LIVE con Conchita: EL PAPEL DE LOS ABUELOS EN LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS

Patri Psicóloga
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9 dic 2024
En la educación de los nietos con nuestra Abueli Conchita, con nuestra maravillosa Abueli Conchita 2.
A ver que lo he puesto bien. Genial. Bienvenidos y bienvenidas a todas. Vamos a ver si aparece por
aquí. Vamos a ver. Vamos a añadirla. Aquí está. Volver a tener con ella un directo.
Ah, voy a fijar el título del directo. Fijar comentario. Bueno, va a ser un directo cortito,
media horita, porque la abuela tiene sus años y no podemos abusar de ella. Entonces,
en el momento en que se conecte, estaremos media horita con ella. A ver, invitar otra vez. Yo creo
que es nuestro segundo directo o tercero con la Abuela Conchita. No sé qué pasa. Que yo la
sigo invitando. A ver si la vemos entrar. ¿Qué tal? Aquí tengo las preguntas que quería hacerle
yo y también preguntas que han formulado ustedes. Y a ver si nuestra mujer sensata,
Abueli Conchita, no puede unirse. ¿Por qué? Vamos a ver. Lo conseguiremos. Estas cosas
siempre nos pasan. Y al final siempre lo conseguimos. ¿Qué sería de nosotros y de
la primera? Bien, ¿verdad? Estaría chulo, pero nos quitaría la emoción. Vamos a buscar,
invitar otra vez. Conchita, en nada te tenemos aquí. Seguro. Vamos a ver si aparece. Lo estoy
intentando. Vamos a ver si aparece por aquí. A ver si la abuela se conecta. Bueno, ¿cómo están?
Están ya cogiendo vacaciones, descansando. La abuela es una maravilla. Pues sí, señora,
la abuela es una maravilla. Y solo necesitamos que se nos presente. A ver, Abueli Conchita,
invitada otra vez. En algún momento entrara. Si no, le diremos a nuestra querida Belén.
Abueli Conchita no puede unirse. Voy a ir preguntando. Vamos, Conchita. Vamos,
Conchita. En algún momento entrará. Seguro. Ya verán. Vuelvo a invitar. A mi abuela también le
encantaba la tecnología. Belén Reina, si estás, le puedes preguntar, que te veo por ahí. Le puedes
preguntar tú por WhatsApp a la hija de Conchita a ver si consigue conectarse, que estamos esperándolo
aquí ansiosa. Bueno, no, la estamos esperando con serenidad, pero con mucha ilusión, con esa
ansia buena. A ver si se nos conecta. Belén la va a contactar. Belén nos va a salvar de perdernos
a la abuelita. Yo cada vez que la veo por aquí la intento meter. Lo que pasa es que no sé por qué
no la deja unirse. Ay, Conchita, mi querida. Hola. ¿Qué tal, mi amiga? ¿Había alguna dificultad?
Muchas veces lo primero. Un abrazo entrañable. Que te sigo, que sé lo famosa que eres y lo
estupendo que haces por la vida. Guapa. Cuéntame. Ay, Conchita, qué alegría tenerte por aquí. De
verdad. Es que estaba yo con muchas ganas de volver a hablar contigo y más con este tema. Y no sabes
además la cantidad de personas que nos han mandado mensajes que dicen, solo expresarle que es una
persona tan cálida desde Argentina. Y otra persona, no es una pregunta, es agradecimiento.
Llegar a su edad con esa ilusión y claridad. Dice, cualquier consejo de ella me vale. Me encanta
esta señora. O sea, te han mandado tantos mensajes tan bonitos. Pues yo estoy muy agradecida y muy
emocionada y lo valoro a una barbaridad. Creo que es un lujo para mí. Cuéntame lo que tú quieras,
preciosa. Pues mira, Conchita, hoy queríamos hablar del papel de los abuelos en la educación
de los nietos. Porque cuando llega el verano, pues hay muchas familias que no siempre tienen
recursos económicos para tener ayuda en casa o no pueden organizarse con el trabajo o no hay manera
de dejar a los niños en un campamento y tiran de abuelos. Entonces, hay veces en que se tira de
abuelos y otras veces en que se abusa de abuelos. Y hoy queríamos un poco hablar de esto. Primero
preguntarte cuántos nietos tienes tú, Conchita. Tengo nueve nietos y tres bisnietos mayorcitos,
uno de 15 años. Y todos son ideales y maravillosos. Estoy muy orgullosa de ellos,
pero mucho más de mis hijos y de mis abuelos. Tengo una suerte de familia enorme. Lo sé. Lo sé
que tienes una familia muy bonita. ¿Qué papel te ha tocado a ti con tus nietos, Conchita? ¿Te
los han dejado ahí en casa todo el día? La verdad es que no. Nunca han abusado de mí como
abuela y a veces me quejo de que me los traen poco, la verdad. Pero no me quejo de otra cosa,
sino que estoy muy contenta de ellos. Y hace poquito he tenido una cena de 90 años que he
cumplido y han venido todos mis nietos, todos mis nietos. Y ha sido precioso. Y uno de ellos,
de 40 años, me ha recitado la oración que le enseñé al niño Cuchillo de pequeñito.
