Crespillos - Tortas de pimentón

COCINA CON CARIÑO
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1 oct 2025
El crespillo de pan es una masa de pan horneada de harina de trigo, salada y crujiente, de grosor inferior a medio centímetro. Es típico de la gastronomía de la Región de Murcia.
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1 cancion
Fwends
Reed Mathis
Fwends
El lunes y estamos en Santo Espíritu.
Ya nos hemos cargado otro mes,
el mes de julio, y vamos con agosto y palante, ánimo.
Vamos a hacer hoy
una receta muy sencilla de unas pastas
saladas
muy típicas de nuestra vecina región de Murcia,
concretamente del entorno a un pueblo conocido por todos que es Lorca,
pueblos huertanos, pueblos de huerta.
Así que los que son de por aquellos lares
me entenderán si digo unos crespillos.
Y el resto quizá es la primera vez que escuchan la palabra,
pero ya la tienen en su memoria.
Vamos a hacer unos crespillos, que son unas galletas saladas
con pimentón, que allí son muy típicas.
De hecho, me decían lugareños de aquella zona
que los niños en aquellos pueblos al colegio llevan crespillos
y para meditar toman crespillos.
Muy bien, muy saludables.
Mirad qué sencillos son los ingredientes.
Un vaso de aceite de oliva o de cualquier otro aceite.
Yo he elegido coger aceite de oliva.
Un vaso de vino blanco,
de vino que se utiliza habitualmente para cocinar.
Unos 600 gramos de harina común, de la harina normal,
la harina que utilizamos para hacer los bizcochos y todo eso.
Y luego tengo aquí pimentón.
Unas cinco o seis cucharadas de pimentón hay ahí.
Una cucharada de sal
y como media cucharadita una punta de cuchara de bicarbonato.
Ya saben que aquí estos dos amiguetes,
el bicarbonato con estos líquidos hacen efervescencia,
con lo cual logramos que nos quede un poquito más hueco
un poquito más hueca la galleta.
Aunque los niños no suelen tener problemas con las dentaduras,
al menos antes, no sé ahora,
pero no suelen tener problemas con las dentaduras.
Bueno, pues
esto es muy sencillo.
¿Por qué mezclarlo todo?
Y luego un pequeño amasado.
Ponemos la harina.
Y digo, hay unos 600, unos 600 gramos de harina.
San Ignacio de Loyola lo estamos celebrando hoy.
Qué pedazo de santo, San Ignacio de Loyola.
Un santo cabal
allá en el norte de España, en Loyola.
Allí está su recuerdo, pero no solo allí, en el mundo entero,
porque la obra que él comenzó, los que se llamó La Compañía,
se llamó y se llama La Compañía de Jesús,
se extendió por todo el mundo.
Y a pesar de los sufrimientos, porque fueron expulsados,
la corona española los expulsó del reino.
Y luego después, también con la República,
también fueron expulsados de aquí, de España.
Pero ahí están, fuertes, como los quería San Ignacio.
Muy bien.
El pimentón lo vamos a mezclar con la harina.
Pimentón de Murcia, claro que sí, cómo no.
Saben que hay dos zonas de pimentón importantes en España,
que es la zona de Murcia y la zona de Extremadura.
Son pimentones completamente distintos y con sabores muy distintos.
Saben cuando, después del cubrimiento de América,
cuando trajeron los pimientos a España,
los entregaron en tres monasterios.
Los tres monasterios, dos de ellos Jerónimos,
el de La Ñora, en Murcia,
el de Yuste, al norte de Extremadura,
y en Padrón, en Galicia.
Y allí es donde se experimentó con los pimientos
y se lograron pimientos distintos
y sus productos del pimiento distintos,
como es el pimentón de la Vera,
que por estar secado con el humo tiene sabor ahumado,
y el pimentón de Murcia.
Ambos buenísimos.
Además, no son comparables.
No se puede decir el de la Vera es mejor que el de Murcia.
El de Murcia es mejor que la Vera.
Es como decir que un cerdo ibérico es mejor que un cerdo blanco.
No, son dos cosas distintas.
No son comparables.
Bueno, la sal.
Vamos a mezclar todos los elementos secos
y el bicarbonato.
El olor que hay aquí ahora mismo del pimentón
huele a cocina, a cocina antigua.
Este olor del pimentón me huele a mí a cocina antigua,
a cocina de matanza, a cocina de matanza.
Bien, pues ponemos el aceite.
Ya digo, yo he puesto aceite de oliva,
pero se puede utilizar cualquier otro aceite.
Y el vino.
