ME PARA el CARTEL de MÉXICO en CAMINO DISPUTADO por LLEVAR CÁMARAS en LA MOTO | Episodio 254

Soy Tribu
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La ley de la probabilidad indica que mientras más juegas a la lotería, más posibilidades hay de que te toque. Yo llevaba apostando desde que entré a #México y aquel día, en una carretera fronteriza entre Jalisco y Zacatecas… me tocaría 🎲
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➳ Alon Peretz - The hard way
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➳ Oliver Michael - That sound
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#AVENTURA #MOTO #VIAJE
Voy mal de tiempo, bastante mal. Y me han dicho que allí no debo llegar de noche.
Vamos a ver...
La ley de la probabilidad indica que mientras más juegas a la lotería,
más posibilidades hay de que te toque.
¡Madre mía! ¡Qué barbaridad!
Yo llevaba apostando desde que entré a México y aquel día en una carretera fronteriza
entre Jalisco y Zacatecas...
¡Da miedo la carretera, eh!
...Me tocaría.
El problema es que no puedo ir lo rápido que me gustaría porque la moto se revoluciona mucho.
En el episodio anterior descubrí que una fuga de aceite provocó que se me quemaran los discos de
embrague, por lo que la apuesta sería aún más seria.
Esto que hago a veces de ganar tiempo al reloj hoy no lo puedo hacer.
Hoy tengo que ir a la velocidad que da la moto. Súper Supernova manda.
Como también manda la suerte. Pues cuando juegas a este tipo de lotería,
puedes ganar o puedes perder.
He hecho dos kilómetros y mira. ¡Ay, Dios mío! ¿Llegaremos o no llegaremos?
—¡Estoy nervioso! —Más nervioso estoy yo de que se me rompa el motor
en medio del camino. ¡Que ya tengo los discos quemados!
¡Oye, pues un placer, eh! ¡Muchas gracias por la ayuda, hermano!
Ya verás en los episodios cómo llega la moto, si es que llega.
—Sí, estaré pendiente.
Lo que si sé es que hoy nos espera aventura. ¡Vaya que si nos espera!
Voy primero en línea recta hasta un pueblito llamado Ruiz y de ahí tengo cinco horas y algo hasta llegar
a un poblado wixárika de dentro de la Sierra.
Desde que salí tuve el presentimiento de que algo se iba a torcer.
Y es que la vida te manda señales, pero no siempre las queremos ver.
Este es el pueblo de El Venado y aquí comienzan las montañas que tengo
que empezar atravesar hasta llegar a la sierra Wixárika.
Hay una parte de mi cabeza que no para de preguntarse si estoy haciendo lo correcto.
Porque mi esperanza es llegar a Chihuahua con la moto así.
¿La escucháis? Se revoluciona enseguida. Voy a ir reponiendo el aceite pero sí que hay una
posibilidad grande de que la moto me deje tirado. He previsto esa situación de la siguiente manera:
Que si me quedo tirado, tengo el número de una grúa. El tema es tener cobertura para avisar.
Tengo el teléfono satelital en caso extremo, pero bueno, es algo que podría suceder, cuento con ello.
El segundo contratiempo: llego al ocaso. Un poco después del atardecer.
¿Por qué insisto tanto en esto? Porque es la regla principal en México:
No rodar por la noche. Y me han dicho que en esa zona especialmente
no rodar de noche. Porque es que me van a parar y no quiero ese susto.
O sea, no me quiero morir de miedo. En esta zona de México la tónica es encomendarse
por partida doble, por el factor humano y por el factor motociclístico. ¡Ojalá me salga bien!
Cinco horas para 200 kilómetros, me imagino que gran parte va a ser terracería
y parece que gran parte con mucho tráfico.
—¡Hasta luego!
¡Vaya fiesta lleva ahí el amigo!
Mira, se llama arroyo de Malpaso. Mal paso es, la verdad.
—¡Hasta luego, jefe!
Qué buena gente son los camioneros, viven en otra onda.
Esa señora iba con la vestimenta wixárika. Ella viene, yo voy.
¡Que Dios nos coja confesados!
Con toda la razón se llama Malpaso, si es que se ha ido cayendo parte de la carretera al arroyo.
Por todos lados, mirad... ¡Wow! ¡Ay!
¡Madre mía! Hay algunos obstáculos en el camino. La carretera es muy hermosa.