Todavía se acordaba. Se acordaba divinamente. Y todos son estupendos. Conchita, tú has
compartido muchas veces en las redes que tú te dedicas mucho al autocuidado, que haces ejercicio,
que te pones tus cremas, que tienes una vida activa. Los abuelos y las abuelas que quieran
hacer esto, ¿cómo pueden compaginarlo con los nietos pequeños que les llevan a casa? Porque tú
eres una abuela con 90 años que estás fenomenal, pero algunas con 70 que se quejan de que tienen
dolores, de que tienen que ir al médico, de que tienen que ir a sus clases de yoga, muchas veces
les llevan a los nietos y no hay manera de compaginar luego su vida personal con los nietos.
Estas cosas pasan. Pero yo tengo amigas muy inteligentes. Por ejemplo, una de las cuales te
voy a dar noticia. Cuando le nació en la primera nieta, y única por ahora, reunió a sus hijos,
a su matrimonio, y les dijo, dispone de mí todos los días, todos los días, un día a la semana.
No me digas que no lo hice. Claro. Dejó las normas clarísimas desde el principio. Dispone de mí un
día a la semana. Y ese día se bolca y los ayuda y los lleva. No sé si muchas veces se podrá hacer,
porque generalmente habrá muchos abuelos que necesiten ayudar muchos más días.
Claro. Lo que pasa es que esos pobres abuelos, pues hay muchos que lo hacen con mucho gusto,
pero otros que su salud tampoco les permite estar con la exigencia que requieren los niños
pequeños, que hay que andar detrás de ellos, que hay que estar por encima.
Por supuesto. Siempre habrá un poco de abuso. Sí. Y los propios abuelos tienen que ser listos y
decir, ¡eh, alto ahí! Y poner normas. Cuando es excesivo. Poner normas y horarios y todo eso.
Pero no es fácil en la vida, nada. No. Todo es muy complicado. Ahora que nosotros podemos hacer
tanto como abuelos, como nietos, podemos hacer tanto y, sobre todo, derrochar amor. Es lo que
nosotros necesitamos. Me acuerdo mucho de la frase de San Juan de la Cruz, que dice,
al atardecer de la vida nos examinarán del amor. Pues este es el momento de derrochar amor en los
que nos rodean. Especialmente en los niños. Especialmente en la comprensión por esos padres
que tienen una vida tan difícil, que no cuentan con mucha vida y muchas dificultades. Eso es lo
que creo que hay que hacer. Sí. Es que yo creo que lo que tú haces en las redes también es derrochar
amor. Porque derrochar amor es facilitar un poco la vida a otras personas, ¿no? Me gustaría ser
más capaz, pero con lo que puedo, con las poquitas fuerzas que me queden, pues creo que hago lo que puedo.
Pues aportas muchísimo, Conchita, porque todo el mundo no hace más que decir que eres una mujer
dulce, que solo escucharla da serenidad. A mí me encanta. Eso ya es algo muy importante. Y cuando voy por la calle y me paran,
me preguntan cosas, pues siempre hago lo que puedo y digo, ayúda.
Conchita, ¿y a ti qué te gusta compartir con tus nietos? Porque yo muchas veces animo a los
nietos a que enseñen cosas de tecnología a los abuelos, que les ayuden a estimular el cerebro,
que les enseñen cosas nuevas. ¿A ti qué te gusta, qué tipo de actividades te gusta hacer con ellos?
Pues la verdad es que me ayuden a hablar inglés, porque me gusta mucho el inglés.
Y a ellos los dominan. Y entonces les hago preguntas sobre eso y todo. Y luego también canciones. A mí me gusta mucho El Chotis, soy de Madrid, y me gusta mucho El Chotis y me gusta La Chica del 17.
¿Dónde se mete la chica del 17? ¿De dónde saca? ¿Pa' tanto como me saca?
Me la cantaba mi abuela.
Claro. Es que es precioso y alegre y un poco loco. Y les gusta. Y luego les pido a ellos que me canten cosas, pero no, me gustan.
