¿Y si COLONIZAMOS MARTE?

¿Y si?
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4 ene 2025
En 2026 se lanzarán las primeras naves espaciales a Marte. Y si todo va bien, en 2028 tendrán
lugar los primeros vuelos tripulados a Marte. Los seres humanos nos convertiremos por primera
vez en una especie multiplanetaria. A partir de ahí, el ritmo de vuelos crecerá exponencialmente,
con el objetivo de construir una ciudad autosuficiente en unos 20 años.
Pero ¿cómo vamos a lograr todo esto? El primer reto a resolver es salir de la
Tierra. Y aquí surge un desafío clave, reducir al máximo el consumo de combustible. La mayor
parte de la energía se consume al escapar de la gravedad terrestre, ya que, una vez en el espacio,
la ausencia de resistencia permite mantener el movimiento con una trayectoria adecuada.
Si el cohete se dirige en la dirección correcta, sólo será cuestión de esperar a que alcance su
destino. Ir a la Luna para repostar sería ineficiente, porque se gastaría más combustible
en aterrizar y despegar de la Luna que en ir directamente a Marte. Con lo que la solución
más lógica es la siguiente. Un cohete que vaya a Marte despega y consume gran parte de su combustible
para escapar de la Tierra. En ese punto, el cohete se situará en la órbita terrestre baja,
donde una segunda nave, cargada de combustible, se acoplará para realizar el repostaje.
¿Y con qué frecuencia podemos enviar cohetes al planeta rojo? En la órbita del Sol,
tardamos un año en dar la vuelta, y Marte tarda casi un año y 11 meses. Esto quiere decir que
estaremos relativamente cerca cada 26 meses. Es por eso que 2026 será el año en el que se probará
de enviar por primera vez un cohete a Marte, y en 2028 llegarán los primeros seres humanos.
La duración de este viaje depende de lo rápido que la nave Starship pueda acelerar y desacelerar,
pero basándose en su tecnología actual, tardará unos 6 meses en cada trayecto. Esta es también la
razón por la que SpaceX enviará al menos 5 naves en cada viaje. Y es gracias a esta nave,
la Starship, que la viabilidad económica de llegar a Marte puede lograrse. En los años 80,
llevar un kilogramo al espacio en un gran cohete costaba más de $75.000 con el Space Shuttle.
Poco a poco, esa eficiencia se fue mejorando, pero realmente era poco a poco. Luego llegó
SpaceX a la industria y en unos 15 años pasó de unos $12.000 por kilogramo a tan solo costar
$200, lo que equivale a unas 375 veces menos que el Space Shuttle. Sin embargo,
para construir una ciudad en Marte que pueda crecer sin la ayuda constante de la Tierra,
se necesita al menos un millón de toneladas de equipamiento, lo que costaría más de mil
billones de dólares. Una cifra imposible, dado que el PIB de Estados Unidos es de unos
29 millones de dólares. No obstante, si la tecnología espacial pudiera abaratarse unas
mil veces, el coste de convertirse en un sistema multiplanetario sostenible se reduciría a un
billón de dólares. Un coste que podría repartirse en 40 años, es decir, unos 25.000 millones de
dólares anuales. Así que ya tenemos el plan de salida totalmente configurado.
Pero ahora nos queda otro desafío titánico, la entrada a Marte. A diferencia de la Tierra,
Marte tiene una atmósfera extremadamente delgada, con apenas el 1% de la densidad de la nuestra.
Esto significa que no es posible utilizar la resistencia atmosférica de manera tan efectiva
para reducir la velocidad del aterrizaje. Y si estás viajando a velocidades superiores a 20.000
kilómetros por hora, más vale que tu plan de frenado funcione a la perfección, porque un
error te convierte en el meteorito más caro de la historia. Para ello, SpaceX ha diseñado su
sistema llamado Belly Flop, un nombre tomado del estilo de lanzamiento a la piscina con el
que te chocas de lleno con la barriga. Imitando de esta forma a los seres humanos, la nave utiliza
su cuerpo como freno aerodinámico, entrando en la atmósfera marciana de lado para maximizar la
resistencia y reducir drásticamente la velocidad. Una vez que se acerque al suelo, la nave Starship
cambiará de posición para aterrizar verticalmente, utilizando sus motores para un descenso controlado.
Siguiente paso, encontrar zonas de aterrizaje adecuadas. Marte tiene terrenos llenos de cráteres,
rocas y pendientes peligrosas, y lo último que queremos es aumentar el número de cráteres.
Evidentemente, se aterrizará en una zona plana, pero lo importante no es llegar, sino mantenerse.
