Estó Anuncia la SEGUNDA Venida de JESÚS según la Biblia

Relatos Históricos
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Antes de la segunda venida de Cristo, estas 5 señales van a pasar. ►Suscríbete al canal: https://geni.us/eZcCYJ
Las personas comunes se preguntan acerca de los signos sobrenaturales, los desastres masivos y el fin del mundo, y si estamos ante los acontecimientos mencionados en las profecías bíblicas.
Muchos creen que sí y estas son cinco de las señales más mencionadas para respaldar la idea de que el fin del mundo gobernado por los hombres y la segunda venida de Cristo están próximos.
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Antes de la segunda venida de Cristo, estas cinco señales van a pasar.
Estamos en el tiempo del fin.
Muchas personas, particularmente los cristianos devotos, afirman que hay que estar atentos
de que las señales ya se están produciendo.
En estos tiempos se habla a menudo del fin de los días.
Al ver las convulsiones del mundo y los eventos desestabilizadores cada vez más peligrosos,
gran cantidad de gente, fiel a una religión o no, presta cada vez más atención a todo
tipo de profecías, incluyendo las contenidas en la Biblia.
Las personas comunes se preguntan acerca de los signos sobrenaturales, los desastres masivos
y el fin del mundo y si estamos ante los acontecimientos mencionados en las profecías bíblicas.
Muchos creen que sí, y estas son cinco de las señales más mencionadas para respaldar
la idea de que el fin del mundo, gobernado por los hombres y la segunda venida de Cristo,
están próximos.
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Las profecías sobre el fin del mundo.
Cada cierto tiempo aparece alguien profetizando el fin del mundo tal como lo conocemos y luego
los pronósticos resultan falsos.
Este problema de las profecías no cumplidas ha lastrado a religiones y profetas durante
milenios.
Personas que anunciaron el regreso de Jesucristo y marcaron fechas precisas, tuvieron que revisar
sus pronósticos y hacer otros, después de que las primeras predicciones no se cumplieron.
Otros han adoptado la teoría de que Jesucristo efectivamente sí regresó, pero lo hizo en
secreto.
Pero la mayoría de la gente no se interesa demasiado por la profecía del tiempo del
fin y la relega a un segundo plano.
Por mucho que la profecía ocupe espacios en los medios de comunicación, todavía es
tomado como un tema marginal.
Doctrinariamente, distintos grupos de cristianos tienen puntos de vista divergentes sobre el
fin del mundo, en un amplio rango que va desde los que no creen en absoluto en la segunda
venida de Cristo, adoptando opiniones virtualmente seculares, hasta los predicadores apocalípticos
y vociferantes.
Entre tanto, las bibliotecas y librerías bíblicas almacenan decenas de publicaciones
que intentan explicar la profecía del fin del mundo con diferentes interpretaciones
y símbolos proféticos, cada libro contradiciendo al anterior.
Pero las profecías están en la Biblia, de donde viene la frase tiempo del fin.
Los profetas del Antiguo Testamento, los apóstoles del Nuevo Testamento y el mismo Jesucristo
todos profetizaron, de hecho, las profecías se refieren explícitamente al tiempo del
fin y al fin del mundo.
La Biblia no da fecha, pero dice que el fin del mundo llegará.
La Biblia describe el tiempo del fin como el periodo previo a la segunda venida de Cristo.
Se trata del periodo justo antes del final de la humanidad gobernada por los hombres
y el inicio del gobierno terrenal de Cristo.
Según la Biblia, este periodo estará caracterizado por una violencia sin precedentes, que casi
aniquilará la vida humana.
Es por ello que mucha gente piensa en la profecía bíblica cuando lee las noticias y ve las
imágenes sobre los enfrentamientos y crímenes motivados por las religiones, las armas de
destrucción masiva, los actos terroristas, los regímenes radicales y las guerras comerciales.
Las profecías bíblicas, incluyendo las que el mismo Jesucristo pronunció, muestran señales
indicativas de cuando la humanidad estaría acercándose a este temible momento.
Para los auténticos cristianos no hay escapatoria a estos hechos.
