El Mayor Descubrimiento De Arqueólogos Y Científicos En México

Relatos Históricos
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13 ene 2026
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Este video está dedicado a los descubrimientos más extraños de México y a los enigmas que siguen atesorando, algunos de los cuales podrían cambiar el curso de la historia si son develados.
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Este extraño descubrimiento en México cambiará la historia para siempre.
México nunca deja de sorprender con sus misterios, que van desde un posible río o lago de mercurio
formado por manos humanas, debajo de las pirámides de Teotihuacán, hasta un cenote oculto debajo
del templo de Kukulcán, en Chichen Itzá.
La publicación en Internet del sonido del Silbato de la Muerte Azteca dio a conocer
un espantoso chillido que parece increíble que provenga de un instrumento prehispánico
y no de la garganta de un ser sometido a un suplicio atroz.
El esqueleto de Naya, la adolescente mexicana que vivió hace casi 13.000 años en el actual
estado de Quintana Roo, ocasionalmente ofrece alguna sorprendente novedad.
Otras esculturas, monumentos y sitios mexicanos, como la Piedra de Tizoc, las Caritas Sonrientes,
los Zompantis, las Piedras Bolas de Agualulco, en Jalisco, y la Gran Pirámide de Cholula
continúan guardando misterios por desentrañar.
Este vídeo está dedicado a los descubrimientos más extraños de México y a los enigmas
que siguen atesorando, algunos de los cuales podrían cambiar el curso de la historia si
son develados.
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El río de Mercurio bajo las pirámides de Teotihuacán
El arqueólogo mexicano Sergio Gómez lleva tiempo explorando los túneles situados debajo
de las impresionantes pirámides de Teotihuacán con la convicción de que encontrará la tumba
de un gobernante de la ancestral y enigmática cultura mexicana.
Su estudio dio un giro cuando debajo de la pirámide de la Serpiente Emplumada, en un
aposento que había estado cerrado por casi dos milenios, encontró mercurio en cantidades
importantes.
El mercurio es el único metal capaz de mantenerse en estado líquido a temperatura ambiente,
y Gómez y sus expertos piensan que pudo haber sido utilizado con la finalidad de simular
un pequeño río o un lago para ambientar en el inframundo a un gobernante notable de
la poco conocida civilización teotihuacana.
La exploración del área es compleja, ya que a lodo y a la humedad se suma el peligro
del mercurio, un metal pesado que puede ser muy dañino para la salud y que requiere un
equipamiento especial para trabajar en medios donde ha sido detectado en proporciones por
encima de lo normal.
Si bien ya se había encontrado mercurio en sitios arqueológicos mayas, es la primera
vez que se encuentra en Teotihuacán, aunque los especialistas no están seguros de por
qué los antiguos mexicanos utilizaban el tóxico metal.
Quizá le atribuían propiedades sobrenaturales y le otorgaban un lugar especial en sus ceremonias.
Además, el mercurio era un material bastante raro en el México precolombino, y no todo
el mundo podía darse el lujo de ambientar su tumba con un lago o un río metálico.
Por lo tanto, Gómez y sus colaboradores están convencidos de que las cantidades inusualmente
altas del metal se relacionan con la tumba de un personaje muy relevante de la misteriosa
cultura de Teotihuacán.
El hallazgo de esta esperada tumba constituiría un hecho sin precedentes para empezar a develar
los misterios que Teotihuacán ha guardado por casi 2.000 años, una civilización que
impresionó tanto a los mexicas cuando la descubrieron, que llamaron al lugar la morada
de los dioses.
Silbato de la muerte azteca
El silbato de la muerte azteca es un artefacto cerámico mexica, perteneciente al grupo de
aerófonos mesoamericanos prehispánicos, que imitaban sonidos humanos, animales y de
otros elementos de la naturaleza, como la tormenta y el viento.
El objeto azteca produce un sonido que debió infundir un gran miedo a sus oyentes precolombinos,
por lo que fue llamado de la muerte.
En 2023, especialistas de Action Labs reprodujeron el sonido a partir de un ejemplo del silbato
muy bien conservado, y lo que se escucha es un agudo chillido frenético.
Según James Orgel, de la canal de YouTube Action Labs, este sonido se considera el más
aterrador del mundo.
Lo creas o no, este no es un grito humano.