Son canciones un poco más...
Las suyas, ¿no?
Tienes que enseñarle tú las tuyas, todos los boleros y todas esas canciones tan bonitas que hacía.
Sí, sí. Amapola. ¿Te acuerdas de Amapola?
Ahora ya no me acuerdo. La de La Chica del 17 sí, porque me la...
¡Amapola, lindísima Amapola!
¡Preciosísima!
¡Preciosa!
Te cuento una cosa muy especial que me pasó. Vino un nieto mío a comer conmigo, de 22 años.
Y me dice, abueli, el primo, el primo hermano, o sea, también nieto mío, y yo, hacemos unas burradas y piensa, Eduardo, que no nos pasa nada gracias a que tú rezas por nosotros.
Pues, seguramente.
Precioso, ¿verdad? Pues entonces reza mucho más.
Para que le llegue.
Mira, respecto a ese tema, alguien nos pregunta, Conchita, ¿qué le ayuda a cultivar su espiritualidad y dejar el pasado?
Recibir los sacramentos. Eso es la lotería. Cuando tú descubres de verdad lo que son los sacramentos, encuentras un buen sacerdote para contestar.
Y lees mucho, lees los evangelios, y un libro que es mi favorito que es el Catecismo. Ahí me formo, aprendo.
Y ahí cultivas tu espiritualidad. Y todo ese amor que derrochas.
Sí, sí, sí. Pero me gusta la vida con locura. Me gusta muchísimo el teatro.
Hace poco estaba en Madrid y he visto tres teatros. Uno que era un musical, muy bonito. Y los otros dos, dos obras maravillosas, dos de teatro.
Qué chulo. Conchita, ¿qué le podríamos decir a estos padres que a veces son un poco exigentes con los abuelos y les piden que los niños que no coman dulces, no les des chucherías en casa?
Los abuelos también tienen que malcriar un poquito, ¿no? Porque si no, no serían abuelos.
De nuevo, estamos hartos de que nos manden. Nos mandan mucho. Mis hijos son buenísimos, pero algunos un poco mandón.
Y este niño no sé qué, este niño no sé cuánto, pero si tenemos mucho conocimiento en nosotros para decir, para hacer las cosas que nos parecen bien.
Claro. Es que si no, los abuelos muchas veces sienten que están anulando su criterio, porque los padres se ponen a dar órdenes.
Con lo que pueden ver la tele, con lo que pueden jugar, con lo que pueden usar el móvil, con lo que tienen que comer.
Y el papel ese tan bonito del abuelo que de alguna forma malcria el ratito que estás en casa y diferencia ese ambiente del que tienes en casa con los padres, pues también se pierde.
Yo recuerdo que cuando montaba en el coche de mi abuelo, que murió un poco antes que mi abuela, mi abuelo tenía la costumbre de tener la guantera del coche siempre llena de chocolates.
Y para mí eso era como la cosa más grande del mundo, entrar en el coche y abrir la guantera.
Digo, si a mí me quitaran esto ahora, yo a mis hijos no les podría quitar ese vínculo con los abuelos.
No, no, nosotros la verdad, yo creo que la mayoría de los abuelos sabe poner las cosas en su sitio.
Y decir, oye, vale ya, y déjame a mí actuar en la vida según tu me das la responsabilidad de tener la vida.
Y luego Conchita, los abuelos tienen siempre una manera de corregir a los nietos, pero llena de amor.
Porque yo recuerdo que cuando a mi abuela algo no le gustaba, la manera que tenía de decírtelo siempre era como tan compasiva, tan dulce, tan tranquila, que te llegaba de una manera distinta cuando te lo dicen los padres.
¿Sabes de dónde sale eso? De que los abuelos a lo largo de la vida hemos adquirido toneladas de comprensión.
Comprensión para los que nos rodean, para los nietos, para las personas.
Y esa comprensión la aplicamos para que llegue a los niños, para que se sienten felices.
Consideramos que la vida es muy dura, la dureza de la vida, y queremos compensarlo. ¿Con qué? Con amor.
Con amor. En donde no hay amor, sacarás amor.
Bueno, pues eso es lo que tenemos que ir haciendo. Y luego aceptarnos como somos. No podemos ser mejores.
Y aceptar también a los nietos como son, que a veces también eso a los padres les cuesta mucho.
Que tienen como la idea de dónde tiene que estar su hijo, lo que tienen que estudiar, lo que tienen que hacer, y con eso un poco les condicionamos la vida.
Los abuelos tienen como más mangancha para entenderlo todo.
