Atravesando tormentas: guía para enfrentar las crisis vitales | Psicología al Desnudo | T3 E40

PsiMammoliti
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Hay historias que dan escalofríos.
Una consultante llegó a terapia porque perdió a su hijo de cinco años en un
accidente de auto en el que ella manejaba.
La culpa la torturó por años.
Un hombre me llamó un domingo a la noche sin saber qué hacer porque su casa se
había quemado
y lo había perdido todo.
Otra consultante soportó dos años de ataques de pánico severos
por el desborde que le generó la independencia de mudarse sola por
primera vez.
Una mujer vivió múltiples abusos y violaciones
desde los cuatro
a los 16 años
ininterrumpidamente.
Viktor Frankl sobrevivió a un campo de concentración pero perdió
a su mamá, a su papá,
a su hermano y al amor de su vida, su esposa
en campos de concentración nazi.
Murieron en cámaras de gas
por desnutrición, por enfermedades.
Hay historias durísimas que parecen ficción.
Pero no es necesario vivir experiencias tan crudas para sentir que se nos
cae el mundo abajo.
Hay otras crisis mucho más comunes
que todos atravesamos en la vida que son inevitables
como mudarnos de nuestra ciudad de origen a un nuevo lugar,
dejar atrás la casa de la infancia para construir
una vida adulta
o salir
de la dependencia económica para insertarnos
en el complejo mundo laboral.
Nadie está exento de sufrir escenas difíciles
porque la vida viene con eso
solo que a cada uno le toca a su manera.
Este episodio es especial
porque es el último de la tercera temporada
y como todo último episodio
es diferente.
Hoy quiero invitarte
a un viaje.
Vamos a bucear
en las aguas oscuras
de las crisis vitales.
Aquellos lugares a donde nadie quiere ir
pero donde todos por algún motivo
llegamos.
En este cierre de temporada
voy a regalarte mis propios aprendizajes de vida
y qué hice para ver la luz
cada vez que me tocó atravesar alguna crisis.
En el episodio de hoy
hablamos de las tormentas de la vida
y de cómo salir de ellas
fortalecidos.
Esto es
Psicología al desnudo.
El podcast de salud mental de Epsi Mamoliti.
Soy Marina Mamoliti
psicóloga clínica
y en esta nueva temporada
sumamos video para que además de escucharnos
podamos vernos cara a cara
estar más cerca.
¿Buscás un cambio?
Llegaste al lugar indicado.
En el episodio de hoy
Atravesando tormentas
guía para enfrentar las crisis vitales.
Te hago una pregunta.
Tómate tu tiempo para pensar.
¿Qué viene a tu mente
cuando escuchás la palabra crisis?
Ya, la primera palabra que se te vino a la cabeza
y estoy segura de que no es algo muy lindo.
¿Cierto?
La palabra crisis
proviene del griego crisis con K
y originalmente era usada
para hacer referencia al resultado final de un juicio.
Al final de un proceso
en el que se tomaba alguna decisión.
Es decir que las crisis siempre traen cambios.
Hay algo que por alguna razón
dejó de funcionar como venía,
se rompió,
mutó, algo se fue.
Toda crisis supone cambio.
La llegada de algo nuevo.
Hay algo que es seguro.
Ninguno de nosotros pasa por el juego de la vida
sin experimentar alguna gran crisis.
Nadie se salva.
Las crisis vienen en el combo con ser seres humanos
y además son condición fundamental para el cambio,
para la evolución.
Están en nuestra naturaleza.
Claro, con eso en mente,
esto de aprender a abrazarlas y aceptarlas
empieza a tomar relevancia.
En las grandes crisis,
el corazón se rompe o se curte.
Decía Balzac, un poeta francés.
Somos cambio constante
y las crisis son esos túneles oscuros
que tenemos que atravesar para llegar al otro lado.
Cuando estamos dentro de ellos no vemos bien,
está todo muy oscuro, tenemos miedo.