Jesús personalmente anunció que regresaría y que inmediatamente antes habría señales
de su venida.
De acuerdo con el Nuevo Testamento, a lo largo de su ministerio Jesús profetizó, y justo
antes de su crucifixión, emitió quizás su mensaje profético más crucial, la profecía
del Monte de los Olivos.
Según Mateo 24, 30-33, Jesús dijo,
Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo, y entonces lamentarán
todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del
cielo, con poder y gran gloria.
Y enviará a sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de
los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.
De la higuera aprended la parábola, cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas,
sabéis que el verano está cerca.
Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las
puertas.
El versículo 36 de Mateo sobre esta profecía, contiene una aclaratoria de Jesús, sobre
el tiempo de su venida,
Pero el día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre.
Por ello hay que tener cuidado con alguien que predice una fecha concreta para el regreso
de Cristo.
A menos que tenga una línea directa con Dios, según el mismo Jesús, no puede conocer la
fecha.
Igualmente ningún cristiano puede afirmar que no hay forma de saberlo, el mismo Jesús
dijo que su señal debería ser reconocida, y que está cerca, a las puertas, según el
versículo 33 de Mateo 24.
En vista de que Dios no ha revelado la fecha, pero si algunos signos, las siguientes podrían
ser cinco de estas señales, que indicarían que el momento culminante está cerca.
Primera señal, guerras y armas de destrucción masiva.
Mateo 24.3 dice, Y estando él sentado en el monte de los olivos, los discípulos se
le acercaron aparte, diciendo, Dinos, ¿cuándo serán estas cosas?
¿Y qué señal habrá de tu venida y del fin del mundo?
Los discípulos le preguntaron específicamente a Jesús, ¿cuándo retornaría?
Y éste respondió, según el versículo 6 de Mateo 24.
Yo oirés de guerras y rumores de guerras, mirad que no os turbéis, porque es necesario
que todo esto acontezca, pero aún no es el fin.
Según Mateo 24.7.8 Jesús dijo, Porque se levantará nación contra nación, y reino
contra reino, y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares, y todo
esto será principio de dolores.
Después Jesús mencionó una secuencia específica de eventos que conducirían a un escenario
de pesadilla que, según el versículo 21 de Mateo 24, él definió como Gran Tribulación,
cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.
Las dos peores guerras de la historia ocurrieron en el siglo XX.
La Primera Guerra Mundial provocó la muerte de 10 millones de personas, incluyendo varios
centenares de miles por el uso de armas químicas.
Durante la Segunda Guerra Mundial murieron más de 60 millones de seres humanos, y al
terminar el mundo había entrado en la era de las armas de destrucción masiva.
Las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, en medio de su inmenso horror, fueron débiles
en comparación con la capacidad de devastación de los artefactos que la humanidad ha desarrollado
y construido desde entonces, y que guardan un puñado de países, casi todos enemigos
jurados de algunos de los otros miembros del Club Nuclear.
La bomba más poderosa, detonada en 1961, fue miles de veces más potente que las arrojadas
sobre las ciudades japonesas.
Actualmente están almacenadas unas 10.000 ojivas nucleares, con sistemas de lanzamiento
capaces de hacerlas detonar con precisión en cualquier parte del mundo.
Aparte de este inventario atómico del terror, existen millones de armas químicas, biológicas
y de fuego, y decenas de millones de proyectiles de artillería y municiones convencionales.
Actualmente hay una guerra en curso en la que uno de los beligerantes posee el mayor
arsenal mundial de armas atómicas.
Los seres humanos tienen actualmente la capacidad técnica para aniquilar la vida humana, y
hay varios dirigentes bien armados que parecen capaces de llevar al mundo una tragedia de
grandes proporciones.
En el primer siglo de la Era Común, cuando lo más parecido a un arma de destrucción
masiva era lanzar a un apestado sobre las murallas de una ciudad enemiga, arrojar una
antorcha sobre un techo de paja o envenenar un pozo de agua, Jesús profetizó que el
hombre sería capaz de aniquilarse a sí mismo hasta la última persona.
