En este video converso con Ernesto Silva, Doctor en Ciencia Política y Director de Faro en la Universidad del Desarrollo de Chile (https://faro.udd.cl/) sobre el llamado "estallido social" en Chile, que cumple hoy cinco años.
3:19 ¿Qué lectura se puede hacer en retrospectiva a 5 años del "estallido social"? 6:08 ¿Se trató de un movimiento golpista? 9:39 ¿Qué hay de cierto en que las protestas eran legítimas producto de la elevada desigualdad social de Chile? 14:20 ¿Cómo se pasa de la violencia callejera al proyecto de reforma constitucional? 21:28 ¿Qué riesgos imponía al "modelo chileno" el proyecto de Nueva Constitución? 25:58 ¿Pasó Chile de un extremo al otro con el debate Constitucional? 29:18 ¿Qué vino después de que el primer proyecto constitucional es rechazado? 32:32 ¿Qué posibilidad tiene una Nueva Constitución para resolver los problemas de Chile? 35:22 ¿Qué mirada tenés para el futuro de Chile?
Lo que ha pasado en Chile es que ya llevamos 10 años
en que la economía prácticamente no crece.
Esto que algunos llaman el estallido social
y que yo creo que fue más un estallido de violencia.
Hay quienes creen que una sociedad abierta y libre
es la que va a generar progreso para las personas
y hay quienes no creen eso.
Y los que no creen eso,
que no pudieron ganarlo con los votos,
lo hicieron a través de la violencia.
¿Qué posibilidades tiene un texto constitucional
de resolver ese tipo de problemas?
Porque ninguna, ninguna.
La constitución no tiene ni una posibilidad
de resolver esos temas.
La idea de buscar a una nueva constitución
como solución de los problemas
no fue una idea de los liberales clásicos.
Fue una idea de los colectivistas, digamos.
Y del mundo socialista y estatista.
Por estos días se están cumpliendo 5 años
de lo que en Chile se denominó estallido social.
En concreto, hace 5 años, en octubre del año 2019,
el gobierno decretó un aumento de 30 pesos
en la tarifa de metro,
lo que desencadenó una serie de manifestaciones,
protestas violentas y desmanes de todo tipo
en Santiago y otras ciudades de Chile.
La serie de eventos violentos llevó al país
a discutir y proyectar una nueva constitución,
lo que finalmente fue descartado por el voto de la ciudadanía.
¿Qué pasó realmente en Chile?
¿Qué explica esta serie de manifestaciones violentas
y esto que se llamó el estallido social?
¿Por qué, después de promover una nueva constitución,
el proyecto fue rechazado?
¿Y qué se puede esperar de ahora en adelante?
Para hablar de todos estos temas,
tengo el lujo de tener como invitado
Ernesto Silva se formó como abogado
en la Universidad Católica de Chile,
luego hizo una maestría en Políticas Públicas
en la Universidad de Chicago
y recibió su doctorado en Ciencia Política
en la Universidad Autónoma de Madrid.
Además, entre el año 2010 y el 2018,
Ernesto fue diputado del Congreso de la Nación en Chile
y actualmente es el director ejecutivo
del Centro Faro de la Universidad del Desarrollo,
un centro de ciencias sociales y humanidades
que se dedica a tareas académicas y de divulgación
con eje en la fundamentación ética
de la democracia representativa y de las sociedades libres.
Mi charla con Ernesto Silva la vemos a continuación.
Buenas Ernesto, muchas gracias por estar acá,
te saludo, ¿cómo andamos?
Muy bien Iván, yo muy contento de estar acá,
muchas gracias por la oportunidad de conversar.
Bueno, bueno, el tema que nos convoca
es que se están cumpliendo por estos días
cinco años de lo que se conoció
como el estallido social en Chile,
una serie de manifestaciones,
muchas muy violentas, otras muy pacíficas,
algunas muy masivas.
Todo esto empezó con esta suba de la tarifa del metro en Santiago
y luego generó estos desmanes de los que hablábamos.
¿Qué lectura, qué análisis se puede hacer hoy en retrospectiva
a cinco años de esos eventos?
¿Cuál es tu mirada?
A ver, yo creo que si uno toma a Iván una mirada
primero como desapasionada,
después quiero ir a la mirada más apasionada.
Si uno tiene una mirada desapasionada,
lo que ha pasado en Chile es que ya llevamos diez años
en que la economía prácticamente no crece.
Diez años donde ha habido también
una detención muy fuerte de la inversión,
donde ha habido un componente de inmigración también muy fuerte
y donde también se han desarrollado otros elementos
como deterioro las condiciones de seguridad.
¿Por qué te digo esto?
Porque Chile es un país que lo ha hecho extraordinario.
