Un hombre sabio - 1👼 - COMPILACIÓN - Mi Pequeña Biblia✝️
4 Visualizaciones de video·31 dic 2024
Comments are disabled for this video.
Sabes tú cómo el mundo comenzó
Cómo Dios con sus manos lo creó
Desde las montañas al inmenso mar
Atarado con sus hojas en total
Está en el libro de Dios
Ve y ábrelo y mí
Es una historia que nos llega a todos
Hoy tus peces se ven frescos, Zofir.
Oh, claro que sí, Jonas.
Son los más frescos que encontrarás y comerás.
Ya sabes cuánto me gusta comer pescado.
Ah, también llevaré una bolsa de maní.
Parece que hay alguien tan hambriento como yo.
¿Tienes hambre, palomita? Ven, cómete lo mío.
También eres criatura de Dios.
Oh, parece que alguien está discutiendo.
El caldero es mío, te digo.
Yo lo vi primero que tú.
Yo me lo voy a llevar porque lo necesito para sacar agua.
No, señor, mentiras tuyas.
Yo lo necesito más que tú.
¡Dámelo!
¡Deténganse!
Las peleas no resuelven nada.
Además, me están haciendo sentir mareado.
Amigos, por favor.
Dios no quiere que ustedes peleen. A Él le molesta.
Ahora el caldero no es para ninguno.
Ambos estaban actuando mal.
Parece que fueran ciudadanos de Ninivec.
¿Quieren que Dios piense que actuamos como ninivitas?
No, Jonas. Lo sentimos, Jonas.
Los ninivitas son enemigos de nuestro pueblo.
Me enteré de que robaron un bote lleno de peces.
Sí, ellos son ladrones.
Oh, sí, sí, sí. Ellos son personas malvadas.
¿Bien?
¿Ahora ven lo que les pasa por pelear?
De ahora en adelante actuaremos como israelitas
y no como los malvados ninivitas.
Así es.
Jonas tenía una tarea muy importante
y era la de enseñar a la gente las leyes de Dios.
Pero se llegó el día en que Dios le encomendaría a Jonas
una visión aún más importante.
Hola, Jonas.
Dios.
Qué alegría oír tu voz.
Tengo una importante misión para ti.
¿Qué quieres?
Haré lo que sea por ti, señor.
Hay algunas personas que no están obedeciendo a mis leyes.
Jonas, mira lo que hacen.
La gente de Ninivec roba.
No se tratan con amabilidad.
Los niños de Ninivec no cuidan a los ancianos.
Otros son perezosos.
Y su rey finge que no hay problemas.
Sólo le interesa comer todo el día
y usar ropa fina.
Sí, los ninivitas son malos.
Castícalos con una inundación o un terremoto.
No, ellos son malos porque no saben nada de mí.
Nadie les ha enseñado mis leyes, Jonas.
Tu misión es ir a Ninivec y hablarle a su pueblo sobre mí.
¿Yo?
¿Ir a Ninivec?
No puedo.
Asígname otra tarea.
Háblales acerca de mi amor.
Pero ellos son los enemigos de mis amigos y de mis vecinos.
Debes ir, Jonas.
Ahora mismo.
Dentro de 40 días los castigaré por su maldad.
Pero si vas a castigarlos, ¿por qué debo ir a hablarles acerca de ti?
Esto no lo entiendo.
Los ninivitas deben ser castigados por malos.
Pero si yo les hablara de Dios y los hiciera cambiar,
quizá Dios no los castigaría.
No, no puedo ayudar a mis enemigos.
Jonas estaba tan confundido que le preguntó a sus amigos qué debía hacer.
¿Sabes, Jonas? Es curioso.
Casi siempre somos nosotros los que hacemos las preguntas.
Esta vez quiero saber lo que piensan.
¿Cómo?
¿Cómo puedo predicarles a los enemigos de los israelitas?
Sencillo.
No puedes.
Ophir tiene razón, Jonas.
Es mejor que no vayas.
No les hables acerca de Dios.
Vaya el problema que tienes, Jonas.
Si no les predicas, estarías desobedeciendo a Dios.
Y si lo haces, decepcionarías a todos tus amigos.
Nadie dijo que ser profeta era fácil, Ophir.