Pero cuando cruzamos,
miramos para atrás
y podemos ver todo con mayor claridad,
con la sabiduría del camino recorrido.
El problema acá es que cuando estamos en medio del ojo de la tormenta
no parece haber final del túnel,
vemos pura oscuridad.
Las crisis nos tiñen de emociones difíciles,
nos ponen a prueba.
Nos hacen sentir que no tenemos los recursos para hacerles frente.
Y si bien es cierto que hay crisis más o menos violentas en la vida,
algunas nos agarran mejor parados que otras,
todas nos enseñan algo.
No quiero ser la típica gurú que te dice
de todo se puede aprender,
mirale el lado lindo a las cosas.
Porque honestamente yo dudo que alguien esté emocionado
por atravesar una crisis en algún momento de su vida.
Porque toda crisis implica pérdida.
Ganamos algo,
pero también hay partes nuestras que mueren
con eso que la crisis nos quita,
con la etapa que dejamos atrás.
Pero atentis con esto.
La ciencia confirma el viejísimo dicho
de que no hay mal que por bien no venga.
A veces el destino se parece a una pequeña tempestad de arena
que cambia de dirección sin cesar.
Vos cambiás de rumbo intentando evitarla.
Y entonces la tormenta también cambia de dirección y te sigue.
Volvés a cambiar de rumbo
y la tormenta vuelve a cambiar de dirección como antes, te sigue.
Y esto se repite una y otra vez,
como una danza macabra con la muerte.
Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos
y que no tenga relación con vos.
Esta tormenta, en definitiva, sos vos.
Es algo que está en tu interior.
Lo único que podés hacer es resignarte,
meterte en ella de cabeza,
taparte con fuerza los ojos
e ir atravesándola paso a paso.
En su interior no hay sol, ni luna, ni dirección.
A veces ni siquiera existe el tiempo.
Solo hay una arena blanca y fina como polvo de huesos.
Cuando la tormenta de arena haya pasado,
no vas a comprender cómo lograste cruzarla con vida.
Ni siquiera vas a estar seguro de que la tormenta haya terminado.
Pero una cosa sí va a quedar clara.
Y es que la persona que surja de la tormenta
no es la misma persona que penetró en ella.
Este es un fragmento que amo del libro Kafka
en la orilla de Haruki Murakami.
Hay dos grandes tipos de crisis.
Las evolutivas, es decir, todas esas que vienen de la mano
con cada etapa del cambio de la vida, básicamente,
de las que nadie zafa, como por ejemplo,
la crisis de la adolescencia.
Y las crisis situacionales, esas circunstancias
que nos toca vivir, como sufrir un accidente
o ser despedidos del trabajo.
Empecemos por las crisis evolutivas.
Como dice su nombre, son esas que vienen con el tiempo.
Vamos creciendo, pasan los años
y vamos necesariamente atravesándolas.
Erik Erikson, un reconocido psicólogo alemán,
dedicó gran parte de su carrera a estudiar
las etapas evolutivas que atravesamos las personas
y creó la teoría del desarrollo social.
Según él, cada etapa de la vida presenta una crisis
o un conflicto central que es crucial resolver
para pasar a la siguiente etapa.
Cada una tiene como un objetivo, un tesoro a alcanzar.
Él identificó ocho etapas, cada una con su conflicto específico,
que actúa como punto de inflexión.
Erikson va a decir que nuestro bienestar
depende de si logramos resolver cada uno de esos conflictos,
o sea, alcanzar el tesoro y pasar al siguiente nivel.
Vamos a explorar cada una de las etapas de la vida
y en cada parada voy a contarte escenas de mi vida,
momentos divertidos o desafíos poco divertidos
y las lecciones más valiosas que fui aprendiendo en cada una.
Empecemos.
Número uno, confianza versus desconfianza.
Desde que nacemos hasta el primer año.
Esta es la etapa del apego primario.
Es muy importante porque es donde se forma la maquinaria básica
que vamos a reutilizar durante toda la vida.