Después de las transformaciones que se hacen en el gobierno militar
y la estrategia de la concertación de mantener la abertura económica,
ya hubo una economía abierta que va incorporando
más niveles de protección social,
Chile lo hizo muy bien.
Entonces había expectativas en las familias de clase media
de seguir progresando y ese progreso se detuvo.
Y la verdad es que se detuvo con malas decisiones.
Por malas decisiones, creo.
Y se produce hace cinco años atrás,
en este contexto que te digo yo, de deterioro, de menos crecimiento,
esto que algunos llaman el estallido social, como lo mencionaste tú.
Y que yo creo que fue más un estallido de violencia,
que fue interpretado políticamente por distintos actores
para tratar de traerlo a su mirada o a su molino.
Este fue un momento donde, para tener un contexto,
Chile venía de dos grandes coaliciones
que habían administrado el país políticamente.
La concertación, que es toda la centro izquierda reunida,
y la alianza por Chile, que era la centro derecha reunida.
Pero hubo un cambio en la ley electoral, Iván, el año 2015,
que se implementó por primera vez el año 2017,
que transformó del sistema electoral
donde se elegían principalmente dos grandes coaliciones
a un sistema proporcional.
Y ahora se eligieron muchos partidos, muchos grupos.
Y estos movimientos de jóvenes estudiantes
que habían estado protestando por la calidad de la educación
y principalmente por quien proveía la educación,
no le gustaba la educación privada,
entraron a la política y entraron a la cancha.
Y transformaron de la política de denuncia y protesta una actividad.
Y empezó, creo yo, a generar o a encauzar una energía
que la tomaron y que se trabujó,
y si querés comentamos un poco más,
en lo que fue cómo se encauzó la violencia de octubre del 2019.
Claro. Ahora, uno de los que no entiende mucho,
o por ahí cuesta, poco tiempo atrás,
creo que no había pasado un año o dos,
había sido elegido democráticamente
el presidente Sebastián Piñera.
Y estos movimientos, digamos, trajeron una violencia
inusitada, ¿no?
De hecho, Luis Larraín publica un libro en el año 2020
titulado El otro golpe,
prácticamente igualando a las manifestaciones
con movimientos desestabilizantes, golpistas.
¿Qué hay de esto?
Incluso vos estás comentando que muchas de estas fuerzas
que ya se habían manifestado antes, 2011, 2012,
estaban ya dentro de la institucionalidad,
en el Congreso y demás.
¿Por qué? ¿Por qué tanta?
¿Por qué la violencia?
Mira, yo creo que el...
A ver, la verdad es que,
si tú lo llevas a como lo más básico de lo básico,
hay quienes creen que una sociedad abierta y libre
es la que va a generar progreso para las personas,
y hay quienes no creen eso.
Y los que no creen eso,
que no pudieron ganarlo con los votos,
lo hicieron a través de la violencia.
Esa es mi lectura, porque tú dijiste algo en la introducción
que es verdad.
Esto se activó, fue la chispa,
el alza de 30 pesos o lo que podrían ser 30 centavos de dólar
en el fondo de la tarifa del metro.
Pero no es la única alza que hubo en tarifas públicas en ese tiempo.
Y fíjate que algunos días previos,
estudiantes y otros habían empezado
como lo que se llama asaltar los torniquetes,
a pasar, entrar al metro sin pagar,
como una forma, en el fondo, evadir, protestar.
No me acuerdo cómo era la frase,
evadir no pagar, una forma de protestar,
algo así era como la idea.
Pero lo que nadie recuerda,
y Iván, yo quiero recordarlo,
es que ese día, el 18 de octubre,
se incendian simultáneamente
decenas de estaciones de metro en Santiago,
que es la red más importante de comunicación de la ciudad,
una ciudad que tiene 6 millones de habitantes al menos,
y que tiene una línea de metro muy desarrollada,
se incendian simultáneamente todas las estaciones de metro.
Eso no es una manifestación ciudadana o un estallido social,
eso es un acto delictual programado y preparado
por organizaciones criminales
que han pasado 5 años y no se ha descubierto quiénes fueran.
Entonces, para la gente que nos escucha, por ejemplo,
en Argentina, o que te escucha a ti desde otras partes del mundo,
acá hay una mirada, a veces, como romántica,
que la izquierda quiere transmitir de una ciudadanía manifestándose.
Esto partió con una acción organizada
para quemar la infraestructura chilena
y para tratar de inmovilizar al gobierno y a la autoridad.
Y vino acompañado, porque acá había muchos símbolos,
vino acompañado de un ataque muy fuerte a las policías,
de la creación de un símbolo que fue el perro mata pacos.
A los carabineros, acá coloquialmente se les llama,
como de manera crítica, etc., los pacos.