Así que, ¿cuál es la mejor zona para sentarnos en el planeta rojo? Hay tres factores principales
que determinan qué lugares son adecuados. Acceso a recursos esenciales, condiciones climáticas
favorables y viabilidad para la expansión futura. Primero está el acceso al agua. En Marte,
el agua no se encuentra en ríos o lagos, sino principalmente en forma de hielo bajo la superficie
y en los casquetes polares. Este hielo está cubierto por una capa de polvo y roca, lo que
lo mantiene protegido del entorno hostil del planeta. Para usarla habría que excavar, ya que
el agua es clave no solo para beber, sino también para obtener oxígeno y combustible, pero esto ya
lo veremos más adelante. Además, también es importante que este hielo sea accesible, es decir,
Segundo, necesitamos una buena exposición solar. Por eso, las mejores ubicaciones están
relativamente cerca del ecuador, en latitudes menores a 40ºC, donde se recibe más luz solar
y las temperaturas son menos extremas, es decir, unos menos 60ºC, facilitando la generación de
energía y el mantenimiento de los hábitats. Además, las tormentas de polvo marcianas son
un gran problema, por lo que las zonas elegidas deben combinar buena exposición solar con
una menor incidencia de polvo para garantizar la generación de energía. Y tercero está la
seguridad geológica. Aterrizar en una llanura no solo facilita el descenso, sino que también
disminuye los riesgos de pendientes inestables y evita zonas con actividad geológica o cráteres
recientes. Las áreas ideales están a una baja elevación, preferiblemente entre menos 3 y menos
4 km. En estas zonas, la atmósfera es ligeramente más densa, lo que mejora el aterrizaje, modera
las temperaturas y facilita la captura de CO2, esencial para producir oxígeno y combustible.
Juntando estos tres criterios, ¿cuál sería el mejor lugar? Este es un mapa de Marte,
que a simple vista no nos dice mucho, pero en este mapa topográfico, donde el rojo representa
zonas altas y el azul zonas bajas, se distinguen mejor las áreas potenciales. Uno de los lugares
más prometedores que los científicos han identificado es Arcadia Planitia, con una
elevación cercana a los menos 4 km y una latitud de alrededor de 40º, destaca por ser una de las
zonas más planas y seguras, además de contar con indicios de hielo subterráneo accesible.
Ahora que tenemos localizado el lugar de nuestro asentamiento marciano,
es hora del desafío logístico. En 2026 se enviarán 5 naves de cargamento sin tripulación,
con una misión clave, confirmar la presencia y accesibilidad de agua,
identificar posibles peligros en el terreno. Además de esto, las naves también están
encargadas de desplegar infraestructura de energía, de minería y de soporte vital que
servirán para cuando aterricen los primeros seres humanos. Lo que nos lleva al año 2028,
cuando llegarán al menos 2 naves con tripulación y 2 naves de cargamento, con más equipos y
suministros. No obstante, si surgen dificultades, las misiones tripuladas se pospondrán 2 años más.
Una de las tareas fundamentales de estas primeras personas será construir una planta
de producción de combustible, utilizando el agua y el dióxido de carbono disponibles
en el entorno marciano para generar el metano y oxígeno que necesitan las naves. Además,
deberán levantar una base inicial que sirva como punto de partida y permita preparar la
zona para una futura expansión, con el objetivo de convertirse en una ciudad autosuficiente lo
antes posible. ¿Y cómo se organizará esa futura base? SpaceX sugiere una visión sobre el desarrollo
de la ciudad marciana en 4 fases, y así es como se vería la primera fase inicial. Un poco más tarde,
la base tendría ya un tamaño medio. En la tercera etapa, se vería ya como una pequeña colonia. En
la cuarta y última etapa, la ciudad marciana está completa y es por fin autosuficiente.
¿Pero cómo llegar hasta aquí? Hay 8 elementos clave a considerar. La energía, el oxígeno,
el agua, la comida, la radiación, el polvo, las infraestructuras y la población.
