¿Cómo adaptarte a un nuevo grupo o entorno sin perder tu esencia? Aprende a equilibrar lo que eres con lo que puedes aprender para crecer en nuevos contextos como trabajos, culturas o relaciones. 🤝
🌱 Descubre cómo reconocer los valores de un nuevo lugar y al mismo tiempo honrar tus raíces. Adaptarte no significa renunciar a lo que te define, sino encontrar un balance que te permita crecer sin dejar de ser tú.
Construir puentes en lugar de muros es esencial para disfrutar de las riquezas de las nuevas experiencias. Con curiosidad genuina y mente abierta, puedes explorar nuevas costumbres y tradiciones sin prejuicios. 🌉
💡 Crear momentos para reconectar contigo mismo es clave para cuidar tu esencia. Estos espacios personales fortalecen tu identidad mientras te adaptas a los cambios.
🤝 Las conexiones auténticas son fundamentales en cualquier proceso de adaptación. Aprende a construir relaciones marcadas por la honestidad y la solidaridad, que te permitan crecer y sentirte seguro.
🌀 Acepta los desafíos como oportunidades para innovar y transformarte. Descubre qué debes soltar, qué necesitas aprender y qué aspectos de tu esencia no pueden cambiar.
🔥 Cree en tu capacidad de adaptación. Este proceso te permitirá crecer sin renunciar a lo que te hace único. Encuentra el equilibrio entre lo nuevo y lo esencial.
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¿Cómo puedo integrarme a un nuevo grupo, a un nuevo contexto, sin dejar de ser quien soy?
Es normal que al llegar a un nuevo grupo de personas, a un nuevo lugar, a una nueva experiencia laboral,
nosotros nos sintamos con el miedo de cómo adaptarnos,
nos sintamos con la necesidad de agradar a las personas que están allí.
¿Cómo integrarnos sin poner en riesgo nuestra esencia, sin ofrecer lo que no vamos a dar?
¿Cómo lograrlo generando ese equilibrio entre lo que somos y lo que vamos a aprender?
Porque obviamente estar en un grupo de trabajo distinto, estar en un lugar, en una cultura,
en un idioma distinto o con amigos distintos me va a enseñar y me va a permitir crecer.
¿Cómo logro la armonía, el equilibrio para poder realizarme, para poder seguir siendo yo,
para poder seguir siendo mi mejor versión?
Porque al fin y al cabo eso es lo que buscamos.
Hoy quiero conversar contigo cuatro formas para que tú te integres,
para que tú te adaptes a ese nuevo grupo, a esa nueva experiencia,
dando de ti lo mejor sin dejar de ser quien eres.
Lo primero es aceptar los valores de la nueva cultura honrando nuestras raíces.
Cuando preparaba esto, en el tiempo que me dan de preparación, me acordé de mi venida a Bogotá.
Te estoy hablando de finales de los años 80.
Yo, un caribe crecido en las calles de Santa Marta,
acostumbrado en las mañanas a ir trotando al mar, nadar un rato y regresar.
Yo, acostumbrado al baile y a la música que en cada esquina explota un escaparate de estos.
Yo, acostumbrado a hablar a los gritos.
¡Ay, cómo estás! ¡Cuánto gusto verte! ¡Qué chévere!
Finales de los años 80, año 88, a Bogotá.
Una ciudad que queda a mil kilómetros de donde nací y de donde soy.
Una ciudad fría, con una lluvia pertinaz,
con gente silenciosa, con gente que vestía de negro y callada.
A un seminario, precioso, en una montaña.
Estas construcciones francesas, que tú sabes que tienen unas columnas como si fueran a elevarse 100 pisos.
Y resulta que apenas son dos pisos, pero es hermoso.
Ahí llegué.
Y ahí experimenté eso.
Que te he preguntado, ¿cómo adaptarme?
Y lo que aprendí fue reconocer los valores de este lugar.
Uno no puede llegar a un lugar odiándolo.
Uno no puede llegar a un lugar despreciándolo.
Uno no puede comenzar diciendo, ¡ah, esto no sirve! ¡Ah, esta gente habla pasito!
¡Ah, mira la música que escuchan! ¡Ah, mira cómo se visten! ¡No!
Si tú llegas a ese lugar de trabajo, a esa relación, a esa experiencia,
desde el rechazo, seguro no te vas a adaptar.
Lo primero es reconocer los valores que están allí.
Reconocer lo estupendo que esas personas, que esas relaciones tienen y te van a dar.
Y tener claro, ¿cuáles son tus raíces?
¿Cuáles son tus innegociables?
¿Qué son esas cosas tuyas que no vas a cambiar?
¿Qué son esas cosas tuyas de las que te sientes orgulloso?
Y que van a dialogar con estas nuevas para construir mejores, pero que nunca van a desaparecer.
Lo segundo es construir puentes, nunca muros.
No se trata de enconcharse y de meterse en lo de uno,
creyendo que lo de uno es lo mejor, absolutamente mejor,
porque se pierde de las riquezas que están en ese lugar, en esas personas, en ese trabajo.
Aquí es fundamental la curiosidad, la exploración y la capacidad de preguntar.
Ah, oye, ¿qué es esto y cómo es?
Pero con una curiosidad genuina.
No con la curiosidad del desprecio y del juicio.
No, tratando de valorar lo que hacen y lo que viven.
Explorar nuevas experiencias.
Oh, mira, mil cosas que me encontré.
Nada más emocionante que estar en una chimenea.
