Las 31 partes más aterradoras del Apocalipsis (Biblia)

Relatos Históricos
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20 abr 2026
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En este vídeo haremos un recuento de algunas de las cosas más enigmáticas y aterradoras del Apocalipsis, un libro que los teólogos y académicos continúan debatiendo sobre su significado.
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Estamos viviendo en el final de los tiempos, los profetas hebreos anunciaron que durante
los últimos días, los israelíes exiliados por todo el mundo retornarían a la tierra
prometida para la construcción o reconstrucción del tercer templo.
Según la Biblia, esta reunión de la diáspora judía constituyó una promesa hecha por Moisés
al pueblo de Israel, y fue animada, entre otros, por los profetas Isaías, Ezequiel
y Jeremías en tiempos del exilio babilónico.
Jeremías 29.14 dice, Y seré hallado por vosotros, dice Yahvé, y haré volver vuestra
cautividad, y os reuniré de todas las naciones, y de todos los lugares a donde os arroje,
y os haré volver al lugar de donde os hice llevar.
La reunión de los exiliados en la tierra de Israel se convirtió en la idea medular
del movimiento sionista, y fue el concepto central de la declaración de independencia
del Estado de Israel en 1948, donde actualmente viven unos 7 millones de judíos, provenientes
del exilio o descendientes de estos.
El libro del Apocalipsis señala que en el final de los tiempos, la batalla de Armagedón
se producirá en el territorio de Israel entre Dios y las naciones del hombre, y aunque la
victoria será divina, no queda claro quiénes serán los derrotados.
El libro del Apocalipsis, también llamado Revelaciones, es el último texto del Nuevo
Testamento y el único de naturaleza profética.
Su riqueza de simbolismos ha generado infinidad de interpretaciones sobre sus asersiones,
y sin duda es el libro más controversial de la Biblia cristiana.
Ni siquiera hay seguridad sobre su autor, aunque la iglesia lo atribuye al apóstol
y evangelista Juan.
En este vídeo haremos un recuento de algunas de las cosas más enigmáticas y aterradoras
del Apocalipsis, un libro que los teólogos y académicos continúan debatiendo sobre
su significado.
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1.
¿Por qué construir el Tercer Templo de Jerusalén?
Los judíos han construido dos templos en Jerusalén, el primero, atribuido al rey Salomón,
fue destruido por el rey caldeo de Babilonia, Nabucodonosor II, en el año 586 a.C.
Tras ser liberados de su cautiverio en Babilonia por el rey parsa Aqueménida, Ciro II el Grande,
los judíos retornaron a Jerusalén y construyeron el segundo templo, o lo reconstruyeron sobre
el primero.
Este segundo templo fue destruido en el año 70 de la Era Común, por Tito, futuro emperador
romano.
Desde que el segundo templo fue destruido, los judíos han orado para que Dios les conceda
la posibilidad de erigir el tercer templo.
A pesar de que continúa sin construirse, la idea de un tercer templo es sagrada para
el judaísmo, sobre todo para el decorriente ortodoxa, como un lugar de culto por realizarse.
2.
¿Quién escribió el Apocalipsis?
El Apocalipsis fue escrito originalmente en griego o koiné, la lengua griega que se generalizó
en el mundo helénico, después de las conquistas de Alejandro Magno.
La primera palabra del texto, Apocalipsis, significa revelación, y por eso el libro
es llamado indistintamente Apocalipsis y Revelaciones.
Es el único libro apocalíptico, es decir, que profetiza devastación y exterminio, canonizado
por la iglesia y la principal obra escatológica cristiana.
El autor del libro sólo se presenta como Juan y autores del siglo II, como Papías
de Hierápolis, Ireneo de Leona, Justino Mártir, Melitón de Sardes y Clemente de Alejandría,
lo identificaron con Juan el Apóstol, el discípulo más joven de Jesús según los
evangelios.
Sin embargo, los estudiosos modernos señalan que no existen evidencias que permitan asegurar
que el autor fue el apóstol y evangelista, y que todo lo que se puede aseverar es que
se trató de un profeta cristiano llamado Juan.
3.
¿Quién fue Juan de Patmos?
Juan de Patmos, conocido también como Juan el Divino, Juan el Revelador y Juan el Teólogo,
es el nombre dado por tradición al autor del Apocalipsis.