Si no tuviera 4554 agujeros... Si no fuera por ese leve detalle que puede hacer que te salgas
de una curva porque se te meta la rueda en el agujero cuando te estás tumbando un poco...
Menos mal que Súper Supernova me ayuda a no ir rápido, si es que todo pasa por algo.
Esta ruta es mucho más segura hacerla con los discos de embrague quemados. ¡Muchísimo mejor!
Muchísimo mejor habría sido darme la vuelta, pues pronto fui sospechando que el abandono de la carretera
en conjunción con el poco tráfico eran síntomas de que me estaba metiendo en zona de mucho peligro.
Yo creo que desde Chiapas, no hacía una ruta tan desolada.
Si tuviera la mala suerte de quedarme tirado por lo que le está pasando a la moto,
tendría un grave problema. ¡Ay, Súper Supernova!
Si tú supieras las de kilómetros que te quedan hasta llegar a Chihuahua...
Vas a tener que aguantar agonizando.
Pues 1164 kilómetros con el embrague a punto de tronar hacen que la ley de la probabilidad juegue en tu contra.
Porque hay algo que no te he dicho Súper Supernova y es que no vamos a ir en línea recta.
Sin embargo, a falta de pan, buenas son tortas.
No sé si lo veis pero esto es muy bonito.
Agujeros, todos lo que tú quieras. ¿Con qué te quieres quedar?
¿Con el estado de la carretera o con las increíbles vistas que hay?
Por lo menos si me quedo tirado, sé que vistas no me van a faltar.
¡Bien! ¡Qué bonito! Esta zona que estoy recorriendo es la frontera natural entre Nayarit y Jalisco.
De hecho, esa carretera pasaba por una cuádruple frontera: Nayarit al oeste, Jalisco al sur,
Durango al norte y Zacatecas al este. Por tanto, las posibilidades de que el camino estuviera disputado
eran muy altas.
Este es el típico sitio que aunque vuele el dron de mil maneras, ninguna imagen capta
lo que realmente es. A veces sucede, así que todo lo que puedo hacer es transmitiros
lo que mis ojos ven, que es muy bonito. Y así como mis ojos están viendo lo bonito,
a mí me da la sensación que de cada 200 metros hay un halcón. No sé por qué.
Los halcones en México son personas que trabajan para un grupo criminal vigilando ciertas zonas específicas
con el objetivo de informar a sus superiores sobre el despliegue de autoridades,
la presencia de células contrarias y movimientos atípicos en la región asignada.
Una moto grande con cámaras por todos lados definitivamente entra en la
descripción de movimiento atípico.
Me miran mucho y muy seguido. Tal vez sea por el ruido que hace la moto.
No lo descarto. Perro, no te metas, no te metas.
¡Qué bonito! Esto está muy virgen. ¡Muy, muy virgen!
Tan virgen que hay derrumbes que no se arreglan.
¡Mirad el señor! Es que... ¡qué estampa! ¡Qué estampa!
—¡Hasta luego! ¡Ah, si no es un señor! ¡Es un joven! ¡Hasta luego!
En este tipo de sitios nunca sabes quién es quién, así que por si acaso,
mejor saludar para tratar de mostrar que vas con bien.
¡Qué sigan habiendo sitios así! ¡Tan vírgenes!
El cañón que he visto con el dron es este.
Este pueblo es Jesús María. Es como el pueblo grande del camino de esta ruta pero...
¡Ay! ¡Que se me ha metido aquí! Pero está completamente desolado.
O sea, es inhóspito. Pero no por ello menos interesante.
Y según el mapa me quedan dos horas y media para 86 kilómetros,
así que me imagino que la terracería debe andar cerca.
La verdad que Jesús María es auténtico, eh. Mira, hay frutas ahí. Vamos a comprar algo.
—¡Hola! ¿Qué tal? ¿Venden fruta acá? ¿Sí?
Vamos a comprar fruta.
—¡Hola! ¡Buenas tardes! —¡Buenas tardes!
—¿Qué tal?
—¿Queda muy lejos San Andrés Cohamiata?
Aquel día no entendí bien qué me dijo la señora porque no hablaba bien español
pero hoy escuchándola de nuevo, tal vez lo que intentó expresarme
era que no me recomendara ir hacia donde me estaba dirigiendo.
La verdad es que hay una cantidad de imágenes pintorescas como esto de aquí
que no sé bien exactamente qué es. Creo que estamos en zona wixárika ya.
