En este capítulo de Micronaciones vamos a ver, entre otras historias,
la de un francés que se autoproclamó rey de la Patagonia.
Pasá que te cuento.
Hola gente, ¿cómo están? Les doy la bienvenida a un nuevo hashtag
datazo información completamente inútil que se va a quedar agarrada en tu cerebro hoy.
Vamos a seguir con la serie de videos de Micronaciones.
Si todavía no viste ninguno, son historias espectaculares, de verdad.
Ya hicimos este, este y este, todo en una playlist que te voy a dejar en la descripción.
Pero antes de viajar mentalmente, digamos,
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Muy bien, vamos a empezar con una historia muy copada,
que es la historia de la República Independiente de Hualki.
Hualki es una comuna chilena que en un momento decidió que se iba a independizar,
pero había un motivo.
Todo esto empezó en 1823 después de que Chile se independizara de España.
Pasa que la fiesta de la independencia no llegó a todos lados por igual,
y mientras en algunas partes celebraban, en el sur las cosas ardían,
con la llamada guerra a muerte.
Fue una etapa en donde no había grandes batallas,
pero sí varios enfrentamientos con las montoneras realistas,
que eran básicamente los que no querían soltar a la corona española, digamos.
¿Qué hacían las montoneras realistas?
Bueno, entraban y saqueaban todo lo que encontraban y se enfrentaban con las poblaciones locales.
Y Hualki, una comuna del sur, estaba medio entre la espada y la pared.
Por un lado tenían a estas montoneras realistas que los atacaban y los saqueaban,
y por el otro al gobierno, en Concepción,
que les hacía tanto caso como el caso de que te haces un gato cuando le das una orden.
No, no, no, no, no.
¿Qué? No, no, no.
Así que los vecinos de Hualki medio que pensaron
si nadie nos ayuda, nos ayudamos nosotros solos.
Y así, sin más, declararon su independencia.
Y con ello entonces estuvimos a la República Independiente de Hualki.
Era medio como decir, mirá que si no nos prestan atención nos vamos, eh.
Un reclamo en toda regla.
Pero ojo, no querían realmente separarse de Chile.
Lo que querían era que les dieran bola.
Es más como cuando amenazás con irte de tu casa para que tus papás te presten atención, digamos.
O te hagan caso, den algo.
Bueno, y funcionó, porque como declararon la independencia,
dos días después llegó un batallón del ejército y listo, misión cumplida.
Que era lo que ellos querían.
Alguien les había hecho caso de tipo,
che, manden a alguien para que no jodan mal lo de la montonera.
Pero la historia no termina ahí.
En 1915, Hualki volvió a las andadas.
Esta vez por unas elecciones municipales.
El Partido Conservador ganó, pero el Partido Democrático,
que era como su rival, dijo, ni en pedo.
Y como tenían el control de la municipalidad, decidieron declarar la independencia.
Otra vez.
Terminó de vuelta igual.
De nuevo, el ejército llegó y chau, fiesta independiente.
Hashtag ratazo en 1972, cuando Salvador Allende visitó Hualki.
Dijo que era el segundo presidente en visitar la comuna,
porque el primero había sido el de la declaración de 1823.
Me gusta esto de la mecha corta de la gente de Hualki, los bancos mucho.
Tipo, a la primera te declaran la independencia, no rompa las pelotas.
Bueno, hasta hay un club en Chile llamado República Independiente de Hualki,
en honor a estos hechos.
Muy linda la casaca verde.
Tiene una onda a la de Nigeria de 2018, muy bonita.
Les mandamos un saludo.
Y la historia que vas a ver ahora, si viste los otros videos de Micronaciones,
te va a hacer acordar un poco a la de Sealand,
a la que vimos en el primer video de Micronaciones, en este.
Porque esta es la historia de un tipo que dijo,
¿por qué no tener mi propia Micronación?
Pregunta que se han hecho un montón de los que hemos visto en los videos de Micronaciones.
Y se mandó a construirla en el medio del mar.
Esta es la República de la Isla de las Rosas,
la Micronación más loca del Adriático.
Todo esto empezó en 1958 cuando un ingeniero italiano llamado Giorgio Rosa
decidió que la vida en tierra firme era demasiado aburrida
y entonces hizo lo que haríamos cualquiera de nosotros.
Construyó una plataforma de 400 metros cuadrados en el medio del mar Adriático.
Lo que haría cualquier persona razonable.
O sea, quiero aclararla, construyó él, no como Sealand,
que fue un tipo a agarrar una plataforma que ya existía
y que había sido abandonada, pero la plataforma ya estaba en el medio del mar.
No, no, no.
Este tipo fue y la construyó él, ¿se entiende?
Armó una empresa llamada la Sociedad Experimental de Inyecciones de Cemento,
que yo no sé si era una empresa posta porque tenía alguna intención
o era una empresa que armó como para poder pedir permiso
para poder sacar del puerto todo material de construcción
y que nadie le esté preguntando, che, ¿qué onda esto?
Y entonces fue llevando con un barco tubos y cemento, supongo, y ladrillos y todo lo demás.
No sé cómo se hace una plataforma en el medio del mar, chicos.