He puesto vino porque sé que en la zona de Murcia
los crespillos se hacen con vino,
pero también pueden utilizar agua.
En vez de vino pueden utilizar agua.
Porque a lo mejor es para que coman los niños.
Del vino no queda absolutamente nada
porque con el calor evapora todo el alcohol.
Pero bueno, por si dicen, no, con los niños no quiero utilizar vino,
pues agua.
Van a quedar igual
o muy semejantes.
Pues envolvamos todo esto.
Llegará un momento en que
tendremos que utilizar la mano para terminar de amasar.
Sale con este colorcito rojo del pimentón.
Ya me va costando más trabajo con la
paleta esta amasar y ya que no hay peligro de mancharme demasiado,
de embadurnarme demasiado, pues ya meteré la mano.
Y les decía de San Ignacio,
pero es que esta semana viene cargada de fiestas.
La principal de todas, la fiesta familiar que supone el mes de agosto.
Los niños en casa, los nietos en casa, jugando, armando ruido,
los padres mandándole a hacer algunos deberes para no olvidarlo del colegio.
Piscina, gritos, chillidos, juegos, risas, peleas entre ellos.
Oye, cómo, cómo suenan las casas de los abuelos en estos días de verano.
Por eso digo que es la principal fiesta de este mes de agosto.
Las reuniones familiares o la reunión familiar.
Miren qué delicia son este tipo de masas.
Ya se lo he comentado muchas veces.
Las masas que llevan aceite son masas muy amables para trabajar.
Pues eso, pues unos cuatro o cinco minutos haciendo este movimiento.
No tenemos que lograr elasticidad, todo lo contrario.
Aquí no nos va a favorecer la elasticidad,
pero sí que tenemos que mezclar bien todos los ingredientes.
Entonces déjenme un momentito,
cuatro o cinco minutos dándole vueltas a esto y volvemos.
Estoy pensando que qué buena, qué buena tarea para los niños.
Estas masas son muy amables porque miren que no manchan.
Ni me mancho yo ni mancho alrededor porque no se pegan.
Y oye, un niño con esta, con esta masa disfruta seguro.
Por aquí cerca tenemos a uno que lleva ya un tiempo diciéndome
que quiere hacer rosquilletes,
rosquilletes del padre de Ángel, me llama el padre de Ángel.
En verdad dice el padre Ángel y dice las rosquilletes del padre de Ángel.
Pues nada, está ahí esperando que un día le diga,
vente a hacerle los rosquilletes.
Bueno, pues eso lo voy a sacar de aquí.
Ven que es que es una masa muy amable.
Bien, pues haríamos bien en dejarla,
en dejarla reposar, pues como un media hora o así.
¿Por qué? Porque la masa
esta va a tender a encogerse cuando la estiremos se encogerá,
porque el gluten que tiene esta harina no tiene tanto gluten como la harina de
hacer pan, pero sí que tiene gluten.
Entonces ese gluten hace que la masa sea elástica y se encoja.
Entonces la relajación nos quita tensiones.
Oye, qué buen consejo este para esta vida de hoy.
La relajación quita tensiones.
Pues relajémonos.
Vamos a dejar que se relaje la masa y nosotros
todos relajados.
Ya estamos todos relajados.
Pues yo tengo preparadas aquí tres latas
para, yo creo que nos van a salir tres, porque hay que estirarla muy bien,
porque cuanto más delgaditos quedan, más crujientes, mejor.
Además tenemos que tener en cuenta,
tenemos que tener en cuenta que,
sin pesar, a ver si acertamos con los tamaños,
hay que tener en cuenta que el pimentón
no puede cocinarse durante mucho tiempo,
porque corremos el peligro de que se nos tueste.
Con este dulce,
casi el mayor cuidado que tenemos que tener es a la hora de hornearlo,
de hornearlo con un calor muy fuerte y no tenerlo demasiado tiempo en el horno.
El justo para que se cocine y ya está.
Uno, dos y tres.
Voy a quitar este poquito de...
Eso queda ahí.
Los podemos estirar de muchas maneras.
A mí este tipo de masa me gusta estirarla con la mano,
pero podéis utilizar podéis utilizar un rodillo,
pero este tipo de masa que es la misma masa que hemos utilizado cuando hemos
hecho la torta o la coca de tomate o las empanadas,
ahí me gusta estirarla con la mano,
pero ustedes pueden utilizar si quieren un rodillo,
una botella que sea lisa, por supuesto,
y hacerlo pues eso, lo más rectangular posible,
aunque como nuestros crespillos no son para exhibición y venta,
sino que son para disfrutarlos,
pues entonces tampoco tienen que salir perfectos y medidos.