Esperen.
Yo puedo... puedo esconderme de Dios, claro.
¡Claro que sí!
Pero, ¿dónde podrías esconderte de Dios?
Pues, en tu tienda, por supuesto.
Sé que mi plan va a funcionar.
Si me escondo aquí durante 40 días,
Dios castigará a los ninibitas y nadie se enfadará conmigo.
¿Y le llamas a esto un escondite?
A ver, déjame ayudarte.
Ophir, no tienes por qué molestarte tanto.
Mira, Jonas, si vas a esconderte de Dios, tienes que hacerlo muy bien.
Vaya, mi tienda nunca había estado tan limpia.
Ophir, ¿tienes harina para hornear galletas?
Sí, sí, sí, está en aquella vacía.
Vaya...
¡No!
¡Espera!
Bien, ahora que todo está limpio, adiós, Ophir.
¿Qué?
Pero, Jonas, ¿por qué te marchas?
Tengo que irme.
Además, no puedo esconderme de Dios aquí en Israel.
Sería el primer lugar donde Él me buscaría.
Yo sé a dónde vas.
Voy a marcharle tan lejos de Nínive como pueda.
Me voy para el otro lado del mundo, a una ciudad llamada Tarsis.
Dios nunca va a encontrarme allá.
Te extrañaremos, Jonas.
Gracias.
Tengo que emprender un largo y solitario viaje.
Porque Dios... Dios no irá conmigo.
Entonces Jonas viajó lo más lejos que pudo para poder alejarse de Dios.
Comenzó caminando por áridos desiertos.
Luego recorrió altas montañas.
Y finalmente llegó a la población de Jope, de donde zarpaba un barco hacia Tarsis.
Capitán, mi nombre es Jonas.
¿Puedo navegar con ustedes hacia Tarsis?
No, Jonas. Este barco sólo transporta marineros y carga.
Además, ¿cómo sabes de mala suerte llevar un extraño a bordo?
Los marineros del barco no eran israelitas.
Creían en diversidad de dioses.
A ver, compañero. Ayúdame con esta estatua.
Claro. ¿Por qué no?
Capitán, por favor llévenme. Debo viajar con ustedes.
¿Por qué?
Porque ahora me encuentro huyendo de Dios.
¿Por qué?
Porque él me encomendó una misión que no puedo cumplir.
Debo esconderme para que no me encuentre.
¿Vieron eso? Una paloma voló directamente hacia Jonas.
Una paloma es un signo de buena suerte, Capitán.
De buena suerte. Con Jonas a bordo tendremos una tranquila travesía.
Tiene razón. Bienvenido a bordo, Jonas.
Entonces Jonas emprendió el viaje por el inmenso mar en camino hacia la lejana Tarsis.
Jonas se dio cuenta de que los marineros no le rezaban a Dios, sino que adoraban a unas estatuas de vidra.
Disculpe. ¿Qué hace?
Dando de comer al dios del agua.
Si él tiene el estómago lleno, el mar estará en calma, Jonas.
Pero ese no es un dios. Es tan solo una roca.
Mi dios es real.
Él creó el mar, el cielo, los animales. A nosotros creó todo.
¿Un solo dios creó todo eso?
No lo puedo creer, Jonas. Mira, este es el sol dios, el sol del viento, el dios de la abundancia.
Con tantas cosas en el mundo se necesitan muchos dioses.
Oh, claro. Un solo dios no puede gobernar todo el mundo.
Dios sí lo hace. Él es el único y verdadero dios.
Entonces, si él es tan maravilloso, ¿por qué estás huyendo de él?
Quiere que yo vaya a Anínive para que allá sepa de él.
Pero ellos son los enemigos de mi pueblo y estaríamos mejor sin ellos.
Jamás había visto una tormenta como esta.
Yo tampoco. Hay problema.
Bien, ya estamos a salvo.
¿Qué hay de los dioses? ¡Juren a los dioses!
La mala suerte a nuestro barco. ¡Debemos saber quién lo hizo!
Las pichas del destino. Así sabremos quién trajo la mala suerte.
Las pichas están señalando al hombre que nos trajo la mala suerte. ¡Es Honás!
¿De dónde provienes? ¿A qué pueblo perteneces?