Según el versículo 22 de Mateo 24 dijo, y si aquellos días no fueran acortados, ninguna
carne sería salva.
Esa profecía era de muy difícil cumplimiento en la época del arco y la flecha, del mosquete,
del cañón y el rifle, e incluso del tanque, el avión y el submarino.
Sólo en el transcurso de las dos últimas generaciones, la raza humana ha diseñado
y poseído las armas de destrucción masiva que amenazan con provocar su propia extinción.
El mundo vive además en la era del terrorismo, con decenas de grupos radicales deseosos de
poseer armas para destruir por completo a la parte del mundo que no comparte sus creencias
políticas o religiosas, y con países ansiosos de sumarse al club nuclear para aniquilar
a sus enemigos.
El mundo está viviendo un momento como nunca antes en la historia, y enfrenta una probabilidad
cada vez mayor de provocar su propia destrucción.
Segunda señal.
Pestes.
En Mateo 24, Jesús dice que habrá pestes, y resulta difícil no asociar esta profecía
con la calamidad de salud que el mundo ha sufrido desde el año 2020.
Poca gente imaginó que desde el momento en el que la Organización Mundial de la Salud
dio su primera alerta sobre la enfermedad, en pocos meses el mundo cambiaría rápidamente,
probablemente para siempre.
No deja de sorprender cómo un minúsculo cuerpo biológico de sólo 125 nanómetros
puso en vilo a todo el planeta, con su letalidad, rapidez y masividad para pasar de unas personas
a otras, y su capacidad para afectar a todos los seres humanos, sin distingos de razas,
condición social y credos religiosos.
Millones de personas que murieron y centenares de millones que se salvaron, ni siquiera llegaron
a saber dónde y cómo se contagiaron, evidenciando como nunca lo frágil que es la condición
humana.
El libro de los Salmos del Taná Jefreo y del Antiguo Testamento refiere esta insignificancia
humana en el Salmo 144.4, el hombre es semejante a la vanidad, sus días son como la sombra
que pasa.
La crisis mostró también la vulnerabilidad de los gobiernos, de los sistemas económicos
y financieros, y de los recursos de salud.
En pleno siglo XXI, cuando la humanidad se consideraba casi invulnerable a las enfermedades,
cuando se anunciaba que sólo faltaba por vencer el cáncer y el Alzheimer para decretar
una victoria apabullante sobre los males de salud, apareció una novedad calamitosa para
que, la que no había tratamiento ni vacuna, y comenzó una carrera frenética por encontrar
medicinas y desarrollar una vacuna en la que el mundo quedó retratado con sus grandes
fortalezas, pero también con sus profundas debilidades.
El 7 de marzo del año 2020, Mark Bassett escribió en el periódico madrileño El País
una ilustrativa reflexión sobre la calamidad diciendo,
«Ha puesto en jaque a gobiernos que se consideraban invulnerables y poderosos.
Ha gripado la máquina que hace funcionar la globalización.
El comercio, los viajes, la industria, ha colocado a la economía en el momento más
crítico desde la crisis financiera del año 2008.
Ha despertado en muchos ciudadanos miedos atávicos y les ha recordado que son mortales
y empieza a alterar nuestras costumbres, posiblemente de forma duradera.
Y deja a poblaciones enteras en zonas acomodadas de países desarrollados sin memoria reciente
de situaciones similares, más que por alusiones literarias o fílmicas, en un estado de semi-excepción.
Los toques de queda obligatorios, controlados por la policía y el ejército, provocaron
expresiones de asombro y malestar, pero también de conformidad y resignación, de gente que
por primera vez en décadas, o en el transcurso de su vida, se veía obligada a permanecer
en casa, sin más opción. La infección se fue extendiendo y los gobiernos
de todo el planeta tomaron medidas radicales, nunca vistas en muchos países, como la prohibición
de viajar y de la libre circulación, cerrando fronteras, declarando estados de emergencia
y declarando estados de urgencia y necesidad. Todo ello para otorgar superpoderes a los
gobiernos que permitieran mantener el orden y la gobernabilidad, algo que buena parte
del mundo no vivía desde los tiempos de guerras. El mundo vivió un pánico generalizado y
muchos cristianos, convencidos de que la calamidad podría ser la referida en la profecía de
Jesús, recordaron y releyeron a Lucas 21-25-27. Entonces habrá señales, y en la tierra angustia
de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas, desfalleciendo los
hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra,
porque las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces verán al hijo del hombre,
que vendrá en una nube con poder y gran gloria.
