Así Los Romanos CONQUISTARON Brutalmente A Grecia

Relatos Históricos
20 seguidores
6 Visualizaciones de video·18 may 2026
Así fue el día que ROMA CONQUISTÓ GRECIA. ¿Y que un eclipse lunar predicho por los romanos en el 168 antes de Cristo terminó decidiendo el destino de Macedonia antes de que se disparara la primera flecha?
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Así fue el día que Roma conquistó Grecia. ¿Sabías que un insulto pronunciado por una
reina pirata fue la chispa que llevó a las legiones romanas a cruzar el Adriático por
primera vez en su historia? ¿Cómo es posible que en una sola mañana del año 167 a.C.,
150.000 personas fueron esclavizadas en 70 ciudades de forma simultánea, en una operación
que borró por completo la identidad de toda una región grega? ¿Y que un eclipse lunar
predicho por los romanos en el año 168 a.C. terminó decidiendo el destino de Macedonia
antes de que se disparara la primera flecha? Hoy te voy a contar cómo Roma conquistó
Grecia. Antes de meternos a fondo, no te olvides de
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El insulto fatal de la reina Teuta lleva a Roma a cruzar el Adriático por primera vez.
Teuta fue la reina regente de la tribu Ardiaei y Liria, que gobernó desde el año 231 hasta
el 228-227 a.C. Se convirtió en reina regente en nombre de su hijastro Pines, luego de que
Agrón, su esposo, falleciera en el año 231 a.C.
Teuta continuó con la política de expansión que Agrón inició en el Mar Adriático, todo
esto con un contexto de conflicto que mantenía con la República Romana, debido a las consecuencias
que dejaba en el comercio regional la piratería y Liria.
Esta piratería se intensificó muchísimo más en el gobierno de Teuta, no solo en las
aguas del Mar Adriático, sino también en las del Mar Jonio.
El asalto a los comerciantes romanos por parte de la piratería y Liria eran cada vez mayores,
el senado romano de la época agotó primero la vía diplomática.
Así, los embajadores Cayo y Lucio, coruncanios, intentaron un entendimiento directo con Teuta,
pero esta mostró una actitud arrogante y prepotente.
Aún así, aseguró que los romanos no recibirían agravio público de Ilirios.
Sin embargo, también dijo que, en lo que se refería a los agravios privados, no daba
seguridad porque, además, era contrario a la costumbre de los reyes ilirios, impedir
que sus súbditos obtuvieran botín del mar.
Cayo y Lucio partieron de regreso descontentos con la respuesta y la actitud de Teuta.
Esta, en tanto, ordenó el asesinato del embajador más joven, que se había dirigido a ella con
mucha osadía.
Esta vulneración a la inmunidad diplomática, que para la época era considerada sagrada,
provocó indignación entre los romanos.
Y así, Roma inició en 229 a.C. la Primera Guerra Ilírica, lo que hizo que por primera
vez las fuerzas de Roma cruzaran el mar Adriático, que era dominado por los ilirios.
Demetrio de Faros es aplastado a un amanecer en su propia isla por una emboscada romana.
El gobernante Faros, Demetrio de Faros, estuvo involucrado en la Primera Guerra Iliria,
tras la cual gobernó una parte de la costa iliria del Adriático en nombre de los romanos,
como rey cliente.
¿Por qué ocurrió esto?
Porque antes Demetrio fue un aliado de Teuta, pero la traicionó al aliarse con los romanos,
a los que sirvió de guía.
Los romanos lograron una victoria rápida en Iliria gracias a esa guía.
En recompensa, Demetrio fue puesto al mando como vasallo de Roma,
de la mayor parte del resto de Iliria.
Además, logró convertirse en el gobernante de la isla de Faros,
Resulta que los romanos firmaron un tratado con Demetrio.
Este debía cumplir con condiciones que poco a poco fue vulnerando,
aprovechando que Roma estaba ocupada en sus propios conflictos con los galos y por Cartago.
Demetrio pactó con Macedonia, en la que depositó sus esperanzas,
pensando que los romanos estaban perdidos.