Soy un israelita que le rinde culto al dios del cielo, pero que huye de él.
Ahí él te ha encontrado.
Honás, ¿qué podemos hacer?
¿Cómo apaciguamos la tormenta?
Arrójenme por la borda. Ustedes deben salvarse.
¡Por favor, capitán! No tenemos otra opción.
Debemos arrojar a Honás al mar.
Su dios es más poderoso que todos los dioses.
Lo siento, Honás. Hicimos todo lo que pudimos.
Lo sé, capitán. No es su culpa.
Yo provoqué la furia de Dios.
Merezco el castigo, no ustedes.
Dios de los israelitas, discúlpanos por tener que arrojar a Honás al mar.
¡Adiós, Honás! ¡Pobre Honás!
¡A que Dios te perdone, Honás!
Honás se encontró en el vientre de una ballena. Ahora estaba realmente solo.
Dios, estoy arrepentido por esconderme de ti. ¿Me estás escuchando?
Honás oró a Dios durante tres días y tres noches.
Es verdad, estoy aquí.
Y ahora sé que quieres tú de mí.
En el vientre, como ves, la pasé.
Prometo serte fiel.
Tu volumen de su vientre, sácame.
Oye, por favor, escondere.
Por siempre te amaré.
Por favor, escúchame.
Gracias a ti yo escaparé.
Y ofrendas yo te haré.
Mi corazón yo te daré.
Mi vida tuya en el días pasen.
Prometo serte fiel.
De su vientre, sácame.
Sé que muy cerca estás.
Ya siento tu majestad.
Sé que tú tres días pasen.
Prometo serte fiel.
Tu voluntad, sé que tú me escucharás.
De aquí me sacarás.
No me esconderé.
Por siempre te amaré.
De su vientre ya me sacarás.
Dios bendito, escúchame.
Jonás ya no se encontraba solo.
Hola, Jonás.
Oh, Dios.
Me siento tan feliz de que estés conmigo.
Trataste de esconderte de mí.
Sí.
Y ahora sé que lo que hice estaba muy mal.
Jonás, has aprendido tu lección.
Vamos, te sacaré de aquí.
Jonás, Nini B está detrás de esa colina.
Apresúrate.
Ve a hablarles acerca de mí y de mi amor.
Sí, ahora sí puedo hacerlo.
Entonces Jonás se encaminó hacia Nini B.
Y fue tan maravilloso lo que les dijo,
que todos escucharon, le creyeron,
y lo más importante, cambiaron.
Dios dice que no debemos robar a nuestros semejantes.
En este mundo somos hermanos y hermanas.
¿Robaría a su propia familia?
Dios dice que no debemos lastimar a nadie más débil que nosotros.
Todos somos hijos de Dios y debemos protegernos.
Oh, niños, no hagan eso.
Dios dice que debemos honrar a nuestros mayores.
No lo olviden.
En ellos los han criado y protegido.
Hasta los niños cambiaron.
Y se reunían alrededor de Jonás,
como ovejas alrededor de su pastor.
¡Tranjero!
Dios dice que tenemos trabajos que realizar
y que hay que trabajar mucho.
Debemos escucharlo porque fue él
quien nos dio este maravilloso mundo.
Oye, rey de los ninibitas.
Esta no es la forma de gobernar a tu pueblo.
Dios dice que debemos cuidarnos los unos a los otros.
¿Por qué habría de preocuparme de lo que piensa tu Dios?
Porque él va a castigar al pueblo de Nínive por ser tan malo.
Nínive será como esta uva.
¡Rey de los ninibitas!
Por favor, créeme.
Fui enviado por el único y verdadero Dios.
Cuentas con muy pocos días.
Oh, sí, te creo, Jonás.
Pues reconoce su amor y acata sus leyes.
Es lo que él quiere.
Jonás le habló al rey sobre las leyes de Dios.
¡Pueblo mío! ¡Pueblo de Nínive! ¡Escuchen!
Todos debemos ayunar durante una semana.
Durante siete días nadie probará bocado alguno.
Y todos vestiremos zarapos.
Si hacemos esto, le demostraremos al Dios de Jonás
que estamos arrepentidos por haber obrado mal.