Se crea el perro mata pacos con un pañuelo.
Se atacan las comisarías todas las noches.
Empieza una manifestación de violencia, de debilitar,
primero, la red de infraestructura.
Segundo, la autoridad que ejerce las fuerzas para mantener el orden.
Tercero, la autoridad política, ya, deslegitimando la autoridad, etc.
Bueno, y hoy día estamos viendo otras cosas, que es el Poder Judicial.
Es como un manual que se ha ido siguiendo.
Lo que estás diciendo es, acá hubo organización delictiva,
criminal, con un mensaje político, pero realmente, claro, digamos,
toda una, hasta las imágenes del perro este, como muy
revolucionaria, muy antisistema, pero ya no en un sentido simpático
de lo antisistema, sino realmente concreto, violento,
y amenazando, digamos, pilares fundamentales de la democracia
y de la república.
Así que ahí hay un tema en particular para mirar.
Pero por otro lado, también preguntaría, porque en su momento,
yo recuerdo, que se difundió la idea de que todo esto era bastante
entendible, al menos desde el punto de vista de la desigualdad.
Que el motivo que tenía toda esta gente para estar muy enojada y
reaccionar de esta forma, era que Chile, bueno,
lo había hecho muy bien.
El lema era, no son 30 pesos, sino 30 años.
Entonces la idea era, bueno, lo ha hecho bien en términos
macroeconómicos en los últimos 30 años, pero es un país
profundamente desigual, con muchas injusticias sociales.
Y eso habilitaba este reclamo, vamos a llamarle.
Pero, ¿cómo ves vos esta cuestión?
Efectivamente, ese fue un argumento que se dio.
Personalmente, no lo comparto y quiero explicar por qué.
Quizá, narrar algunos hechos.
18 de octubre, se producen los primeros hechos de violencia
con los metros.
Viernes 25 de octubre, una semana después,
es una manifestación muy masiva en todo Chile.
Tú hiciste alusión a eso.
Eso se produce una semana después,
donde el gran tema de preocupación en esa marcha,
en Santiago y en regiones, eran las pensiones.
Eran las pensiones.
Y yo creo que es una preocupación de política pública muy legítima,
que siempre ha estado presente, porque el sistema chileno,
que ha sido muy bueno para generar ahorro,
tuvo problemas en el mercado laboral.
Porque las personas no cotizaron suficiente a lo largo de la vida,
ni tampoco coincide, en el fondo, el modelo de pensiones
con las expectativas de vida.
Entonces, eso hay que resolverlo.
Eso fue una manifestación legítima.
Pero se transformó, con el paso de las horas,
en una manifestación como que el sistema completo estaba malo
y había que hacerlo de nuevo.
Y eso es un poco lo que te digo yo,
la instrumentalización de la izquierda.
No es verdad la desigualdad como argumento, creo yo,
de fondo de esto por lo siguiente.
Uno, porque han habido mejoras claras
en la distribución de ingresos en Chile,
y en otros bienes que son muy relevantes
para medir la vida de las personas.
Acceso a la educación escolar básica, media y superior.
O sea, hoy día son más de un millón trescientos mil personas
las que están en educación superior.
Hace cuarenta años eran doscientos mil.
En el fondo, acceso a la tecnología.
Reguardo la calidad de la salud, sin perjuicio que las listas
de espera son enfermantemente lentas en el sector público.
Son muchos los componentes que han demostrado una mayor
equidad en condiciones de vida, Iván,
que no se limitan solo a la medición del coeficiente Gini
de distribución de ingresos.
Ahora, sí es verdad que el Estado tiene que ser mucho más
eficiente.
Si recauda hoy día casi un tercio de la economía del
Estado y no logra corregir de manera relevante la distribución
del ingreso después de todos esos impuestos,
es que el Estado tiene un problema de eficiencia brutal.
Y eso es algo que requiere ser revisado,
corregido y mejorado.
Y yo te diría adicionalmente a eso,
que más que un problema de distribución de ingresos,
en mi opinión, sí era un problema de expectativa.
Y vuelvo a lo que dije al inicio de nuestra conversación.
Creo que las generaciones jóvenes,
de familias de clase media, se habían hecho una expectativa
de lo que el país iba a proveer.
Progreso, bienestar, oportunidades.
Tuvieron la sensación de que si estudiaban y trabajaban duro,
iban a tener un gran futuro.
Pero entre medio, la política se metió y deterioró la calidad
de las decisiones públicas.
Y la economía se estancó, el Estado se agrandó,
la regulación empeoró y lo que hemos observado es una década
de menos crecimiento, con más personas llegando al país,
por lo tanto, con un per cápita más bajo y, por lo tanto,
con expectativas que quizás no cumplían.