En el mismo libro, el autor se identifica como Juan e indica que se encontraba en Patmos,
una isla del mar Egeo, frente a la costa asiática del imperio romano a la que, según los historiadores
bíblicos, eran enviados los desterrados en tiempos de las persecuciones cristianas del
emperador Domiciano.
Si bien la tradición cristiana le atribuye la autoría del Apocalipsis al apóstol Juan,
algunos eruditos y clérigos antiguos reconocen al menos a otro Juan como compañero de Jesús,
llamándolo Juan el Presbítero.
Muchos eruditos piensan que resultaría extraordinariamente extraño que, de haber sido el apóstol el
autor del Apocalipsis, no se hubiera identificado en el libro como el discípulo directo de Jesús.
Se considera que Juan de Patmos estuvo exiliado en la isla a finales del siglo I de la Era
Común.
Apocalipsis 1.9 dice,
Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, estaba en la isla llamada
Patmos por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo.
4.
El Apocalipsis fue de los últimos libros en ser aceptados dentro del canon.
El Apocalipsis fue uno de los últimos libros en ser admitidos como parte del canon bíblico
cristiano, e incluso todavía algunas iglesias cristianas lo consideran apócrifo.
Los primeros cristianos orientales fueron escépticos respecto al libro, principalmente
por su estilo inusual y las dudas sobre su autor.
Después de muchos debates sobre la naturaleza del libro, el Decretum Gelasianum, obra atribuida
a un erudito anónimo entre los años 519 y 553, incluye al Apocalipsis entre los libros
canonizados por el Concilio de Roma del año 382.
Su carácter canónico fue ratificado por el Sínodo de Hipona en 393, el Concilio de
Cartago en 397 y el Segundo Concilio de Cartago en 419.
Más de mil años después volvió a ser ratificado por el Concilio de Florencia en 1442 y el
Concilio de Trento en 1546.
Número 5.
El trono de Dios y los cuatro seres vivientes.
El primer capítulo del libro se refiere a cómo Jesucristo comunica revelaciones a Juan
a través de visiones proféticas, ordenándole que escriba y organice todo lo que oye y ve,
incluyendo sus propias visualizaciones.
Se produce la aparición de uno como un hijo de hombre y se revela lo que representan las
siete estrellas y los siete candeleros.
Seguidamente hay mensajes para las siete iglesias de Asia, Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Teatira,
Sardis, Filadelfia y la Odisea.
En el capítulo 4 aparece el trono de Dios, rodeado de 24 tronos menores, con 24 ancianos
sentados en ellos.
Se presentan los cuatro seres vivientes, que son descritos como la visión del carro celestial
del profeta Ezequiel.
Número 6.
Los siete sellos.
En el capítulo 5 se presenta un rollo con siete sellos, declarándose que el león de
la tribu de Judá, de la raíz de David, es el único digno de abrir el rollo.
En el capítulo 6 se abren los siete sellos y en los primeros cuatro aparecen cuatro caballos,
uno blanco, uno rojo, uno negro y uno pálido, cada caballo con un simbolismo particular.
El jinete del cuarto caballo es la muerte y va seguido por el Hades.
La muerte recibe la cuarta parte de la tierra para matar con espada, con hambrunas, con
fuestes y con las fieras del mundo.
En el quinto sello aparecen las almas de los mártires de la palabra de Dios y en el sexto
se produce un terremoto, las estrellas se caen del cielo, los montes y las islas cambian
de lugar y los supervivientes invocan a las rocas y a los montes para que caigan sobre
ellos para esconderlos de la ira del cordero.
Número 7.
El séptimo sello y las siete trompetas.
En el capítulo 7, 144 mil miembros de las doce tribus son sellados en sus frentes como
siervos de Dios y el capítulo 8 comienza con el séptimo sello y la presentación de
las siete trompetas.
Siete ángeles reciben trompetas y un octavo ángel devasta la tierra con fuego y toda
clase de calamidades.
Los siete ángeles empiezan a sonar sus trompetas, la primera trae granizo, fuego y sangre, quemando
la tercera parte de la vegetación.
Con la segunda cae a la tierra una montaña ardiente que mata un tercio de las criaturas
marinas y destruye un tercio de los barcos.
Con la tercera trompeta, la estrella ajenjo cae del cielo y envenena un tercio de las
aguas dulces.