Bien, ya digo que como la masa,
cada vez que la tocamos, cada vez que la tocamos y la estiramos,
la masa adquiere la elasticidad que había perdido con la relajación.
Es como uno que se ha relajado y han llegado los niños,
se han puesto a jugar y se han puesto a reñir delante del abuelo que estaba
echándose la siesta y se acabó la siesta del abuelo.
Entonces se acabó la relajación.
Pues nada, lo dejamos que se esté otro poquito y volvemos a estirar.
Pues déjenme que yo vaya estirando y vemos el resultado final.
Aquí estoy rematando los bordes.
La verdad que esta vez no se me han vuelto demasiado rebeldes.
Las masas.
Tiene que ver también mucho el calor que tenemos ahora en la cocina.
Bueno, ya han visto que las he extendido.
He utilizado el rodillo porque no me gustaba la superficie,
como tienen que ser galletas, no me gustaba la superficie que quedaba.
Y para que quedara una superficie más uniforme,
pues he utilizado este rodillito,
pero no es estrictamente necesario.
Bueno, pues aquí las tenemos ya estiradas.
Ahora nos falta trocearlas y ponerles el toque final.
Tengo esta ruedecita,
que esta es un instrumental propio de los que elaboran pasta.
Está la ruedecita que se utiliza para cerrar la pasta, esa rellena,
los tortellini y esas cosas.
Pero viene muy bien porque nos hace un corte estriado
que queda gracioso para las galletas, pero si no tienen esto,
pues un aparato de esos de cortar la pizza puede servir.
Y si no, pues recurrimos a nuestra navaja de siempre.
Pero bueno, con esto queda más, más simpático y más gracioso.
Vamos a cortarlas primero y luego les voy a poner de esta sal
que es como de escamas.
Creo que la llaman sal Maldon o no sé si será la marca o será el nombre de la sal.
Es una sal que queda muy graciosa.
Luego en el bocado es una sal que no sala mucho, es decir, no es muy salada,
pero tiene ese toquecito salado cuando muerdes la escamita de sal.
Aquí la tengo para añadirla después.
Ven el corte estriado que hace, que luego queda muy simpático.
Podríamos medir para que nos salieran iguales, pero no sería yo.
Saben, el día 2, que es en esta semana,
celebramos Nuestra Señora de los Ángeles,
que es la gran devoción mariana de la orden franciscana.
San Francisco tenía, estaba instalado en una de las iglesitas
que restauró o arregló Allenacis,
por aquel mandato divino de reparar mi iglesia, restauró San Damián
y también arregló una ermitita pequeñita
que pertenecía a un monasterio de benedictinos
que se llamaba Nuestra Señora de los Ángeles
y que los benedictinos tuvieron a bien dejársela a Francisco,
porque Francisco le tenía muchísimo cariño a ese lugar.
Porque, saben ustedes, a veces los lugares tienen
como un magnetismo especial y a veces los lugares nos hacen sentir bien.
Y él allí se sentía realmente bien,
como que sentía la presencia de Dios.
Y le decía a los frailes, no dejéis nunca este sitio,
si os echan por la puerta, entráis por la ventana.
Les decía, con ese humor que tiene San Francisco de vez en cuando,
si os sacan por la puerta, os metéis por la ventana,
pero no vayáis de este sitio.
Pues en aquel lugar tuvo una revelación
y es que aquel sitio debía ser un sitio de paz y de reconciliación
para todos los hombres.
En aquel encuentro entre Francisco, la Virgen y Jesús,
que le preguntan a Francisco, ¿qué quieres?
Pues quiero que todo el que entre en esta iglesita
encuentre la paz, la paz.
No la paz ausencia de guerra, la paz del corazón.
Es decir, que se sientan bien consigo mismos y con quienes les rodean.
Y así fue.
Así le dijo Jesús y su madre.
Estaban los dos santaicos, el uno al lado del otro,
en la iglesia de San Francisco,
y dicen que en aquel momento llovieron rosas.
Y esa escena está muy representada
en muchas de nuestras iglesias franciscanas.
Jesús y la Virgen sentados sobre una nube como un rompimiento de gloria
y Francisco de rodillas delante y todo el suelo lleno de rosas.
En muchos conventos franciscanos se puede ver
esa escena representada en cuadros o en imágenes.
Aquí en Valencia, nuestra casa de Valencia,
se llama Nuestra Señora de los Ángeles,
y precisamente en la iglesia,
en la ornacina principal del altar mayor,
está esa escena representada.