Y en ese sentido, yo lo que diría es que la tarea no es un
problema de que la gente al final dijera,
no quiero el modelo, sino que quiero más modelo para tener
los resultados que me prometieron,
en términos de mayor ingreso, más competencia y mayor bienestar.
Y eso, obviamente, entró a la disputa política que nos llevó
a la arena constitucional.
Perfecto y justo ahí me das el pie para ir más a eso que
pasó después, ¿no?
Porque estos eventos llevaron al debate constitucional.
Pero, claro, entonces habría como dos lecturas de esta
circunstancia, ¿no?
La de quienes se manifestaban y los políticos más desde el
centro hacia la izquierda o una izquierda más radicalizada que
planteaban el eslogan.
No son 30 pesos, son 30 años.
Entonces, al decir son 30 años, tienen que ir hacia 1990 o
incluso antes para decir que el problema es la Constitución y
que lo que hay que hacer es cambiar la Constitución para
tener un país más igualitario.
Pero la otra lectura, entonces, es no, no son 30 años,
son los últimos 10, que el país se estancó justamente por
abandonar de alguna manera el modelo que había hecho que
Chile fuera tan próspero.
Y vamos a decirlo, que Chile fuera un modelo a seguir en
toda la región porque lideraba y lidera o sigue luchando por el
liderazgo en términos de PIB per cápita,
desarrollo humano y demás.
Entonces, claro, primero, ¿cómo es que se llega a debatir la
Constitución?
Medio que lo describí al pasar, pero me gustaría tu mirada
sobre ese proceso.
¿Cómo pasamos de violencia extrema y un gobierno que dice,
junto con las otras fuerzas políticas,
habilita el debate constitucional?
Por ahí uno podría pensar que el gobierno,
el rol que tenía era mantener el orden público y ejercer su
mandato que había sido recientemente elegido, ¿no?
Digo, ignorar de alguna forma o tratar de otra forma estos
reclamos.
Entonces, ¿cómo es que se termina llegando a que, bueno,
que tenemos que discutir una nueva Constitución?
Quizá, Iván, el punto más relevante, a mi juicio,
del cual se habla poco, es que cuando hay violencia en un
país, la política tiene que fijar una posición ante la
violencia.
Porque al final del día, cualquier sistema,
la democracia como sistema político es un sistema de
administrar las diferencias sin ejercer violencia,
salvo la legítima violencia que puede ejercer la autoridad para
resolver disputas cuando no se respetan las redes, ¿verdad?
Pero al final del día, una manera de dominar la violencia.
¿Pero qué pasó en Chile?
Y esto es importante para entender el debate
constitucional.
Que cuando en octubre del 2019 surgen estas incendios del
metro, la violencia en todas las ciudades de Chile,
de manera organizada y sistemática,
donde hay demasiados indicios de que el crimen organizado estaba
financiando y activando lo que se llamaba la primera línea,
que estaban permanentemente destruyendo la infraestructura,
atacando cuarteles policiales, infraestructura relevante y
otro, llegó un momento en que la política tenía que fijar
posiciones.
¿Y qué hizo la izquierda chilena?
La izquierda chilena, en su conjunto,
avaló con un silencio cómplice la violencia que hubo en Chile y
no la condenó.
Y al no condenarla, en la práctica lo que hizo fue
legitimar la violencia como una forma de protesta o como una
forma de promover cambio.
Y por su parte, creo que las derechas tampoco levantaron con
suficiente fuerza el argumento contrario de interpelar a la
izquierda por su rol de avalar la violencia.
¿Y por qué te digo esto, Iván?
Porque de las cosas que creo que se han ido aprendiendo con el
paso del tiempo, es el valor de la defensa de las ideas.
Lo que llevó a ese momento, el 2019,
creo que en parte fue un silencio de ideas,
tanto del mundo político de la derecha como de la izquierda,
en el sentido de haber defendido y argumentado la legitimidad de
lo que se había construido en el país en los últimos 30 años.
Al final, esto terminó siendo como un hijo sin padres.
O sea, estábamos en 2019 y nadie quería reconocer la criatura
que teníamos ante nosotros.
Y probablemente cualquier reflexión serena,
tanto de una mirada desde fuera de Chile,
como hoy día incluso los chilenos,
podrían decir que lo que teníamos en Chile al 2019 era
un gran país que tenía cosas por mejorar.
Y claramente por mejorar.
Pero para eso había que trabajar, no protestar y menos ejercer la
violencia.
Entonces, como esta izquierda avaló la violencia,
hubo un momento en que yo diría la democracia chilena estuvo en
riesgo.
Esa es la verdad.
Y una forma de buscar una solución ante ese riesgo a la
democracia fue avanzar hacia un nuevo contrato que es,
en el fondo, una nueva negociación política que,
en este caso, era un pacto constitucional.