Después de que Jonás le habló a los ninibitas
acerca de Dios y de sus leyes,
ellos cambiaron su comportamiento.
Entonces Jonás abandonó la ciudad
y se sentó en una colina en lo alto de Nínive
para presenciar el castigo de Dios.
Jonás, estoy orgulloso de ti.
Historia de David y Goliat, el niño que venció al gigante.
Hace mucho tiempo, Dios envió a su profeta Samuel
para que encontrara al futuro rey de los judíos.
Samuel, ve a Belén, a casa de Josué.
Allí encontrarás al nuevo rey de Israel.
¿Sabré quién es?
Llámalos.
¡Hijos míos! ¡Entren a casa!
¡Hay un invitado que quiere verlos!
David, quédate tú aquí y vigila al rebaño.
Nosotros iremos adentro.
Josué, tú dijiste que tenías ocho hijos.
Sí, y son muy buenos jóvenes.
Allí vienen.
¿Cuál podrá ser?
Seguro que uno de estos es el elegido por Dios.
No, Samuel.
Estás pensando mucho cómo podrá ser físicamente.
Tú debes mirar su interior.
Debes mirar su corazón.
Espera.
Aquí solo hay siete.
¿No tienes otro hijo?
Sí, es el menor y el más pequeñito.
¿Lo ves allí fuera, vigilando las ovejas?
¿Él?
No, no puede ser él.
Oh, sí.
Gracias, ahora debo irme.
Debes mirar su corazón.
¿Cuál es tu nombre, hijo?
David.
David, Dios me ha dicho que tú serás algún día el rey de los judíos.
Dios es mi amigo.
Él me ayudó a salvar a mi oveja.
Sí, y un día espero que tú nos salves a todos.
Adiós, David.
Adiós.
Y que Dios lo bendiga.
Los tres hermanos mayores de David.
David, ven acá y reza conmigo mientras bendigo a los hombres de la familia que lucharán.
Fueron llamados a luchar por el pueblo de Israel.
Eliab, Abinabad, Shama.
Que Dios los bendiga, los proteja y los devuelva a casa a salvo de la batalla.
Pero, padre.
Dime, hijo.
¿A mí no me has bendecido?
Yo también quiero luchar por Israel.
No te preocupes por nosotros, padre.
Ya somos mayores.
Y lo suficientemente fuertes.
Podemos luchar con fuerza contra nuestros enemigos, los malvados filisteos.
Venceremos y volveremos muy pronto.
¡Esperen todos!
¡Esperen!
¡No se vayan sin mí!
Por favor, padre, déjame ir.
Yo también quiero luchar por el pueblo de Israel.
¿Qué es tan gracioso?
Puedo ser pequeño, pero valiente.
Porque el otro día, yo solo salvé todo el rebaño de ovejas de un fuerte y feroz león.
Le di con una piedra de mi onda.
¡Y lo tumbé de una!
¿Quieren ver qué bien lo hago?
No, David, ahora no.
Primero, le he tenido que dar a ese león justo en la nariz.
¡Bang!
Y luego, he sacudido a ese pícaro en los bigotes.
Y luego, he abierto sus mandíbulas y he rescatado a nuestra oveja más pequeña.
Y luego, y luego...
Yo no estoy asustado de esos filisteos.
Por favor, padre, deja que yo vaya también a luchar.
Cuidar ovejas no es exactamente igual que luchar contra los grandes y malvados filisteos, pequeño David.
Quédate en casa, hermanito.
Papá necesita que tú le ayudes a vigilar las ovejas y él vigilarte a ti.
Crece, pequeñín.
Eres valiente para luchar, pero aún eres muy pequeño.
Abinabad, Shammah, hora de irnos.
Adiós, padre.
Adiós.
Algún día iré a luchar por el pueblo de Israel, padre.
Algún día.
Ahora, los dos grandes ejércitos se encuentran para luchar en el medio del vasto valle.
El rey Saúl dirige el ejército de los judíos.
Pero el enemigo, los filisteos, tienen un gigante a su lado.
El gigante se acerca marchando, cruzando el valle, hacia el ejército de los judíos.
Sus piernas eran tan grandes como troncos de un árbol.
Sus brazos tan fuertes como el hierro.