Comencemos con esto último. Los planes de SpaceX es llegar a tener una población de
un millón de habitantes en 2 o 3 décadas. Por supuesto, esto sería algo gradual. Al principio,
se enviaría a un reducido grupo de personas altamente especializadas en las primeras tareas
de la base. Este conjunto de trabajadores recibiría un gran sueldo por parte de las
organizaciones, debido a los riesgos que conlleva la colonización. Pero a medida que la ciudad se
expanda y pase a considerarse segura, el resto de población podría tener que pagar para ir a Marte,
ya sea con su propio dinero o con contratos de trabajo que les permitan cubrir sus costes o
incluso a través de préstamos. La salud de la población marciana será uno de los desafíos
más complejos de abordar, ya que vivir en Marte expone a los colonos a condiciones que afectan
tanto su bienestar físico como mental. Uno de los problemas más inmediatos será la adaptación a la
gravedad marciana, que es solo el 38% de la terrestre. A largo plazo, esto podría causar
pérdida de masa ósea, de masa muscular y problemas cardiovasculares, con lo que se necesitan ejercicios
intensivos, habitats con gravedad simulada y tratamientos médicos específicos. Y luego está
el tema psicológico. Los colonos estarán a unos 225 millones de kilómetros de sus hogares, con
retrasos en las comunicaciones de entre 3 y 22 minutos dependiendo de la posición relativa de
los planetas. Esto, junto con la falta de estímulos naturales que tenemos en el planeta Tierra, podría
generar estrés, ansiedad, depresión o incluso conflictos sociales dentro de la colonia. Para
afrontarlo, será clave crear espacios de convivencia agradables, ofrecer actividades recreativas y contar
con apoyo psicológico. Otro desafío clave para la salud es la radiación. Sin un campo magnético
significativo ni una atmósfera densa, Marte no ofrece protección frente a la radiación solar y
cósmica. En promedio, la radiación en Marte es 50 veces mayor que en la superficie de la Tierra,
lo que incrementa el riesgo de cáncer y otras enfermedades degenerativas. Para evitar esto,
SpaceX y la NASA están investigando blindajes más avanzados para las naves espaciales y los
habitats. En el futuro, se podrían implementar campos magnéticos artificiales para desviar
partículas cargadas, imitando en parte la protección del campo magnético terrestre.
Otra opción menos sofisticada, pero igualmente efectiva, es recubrir los habitats con el polvo
del planeta, conocido como regolito, que actúa como un escudo natural contra la radiación cósmica.
Además, una capa protectora de agua sería muy útil, ya que tiene una gran capacidad de absorber
partículas de radiación. Y el polvo que he mencionado antes, regolito, es extremadamente
fino, abrasivo y cargado electrostáticamente, lo que lo hace pegarse a superficies y dañar
equipos. Además, contiene percloratos tóxicos, que pueden afectar la salud humana al respirarse.
Para minimizar estos riesgos, se requerirán sistemas de filtrado avanzados, trajes herméticos
y protocolos estrictos en las áreas habitables. Y el regolito también empeora la eficiencia de
nuestro siguiente punto, la energía. En concreto, la energía solar será una de las principales
fuentes de electricidad, pero en Marte es tan solo un 40% tan efectiva como en la Tierra. Y
el regolito puede cubrir los paneles solares durante las tormentas de polvo, reduciendo
drásticamente su capacidad para generar energía. Estas tormentas pueden durar semanas y cubrir
grandes áreas del planeta. Para ello, se necesitarán sistemas de limpieza automatizados
para los paneles solares. Además, será esencial diversificar las fuentes de energía para garantizar
un suministro constante y fiable, utilizando principalmente energía nuclear y, en menor
medida, energía eólica, según la ubicación de la base. Pero nos estamos olvidando de algo
fundamental, el oxígeno. En la atmósfera de Marte no hay suficiente oxígeno para que los humanos
puedan respirar, ya que está compuesta, en su mayoría, por dióxido de carbono. Así que tendremos
que producirlo de manera artificial. Y en este punto en concreto, parece que la solución ya está
hecha. La NASA ha desarrollado la tecnología MOXIE, un dispositivo que ya se ha probado con
éxito en el rover Perseverance, que lleva en Marte desde 2021. El funcionamiento es el siguiente.
MOXIE captura dióxido de carbono, CO2, de la atmósfera marciana y lo calienta a unos 800
grados, separándolo en oxígeno, O2, y monóxido de carbono, CO. El oxígeno se libera en los hábitats
para hacerlos habitables, mientras que el monóxido de carbono se reutiliza para producir metano,
CH4, utilizado como combustible para las naves Starship junto con el oxígeno. Además, el agua
disponible en Marte podría aprovecharse mediante electrólisis, separando sus moléculas en oxígeno
e hidrógeno, siendo este último también esencial para la fabricación de metano. Y hablando de agua,
no solo es necesario para beber, sino también para producir oxígeno, combustible y para mantener
la agricultura y la higiene personal. Para extraer el hielo, soluciones como RedWater,
un sistema diseñado para perforar y extraer agua del subsuelo marciano, no solo prometen resolver
este problema, sino que también podrán contribuir a importantes misiones de exploración científica.