El gobierno se allanó a eso porque no veía otro camino y no
tenía, no tuvo, ni tenía las condiciones, creo,
para mantener el orden público usando la fuerza.
Hay que recordar también que Chile usó la fuerza para
guardar el orden y la institucionalidad del año 73.
Y quienes ejercieron ese rol, algunos de manera justa y otros
de manera muy injusta, han sido perseguidos y condenados hasta
el día de hoy, 51 años después.
Entonces, en el fondo también había como cierta reticencia en
las fuerzas de orden a ejercer fuerza pública y la fuerza para
poder controlar el orden porque también existía miedo a ser
perseguido el día de mañana.
Entonces, creo que eso llevó, esas condiciones llevaron al
debate constitucional.
Ahora, el debate constitucional, para quienes nos están
escuchando, era una forma que la izquierda siempre había
argumentado de que, en el fondo, esto era una constitución de
Pinochet, a pesar de que ya había tenido muchos cambios,
más de 200 cambios desde el año 80, ¿ya?
Y especialmente reformas muy fuertes el año 89 y el 2005,
con amplio acuerdo.
Pero era un argumento como para poder decir,
esta es una manera de desarmar la institucionalidad de Pinochet,
de los Chicago y de otros.
Y lo que se hizo fue que se acordó un proceso el 12 de
noviembre, si no me equivoco, que se llega a un acuerdo por la
paz y la nueva constitución.
Lo de nueva constitución se avanzó, lo de paz, cero.
No se respetó.
O sea, eso no se respetó las semanas que vienen.
Y se inició un proceso de elaboración donde hubo un
plebiscito que le permitía a las personas elegir si querían o no
una nueva constitución y si querían que el órgano que la
redactara fuera 100% elegida o híbrida.
Mezcla entre congresistas actuales o 100% elegida.
Y el resultado fue, sí, una nueva constitución y en un
órgano 100% elegido.
Y ahí entró un debate de política identitaria,
de reglas excepcionales y de muchas cosas que creo que
reflejan lo peor y en algunos casos lo mejor de las
discusiones contemporáneas en occidente sobre filosofía
política, debates políticos y, por supuesto,
también contenido de políticas públicas.
Bueno, entonces hubo hasta algunos componentes un poco
bizarros, ¿no?
Alguien disfrazado de Pikachu, si mal no recuerdo.
Vos me contarás.
Pero te pediría, entonces, que amplíes esta última idea del
debate de filosofía política contemporánea que estaba
presente en el debate de la nueva constitución y también
preguntarte si efectivamente, una vez que se delinea un
proyecto de nueva constitución, ¿cuánto amenazaba verdaderamente
las bases de la prosperidad y de la estabilidad chilena?
Porque creo que fue leído también por el mundo,
por las comunidades financieras de inversión,
en el mundo económico.
Estaba muy preocupado con el debate que estaba teniendo
lugar y finalmente con la propuesta que avanzó y que se
votó.
Bien, mira, situémonos en noviembre del 2019.
¿Qué es lo que sucede ahí?
Partamos el proceso constituyente.
Y partamos el proceso constituyente, ¿cómo lo
partimos? ¿Cómo parte?
Porque normalmente el Congreso tiene la potestad
constituyente derivada.
Entonces, el Congreso tuvo que aprobar una modificación a la
constitución que definió reglas nuevas.
Y ahí viene lo primero, Iván, que es bueno que la gente lo
sepa.
Se establecieron tres reglas nuevas para elegir al órgano
que iba a escribir la constitución.
Primera regla nueva, yo por supuesto estoy en contra de lo
que se hizo, pero lo quiero explicar, paridad de resultados.
Es decir, la mitad de la convención,
hombre y la mitad mujeres, independiente de cómo hubieran
votado las personas, se corregía.
No es que te dijeran, oiga, lleve mitad de candidatos
hombres, candidatos mujeres o privilegio de alguna manera.
No.
Sino que después de la votación,
aun cuando hubieran salido elegidos, por ejemplo,
80% mujeres o 80% hombres, había que corregirlo a mitad y mitad.
Entonces, había un componente identitario en la definición
de esa regla electoral de un feminismo radical que creo que
hizo mucho daño.
Y después te voy a explicar por qué.
Segunda regla electoral, Chile es un país de distintas
culturas y pueblos, pero una sola nación.
Sin embargo, para escribir la constitución se establecieron
17 escaños reservados para pueblos indígenas.
Entonces, se representó, se sobre representó al mundo
indígena en la reacción de una constitución de una manera
absurda, que era contraria a la identidad y a la cultura
nacional.
Y lo tercero es que se permitió a los independientes actuar en
pacto.
