Para derrocar al dictador Maduro

Jaime Bayly
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6 Visualizaciones de video·21 dic 2024
Hola, ¿cómo están?
Hoy tengo un par de noticias que no son buenas, son noticias malas.
¿Para qué les voy a engañar, no?
Ayer jueves, al final de la tarde,
uno de los seis opositores venezolanos refugiados desde marzo pasado
en la Embajada Argentina en Caracas,
Fernando Martínez Motola,
el más veterano de los seis,
decidió abandonar la Embajada.
Comprensiblemente, supongo,
siendo ya un hombre mayor,
Fernando Martínez se cansó,
se hartó,
se rindió,
cambió de planes,
decidió salir de la Embajada,
se dirigió a su casa,
pasó la noche allí,
y entiendo que hoy se presentó
voluntariamente
ante el Ministerio Público,
o sea, ante la Fiscalía General de Venezuela,
que dirige,
con mano de hierro, pero siempre bien maquillado y empolvado,
el arlequín Tarek William Saab,
que, por supuesto, ha festejado la noticia, ¿no?
William Saab ha dicho que
Fernando Martínez Motola va a colaborar activamente
con la Fiscalía Venezolana.
Mi temor es que Fernando Martínez Motola,
para que no lo metan en la cárcel,
para que lo dejen tranquilo,
para que incluso, eventualmente,
lo dejen salir de Venezuela al exilio,
quizá esté dispuesto a decir
cosas malas, ¿no?
Contra María Corina,
contra Don Hermundo,
González Urrutia, el presidente electo,
e incluso, quizá,
contra sus compañeros que están todavía refugiados en la Embajada Argentina.
Eran seis, quedan cinco.
De esos cinco, dos son mujeres.
Ahora quizá yo me equivoque, ¿no?
Quizá Martínez Motola
se va a presentar ante la Fiscalía,
va a rendir testimonio,
y va a hablar bien de María Corina
y del Partido 20 de Venezuela
y de sus compañeros refugiados en la Embajada.
Y se va a declarar inocente.
Ojalá sea así, ¿no?
Porque es inocente.
Pero, si ha salido
y se ha ido a testificar a la Fiscalía,
da la impresión
de que podrían haber llegado a un acuerdo, ¿no?
O sea, tú hablas mal de ellos
y tú te salvas de ir a la cárcel.
Esta es, desgraciadamente, la Venezuela de hoy, ¿no?
Es una dictadura policial.
Es el imperio del terror.
Es el modelo comunista cubano
calcado y copiado.
Es una tiranía que se sostiene,
que se funda
en el uso brutal de la fuerza.
En el uso, no sólo abusivo,
no, en el uso brutal,
cruel, despiadado de la fuerza
para meterse dentro de los ciudadanos
y llenarlos de miedo y de terror.
Quizá, por una parte, por cansancio
y por otra parte, por miedo,
Martínez Motola ha salido a la Embajada Argentina,
quizá pensó, Maduro se va a quedar aquí 20 años más,
yo ya soy un hombre mayor,
no me queda mucha vida
y no quiero morir aquí en la Embajada Argentina.
No sé.
Todo es comprensible, ¿no?
En el contexto de los sentimientos humanos,
extrañar a la familia,
echar de menos sentirse libre,
querer recuperar una vida digna,
porque en la Embajada era un prisionero.
Es comprensible.
Ojalá que no hable mal de María Corina
y de sus compañeros,
pero estaré atento a ello.
La otra mala noticia
es que el diario El País de España,
que es una fuente seria,
es una fuente confiable,
periódico de izquierdas,
pero no apoya a Maduro de modo alguno,
ha anunciado y con grandes titulares
que Maduro se propone reformar la Constitución.
Esto ya es un chiste,
porque en Venezuela no hay una vida constitucional,
no hay un apego a la Constitución.
La Constitución está ahí,
escrita, dibujada y pintada en una pared,
pero al final la dictadura hace lo que le da la gana, ¿no?
Y se salta a la garrocha la Constitución
cuantas veces quiere.
Pero ha dicho que va a reformar la Constitución
para llevar más democracia a los venezolanos.
Eso, entiéndase bien,
significa que Maduro quiere acercar todavía más
a Venezuela, a Cuba,
al modelo comunista cubano.
¿Qué significa eso?
Que seguramente Maduro,
como ha quedado traumado por la paliza electoral
que le dieron el 28 de julio,
ha llegado a la conclusión
de que su matón preferido, Diosdado Cabello,
tenía razón.
O sea, que en Venezuela
ya no hay que convocar elecciones presidenciales
o para alcaldes, o para gobernadores,
o para diputados,
periódicamente,
permitiendo la participación,
más o menos restringida,
de ciertos candidatos opositores.
Algunos, claro, los alacranes,
funcionales al régimen.
Entonces, quizá Maduro
ha llegado a la conclusión
de que de ahora en adelante
las elecciones serán a partido único,
como en Cuba o como en China.
Nada de ocho o diez candidatos opositores,
nada de debate,
nada de María Corina
y el mundo sale su rutina,
y nada, nada.
Es solito.
Él corre contra sí mismo,
contra su sombra,
y entonces él siempre va a ganar.
Esto es lo que quiere.
Pero se viene pronto Trump,
y quizá Trump es una esperanza,
es una ilusión.
Quizá Trump eche mano a la CIA.
Yo ayer le pedía,
le rogaba a Biden
que despierte de la siesta,
que recuerde que todavía es presidente,
que vea la oportunidad única
de pasar a la historia con Venezuela,
de liberar a Venezuela el 10 de enero.
Biden puede hacerlo,
dispone de los recursos para hacerlo.