¡Qué imágenes tan bonitas!
Uno de los regalos de venir a zonas poco visitadas.
Bueno, este es el punto más desarrollado
en el que voy a estar en un tiempo. Jesús María, porque mirando el mapa...
¡Madre mía en dónde me voy a meter! Bien a dentro en la sierra.
Pero es que los contactos wixárikas que tengo están allí.
¡Así que para allá voy!
Los wixárika o wixaritari son un grupo étnico de México conocido no solo por su vestimenta y colorido arte,
sino también por ser los guardianes del pellote, el cual está intrínsecamente unido
a su cosmovisión y práctica chamánica.
De entre todos los pueblos nativos de América, este es uno de los que más ganas tenía de conocer,
razón por la que estaba asumiendo el riesgo de llegar allí.
El otro día alguien me contó que los marakames de la nación Huichol o Wixárika
muchos desarrollan cataratas en los ojos por la energía crística que manejan
mientras cantan mirando al fuego. El fuego es tan creador y destructor,
en esa simbiosis perfecta entre vida y muerte, que sí que me parece coherente que abra ciertos
canales de conocimiento. ¡Tengo muchas ganas de llegar al lugar al que voy!
¡Madre mía!
¡Madre mía, qué barbaridad! ¡Cómo está esto! Da miedo la carretera, eh.
¡Da miedo! Da miedo verla, imaginaros rodar en ella.
Menos mal que en estos años una de las cosas que he practicado es dialogar con los miedos.
Hay veces que los miedos toman forma humana, y ahí, en esa carretera estaba
a punto de conversar con ellos cara a cara.
Nunca llegué a San Andrés Cohamiata, me quedé a 50 kilómetros
y la razón por la que no llegué fue porque me encontré al cártel.
O más bien ellos me encontraron a mí porque les habían dado el aviso 25 minutos antes
de que había pasado una moto con cámaras. Entré en pánico, me di cuenta de que no
era ni policía, ni ejército, ni ninguna autoridad de la República Mexicana, sino que era el cártel,
eran los chicos malos, como los llaman. Siempre pensé el cómo reaccionaría en una situación así
y la verdad es que te quedas paralizado, avanzas, escuchas, obedeces, te bajas de la moto y empiezas a
responder preguntas. Me preguntaron que de dónde venía. Con los nervios se me olvidó.
Quería decir la palabra "Tepic" pero no me salía, empecé a titubear, a dudar.
Dije primero Vallarta, pero eso habían sido días atrás. Bueno, estaban muy intensos al principio,
porque pensaban que venía grabando, entonces, comenzaron a revisarme cámara por cámara.
Les expliqué que me dedico a grabar viajes de aventuras, que soy youtuber
que creo contenido, que vengo viajando desde Chile, y que lo podían comprobar en internet.
Que no me dedicaba a nada extraño que pudiese interferir con lo suyo,
y que si por ahí no se podía ir, que yo me daba inmediatamente la vuelta.
Me habían avisado en Guerrero y Michoacán que aunque no te pase nada y te dejen ir,
el susto que te llevas se te queda en el cuerpo unos cuantos días. Y la verdad es que es una situación
en la que uno se plantea si ahí termina, si ahí se queda. El peor momento fue cuando
el comandante se comunicó por radio con su superior que no estaba ahí
y le preguntó que qué tenía que hacer conmigo. Y por unos instantes pensé que por esa radio
podía entrar un mensaje muy malo para mí. Y por suerte, el mensaje que entró fue:
"Y déjenlo seguir". Sin embargo, no seguí. Me dijeron: "Has tenido suerte de encontrarte
con nosotros porque ahí arriba hay otro grupo. ¿A ti no te han dicho que esto está en guerra?
¿Que este camino está disputado?" "A 20 kilómetros te paran otra vez si sigues", me dijeron.
Y los de arriba no van a tener tanta piedad como nosotros, esos te van a matar y a robar,
te van a quitar absolutamente todo y nadie va a saber dónde estás.
Y yo pensando: "Yo le había preguntado a los wixárika si el camino era seguro y me dijeron que sí,
que mientras se fuera de día, era seguro". Hubo dos problemas, uno que yo iba con cámaras
en la moto, y eso, si alguien me hubiese avisado en Jesús María que no se podía, pues no lo habría hecho,
las habría quitado y ya está. Y por otro lado, resulta que yo no estaba yendo de día,
según lo que ellos entienden como día. La hora máxima para salir de Jesús María
se considera las dos o tres de la tarde y yo estaba saliendo de Jesús María a las cinco.