La cuarta trompeta oscurece la tercera parte de los astros celestes, produciendo oscuridad
durante la tercera parte del día.
Número 8.
El capítulo 9.
El capítulo 9 comienza con que la quinta trompeta hace caer una estrella que cava un pozo sin
fondo del que emana un humo que oscurece el mundo.
De la humareda emergen langostas con poder como los escorpiones de la tierra.
Las langostas reciben la orden de no dañar a nadie, salvo a los que no tienen el sello
de Dios en la frente.
Las langostas son de forma humana, con corazas de hierro y dientes de león, y cuando aletean
producen un estruendo de muchos caballos y carros que se precipitan a la batalla.
Con la sexta trompeta, cuatro ángeles que han sido atados al Gran Río, Éufrates, son
liberados para organizar un ejército de 200 millones de jinetes que matan una tercera
parte de la humanidad con fuego, azufre y humo.
Juan se come el Pequeño Rollo
Después de la sexta trompeta, el capítulo 10 consiste en un interludio llamado El Pequeño
Rollo, en el que aparece un ángel con un pie en la tierra y otro en el mar, y un pequeño
libro abierto en una de sus manos.
A un grito del ángel en medio del estruendo de siete truenos, se escuchan secretos y misterios
que Juan no puede transcribir.
Juan recibe la orden de comerse el Pequeño Rollo, que es dulce de sabor pero amargo en
el estómago.
Recibe también una vara para medir el altar y el Templo de Dios, así como a los que rindan
adoración.
Fuera del templo, la Ciudad Santa es hollada por las naciones del mundo durante 42 meses.
Número 10.
Un dragón arrasa la Tierra
El capítulo 11 comienza con dos testigos que profetizan durante 1.260 días vestidos
de silicio.
Seguidamente, con la séptima trompeta, el Templo de Dios se abre en el cielo en medio
de un terremoto, relámpagos, truenos y una fuerte granizada.
En el capítulo 12, una mujer, vestida de un manto blanco, con el sol a sus espaldas,
la luna bajo sus pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas, está embarazada
de un niño.
Un enorme dragón de siete cabezas coronadas y diez cuernos, arrastra la tercera parte
de las estrellas del cielo con su cola y las precipita a la Tierra, mientras espera que
nazca el niño para devorarlo.
Sin embargo, tras nacer, el niño es llevado al Trono de Dios y la mujer huye al desierto
donde le tienen un lugar preparado para estar 1.260 días.
Número 11.
El número de la bestia
Una guerra estalla entre el ángel Miguel y el dragón y sus propios ángeles, que son
expulsados del cielo por toda la eternidad.
El dragón se propone perseguir a la mujer, pero ella puede evitarlo, lo que enfurece
a la bestia, que le declara la guerra a toda su descendencia.
En el capítulo 13, del mar emerge otra bestia de múltiples cabezas y cuernos, la bestia
del mar blasfema de Dios y derrota a los santos.
Entonces emerge de la tierra otro monstruo con cuernos de cordero, pero hablando como
dragón.
Este engendro ordena a la gente hacer una réplica del monstruo marino y le insufla
vida a la imagen, obligando a las personas a llevar la marca o el número de la bestia,
el 666.
Número 12.
Las siete copas
En el comienzo del capítulo 14, el cordero está parado en el monte Siona, con los 144.000
redimidos que han salido victoriosos frente a la bestia y su marca.
En el capítulo 15, se abre en el cielo el templo del Tabernáculo, comenzando la revelación
de las siete copas.
Siete ángeles reciben cuencos o copas de oro de los cuatro seres vivientes, que contienen
las siete últimas plagas que representan la ira de Dios.
En el capítulo 16, las siete copas son vertidas sobre la tierra, la primera con una llaga
maligna y repugnante que acongoja a los seguidores de la bestia.
Con la segunda, el agua del mar se vuelve sangre, muriendo todas las criaturas marinas,
y con la tercera copa, el agua dulce también se hace sangre.
Número 13.
Tras la sexta copa, comienzan los preparativos del Armagedón.
Con la cuarta copa, el sol quema la tierra y a muchas personas con su intensidad, y la
quinta copa arroja una oscuridad total sobre el mundo.
La sexta copa seca el leufrates y comienzan los preparativos para la batalla final del
Armagedón.