Y sus pasos hacían que toda la tierra temblara.
Yo soy Goliath, el gigante.
Y todos ustedes no son más que pequeños sirvientes del rey Saúl.
Incluso aunque todos ustedes lucharan contra mí, al tiempo nunca podrían vencerme.
Así que ahorrense el trabajo.
Yo los desafío.
Elijan un solo hombre lo suficientemente valiente para luchar.
Yo...
Yo no.
Yo tampoco.
Solo un hombre.
Si él me vence, todos mis hombres serán sus sirvientes.
Pero sepan que si yo lo mato,
todos ustedes tendrán que ser nuestros sirvientes de por vida.
Ahora, ¿quién es lo suficientemente valiente para luchar contra un gigante?
De un paso adelante, estaré esperando.
Todas las mañanas y tardes durante 40 días,
Goliath marchaba hacia el centro del valle y daba su gran grito de batalla.
¿Quién peleará contra mí hoy?
Yo no.
Yo menos.
Nadie es tan valiente para luchar contra un gigante de 3 metros de altura.
O lo suficientemente tonto.
Bah, no son más que cobardes.
¡Lo ha dicho!
¡Eso no es cierto!
¡Qué horror!
Bueno, ¿y mis hermanos qué piensan?
Podré...
No, ni siquiera te atrevas a pensarlo.
Trataré de...
Ustedes no arriesgarán sus vidas.
Tal vez yo.
Tú tampoco Eliab.
No vale la pena, ni siquiera para casarse con la hija del rey Saúl.
Pero sería fabuloso.
Ser premiado con la mano de la princesa y casarse por haber vencido al gigante.
Espero que esto termine y podamos regresar a casa de nuestro padre.
El rey vendrá con un plan.
Ya verán.
Apuesto que podría con 5 en una sola fila.
Ahora recuerda, nunca tengas miedo.
David, hijo, ese fue un buen tiro.
¿Lo has visto, padre?
Ahora tal vez me dejes unir a la tropa y luchar con el rey Saúl y los israelitas.
No, hijo, ya te lo dije antes.
Ellos no te querrán.
Aún eres muy joven para ser un soldado y tienes que tener más carne en esos huesos tuyos.
Pero padre, soy fuerte y puedo correr como un siervo.
Ya dije que no.
Ahora haz lo que te digo.
Lleva esta comida a tus hermanos.
Luego regresa a casa rápido para que me cuentes cómo están.
Ten cuidado, hijo.
Rezaré para que traigas buenas noticias.
Adiós.
¿Quién luchará contra mí hoy?
¿Hay algún hombre lo suficientemente valiente para luchar?
Serán todos los israelitas unos malditos cobardes.
¿Qué están haciendo?
¿Por qué están huyendo?
Tú debes correr si sabes que es lo que te conviene.
¡Quítate, niño!
¿Pero quién es ese?
Es Goliat, el gigante.
Él es el campeón de los filisteos en contra del pueblo de Israel.
¿Pero por qué nadie lucha en contra?
¿Qué quieres decir?
Míralo, él es muy fuerte.
Mide más de tres metros de altura.
Ninguno de nosotros podría ni siquiera acercarse a su lanza.
¿Y qué pasa con el rey Saúl?
El rey Saúl dará un gran premio al hombre que mate a ese gigante.
Le permitirá que se case con su propia hija.
¿Y ninguno de ustedes se atreve a intentarlo?
¡No!
Porque ninguno de nosotros quiere morir sin razón.
¡Eliab!
¿Por qué no luchas tú?
¡Adinabab!
¿Por qué tienes miedo?
¡Shamá!
¿Ustedes también le temen al gigante?
Todos los soldados están asustados, pequeño David.
Sí, hermano pequeño.
¿Acaso tú no lo estás tan bien?
Tú eres muy joven para estar aquí, David.
Sí, hermanito.
Regresa a casa y asegúrate que las ovejas estén bien.
No puedo.
Alguien tiene que luchar contra Goliat.
¿Pero quién?
Todos los que estamos aquí tenemos miedo.
Yo lucharé contra el gigante.
Yo no tengo miedo.
¿Tú?
Sí.
Dios es más fuerte que Goliat.
Y Dios me ayudará.
