Dicen que para la cruda, para la mala resaca, es mejor tomar otra taza. Lo mismo sucede con las vacunas: necesitas que te inoculen un poco de lo malo para quedar inmune. Por eso y para poder llegar a la Baja California, tomaría un último trago de ese cocktail explosivo que es la moto aventura en zonas calientes. La ruta de este episodio nos bajaría de la Sierra de Chihuahua a Sinaloa por Guadalupe y Calvo, La Tuna y Badiraguato. A los mexicanos no hace falta explicárselo. A los demás: es la tierra del Chapo.
—Mira, Agustín, un poco más adelante es conveniente que quitemos el equipo
fotográfico y de grabación porque si llegan a ver que estamos grabando
y tomando fotos, podemos tener problemas.
Dicen que para la cruda, para la mala resaca, es mejor tomar otra taza.
Lo mismo sucede con las vacunas, necesitas que te inoculen un poco de lo malo
para quedar inmune. Por eso y para poder llegar a la Baja California
tomaría un último trago de ese cóctel explosivo que es la motoaventura en zona caliente.
Esta es la ruta que nos conecta con el otro lado de la carretera para evitar un rodeo.
La ruta nos bajaría de la Sierra de Chihuahua a Sinaloa por Guadalupe y Calvo,
la Tuna y Badiraguato. A los mexicanos no hace falta explicárselo,
y a los demás, es la tierra del Chapo.
En Guachochi nos dijeron que era seguro coger este atajo. Aún no habíamos llegado a la zona de retenes
pero por si acaso preferí preguntar.
—¿Qué pensáis? ¿Quito las cámaras o qué hago? —No, vamos así.
—Vale, es que como hay miradas un poco intensas...
—No estamos haciendo nada malo.
Curiosamente, a Ariel le había detenido un grupo delictivo exactamente
en el mismo lugar donde me pasó a mí.
—A ti te pasó exactamente en el mismo lugar que a mí, ¿no? —Exactamente en el mismo sitio,
entre los límites de Zacatecas, Durango y Jalisco, que es el triángulo con más riesgo de toda
la República Mexicana por las disputas que se están generando entre los grupos armados.
Entonces, cualquier desconocido que entre ahí, prácticamente lo consideran un enemigo que
tienen que revisar quién es, a dónde va y qué negocios tiene ahí
porque consideran que es una zona que nada más ellos deben de transitar
y está totalmente dominada por ellos.
Antes comentaba que esta ruta va casi que a ras de un río, pero el río está bien seco.
Está bien seco porque Chihuahua sufre una grandísima sequía. Desde hace cuatro años según me han dicho,
en la mayor parte del Estado no llueve y no es el único Estado de México ni el único
país del mundo en el que sucede. En mi país, en España, también tenemos este problema.
Mira las águilas, qué bonitas. Y bueno, nuestro destino de hoy es Guadalupe y Calvo
y el de mañana Los Mochis. Qué bien está terminando esto, la verdad.
He recorrido México todo lo profundo que he podido y he sentido, tal vez en algún momento
me he pasado de profundidad y también de no hacer caso a las indicaciones.
¿Sabéis lo que pasa? Que yo muchas mañanas,
entre que organizo el material, cargo baterías y preparo todo lo de la moto, se me van dos o tres horas.
No es tan sencillo. Es por eso que a veces se me hace tarde.
Aquí nos reincorporamos al asfalto hasta Guadalupe y Calvo.
¡Madre mía! ¡Qué pena me da! Y es que no hay nadie ahí apagando el fuego,
ni helicópteros ni bomberos. Le he preguntado a Ariel: "¿Cómo es que nadie lo apaga"?
Y me ha dicho: "No les importa nada, wey, ya se apagará solo cuando pueda".
—A los políticos no les importa tanto, no tenemos un guardia forestal
que esté capacitado y equipado para atender a este tipo de desastres,
entonces, es muy triste ver cómo se está incendiando todo el bosque
y no hay nadie haciendo absolutamente nada por resolverlo, por evitarlo o por extinguirlo.
Esto es lo más triste, Agustín.