Con la séptima copa, se produce una granizada y un gran terremoto.
Las islas escapan y los montes desaparecen.
Según Apocalipsis 16-17-21, toda isla huyó y los montes no fueron hallados.
El capítulo 18 refiere a la destrucción de la Nueva Babilonia, lo que es lamentado
por los reyes y sus súbditos.
Número 14.
Todos los malos terminan en el Lago de Fuego.
En el capítulo 19, una inmensa multitud rinde alabanzas a Dios y se celebra la cena
de las bodas del Cordero.
El falso profeta y la bestia son lanzados al Lago de Fuego, y ya en el capítulo 20,
el dragón queda encerrado durante mil años en el Pozo del Abismo.
Los mártires son resucitados para reinar con Cristo durante un milenio.
Transcurridos los mil años, el dragón queda en libertad y empieza a viajar por los cuatro
puntos cardinales, engañando a las naciones y organizándolas para el enfrentamiento final
en la Ciudad Santa.
La guerra entre el pueblo de Dios y el dragón comienza y el monstruo es derrotado.
El dragón va a parar al Lago de Fuego, al lado del falso profeta y la bestia, donde también
son arrojados los malvados después del juicio final, junto con la muerte y el Hades.
Número 15.
La Nueva Jerusalén.
En el capítulo 21, una tierra nueva y un cielo nuevo reemplazarán al mundo antiguo.
Cesarán la muerte y el sufrimiento, y Dios vendrá a morar y a reinar en la Nueva Jerusalén,
adorado por la humanidad.
Esta Nueva Jerusalén es descrita en Apocalipsis 21-23-27 así,
La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella, porque la gloria
de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.
Y las naciones que hubieran sido salvas andarán a la luz de ella, y los reyes de la tierra
traerán su gloria y honor a ella.
Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche, y llevarán la
gloria y la honra de las naciones a ella.
No entrará en ella ninguna cosa inmunda o que hace abominación y mentira, sino solamente
los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.
En el capítulo 22 aparecen el árbol y el río de la vida, para la sanación de pueblos
y naciones, y la maldición del pecado se da por terminada.
Cristo anuncia la inminencia de su venida.
Número 16.
Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, Anticristo, Guerra, Hambre y Muerte.
El capítulo 6 del libro del Apocalipsis introduce en la narración siete sellos, de los cuales
el primer cuarteto hace referencia a los cuatro jinetes del Apocalipsis.
El primer jinete cabalga en un caballo blanco, y porta un arco, por lo que algunos eruditos
lo han asociado con el Anticristo.
El segundo cabalgante va a lomos de un corcel rojo, y ha sido relacionado con la sangre,
la violencia y la guerra.
El tercer jinete monta un caballo negro, y ha sido vinculado con el hambre.
El cuarto jinete va en un caballo pálido, representando a la muerte, y el mismo Juan
de Patmos dice que va seguido del mismo inframundo.
Número 17.
Terremotos Inimaginables.
La ruptura del sexto sello desencadena un terremoto fuera de cualquier escala terrenal,
produciendo una sacudida de tal magnitud, que continentes enteros entran a la deriva.
El libro afirma que, el sol se volvió negro como tela de silicio, y la luna se volvió
toda como sangre.
Para describir un escenario más espeluznante, Apocalipsis 614 refiere que los cielos son
arrastrados como un pergamino que se enrolla.
Pero la devastación no termina ahí, sobre la tierra se abate una lluvia de estrellas,
que hacen palidecer los bombardeos con las armas más modernas y mortíferas de la actualidad.
Algunos autores modernos sostienen que la visualización de uno de estos bombardeos
explica vividamente lo que Juan de Pazmos describe en el Apocalipsis.
Número 18 Desastres con Banda Sonora
En el capítulo 8, y como si se tratara de una épica superproducción cinematográfica
sobre una de las peores guerras, los desastres narrados por Juan, se producen en las ocasiones
en las que siete ángeles hacen sonar unas trompetas en situaciones trascendentales.
De manera similar a como ocurre en el libro del Éxodo, cuando Dios abatió diez plagas
sobre los egipcios, que mantenían esclavizado al pueblo de Israel, el Apocalipsis se conforma
con siete, pero de una manera mucho más devastadora y amplia, ya que afecta a todo el mundo.