El sonido del silbato de la muerte infunde miedo en tu corazón.
El efecto de grito es mayor cuando no se ve a la persona que hace sonar el silbato.
El uso del silbato por parte de los mexicas estaba asociado al dios de la muerte, Mictlantecutli,
y a Hecatl, deidad del viento.
El nombre náhuatl del artefacto es Hecachitli, y la expresión silbato de la muerte azteca
fue utilizada por primera vez en los años 1990 por el arqueólogo e ingeniero Roberto
Velázquez Cabrera.
El primer ejemplar fue descubierto en 1999 durante las excavaciones del Templo de Quetzalcóatl
en Tlatelolco, en la Ciudad de México, lugar que los aztecas utilizaban para muertes rituales.
El artefacto de cerámica con forma de cráneo humano fue encontrado entre los huesos de
la mano de un esqueleto sin cabeza, de un hombre de unos 20 años de edad, muy probablemente
decapitado en un sacrificio.
Por varios años, los descubridores pensaban que se trataba de un adorno, pero década
y media después, uno de los investigadores sopló la pieza, siendo sorprendido por el
sonido inesperado y alarmante de un grito desgarrador.
Después las evidencias indicaron que estos silbatos se fabricaban en grandes cantidades,
sobre las ocasiones de uso, se cree que eran utilizados ritualmente en los sacrificios
humanos y como sonido intimidante durante las batallas.
El misterio de Naya
Naya es el nombre que recibe el esqueleto de un adolescente, de casi 13.000 años de
antigüedad, descubierto en Tulum, en el estado mexicano de Quintana Roo.
El esqueleto, encontrado en 2007 en una cámara bajo el agua, en un lugar del sistema de cuevas
Sac Actuna, llamado Hoyo Negro, se conservó genéticamente intacto, siendo el más antiguo
y completo recuperado en América.
En 2019 se informó que pruebas realizadas en la osamenta de Naya permitieron establecer
que la joven no solo vivió una vida muy corta, sino también bastante dura, caracterizada
por la desnutrición y probablemente por el maltrato físico.
Los investigadores anunciaron que el análisis del hueso sacro permitió determinar que la
chica, que vivió hace casi 13.000 años, fue madre, sin poderse establecer cuánto
tiempo antes de morirse produjo su maternidad.
Según el arqueólogo y antropólogo forense James Chathers, investigador principal del
proyecto Hoyo Negro, del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, las
marcas de fracturas óseas en los brazos indican que Naya, quizá, fue maltratada cuando era
más joven.
Aunque hallaron su esqueleto bajo el agua, es altamente probable que Naya no haya muerto
ahogada, ya que el lugar en el que fue encontrada era seco cuando vivía, convirtiéndose después
en un profundo cenote sumergido.
Los buzos pudieron recuperar, a 30 metros de profundidad, el cráneo, una pierna y los
dos brazos de la adolescente.
Según los expertos, cuando murió Naya, cuyo nombre se inspiró en las Náyades de la mitología
griega, tenía de 15 a 17 años, pesaba unos 50 kilogramos, su talla era de poco más de
1.50 metros y, al parecer, murió al caer por un agujero, fracturándose la pélvice
en la caída.
A pesar de una dieta muy baja en proteínas, era muy activa, su tibia, sus rodillas y su
dentadura muestran las vicisitudes y los periodos de aguda escasez que pasó para alimentarse.
Junto a la osamenta de Naya, fueron encontradas las de otras 44 especies de fauna, incluyendo
un puma, un ocelote, un tigre dientes de sable y perezosos gigantes.
La piedra de Tizoc La piedra de Tizoc, también llamada piedra
de Chetumal, es una escultura circular petria de gran formato, con representaciones mexicas,
redescubierta en la Plaza Mayor de la Ciudad de México en 1791, durante la época virreinal,
por el antropólogo y anticuario español Antonio de León y Gama.
Muchos arqueólogos creen que era una plataforma de sacrificios o temalácatl, y fue denominada
altar de sacrificios gladiatorios, por un canal lateral que presenta, aunque varias
investigaciones sugieren que fue añadido posteriormente, posiblemente en el siglo
XVII.
Este canal no fue documentado por Bernardino de Sahagún, en la detallada descripción
de la escultura que hizo en el siglo XVI, en su monumental obra Historia General de
las Cosas de la Nueva España.
