Lucifer: El Ángel Caído que se Rebeló Contra Dios - La historia jamás contada

Mitologia
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Lucifer: El Ángel Caído que se Rebeló Contra Dios - La historia jamás contada
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Sin lugar a dudas, este fue el primer conflicto bélico del universo
y fue tan poderoso que el mismo Hijo de Dios tuvo que formar parte de los ejércitos
que librarían combate en las regiones espirituales.
El Libro de las Revelaciones nos habla de que el conflicto entre bandos fue brutal.
Se desató desde los círculos más altos del cielo hasta las cumbres de las montañas más altas,
sacudiendo los cimientos mismos de la tierra.
Según algunos mitos judíos, el ejército de Dios era comandado por Miguel,
imagen del mismo Jesús,
mientras el ejército rebelde de Lucifer era comandado por el demonio Biliel,
un poderoso ser oscuro.
Los manuscritos encontrados en el Mar Muerto también nos hablan de la primera guerra en el cielo.
En estos libros se describe a los ángeles de Dios como seres puros y perfectos,
cuyos corazones obedecían ciegamente la voluntad de su Creador.
Por otro lado, los demonios valoraban mucho la libertad y la individualidad,
por lo que, aunque peleaban juntos,
cada uno era un individuo libre que actuaba según creyera necesario.
Eso al fin de cuenta es lo que muchos han valorado como fascinante de este relato.
Fue una guerra entre la obediencia y la libertad,
entre el amor fanático y el pensamiento racional,
una guerra entre los conceptos de monarquía y anarquía.
Lucifer sabía que iba a perder.
Siempre me pareció imposible que los ángeles rebeldes en verdad creyeran que podían ganarle a Dios.
Dios es un ser omnipotente y por lo mismo invencible.
Creo que Lucifer no solo sabía que iba a perder desde el principio,
sino que incluso lo aceptaba.
La guerra, por tanto, no era realmente para conquistar el trono de Dios,
sino más bien como una forma de decirle al jefe que ya no estaban dispuestos a seguir sus órdenes.
Fue, al fin y al cabo, una rabieta adolescente,
una forma de decirle al Creador,
«Soy libre y ahora haré lo que me plazca».
Idéntico pensamiento tuvo el poeta inglés John Milton,
quien sugiere en el paraíso perdido que las guerras celestiales tuvieron un origen diferente
y que fueron provocadas por la negación de Lucifer y sus aliados a arrodillarse frente a Adán
como muestra de su misión ante la criatura preferida del Señor.
Más adelante, también se sugiere que Lucifer se sintió traicionado por Dios
al mantener en secreto la existencia de su hijo, el Mesías,
como vehículo para corporizarse en la tierra a su debido tiempo.
Pero lo más interesante del aporte de Milton a la leyenda de la primera guerra celestial
es el discurso que Lucifer le dirige a sus demonios luego de la derrota que Dios les infigiera
y luego de que los encerrara en el infierno.
Las palabras de Lucifer son,
«No dejó aquel combate de ser glorioso, por más que el resultado fuera adverso,
como lo atestigo a este lugar y este terrible cambio sobre el que es odioso discurrir.
Pero, que espíritu, por previsor que fuera,
y por más que tuviera profundo conocimiento de lo pasado y de lo presente,
habría temido que la fuerza unida de tantos dioses como éstos
llegaría a ser rechazada,
quien podría creer, aun después de nuestra derrota,
que todas estas poderosas legiones,
cuyo destierro ha dejado desierto el cielo,
no volverían en sí,
levantándose a recobrar su primitiva morada?
En cuanto a mí,
todo el ejército celeste es testigo de que ni las opiniones contrarias a la mía
ni los peligros en que me he visto han podido frustrar mis esperanzas,
pero aquel que, reinando como monarca en el cielo,
había estado hasta entonces seguro sobre su trono,
sostenido por una antigua reputación,
por el consentimiento o la costumbre,
hacía ante nosotros ostentación de su pompa regia,
mas nos ocultaba su fuerza,
con lo que nos alentó a la empresa que ha sido causa de nuestra ruina.
Ahora ya sabemos cuál es su poder y cuál el nuestro,
de modo que, si no provocamos,
tampoco tememos que se nos declare una nueva guerra.
Lo mejor que podemos hacer es fomentar algún secreto designio
para obtener por astucia o por artificio lo que no hemos conseguido por la fuerza,
para que al fin podamos probarle que el que vence por la fuerza
no triunfa sino a medias sobre su enemigo.
El espacio puede producir nuevos mundos,
y sobre esto circulaba en el cielo hace tiempo un rumor,
respecto a que el omnipotente pensaba crear en breve una generación
que sus predilectas miradas contemplarían como igual a la de los hijos del cielo.
Contra ese mundo podríamos intentar nuestra primera agresión,
tan siquiera como ensayo, contra ese o cualquier otro,
porque este antro infernal no retendrá cautivos para siempre a los espíritus celestiales,
ni estarán sumidos mucho tiempo en las tinieblas del abismo.
Tales proyectos, sin embargo, deben madurarse en pleno consejo.
Ya no queda esperanza de paz,
porque ¿quién pensaría en someterse?
Habrá guerra, guerra franca o encubierta es lo que debemos determinar.