¡Mira! ¡Si es que están las llamas aquí! Pues todo esto está condenado a arder.
Tal vez la carretera sea como un cortafuegos, pero parece que todo esto va a arder.
Cada año arden 370 millones de hectáreas en todo el mundo que emiten 1.800 millones
de toneladas de gases de efecto invernadero. A menudo esos terrenos no se reforestan,
sino que se utilizan para ganadería o cultivo, lo cual hace que con frecuencia los incendios
forestales sean provocados.
Algunos fortuitos y otros provocados.
—¿Fortuito o provocado? —Pues la cosa es que no se sabe...
Por ahí también hay incendios... Está literalmente todo ardiendo.
Pero es muchísimo más grande de lo que pensaba. ¡Venga! Saquemos madera...
—Vemos que estamos deforestando nuestros caminos tanto con el incendio como por la tala indiscriminada.
¿Cómo pueden permitir que todo esto arda? No lo entiendo, eh.
Fijaos, está todo muerto. Literalmente todo muerto.
¡Madre mía! ¡Está todo quemado! ¡Pero si es toda la sierra!
Al principio pensábamos que era solo un foco, pero en realidad eran más de dieciséis.
Estuvimos literalmente casi una hora rodando entre montañas ardiendo y dado que no vimos
a nadie tratando de extinguir el fuego, me pregunté cuántos días más seguiría
calcinándose la sierra o si aún sigue.
Una muestra visual bastante exacta del virus que somos para el planeta. Aquí lo tienen en crudo.
Una sierra gigantesca absolutamente calcinada. ¡Qué triste! ¡Montañas y montañas ardiendo!
O sea, no es un incendio localizado, son decenas de incendios a la vez.
¡Mira allí! ¡Madre mía! Parece que estamos en zona de guerra...
Bueno, esto es lo que hay, familia. ¡Y no solo es en México, eh! Es en todo el mundo...
En el último siglo hemos acabado con el 70% de la biodiversidad del planeta Tierra.
¡En menos de cien años! Como virus, somos efectivos.
Pero como especie consciente, no tanto. Pues parecemos estar olvidando que todo
virus necesita un huésped vivo para sobrevivir. Ese huésped es el planeta Tierra y poco a poco
nos lo estamos cargando. La cuestión es cuánto tiempo tardaremos en matarlo.
La eterna dualidad. Si antes hemos visto todo muerto, ahora está todo bien vivo.
Pero dentro de lo vivo, hay algunos muertos.
¡Qué bonito! Últimos kilómetros para llegar a Guadalupe y Calvo entre hileras de pinos.
Hermosos y preciosos pinos vivos, no calcinados y achicharrados.
Estamos llegando a buena hora y con ganas de tomar una fría cerveza.
Engarzado en el regazo de un verde valle, Guadalupe y Calvo es un enigmático pueblo
de origen minero donde haríamos noche, ya que la parte más caliente de la ruta
convenía rodarla a plena luz del día.
Ahora sí que sí, ¡bienvenidos a Guadalupe y Calvo! Un pueblo que según me ha dicho Ariel,
es de origen minero y está enclavado en el valle rodeado de montañas.
La parte de Guadalupe la entiendo, pero tengo curiosidad por qué se llama Calvo.
El nombre Guadalupe y Calvo se le da en honor a la Virgen de Guadalupe y al gobernador
del estado José Joaquín Calvo. Y es que el pueblo tiene historia.
—Se acuñó moneda de oro y de plata aquí en Guadalupe y Calvo entre 1842 al 1846.
Ese es el origen de este pueblo.
—¿Y cómo es la realidad del día a día en el pueblo? —La realidad es como en todo México,
hay que mantenerse tranquilo.
La tranquilidad es un bien preciado, aunque cuando se tiene no se valora
y cuando se ve amenazada es lo más deseado.
Aquí suena, aquí suena algo en mi moto... No sé el qué.
Es como si la rueda se fuera a salir.
—Ariel, mira mi rueda porque me suena algo raro.
—¿Pero te frena o qué? —No sé, estoy escuchando un sonido muy raro.
¡Algo está chocando!