Iba a llegar con un poco de luz todavía a San Andrés Cohamiata
pero ya eso era considerado noche y un horario extraño para viajar.
Entonces, la confluencia de esos dos factores hicieron que me salieran y salieron específicamente
a por mí, como decía antes, a investigar quién era, por qué estaba allí y por qué llevaba cámaras.
Una de las cosas que más me sorprendió fue que todos ellos, seis de siete que eran,
excepto el adulto, todos eran niños. Eran adolescentes de catorce a dieciséis años.
Eran muy pequeños y bromeaban entre ellos, tenían un tono jovial,
parecía que eso de tener armas era un juego, que estaban como en una especie de simulación
de lo que es la guerra. Mientras pasaba todo aquello, yo me planteaba si ellos eran
conscientes de las altas probabilidades que había de que en algún enfrentamiento con el otro grupo,
pues, terminase su existencia de forma prematura. Me imagino que las circunstancias de pobreza, escasez,
falta de oportunidad, son causas de las que se nutre los grupos delictivos.
Y hablando de grupo delictivo, le dije al comandante en un momento cuando me relajé,
le dije: "Sabía que en algún momento me podía pasar esto pero no sabía cuándo".
Y me dice: "¿Qué? ¿Encontrarse con un grupo delictivo?" Y le digo: "Bueno, sí... Encontrarme con ustedes,
con los que manejan esto". Por suerte, parece que unos de los chicos me reconoció
y me decía: "A mí se me hace que yo le he visto a usted en internet,
¿a usted no le pasó esto en este sitio?" Y yo: "Uy, sí, por favor díselo a ellos".
"Diles que yo me dedico a esto, que no estoy en nada extraño,
que me dedico a hacer contenido sobre comunidades indígenas y moto aventura".
Tras unos quince o veinte minutos allí retenido, me dejaron ir,
y me dejaron ir al a cualquier lugar, o sea, podía seguir la ruta o podía regresarme por
donde había venido. Pero claro, como me dijeron que los de arriba iban a ser menos gentiles conmigo,
digo, "No, no, me regreso, seguro que me regreso". Esa noche no dormí nada de lo nervioso que estaba.
Con cualquier ruido me despertaba, estaba angustiado, con ansiedad.
Consciente de lo que me podría haber pasado, ¿no? Y a la medianoche empiezo a escuchar un griterío...
Me asomo a la ventana del hotel en el que me estaba quedando y de repente veo gente con antorchas
corriendo y gritando. Entré en pánico de nuevo, no sabía qué pasaba, no entendía,
era un martes normal y pensé que el pueblo indígena por alguna razón yo los había ofendido
y venían a mí a justiciarme. En situaciones así, uno entra un poco en paranoia y piensa que todo lo que
sucede alrededor va contra uno. Por suerte, pregunté allí dentro: "Oye, ¿qué pasa?"
"Que veo a gente corriendo con antorchas". Y me dijeron que era una celebración
sincretista del pueblo medio indígena medio católico que celebraban como el miércoles de ceniza
o algo así y se llamaban "Las Panchitas".
A la mañana siguiente tras haber dormido mal, apenas dos horas, de repente empiezo a escuchar
en la habitación de al lado unos gritos, como alguien llorando, gritando "suéltame, no me toques,
no me toques, no me toques". Y como golpes de cuando alguien se cae al suelo.
Pongo la oreja al lado de la pared y me doy cuenta de que le están pegando una paliza a una mujer.
Y digo: "Dios, cuánta intensidad en tan poco tiempo, ¿qué hago yo aquí? ¿Me meto, intervengo?
¿Luego pueden tomarla conmigo? ¿Qué hago? Y llamé a la dueña del hostal para que sea ella
la que llame. Total, que tras convencerla para que fuera y tocara la puerta toca y dice:
"Si ustedes tienen sus problemas, por favor, vayan a resolverlos a otro lado, aquí no".
Y se escucha una voz de un hombre diciendo: "Sí, sí, ya nos vamos de aquí".