Tercera señal, terremotos y otros desastres naturales.
En Mateo 24 Jesús se refiere a los terremotos. Estos y otros desastres naturales son una amenaza
cada vez mayor para los seres humanos por las transformaciones que se han venido produciendo
en el planeta, principalmente como consecuencia del calentamiento global y el cambio climático.
Los incendios forestales y las inundaciones están devastando la tierra. En 2019 cerca
de 50.000 incendios forestales quemaron más de 2.3 millones de hectáreas en Estados Unidos,
siendo California una de las entidades federales más afectadas. De hecho,
los incendios forestales californianos son tan seguidos y frecuentes que ya casi no debería
hablarse de una temporada definible para estos desastres naturales. De los 20 incendios de
vegetación más destructivos de la historia de California hasta 2019, 14 se produjeron de
2007 en adelante. El estado dorado registra más de 75 días de incendios al año, y cuando 2018
se convirtió en el peor año de la historia, se manifestó una nueva realidad. Cada año casi
siempre es peor que el anterior, estableciéndose récords de tamaño, nivel destructivo y pérdidas
económicas y de vidas. La reciente tragedia de Turquía acaba de recordar que Eurasia y Europa
también tienen sus zonas sísmicas, y que los terremotos pueden ser muy costosos en términos
de vidas y bienes materiales. Hawaii y las Islas del Pacífico suelen ser populares destinos
turísticos, pero albergan también riesgos volcánicos y de terremotos. Miles de personas
perecieron ahogadas por los gases y enterradas por la lava cuando el monte Vesuvio entró en
erupción hace casi 2.000 años, sepultando a Pompeya y Herculano. Recientemente, el Vesuvio
ha dado señales de que podría suceder otro desastre, como ocurre también a lo largo de la
costa del Pacífico del continente americano, desde Chile hasta Norteamérica, pasando por Perú,
Ecuador, Colombia, Centroamérica, México, Estados Unidos y Canadá. Según la Administración Nacional
Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, entre 1980 y 2019, el país registró pérdidas
billonarias como consecuencia de 254 desastres meteorológicos importantes, con costos de más
de 1.000 millones de dólares cada uno. Cada año el país supera el número de desastres
milmillonarios del año anterior. De acuerdo con la agencia federal señalada, los desastres
naturales de 2018 le costaron a Estados Unidos 91.000 millones de dólares, mientras que algunas
compañías de seguros ofrecen números más elevados. El huracán Katrina en 2005 produjo
250.000 millones de dólares en daños, y el terremoto y tsunami que afectó la central
nuclear japonesa de Fukushima en 2011 tuvo un impacto de 360.000 millones de dólares.
Todos estos desastres palidecen con relación a los anunciados por la Biblia para el tiempo
del fin del mundo, pero muchas personas piensan que pudieran ser sus señales.
Apocalipsis 16-18 dice,
«Y hubo ruidos y truenos y relámpagos. Y hubo un gran terremoto, un terremoto tan
grande y tan poderoso como no lo ha habido desde que los hombres existen sobre la tierra».
Incluso algunos escépticos han empezado a pensar que podrían avecinarse tiempos terribles.
Cuarta señal, la fundación del Estado de Israel y la conquista de Jerusalén.
Lucas 21-24 señala que Jesús dijo,
«Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones,
y Jerusalén será ahollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan».
Recordemos que la palabra gentiles es utilizada desde los tiempos de Jesús,
que era judío, para identificar a las comunidades que profesan religiones distintas al judaísmo.
