El tabú del autodiagnóstico | Psicología al Desnudo | T3 E32

PsiMammoliti
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4 Visualizaciones de video·24 oct 2024
Cecilia no tenía idea de que existía el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad
hasta que, hace un año, descubrió TikTok.
No, no fue por eso que lo descargó.
Comenzó a usarlo porque era entretenido pasar el rato viendo videos de perritos y de gente
talentosa bailando o cantando, hasta que, entre video y video, comenzaron a aparecer
personas que explicaban cómo era la vida con Trastorno de Déficit de Atención.
El algoritmo funciona más o menos así.
Nos muestra lo que queremos ver, lo que nos interesa.
Si le damos like a un video, entonces nos empiezan a aparecer más videos similares.
A Cecilia, los videos de personas hablando de TDAH o Trastorno por Déficit de Atención
e Hiperactividad le llamaron muchísimo la atención.
Empezó a identificarse cada vez más con esas historias, entonces le daba más like
y aparecían más videos.
Entró a internet, buscó a un psicólogo especialista en TDAH y, cuando finalmente
llegó a consulta, el terapeuta le hizo el cuestionario diagnóstico para estos casos.
Después de algunos meses de tratamiento, su psicólogo le confesó que le había bastado
una sola sesión para darse cuenta de que ese era el diagnóstico correcto.
Así fue que, a sus 34 años, fue diagnosticada.
Sí, escuchaste bien, llegó a su diagnóstico a través de TikTok.
¿Qué hacemos cuando no podemos encontrar respuesta a cómo nos sentimos?
Cuando sentimos que somos diferentes, pero no podemos explicarlo.
¿Hacemos bien en autodiagnosticarnos?
¿Cuál es el peligro real de jugar a ser nuestros propios médicos o psicólogos
sin la guía de un profesional?
¿Por qué elegimos este camino en vez de simplemente acudir a alguien con el
conocimiento y la experiencia para ayudarnos?
El autodiagnóstico es una realidad. Existe, sucede todo el tiempo.
Millones de personas se autodiagnostican todos los días a través de cuentas de TikTok y de Instagram.
Este es un tema controversial, polémico.
Tiene muchos grises que necesitamos conocer para entender la enorme
complejidad del autodiagnóstico.
Como en psicología no existen blancos, negros, sino más bien matices,
vamos a ver de qué se trata.
Hoy nos metemos de lleno al misterioso mundo del autodiagnóstico.
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Ahora sí, vamos con el episodio.
Esto es Psicología al desnudo, el podcast de salud mental de Epsimo Amoliti.
Soy Marina Amomoliti, psicóloga clínica.
Y en esta nueva temporada, sumamos video para que además de escucharnos,
podamos vernos cara a cara, estar más cerca.
¿Buscas un cambio? Llegaste al lugar indicado.
En el episodio de hoy, ¿y si no puedo ir a terapia?
Autodiagnósticos en salud mental.
Los seres humanos buscamos certezas. Necesitamos explicarlo todo.
Está en nuestra naturaleza.
Cuando no entendemos o no sabemos algo,
buscamos hasta el cansancio, el por qué, hasta quedar conformes.
Con nuestra salud hacemos justamente eso.
Vivimos tratando de descubrir lo que nos pasa.
Si tenemos algún problema físico o mental,
juguleamos los síntomas o acudimos a algún consejo de algún amigo no profesional.
Eso se llama autodiagnóstico.
El proceso por el cual identifico en mí ciertos rasgos o características, síntomas,
las googleo o consulto con alguien no profesional.
Y a partir de esa información,
llego a la conclusión de que tengo o no tengo un trastorno,
una condición o una enfermedad.
Me doy mi propio diagnóstico sin la aprobación de un profesional especializado en el tema.
Asocio mis síntomas a la información que leí y saco mis propias conclusiones.
Y punto.
Me siento agotada hace un par de días.
Los párpados me pesan.
Estornudo cada dos minutos.
Estoy súper congestionada.
Me siento en la computadora y googleo mis síntomas.
Llego a la conclusión de que se trata de un cuadro gripal.
¿Te suena familiar este escenario?
Seguramente sí.
Porque todos en algún momento nos autodiagnosticamos.
No es una novedad para nadie.
Lo hicimos desde siempre.
Nuestras madres o abuelas suelen ser expertas en diagnosticar sin conocimiento profesional.