Investigaciones recientes postulan que la piedra escultural fue dañada deliberadamente
para reforzar los informes sobre las prácticas de muertes rituales mexicas, y que no tiene
que ver con sacrificios.
La utilización de componentes de templos y monumentos prehispánicos como material
de cimentación y construcción por parte de los españoles, fue una práctica común
durante el periodo virreinal y, según narró el historiador mexicano del siglo XIX, Manuel
Orozco Iberra, la piedra de Tizoc fue salvada por el canónigo Gamboa, cuando ya había
comenzado a ser destruida.
Estos estudios concluyen que la piedra de Chetumal es un monumento celebratorio de
las victorias militares mexicas sobre sus adversarios mesoamericanos, versión respaldada
por los grabados de guerreros vencidos en un lado de la escultura.
En el canto de la piedra parece estar representado el dios Tezcatlipoca, una de las principales
deidades aztecas, aunque otras fuentes sostienen que se trata del güey tlatuani Tizoc, vestido
como Huitzilopochtli, dios mexica asociado al sol.
Tizoc fue el tlatuanio gobernante supremo mexica entre los años 1481 y 1486, y de su
posible representación en el monumento deriva uno de los nombres dados a la piedra.
La figura es mostrada sujetando por los cabellos a otros personajes, una forma común de representar
a los jefes derrotados en batalla.
La tumba de la Reina Roja
La Reina Roja es el nombre dado a una osamente encontrada en el Templo 13 de Palenque, México,
en el año 1994.
El apelativo de Roja proviene del espectacular tono del esqueleto, producido por el recubrimiento
de cinabrio con el que fue encontrado, un mineral de color rojizo formado por mercurio
y azufre, usado en la preservación de restos humanos durante la época prehispánica.
La pigmentación roja que el cinabrio confirió al esqueleto, unida a su identificación como
perteneciente a una mujer, realizada por el antropólogo mexicano Arturo Romano Pacheco
al examinar los huesos de la pelvis, llevaron a bautizarla osamente como la Reina Roja.
Aunque el esqueleto no ha sido definitivamente relacionado con ningún personaje histórico,
se cree que pudo haber pertenecido a Azecubu Ahava, también llamada Apujel, esposa de
Pacal el Grande, ahua o gobernante de la ciudad maya de Palenque en el siglo VII de la Era
Común.
Apujel, nacida en el año 610 como hija de Jax Itzam Ad, un gobernante de segundo nivel,
se casó con Pacal en marzo de 626, y del matrimonio nacieron tres hijos, dos de los
cuales, Kinich Kan Balam II y Kan Yoichitam II, también gobernaron Palenque.
Pacal, uno de los gobernantes más longevos de la historia, gobernó Palenque, en el norte
del actual estado mexicano de Chiapas, durante 68 años y 33 días, entre el 26 de julio
de 615 y el 28 de agosto de 683.
Pacal recibió el connomento de El Grande por su longevidad y logros como gobernante.
Fue entronizado por su padre cuando su señorío maya de Evacala pasaba por un periodo adverso
y comenzó un proceso de recuperación que convirtió a Palenque en una de las ciudades
más prósperas e importantes de su época en la región maya.
A Pacal el Grande se debe el impulso de la arquitectura monumental de Palenque y el inicio
de los registros jeroglíficos de su dinastía.
El 1 de junio de 1994 fue retirada la lápida que había sellado el sarcófago de la Reina
Roja durante más de 1.300 años y la usamenta de la posible esposa de Pacal el Grande se
conserva en el Museo Arqueológico de Palenque, en Chiapas.
Sacrificios en el Cenote Sagrado
El Cenote Sagrado o Pozo del Sacrificio se encuentra al norte del sitio mexicano de Chichen
Itza, en el estado de Yucatán, conectado con el recinto cívico del yacimiento por
Según varias fuentes, el cuerpo de agua kárstico era un lugar de peregrinación y de realización
de sacrificios por parte de los antiguos mayas.
En 1566, después de visitar Chichen Itza, el franciscano Fray Diego de Landa escribió
En este pozo tenían la costumbre de arrojar hombres vivos como sacrificio a los dioses
en tiempos de sequía, y creían que no morían aunque nunca los volvían a ver.