Desde luego, desde luego. Y hay muchas cosas que no entendemos y no vamos a entender nunca.
Yo, por ejemplo, me horrorizo en las discotecas. Tengo miedo a las discotecas. Sé que hay peleas en las discotecas.
Y eso me da muy miedo. Pues lo que hago es recurrir a la gente de la guarda, que se ponga más activa.
Para que esté encima. Conchita, tú que sigues haciendo tantas cosas a tu edad y aprendiendo inglés,
¿qué podríamos decirle a tantos abuelos y abuelas que igual con 20 años menos que tú
dicen que ya no están para eso, que ya no tienen edad para empezar a hacer nada nuevo, que ya son mayores?
Con el espíritu ese que tienes tú de seguir aprendiendo y esas ganas con las que te levantas cada día.
¿Qué les decimos a esta gente?
Les daría cinco consejos. Pero antes que nada, aceptarse como somos. Y de esos cinco, me encantan.
Son leer mucho, escribir a mano, hacer ejercicio, todo lo que podamos, con orden y con horario,
viajar si podemos y hablar con los demás. Preguntar, indagar, querer saber y contar nuestra opinión maravillosa que es muy buena.
Y también desde aquí yo creo que animar a hijos y nietos a confiar, como tú decías antes, en el criterio de los abuelos.
Porque yo creo que los abuelos hay muchas veces que una vez que se jubilan, pues ya tienen la sensación
de que ya no están aportando nada. Pero pueden aportar muchísimo, experiencia.
Mi abuela me ha ayudado muchísimo hasta que se murió. Y mi abuelo, que era medio alemán,
hay veces que me ayudaba y yo le daba traducciones que necesitaba y las hacía él.
Y esa parte de poder colaborar y ayudar de esa manera y sentirse valioso para ellos era muy importante.
Con razón has salido tú así.
No, es verdad. Es que tienen mucho criterio, mucha sensatez, mucha pausa.
Entonces contar con ellos, pero no simplemente solamente para acompañarlos, sino para que sigan aportando a tu vida.
Porque tenéis mucho que aportar.
Y hay un dato precioso que en general la gente no valora. Y es lo bien que llevamos nuestros achates.
Y cómo van viniendo más y sumándose. Y qué bien los llevamos, la verdad.
Estamos con la medicina, con los médicos, con los dentistas. Yo no tengo más que agradecimiento a todos los que me rodean.
Y es lo que tenemos que hacer todos.
Sí, es que el valor del agradecimiento nos cambia el foco de atención, Conchita.
Nos pone la mente en las cosas bonitas que pasan alrededor en lugar de estar con tanta queja, ¿verdad?
Es verdad. La queja no sirve para nada. Y ahora, Patricia, te voy a preguntar una cosa.
Sí.
La vez que nos vimos anteriormente, tú dijiste algo referido a que cuando descuidamos la postura y nos ponemos así,
no solamente estropeamos los hombros y la espalda, sino...
Que nos afecta a nuestras emociones.
Eso, eso.
Eso es.
Qué bonito. Y el coco.
Y el coco, claro. Porque hay una investigación, Conchita, que dice que nuestra postura corporal
está mandando continuamente información a la mente y le hace saber cómo estamos.
Entonces, las personas que van con la boca hacia abajo en lugar de con una sonrisa, que van alicaídas,
lo que les hace es que al cerebro les llega la información de que están mal.
Y en lugar de generar neurotransmisores relacionados con el bienestar, pasa todo lo contrario.
Lo voy a escribir. Lo escribiré para no olvidarlo esta vez.
Y de todas maneras, siempre trato de levantar el pecho con las costillas.
Claro, claro.
Eso hace que se pongan los hombros en su sitio sin rigidez.
Incluso mejora nuestra seguridad y confianza. Y luego hay otro estudio, que en español el término se llama
cognición atádica, que tiene que ver con la ropa. Tiene que ver con nuestra manera de arreglarnos.
Porque hay mucha gente que en casa se queda en pijama y se deprime.
Y en cambio, la idea de arreglarte, estar en casa bien, ponerte bonita para ti,
ayuda a que tú estés más a gusto y tengas también más confianza y más seguridad.
Qué importante. Muchas gracias. Lo vamos a practicar todas las abuelas que te estamos escuchando.
Nos pondremos monas desde por la mañana.
Eso, eso.
En la medida de lo posible.
Sí, sí. Conchita.
Antes de despedirme, quiero decirte que estás más guapa que la otra vez.
Ay, muchas gracias.
Y que quiero saber cómo va tu teatro.