Eso que te pasa a vos es que tenés anginas.
No, eso es un problema renal.
Eso es que estás mal del estómago.
La gran diferencia con el mundo de hoy
es que antes de internet,
las personas tenían que recurrir a libros de medicina o enciclopedias
para autodiagnosticarse.
Ahora tenemos fuentes de información infinitas a solo un clic.
Y acá me quiero detener.
Si las fuentes de información son infinitas,
¿cómo podemos asegurarnos de que todo lo que leemos cuenta con validez y confiabilidad?
¿Cómo sabemos que la información que dice tal influencer o tal creador de contenido
en este reel o en este TikTok es verdadera?
Y sobre todo, ¿cómo tenemos la seguridad de que el diagnóstico
que nos estamos atribuyendo a nosotros mismos es certero o no lo es?
Este es el punto de partida del peligro del autodiagnóstico.
La primera cara de la moneda de la que necesitamos hablar.
Antes de hablar de los peligros, tenemos que diferenciar el autodiagnóstico
del diagnóstico que puede ofrecernos un profesional especializado.
En el autodiagnóstico somos nosotros mismos los que interpretamos la información.
Somos nuestra propia brújula.
El problema es que al no tener el conocimiento,
no sabemos qué tan bien calibrada está esa brújula.
Estamos solos.
Depende 100% de nosotros llegar al destino correcto,
de nuestro criterio, del tiempo que le dediquemos a la búsqueda de información,
de las fuentes a las cuales recurrimos, a quienes sí le creemos y cuáles descartamos
y qué decidimos hacer con toda esa información.
En cambio, en el diagnóstico que realiza un profesional,
contamos de base con el sub-out propio de alguien que está mirando lo que nos sucede
desde afuera.
Y contamos con su criterio profesional, su conocimiento del tema,
con las herramientas que tiene para trabajar con lo que nos pasa.
Hablamos de alguien que se supone que está capacitado para hacer todo este análisis,
que cuenta con un título y una matrícula,
que, aunque no siempre es garantía,
le otorga un mayor saber que alguien que no está especializado en el tema.
En salud mental, además, la cuestión se complejiza aún más,
porque muchos de los síntomas y características de ciertos trastornos
son parte del mundo interno de cada persona.
Son imperceptibles a simple vista para los demás.
Tienen que ver con la experiencia subjetiva y personal de quien lo vive.
Eso, entre otras cosas, hace que para realizar un diagnóstico
casi nunca alcance una única consulta.
En la mayoría de los casos es necesario utilizar diferentes recursos
como evaluaciones, entrevistas específicas con la persona
o con las personas de su entorno cercano,
interconsultas con otros profesionales,
tiempo y dedicación para llegar a un diagnóstico certero.
El autodiagnóstico tiene un lado A y un lado B.
Nada de demonizarlo, pero tampoco de idealizarlo.
Vamos a poner todas las cartas sobre la mesa
para que vos saques tus propias conclusiones.
Si optamos por la opción del autodiagnóstico
y nos quedamos únicamente con la información que encontramos en TikTok,
en Instagram, en Google o incluso en un podcast,
tenemos que conocer la cara A del autodiagnóstico,
los riesgos a los que nos exponemos.
Vamos uno por uno.
Riesgo número uno.
Llegar a un mal diagnóstico y, por lo tanto,
hacer un tratamiento que no necesitamos.
Quizás pongamos energía, tiempo y dinero
en un tratamiento que es completamente ineficiente.
O lo que es peor, podría incluso agravar la situación,
es decir, hacer que empeoremos.
Y otra gran consecuencia de llegar a un diagnóstico erróneo
es retrasar el diagnóstico correcto.
Como estamos creídos de que nuestro diagnóstico es A,
tardamos más en llegar al diagnóstico B, que es el correcto,
deteniendo entonces el tratamiento correcto,
el que en realidad necesitamos para mejorar.
Segundo riesgo.
Automedicarnos mal, sin supervisión profesional
y, por ende, autogenerarnos más malestar.
Siempre me acuerdo de un consultante que un día
me mandó un mensaje muy preocupado.
Sentía muchísima taquicardia y tenía miedo de estar
teniendo un ataque de pánico.
Esto tenía muchísimo sentido porque veníamos trabajando
en su ansiedad severa, pero algo hizo que me detenga.
Me acordé que hacía dos días, cuando lo vi en sesión,
me dijo que se sentía algo engripado.