Ese ruido es muy raro pero no era ese. Se le habrá metido arena.
Esto es Guadalupe y Calvo, la verdad es que tiene cierto encanto.
Es como una ciudad casi e incrustada en la misma sierra.
—No hay nada de lo que preocuparse. —¿Sigue sonando, eh?
Algo le pasa a la moto...
—Si es que le han cambiado el kit entero, eso está nuevo. La corona, piñón y cadena son nuevos.
Pero las motos son un gran misterio. Hoy te suena esto y mañana será aquello.
Así que el mejor remedio sería rezarle a la Virgen para que velara por nosotros y por los incendios.
A la mañana siguiente probamos a tensar la cadena por si el chasquido metálico fuera derivado de
un golpeteo de esta contra algún hierro.
—Está muy tensa la cadena. —¿Muy tensa?
—¿O está bien? —Parece que está bien.
—¡Nos vamos para Sinaloa!
En el día de hoy salimos de Guadalupe y Calvo y nos vamos hasta el límite con Sinaloa,
a un pueblo llamado Atascadero.
—Suena menos, y creo que a más velocidad no suena.
Yo creo que llegando a Sinaloa lo miramos con un mecánico ahí
y lo resolveremos. Como me ha dicho Ariel, en la ruta de hoy hay tres retenes en los que nos van a parar.
—Mira, Agustín, un poco más adelante es conveniente que quitemos el equipo
fotográfico y de grabación porque nos vamos a encontrar con dos retenes
de la gente que cuida toda esta región. Entre los límites de Chihuahua y Sinaloa
se encuentra el primero, posteriormente ya bajando casi a Badiraguato
nos encontramos el siguiente, por lo que no lleves ningún equipo de grabación montado.
Tengo que quitar las cámaras y no hablar mucho. Va a hablar él.
—Porque si llegan a ver que estamos grabando y tomando fotos, podemos tener problemas
ya que lo consideran ellos un riesgo para su trabajo.
Aquí nos estamos encontrando un tramo de la carretera bastante destrozado,
ya me lo había avisado Ariel que así iba a ser. Así que toca estar atento que entre
los derrumbes y los huecos que hay en la carretera, no te puedes distraer ni un momento.
Este es el pueblo de Atascaderos. A partir de aquí es desde donde tengo que quitar cámaras.
—¿Aquí ya corto, no? —Sí.
Voy a activar esto para estar localizable.
—Ya hemos pasado los dos retenes, ¿no? —Sí.
—No nos han parado en ninguno. —No.
Pues sí, hemos pasado ya los dos retenes. En ambos había gente de la que cuida la carretera
pero en ninguno de ellos nos han parado. Así que con tranquilidad llegaremos a los Mochis.
Quiero decir también que esta es una de las rutas más impresionantes que he hecho en todo México,
es todo asfalto y es curva tras curva. Son curvas infinitas.
Y más arriba, aquí ya no se ve tanto pero más arriba había unas vistas espectaculares.
Entonces, "¿me la recomiendas, Agustín?" Pues si no te importa lidiar con la tensión derivada
de saber que hay retenes de grupos armados, entonces sí. Si eres un poco más aprensivo
y te pones nervioso o te da miedo, evita el mal trago y haz otra ruta porque rutas hay muchas.
Pero en esta en concreto se encuentran dos altares bien interesantes.
—Siempre está el chorro de agua, y la gente no nos explicamos de dónde viene,
o sea, ¿cómo está inyectando ese agua para acá?
—Porque está muy seco arriba, ¿no? —Es un cerro con altura,
en vez de subir el agua con un motor para arriba, el agua viene hacia abajo y sin motor.
La naturaleza es increíble.
—Entonces, ¿le pusieron una virgen? —La Virgen del chorro.
—Realmente la Santa Muerte es la que nos va a llevar y muchas veces decimos: "Dios, ayúdanos".
Pero no nos puede ayudar porque tiene mucha gente a la que ayudar.
Realmente esta es la señora que nos va a llevar. Ella nos está cuidando,
pero cuando ella nos diga: "vámonos", uno no le puede decir que no porque no hay reversa.