En esta etapa, los bebés aprenden a confiar o desconfiar
de sus figuras de cuidado para satisfacer sus necesidades.
Si las figuras de apego transmiten seguridad y confianza, excelente.
Pero si por el contrario, a veces están, a veces no están
o a veces no están disponibles en absoluto,
el resultado es que aparece desconfianza,
un miedo intenso al mundo exterior porque no sé qué me espera.
Un bebé llora porque tiene hambre.
Si su mamá o figura de cuidado presta atención y lo alimenta,
el bebé va a aprender a confiar,
aprende que sus necesidades van a ser atendidas
y que el mundo es un lugar seguro.
Ahora, el mismo bebé llora pero es ignorado por su cuidador,
la respuesta es de desconfianza.
No hay seguridad y por ende no se puede relajar.
Yo crecí en el sur de Argentina,
donde en invierno la temperatura oscila entre los cero
y los menos cinco grados más o menos.
Y mi mamá siempre me cuenta que de bebé, esos días de mucho frío,
yo solía estar muy incómoda y llorar más intensamente que de costumbre.
Lo único que me calmaba era que ella me abrazara
y me mantuviera como calentita,
que no se separara de mí hasta que yo podía tranquilizarme y dormirme.
Esta presencia de mi mamá en momentos de necesidad
me enseñó a confiar en ella y por extensión,
a confiar en que el mundo puede ser un lugar seguro y acogedor.
Y esa es la mejor resolución de esta primera etapa,
la de desarrollar la creencia de que, a pesar de los desafíos,
no estamos solos y por ende el mundo es un lugar confiable.
Segunda etapa, autonomía versus vergüenza,
del primer año al tercero.
Esta es la etapa para desarrollar de a poquito la autonomía,
hacer cosas por nosotros solos.
Hablo de cosas muy básicas, como vestirnos, ir al baño, comer solos.
Si nuestras figuras de cuidado nos apoyan, vamos a desarrollar autonomía,
nos vamos a sentir capaces,
pero si no lo hacen, el resultado va a ser de vergüenza o de duda de mis capacidades.
Mi papá me contó varias veces cómo fue mi proceso de aprender a comer sola
y es gracioso porque el momento de comer de la marina de dos años era un caos.
Todos temblaban porque yo solía rebolear la comida por todos lados y manchaba todas las paredes.
Al principio agarraba la comida con las manos e intentaba llevarla a la boca,
pero la verdad es que se me caía más comida de la que lograba tragar.
Cuando más o menos vieron que ya manejaba el arte de comer con la mano,
mis papás me dieron una cuchara y me fueron guiando a intentarlo.
Me ayudaban, pero siempre me permitían intentarlo primero por mi cuenta.
Ese acto que parece muy sutil,
o parece algo de lo que el bebé no se va a dar cuenta,
es el que le enseña que sus cuidadores confían en sus habilidades.
Y es esa confianza lo que va a ir haciendo que el bebé se anime a hacer cada vez más cosas solo.
Es la confianza que lo va a acompañar toda la vida después a enfrentar
nuevos desafíos de manera independiente, confiando en sí mismo.
Tercera etapa. Iniciativa versus culpa. De los 3 a los 6 años.
De a poco empezamos a tomar iniciativa en el juego y en otras actividades.
Si se nos permite, y nos sentimos alentados a planificar, vamos a desarrollar iniciativa.
Ahora, si se nos reta cada vez que hacemos algo por nosotros mismos,
puede que desarrollemos culpa o sensaciones de inutilidad,
que son emociones que nos van a acompañar a la vida adulta.
Si cada vez que pinto un dibujo lo único que recibo son retos de por qué desordeno las cosas,
entonces no importa que me apasione pintar o lo talentosa que sea,
voy a sentir que eso que hago está mal.
Yo siempre amé inventar historias y escribir cuentos.
Cuando tenía 5 años decidí que quería crear un libro de cuentos
y quería hacerle una tapa colorida con témperas y crayones.