Ezequiel 12-15 dice,
«Entonces sabrán que yo soy el Señor, cuando los esparza entre las naciones y los
disperse por los países». El primer exilio masivo judío ocurrió con los Asirios y los
Babilonios en los años 722 y 607 a.C., aunque pudieron regresar a la tierra de Israel en el
año 537 a.C. Un segundo exilio de grandes proporciones ocurrió en el año 70 de la
Era Común, cuando los romanos destruyeron el segundo templo de Jerusalén. Un tercer exilio
se produjo en el año 135, cuando Roma aplastó la rebelión de Barkhovka.
Después de esta última dispersión, Israel empezó a llamarse Palestina,
y hasta la Primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano controló Tierra Santa durante cuatro
siglos. Hacia el final de la Gran Guerra, Gran Bretaña derrotó al gobierno otomano en una
llanura de la tierra de Israel, llamada curiosamente Armagedón. Por vez primera,
en casi 2.000 años, la antigua tierra israelita quedó bajo control de una nación occidental de
cultura jodeo-cristiana, Inglaterra. Por dos milenios, los judíos fueron un pueblo sin patria,
viviendo en muchos países, siempre como una minoría religiosa, hasta la fundación del
Estado de Israel en 1948, después de obtener la victoria en la Guerra Árabe-Israelí de ese año.
Ezequiel a 11.17 dice, Así dice el Señor Dios, Os recogeré de entre los pueblos,
os reuniré de las tierras donde habéis sido esparcidos, y os daré la tierra de Israel.
Sin embargo, Jerusalén continuó bajo el control de los gentiles hasta 1967,
cuando Israel la conquistó durante la Guerra de los Seis Días. Por primera vez en 2.000 años,
la ciudad santa de judíos, cristianos y musulmanes quedó bajo control israelí.
Quinta señal, la expansión del cristianismo. En 1860, el libre pensador republicano y químico
francés, Marceline Bertelot, fundador de la termoquímica, dijo, Dentro de 100 años de
ciencia física y química, el hombre sabrá qué es el átomo. Es mi creencia que cuando la ciencia
llega a esta etapa, Dios bajará a la tierra con su gran anillo de llaves, y le dirá a la humanidad,
caballeros, es hora de cerrar. Los profetas, Jesucristo, los apóstoles y los evangelistas,
dejaron en la Biblia más de 20 señales sobre este momento del fin, al que Bertelot ligaba
el conocimiento del átomo, que el hombre ya dominó para hacer armas nucleares y generar
energía por fisión, pero que aún no ha podido controlar para generarla por fusión nuclear.
Pero recientemente la humanidad ha dado un paso trascendental en su objetivo de producir energía,
como lo hace el sol, cuando por primera vez un experimento tuvo saldo energético positivo al
generar más que lo consumido. Siguiendo el pronóstico del químico francés, ¿será el
momento en el que el hombre domine la fusión nuclear, el que Cristo está esperando para bajar
a la tierra con su manojo de llaves y anunciar el cierre? Sin embargo, entre las muchas señales
de la Biblia sobre el fin del mundo, no hay ninguna relacionada explícitamente con la química o la
física de partículas. Una señal que sí está en los textos sagrados es la de Mateo 24-14.
Y será predicado este Evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones,
y entonces vendrá el fin. ¿Ya ha sido predicado el mensaje de Cristo lo suficiente, por todas las
naciones, como para dar por cumplido el requisito de Mateo 24-14 para el momento del fin? Mucha
gente cree que sí. Las religiones cristianas cuentan con el mayor número de fieles en el
mundo. Durante 20 siglos, los misioneros de Cristo han predicado por todos los continentes y el Nuevo
Testamento está disponible en más de 1.500 idiomas. Sin embargo, a pesar de que el cristianismo es la
religión dominante en América, Europa y Oceanía, su presencia en Asia y el norte de África es
minoritaria. Muchos escépticos podrían considerar que, si bien ha sido difundido masivamente,
no alcanza la penetración necesaria para justificar el fin del mundo con base en el
pasaje de Mateo 24-14. Isaac Newton profetizó que el fin del mundo sería en 2060. Los mismos
rigurosos principios científicos que Isaac Newton aplicó al estudio de la mecánica de los cuerpos
y la gravitación universal, pretendió aplicarlos en el cálculo de la fecha del fin del mundo.