Fuego, granizo, sangre, montañas incendiadas y estrellas caen sobre la tierra y matan a
un tercio de sus habitantes, o destruyen una tercera parte del agua y otros recursos necesarios
para la vida.
Número 19 Oscuridad y langostas asesinas
Con el sonido de otra trompeta por uno de los ángeles músicos del Apocalipsis, el
mundo pierde un tercio de su iluminación y hace nocturno cuando debería ser diurno.
Según el propio libro, esta calamidad astronómica arruina el ciclo de días y noches, con todas
sus nefastas consecuencias para la vida.
Un nuevo sonido de trompeta carrea una plaga de langostas que lo devoran todo.
Apocalipsis 9-6 narra que las víctimas de las langostas, con rostro humano, sufren tal
agonía que suplican por su propia muerte.
Esto no es sorprendente leyendo la descripción que hace Juan de las langostas, que producen
atroces dolores como los de los escorpiones, con sus dientes de león, rostro humano y
cabello largo.
Número 20 Un bestiario de pesadilla
El libro del Apocalipsis reúne una de las colecciones más pavorosas de las peores bestias
que se puedan encontrar en las escrituras religiosas y en la literatura fantástica.
Aparte de las langostas de rostro humano y coraza de hierro, uno de los monstruos más
representativos del texto del Nuevo Testamento es el mencionado en el capítulo 13, Emergiendo
del mar.
Juan lo narra así en Apocalipsis 13-1, Me paré sobre la arena del mar, y vi subir de
el mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cuernos diez diademas,
y sobre sus cabezas un hombre blasfemo.
Número 21 Llagas como las de Landraax
En el capítulo 16 del Apocalipsis, la primera de varias copas, de contenido no especificado,
se derrama sobre la tierra y quienes se ven afectados, los que han recibido la marca de
la bestia, quedan con el cuerpo cubierto de llagas dolorosas, malolientes y supurantes.
Aunque obviamente el Apocalipsis no lo señala, el dolor asociado con estas llagas en la piel
no sería desconocido para los lectores contemporáneos del libro.
Si se supone que estas lesiones son algo así como Andraax, tal como se conoce actualmente,
entonces es innegable el dramatismo de la descripción.
Número 22 Piedras de granizo de más de 20 kilos
Las catástrofes naturales referidas en el Apocalipsis superan en mucho a las que la
humanidad ha experimentado en tiempos históricos, pero no a otras consignadas por las épocas
geológicas.
El capítulo 16 del libro relata una tormenta escalofriante seguida de un terremoto sin
precedentes.
Hubo un gran terremoto, cual nunca antes había habido desde que los hombres han estado sobre
la tierra.
Un terremoto tan grande y poderoso.
Según la narración, tras el cambio de paisaje producido por el terremoto, enormes cuerpos
de granizo se estrellaron contra el planeta, dejándolo marcado.
De acuerdo con Apocalipsis 1621, el peso de cada una de estas piedras era de más o menos
un talento.
En el Antiguo Testamento, un talento representa 34 kilogramos de plata, mientras que en el
Nuevo Testamento equivale a 21,6 kilos.
Cualquiera que sea la referencia, la piedra de granizo más pesada que se ha reportado
era de un kilo.
Número 23 Un famoso personaje femenino
Apocalipsis 17 presenta uno de sus personajes más famosos, la Madre de las Rameras, representada
en imágenes apocalípticas como la que pintó Albert Durero a finales del siglo XV.
Juan describe a la Ramera de Babilonia vistiendo ropas de colores vivos y usando todo tipo
de joyas, piedras preciosas y costosos accesorios, y si bien se trata de una visión opulenta,
la autor del Apocalipsis deja en claro que no hay nada que admirar en ella.
La mujer cabalga sobre un dragón rojo con 10 cuernos y 7 cabezas, llevando una copa
de inmundicia.
Número 24 Aves devorando muertos
Según Apocalipsis 19-18, a medida que avanza la batalla final y aumenta el número de muertos,
un ángel llama a las aves carroñeras de la tierra para que acudan a darse un festín
con los cadáveres.
Sin embargo, el Apocalipsis no ha terminado con la matanza, incluso después de que el
ejército de Dios se proclama victorioso.
Como relata el capítulo 20, Satanás es puesto en cautiverio por mil años, después del
cual dice que debe ser desatado por un poco de tiempo.