Demetrio terminó rompiendo el pacto del tratado al atacar las ciudades ilirias que estaban sujetas
a Romalos, aliados romanos en el Adriático.
Y no solo eso, también devastó y saqueó numerosas ciudades de las Cícladas y el Peloponeso,
aunque las de este último fueron obra de su socio, Heser de Alairas.
En vista de todo esto, en el año 219 a.C., el cónsul Lucio Emilio Paulo,
tras tomar Dimayum, se trasladó de noche hasta Faros, la fortaleza y bastión de Demetrio.
La mayor parte de las tropas se quedó en ciertos valles boscosos,
mientras que envió unas pocas naves hasta el puerto que estaba más cerca de Faros,
como parte de una arriesgada estrategia.
Así, una vez Demetrio enfocó sus fuerzas en evitar el desembarco,
la mayor parte del contingente romano que se había quedado en los valles apareció en la
isla por otra dirección. Aunque hizo todo por evitarlo, Demetrio terminó siendo derrotado en
su propio lugar de nacimiento, de donde tuvo que huir para buscar el resguardo del rey Filipo V.
Filipo V y Aníbal sellan un pacto secreto ante los dioses de dos civilizaciones.
Aníbal era el líder de los cartagineses y estaba logrando una gran expansión de sus dominios,
incluso estuvo a punto de conquistar Roma. Al haber sido vencedor en varias batallas durante
la Segunda Guerra Pública, Aníbal fue visto por Filipo V como un aliado vital para frenar
la expansión romana. Fue así como Aníbal y Filipo V sellaron un pacto antirromano,
un pacto ante los dioses de dos civilizaciones, pues en el tratado se mencionan como testigos
a dioses como Zeus, Apolo, Hércules, Ares, etc. En ese tratado pactaron protegerse entre ellos
en caso de cualquier ataque romano. Además, aclaraban que entre las partes estaban prohibidas
las emboscadas. Sin embargo, los acuerdos nunca se concretaron. El descubrimiento de este tratado
fue lo que desencadenó el estallido de la Primera Guerra Macedónica, ocurrida entre el 214 y 205
a.C. En este conflicto se enfrentaron Roma y sus aliados griegos contra Macedonia.
Buques romanos interceptan el tratado y desencadenan la Primera Guerra Macedónica.
La alianza entre Aníbal y Filipo fue posible gracias a que este último envió embajadores
al campamento de Aníbal en Italia. El tratado fue firmado por Aníbal, pero faltaba la firma
de Filipo, así que había que llevar el documento hasta Macedonia, tarea de la que se encargarían
los embajadores de Filipo y emisarios de Aníbal. Entonces se emprendieron el viaje hasta Macedonia,
pero el comandante de la flota romana, Publio Valerio Flaco, los atajó cuando patrullaba la
costa sur de Apulia. Luego de revisar la embarcación y a sus tripulantes, los romanos
descubrieron una carta de Aníbal a Filipo y los términos de su acuerdo. Los hombres fueron
hechos prisioneros y distribuidos en cinco embarcaciones que los llevaron a Roma. De esa
forma minimizaba los riesgos de cualquier ataque. El descubrimiento del tratado significó una
consternación más para Roma, que ya vivía una situación bastante precaria. Tras dar con el
tratado, los romanos, sin perder tiempo, equiparon 25 buques de guerra adicionales y se enviaron
para unirse a la flota de Flaco que estaba en Tarento, para proteger la costa adriática italiana.
Esto en aras de dar con las intenciones de Filipo y, en caso de que fuese necesario,
cruzar a Macedonia para lograr mantenerlo confinado en ese lugar.
La paz de Fenice termina la guerra en empate, el primer tratado romano entre iguales. Para
el año 205 a.C., tanto Filipo como Roma tenían razones para sentirse satisfechos. Además,
las fuerzas de los contrincantes estaban agotadas, y era más conveniente un tratado,
con el cual Fenice concedía a Roma vía libre para actuar en África, de esa manera se cerraba
el frente balcánico. Aunque vale aclarar que la paz de Fenice, nombre del tratado,
no significaba una solución a los problemas balcánicos. Este primer tratado entre iguales
también garantizaría la seguridad del estrecho de Otranto, por lo que Italia quedaría protegida
de Filipo. Pero este tratado apenas se respetó por 5 años, los acontecimientos fueron tomando
otro rumbo, lo que hizo que algunos senadores desearan continuar con la intervención romana.