Le pregunté si además de taquicardia,
sentía algún otro síntoma físico,
algo relacionado a un cuadro gripal,
a lo que me respondió que sí.
Practicamos algunas técnicas para reducir la ansiedad,
pero también le recomendé quizás ir a una guardia médica
por si se trataba de algo más.
Y sí, efectivamente, resultó que taquicardia no tenía nada que
ver con un ataque de ansiedad.
Mi consultante había empezado a tomar una medicación que un
amigo le había comentado que era buenísima para tratar la gripe.
En dos días estás impecable.
Claro, la medicación en cuestión contenía un descongestivo muy
común en medicamentos para tratar la gripe que tiene,
entre sus efectos adversos, taquicardia.
Y en personas con ansiedad, esta droga puede disparar los
síntomas.
El médico de la guardia le recetó otra medicación,
acorde a su caso particular, y a los días dejó de sentirse
engripado y la taquicardia desapareció por completo.
Otro gran riesgo es el de desarrollar problemas a nivel
social o psicológico por creer que tenemos una condición
cuando en realidad no es así.
Porque efectivamente empezamos a actuar en función de ese
diagnóstico que creemos que tenemos.
Como creo que tengo TDAH, empiezo inconscientemente a actuar
como si lo tuviera.
Algo que en psicología llamamos efecto Pygmalion y que
expliqué muy a detalle en el episodio 7 de la temporada 2
llamado Profecías Autocumplidas.
Te lo súper recomiendo.
A esta altura podríamos, entonces, preguntarnos,
¿por qué si es tan superior el diagnóstico que puede darnos un
profesional?
Es que el autodiagnóstico está cada vez más de moda.
Para responder a esta pregunta, tenemos que meternos de lleno
en cuestiones relacionadas a contextos macroeconómicos.
En Hispanoamérica, la salud mental es un privilegio,
un lujo, al que pocas personas pueden acceder.
Pero si en la mayoría de los países la salud es gratuita y
de libre acceso.
Sí, pero detengámonos ahí.
Vamos un poco más profundo.
En la mayoría de los países de Hispanoamérica,
el ámbito público no cuenta con servicios de salud mental
disponibles, ya sea un psicólogo, un psiquiatra,
un neurólogo.
No hay turnos.
Si tenemos el privilegio de acceder a una cita,
quizás es de aquí a dos meses.
Y la segunda sesión será con suerte en cuatro meses.
Eso hace que para acceder a un servicio sostenido en el tiempo
y de calidad, necesitemos pagar a profesionales de manera
privada.
Es decir, contar con un presupuesto económico con el
que la mayor parte de la población no cuenta.
Y además, incluso para alguien que sí puede acceder a un
servicio de salud mental, ya sea en el ámbito público o
privado, la posibilidad de recibir un diagnóstico certero
en un periodo de tiempo relativamente corto es muy
difícil.
Una de las mayores dificultades que enfrentan los sistemas de
salud es la demora de los diagnósticos.
Y por ende, el inicio de tratamientos que tardan en
promedio entre 8 y 12 años.
Sí, escuchaste bien.
La Asociación Mental Health América de Estados Unidos
calcula que se tarda en promedio de 8 a 12 años entre que
notamos los síntomas y recibimos un diagnóstico de salud mental
confiable y certero.
Es demasiado tiempo.
Miles de personas viven con síntomas sin saber de qué se
tratan, pasándola muy mal por no conocer su diagnóstico.
Y acá hago un stop.
¿Por qué es tan importante la cuestión del tiempo?
Es decir, de recibir un diagnóstico temprano,
cuanto antes.
Primero, porque los trastornos de salud mental suelen aparecer
temprano en la vida de las personas y muchos tienden a
volverse crónicos.
Entonces, la falta de un tratamiento temprano puede
generar discapacidades serias a medida que crecemos.
O sea, puede inhabilitarnos para funcionar.
Entonces, acceder a un tratamiento temprano evita
situaciones de riesgo y mejora mucho la calidad de vida.
Y segundo, porque muchas veces el proceso de diagnóstico está
fuertemente ligado con el sentido de identidad.
Es decir, llegar al diagnóstico correcto nos da alivio.
No quiero dejar de decir que en la otra cara de la moneda hay
muchas personas para quienes hablar de un diagnóstico,
ponerse una etiqueta, puede ser ilimitante y estigmatizante.