Escribí dos cuentos y empecé a pintar la tapa de adelante con témperas.
Hice un lío total en todo el living de mi casa.
Yo estaba ahí muy feliz pintando todo con témperas cuando llega mi mamá del trabajo.
Entra, me mira, ve todo mi proyecto del libro esparcido por la mesa del comedor,
todo manchado, todo desordenado.
Lo pienso hoy de adulta y me imagino que le habrá dado un ataque de ver la casa en ese estado.
Pero en lugar de retarme por todo el desorden,
respiro profundo y me pregunto qué estaba creando con curiosidad real.
Y no solo eso, sino que me ayudó a terminarlo
y hasta me dio la idea de leer ese cuento en la cena de la noche.
Y así recuerdo varias experiencias similares.
El aliento le enseña al niño que puede tomar la iniciativa en la creación de algo.
En mi caso, para escribir cuentos, pero podría ser cualquier otra cosa.
Jugar algún deporte, bailar, cantar, pintar, dibujar, hacer cuentas, construir cosas.
El apoyo de las figuras de apego nos muestra que podemos confiar en nuestra imaginación.
Así es que en mi caso, desde chica,
desarrollé esta pasión enorme por escribir y contar historias
y así fui ganando confianza en mi capacidad para iniciar proyectos creativos,
como por ejemplo es este podcast para mí hoy.
Cuarta etapa, laboriosidad versus inferioridad, de los 6 a los 12 años.
A mis 10 años me costaban horrores las matemáticas.
La verdad es que nunca me gustaron mucho.
Pero yo era muy aplicada en la escuela y no quería desaprobar la materia.
Entonces le pedí a mi mamá ir a un maestro particular.
Y me acuerdo que pasé horas practicando problemas matemáticos.
Cuando llegó el día del examen, aunque no me saqué una nota increíble,
la verdad es que me fue mucho mejor de lo que esperaba.
Llegué a casa feliz de la vida con mi nota promedio y me acuerdo que mi papá me dijo
Felicitaciones hija, yo sé cuánto te esforzaste y eso se nota en tu mejoría.
Este tipo de comentarios de ambientes en los que recibimos reconocimientos por nuestros
esfuerzos hace que desarrollemos el sentido de laboriosidad.
Es decir, la noción de que este esfuerzo que hago tiene sus recompensas
y vale la pena.
En cambio, si en vez de estas felicitaciones, cuando yo llegaba con mi nota,
mi papá me hubiera dicho un 6 te sacaste nada más.
¿Por qué no un 9 o un 10?
A este ritmo no mejoramos nada.
Quizás me hubiera enfrentado a una crítica que me pondría instantáneamente más cerca
del sentimiento de inferioridad.
Laboriosidad cuando recibimos elogios y aliento.
E inferioridad cuando recibimos críticas.
Antes de seguir, una mini aclaración.
A partir de acá, el tema con las edades se pone difuso.
La etapa de la adolescencia se prolongó mucho las últimas décadas, por ejemplo.
Entonces, las últimas investigaciones no hablan de edades cronológicas, sino de etapas.
Porque hablar de edades es poco preciso.
Ahora sí, con esto en mente, sigamos.
Pasamos al quinto momento.
Identidad versus confusión de roles.
Acá tenemos la famosa crisis de identidad o crisis adolescente.
Vivimos en un roleplay inconstante.
Vamos probando diferentes roles.
Viste que de adolescentes nos volvemos rockeros, punks, emos.
Vamos probando todas las tribus urbanas.
Bueno, la idea es que con el tiempo logremos encontrar una identidad más estable
con la cual estemos cómodos.
Es común que en esta etapa sigamos mucho a nuestro grupo de pares.
Nos vistamos de forma parecida o tengamos los mismos hábitos.
Si mi grupo de amigos fuma, yo fumo.
Si mis amigos salen a bailar y toman alcohol, yo salgo y tomo alcohol.
Un poco para pertenecer.