También arrojaban allí muchas otras cosas, como piedras preciosas y objetos que apreciaban.
Y así, si este país hubiera tenido oro, sería este pozo el que tendría la mayor
parte.
Landa dijo haber presenciado el lanzamiento de seres humanos vivos en actos de sacrificio
en el Cenote Sagrado, sin precisar su frecuencia.
Algunos cenotes mexicanos, incluyendo el Sagrado de Chichen Itza, contienen gran cantidad de
huesos humanos, de hombres, mujeres y niños.
Evidencias de la mitología maya sugieren que la mayoría de las víctimas jóvenes
eran varones entre 6 y 12 años.
Según refiere Guillermo de Anda a Laniz, en su obra de 2007 sobre los sacrificios humanos
en el mundo maya, la mayoría de las víctimas eran asesinadas, a menudo muy lejos de los
cenotes, antes de arrojar ritualmente sus cadáveres en el cuerpo de agua.
Estos sacrificados con frecuencia eran guerreros, enemigos, tomados prisioneros en las batallas,
personas capturadas en conflictos entre clanes vecinos, o chicos comprados o secuestrados
mientras sus padres estaban ausentes en sus labores del campo.
Sólo algunos cenotes se destinaban a las muertes rituales, mientras que la mayoría
se utilizaban con fines domésticos.
Esto sugiere que los mayas creían que únicamente ciertos cenotes tenían conexión con el inframundo.
Las ofrendas del Templo Mayor
Entre los hallazgos arqueológicos más llamativos del Proyecto Templo Mayor de Tenochtitlán
sobresalen 244 ofrendas que contenían en su interior miles de regalos ofrecidos por
los mexicas a sus dioses más venerados.
La magnitud de tan variadas ofrendas, sin precedentes en la arqueología mesoamericana,
ilustra el inmenso poderío que habían alcanzado los aztecas antes de la llegada de los conquistadores
españoles.
Las ofrendas mexicas del Templo Mayor incluían objetos muy variados, aunque casi siempre
marcados por un profundo simbolismo.
Muchas de estas oblaciones estaban constituidas por minerales al natural, en buena medida
acarriados desde regiones lejanas, que incluían pirita, rocas metamórficas de colores, azabache,
cristal de roca, travertino, hematita y arenas marinas.
Los obsequios vegetales abarcaron ramas, flores, semillas, espinas y resinas de gran cantidad
de plantas, algunas ya domesticadas y otras silvestres, usadas por su valor alimenticio,
medicinal, ornamental, cosmético, aromático o psicoactivo.
Las ofrendas de fauna pertenecen a más de 500 especies que van desde los seres más
sencillos hasta los más complejos del reino animal, incluyendo diversas variedades de
peces cartilaginosos y óseos, anfibios, reptiles, aves y mamíferos de diferentes hábitats.
Igualmente, restos humanos de mujeres y hombres, desde la infancia hasta la vejez, incluyendo
esqueletos completos y partes óseas, como cráneos de cabezas cercenadas, mandíbulas,
vértebras y huesos de manos y pies.
Las ofrendas de piezas culturales incluyen objetos de cerámica y fabricados con basalto,
obsidiana, pedernal, rocas metamórficas de distintos colores, cuarzo, cristal de roca,
travertino, pirita, azabache, hueso, madera, corteza, plumas, cueros, hule, copal, algodón,
palmas, conchas y metales como oro, plata, cobre y bronce.
Estos objetos incluyen vasijas, recipientes, cuchillos, adornos, miniaturas, insignias,
máscaras, escultures y efigies divinas.
La Cueva bajo la Pirámide del Sol
Debajo de la Pirámide del Sol de Teotihuacán se localiza una cueva a 6 metros de profundidad.
Al comienzo se creyó que era un tubo de lava de formación natural, pero investigaciones más
recientes han sugerido que se trata de una estructura de origen humano, posiblemente
Según indicó la antropóloga e historiadora estadounidense Doris Hayden, dado que en la
cueva no hay restos óseos ni carbón vegetal debido a antiguos actos vandálicos, es imposible
datar la primera utilización del lugar con fines rituales o para ritos de paso.
Las cerámicas y los discos podrían haber sido colocados aquí siglos después de la
conversión del túnel natural en santuario.