Es decir, como si fueran un partido político.
Entonces, juntar sus votos y repartir las cifras de
repartidor entre independientes.
Que también fue un error, porque surgieron muchas personas que
no tenían un patrón de actuar común, ideas claras, etcétera,
y que fueron muy sobre representados en la convención.
Entonces, esos elementos fueron muy determinantes.
Y la primera convención lo que propuso fue una constitución de
una democracia paritaria.
O sea, como todo órgano fuera paritario, ¿ya?
Promovió no solo culturalidad, sino que la plurinacionalidad,
diciendo que Chile estaba constituido de más de 12
naciones.
Promovió sistemas de justicia especiales para cada uno de los
pueblos indígenas.
Prohibió la creación de establecimientos educacionales
por los particulares, salvo que fueran pueblos indígenas.
Se apropiaba de los fondos de pensión y prohibía el ahorro
individual.
Puedo seguir eternamente.
Las protecciones del medio ambiente eran totalmente
atentatorias a la libertad y a la propiedad de las personas
para emprender y desarrollar proyectos.
En fin, era una constitución fuertemente estatista y marcada
por el sesgo, yo te diría, de una filosofía política
colectivista, contraria a la identidad y al progreso que
permite que los países avancen.
Entonces, en ese sentido, la conformación de esta convención
y su producto fueron como un manual de los debates de
filosofía política que te dirían ahora.
Y más aún, era una especie de rechazo fuerte a la democracia
representativa, sino mucho más componentes de democracia
directa y deliberativa, que no están bien arraigados ni bien
construidos para funcionar en Chile.
Entonces, como que reconfiguraba al país desde cero sin
reconocer su identidad.
Y los chilenos reaccionaron con mucho sentido común.
Mucho sentido común y rechazaron.
Entonces, este es el proyecto que va al plebiscito de salida
del 2022, este que acabas de describir.
Bueno, entonces, claro, ya llegando a esa parte de la
historia, desde aquí o de los círculos que uno conoce,
claramente se vio como una buena noticia este rechazo a la
Constitución.
Fue un alivio, un alivio total.
Un poco por las cuestiones que mencionabas.
También tengo entendido que el plebiscito de salida recibió
muchos más votos, o sea, fue mucha más gente a votar que el
plebiscito de entrada, podríamos decir, ¿verdad?
¿Qué explicación se encuentra esto?
Dos años antes, Chile parecía, perdón,
tres años antes Chile parecía que abandonaba su identidad,
sus bases para el progreso, el modelo de éxito y quería
refundar todo.
Y unos años después, por un 60 largo por ciento o un 60
corto, pero más del 60 por ciento,
rechazan este proyecto.
¿Y qué explicación hay para esto?
Mira, yo creo que hay dos explicaciones, Iván.
Una que es la de fondo y otra que es más instrumental.
Parto por la instrumental, que es muy simple.
El plebiscito de entrada, o sea, cuando a las personas se le
preguntó si querían o no una nueva Constitución,
era con votos voluntarios.
El plebiscito de salida, que para aprobar o no el contenido,
era con votos obligatorios.
Por lo tanto, eso ya hizo que hubiera un cambio en el grupo
que estaba convocado a votar de manera muy relevante.
Eso es un primer salto.
Vamos ahora al fondo.
Lo que sucede es que el 2019, cuando estalla la violencia,
el país no era tan de izquierda, como algunos querían decirlo.
Y cuando se rechaza, dos años después o un año después,
tampoco era tan de derecha como otros querían decirlo.
Lo que sucedió fue que hubo protestas por violencia que
fueron instrumentalizadas.
Y cuando a las personas se les preguntó si querían una nueva
Constitución, dijeron, sí, ¿por qué no?
Pueden haber cambios.
Pero cuando le mostraron el contenido,
el sentido común primó claramente.
Y en ese sentido se rechazó.
En ese sentido se rechazó.
Entonces, ¿qué es lo que diría yo?
No hay que ilusionarse en pensar las fantasías de izquierda de
que el 2019 el Chile se fue totalmente a la izquierda o que
uno de años después se fue totalmente a la derecha.
Yo creo que Chile es un país que progresa, que está estancado,
que los chilenos quieren cambios, quieren vivir mejor,
quieren más justicia, pero quieren hacerlo mejorando lo
que está, no destruyendo y empezando de cero.
Entonces, creo que al final del día los chilenos han ido como
caminando por el sentido común en eso y mostrándoselo a la
política, la que ha mostrado bastante falta de liderazgo para
construir y para resolver a partir de eso.
Y como fracasó el primer proceso,
la política dijo, hagamos un segundo.
Claro.