Nuestro grupo de pares en este momento es toda nuestra vida.
Lo único que importa.
La vara desde la cual medimos quiénes somos.
Es una etapa complicada que tiene tres objetivos.
Tres decisiones fundamentales que tenemos que tomar.
¿A qué nos vamos a dedicar en el terreno laboral?
¿Cómo y con quiénes queremos relacionarnos sexoafectivamente?
¿Y cuáles van a ser nuestros valores, nuestra ideología?
¿Qué valores sustentan nuestros proyectos de vida a futuro?
¿Hacia dónde queremos ir? ¿De qué manera?
Nuestro estilo de vida.
Voy a contarte cómo viví yo esta etapa.
A los 18 años todo mi mundo colapsó.
Yo estaba en mi último año de secundaria
y me enfrentaba a la pregunta de qué iba a ser con mi vida.
Yo viví toda la vida en un pequeño pueblito del sur de Argentina
y de repente, si quería estudiar psicología,
tenía que mudarme muy lejos.
Como estaba segura de esa decisión,
yo quería estudiar psicología, me decidí.
Me iba a ir a vivir a una gran ciudad
a unos 1300 kilómetros de mi ciudad natal.
Era muy lejos para mí.
Mis padres siempre habían enfatizado en la importancia de tener un título.
Para ellos era súper importante.
Va a ser una herramienta que vas a tener para siempre.
Algo que te va a dar de comer.
Hagas lo que hagas, vos tenés que estudiar.
Y en ese momento yo quería hacerles caso.
Pero irme lejos me daba miedo.
La idea de mudarme sola a un lugar desconocido,
sin amigos, sin familia, me aterrorizaba.
Como dijimos en esta etapa, el grupo de pares lo es todo.
Empecé a tener ataques de pánico intensos.
Sentía que mi mundo iba a derrumbarse
si yo me alejaba de mi grupo de amigas, de mi familia.
La presión de tomar una decisión sobre mi futuro académico
y sumado, combinado a este miedo a la soledad
y a perder a mi red de apoyo,
me llevó a una crisis de identidad fuerte.
Lo que complicaba más las cosas era que mi zona de confort
ni siquiera iba a ser tal el año siguiente.
Porque muchas de las personas que formaban parte de mi red
también se iban a ir a otros lados.
No podía detener el paso del tiempo,
el momento de estar junto a toda mi gente conocida en mi lugar.
Estaba llegando a su fin y yo no podía hacer nada con eso.
O aceptaba y seguía mi camino
o colapsaba junto con la situación.
Si pudiera darle algunas claves a mi Marina del Pasado
para atravesar esta fase, le diría,
Es momento de jugar, probá todo para decidir,
para afianzar esa identidad.
Explorá diferentes roles, experiencias y actividades
que te ayuden a definir la identidad que querés construir.
Etapa número 6.
Intimidad versus aislamiento.
El gran inicio de la vida adulta.
Esta etapa tiene dos objetivos.
Sentir amor, amor en todas sus formas,
amor acompañado de intimidad, de intimidad emocional,
sexual, intelectual, es decir,
ser capaces de compartir experiencias sin miedos,
de hablar de lo que nos pasa con otros sin máscaras.
Y segundo, lograr la capacidad de mantenernos solos económicamente
o al menos ganar algo de dinero
para satisfacer algunas de nuestras necesidades.
Ganar seguridad a través de poder mantener la vida que queremos.
Este proceso implica encontrar un sustento económico,
gestionar las finanzas personales
y aprender a vivir de manera más independiente.
Puede que se nos dificulte más el objetivo de la intimidad
o el económico.
En mi caso, yo no traía de pequeña grandes heridas
que no me permitieran intimar emocionalmente con las personas.
Eso siempre se me dio relativamente natural.
Mi principal desafío en esta etapa fue el segundo,
el de lograr la independencia económica.
Aprender a gestionar mis finanzas y asegurarme
de que yo misma podía ganar lo suficiente
para cubrir mis necesidades,
para el alquiler, las facturas, la comida y otros gastos
sin caer en grandes deudas.