El asedio de Abidos y las atrocidades de Filipo en el Egeo arrastran a Roma de nuevo a la guerra.
El rey Ptolomeo IV Filopator de Egipto falleció en el año 204 a.C., y lo sucedió su hijo Ptolomeo
V, pero este apenas tenía 6 años. La debilidad del joven rey fue aprovechada por dos hombres de
gran experiencia, Filipo V de Macedonia y Antíoco el Grande del Imperio Seleúcida.
Ellos decidieron apoderarse del territorio tolemaico y se lo repartieron entre ellos,
tanto Filipo V como Antíoco firmaron secretamente un pacto con el cual sus
esferas de influencia quedaban definidas, lo que dio pie al que la Quinta Guerra Siria comenzara.
Filipo V actuó así porque pensó que la paz de Fenice que firmó en el 205 a.C. le daba libertad
de hacer lo que quisieran en el Mediterráneo Oriental, Filipo usó el tratado para su propio
beneficio. Así, aprovechando la ausencia del poder Seleúcida atacó en el año 202 un conjunto
de ciudades independientes ubicadas a orillas del Egeo. Estas acciones generaron alarmas en
varios líderes, entre ellos el aliado de Roma, Átalo I de Pérgamo. Los asedios de Filipo
continuaron hasta que Rodas y Pérgamo enviaron en el año 201 a.C. a embajadores para que les
pidieran ayuda a los romanos, estos decidieron ofrecer la ayuda. Pero lo que terminó por colmar
la paciencia romana fue el asedio a Ávidos, ciudad a la que Filipo bloqueó por tierra y mar con un
propósito firme, evitar el acceso de cualquier refuerzo o abastecimiento. La exigencia de una
rendición por parte de Filipo llevó a que los abideños empezaran a atentar contra las mujeres
y los niños, además de que arrojaban sus pertenencias de valor al mar. La gente empezaba
a atentar contra su propia vida, aún así Roma intentó persuadir a Filipo por la vía diplomática
para que no atacara más las tierras que pertenecían a Ptolomeo y para que terminara por
someterse al arbitraje con Pérgamo y Rodas, pero no hubo entendimiento entre las partes.
Los asedios de Filipo continuaron y la situación dio pie para que, en el año 200 a.C., Roma se
viera arrastrada a tener un nuevo conflicto en contra de Filipo, la Segunda Guerra Macedónica.
Flaminino enfrenta a Filipo en el desfiladero de Lau. ¿Qué condición más dura podrías imponer
a un enemigo vencido? Desde el año 200, es decir, desde el comienzo de la Segunda Guerra Macedónica,
ninguno de los comandantes que precedieron a Flaminino consiguió desalojar de sus posiciones
a Filipo. Fue entonces cuando a Tito, quincio flaminino, se le puso al mando de las fuerzas
romanas que se encontraban en Grecia en el año 198 a.C., el mismo año en el que fue elegido consul.
Era bastante joven en ese momento, tanto que no alcanzaba los 30 años. Pese a ser romano,
se autoproclamaba Filo Heleno, es decir, admirador de la cultura griega. Filipo había llegado a ambos
lados del río Aus, donde este fluvial atravesaba un barranco bastante estrecho. Allí tomó por 40
días una posición defensiva bastante sólida que bloqueaba, desde el oeste, la mejor ruta de invasión
que podían usar los romanos para llegar a Macedonia, fue a orillas del río Aus, donde se
reunieron Flaminino y Filipo, con la intención de negociar. La exigencia de Flaminino consistía
en la retirada de las guarniciones macedonias de cada uno de los estados griegos, y el primero
que sugirió fue la liberación de los Tesalios. Esto no fue del agrado de Filipo, quien terminó
diciendo ¿Qué condición más dura, Tito, podrías imponerle a un enemigo vencido? Niebla, elefantes
y la iniciativa de un tribuno destrozan la falange en Encinocéfalas. Aunque no estaba
planificada, la batalla de Encinocéfalas fue, en el marco de la Segunda Guerra Macedónica,
un enfrentamiento decisivo en el que las ambiciones territoriales de Filipo V de Macedonia fueron
frenadas por Flaminino, quien tras su victoria reforzó en el mundo griego la influencia romana.