Yo te tengo que confesar que yo en la costa nunca había visto una chimenea, nunca.
Y una de las experiencias lindas que tuve es descubrir el estar en torno a una chimenea.
Eso me pareció maravilloso, tomarse algo, conversar.
Al principio pregunté y estudié, pero abierto.
Y exploré y hubo curiosidad.
O las maneras de hablar, o las maneras de sentir, o las maneras de pensar.
Siempre tender puentes.
Porque si no, vas a perderte de la riqueza de ese lugar, de esas personas, de ese trabajo.
Lo tercero es generar espacios para cuidar mi esencia.
Son esos espacios míos conmigo.
Son esos espacios en los que, de nuevo, valoro mi manera de pensar, mi manera de hablar, mi manera de sentir, mi manera de actuar.
Son esos espacios en los que me reconozco.
Son esos espacios en los que me siento orgulloso de mí.
Son esos espacios en los que valoro quién soy.
Porque no me puedo despersonalizar.
De las cosas que yo agradezco a la congregación de los padres eudistas a la que pertenecí durante 28 años
fue que no me despersonalizaron.
Que siempre yo fui yo.
Y yo cuidé eso.
Mi bailar, mi cantar, mi reír, mi gritar cuando jugaba fútbol y daba indicaciones, mi básquetbol.
Es decir, me tenía que cuidar y tenía que saber quién era y cómo seguía adelante en mi vida.
Y lo cuarto es que a nosotros nos ayudan a desarrollarnos, a realizarnos las conexiones que establecemos.
Y entonces, uno en ese nuevo lugar, en ese nuevo entorno, en ese nuevo trabajo, con esas nuevas personas,
tiene que generar conexiones auténticas.
Conexiones que nos permitan ser y que nos permitan aprender.
Conexiones marcadas por la honestidad, por la aceptación, por la solidaridad.
Conexiones que nos ayuden a descubrir lo nuevo de esas experiencias, pero también conexiones que nos permitan crecer.
Recuerdo que cuando llegué a ese seminario, finales del 88, rápidamente encontré dos costeños caribes
que ya tenían tiempo de estar allí.
Y ellos me permitieron generar una conexión genuina que estableciera un contexto de seguridad
en el que yo me podía desarrollar con tranquilidad, con amabilidad.
Oye, tú eres valioso, tú eres valiosa.
Llegas a un lugar a recibir mucho, pero a dar mucho.
Llegas a un lugar a encontrar muchas maneras de realizarte y de ser feliz.
Si hay algo que caracteriza a los seres humanos es su capacidad de adaptación.
La capacidad de adaptación del ser humano es infinita.
Lo que al principio nos parece imposible, pronto va a formar parte de nuestra forma de ser y de estar.
Cree en tu capacidad de adaptación.
Pero para ello, tienes que saber establecer un equilibrio entre todo lo que aprendes y todo lo que traes y eres.
Porque no por llegar a ese lugar, no por llegar a ese trabajo, vas a dejar de ser quien eres.
Tienes que seguir valorándote, tienes que seguir amándote, tienes que seguir desarrollándote.
Ahí en ese equilibrio.
A mí me gusta cuando la gente habla de innovación y plantea la innovación a partir de tres acciones.
Una, ¿qué voy a dejar?
Dos, ¿qué voy a aprender?
Y tres, ¿qué voy a sostener?
Dicen que esas son las preguntas para cualquier proceso de renovación, de innovación, de adaptación.
¿Qué voy a soltar?
Mira, yo por ejemplo, cuando vine me di cuenta que no podía seguir gritando cuando hablaba
y que había que aprender a hablar, tú sabes, así, en voz decente.
Lo aprendí, había que dejarlo.
Dos, ¿qué voy a aprender?
La amplitud mental de esta ciudad que en ese momento ya comenzaba a ser cosmopolita.
Hoy lo es más.
Tres, ¿qué no voy a soltar?
¿Qué no voy? ¿Qué va a permanecer?
Mi esencia, mi alegría.
Es que al fin y al cabo yo nací entre la montaña y el mar.
Y ambas cosas me definen la seguridad de esa montaña biodiversa y ese mar con su horizonte infinito.
Eso no lo iba a cambiar.
Siempre ten claro qué vas a soltar, qué vas a aprender y qué va a permanecer en ti
para que puedas adaptarte con tranquilidad, para que puedas adaptarte con total equilibrio.
Que es al fin y al cabo la palabra mágica en este tema.
No tengas miedo de ese lugar nuevo al que llegas.
No tengas miedo de ese nuevo trabajo.
No tengas miedo de esa nueva relación.
Tú eres muy valioso, muy valiosa y te aseguro que lo vas a lograr.
Oye, ahora, ¿qué tal si tú me cuentas qué no quieres cambiar de ti?
¿Qué no quieres cambiar de ti?
Ya yo te dije qué no cambiaría de mí.
Yo mi alegría no la cambiaría.
Así alguna señora me regañe cuando he cantado canciones.
Mucha gente, ¡ah! Es mi alegría.
No la voy a cambiar.
¿Qué no cambiarías de ti para que puedas tener claro en ese proceso de adaptación
qué es lo que te genera identidad?
Dime abajo qué no cambiarías de ti.
Llegues al lugar que llegues, a Marte.
Llegan unos marcianos, ¿se llaman?
O unos venusianos y te llevan para allá.
Llegas allá, ¿qué no cambiarías de ti al llegar a Marte?
Dímelo.
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y que disfrutamos compartiendo con ustedes temas de bienestar.
Tú sabes.