Entonces, lo que está diciendo Ernesto es que tal vez si el
proyecto de reforma hubiese sido más, menos alocado,
menos intervencionista, menos estatista,
algo un poco más razonable, probablemente hubiera tenido
otro destino.
Y entonces, bueno, ¿qué vino después?
Porque uno diría, bueno, ha pagado el fantasma de una nueva
constitución que tirara por la borda el modelo chileno.
¿Qué vino después?
Desde ese momento hasta hoy, ¿no?
Un gobierno que además había hecho de su bandera el voto,
pierde y bueno, ¿cómo estamos ahora?
Claro, hay que recordar que ya había sido elegido un nuevo
gobierno, ¿verdad?
El del presidente Boric.
El presidente Boric hizo campaña por la propuesta de la primera
convención.
Entonces, a los pocos meses de gobierno,
ellos habían asumido en marzo, en septiembre se toparon con una
derrota del 62% de los chilenos diciendo no a la propuesta que
estaban promoviendo.
Entonces, se hizo una nueva convención, distinta en forma,
no tenía tantos pueblos originarios,
no tenía a los independientes como estaban.
Y en esa elección ganó, ahora a diferencia de la vez anterior,
ganó la derecha fuertemente con el Partido Republicano de
José Antonio Cáceres, que tuvo una mayoría,
yo diría una hegemonía en la convención.
Y hubo un trabajo de expertos que se pusieron de acuerdo en un
texto.
Luego vinieron los elegidos que se pusieron de acuerdo con
ciertas modificaciones.
Pero a su vez, hubo ciertos cambios en esta propuesta que
no fueron del gusto de la ciudadanía y nuevamente fue
rechazada.
Se argumenta porque en esta otra oportunidad se puede haber
movido hacia el otro extremo.
Y se mencionan algunos ejemplos, por ejemplo,
en la regulación de temas de aborto más restrictiva y otro.
Es más amplia la discusión que eso,
pero el resumen es que se volvió a rechazar.
Y a partir de ese momento no se ha vuelto a retomar el debate
constitucional de hacer una nueva constitución.
Pero sí hubo en el camino varios cambios,
porque cambiaron los quórums de modificación de la
constitución.
Hoy día tenemos la constitución del 80 con todas sus
modificaciones, pero con un quórum bastante más bajo de
modificación.
Entonces, hoy día tienes un sistema político menos rígido
en ese sentido, una regla política menos rígida,
pero también al mismo tiempo como contrapartida son más
vulnerables ante una mayoría cíclica o temporal.
El punto central, a mi juicio, es que habiendo terminado los
dos procesos constituyentes y no se aprobó ninguna constitución,
lo que sigue estando muy tendiente en Chile, Iván,
es mejorar el sistema político.
El sistema político chileno funcionó bien,
fue clave para que el país tuviera progreso.
Y cuando se deterioró el sistema político,
la economía y el bienestar de las personas decayó.
Entonces, ¿qué?
Porque hoy día muchas personas te pueden decir, miren,
tomen tal medida en lo económico, en lo social,
en lo burocrático estatal, pero si tú no tienes un sistema
político capaz de procesar esa información,
administrar diferencias y construir acuerdos,
es muy difícil que eso avance.
Antes de ir a ese último punto que marcaste,
me viene una pregunta, porque finalmente los eventos de 2019
llevaron a al menos dos debates sobre nuevas constituciones,
al menos dos votaciones, o solamente dos.
Pero desde el punto de vista de los liberales clásicos,
nosotros pensamos que el rol de una constitución es delimitar
claramente el rol del gobierno y de alguna manera proteger
a los individuos de los excesos que pueda cometer un gobierno.
Entonces, te escucho, Ernesto, y comentás que sí,
que en Chile hay cosas para mejorar,
tema de pensiones, tema del mercado laboral,
últimamente un estancamiento económico.
Y la pregunta es, ¿qué posibilidades tiene un texto
constitucional de resolver ese tipo de problemas?
Porque por ahí es muy difícil, ¿no?
Desde ese lado.
Ninguna.
La Constitución no tiene ni una posibilidad de resolver esos
temas, salvo por poner las reglas del juego que permitan
a cada uno de los seres humanos florecer de acuerdo a sus
motivaciones, talento y proyectos, ¿ya?
Y fijarse estas reglas de administración de las
diferencias.
Lo que pasa es que acá la Constitución,
cuando la idea de buscar a una nueva Constitución como
solución de los problemas, no fue una idea de los liberales
clásicos, fue una idea de los colectivistas, digamos,
y del mundo socialista y estatista.
Que lo que ve es, en el fondo, en el control del poder y la
organización central, una forma de resolver los temas.
Entonces, de hecho, una de las cosas que decía el proceso
constituyente, las personas decían, bueno,
tengamos una Constitución que represente nuestro sueño común
o el proyecto del país.