En vista de la posición de la pirámide sobre la gruta, parecería que la cueva fue el punto
focal en una coincidencia accidental y que pudo haber determinado el emplazamiento para
la construcción de un primitivo lugar de culto y luego para la pirámide.
Como indicó Hayden, los arqueólogos tienen claro que la cueva construida bajo la Pirámide
del Sol no se construyó accidentalmente.
De hecho, las cuevas eran símbolos de la creación de las religiones mesoamericanas
y se convirtieron en un aspecto crucial de la mitología, ya que se creía que los distintos
grupos étnicos surgían de estas cavidades.
La Pirámide del Sol construida sobre la cueva se convirtió en un punto focal para la sociedad
de Teotihuacán.
Al estar situada en la Calle de los Muertos, igualmente, el trazado de la ciudad de Teotihuacán
incluía alineaciones basadas en la orientación de la Pirámide del Sol.
De manera que esta cueva pareciera que era mucho más importante que cualquier otra para
la misteriosa sociedad teotihuacana, y el desafío es averiguar los motivos.
El misterio de las caritas sonrientes
Las caritas sonrientes representan un tipo de alfarería de la época prehispánica, desarrollado
durante el periodo clásico en la cultura del centro de Veracruz, una región que experimentó
una de las actividades cerámicas más ricas y variadas de México durante la era precolombina.
Son piezas de barro cosido, generalmente pequeñas, que muestran rostros humanos sonrientes, algo
excepcional en las representaciones antropomorfas de Mesoamérica, usualmente caracterizadas
por figuras de apariencia severa o hierática y por el esquematismo en la concepción artística
humana.
En estricto rigor no se corresponden con representaciones exclusivamente faciales, ya que estas caritas
sonrientes formaban parte de figuras de cuerpo completo, de las que se fueron desprendiendo
con el paso del tiempo.
Sin embargo, se conservan piezas sonrientes completas, todas del centro de Veracruz.
Las figuras completas suelen llevar una vestimenta simple, por lo general un nefaldegine, y aunque
portan accesorios como collares y otros adornos, parte de la ornamentación va inscrita en
el cuerpo de la imagen.
No se sabe exactamente cuál era la función de estas figuras de barro cosido, encontradas
en sitios como el Tajín, Cerro de las Mesas, Remojadas, Chititelco y Nopiloa, lugares en
los que se verificó el mayor florecimiento de la cultura clásica del centro de Veracruz.
Se han propuesto varias explicaciones, incluyendo que se trata de representaciones de personajes
de importancia, procedentes de diferentes zonas de Mesoamérica, que se distinguen por
el tipo de tocado que llevan, o que son imágenes de personas en trance por el consumo de alcaloides,
mientras realizan rituales sacrificiales o religiosos.
También se ha sugerido que se trataría de representaciones de Xochipilli, Xochiquetzal
y Macuilxochitl, deidades aztecas relacionadas con los alimentos, los placeres y el juego.
El misterio del chacmol
Un chacmol es una popular escultura prehispánica mesoamericana, que típicamente representa
una figura humana reclinada, apoyada en los codos y en las plantas de los pies, doblados
por las rodillas, con la cara dando un giro de 90 grados para ver de frente, y sosteniendo
con las manos un cuenco o un disco sobre el vientre.
Algunos tienen la cabeza orientada hacia la izquierda, otros hacia la derecha, mientras
otros la muestran hacia arriba, e incluso los hay con las cabezas móviles.
La figura puede estar boca arriba o de lado, e igualmente ricamente vestida o con muy poca
ropa, posiblemente eran el símbolo de guerreros caídos en combate mientras llevaban ofrendas
a los dioses.
Usualmente los cuencos sobre el pecho o el estómago eran utilizados para colocar ofrendas
de sacrificio de diversos tipos, como tortillas, tamales, incienso, plumas, tabaco y pulque.
Los chacmoles a menudo estaban asociados con tronos y piedras de sacrificio.
Los chacmoles de Michoacán son representaciones de ancianos con miembros viriles erectos y
rostros arrugados, mientras que los de Tula y Chichen Itza representan jóvenes de apariencia
guerrera.
Un chacmol costarricense mezcla atributos humanos y de jaguar.
El esculpido se realizaba en una variada gama de materiales, incluyendo rocas blandas como
la caliza y piedras ígneas duras, así como cerámica y cementos.
