"En las siestas me iba a ver el recado, los bozales, para después inventar historias y dibujarlas"
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🐎 Contame tu historia especial con el caballo y el campo, y juntos la transformamos en un cuadro o estampado para tu marca
Victoria Aguayo, joven dibujante de caballos.
IG: @ilustracionescamperas
Gracias a Dios, desde chica tuve amigos que vivían en Deró.
Mi papá y mi mamá me llevaron para allá siempre en los veranos,
y desde antes de tener memoria ya estaba en el campo.
Tengo fotos con menos de un año arriba del caballo,
así que ya con amigos que vivían ahí, que les encantaba el campo también,
me subían al caballo, íbamos a recorrer,
y también yo tengo memorias muy marcadas de en el medio de la siesta
irme para donde estaba todo el recado, los bozales, me los probaba.
Eso me quedaba marcado para después el resto del año en mi casa
inventar historias en mi cabeza y dibujar.
Yo siempre digo lo mismo, no sé si me gustan los caballos por el dibujo
o si dibujo por los caballos.
Me acuerdo de estar con mi abuela, la mamá de mi papá,
y mi abuela de la Patagonia también.
Me dice, ¿qué estás dibujando?
Y yo digo, bueno, este es Roque.
Y dice, ¿quién es un amigo tuyo?
Y le digo, no sé, es un caballo.
Y me quedé pensando, yo recuerdo haberme quedado pensando,
es un caballo, ¿es un amigo mío?
O sea, no sé, la verdad no diría que no.
Porque Roque era el caballo del paisano, del postero de ahí.
Y era como el mejor caballo de todo el campo.
O sea, nunca lo monté, pero era el que venía, te comía.
Esto sí era algo que te marca, ¿no?
Estás ahí merendando afuera y por ahí se iban todos,
se fueron de la galería y vino el caballo a comer el azúcar.
Era muy confianzudo, muy bueno.
Y también muy lindo, muy imponente.
Y bueno, desde chico, creer, decir que un caballo puede venir
y comer el azúcar de la mesa, ya te marca esas cosas.
Y bueno, volvía y lo dibujaba él, obviamente.
Y mi abuela preguntándome eso,
y el caballo con nombre de persona,
era el único caballo que tenía nombre, el resto se llamaban.
Tobia, Ana, Tordillo, bueno.
Así que bueno, ese es un poco también, el caballo.
Es algo muy grande, que vos decís, te da curiosidad entenderlo.
Y como es tan grande de tamaño, tenés que tener cuidado en qué vas a hacer.
Y a la vez decís, no puede ser que le importe estar conmigo,
o que te dejen que estés con ellos, diciendo que es algo tan gigante.
Y a la vez, una vez que estás con ellos, son como un bebé a veces,
entonces vos decís, ¿cómo es ese contraste?
Yo creo que el contraste de todo lo que pasa alrededor del caballo es lo que más me interesa.
Y siempre me faltaba más, o sea, como que yo siempre decía, no, no me alcanza, no me alcanza.
Un día fuimos un mes entero acá en Marcos Paz, de vacaciones a un club de campo,
y tenía escuela de quitación, tenía todo eso,
y fueron para mí las mejores vacaciones,
porque pude ir varias veces por semana, después pude...
Había un house con caballos que estaban ahí,
y nosotros íbamos y ya ellos te reconocían cuando les llevabas pasto.
Ahí también vivía un potrillo crecer su primer mes de vida también.
Y todas esas cosas, ahí yo tenía 11 años, te van marcando, que decís, bueno, esto es por acá.
Un día mirando fotos, porque yo buscaba siempre, busco fotos de caballos para copiar.
Entonces, en un momento, mirando las revistas que había juntado mi mamá,
digo, bueno, a ver, vamos a ver qué tiene.
Por ahí encuentro nuevas fotos de caballos más difíciles, más interesantes.
Y en una veo lo del polo.
Y ahí veo una cantidad de riendas de todas las cosas que lleva el polista,
y ahí dije, a ver, este sí que es difícil.
Así que me meto a practicar, a copiar, y bueno, ahí empecé a leer la revista.
Primero solo la foto, después leí lo que contaban.
Después me empecé a aprender los nombres de los que estaban ahí.
Después a la siguiente rural que fui, de nuevo, otra revista más.
Y ahí ya me sabía un poco de la anterior.
Y después, bueno, viste, empezó todo el tema más de diarios por internet.
Yo me miraba en la noticia del polo y empecé a aprenderlo por las fotos, más que nada.
Porque a mí me llama mucho la atención, como te dije esto, lo imponentes que son,
y a la vez los sensibles que son.
Entonces, no sé, todo el tema movimiento del caballo también, ¿no?
En el polo, las fotos que hay son impresionantes.
Y entonces como que todos esos detalles que tienen los músculos en el pelo, en los ojos,
las manchas de la cara, todo, como que siempre me llamó la atención.