Esta batalla se libró en Tesalia, en el año 197 a.C. Aunque las fuerzas de Filipo V y Flaminino
no eran tan desiguales, los romanos eran más fuertes en caballería y tenían algunos elefantes
de guerra. El enfrentamiento sucedió luego de que Filipo, después de una escaramuza ocurrida en
Feras, marchara hacia el oeste, por las laderas septentrionales de unas colinas que finalizaban
en una cadena montañosa baja, a la que se le conoce como Encinocéfalas, fue allí en búsqueda de
suministros y de un terreno llano en el que pudiera desplegar su falange. Flaminino marchó
en el transcurso de tres días por las laderas meridionales, un trayecto en el que no se topó
con el enemigo. No obstante, en lo que Filipo giró hacia el suroeste para cruzar Encinocéfalas y
después dirigirse a Farsalia, su vanguardia, envuelta en la niebla, se cruzó con algunos
romanos. Esto propició una escaramuza intermitente que posteriormente pasó a ser una batalla campal,
la cual marcaría una de las primeras veces que se encontrarían en combate abierto la falange
macedonia y la legión romana. Una de las cosas que dio la ventaja a los romanos, pese a la neblina
de aquel día, fue que contaban con varios elefantes de guerra que procedían de Numidia y a los que
Flaminino usó para arremeter contra el desorganizado flanco izquierdo macedonio.
El otro factor a favor fue que, con cada bando victorioso en un flanco,
la situación pendía de un hilo hasta que un tribuno romano desconocido tomó la iniciativa.
Destacando 20 manículos, unidades flexibles de 120 hombres de la retaguardia del victorioso
flanco derecho romano, los condujo contra el flanco y la retaguardia del previamente
triunfante flanco derecho macedonio. En el proceso, los macedonios perdieron la batalla,
así lo informa Britannica. Pese a la derrota, Filippo V logró escapar sano y salvo. En cambio,
murieron 8000 macedonios, según lo señalaron los historiadores antiguos Polivio y Tito Livio,
aunque otros historiadores mencionan cifras mucho más altas.
Cuervos caen del cielo mientras Flaminino proclama la libertad de los gregos en los
Juegos Ítsmicos Luego de que Flaminino derrotara
Filippo V en la Batalla de Sinocéfalas, se dedicó a organizar en Grecia el nuevo orden político
durante el año siguiente, y en medio de los importantes Juegos Ítsmicos del año 196 a.C.,
proclamó a todos los gregos como libres y autónomos no solo en Europa, sino también en
Asia. Los gregos volvían a vivir sin impuestos y a disfrutar de sus antiguas leyes. Los asistentes,
ante esa proclama, se pusieron de pie y gritaron de alegría, pero lo más asombroso fue que en
el estadio cayeron muertos todos los cuervos que poco antes volaban por encima del recinto deportivo.
Estos pájaros habrían caído muertos tras la fuerza del grito del público,
un grito que fue extremadamente fuerte. Este suceso de los cuervos lo relata Plutarco.
Los términos del tratado reducen a Filippo V a una sombra de su poder anterior. La derrota
de la Batalla de Sinocéfalas obligó a que toda la fuerza macedonia se retirara de Grecia,
de que Filippo V renunciara a sus conquistas en Tracia y Asia Menor.
Todo esto y otras series de condiciones fueron expuestas en un documento que se firmó en el
296 a.C., el Tratado de Tempe. Este tratado fue posteriormente enviado a Roma para que fuese
ratificado. Filippo además se vio obligado a pagar una indemnización de guerra de mil talentos. La
mitad debió pagarla inmediatamente, el resto lo pagaría en 10 plazos anuales de 50 talentos.