La forma típica de la escultura chacmol apareció por primera vez en torno al siglo IX de la
Era Común, en el norte de la península de Yucatán y en el Valle de México.
Los chacmoles aztecas se asociaban con Tlaloc, el dios de la lluvia.
Su simbolismo lo situaba en la frontera entre lo real físico y lo sobrenatural, como intermediarios
entre los humanos y los dioses.
Se desconoce cómo era llamada la escultura en la época precolombina.
El nombre chacmol fue acuñada en 1875 por el anticuario británico-estadounidense Augustus
Le Plongeon.
Túneles bajo Chichen Itza
En 2018, un equipo arqueológico mexicano comenzó a reexcavar un antiguo túnel que
podría conducir a la parte subterránea de un lugar sagrado maya en Chichen Itza.
Los propios mayas sellaron el túnel hace siglos, pero los arqueólogos van a despejarlo
para llegar a un cenote oculto que se cree que era muy importante para la espiritualidad
maya.
Estos cuerpos kársticos de agua dulce constituyen la única fuente del vital líquido en el
estado de Yucatán y, además de haber permitido la supervivencia de la cultura maya, se convirtieron
en parte esencial de la cosmovisión de esta civilización.
El arqueólogo subacuático Guillermo de Anda, líder del proyecto Gran Acuífero Maya, dijo
que, para los mayas, los cenotes eran la entrada al inframundo y, añadió, la cultura maya
concebía que el cosmos tenía tres capas básicas, cielos, tierra y mundo subterráneo.
El inframundo era muy importante, se consideraba el origen de la vida, y si los mayas no mantenían
un buen equilibrio entre esta capa del universo y la suya propia, eso podía significar sequía,
hambre o enfermedad.
De Anda agregó que, para estar en paz con los dioses del inframundo, los mayas realizaban
frecuentes ofrendas en los cenotes.
En Chichen Itzá hay cuatro cenotes visibles, pero en 2016 el geofísico mexicano René Chávez
Segura estableció la existencia de una cueva submarina debajo del castillo, la pirámide
principal de Chichen Itzá.
Esta cueva, que los estudiosos nunca han visto, es el objetivo del equipo DE de Anda.
Anteriormente, el grupo de arqueología submarina había explorado dos túneles subterráneos
que parten del Osario, una pirámide menor del yacimiento, para descubrir que los mayas
habían bloqueado el camino con piedras.
La idea es llegar al cenote, debajo de la pirámide Kukulcán, que los españoles llamaron
el castillo, porque le recordó una fortaleza.
El misterio de la gran pirámide de Cholula
La gran pirámide de Cholula, de 450 metros del lado, ostenta el récord mundial como
el basamento piramidal más grande del planeta.
La pirámide, situada a 55 metros sobre la llanura que la rodea, en el estado de Puebla,
fue un templo dedicado a Quetzalcóatl, o la serpiente emplumada, y desde el punto de
vista arquitectónico se relaciona estrechamente con los monumentos piramidales de Teotihuacán
en el Valle de México, aunque también resulta evidente la influencia de la cultura de la
costa del Golfo, en Veracruz, particularmente del Tajín.
Aunque se desconoce con precisión cuándo comenzó la edificación del monumento, existe
consenso entre los especialistas acerca de que fue aproximadamente entre el año 300
antes de Cristo y el inicio de la Era Común, estimándose que la construcción abarcó
entre 500 años y un milenio.
Probablemente fue terminada acerca del tiempo de la caída de Teotihuacán, que fue la última
cultura precolombina que marcó su sello en el Gran Basamento, antes de que llegaran los
españoles.
La remodelación, ampliación y mantenimiento de antiguos edificios y monumentos era una
práctica común en Mesoamérica, por lo que el largo periodo de construcción de la Gran
Pirámide de Cholula debe considerarse en ese contexto.
La parte final del periodo clásico en el Antiplano de México fue un tiempo de mucha
violencia que quedó expresado en el registro arqueológico, en la profanación de los monumentos
más icónicos del poder establecido.
En Cholula, la destrucción afectó particularmente al Patio de los Altares, centro medular de
las ceremonias políticos-religiosas, en la Ciudad Sagrada.
