Seabiscuit: The Story of the Racehorse Who Became a Legend

Horse Riding
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2 Visualizaciones de video·28 abr 2026
With the American people mired in the Great Depression, a horse named Seabiscuit became a symbol of hope for those who had lost everything. The story of how a small thoroughbred, from whom no one expected anything, would win many horse racing competitions thanks to his strength, becoming a legend.
His 1938 race with Triple Crown winner War Admiral is considered the greatest horse race of the 20th century.
He is the horse that has won the most money in prize money. His story is part of American popular culture, a horse that helped lift people out of the Great Depression. Don't miss it.
Estados Unidos, años 30.
La crisis económica de la llamada Gran Depresión
tiene sumergida a la población en una situación desesperada.
La gran mayoría han perdido sus ahorros, trabajos, hogares
y apenas tienen para comer.
El optimismo está ausente
y la esperanza por un futuro mejor
es lo único que mantiene el espíritu del pueblo de Estados Unidos.
En este contexto se forja la leyenda de Seabiscuit,
un caballo pura sangre
que superando todos los obstáculos de la vida
conseguirá hitos increíbles,
devolviéndole al pueblo la fe
para seguir adelante
y conseguir sus objetivos.
Tal vez Seabiscuit no fuera el caballo más veloz
ni el favorito entre los expertos
ni el que más carreras ganó,
pero no se pierda su historia.
En la primavera de 1933 en Lansington, Kentucky,
cuna de muchos de los mejores caballos de carreras de Norteamérica,
nace un potrillo prometedor
de impecable pedigrí.
Su padre, Hartag,
era hijo del legendario Manowar,
posiblemente uno de los mejores pura sangre
de carreras de todos los tiempos.
Se le bautizaría con el nombre de Seabiscuit,
un tipo de galleta muy nutritiva
consumida por los marineros de la época.
El potro creció en la granja de Claiborne,
estando en propiedad de los hermanos Gladys y Odgenbill.
Seabiscuit no encajaba en el ideal de los pura sangre,
más pequeño de lo habitual,
con unas rodillas huesudas y prominentes,
de temperamento dulce, tranquilo,
contrastaba con el carácter fuerte
e incluso violento de su progenitor.
Dormía mucho y comía aún más.
Su entrenador, Sunny Jim,
famoso por haber logrado la triple corona con Galan Fox,
después de intentar cambiar su carácter perezoso
a base de fustigarlo y azotarlo sin éxito,
desistió de él.
Decepcionado, lo relevó a un papel secundario,
obligándole a realizar tareas poco convencionales
para un pura sangre,
haciéndolo competir en carreras menores,
cubriendo eventos y utilizándolo como sparring
en competiciones con caballos de mejor proyección,
obligando a Seabiscuit a perder,
para aumentar la confianza de éstos.
Objeto de burlas y bromas de los empleados de las caballerizas,
a los dos años de edad,
Seabiscuit había corrido 35 carreras,
un número muy elevado para un pura sangre de su edad.
En 1936, el potro fue vendido
al empresario de automóviles Charles S. Howard
por 7.500 dólares,
un precio algo elevado para un caballo con su palmarés
en esa época.
Justificado porque Sunny Jean,
a pesar de relegar al caballo a un papel secundario,
veía aún potencial en él,
pues muchos caballos pura sangre nunca llegan a estrenarse
o a ganar una carrera en toda su vida.
Pero Seabiscuit aún no había mostrado todo su potencial.
Charles Howard, nuevo dueño del pura sangre,
era un hombre hecho a sí mismo,
que había solventado muchas vicisitudes en la vida.
Emocionalmente hundido por la muerte de su hijo de 15 años,
invirtió su ilusión en el caballo
que le había transmitido muy buenas sensaciones.
Para sacar su potencial,
había contratado al entrenador Robert Thomas Smith,
un vaquero torturado, poco sociable,
dado a la bebida y al que nadie tomaba en serio.
Ya sólo faltaba un jinete para montar al caballo,
pero no valía un yuppie cualquiera.
Seabiscuit se había convertido en una bestia violenta
de fuerte carácter debido al trato recibido por los anteriores dueños,
y quien lo montara debía tener ese carácter
y compartir el mismo espíritu.