Filippo también entregó su armada, con la excepción de su Armada Insignia. Asimismo,
su ejército, al que se le permitió tener un máximo de 5.000 hombres, no podía incluir elefantes de
guerra y solo con la veña del Senado de Roma podía salir de sus fronteras. Así,
el poder de Filippo V quedó reducido, ya no era el poderoso de antes.
La marcha nocturna de Capitón en las Termópilas repite el flanqueo persa y la defensa de Leónidas.
Ya derrotadas las fuerzas lideradas por Filippo V, otros rivales desafiaron el poder romano.
Luego de cruzar a Europa en el año 192 a.C., Antíoco III el Grande, al rey Seleucida,
salió con la Liga Aetolia. Con esta alianza, entonces, desafió a los romanos.
Así, el 24 de abril de 191 a.C., ocurrió una nueva batalla de las Termópilas. Esto,
en el marco de la Guerra Romano-Seljúcida. Al frente de las tropas romanas estuvo el
cónsul Manio Asilio Glabrión. Ahora bien, varios años antes, en el 480,
durante la Batalla de las Termópilas, Leónidas y las fuerzas gregas, que dirigía,
defendieron el paso de las Termópilas. La defensa grega era en contra de los persas,
es decir, de los atacantes flanqueadores que envió Jérgez I. Y justamente ese rol de los
persas fue el que imitó tres siglos después, Capitón con su flanqueo nocturno, con el que
no solo terminó rodeando las líneas de defensa seleucidas, sino que también las atacó por la
retaguardia. Elefantes en Estampida y carros falcados condenan a Antíoco en Magnesia.
La derrota de Antíoco III en la Batalla de las Termópilas de 191 terminó por expulsarlo de
Grecia. De allí salió con rumbo a Éfeso. La guerra terminó por trasladarse al centro
de las tierras seleucidas. Esta vez las fuerzas de Antíoco se enfrentarían a las fuerzas romanas,
lideradas por Lucio Cornelio Escipión Asiático y al Reino de Pérgamo, que dirigía Eumenes II.
Los romanos sumaban unos 30.000 hombres, mientras que los seleucidas unos 70.000.
Los romanos tenían unos 16 elefantes africanos, Antíoco unos 54. Al comienzo Eumenes envió a
sus arqueros, lanceros y honderos hacia adelante, todo con propósito claro, hostigar los carros
falcados seleucidas, los cuales, al sufrir grandes bajas, terminaron abandonando el lugar en una
estampida. Antíoco, por su parte, había ejecutado algunos ataques exitosos, pero todo cambió cuando,
en su afán de llevar la persecución más lejos y asaltar un campamento romano,
se alejó demasiado del campo de batalla. Cuando volvió a reforzar sus filas,
su ejército estaba en desventaja. Pese a eso continuó la lucha, hasta que los proyectiles
enemigos hicieron que entraran en pánico los elefantes de guerra, lo cual provocó
que la flanque rompiera su formación, así que abandonaron las armas y se retiraron del sitio.
El Tratado de Apamea despoja una superpotencia hasta los huesos
Las dos derrotas de Antíoco en batallas seguidas, en el año 188 a.C., se vio forzado a aceptar la
paz de Apamea, un hecho que, en el mundo helenístico oriental, catapultó a Roma como la
potencia predominante. Obviamente, la firma del Tratado de Apamea denigró mucho más al rey
Seleucida, quien además de tener que entregar todos sus elefantes de guerra, se vio obligado
a abandonar Europa y Asia al oeste de las montañas del Tauro. Y esto no fue todo,
los Seleucidas tenían que pagar una indemnización de 15.000 talentos de plata,
aunque podían pagarlos por partes, y en la primera, que era de inmediato, debían dar 500.
Antíoco también debía entregar 20 rehenes, los cuales debían cambiarse cada 3 años,
con la excepción del propio hijo de Antíoco. Un eclipse lunar y el terreno quebrado destruyen
la falange macedónica para siempre en Pitna. Durante la Tercera Guerra Macedónica tuvo
lugar la Batalla de Pitna en el año 168 a.C. Este fue un conflicto entre Macedonia y Roma,
en el que esta última logró un auge sin igual en el mundo helenístico. Asimismo,
marcó el fin de la dinastía Antigónida, cuyo poder e influencia provenía de los
tiempos de Alejandro Magno. La noche del 21 de junio hubo un eclipse lunar,
la noche anterior al día en el que comenzó la batalla, un evento astronómico que los romanos
habían predicho, y que una vez manifestado, fue percibido como una señal de que los dioses
favorecían a Roma. Los macedonios no lo vieron así, sino como un mal augurio que anunciaba la
muerte de su rey. Esto de alguna manera impulsó a unos y retrajo a otros.