Yo me preguntaba, bueno, yo espero una Constitución que
permita que cada uno de nosotros desarrolle nuestro proyecto de
vida, respetando los derechos de los demás.
Entonces, en el fondo, es menos ambiciosa mi visión de la
Constitución.
Y acá siempre se le critica eso como que la hablan de la
minimalista, como que no quisiera definir nada.
Pero es lo que más permite que las personas florezcan,
progresen y desarrollen sus proyectos de vida.
Creo que eso no está instalado todavía.
Y por eso es tan importante, vuelvo a un minuto atrás,
el debate de ideas.
Porque son las discusiones de ideas las que ponen en su
dimensión adecuada el rol que cumplen ciertas instituciones y
reglas en un funcionamiento de una sociedad.
Entonces, hoy día debe ser más discutido cuál es el rol de una
Constitución.
Algunos lo que la entienden es como un plan, como una receta,
como un programa de gobierno.
Otros lo entendemos como una forma de limitar el poder,
organizar las formas de administrar las diferencias y
permitirle a las personas resguardar sus derechos para
ejercer su libertad.
Clarísimo, Ernesto.
Entonces, ¿cuál es tu mirada hacia el futuro?
Mencionabas un poco este tema de la fragmentación,
la dificultad de hacer acuerdos.
El sistema político parecería estar imponiendo ciertos límites
a justamente a la resolución de estos problemas.
¿Puede volver algo como lo que pasó en 2019?
¿Puede volver Chile, por otro lado,
a liderar la región en términos de progreso,
de ser un modelo a imitar, como lo fue tiempo atrás?
¿O cómo ves el futuro?
A ver, yo siempre he tratado de ser un optimista racional,
pero me veo hoy día en dificultades de ser muy
optimista con lo que viene en Chile.
¿Por qué?
Porque yo te comentaba que el sistema político se ha
enredado, Chile era un sistema político que tenía unos 7 u 8
partidos con representación parlamentaria,
armado en dos coaliciones, a un sistema político hoy día
donde tenemos 21 o 23 partidos con representación
parlamentaria, en varias coaliciones y otros más
en formación.
El nivel de fragmentación y de atomización de la política es
muy alto.
Los países de ingresos medios, como ingresos medios altos,
como es el caso de Chile, tienen que resolver problemas mucho
más difíciles, porque están asociados normalmente
a desafíos de largo plazo, que tienen que ver con pensiones,
mejoras de productividad, etcétera.
Y esos desafíos de largo plazo requieren acuerdos políticos
costosos y amplios.
Y cuando la política está fragmentada,
no puede llegar a acuerdos costosos y amplios,
porque todos ven una ganancia de corto plazo que les conviene
tomar y necesitan pocos votos marginales para mantenerse
electos.
Eso me hace pensar que hay una tarea muy difícil.
Sin embargo, hay dos cosas que me hacen ser optimista.
La primera es que Chile tiene buen capital humano.
Tiene buen capital humano.
Y lo segundo es que ya nos levantamos una vez de un
desastre monumental, como fue la unidad popular y un estatismo
y colectivismo desbocado.
Y el país logró hacerlo adelante.
En eso, lo que se requiere es profundizar la calidad de las
ideas que le dan fundamento a las decisiones públicas y
promover liderazgo y animarlos a asumir roles.
Creo que es una tarea muy difícil.
Nosotros acá en la universidad y en Faro trabajamos en ayudar en
eso en lo que podemos.
Y creo que hay muchas personas que lo están intentando hacer y
una tarea en la que hay que perseverar.
Porque, en el fondo, no hay motivo alguno ni justificación
para quedarse de brazos cruzados a la espera de que se mantenga
el estancamiento.
Bueno, Néstor, te agradezco muchísimo por tu tiempo.
Creo que ha sido una conversación súper frutífera e
interesante.
Así que, bueno, gracias nuevamente.
Si querés cerrar de alguna manera,
te cedo la última palabra.
Mira, solo decir que, bueno, yo miro con mucho entusiasmo y
interés lo que está pasando en Argentina,
lo que está pasando en otros países de la región.
Reafirmar que, al final del día, los países prosperan cuando
sus líderes y su capital humano llevan adelante buenas ideas.
Y, por lo tanto, eso me hace pensar que la formación de
capital humano y el desarrollo y retroalimentación de las ideas
es una de las tareas más importantes que tienen las
personas que están en la discusión pública,
en las universidades y en la formación de capital humano.
Así que felicitarte también porque cumples un rol en eso,
en divulgarlo y en seguir haciéndolo.
Esta fue la conversación con Ernesto Silva a raíz de los
cinco años del llamado estallido social en Chile.
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Nosotros nos vemos en la próxima. Muchas gracias.