Tal vez por esa razón pensaron en Pollard.
John Pollard era un jinete canadiense,
resentido o frustrado con la vida,
con experiencia en su país y sobre todo en México.
En una época en la que no se podía beber en Estados Unidos
y había muchas restricciones,
las ciudades fronterizas como Tijuana
se convirtieron en un lugar de peregrinación,
donde los visitantes podían encontrar de todo.
También buenas y apasionantes carreras de caballos,
con hóqueis y purasangres que pasaron por este país
y que en un futuro competirían en los grandes derbis.
Fue aquí donde Johnny se forjó,
adquiriendo experiencia como yuppie,
y donde se fijaron en él para montar a Seabiscuit.
En esta nueva etapa el entrenador entendió al caballo perfectamente,
y poco a poco le fue sacando de su letargo.
A pesar de ello Seabiscuit perdería su primera carrera,
montado por su nuevo yokey,
sin lograr impresionar a nadie.
Pero las mejoras no se hicieron esperar,
y en el resto de sus ocho carreras en la costa este
ganarían varias de ellas.
En noviembre del 36 ganarían también varias carreras en California,
como la del Puente de la Bahía,
o la prueba de la Feria Mundial.
Ambas de handicap, con Seabiscuit como líder en todo,
lo que arrojaba pistas de lo que estaba por venir.
En febrero de 1937 Seabiscuit competiría en el Handicap de Santanita,
la más prestigiosa de California,
conocida como el Gran 100,
por su gran premio económico.
La carrera comenzó, Seabiscuit salió tardío,
con su habitual y perezoso arranque del cajón,
pero después de 800 metros estaba en cabeza,
y parecía claro vencedor.
Aunque inexplicablemente el caballo dirigido por Pollard
desaceleró en la recta final,
siendo sobrepasado por Roosevelt,
que llegaba por detrás a gran velocidad.
Se le emparejó y lo ganó en la línea de meta,
solo por media nariz.
Esta derrota fue un duro golpe cuando estaban empezando a despegar.
La derrota se debió a que Pollard había perdido la vista de su ojo izquierdo,
y no vio acercarse en el último sprint a su competidor.
Este hecho, guardado en secreto por el Jockey,
hubiera supuesto el fin de su carrera,
pero Howard no lo creyó así.
Confiaba en su jinete,
sabía de su carácter, de la fuerza de quien ha caído,
y se levanta de nuevo sin rendirse.
Esta filosofía les llevaría a cosechar un gran número de éxitos,
consiguiendo 11 victorias de las 15 en las que compitió en 1937,
proclamándose líder de ganancias en Estados Unidos,
convirtiéndose además en una celebridad en la costa oeste.
La gente sumida en la crisis encontraba una nueva esperanza en ellos.
Sin embargo, el este de Estados Unidos estaba menos impresionado por sus logros,
y un hijo del gran pura sangre Manowar, llamado Ward Admiral,
había ganado ese año la triple corona,
y fue votado como Caballo del Año.
Durante 1938, los éxitos de Seabiscuit continuaron.
Desafortunadamente, su jinete polar sufrió un accidente a principios de año,
que le mantendría alejado de las competiciones un tiempo,
y no podría participar en la carrera de Santanita
para desquitarse de su segundo puesto del año pasado.
Sustituido por su amigo George Wolfe,
él y Seabiscuit, pese a luchar con dureza y ahínco,
volverían a perder el handicap de Santanita.
Durante este año, Seabiscuit conseguiría importantes participaciones y victorias,
tanto en el oeste como en el este,
acrecentando aún más su fama y reputación.
Mientras Ward Admiral, el otro caballo estrella de la época,
también cosechaba títulos,
pero siempre sin coincidir en ninguna carrera con Seabiscuit,
y el público empezó a demandar un enfrentamiento juntos.
La prensa presionó para que compitiera,
y finalmente Hogwarts lanzó un desafío a Samuel D. Ridley,
dueño de Ward Admiral,
que declinó, excusándose en que Seabiscuit era un caballo menor,
que no era digno para enfrentarse a su poderoso pura sangre.
Con muchas presiones y un público enfervorecido con la idea
de ver el enfrentamiento de estos dos campeones,
Ridley acabó aceptando el desafío,
que decidiría cuál era el mejor.