Me encantaría decirles que hice un presupuesto ordenado
y que aprendí sobre gestión financiera,
pero la verdad es que no lo hice.
Porque además, en ese momento yo tenía la preconcepción
de que el dinero era malo,
como que quien tenía dinero era agrandado,
diríamos en Argentina,
o arrogante.
Entonces, yo no quería tener nada que ver con esos temas.
Lo que sí hice antes de recibirme
fue trabajar un montón en distintos rubros.
Fui moza, trabajé en un call center.
Incluso fui un tiempo de esas personas que trabajan en la calle
pidiendo donaciones para proyectos de impacto social.
Y después de recibirme de psicóloga,
busqué además de mi trabajo principal en la clínica,
cosas adicionales que me ayudaran a aumentar mis ingresos,
porque si no, no me alcanzaba.
Por ejemplo, daba charlas en escuelas sobre psicología.
Si tuviera que dejarte algunas claves para esta fase serían
permitite dejar de desconectar con personas.
Sana cualquier herida que no te permita
conectar emocionalmente con otros.
Hiper necesario para vivir livianos.
Y también, ponete a prueba en lo laboral.
Probá, probá, probá, probá en miles de trabajos diferentes
si hace falta para ir descubriendo tu potencial.
¿Dónde estás cómoda? ¿Qué te gusta? ¿Qué no te gusta?
Séptima etapa, generatividad versus estancamiento.
La generatividad es esa sensación linda que aparece cuando
compartimos nuestros saberes con otros,
cuando transmitimos nuestro legado.
Ahora, si no sentimos que nuestras acciones contribuyan
y tengan sentido o propósito, puede que caigamos en un estado
como de estancamiento o de vacío.
Yo no estoy en esta etapa todavía,
por eso voy a traerles una historia de mi abuela, Graciela,
que cuando llegó a esta etapa empezó a dar clases en un lugar
que se llamaba La Casa del Pueblo,
a donde iban chicos que no tenían la posibilidad de pagar
una maestra particular y tenían dificultades en matemáticas.
Entonces, ella enseñaba todo lo que había aprendido en los 20
años de su carrera como docente.
Claro, este volcarse a ser mentora de otros que querían
aprender de ella, le dio mucho sentido a su vida.
Nos hablaba de ese lugar y se le iluminaban los ojos.
Ya sabía que estaba haciendo algo que era muy importante
para ella.
Ese es un ejemplo de una forma hermosa de atravesar esta
etapa.
Octavo momento, integridad versus desesperación.
Esta es la etapa final de la vida.
Tiene tres objetivos principales.
Reflexionar sobre la propia vida,
es decir, repasar nuestra historia, nuestros logros,
aprender de los fracasos, perdonarnos por aquellas cosas
que no nos gustaron tanto y abrazarnos por esas cosas que
dejaron huellas lindas en otros.
El propósito de dejar un legado a las siguientes generaciones
y la transmisión de los conocimientos que ganamos en
nuestra experiencia de vida.
Y la aceptación del ciclo de la vida.
Aceptar el envejecimiento y la muerte como parte natural del
ciclo de la vida.
Adaptarnos a los cambios que vienen con la vejez,
no negarlos ni renegar de ellos y mantener una actitud de
aceptación hacia esos cambios.
Si sentimos que vivimos una vida significativa,
vamos a tener más posibilidades de desarrollar la sensación de
De sentir que todo lo que hicimos,
o gran parte, tuvo un propósito, fue por algo.
Si en cambio nos vivimos arrepintiendo o castigándonos
por cosas que hicimos o nos sentimos desesperanzados por el
poco tiempo que queda, puede aparecer un fuerte sentimiento
de desesperación.
La resolución exitosa de esta etapa es llegar a la sabiduría.
La capacidad de aceptar la vida tal y como fue y enfrentar la
idea de la muerte como algo posible.