Pues ese día todas las iglesias franciscanas
se convierten en un lugar de paz
o en un lugar donde ir a encontrar la paz,
sobre todo la paz consigo mismo,
la paz con Dios, pero también la paz con los hermanos.
Y las iglesias franciscanas estaban a salir más grandes.
Las iglesias franciscanas están todas abiertas
para que todos los que quieran ir a encontrarse con la paz de Dios
puedan hacerlo.
Último corte.
Bien, y así, entre historia e historia,
hemos terminado de cortar nuestros crespillos.
Vamos a ponerle la sal, que yo les voy a dejar para meter esto en,
no mucha, para que le toque a quien le toque, las camitas de sal.
Cuando termine esto, les dejo para hornearlas y volvemos ya a mesa puesta.
Tengan cuidado al hornearlas.
Yo las voy a poner a 160 y no les voy a quitar ojo.
No les voy a quitar ojo.
Cuando no hay que dejar que se doren, no hay que dejar que se doren,
porque el dorado, es decir, ese pequeño, ese pequeño quemado que es el dorado,
ese tostado ya perjudicaría al pimentón y nos daría un sabor un poquito más amargo,
pero sobre todo que no nos sentarían, no nos sentarían bien o nos repetirían.
Al horno, yo calculo que 15 minutos,
pero no les quiten ojo y volvemos a mesa puesta.
Pues ya tenemos aquí nuestros crespillos de Lorca o murcianos.
Son, ya ven, unas galletitas delgaditas, saladas con el sabor a pimentón.
La verdad es que muy agradables.
Han salido aquí como para dar de merendar a todos los chiquillos del pueblo.
Ahí las tienen.
Les acompaña un libro que quiero presentarles porque me lo trajeron de obsequio
los frailes que fueron a la ordenación sacerdotal de un fraile en Aranzazu,
el gran santuario de los vascos.
Está la Virgen de Aranzazu.
Ya saben que los vascos son números unos en la cocina y este libro me ha gustado
porque es un libro no de cocina de restaurante, es de la cocina vasca,
pero de la cocina de las casas, de los caseríos,
la cocina del día a día, de los días de diario.
Miquel, muchas gracias, desde aquí te lo agradezco
y un saludo para todos los frailes vascos.
Y miren qué tengo aquí,
una zanfoña, un instrumento del cual me he enamorado.
La pena es que se va a marchar con el dueño,
pero es un instrumento que me ha enamorado su sonido,
es un sonido muy medieval.
Ahora lo van a escuchar,
y lo van a escuchar porque quiero recitarles una poesía que dejó aquí
uno de los que estuvieron en los ejercicios espirituales,
un soneto con su ritmo, su rima, un soneto precioso.
Y quiero que lo escuchen
porque refleja muy bien lo que se encuentran los que vienen aquí,
los que se llevan los que vienen aquí
y lo que se queda aquí cuando marchan los que marcharon.
Os voy a presentar a Pedro.
Pedro, pasa y siéntate,
que es el que nos va a hacer sonar este instrumento.
Pedro es de un pueblo,
porque hoy he hecho los que Espiño los he hecho casi en su honor.
Él ha venido a un curso de iconografía
que estamos haciendo en casa, en el convento,
y ha venido con su instrumento.
Él es de un pueblo que se llama, Pedro, Totana,
por allí, por Lorca, por aquella zona huertana de Murcia,
de donde precisamente son característicos estas pastitas.
Bueno, Pedro, deleítanos,
que yo aprovecho la inspiración musical para recitar este precioso soneto.
Primero vamos a afinar.
Es un instrumento que suena por la fricción de las cuerdas,
como un violín, es como un violín, pero mucho más antiguo que el violín.
Llegué hasta aquí porque me trajeron mis dudas, soledad y sin sabores,
buscando paz y alivio a mis dolores y los encontré, como me dijeron.
Los dolores de mi alma se me fueron, compartiendo vida con los menores,
compartiendo oración con estas flores que en el Santo Espíritu florecieron.
Mi alma se siente hoy agradecida,
y no sólo por esos siete dones que el Espíritu entrega con la vida,
sino que hoy hay treinta corazones que junto al mío gritan sin medida
paz y bien con flamantes ilusiones.
Gracias, Máximo, que aquí veo tu nombre.
Te recuerdo de estos días de ejercicios espirituales.
Bueno, pues con esta música de la zanfoña,
hoy sí que os digo, con música de fondo, paz y bien.
Nos vemos el lunes próximo y que Dios les bendiga.