En 1704, el célebre físico y matemático inglés calculó que ese trascendental acontecimiento
se produciría 1.260 años después del momento en el que Carlo Magno fundó el
Sacro Imperio Romano Germánico. Como el hijo de Pipino el Breve, fue coronado por el Papa León III
como primer emperador del Sacro Imperio el día de Navidad del año 800, aplicando la ecuación
neotoniana del fin del mundo, se obtiene que éste se produciría en el año 2060. Es decir que,
según Newton, estamos a sólo 37 años del desenlace final.
Newton basó su cálculo en una interpretación particular de un pasaje del libro bíblico de
Daniel, según se desprende de uno de sus manuscritos en poder de la Universidad Hebrea
de Jerusalén desde hace más de cinco décadas, procedentes del legado de un coleccionista.
Los manuscritos incluyen descripciones de los experimentos de alquimia del científico y
detalles de su interés por las profecías bíblicas. Un lote de manuscritos de Newton,
contentivo de tres millones de palabras sobre profecías bíblicas y teología,
y un millón de palabras relacionadas con alquimia, fue subastado en 1936 en Londres.
La mayoría de los legajos fueron comprados por el economista inglés John Maynard Keynes y el
erudito judío Abraham Shalom Ezequiel Yakuda. Keynes donó sus manuscritos neotonianos al
King's College de su ciudad natal de Cambridge, y Yakuda legó los suyos en 1951 al recién
fundado Estado de Israel, pasando a manos de la universidad en 1969.
La leyenda romana sobre el fin del mundo de la Basílica Mayor de San Pablo Extramuros
San Pablo Extramuros, una de las cuatro Basílicas Mayores de Roma, es conocida por albergar los
retratos de los más de 260 papas católicos que han existido. Una leyenda romana señala
que el momento del fin del mundo llegará cuando no haya espacio para más retratos.
La segunda Basílica Mayor de Roma, después de San Pedro, se encuentra a 11 kilómetros del Vaticano,
en territorio de la República de Italia, pero como una propiedad extraterritorial de la Santa
Sede. El abad emérito de la basílica construida en el lugar donde, según la tradición cristiana,
fue enterrado el apóstol Pablo, es Edmund Power, y se muestra muy escéptico respecto a la leyenda.
Power dice, refiriéndose al espacio que queda para más retratos,
Todavía quedan 20 sitios para las imágenes. De todas formas, no creo en este tipo de profecías.
La segunda llegada de Cristo depende de la voluntad de Dios, no de los hombres.
Con la supuesta tumba del apóstol de los Gentiles a escasos metros, el abad de San
Pablo Extramuros reflexiona sobre las dificultades para ser un buen cristiano y señala,
Es cierto que en los tiempos actuales es muy difícil ser cristiano. Tenemos el ejemplo de
la secularización en Occidente, o de la persecución que sufren constantemente los cristianos en Oriente
Próximo. Son numerosas las personas que mueren a diario por profesar su fe en Cristo.
De todas formas, si solo queda espacio para 20 papas, y nadie intenta hacer trampas a la
leyenda, ampliando la basílica o haciendo los retratos más pequeños, para cumplirse
esta profecía del fin del mundo, podría ser dentro de 150 años. En 1993 años de papado,
ha habido 266 papas, por lo que el periodo promedio de pontificado es de 7.5 años por
pontífice, un total de 150 años para 20 papas más. El momento culminante sería el año 2173,
un plus de 113 años respecto al pronóstico de Newton.
¿Crees que las calamidades bélicas y climatológicas y los acontecimientos políticos
que han sucedido recientemente o que están ocurriendo actualmente son señales de la
proximidad del fin del mundo y de la segunda venida de Jesús? ¿O piensas que solo son
fenómenos naturales y hechos políticos que nada tienen que ver con las creencias religiosas?
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