No tengo ese conocimiento.
Todo lo necesario para construir una plataforma en el medio del mar
y la fue construyendo.
O sea, con todo, tipo, ocupó un lugar en el puerto
para poder abastecerse de combustible y tener los materiales y demás.
Y fue haciendo todo esto a medio kilómetro hacia adentro del mar
por fuera de las aguas territoriales de Italia,
como para no tener problemas, digamos,
para que no le digan, ey, loco, estás en nuestro mar.
Medio jugando al aire libre con Italia, ¿no?
Paréntesis a todo esto a la plata que tenés para poder hacer un chiste así, ¿no?
Obvio, por supuesto, tenés un montón de guita el muchacho este.
Le llevó 10 años, pero la terminó.
Le construyó arriba, tipo, como una casa, habitaciones, todo.
En el medio le empezaron a decir algunas cosas,
de como, oiga, señor, esto no tiene utilización,
¿dónde están los papeles?
Pero el tipo seguía.
Y cuando la terminó, que ya estaba habitable,
el tipo hizo una rueda de prensa y declaró su independencia.
Y ahora tenías una nueva república.
Pero esperen, que se pone mejor.
Rosa no solamente construyó una isla,
sino que además la equipó con todo lo necesario para ser un país de verdad.
Tenía su propio gobierno, tenía moneda, el mil,
que suena a algo que usarías para comprar en un juego de mesa, pero bueno.
Tenía sellos postales y tenía hasta un idioma oficial.
Eligió el esperanto como idioma oficial, del cual ya hablamos en este videazo.
Y por un momento pareció que funcionaba.
La gente iba a visitar la isla, a ver qué onda.
Probablemente visitaba la isla preguntándose qué demonios estaba pasando,
pero igual visitaban la isla.
Pero como era de esperarse todo este chiste al gobierno italiano,
no le causó mucha gracia.
Yo personalmente creo que se zarpó con los sellos postales, con las estampillas.
Como que venía todo bien, pero estampillas, es un montón estampillas.
En el gobierno debían estar tipo,
Giuseppe, he visto que echó un ragazo, que ha construido una isla.
Y dije, que hombre ese, cosa, ¿puedo jugarlo?
Siempre a ti sí.
Anche y francoboli.
Mío Dios y francoboli.
Adeso es una cosa seria.
Así que Italia hizo lo que haría cualquier país en esta situación,
que es mandar a la policía a ocupar la isla.
Sí, amigos, lamentablemente 55 días después de la declaración de la independencia,
la Isla de las Rosas fue invadida.
Probablemente fue la invasión más tranquila de la historia,
que había solamente una persona viviendo ahí, pero bueno, fue una invasión.
Pero Rosa no se dio por vencido, intentó apelar, protestó,
hasta amenazó con acusarlos con su mamá, con el consejo de Europa.
Pero nada, funcionó.
El gobierno italiano ya había decidido que la isla tenía que irse, literalmente hablando.
Porque en febrero de 1969 la marina italiana intentó volar la isla.
Y decimos intentó porque Rosa se ve que era mejor ingeniero de lo que ellos pensaban,
porque la estructura resistió la primera explosión.
Así que le dieron de vuelta una segunda explosión con más power
y la deformaron todas pero tampoco lograron hundir del todo la isla.
Y atrás de eso se venía un tormentón, entonces se fueron y dejaron de explotar
y al final la que lo hundió fue la tormenta.
Pero bueno, en definitiva la isla lamentablemente fundida.
Y así termina la historia de la Isla de las Rosas,
que duró menos de un año pero que dejó su marca, claro que sí.
Hoy en día todo lo que queda de la isla son algunos restos en el fondo del mar
y una peli, la increíble historia de la Isla de las Rosas,
o en su título original en italiano
que podés ver en Netflix.
Y vamos a cerrar con esta historia que es espectacular.
Es el Reino de la Araucanía y la Patagonia.
Tiene nombre de una nueva serie de fantasía medieval a estrenarse pero no.
Es una historia real y como dicen muchas veces la realidad a veces supera la ficción.
Porque esta historia es así muy delirante.
Es como si metieras en una licuadora Game of Thrones el Quijote
y un manual de Derecho Internacional con él.
Todo comenzó allá por 1860.
Tanto esta historia como la historia de la Comuna de Chile
se sitúan ambas en el siglo XIX.
Siglazo, siglazo.
Cuando un francés llamado Antoine de Tunannes
decidió que su vida como abogado en Francia era demasiado aburrida.
Así que hizo lo que cualquiera de nosotros haría.
Construir una plataforma en medio del mar.
Re que todas las historias eran iguales.
No, no, no, nada que ver con el mar.
Lo que hizo este señor fue autoproclamarse rey de un territorio que apenas conocía.
¿Cómo es la historia?
Bueno, Tunannes llegó a Chile con una idea fija
que era crear un reino en tierras de los Mapuches
que en ese momento resistían la expansión de Chile y de Argentina.
Y entonces para esto el 17 de noviembre de 1860
Tunannes se autoproclamó Aurelie Antoine I rey de la Araucanía.