Mientras tanto, toda una eternidad en un lago de fuego espera a aquellos que serán juzgados
mal al final de este paréntesis de un milenio.
Número 25 Advertencia a las principales iglesias
Juan de Patmos comienza el libro dirigiéndose a las iglesias cristianas de las principales
ciudades de la cristiandad en ese momento, Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis,
Filadelfia y la Odisea, para lanzarles una advertencia.
Juan señala a estas ciudades y compañeros de religión que deben poner sus vidas en
orden, retornando a la piedad e impidiendo que ocurran actos inmorales.
El autor del Apocalipsis adota el rol de un padre algo desencantado con sus hijos y les
advierte de las consecuencias fatales que les esperan si no obedecen.
Número 26 El falso profeta
En la profecía, una bestia sale del mar para esparcir dolor y condenación, pero será
un segundo engendro que brotará de la tierra, el que demostrará suficiente poder y persuasión
para convencer, amedrentar y someter a la gente.
Este segundo monstruo con dos cuernos como los de un cordero, pero que habla con voz
de dragón, es considerado el falso profeta.
Esta segunda bestia ordena a la gente que adora la primera salida del mar y que ha sido
herida hasta que sane.
Antes de que la primera bestia marina sane, la segunda de origen terrestre hace que la
humanidad adopte la marca de la bestia, el famoso 666 grabado en el cráneo de los protagonistas
de algunas películas de terror.
Número 27 La literatura apocalíptica
Por muy sombrío, aterrador y exagerado que pueda parecer el relato del Apocalipsis, es
un libro perteneciente al tiempo de la literatura apocalíptica como género de escritura.
A menudo el lector contemporáneo pretende ponerse en el pellejo del lector antiguo,
pero ambos son muy diferentes.
En los tiempos bíblicos y del cristianismo primitivo, la mayoría de las personas eran
analfabetas y los pocos que sabían leer estaban llenos de supersticiones y de prejuicios religiosos,
sociales y de toda índole.
Además, muchos de los alfabetizados tenían una agenda particular para cuyo éxito resultaba
conveniente este tipo de narraciones.
Número 28 es un libro muy violento
Cuando se traduce a estándares modernos, el libro del Apocalipsis es muy violento, un
erudito estimó que el número de muertes a las que el texto hace referencia, proyectado
a los tiempos modernos, podría significar entre 5.000 y 6.000 millones de cadáveres,
es decir, un alto porcentaje de la población actual.
Número 29, el libro está condicionado por ser un exiliado su autor.
El mismo Juan explica que se encuentra en pazmos por la palabra de Dios y el testimonio
de Jesús, aunque algunos eruditos modernos sostienen que esta afirmación podría significar
simplemente una forma de predicar.
La mayoría conviene en que esto implica que se trataba de un exiliado por su fe cristiana.
Era una época en la que el imperio romano perseguía a los seguidores del cristianismo
por no adorar a los dioses paganos y a los emperadores.
Siendo Juan un exiliado por su religión, utilizó esa misma fe como elemento para atemorizar.
Número 30, propaganda antirromana
A medida que la retórica religiosa y política emerge del aterrador simbolismo del libro del
Apocalipsis, se hace claro cómo y por qué el texto fue canonizado en el Nuevo Testamento.
En su libro Los Evangelios Gnósticos, la profesora de religión de la Universidad de
Princeton, Elanie Pagels, sostiene, en primer lugar, que el Apocalipsis fue escrito en una
época en la que la figura de Jesús estaba sometida a un intenso debate.
En segundo lugar, la propia naturaleza del libro da pie a que se ha interpretado de diferentes
maneras.
Pagels lo ve en gran medida como propaganda antirromana.
Número 31, una herramienta política útil
Irónicamente, este supuesto simbolismo contra la Roma imperial y en favor del naciente cristianismo,
finalmente se revirtió en beneficio del Imperio Romano.
El simbolismo del libro del Apocalipsis fue, en última instancia, una herramienta política
útil, por lo que muchos eruditos creen que llegó a aparecer en la Biblia.
Pagels señala que en esa época y antes de que se escribiera el Apocalipsis, había místicos
menos conocidos que escribían textos igualmente extraños y proféticos.
Sin embargo, sus escritos no encajaban con las agendas de los poderes de la época, y
la historia los dejó de lado.
Esperamos que este video te haya sido útil.
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