HEDY LAMARR | Estrella de CINE e INVENTORA | La historia REAL de la actriz | Biografía en ESPAÑOL

Raquel de la Morena
15 seguidores
10 Visualizaciones de video·2 nov 2024
¡Bienvenidas, mentes curiosas! ¿Conocéis la historia de Hedy Lamarr, la estrella de
Hollywood que inventó la tecnología que dio lugar al Bluetooth y al Wi-Fi?
Es posible que la conozcáis por su película más famosa, Sansón y Dalila, en la que ella
hacía de Dalila. Pero la austríaca Hedy Lamarr, que llegó a convertirse en una estrella
en Hollywood, no era solo una actriz de talento. Poseía también una inteligencia súper dotada.
Fue una inventor adelantada a su tiempo y también tuvo una vida de lo más curiosa.
De hecho, puso su brillante mente a trabajar en beneficio de los aliados en la lucha contra
la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.
Hedwig Ifa María Kisla nació el 9 de noviembre de 1914 en Viena y era hija única de un banquero
y de una pianista. Sus padres provenían de familias burguesas judías, pero su madre,
ya de adulta, se convirtió al catolicismo y educó a su hija en esa fe, aunque nunca
la bautizó. Desde pequeña, los profesores la consideraron una súper dotada. Con solo
cinco añitos, se atrevió a desmontar una caja de música para después volver a recomponerla.
También se interesó por el teatro y el cine y a los 12 años ganó un concurso de belleza
en Viena. Pronto comenzó a tomar clases de interpretación y, aunque comenzó a estudiar
la carrera de ingeniería con solo 16 años, cuando consiguió sus primeros papeles pequeños
en producciones de cine rodadas en Berlín, decidió volcarse por completo en su carrera
de actriz, en la que al principio utilizó su nombre real, Hedwig Kisla.
En 1933, cuando tenía 18 años, participó en el filme checoslobaco Éxtasis, muy rompedor
para su época, que le proporcionó fama internacional por unos planos en los que aparece corriendo
completamente desnuda por un bosque y nadando en un lago, y una escena en la que se ve su
rostro en primer plano mientras interpreta un orgasmo. Era la primera vez que se mostraba
el orgasmo femenino en el cine. En realidad, según declaró la actriz, los planos de ellas
en ropa habían sido tomados por el director con un teleobjetivo, algo para lo que Hedwig
no había dado su consentimiento, ya que el realizador le había asegurado que se la vería
borrosa por la distancia. Y en la escena del orgasmo, sus muecas se debían a que alguien
del equipo le estaba clavando un alfiler. La cinta se hizo rápidamente famosa.
Entre los admiradores masculinos de Hedwig se encontraba el fabricante de armas Friedrich
Mandel, que la conoció en Viena mientras ella interpretaba el papel de la emperatriz
Sisi en una opereta. Mandel, debido al negocio de su familia, fabricaba municiones desde
1860. Tenía vínculos comerciales con Mussolini y después con los nazis. Su fortuna estaba
entre las más importantes de Austria y era 15 años mayor que Hedy. La boda se celebró
el 10 de agosto de 1933, pocos meses después del estreno de Éxtasis. Diversas fuentes
señalan que su marido no vio la película hasta más tarde y que no le gustaron nada
las escenas eróticas rodadas por Hedy. Ella tenía solo 19 años y lo que quería era
proseguir con su carrera como actriz. Pero Mandel, un hombre autoritario y controlador,
se opuso y casi literalmente la encerró en un castillo. En el castillo es Varsena, cerca
de la frontera entre Austria y Chico-Eslovaquia. Se cuenta que el empresario se gastó el equivalente
a 5 millones y medio de euros actuales en comprar todas las copias de la película
que había hecho famosa a su esposa a nivel internacional para que nadie más pudiera
verla desnuda. Como es lógico, no consiguió hacerse con todas.
Hedy, interpretando el único papel que le estaba permitido, el de esposa obediente,
acompañaba a su marido en sus reuniones de negocios, así que conoció a muchos científicos
y expertos en la industria armamentística, lo que despertó de nuevo su interés por
la ingeniería y por las ciencias aplicadas. Pero pese a esa afición, aquella vida de
casada le resultaba insoportable. En sus memorias escribió
Muy pronto supe que nunca podría ser actriz mientras fuera su esposa. Él era el monarca
absoluto en su matrimonio. Yo era como una muñeca. Era como una cosa, un objeto de arte
que tenía que ser guardado y encarcelado, sin mente, sin vida propia. En definitiva,
la habían encerrado en una jaula de oro, pero ella no iba a conformarse con aquella
Así que un día, tras cuatro años de matrimonio, cuando necesitaron contratar a una nueva sirvienta,
Hedy se encargó de escogerla ella misma y seleccionó a una mujer que se le parecía
bastante. Un tiempo después, cuando la ocasión fue propicia, cogió todas sus joyas, le dio
un sonriso a aquella sirvienta, se puso su ropa, abandonó la casa haciéndose pasar
por ella y huyó a París. De allí se marchó a Londres, donde conoció al poderoso productor
Louis B. Mayer, uno de los fundadores de la Metro Goldwyn Mayer. Cuando Mayer tomó
el barco de regreso a los Estados Unidos, Hedy vendió sus joyas y se compró un pasaje
para embarcar ella también. De ese modo, tendría tiempo suficiente para convencerlo
de que la contratara. Y lo logró. Llegó a América con un contrato de siete años bajo
el brazo y un nuevo nombre artístico, Hedy Lamarr. A los 23 años comenzó su nueva vida
en libertad, la que ella siempre había querido. Durante las dos décadas siguientes rodó
más de una treintena de películas, la última de ellas en 1958. Aunque protagonizó la famosa
Sansón y Dalila, a veces no tuvo buen ojo al elegir sus papeles. Rechazó, por ejemplo,
protagonizar las míticas Casa Blanca y Luz de Gas. También estuvo a punto de interpretar
a Escarlata O'Hara en Lo que el viento se llevó, pero como todos sabemos, el papel
se lo acabó llevando Vivian Leyd.