Tenemos ambas experiencias.
El alivio de entender por qué soy como soy y la tranquilidad
de haber encontrado una identidad que habla de mí o
el estigma de tener un diagnóstico de salud mental.
Lo cierto es que para cada persona,
el diagnóstico se sentirá diferente.
Si me preguntan a mí, les diría que acceder a un diagnóstico
puede posibilitar muchas acciones para mejorar la calidad
de vida de quien lo recibe.
Y además no tenemos por qué contarle al resto de las
personas nuestro diagnóstico si todavía no nos sentimos
cómodos con él.
Podemos tomarnos el tiempo de procesarlo antes de contarlo
a otras personas.
Demonizar el autodiagnóstico y catalogarlo de peligroso sin
profundizar en él no tiene sentido.
Sería ignorar todo lo que sucede alrededor de esta práctica.
Te voy a contar una historia.
La protagonista se llama Andy Cukier.
Ella es productora, podcaster, periodista, docente y fue
diagnosticada con autismo a sus 37 años.
En una nota ella cuenta que recibir su diagnóstico de TEA,
o Trastorno del Espectro Autista,
significó una forma de resolver algo inconcluso sobre su
identidad.
Le permitió entender un montón de cosas sobre sí misma,
por qué es como es, por qué hace determinadas cosas que a la
gente siempre le parecían extrañas.
El recorrido hacia la confirmación de su trastorno fue
largo y ella misma había investigado mucho en internet
sobre los rasgos autistas en mujeres adultas.
En el camino fue encontrando muchas coincidencias con su
propia personalidad.
Sin dudas para ella googlear fue la manera que encontró de
Pero no fue hasta que recibió el diagnóstico confirmatorio de
TEA de un profesional que se animó a crear una cuenta en
redes sociales para compartir su experiencia como mujer adulta
con autismo.
En mi cuenta de Instagram hablo de mi historia.
La creé porque no quiero que nadie tarde 37 años en llegar
a su diagnóstico, como me pasó a mí.
A los días de crearla Andy recibió cientos de mensajes de
personas que tuvieron experiencias muy similares.
Con muchos años saltando de médico en médico sin dar nunca
con el diagnóstico adecuado.
Recibí 2000 mensajes directos y más de la mitad fueron pidiendo
recomendaciones de profesionales competentes para obtener su
diagnóstico.
Lamentablemente los casos como el de Andy no son raros.
Hay muchos.
Llegar a un diagnóstico puede suponer años de excesiva
búsqueda para dar con profesionales responsables que
puedan brindar el diagnóstico adecuado.
Con esta historia en mente, pasemos entonces al lado B del
autodiagnóstico, los beneficios.
Con tantas trabas y dificultades para llegar a un diagnóstico
de manera convencional, no debería sorprendernos que
alguien que busca respuestas sobre quién es y sobre cómo se
siente, tome un rol activo y participativo en su propio
proceso de búsqueda.
El autodiagnóstico puede ser una herramienta súper poderosa para
dar el primer paso que nos lleve a profesionales responsables
que puedan confirmar efectivamente que se tiene o no
tal o cual diagnóstico.
Es decir, nos moviliza, nos ayuda a dar el primer paso que
es el más importante, pedir ayuda.
Y considerando que acceder a los servicios de salud es difícil y
caro, no podemos culpar de irresponsables a quienes se
autodiagnostican vía redes sociales.
Sería no entender el contexto en el que vivimos.
Distinto es si todos tuviéramos acceso a profesionales de
calidad siempre que lo necesitamos y aún así andamos
por la vida autodiagnosticándonos vía videos
de TikTok.
Ahora, mi deber como profesional es aclarar siempre que el
autodiagnóstico en salud mental debería ser simplemente medio
para un fin, no el fin en sí mismo.
Si solo nos quedamos con lo que nosotros creemos que tenemos
por un video de TikTok a una nota de blog,
nos exponemos de lleno a todos los peligros que supone
transitar nuestro malestar psicológico sin el acompañamiento
adecuado.
Llegamos a la parte del podcast que más disfruta,
la parte práctica.
Ya que el autodiagnóstico existe,
no podemos eliminarlo ni ofrecer diagnósticos detallados y
seguros a todas las personas que lo necesitan de manera
personalizada.
Y sabiendo que muchas personas van a seguir recurriendo a
videos de TikTok para diagnosticarse,
me gustaría regalarte una serie de pautas para ser conscientes
a la hora de autoevaluarnos.