Tras varias negociaciones,
el mano a mano se celebraría con unas reglas muy concretas,
con salida bajo campana y una distancia de 1900 metros,
lo que favorecía a Ward Admiral,
que ya estaba acostumbrado,
teniendo que entrenar a Seabiscuit para que se adaptara,
y aunque todo iba bien en la preparación,
con su jockey habitual polar ya recuperado,
este volvería a tener un tremendo accidente hípico,
esta vez muy grave,
que lo dejó con una pierna destrozada,
y sin la posibilidad de poder volver a montar a caballo,
el resto de su vida, según los médicos.
Ante este giro dramático de los acontecimientos,
Howard y el equipo de Seabiscuit,
pensaron en retirarse del enfrentamiento,
pero Polar se negó,
e insistió en que lo montara su amigo Wolof,
enseñando a este todo lo que debía saber para la carrera.
El 1 de noviembre de 1938,
en Merriam, en el hipódromo de Pinlico,
estaba a punto de celebrarse el que sería el evento deportivo
más esperado de los Estados Unidos.
El enfrentamiento entre Warhead y Seabiscuit,
había congregado a más de 40.000 personas en el hipódromo,
y la radio retransmitiría el evento,
que escucharían uno de cada tres norteamericanos.
Daba igual que no te gustaran los caballos,
ni el deporte,
no te podías perder esta carrera.
Pues era algo más,
la aristocracia acomodada,
representada por un war admiral,
que creían que les pertenecía el mundo de las carreras,
y Seabiscuit, ese caballo que representaba a la gente
que se vio en la ruina,
que veían que habían sufrido la gran depresión
más duramente que las clases más altas,
y que ahora volvían a encontrarse a sí mismos.
Se veían fuertes, como Seabiscuit,
un caballo maltratado por la vida,
pequeño, pero que se creía el más grande.
El pueblo lo adoraba,
y corría para todas esas personas
que no tenían ni un centavo.
Las apuestas daban como favorito a War Admiral,
por 4 a 1.
Su explosiva velocidad de inicio era legendaria,
mientras que Seabiscuit, por el contrario,
salía tarde, corría con el grupo,
y daba un vertiginoso final.
Por ellos muy pocos,
le daban una oportunidad ante War Admiral,
que se esperaba que se marchara desde la primera curva.
Su entrenador Smith lo sabía,
y había enseñado al animal
a correr en contra de su forma habitual,
para que explotara su velocidad desde el principio.
Más de 40 millones de americanos
escucharon la campana que daba inicio a la carrera.
Seabiscuit, con una gran explosión,
se escapó del ganador de la triple corona.
Wolf lo dirigió por el exterior.
A mitad de la recta,
Admiral comenzó a atacar,
llegando poco a poco al nivel de Seabiscuit,
hasta colocarse ligeramente por delante.
Wolf, siguiendo el consejo de Pollard,
estuvo conteniendo a Seabiscuit,
pues este no daba los mejores tiempos corriendo solo,
pero cuando tenía un caballo al lado,
explotaba enérgicamente,
dando toda una explosión de velocidad,
demostrando que era un caballo nacido para competir.
Y así fue.
A 200 metros del final,
Seabiscuit se escapó de nuevo,
catapultado hacia la meta,
ampliando su ventaja en la recta final,
y ganando por 4 cuerpos al invencible Warcraft III,
en una de las mejores y más emocionantes carreras que se recuerdan,
convirtiéndose en un símbolo de esperanza
para aquellos que lo habían perdido todo.
Gracias a esta victoria y los excelentes resultados de ese año,
Seabiscuit fue nombrado Caballo del Año,
con todos los honores de 1938.
Mientras tanto, Polar,
el que fuese por un tiempo principal jockey de Seabiscuit,
aunque orgulloso por su victoria y habiendo alcanzado fama,
en el momento de mayor éxito,
estaba postrado en una cama,
sin saber siquiera si volvería a andar,
lo que le llevaría por el camino del alcoholismo y de nuevo a la pobreza.
Como si de una broma pesada del destino se tratase,
Seabiscuit se lesionó con una ruptura de ligamentos en la pata izquierda.