Y en cuanto a la agricultura, cultivar alimentos en un planeta sin tierra fértil, sin lluvias y
con un clima completamente hostil requerirá soluciones innovadoras y eficientes. Una de
las opciones más viables es el uso de invernaderos, que podrían ser hidropónicos, donde las raíces de
las plantas crecen en agua enriquecida con nutrientes, o aeropónicos, donde las raíces
quedan suspendidas en el aire y se rocían con esta solución nutritiva. Estos sistemas pueden
instalarse dentro de hábitats protegidos, utilizando luz artificial o luz solar filtrada
para estimular el crecimiento. A largo plazo, el regolito marciano podría tratarse químicamente
para convertirlo en un sustrato similar a la tierra fértil de nuestro planeta, lo que mejoraría la
autosuficiencia de la colonia. Además, la agricultura marciana no solo garantizará alimentos
frescos, sino que también contribuirá, parcialmente, al reciclaje del aire y del
agua. Y el último tema fundamental son las infraestructuras. Antes de la llegada de los
colonos, los robots autónomos prepararán el terreno, nivelarán la superficie, moverán regolito
para cubrir los hábitats y desplegarán paneles solares u otros sistemas de energía. Las
infraestructuras iniciales serán prefabricadas en la Tierra y transportadas a Marte en cohetes.
Estas estructuras estarán diseñadas para ser autónomas y modulares, capaces de desplegarse
automáticamente o con una mínima intervención humana. Con el crecimiento de la colonia,
será fundamental implementar sistemas de transporte internos, estaciones de energía y almacenes para
agua y alimentos. Estas infraestructuras constituirán la base física de la ciudad
y permitirán así su expansión. El regolito marciano también podría desempeñar un papel
clave, ya que puede utilizarse para fabricar ladrillos comprimidos o imprimir estructuras
en 3D con impresoras avanzadas, reduciendo la necesidad de transportar materiales desde la
Tierra. Otro aspecto crítico de las infraestructuras será la comunicación con la Tierra. Marte está,
en promedio, a 225 millones de kilómetros de nuestro planeta, lo que implica que las señales
tardan unos 12,5 minutos en viajar en una sola dirección. Sin embargo, este retraso varía.
Cuando los planetas están más próximos, es de tan solo 3 minutos, mientras que en su punto más
alejado puede alcanzar los 22 minutos. Para conectar ambos planetas, SpaceX ha propuesto
el proyecto Marslink, una versión adaptada de su red de satélites Starlink. Esta constelación
de satélites en órbita marciana contará con tecnología láser avanzada, capaz de transmitir
datos inicialmente a 4 megabits por segundo, con el objetivo final de superar un petabit por
segundo. Marslink establecerá un puente constante entre Marte y la Tierra, permitiendo transmitir
imágenes, datos científicos y comunicaciones esenciales. Además, Marslink proporcionará
una red de comunicación eficiente para misiones y para futuras colonias en el planeta rojo.
Soñamos con Marte, pero todos los sueños tienen un precio. ¿Quién lo paga y, más importante aún,
cuál es el beneficio? Inicialmente, las agencias espaciales como NASA o ESA asumirán parte del
coste por su valor científico y estratégico, mientras empresas como SpaceX aparatan mediante
reutilización, producción masiva y atracción de inversores. El turismo espacial es una de las
primeras fuentes de ingresos claras. Ya sea con viajes cortos a la Luna o aventuras más largas
a Marte, la posibilidad de explorar el espacio exterior promete captar el interés de muchos.
Si hoy la gente paga fortunas por visitar lugares como la Antártida, ¿qué no harían por una
experiencia marciana? Un precio estimado de 30.000 euros por persona podría atraer a unas 50.000
personas al año, generando 1.500 millones de euros brutos anuales. No es un mercado masivo,
pero sí un inicio rentable. La Luna, Marte y el cinturón de asteroides cercano podrían convertirse
en bases estratégicas para la extracción de minerales valiosos como helio 3, platino,
rhodio o rutenio, esenciales para las industrias avanzadas. Sin embargo, las limitaciones
tecnológicas y los altos costes de transporte hacen que esta opción sea viable solo a largo
plazo. Además, Marte podría generar mercados secundarios únicos. Desde pequeñas piedras
marcianas hasta cápsulas del tiempo o incluso cenizas humanas, el planeta rojo se convertiría
en una pieza clave para conectar emocionalmente. A largo plazo, también podrían venderse parcelas
y hábitats grabados con impuestos, abriendo un mercado inmobiliario interplanetario.
Más allá de lo económico, la colonización impulsará un salto tecnológico sin precedentes,
como el que se dio con las dos guerras mundiales. Incluso si el proyecto no alcanza la autosuficiencia,
las tecnologías desarrolladas para sobrevivir en Marte podrían revolucionar la sostenibilidad,
ayudándonos a enfrentar problemas críticos en la Tierra, como el cambio climático y la
escasez de recursos. Pero lo más importante es la seguridad de nuestra especie. Colonizar Marte
es mucho más que un sueño, es un seguro de vida para la humanidad. Convertirnos en una
especie multiplanetaria nos protege frente a riesgos existenciales y garantiza la continuidad
de nuestra civilización ante desastres globales. ¿Y si hubiera una tercera guerra mundial?