El objetivo es que obtengas información validada para
buscar ayuda profesional cuando sea necesario para dar ese
primer paso.
Son recomendaciones que buscan acercarnos lo más posible a un
autodiagnóstico seguro.
Siempre teniendo en cuenta que estas pautas son solamente
iniciales y que bajo ningún punto de vista pueden reemplazar
a un diagnóstico profesional.
Pero lo cierto es que es mejor seguir estas pautas que navegar
por internet sin recomendación alguna.
¿Qué tengo que tener en cuenta entonces si estoy buscando
información sobre mí para entender lo que me pasa?
Primero, buscar información en lugares confiables.
Es importantísimo que podamos ser críticos a la hora de
seleccionar la información que encontramos en redes sociales.
Por más convincente que suene lo que estamos viendo y
escuchando.
Yo sé que nos vemos tentados a escuchar y creerle a ese
influencer de moda, pero si realmente estás buscando
información de valor que pueda orientarte a buscar tu
diagnóstico, lo mejor va a ser siempre que sigas cuentas
validadas de profesionales especialistas en el tema que
divulguen información de calidad.
Escuchar testimonios de personas ya diagnosticadas puede ser
útil, aunque siempre entendiendo que cada historia es diferente
y tu historia no tiene por qué parecerse a la de otra persona
con tu mismo diagnóstico.
Siempre es importante mantener el ojo crítico.
Por ejemplo, si estoy buscando información en páginas o
artículos de blog, una manera de darme cuenta de su validez es
ir hacia el final o al inicio de la nota y fijarme si esa
información fue tomada de estudios o investigaciones
serias recientes.
También podemos ver si la escribió algún profesional
habilitado o si la fuente proviene de una revista
científica o de una institución de renombre.
Porque eso significa que la información ya pasó varios
filtros de validación.
Y también es importante tener en cuenta qué tan actualizada
está la información.
Porque no es lo mismo leer un artículo que lleva más de 15
años de publicación, hay mucha información que queda obsoleta
si es vieja, que leer un estudio publicado este año o el año
pasado.
Si haces algún test o evaluación online,
ten en cuenta los mismos criterios.
Hay test en internet que son adaptaciones de versiones
aprobadas y validadas y resultan muchísimo más confiables que
otros test que andan dando vuelta por páginas de internet
de los que no tenemos ni idea de su origen.
Y quiero recordarte algo, por más identificado o identificada
que te sientas con el diagnóstico por el que te estás
inclinando, ten en cuenta que tenés que tomar esa información
con pinzas, sabiendo que eso es solo una partecita del proceso
real, mucho más grande, más integral de diagnóstico.
La segunda recomendación es tener en cuenta nuestro contexto
actual.
Siempre tenemos que leer nuestros síntomas dentro de nuestro
contexto.
Te cuento un ejemplo personal.
Una consultante llegó a sesión muy preocupada porque estaba
segura de que tenía una depresión.
Había estado googleando y cumplía con la mayoría de los
criterios, insomnio, falta de apetito,
mucha tristeza, desesperanza, deseo de no hacer nada,
falta de energía.
Había días donde ni siquiera podía levantarse de la cama.
Lo que ella no había considerado es que,
hace unos tres meses atrás, había terminado una relación de
pareja de más de 12 años.
Este evento que fue el que la trajo a terapia,
además, había significado un antes y un después en su vida.
Claramente no se trataba de un cuadro depresivo crónico,
sino de la etapa depresiva natural de todo proceso de duelo
significativo.
La mayoría de las veces el contexto explica perfectamente
toda la sintomatología que experimentamos.
Entonces, pregunta rápida y útil para autochequear nuestro
contexto.
Me siento de determinada manera.
OK, ¿está pasando algo en mi vida que puede hacerme sentir
así?
Recomendación número 3, limitar el tiempo de búsqueda.
Investigando para este episodio, me encontré con un término que
desconocía, la cibercondría, que es la preocupación excesiva e
irracional por padecer una enfermedad,
que lleva a la persona a buscar constantemente síntomas y
enfermedades y diagnósticos en internet.
Ya sabemos que internet es una fuente inagotable de
información de fácil acceso, libre y sin filtros
profesionales.