Porque claro, por supuesto,
qué mejor nombre para un rey Mapuche que Aurelie Antoine, ¿no?
Y después para no quedarse corto, porque capaz la Araucanía no le alcanzaba,
anexó la Patagonia a su reino.
Porque total, ya que estamos, vamos con todo.
Ahora, uno pensaría que los Mapuches lo habrían mandado de vuelta a Francia
a freír viñetes de una patada.
Pero sorprendentemente algunos líderes Mapuches le siguieron el juego.
Y bueno, imaginate, estás luchando vos contra dos países
y de repente aparece un tipo que dice que es rey
y que va a conseguirte apoyo de Francia.
No le darías una oportunidad, aunque sea para reírte un rato.
¿Cuánto daño te puede hacer dejarlo que diga que es rey y ya está?
Si consigue algo mejor y si no, bueno, qué sé yo, dijo que era rey.
¿Qué me importa?
O sea, le seguían el juego pero en la vida cotidiana no cambiaba nada.
Ellos internamente seguían exactamente igual.
Tunás hizo una bandera para este reino.
Bandera que en 2009 cuando se oficializó la bandera de la provincia argentina de Río Negro
algunos la criticaron diciendo que eran los mismos colores
de la bandera del reino de la Araucanía y la Patagonia.
Y hasta redactó una constitución para su reino
que era prácticamente una copia de la constitución francesa.
Porque nada grita tanto respeto por las tradiciones de los pueblos originarios
como imponerle leyes europeas.
Bueno, la juega igual no le duró mucho.
En 1862 las autoridades chilenas lo agarraron de los pelos, lo arrestaron, lo juzgaron.
Y en el juicio Tunás se defendió a sí mismo.
Lo cual debe haber sido muy interesante de ver, ¿no?
Un tipo, su señoría yo no estoy loco, yo soy el rey de la Araucanía y de la Patagonia.
Esto no lo voy a hacer en francés, no me da chicos para tanto.
Bueno, nada, spoiler alert, no funcionó.
Le dijeron, pero vos estás chapa hermana, vos te faltan todos los tornillos de este video.
Mirá como te metí el chivo del otro video, tan orgánicamente.
Y lo deportaron a Francia.
Pero nuestro intrépido rey no se dio por vencido e intentó volver varias veces.
Siempre con el mismo resultado, lo echaban.
Como vos con tu ex.
Uh, eso duele.
Tunás murió en 1878, pobre y olvidado.
O relativamente olvidado, si querés, porque hay una película de 2011 llamada
Un rey para la Patagonia, una coproducción entre Argentina y Francia.
Que ni idea de dónde la podés ver.
La verdad que estuve buscando dónde se la podía ver en algún servicio de streaming
y no la encontré, pero que la película existe, existe.
Y acá termina la historia de Tunás sí mismo.
Pero si la historia hasta acá ya te parece un delirio, para, para, no te vayas, porque te cuento.
Que cuando murió este muchacho, empezó una sucesión de reyes.
Yo creo que no hay una cantidad de comillas suficientes en el mundo que me alcancen para
meterle a este reyes de la Araucanía y la Patagonia.
O sea, gente que a la muerte de él se empezó a autoproclamar como los herederos de ese reino.
Gente que nunca pisó el territorio y que además no tenían ninguna relación familiar con Tunás.
Que de hecho no tuvo hijos, o sea, no son ni parientes del tipo.
Pero que se autoproclamaban herederos del trono.
Pero pará, pará, vos me vas a decir, bueno, pero esto fue en 1800 y pico.
No, no, no, esto sigue hasta hoy.
En pleno siglo XXI hay gente que se autoproclama rey o reina de la Araucanía y la Patagonia.
Incluso tienen una ONG para apoyar al pueblo mapuche, o eso por lo menos dicen.
Porque de vuelta, no, nada dice tan a viva voz apoyo a los pueblos originarios como
pretender ser su monarca europeo.
Lo más gracioso es que además algunos de estos reyes intentaron que los tribunales
franceses reconozcan su título.
¿Qué segundo culo tiene que ver Francia en todo esto?
Su señoría, yo soy el legítimo heredero, pese a no tener ninguna conexión familiar,
al trono de un territorio en Sudamérica que nunca existió como reino.
Bueno, spoiler alert, nuevamente tampoco funcionó.
Por suerte, ¿no?
Porque vos decís, imaginate si un juez agarra y dices, ah, bueno, sí, le doy a él.
Y así amigos, es como gracias a un francés que estaba medio aburrido, casi tenemos un
Game of Thrones sudamericano.
La próxima vez que se te ocurra una idea para algo y vos pienses que es descabellada,
acordate de Antoine de Thunans, te va a dar la perspectiva de que no es tan loca tu idea.
Salvo que tu idea sea justamente tratar de fundar un reino en otro continente, ¿no?
Bueno, ahí sí.
Gracias por haberme acompañado, si todavía no lo hiciste, suscríbete al canal que me
ayudaría un montón.
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Y si tenés dos minutitos más, mirate alguno de los dos videos que vienen ahora al final.
Gracias por haberme acompañado, gente, los quiero muchísimo, nos vemos la próxima,
chau.