—¿A usted le da miedo la muerte? —No, es algo que está y tendrá que pasar algún día,
ya sea hoy, mañana, pasado mañana, en tres o cuatro años más, no sé,
pero ella es la que nos va a llevar.
—Le puedes dar dulces, manzanas, lo que quieras. —O sea, ¿la gente viene y ofrenda?
—Sí, puedes dejar una cadena, un dulce, lo que quieras, ella no es delicada.
Pues se lleva a todo el mundo, ¿no es cierto? Y hay gente que no las quiere, mira.
¿Y qué pasó ahí? Ella dice: "Golpéame, si igualmente te voy a llevar algún día".
—¿Cómo le gustaría que la Santa Muerte le llevara? —Con la guillotina, así no siento nada.
Ahí está la guillotina, mira, con esa guadaña no hay respeto, no hay perdón.
Nadie ha podido con ella ni podremos con ella porque ella es la efectiva.
Si Dios te cuidara, no te accidentarías. Si Dios te cuidara, no pasarías hambre,
no pasarías sed, no sufriríamos para nada. Pues no sabemos si existe pero esta sí sabemos.
¿Por qué? Porque el día de mañana ella nos va a llevar. Dios dijo cuando se fue:
"Hijo mío, yo me voy y ahí les dejo, que el más vivo viva del más pendejo"
Y es lo que está pasando.
—¿Qué es lo que usted piensa de la Santa Vida? —Pienso que a veces nos trata muy mal.
No es muy Santo la vida nos trata mal porque la vida nos puede tener bien ahora,
nos puede tener mal mañana. Eso es lo que pasa, no está fácil la vida.
Y si no le luchamos nunca tenemos nada en la vida. ¿Por qué? Porque en la vida tienes que luchar para
tener algo, porque si te esperas a que la Santa Muerte te lo traiga,
o que la Santa Muerte te ayude, no te va a ayudar.
Si esperas a que Dios te vaya a ayudar, tampoco te va a ayudar.
Si hay algún trabajo es porque tú lo buscaste, si saliste y buscaste cien pesos
es porque saliste y alguien los perdió delante tuyo. No es porque Dios te los haya dado.
¿Cómo te los va a dar? Te lo hubiera dado en la mano, ¿no?
—¿Quiere pedirle algo ahora a la Santa Muerte? —Pues que me cuide hasta cuando ella diga.
Ahí vamos a estar, a la orden de lo que se le ofrezca.
A ver si no manda la muerte un poco más adelantada, pero vamos a hacer la lucha por sobrevivir.
Que me cuide, cuídeme, Santa Muerte, cuídeme, por favor.
Bueno, todo lo que veis aquí alrededor es la tierra del Chapo Guzmán.
Antes cuando no tenía las cámaras, pasamos por el pueblo del que es natal, La Tuna,
donde le construyó, según me han contado, un buen palacio a su señora madre.
Aquí estamos entrando en Badiraguato. Me han dicho que no hay problema en tener las
cámaras puestas. En los dos retenes de militares con zapatillas no nos pararon porque Ariel
conoce a alguna de las personas que trabajan en tiendas del camino y esas mismas
personas son las que avisan por radio al que está delante. Entonces, no nos pararon porque sabían que
iban tres personas en moto. Es curioso porque una de las personas que conocimos en
Guadalupe y Calvo nos dijo: "Mira, aquí en el pueblo somos más de mil hombres
menores de cincuenta años, si cada uno de nosotros cogiera un arma,
qué rápido terminaríamos con el problema que hay aquí en el pueblo".
Y eso fue exactamente lo que os conté en el pueblo de Cherán en Michoacán, un claro ejemplo de cuando
el pueblo harto de la situación que vive, decide armarse y autoprotegerse.
Me pregunto qué pensará San Judas de todo esto.
Decía Michel Foucault que el pez nunca descubre que vive en el agua.
De hecho, como vive inmerso en ella, su vida transcurre sin advertir su existencia.
De igual forma una conducta que se normaliza en un ambiente cultural dominante se vuelve invisible.
¿Eso son agujeros de bala?
Efectivamente, agujeros de bala.