Luego, me contó la señora que la mujer que estaba dentro salió con una sudadera encima de su cabeza
para que no se le viera lo que le habían hecho pero que se le vio la cara golpeada,
sangre, moratones... Luego, llegó el momento de irme y por suerte me encontré a unas personas en la calle que
se estaban alojando en el mismo hotel que yo, me invitaron a desayunar, les conté lo que me había
pasado, me explicaron un poco la realidad de la zona, y me dijeron: "Te puedes volver por donde has
venido sin problema, pero si a donde estás yendo es a Chihuahua, vete por la carretera a Durango,
por Guazamota". Pero yo lo había visto en el mapa y me daba mucho miedo.
Pero ellos insistían en que no me iba a pasar nada por ahí,
que esa carretera no estaba en disputa y que podía transitar por ahí sin problema.
"Eso sí, la carretera está muy sola", me dijeron. "Como se te rompa la moto por el problema que tienes,
vas a tener una situación complicada. Es difícil que alguien te saque de ahí
porque está muy desolado y muy aislada esa zona y prácticamente nada transitada".
Entonces, bueno, miré el mapa de nuevo y dije: Ya me ha pasado lo malo una vez, malo será que me pase
dos veces y decidí jugarme las cartas y optar por ir por ahí.
¿La reflexión sobre lo que me pasó? Es similar a cuando he tenido un susto grande
con la motocicleta cuando me caí por el barranco, cuando nos pasó aquello en
La Guajira a Simón y a mí, cuando me quedé en aquella ruta tirado en Guatemala...
Pues, recordatorio de que estamos de paso y de que en cualquier momento se puede ir.
El accidente que tuve en San Cristóbal... Todo el cuerpo de repente sabe, cada molécula,
cada célula de tu ser, que el fin es inminente, que puede que sí y puede que no.
Se experimenta una gran adrenalina, hay como momentos de euforia, de depresión,
estás triste, estás alegre, no sabes cómo sentirte
porque te ha podido pasar pero no te ha pasado, entonces, ¿me alegro o me hundo?
¿Qué hago? Hay como un desconcierto emocional. Una de las razones por la que viajamos
o al menos viajo es para conocer las realidades del mundo, y desgraciadamente México
es una realidad prácticamente en todo el país. Te la puedes encontrar, no te la puedes encontrar,
la puedes querer ver, puedes querer vendarte los ojos, pero la realidad es que en México
pasa esto y pasa en casi todo el territorio. A veces más disimulado, a veces más evidente,
pero que está, está. Bueno, pues observar ahí el cómo se pueden torcer las cosas tan
generalizadamente, como cuando se da una coyuntura de debilidad en las estructuras del estado,
más falta de oportunidad y recursos, más oportunidad para tener dinero, coche, mujeres,
droga, estatus social...
Pues, eso se nutre de las personas que si no es por esa vía, es muy difícil que accedan a un cambio
de vida y se expande, adquieren poder y se acaban apoderando de un país entero.
Sinceramente, las sensaciones inmediatas fueron de: "Me quiero ir de México, yo ya me quiero ir de aquí,
no quiero estar más lidiando con la posibilidad de que me vuelva a pasar, de que me vuelva a parar,
de que salga peor de cómo salió, de que el resultado sea otro", y bueno,
lo he reflexionado, lo he meditado, y creo que no puedo juzgar al país entero
por una mala experiencia cuando he tenido tantas otras tan buenas.
Cuando he conocido gente que me ha aportado, que me ha hecho crecer, que me ha nutrido,
que ha inyectado felicidad y alegría en mi ser, un país que tiene verdaderas maravillas.
México es impresionante, todo lo que tiene y en mi opinión, tiene mucha más luz que sombra.
Solo que cuando toca la sombra, te quieres ir al sol. Y uno piensa... "En California hay buen sol".
¿Qué tal si me voy ya para Estados Unidos y doy esto por terminado? Pero me parece que esa es
la decisión cobarde y mi corazón siente que todavía me queda algo de recorrido por aquí.
Entonces, he decidido continuar lo que me falta. No quiero tirar la toalla, no quiero abandonar
y estoy seguro de que muchos aspectos me acabaré alegrando de haber aguantado, haber persistido
y haberme aferrado, pues, a lo bueno y no centrarme solo en lo malo.
¿Qué puedo decir? Realidades del mundo, realidades reales.
Y como me decía Aurelio el otro día:
—Ten cuidado, mucho cuidado.
Cuidado.
¡Seguimos el viaje! ¡Vamos a ver qué pasa!
¡Hasta luego!