Para el año 1300 de la Era Común, Cholula fue abandonada por los toltecas, y poco más
de dos siglos después, cuando llegaron los conquistadores, los Cholultecas eran enemigos
de los Tlaxcaltecas y tributarios privilegiados de Tenochtitlán.
A partir de ese momento, parte de la arquitectura prehispánica de Cholula empezó a ser destruida
y utilizada como fuente de materiales de construcciones coloniales.
El Zompantli de Tenochtitlán El Zompantli era un altar en forma de empalizada
en el que se exhibían públicamente, como una ofrenda a los dioses y los cráneos de
las víctimas decapitadas en los sacrificios humanos.
Las víctimas sacrificadas eran guerreros enemigos tomados como cautivos en las guerras,
esclavos y otras personas especialmente seleccionadas, para ciertas celebraciones.
Los cráneos eran perforados para practicarles un agujero por el que se introducía una vara
en la que se iban insertando.
Existen muchos Zompantlis documentados en Mesoamérica, desde el periodo clásico hasta
el posclásico temprano.
En el sitio arqueológico del Templo Mayor de la Ciudad de México, la antigua Tenochtitlán
Mexica, fue descubierto un Zompantli con más de 650 cráneos.
Aunque no se sabe con exactitud cuál era el objetivo del Zompantli, análisis comparativos
de la cosmogonía azteca y de las muertes rituales en las sociedades prehispánicas
permiten inferir que probablemente constituía un símbolo del poder dominante y un monumento
de intimidación y advertencia al enemigo, similar a las pirámides de cráneos que hacía
el ejército de Gengis Khan en las ciudades de Asia que arrasaba.
Sin embargo, el arqueólogo mexicano Raúl Barrera Rodríguez sostiene que estas emparizadas
de cráneos no eran una celebración de la muerte, sino un culto a la vida, diciendo
Es importante conocer el sentido de la religión y de la muerte para los pueblos prehispánicos.
En la cosmogonía mesoamericana, los hombres existían para adorar y alimentar a los dioses
con ofrendas.
Era una condición para que la vida continuara, en parte siguiendo las descripciones de antiguos
cronistas como Fray Bernardino de Sahagún, Bernard Díaz del Castillo, Andrés de Tape
y el mismo Hernán Cortés, exploraciones arqueológicas encontraron varios zompantlis
de diferentes épocas en distintos sitios, incluyendo Tlatelolco y Tularm.
Sin embargo, el más grande y famoso es el del Templo Mayor que, según versiones antiguas,
tenía cerca de 60.000 cráneos en 1521.
Cuando llegaron Cortés y sus acompañantes, en el sitio se han encontrado menos de mil
cráneos.
Las misteriosas piedras bolas de Agualulco, en Jalisco.
El Cerro del Águila o Cerro de Piedras Bolas se ha hecho famoso en Jalisco como el sitio
que alberga las esferas naturales de piedra de mayor tamaño en el mundo, siendo un lugar
visitado por senderistas, turistas e investigadores mexicanos y del extranjero.
La zona protegida se ubica en el municipio jaliciense de Agualulco, de Mercado, en la
región Valles del Estado, a aproximadamente una hora y media en automóvil, de la ciudad
de Guadalajara.
Tras atravesar un rústico sendero de terracería por un bosque espinoso y algunos puentes,
mientras la caminata es amenazada por sonidos de animales, como la grilla de cola roja,
se llega a la cumbre del cerro, salpicada por estas esferas pétreas únicas.
En 1968, el investigador Robert L. Smith descartó que las bolas de piedra hubieran sido redondeadas
por manos humanas, señalando que se formaron hace unos 40 millones de años y consiguieron
la redondez por causas naturales.
Según Smith, las esferas se formaron después de que el volcán de Tequila, situado a unos
30 kilómetros, entrara en erupción, y unas bolas de lava fueron moldeadas por la erosión.
Otra teoría es que parte de la lava empezó a rodar hacia el lugar de emplazamiento de
las esferas, adoptando la forma redondeada en la medida que bajaba.
Sea cual fuera la explicación, las piedras bolas de Agualulco, en Jalisco, son las más
grandes en su tipo en el mundo, con diámetros de hasta 4 metros.
Una leyenda lugareña señala que las bolas eran unas especies de canicas para un juego
practicado por unos gigantes que habitaban la región hace millones de años.
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