Pues va muy bien. Mira, vamos a actuar en Granada. Tengo una obra nueva además.
Con adolescentes.
Con cuatro adolescentes, un poco para enseñar a los padres cómo comunicarnos con ellos,
para escucharlos bien, para respetarlos, para aprender a aceptarlos.
Y a Granada no sé cuándo vamos. Te avisaré.
Te avisaré para que veas que hay que guardar invitaciones.
Sí, sí, qué alegría. Con muchísimo gusto.
Sí, así te presentaré a mi hijo que también actúa.
Un actor, qué bien.
Sí, sí.
Yo quiero también hacer teatro, ¿sabes?
No me digas.
Sí, ¿por qué no hacer teatro para representar a una anciana pobre que anda por la calle?
Conchita, es que cualquier cosa que tú hagas a esta edad, lo único que va a hacer es mantener tu cerebro joven.
¿Ves? Muchas gracias.
Y lo que más joven consigue tener mi cerebro es rezar. Rezo muchísimo, rezaré cada día más.
Por el mundo, por todo.
¿Sabes que rezar en psicología también se contempla como un acto de meditación?
Que la meditación es tan importante para tener la mente serena.
Uno puede meditar concentrándose en su respiración, pero hay mucha gente que medita a la vez que reza.
Y además yo tengo un amigo, yo tengo un amigo que es numerario, que me dijo,
Patri, en cualquier momento del día tú puedes estar rezando.
Mientras haces ejercicio, mientras estás trabajando, me dice, no hace falta que te pares a hacerlo.
Sino que es un acto que puede ir de la mano de cualquiera que quiera.
Y al cruzar un semáforo y en todas partes puedes decir, Dios mío, ayuda a este mundo que no es por nada,
pero el mundo está regulado.
En psicología puede ser como una actividad de meditación.
Que los psicólogos decimos que es importantísimo meditar porque ahora la gente bambudoca con la tecnología,
con las noticias, con toda la sobreinformación que hay.
La gente necesita parar y concentrarse, cada uno con su espiritualidad.
Pero que las personas que rezan lo pueden utilizar como una manera de meditar.
Qué estupendo escucharte lo que estás diciendo.
Pues a Granada me pone por aquí Belén, nuestra directora de comunicación,
que vamos el 2 de marzo con la obra de Entiéndeme tú a mí.
Bueno, y se llama Entiéndeme tú a mí.
Entiéndeme tú a mí, porque los jóvenes no dicen a los padres, Entiéndeme tú a mí.
Y los padres decimos a ellos, Entiéndeme tú a mí.
Es la manera de cómo entendernos padres e hijos.
Mis sobrinas me lo están escribiendo.
Genial.
Para que yo no me lo pierda.
¿Y en qué teatro?
¿En qué teatro será?
Vamos a hacerlo en el Palacio de Congreso de Granada, que es donde actuamos siempre.
Estupendo. Está recién restaurado.
Sí, sí.
Ahí iremos.
Ahí estaré si Dios quiere darme salud.
Seguro que sí.
Con todo lo que haces y lo activas, que eres conchita, en marzo te espero por allí.
Un beso muy grande.
Gracias por este rato tan estupendo.
Un beso.
Te aprecio mucho.
Muchas gracias.
Alguien nos preguntaba por aquí que si esta señora maravillosa tiene Instagram.
Por supuesto, lo tenéis aquí escrito, Abueli Conchita 2.
Y como ahora lo vamos a dejar grabado tanto en el canal de YouTube como aquí,
tendréis el Instagram de Conchita para que la sigan,
porque diariamente nos pone consejos maravillosos.
Ustedes además pueden pasar a sus padres y abuelos para animarles también.
Qué bien, preciosa. Qué bien, preciosa.
Un beso enorme, Conchita. Muchísimas gracias.
Con todo mi corazón.
Y que sigas así de guapa y de lista y de capaz.
Gracias, reina. Se me va a subir la autoestima contigo.
Hacen falta muchas personas como tú en el mundo.
Muchas gracias.
Conchita, un beso. Aquí te queremos todos muchísimo.
Gracias.
Adiós.
Y para los que están preguntando que cuándo actuamos en Madrid,
lo mejor es meterse en la página web, porque como tenemos varias obras,
la de la ansiedad, la de las naciones de pareja y la de Entiéndeme tú a mí,
y dos podcast en directo, allí tienen las fechas de todo.
Un beso.
Qué suerte tienen los que viven en Madrid.
Y los que viven en Granada, de tenerte a ti ahí.
Un beso, preciosa.
Gracias, Conchita, bonita. Adiós.
