve como una caja de muertos, pero viene siendo un crematorio.
Para incinerar a las personas.
O sea, ¿los metían ahí?
Bueno, al fallecido.
Sí.
¿Y ahí le prendían fuego?
¿Adentro de la caja?
Era pura base de leña o carbón.
Cualquiera de esas dos cosas.
No era como gas.
Como era más antiguo, pues era pura base de leña.
O sea, ¿le ponían leña, lo prendían y metían el cuerpo ahí?
Sí, nada más que este no tiene nada que ver aquí con la fundidora.
Este lo trajeron, nomás de adorno.
Este se encontraba en otro lugar.
Y de abajo de este cajón, ¿se le puede llamar?
Estaba como un hoyo, que era donde le echaban toda la leña.
Y tenía que estar ocho días atizándole.
¿Y hoy te incineran, qué? ¿Ocho horas, seis horas?
Sí, ocho horas.
Lo que tenía que estar prendido.
¿Ocho días?
Sí, para poder incinerar.
O sea, ¿podemos decir que ahí incineraron a muchos cuerpos?
Sí.
¿Y ese dónde estaba, don Agustín?
Ese lo trajeron, pero nomás está de adorno.
Ese no tiene nada que ver con la fundidora.
Tiene muchas historias.
¿Sí?
Cuando vienen las personas, guías de Durango, a veces dicen,
este fue el cajón que mandó a hacer Juan de Pomoceno para que los ocultaran.
Eso no es cierto.
Otros dicen que cuando remodelaron, lo sacaron lleno con barras de oro.
Pues tampoco es cierto.
Aquí a mi compañera y a mí nos tocó bajarlo, ¿verdad, Juan?
Sí.
Ese lo bajaron como en el 2012, más o menos.
¿Lo trajeron?
Sí.
¿Pero?
Y lo bajamos como entre seis personas, Juan.
Sí, era Ricardo, Usted, Don Manuel y yo y el chofer.
Sí.
Y éramos como seis los que lo bajaron, pero no tiene nada que ver con la fundidora.
¿No es parte de aquí?
No, ese nada más lo trajeron.
Un adorno.
Como de adorno, exactamente.
Pero es un adorno muy raro, ¿verdad?
Así como que alguien, algo donde ahí han quemado tanta gente.
Sí.
Está que llama la atención.
Pero bueno, ¿vamos a dar un recorrido aquí por el lugar para ver si se siente algo?
¿Sí?
¿Les parece?
Vamos.
Estamos adentro de la fundidora, ¿no?
Esto ya sería adentro.
Este sería el parque fundidora.
Aquí es donde nos encontramos cuando le digo que eso no es árbol.
Estamos como a 10 metros.
Pero aparte no está fácil que alguien le viera.
No, y la primera vez que la escuchamos sí volteamos, pero no nos llamó tanto la atención.
Dijimos, se nos afiguró.
Bueno, amigos, hicimos un cortecito abrupto.
Porque en cuanto volteó la cámara ya a ver el arpa se nos apagó este micrófono, el que traigo yo.
Pero ya es la segunda, es la segunda vez.
Ya es la segunda vez.
Y lo raro es que dicen ustedes que dura todo el día prendido.
Sí, claro.
Por ejemplo, ayer estuvimos desde las 11 de la mañana hasta las 11 de la noche grabando.
Y nos duran todo el día.
Y acabamos de checar su batería y está marcando 100%.
O sea, es muy extraño que se nos apague.
Aparte es el nuevo.
Sí.
Y tenemos una hora grabando.
Sí, o sea, no tenemos tanto tiempo.
Así como les pasó a ustedes ahorita con el micrófono, ha pasado con el celular.
Que las personas al momento de andar tomando fotos dicen, no, ¿qué pasó?
Pues si lo traigo con 50 de pila.
Se comen la energía.
Se comen la energía, exactamente.
Algo absurdo.
Ha pasado, digo, con las personas con los turistas que también les descargan por completo estando en 50.
Y les comentaba, aquí nos encontramos nosotros el día que nos sonaron el arpa.
Estamos como a 10 metros del arpa.
Cuando está el vigilante, Joel y yo, mi compañero.
Sí.
La primera vez lo tomamos, como dijimos, se nos figuró.
Y ya la segunda vez que le dan el siguiente toquido, ya es cuando salimos corriendo.
No, claro.
Exactamente.
Porque voltean, no hay nadie, no hay nada.
Y ni el aire puede hacer ese sonido.
No, y cuando pasa con una pura persona, sí, se son los nervios.
Pero ahora que éramos los tres y los tres lo vimos, no pueden ser nervios.
Bueno, yo ya andaba nervioso, tarde, solo.
Podemos escuchar cosas que no pasan.
Pero los tres aquí juntos lo escucharon igual.
Los tres escuchamos.
Por eso es que los tres salimos corriendo.
Así como les comentó mi compañero Joel.
Exactamente.
Bueno, pues aquí es donde vamos a llegar al final de este recorrido.
Aquí en el Parque Fundidora de la Ferrería.
Un lugar con mucha historia, un lugar bonito para venir a recorrerlo, a caminarlo.
Pero si ustedes son de los que perciben cosas, pues para que estén muy atentos a lo que puedan percibir.
Ahorita nos encontramos en donde era el horno.
El horno, sí, aquí está como la chimenea.
Sí.
Estamos, yo creo que en el corazón de la fundidora.
Sí, podríamos decirlo.
Aquí, fíjate la diferencia.
Estábamos hace ratito acá junto al río.
Y ahí sí estaba así como que comenzó el dolorcito de cabeza, como un cansancio irracional.
Y aquí no, aquí ya como que respiras, como que se armoniza.
Este lugarcito, yo creo que si vienen a visitar el lugar y de pronto se sienten sobrecargados,
se sienten mal, vengan a sentarse un ratito aquí y aquí se les va.
Está muy a gusto.
Y amigos, así es como nos despedimos.
Muchas gracias a don Agustín y a Joel por lo que nos han platicado,
de lo que a ellos les ha tocado vivir,
las experiencias que han tenido a lo largo de los años en su trabajo.
Ellos han estado en estos lugares y bueno, pues de que les han pasado cosas,
les ha tocado vivir.
Muchísimas cosas y aparte toda la evidencia que ellos han ido recabando
de los visitantes que han venido al lugar, también está muy impresionante.
Y amigos, yo espero que les haya gustado el video.
Muchísimas gracias por acompañarnos hasta el final.
Por favor, compártanlo para que pueda llegar a más personas.
Si aún no se suscribe, por favor, suscríbase al canal
para que podamos seguirles llevando más de estos relatos,
más de estos lugares que tienen tantas y tantas cosas por contarnos.
Así es, amigos, no dejen de visitar Durango.
Está muy, muy bello.
Se van a llevar historias fenomenales.
Y amigos, así nos despedimos.
Gracias.