Aunado al eclipse estaban las condiciones del terreno, pues los romanos atrajeron a
los macedonios a la llanura ubicada al sur de Pitna, una posición mucho más débil. Al cruzar
el terreno quebrado, la falange macedonia perdió la cohesión, el terreno era muy irregular.
Con todas las cosas en contra, Parseo optó por huir con la caballería en el flanco derecho
macedónico, una caballería que incluso no había entrado en combate, por esta razón después fueron
acusados de cobardes. Emilio Paolo destruye 70 ciudades y esclaviza 150.000 epirotas en
una sola mañana coordinada. Emilio Paolo fue en la República Romana uno de los líderes militares
más ejemplares cuyo ejército a cargo esclavizó a 150.000 personas una mañana del año 167 a.C.
Estas personas esclavizadas vivían en 70 asentamientos en la región tribal de Molosia,
ubicada en la que otros tiempos fue la República Federada de Epiro.
Y es que durante la Tercera Guerra Macedónica, los molosos habían dado apoyo de forma imprudente
a Parseo contra los romanos, mientras Paolo libraba con éxito la guerra contra los macedonios. El
pretor Lucio Anisio Galo sometió a los molosos. No obstante, la esclavización masiva y sistemática
tuvo lugar durante el viaje de regreso de Paolo a Italia, una acción que doblegó la identidad
molosa. Un impostor que se parecía a un rey resucita brevemente Macedonia antes de que Roma
la aplaste. Recordemos que en el 168 durante la Tercera Guerra Macedónica, Parseo, el último
rey macedonio de la dinastía Antigónida, fue derrotado y destronado por los romanos, quienes
a través de un sistema de estados-vasallos no solo tomaron el control indirecto de la región,
sino que además incusieron condiciones muy duras con las que buscaban impedir que Macedonia volviera
a ser un estado poderoso. Y ese sistema fue efectivo durante dos décadas, pues en ese tiempo
se mantuvo la hegemonía romana. Sin embargo, esa hegemonía se derrumbó circunstancialmente en el
momento en el que un griego parecido a Parseo, y cuyo nombre era Andrisco, se proclamó hijo del
antiguo rey y, con la ayuda de tropas trasias, restableció el reino de Macedonia. Andrisco
consiguió el éxito en un inicio, logró derrotar a los aliados de Roma y a un ejército romano que
había sido enviado para detenerlo. Además, conquistó gran parte de Tesalia. No obstante,
su posición se debilitó considerablemente después de que otro ejército romano, al mando
de V Cecilio Metello, lo derrotara en el año 148 durante la Segunda Batalla de Pitná.
El impostor que se parecía a Parseo fue posteriormente traicionado y entregado a los
romanos. Macedonia fue convertida en una provincia romana luego de que Roma sofocara
algunas rebeliones menores y tomara el control directo de la tierra de Alejandro Magno.