Y siempre buscaba fotos, buscando, buscando fotos,
terminaba aprendiendo de que era un poco todo el deporte.
Y después, a los quince o dieciséis, vine acá, a Palo Alto,
Palo Alto Polo, acá en Las Heras, Villars.
Probé por primera vez lo que es andar en un caballo en polo,
que solamente, bueno, variamos, intentamos hacer círculo, ocho.
Y yo dije, esto es otra cosa.
O sea, esto sí que no lo había probado nunca.
Y ahí yo pensando, yo muy ilusa, diciendo, no, voy a una clase,
me saco las ganas y después ya está.
Y no, al revés.
Empezó todo de otra etapa a decir, uh, no, acá está lindo.
Así que, no, muy lindo también.
Viste siempre, a veces un caballo en un campo es medio durito,
o sea, te vas en uno manso justamente para que no haya peligro, nada.
Pero probar uno que solo con inclinarte ya dobla, ya decís, no,
tenés que estar muy consciente vos de todo lo que haces y es un re desafío.
Entonces, bueno, dije, vamos a ver.
Por mirar para saber dibujar, por mirar para entender,
terminaba encantando lo minucioso que era el cuidado del caballo,
la rutina que tienen desde la mañana hasta la noche,
desde la temporada, los viajes, todo.
Todo me encantó.
Intenté varias veces hacer el curso de peticeros también
y nunca se daba porque siempre, viste, algo está sucediendo.
O sea, era chica también.
Yo nací en Lomas de Zamora, en pleno conurbano.
Y también me pasaba que cuando me volvía de vero a Lomas de Zamora,
calle, calle, muchas cuadras de todo asfalto, asfalto, vereda,
barrios que son muy antiguos,
yo me agarraba mucho bajón cuando volvía, me sentía muy encerrada.
Entonces era un poco como un anhelo decir, no, necesito eso de ver lejos,
de que esté todo abierto.
También lo que me influyó muchísimo fueron las historias de mis abuelas.
Siempre que me juntaba con mis abuelas o me contaban o cuentos
o mismo me contaban historias de ellas,
que eran de ellas chiquitas trabajando en el campo.
Y ellas me lo contaban como diciendo, bueno, esta fue la vida.
Y yo todo al revés, yo lo veía como diciendo,
imaginate qué lindo levantarte a la mañana e ir a darle,
a llevar a las cabras a tomar agua.
Y bueno, mi abuela, la mamá de mi mamá, mi abuela Rosa es de La Rioja.
Y la mamá de mi papá, mi abuela Margarita es de Chubut.
Y también ambas familias trabajaban, una con cabras, la otra con ovejas.
Se rebuscaban haciendo de todo obviamente también.
Pero bueno, siempre ahí también,
más allá del caballo que estaba siempre presente, todo, los perros, los otros animales.
Yo siempre escuchando súper atenta, aunque me la cuenten mil veces la historia,
yo le voy a pedir que me la cuenten lo mismo.
Dibujando las historias de ellas, dibujando toda su familia, imaginándome.
Me buscaba una universidad cerca y elegí la carrera de diseño de interiores,
que podés volcar un poco de la creatividad.
Y bueno, estudié toda la carrera, me concentré en eso, un poco me olvidé.
Como que yo iba como medio diciendo, bueno, hay que aceptar como es la vida.
Ni pensaba ya, ¿viste? Mucha aceptación.
Pero viviendo en zona huesca.
Y compramos un terreno en General Rodríguez.
Pero bueno, mientras uno no planea cosas, pues estás viviendo el día a día.
Poder empezar a vivir en una zona más cerca de todo lo rural,
para mí ya era como un regalo de la vida también.
Un regalo de Dios que te sorprende sin que vos lo esperes.
Yo pensaba, bueno, por ahí cuando tenga 40 años voy a poder vivir en un lugar rural.
Y no, me sorprendió de la nada pudiendo hacerlo en cierta avenida.
En la calle, ¿viste? Que uno agarra, a veces quiere agarrar rutas, ¿viste?
Y nos fuimos para atrás, nos fuimos, fuimos.
Habíamos visto en el mapa una calle larga, muy linda.
Y en un momento llego y empiezo a ver los clubes que siempre veía en fotos, de los fotógrafos.
Y digo, no, ¿dónde está el club? Es de Argentina, es Criallatay.
Yo empiezo y digo, no, estoy en el lugar que no pensé que iba a estar y llegué en bicicleta.
O sea, estoy muy cerca de mi casa.
Y no, para mí fue una locura.
En un momento nos sentamos en la mitad del camino viendo un partido de polo, porque era verano.
Y yo dije, no puedo creer que estaba tan cerca. Yo no sabía que estaba tan cerca.
Porque, como te dije, me había colgado un poco con todo eso, frustrado un poco, por así decir.