A lo largo de su vida, Hedy se casó cinco veces más. Con un guionista, con un actor,
con el dueño de un club nocturno, con un empresario petrolero tejano y, por último,
con el abogado que le había llevado el divorcio anterior. En 1965 puso fin al matrimonio con
el abogado y permaneció soltera durante los 35 años siguientes hasta su muerte. En total
tuvo tres hijos.
Pese a su ageteada vida, Hedy nunca abandonó su faceta de científica e inventora, que
fue incluso más importante de su carrera como actriz. En sus ratos libres se dedicó
a desarrollar y poner en práctica todo tipo de ideas, algunas más modestas, como por
ejemplo una pastilla que al echarla en un vaso de agua se convertía en una bebida carbonatada,
pero que, como ella misma admitió, sabía fatal.
Pero también tuvo ideas mucho más trascendentales. En 1940, al inicio de la Segunda Guerra Mundial,
se enteró de que el gobierno estadounidense, como ocurría en otros países, no quería
desarrollar misiles teledirigidos por radio, una tecnología puntera en aquella época,
por miedo a que las señales pudieran ser interferidas fácilmente por el enemigo y
éste desviara los misiles o incluso los volviera en su contra. Así, Hedy decidió poner sus
conocimientos científicos al servicio de Estados Unidos e inventar una señal de radio
que saltara de frecuencia, de modo que no pudiera ser rastreada ni bloqueada. Con la
ayuda de un amigo suyo, el pianista y compositor George Anfield, logró sincronizar un mecanismo
similar al de una pianola en miniatura con las señales de radio, permitiendo que éstas
saltaran entre 88 frecuencias diferentes de manera coordinada entre el transmisor y el
receptor. Cualquier receptor no autorizado solo escucha una señal ininteligible. Anfield
explicó más tarde en su autobiografía titulada Bad Boy of Music que Hedy quiso inventar armas
que ayudaran a los aliados a ganar la guerra frente a los nazis porque les profesaba un
profundo desprecio, porque no se sentía cómoda sin hacer nada en Hollywood ganando mucho
dinero mientras las cosas estaban tan mal por culpa del conflicto bélico. Asimismo,
en su cruzada contra los nazis, Hedy viajó a 16 ciudades estadounidenses para vender
bonos de guerra por un total de 25 millones de dólares.
En agosto de 1942, Anfield y ella patentaron el invento al que llamaron Sistema Secreto
de Comunicación, que estaba diseñado para ser empleado en torpedos dirigidos por radio.
Pero aquella versión primitiva de lo que más tarde se conocería como espectro ensanchado
por salto de frecuencia no tuvo aplicación durante la guerra ya que era una tecnología
complicada de implementar y los militares no estaban muy abiertos a estudiar patentes
propuestas por civiles. Sin embargo, el invento sí tuvo aplicación durante la crisis de
los misiles cubanos y en la guerra de Vietnam. Y unas décadas después, aquella idea asentó
las bases de la tecnología Bluetooth y del Wi-Fi de que disfrutamos hoy en día.
Por desgracia, el reconocimiento de su contribución a la ciencia y la tecnología llegó bastante
tarde, cuando ya tenía 82 años. Tanto ella como George Anfield, que había fallecido
en 1959, recibieron en 1997 el prestigioso galardón Pioneer Awards otorgado por la organización
estadounidense Electronic Frontier Foundation por su contribución al campo de la tecnología
de alto espectro. Y en Austria, su país de nacimiento, se celebra el Día del Inventor
cada 9 de noviembre en honor a su nacimiento.
Hedy Lamarr falleció el 19 de enero del año 2000 por problemas cardíacos. Tenía 85 años.
Y vosotros, ¿qué opináis de la historia de Hedy Lamarr? Me gustaría que nos lo dijérais
abajo en los comentarios. Y si queréis conocer más historias interesantes, suscribíos a
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nos vemos en el siguiente vídeo, mentes curiosas.