Vamos ahora al segundo tipo de crisis,
las crisis situacionales.
Acá la gran diferencia con las evolutivas es que son
inesperadas.
Tienen que ver con eventos repentinos que nos golpean y
que no forman parte del proceso lineal de la vida,
pero que son muy comunes.
La muerte de algún familiar o ser querido,
enterarnos que tenemos alguna enfermedad complicada,
vivir una catástrofe como una guerra o un desastre natural,
sufrir un accidente, perder un trabajo,
enterarnos que a alguien que amamos le queda poco tiempo de vida.
Si bien no todas tienen la misma intensidad ni las personas la
viven de igual manera,
lo que suma un nivel de complejidad acá es que no nos sentimos
preparados para atravesar estas crisis.
Como son sorpresivas,
no hay modo de que nuestro psiquismo se prepare y por eso puede
aparecer una especie de shock fuerte.
Bien, hasta acá sabemos que existen dos grandes tipos de crisis,
las evolutivas y las situacionales,
y que nadie pasa por esta vida sin experimentar alguna.
Entonces, si son inevitables,
nos quedan dos preguntas por resolver.
¿Cómo reconocer una crisis y cómo superarla?
Vamos por la primera.
¿Cómo me doy cuenta que estoy en medio de una crisis?
Hay una manera muy sencilla.
Dos señales inconfundibles.
Uno, que las herramientas con las que antes venía surfeando la vida
ya no me funcionan.
Lo que venía haciendo dejó de funcionar.
Y dos, que me siento mal, angustiado, enojado.
Tengo algún malestar sostenido.
Ejemplo, pierdo a un gran amor, una pareja,
y siempre mi manera de procesar las pérdidas era
ir hablando del tema y dejando que el tiempo pase.
Pero esta vez me doy cuenta de que no hablar ya no me funciona.
Me siento muy mal.
Identifico ahí que estoy en medio de una crisis
y que quizás necesito ayuda.
Pregunta número dos.
¿Cómo superamos las crisis?
Y esto nos catapulta directo a la parte práctica de este podcast.
Quiero regalarte seis claves para atravesar una crisis vital de
la mejor manera.
Primera herramienta, aceptación.
Este es el punto de partida.
Porque sabemos que las crisis son inevitables y no podemos
safar de ellas.
Nos van a suceder a vos, a mí y a todos.
Cuando entendemos que vamos a vivir crisis y varias veces la
vida, algo afloja.
Y entendemos que tenemos que dejar de luchar y aceptarlas.
Si niego las crisis, el cambio, si niego esto que está pasando,
entonces pueden pasar dos cosas.
La primera es que corro el riesgo de quedarme atascada en
esa crisis.
Lucho con todas mis fuerzas para que las cosas vuelvan a ser como
antes y el malestar se sostiene.
Y la segunda es que no solamente voy a seguir sintiéndome mal,
sino que ese malestar va a aumentar cada vez más.
Ojo que aceptar no quiere decir estar contentos con lo que nos
está pasando.
Se trata de no resistirnos para no sumarle más dolor al que la
crisis ya genera.
Segunda herramienta, flexibilidad.
Los expertos coinciden en que la flexibilidad cognitiva es un
músculo que tenemos que ejercitar sí o sí en el mundo
de hoy porque es la herramienta que nos permite adaptarnos al
cambio.
Más que saber de programación, tener miles de conocimientos
técnicos de inteligencia artificial, robótica,
emociones, finanzas, negocios, marketing.
Primero, antes que todo eso, necesitamos desarrollar la
adaptación al cambio.
Es la herramienta más importante en esta era.
Y eso lo hacemos desarrollando flexibilidad cognitiva.
Tercera herramienta, paciencia.
Necesitamos paciencia para entender que toda crisis es
incómoda, quizás dolorosa, y que lo más probable es que sea un
mega desafío.
Es como aprender a andar en bicicleta o empezar un nuevo
hobby.