Quedó pendiente y dije, bueno, a un momento algo veré cómo hacer, pero algo voy a hacer.
Viste, cuando uno sale a trabajar, busca de lo que sea.
Porque estaba medio complicado todo el laboral.
Y en un momento, que buscas cualquier cosa, estás abierto a todo, en un momento digo,
¿y si me fijo lo de cuidar caballo?
Y digo, a ver, bueno, llamo a Leo, de acá, de Palo Alto, el lugar que fui de chica.
Y digo, bueno, a ver, vamos a ver.
Y vine, o sea, pasaron dos o tres años hasta que, porque es solo la primavera,
el momento que uno puede participar acá en la temporada de polo de Argentina.
Entonces, como una vez no me animé, bueno, la siguiente, la otra tampoco.
No es que me animé, ¿no? Se dio o quedó ahí medio, como que yo,
se ve que yo realmente tenía que, como, mandarme, digamos, ¿no?
Y, bueno, en 2023, en octubre, me decidí, vine un par de días acá.
Yo pensando, bueno, esto va a ser como un cierre a todo ese delirio de la infancia,
a toda esa cosa de, bueno, ¿qué vas, qué estás soñando y diciendo pavadas?
Este, no, no sea poder y punto, ¿viste?
Y no, y después, como siete años después de esa vez de que quedó todo medio así,
para, como decían, bueno, no se puede.
No, estar acá, ¿viste? Con el caballo, como siempre.
Se terminó todo lo anterior, todo el mundo no existe, y estás, y ellos son tan, así, ¿viste?
No sé, te quedás ahí.
Para dejarlo como parte de las cosas de la infancia, las ilusiones, lo que...
Cuanto mejor las cosas locas, cuanto más chico sos mejor, pensé.
Y, bueno, menos mal, porque vine acá, fueron una semana,
pero cada vez que estamos acá comemos un asado, un jueguito a la noche.
Todo eso es como que desbloqueamos recuerdos muy marcados en mí de cuando era chica,
que siempre estuvieron esos recuerdos, pero yo no hacía un...
Como que yo ya estaba tan frustrada que dejaba como una tristeza también, ¿no?
Yo siempre sabiendo, la historia de mis abuelas, por ejemplo, ¿no?
Decir, no, la vida de campo es otra cosa, ¿no?
No es que vos venís con el auto, te bajás, tocas el caballito, la pasás bien,
te volvés a tu casa, te bañás y quedás todo feliz, todo contento.
La vida es complicada, es difícil, y eso también me atraía.
Es decir, esto es tan difícil que te termina queriendo decir, no, a ver, quiero probarlo.
Entonces, siempre me llamaba mucho la atención decir, quiero meter las manos en la masa.
O sea, quiero estar al lado del que la pasa mal, por así decir.
O sea, del que transpira camiseta y probar realmente, aunque sea en la media que pueda.
Si puedo probar un 5% igual.
Dios es el creador de todo y el que hace que todo esté.
Porque así como a nosotros, en la vida en el campo es tan imprecisa la naturaleza,
vos decís, ¿cómo no le voy a tener respeto al que controla la naturaleza, al que la hizo?
Hay un Salmo que dice, cuando veo la sobra de tus manos, digo, ¿quién es el hombre?
Para que te acuerdes de él.
Yo digo, ¿ves la naturaleza? Te quedás tan impresionado.
Vos decís, no sé, si no tuviera quien agradecer, no sé qué haría.
He estado tan perfecto que no hay manera de que no haya sido hecho, ¿no?
No te preocupes, mirá las aves.
Mirá los detalles, mirá que no le falta nada.
Fijate que, supuestamente, es una creación.
Si vos te manejás, subordinándote ante Dios, no te va a faltar nada.
Podés confiar, podés no estar ansioso.
Creo que hoy en día, más que faltar, lo que más es necesario es no estar ansioso.
Cuesta mucho, obviamente.
Uno lucha todos los días, digamos, para mantener el agradecimiento, la tranquilidad, la confianza en Dios.
La confianza en que cosas no van a estar tan mal, ¿no?
Así que, bueno.
Creo que la naturaleza nos acerca mucho a uno de los caminos que nos hacen agradecer a Dios.
Así que, bueno.
También va un poco con todo eso, es verdad.
Y, bueno, me alegra que me hayas preguntado eso porque, ¿viste?
Que dicen, todo tiene que ser para la alegría de Dios.
Y digo, si yo hiciera todo esto y fuera para mí, no tendría nada sentido.
Es muy corto.
Así que yo digo, bueno.
Gracias por darme también el espacio de decir, bueno, que todo eso también sirva para eso.
Para pensar en Dios, que lo hizo Él y agradecerle a Él y reconocerlo en este camino que yo estoy haciendo
y en los caminos de todos, ¿no?