La CIA le ha presentado un menú de opciones
y varios planes.
Ninguno de esos planes supone
intervenir militarmente
con soldados en tierra en Venezuela.
¿Cuáles son esos planes?
Yo no conozco los planes en el detalle,
pero mis fuentes me han dicho
que la CIA lleva años trabajando en planes
para derrocar a Maduro y a Cabello,
desde el primer gobierno de Trump,
cuando se constituyó una Venezuela
Task Force,
una fuerza operativa para Venezuela,
y cuando se constituyó un equipo
que se llamaba Venezuela Día 1.
Entonces la CIA tiene ideas,
tiene planes,
tiene posibilidades de golpear duro
la dictadura venezolana
sin una invasión militar.
Los planes han sido revelados,
pero muy someramente,
por una revista de inteligencia
llamada Wired.
Son planes que tienen que ver
con ciberataques,
o sea, ataques cibernéticos.
Todo se controla, se dirige,
se digita a control digital,
remoto,
desde fuera de Venezuela.
Y se hacen ciberataques.
Ciberataques al sistema financiero
venezolano,
a los bancos venezolanos,
ciberataques a la cadena de pagos
de los militares venezolanos,
ciberataques para impedir
que la dictadura pague a los militares,
desde los más altos jefes
hasta los soldados.
Ciberataques para impedir
que funcionen ciertas unidades militares.
Por ejemplo, ciberataques para impedir
que vuelen los jets
de fabricación rusa Sukhoi.
Ciberataques para impedir
que funcionen los equipos
de comunicación celular y satelital
de la inteligencia venezolana.
Ciberataques, esta es la palabra,
o sea, ataques de alta inteligencia,
ataques de alta tecnología
al sistema financiero,
al sistema bancario,
a la cadena de pagos a los militares,
a los jets Sukhoi,
ciberataques a los celulares
con los cuales hablan
o a los teléfonos satelitales
los capos, los espadones,
los mandones de la dictadura.
De manera que si Biden lo aprobase
o quizá después Trump,
después del 20 de enero,
esos ciberataques
podrían hacer un daño grandísimo
a la estabilidad de la dictadura venezolana.
¿Por qué?
Porque entonces los ladrones
no pueden sacar su plata de los bancos,
no pueden usar sus tarjetas de crédito
que quedan inoperativas,
los militares no cobran
y ya se sabe que los militares
marchan siempre sobre el estómago
y con estómago vacío,
bueno, el estómago vacío
del alto mando militar
se puede gestar un alzamiento
contra Maduro y Cabello.
¿Me dejo entender?
Entonces hay que usar los planes de la CIA.
Si no los usa el viejito chocho de Biden,
los tendría que usar Trump.
Pero esos planes están ahí
y consisten en ataques de inteligencia
de alta tecnología.
Ya digo, sistema financiero,
sistema bancario,
cadena de pagos a los militares,
Jetsu Koi,
incluso,
no solo los equipos de comunicación
celular y satelital de la dictadura,
incluso cuando se ha hablado de ideas
de inteligencia,
del servicio de inteligencia de Estados Unidos,
se había considerado,
no sé si esa idea está en pie todavía,
que apenas caen Maduro y Cabello,
apenas los militares
leales a la Constitución,
aliados de la democracia venezolana
y por tanto también
aliados de la operación de rescate,
de emancipación, de liberación,
esos militares podrían inmediatamente,
gracias a operaciones
de inteligencia cibernética,
repartir entre la población,
esta idea me pareció genial,
una tarjeta de débito
a millones de venezolanos.
Cada tarjeta de débito
cargada con un monto
que le permita a ese ciudadano,
a esa ciudadana,
gastar.
Es una donación,
es un subsidio, es un regalo
para festejar la liberación de Venezuela.
Repartir tarjetas,
se había incluso avanzado
con la posibilidad de un banco español
que no voy a citar.
Entonces, y aquí termino,
no quiero quedarme con las malas noticias
de que desertó de la Embajada Argentina
Fernando Martínez Motola,
de que Maduro quiere ya en adelante
prohibir las elecciones
con varios candidatos
y quiere ser el único,
como en Cuba.
Quiero rescatar la noticia
de que, como dije ayer,
la CIA tiene unos planes
y los tiene desde hace unos años
y los ha venido trabajando
y afinando y perfeccionando
para que apenas el presidente,
sea Biden saliente
o sea Trump entrante,
dé la orden,
se ejecuten desde afuera
ataques cibernéticos
de penetrante
inteligencia y de alta tecnología
que paralicen virtualmente
a la dictadura venezolana.
Ojalá que Biden despierte
de la siesta y si no ocurre
eso, ojalá que Trump
comprenda que tiene
una oportunidad para pasar a la historia
también liberando a Venezuela
y por qué no a Cuba, ¿no?
Y por qué no a Cuba.
Trump no veía con mucha simpatía
a Juan Guaidó,
lo llamaba el Beto O'Rourke
de Venezuela.
Beto O'Rourke es un alto,
altísimo, espigado muchacho,
un elocuente
y muy
rescatable
dirigente político del Partido Demócrata
en Texas. Se postuló al Senado
y no tuvo suerte.
Pero se ve que Trump a Guaidó no lo quería
porque decía, no, este es el Beto O'Rourke
de Venezuela, no tiene
lo que hace falta.
¿Qué es lo que hace falta?
Lo que hace falta ahora es coraje,
no paciencia. Coraje
e impaciencia. Y hablar
con los de la CIA y ejecutar sus
planes.
Y mover un poco las aguas,
mover un poco las aguas,
agitar las aguas, hackear
a la dictadura y ponerlos en
aprietos. Seguimos.