Al principio es difícil y frustrante,
pero si perseveramos e insistimos,
llega un punto en el que empezamos a disfrutar del
desafío.
Cuarta herramienta, resiliencia.
Seguramente me hayan escuchado hablar de resiliencia en varios
episodios de este podcast.
Si hay algo que tenemos los seres humanos,
si hay algo que nos hace únicos, es nuestra capacidad para
enfrentarnos a las adversidades, para reinventarnos,
aunque no nos quede nada.
Para encontrar luz, aunque todo sea completamente oscuro.
Hay un episodio de Psicología del Desnudo que amé profundamente
hacer.
A veces lo escucho y me emociono incluso.
Es el 76 de la primera temporada sobre resiliencia.
Quinta herramienta, la acción.
Movernos.
Dar los pasos necesarios para salir de la crisis.
Si es una crisis familiar, buscar terapia familiar.
Si es una crisis sobre salud personal,
tomar la decisión de cambiar hábitos de vida poco saludables.
Si es una crisis con un amigo, tomar la decisión de tener una
conversación abierta y honesta para resolver el conflicto y
restablecer la confianza.
Si es una crisis de pareja, buscar soluciones para salir de
esa situación de crisis o terminar la relación,
lo que fuera.
En este momento,
anímate a dar el paso que la crisis te está pidiendo que des.
Sexta herramienta, la terapia psicológica.
Herramienta maestra de maestras.
La sensación de encontrarnos atravesando una crisis suele ser
de desorientación total,
como si una bomba hubiese explotado al lado nuestro y
estuviéramos aturdidos o intentando reorientarnos en
tiempo y espacio, tratando como de entender qué pasó.
Empezar terapia habla de que somos lo suficientemente
conscientes para entender que hay veces que necesitamos buscar
ayuda, que alguien nos dé la mano y nos ayude un poco a caminar,
aunque sea por unos metros,
hasta que sintamos que recuperamos la orientación.
A veces la terapia es un salvavidas que nos rescata de
los pozos más profundos.
Y aprovecho acá para decirte que si querés iniciar terapia con
nuestro equipo, podés hacerlo.
Podés conocer más en psimomanity.com.
Las crisis nos desafían, nos desarman,
nos revuelcan en el polvo, nos ponen a prueba,
nos muelen a palos, pero también nos transforman.
Nos revelan nuestra verdadera fortaleza.
Cada historia de dolor y pérdida nos hace quienes somos.
Realmente no seríamos tan fuertes ni tan sabios si no
hubiésemos estado ahí, si no hubiésemos atravesado la
tormenta.
Así que cuando estés en medio de la tormenta, acordate,
cada crisis lleva dentro la semilla del cambio.
No es el final, aunque parezca que todo se termina.
Es el inicio, el inicio de una nueva etapa,
la puerta de entrada a una versión más fuerte,
más sabia y más compasiva de vos mismo.
Aprovecha cada crisis y en vez de huir, respira profundo,
infla el pecho y salí a dar batalla.
Animate a encontrar el tesoro que está del otro lado
de la tormenta.
La temporada 3 de Psicología al Desnudo,
como toda etapa, todo ciclo, llegó a su fin.
Nos tomamos una pausa, ponemos un alto por un tiempo para
reencontrarnos más adelante con nuevos episodios.
Para no desconectarte del universo detrás de este
podcast, te doy tres recomendaciones de oro.
Suscríbete gratis a nuestro newsletter,
que es un correo, un tesonito semanal,
lleno de contenido para tu bienestar, que es muy valioso.
Bucea entre los más de 200 episodios disponibles
en las notas de este episodio.
Te voy a dejar algunas playlists que armamos con el equipo,
que son hermosas, que tienen episodios y canciones.
Y si todavía no lo haces, dale seguir a este podcast y
espera muy pronto la notificación de los nuevos
episodios.
Ahora sí, llegamos al final.
Nos reencontramos en la próxima temporada.
Psicología al Desnudo es una producción de Psima Meliti
en colaboración con Posta.