Esto puede traer un montón de consecuencias,
como disparar altísimos niveles de ansiedad,
porque nos da miedo tener cierta enfermedad,
o evitar visitar a un profesional por miedo a confirmar ese
diagnóstico.
El exceso de información, como todo exceso, nunca es bueno.
¿Cuántas veces googleaste un síntoma leve que puede deberse
a miles de causas y terminaste más preocupado que antes
creyendo que puede que tengas algo súper grave?
Acá lo más importante es, si la información que estoy leyendo
solo logra confundirme más o asustarme mucho, freno,
me detengo.
Momento de usar toda esa energía en buscar a un profesional que
me ayude a aclarar mis dudas en vez de seguir navegando en
terrenos pantanosos de miedo y desinformación.
Una pregunta que puede servirnos acá para saber si estamos
consumiendo demasiada información es, ¿esto que leo,
me ayuda a aclarar mis dudas o solo me genera más miedo y
confusión?
Si la respuesta es la segunda, frenemos y busquemos ayuda.
Cuarta recomendación, no reemplazar la ayuda
profesional.
Por más convencido o convencida que estés de que efectivamente
ese es tu diagnóstico, el que viste en redes sociales,
es súper importante que vayas con un profesional que sepa del
tema y que pueda guiarte, no solamente para confirmar o
descartar o seguir buscando el diagnóstico correcto,
sino para saber qué hacer después.
El diagnóstico por sí solo puede aclarar o darnos
respuesta, pero lo realmente poderoso,
lo que puede cambiarnos la vida, es el tratamiento que viene
después, el aprendizaje de las herramientas que mejoren las
áreas de la vida que están afectadas por esa condición.
Si tengo TDAH, lo valioso además de tener el diagnóstico y,
por ende, entenderme, van a ser las herramientas que me
permitan manejar mi atención y concentración,
organizar mi tiempo de manera efectiva y gestionar las
emociones que surjan a raíz de esa condición.
Y por último, tener una participación activa.
Es clave tomar un rol activo en la búsqueda de un profesional,
aunque eso no lleve tiempo.
¿A qué me refiero con esto?
A que existen profesionales al alcance de cada bolsillo y de
cada situación.
Todos los países cuentan con espacios gratuitos o de muy
bajo costo.
El tema es que hay que hacer un esfuerzo para buscarlos hasta
encontrarlos.
En nuestra casita virtual, simamunity.com,
encontrarás una lista con números y nombres de
organizaciones a las que podés acudir en casos de emergencia
en salud mental según cada país y según cada zona.
Y podés consultar en esos mismos organismos a dónde podés ir por
un diagnóstico.
Te dejo el link en las notas de este episodio.
El diagnóstico puede ser muy esclarecedor.
Puede ayudarnos a entender parte de nuestra historia,
nuestra personalidad.
Todos deberíamos tener derecho a recibir un diagnóstico correcto
en tiempo y forma.
Pero sabemos que esto está lejos de la realidad.
Por eso, si estás en búsqueda de un diagnóstico,
de entender tus síntomas, tus rasgos de personalidad,
toma un rol activo en esa búsqueda.
No dejes de moverte hasta conseguir una respuesta que te
deje tranquilo, tranquila.
¿A qué voy con esto?
Que si es necesario,
empiezas buscando por tus propios medios e información que te
pueda ayudar.
Pero que eso sea solo el punto de partida,
el primer paso para explorar tus preocupaciones potenciales.
No te quedes ahí.
Dedica parte de ese tiempo de búsqueda y de investigación
sobre síntomas para encontrar profesionales competentes a los
que puedas acceder acorde a tu bolsillo.
Te prometo que hay y muchos son excelentes.
Ojalá este episodio te haya mostrado que el autodiagnóstico
puede ser una herramienta valiosa si funciona como un
empujoncito que nos acerca un poco más al encuentro con quien
sí puede guiarnos y acompañarnos en la búsqueda de una mejor
calidad de vida.
Hasta acá el episodio de hoy.
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rankearnos y compartir nuestros episodios.
Nada, nada, nada nos ayuda a crecer más que eso.
Te recuerdo que Psicología del Desnudo no es solamente este
podcast.
Detrás de él está Psi Mamoliti, que es una clínica psicológica
virtual.
Podés encontrarnos como arroba psi.mamoliti o en psimamoliti.com.
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Vas a encontrar el link en las notas de este episodio.
Psicología del Desnudo es una producción de Psi Mamoliti en
colaboración con Posta.