Corre y dile al rey Saúl que yo no tengo miedo.
Oye.
Traigo noticias del rey Saúl.
¿Qué noticias?
Que ya tenemos un campeón israelita.
Dice que es realmente un joven pastor.
Que él quiere luchar por el rey Saúl y los israelitas.
Dice también que Dios le ayudará a luchar contra el gigante.
Y él nunca ha sido entrenado como soldado.
Bueno, dile al jovencito tonto que regrese a casa.
El rey Saúl no está para chistes aquí en el terreno de batalla.
Dile al niño que venga.
¡Joan!
Traeme a ese niño.
¡Ahora!
¿Quién será esa maravilla?
Me asombra porque es el único que se atreve a luchar contra el gigante.
Él es un gran señor
Gigante es el señor
Pero yo no
Su espada junto a él
Muy grande es su poder
En cambio yo
Soy humilde
Tan grande como el mar
Gigante es el señor
Sé que gigante es mi Dios
Grande como el sol en el cielo azul
Tres pies alto tú
Seis pies como yo
Eres pequeño al lado del señor
Gracias a mi fe
Gigante es el señor
Sé que gigante es mi Dios
No sé
Grande como el sol en el cielo azul
Tres pies alto tú
Seis pies como yo
Eres pequeño al lado del señor
Sé que gigante es mi Dios
No sé
Grande como el sol en el cielo azul
Si eres alto tú
Seis pies
Eres pequeño al lado del señor
Y sé que si te encuentras
A mí
Te seré señor
Gigante
Gigante es el señor
Así que ese es el pequeño héroe
Pero ni siquiera puede con una puta
Den paso para el pequeño gigante asesino
No veo a ningún gigante asesino
No veo absolutamente a nadie
Yo tampoco
Silencio
Abran paso a este chico
He dicho que den paso a este pequeño pastor
El rey quiere verlo
Sí, jefe
Su majestad
Yo soy
Silencio
Dejen hablar al niño
Yo soy David, el niño pastor
Por favor, señor, no tenga miedo del gigante
Con la ayuda de Dios yo lucharé contra él
Por usted y por el pueblo de Israel
Pero cómo un niño como tú peleará contra Goliat
Tú no puedes contra él ni en estatura
Ni en fuerza, ni en destreza
Pequeño, ni siquiera has sido entrenado para luchar
Es cierto, majestad
Yo soy joven y pequeño
Pero Dios me hará fuerte
Si Dios salvó mi oveja
Dios me salvará de ese gigante
Ahora déjeme luchar contra el gigante
Por usted y por el pueblo de Israel
Sí, pequeño David
Y que Dios te acompañe
Joab, toma mi espada y mi escudo
Toma mi armadura
Y pónsela al joven David
Joab, he dicho que vistas al niño para luchar
Sí, sí, sí, su majestad
Bueno, ¿no han oído al rey Saúl?
Hagan lo que él dice
Me cuesta mucho trabajo tomar su espada, su majestad
Y su escudo es muy pesado para mí
Pero, David
La ayuda de Dios es toda la armadura que necesito
Dios, ayúdame, por favor
Ayúdame a luchar contra el gigante Goliat para el pueblo de Israel
¿Me escuchas? Te hablo a ti, Goliat
¡Estoy listo para luchar!
¿Tú crees que puedes luchar con palos y piedras?
Te arrepentirás
Lucharás contra mí con tu espada, tu escudo y tu pesada armadura, Goliat
Pero yo lucharé contra ti en el nombre de Dios
Goliat está muerto
¡Por sus vidas!
¡Mira a esos cobardes corriendo!
¡Están tratando de escapar!
Y los israelitas persiguieron a los filisteros
¿Dónde está el pequeño?
Joab, tráemelo aquí
¡Hermanito!
¡Nuestro valiente hermano David!
Traigan al pequeño aquí donde el rey Saúl
Gracias, hijo mío
Gracias, su majestad
Y así fue como el pequeño David venció a Goliat el gigante con la ayuda de Dios
Esta es una de las muchas aventuras que Dios había planeado para David
David creció para convertirse en un grandioso rey que sirvió a Dios
Durante toda una vida larga y llena de aventuras
Siempre recordó las palabras de aliento de Dios