Aunque su vida no corría peligro,
no volvería a competir,
e incluso se pensó en sacrificarle.
Con jinete y caballo prácticamente jubilados,
se trasladaron al rancho de Howard,
donde poco a poco se fueron recuperando,
consiguiendo sorprendentemente caminar ambos de nuevo.
Nadie imaginaba que sus vidas estuvieran tan unidas,
y menos aún lo que estaba por venir.
Gracias a un aparato ortopédico,
Pollard recuperó la confianza
para volver a montar de nuevo a Seabiscuit.
Primero al trote, luego al galope.
Durante el otoño de 1939,
la puesta a punto de Seabiscuit
parecía mejorar día a día.
A finales de año se decidió
que Seabiscuit estaba listo
para probar de nuevo en los hipódromos,
montado por alguno de los jinetes
de los que se disponían.
No obstante, Pollard insistía
que el regreso de Seabiscuit
tenía que ser con él.
Algo a lo que Howard y su equipo
se negaban, pues sólo el hecho
de competir sobre un caballo de carreras
lo podría dejar sin el uso
de la pierna de por vida.
Pero él no podía rendirse.
Sabía que esta era su última oportunidad,
y era mejor una pierna rota
que el corazón.
Después de un año de costosa recuperación,
Seabiscuit y Pollard reaparecerían
en los hipódromos al más alto nivel.
Tras un par de carreras anodinas en las que perdieron,
se alzarían con la victoria
en el Handicap de San Antonio.
Pero había una carrera pendiente.
La verdadera razón de su regreso,
el Handicap de Santa Anita.
El único premio que se les seguía escapando,
y que habían perdido
en dos ocasiones.
En febrero de 1940, Pollard y Seabiscuit
se alinearon en la salida
del Handicap de Santa Anita.
70.000 espectadores de pago
agolpaban el hipódromo para ver
este regreso del sueño.
La carrera comenzó. Seabiscuit
salió mal, parecía bloqueado,
encontrándose últimos
a una gran distancia del grupo.
Parecía imposible que nadie pudiera remontar
y ganar esa carrera,
menos aún un caballo y un jockey
que salían de una lesión.
Pero algunos no atienden a razón.
Pollard apretó a Seabiscuit,
que sacó todo su coraje,
acelerando sorprendentemente.
Cogiendo al grupo, buscando su lugar
en la pista, llegó al tercer lugar,
donde parecía atrapado
detrás del líder.
Confiado en la aceleración de su caballo,
Pollard se coló entre los dos
líderes, que sorprendidos
por tal fuerza, no pudieron
reaccionar a tal superioridad.
El público explotó en júbilo
y ocupando el lado de la
barandilla, cruzó la meta
ganando por un cuerpo y medio,
convirtiéndose por fin
en el campeón del Francia.
Caballo y jinete lo habían
conseguido de nuevo. Pese a las
adversidades, habían logrado
lo imposible. Eran los héroes
humildes que triunfaron
contra todo pronóstico.
Esta ansiada victoria en Santanita sería
la última carrera de Seabiscuit y su
jockey. Poco después,
en abril de 1940,
se anunció oficialmente su
retirada de las pistas.
Había disputado 89 carreras,
de las que ganó 33.
Fue segundo en 15
y tercero en una.
Era el caballo que más dinero
había ganado en premios de toda
la historia. Casi medio millón
de dólares de la época.
Es el tercer caballo más famoso de la
historia. En el ranking de mejores
caballos pura sangre, ocupa
el puesto número 20.
En su retiro en el rancho de Ridgewood,
era visitado anualmente por
más de 50.000 personas.
Un animal que contribuyó
a que Estados Unidos saliera
de la Gran Depresión,
devolviendo la fe a sus ciudadanos.
Murió en
1947.
Su tumba, aún hoy, es un secreto
de la que sólo los más allegados
conocen su ubicación.
Su historia quedó profundamente arraigada
en la cultura popular de Estados Unidos.
Se le dedicaron monumentos.
Hay un sello postal en su honor.
Escribieron libros, rodaron documentales
y dos películas
sobre su vida.
La historia de cómo un caballo
fue el símbolo de una nación
y se convirtió en leyenda.