El desafío de alto riesgo de la Liga Aquea termina en horas a las afueras de las murallas
de Corinto. Luego de la Cuarta Guerra Macedónica, los romanos se enfrentaron a la Liga Aquea en el
año 146 a.C., en lo que se conoce como la Guerra Aquea. Esa liga era una alianza de estados aqueos
y otros estados del Peloponeso en la antigua Grecia. La Guerra Aquea se convirtió en la
etapa final de la conquista romana de la Grecia continental, pero los aqueos estaban conscientes
de que participar en esa guerra era un desafío de alto riesgo, sobre todo porque sabían que Roma
acababa de derrotar a Macedonia. No obstante, entre las dos facciones las tensiones habían
aumentado, en especial porque luego de la Tercera Guerra Macedónica, los romanos habían tomado como
rehenes a varios aqueos, aunado a los frenos que ponía Roma a los intentos de expansión de la Liga
Aquea y de la posibilidad de que varias ciudades se separaran de la Liga. A pesar de todas las
razones que podían tener los aqueos, alzarse en un enfrentamiento era prácticamente entregarse
la derrota o a la muerte. Unas semanas antes del enfrentamiento, los romanos se habían movido con
rapidez. De hecho, la principal fuerza aquea ubicada en Escarfeia ya la habían destruido. Así,
lograron conquistar Beosia para, posteriormente, ir hacia Corinto. Los aqueos se negaron a rendirse,
a pesar de la gran ventaja que llevaban los romanos. Para defender a Corinto, su capital,
la Liga reunió un último ejército, un sacrificio al que prácticamente ellos mismos se sometieron por
voluntad propia, y solo bastaron unas horas para que los romanos derrotaran a los aqueos.
Mumio quema Corinto y adverta a sus soldados que tendrán que reemplazar cualquier obra maestra
dañada. Al final de la batalla de Corinto, parte de las tropas murieron, otra parte huyó y otra
fue capturada. Unos días después, los romanos entraron a la ciudad y, por órdenes de Mumio,
asesinaron a los hombres, esclavizaron a mujeres y niños e incendiaron Corinto.
Grecia se convierte en provincia romana, mientras Polivio ayuda a redactar su obituario político.
Todo el resto de Grecia quedó bajo el dominio romano, aunque según escribió Tito Livio,
hay que resaltar la integridad de Mumio, pues no tomó nada del botín.
Después de la conquista y sin perder tiempo, Mumios dio la orden de que las murallas de todas
las ciudades que habían participado en la revuelta fuesen derribadas y se vieron obligadas a entregar
sus armas y equipo militar. El fin de la independencia griega tuvo un testigo presencial
que a su vez fue cronista y mediador diplomático. Se trata del griego Polivio, quien en el año 167
había sido llevado a Roma en calidad de rehén, pero en el año 150 fue llevado de regreso a su
tierra y estaba en Corinto cuando ocurrieron los hechos. Esos hechos sobre la destrucción de la
ciudad lo describió de forma desgarradora y expone la rudeza y el desprecio de las fuerzas romanas
por las obras de arte que arrojaron al suelo. Gracias a que podía hacer uso de sus conexiones
romanas, Polivio volvió a Grecia luego de la destrucción de Corinto y le encargaron que
organizara en las ciudades gregas la nueva forma de gobierno.
Augusto completa la absorción
Durante un siglo, Grecia fue sometida a un control romano, esto desde la desastrosa derrota en Corinto
hasta el año 27 antes de Cristo, en los tiempos de Augusto. En este lapso, Grecia estuvo sin una
estructura provincial propia y definida. Tras algunos acontecimientos, Augusto separó a Calle
de Macedonia en el año 27 antes de Cristo. Aunque Calle mantuvo su nombre aqueo, Augusto
la transformó en su propia provincia, solo que contempló un área territorial mayor en la que
estaba incluido todo cuanto se ubicaba al sur de una línea desde el Golfo Eubeo hasta Actium.
Así se cerraba formalmente un proceso que comenzó en el año 146 antes de Cristo,
es decir, se completaba la absorción con la creación de la provincia de Calle.
Roma ganó todas las guerras, derrotó a Filipo V en Cienocéfalas, humilló a Antioco III en
Magnesio, aplastó a Parseo en Pitna, y arrasó Corinto hasta los cimientos. Sin embargo,
en el plano que verdaderamente moldea a las civilizaciones, el de las ideas, el arte y la
educación, fue Grecia la que terminó conquistando Roma. Los romanos no destruyeron la religión
griega. La reinterpretaron y la adoptaron como propia. Zeus pasó a llamarse Júpiter. Ares se
convirtió en Marte y Afrodita en Venus, pero el panteón siguió siendo, en esencia, el mismo que
se veneraba en Atenas y en Olimpia. Tampoco destruyeron su filosofía. Las escuelas
gregas se trasplantaron a Roma. El estoicismo, nacido en el pórtico de Atenas,
terminó siendo la filosofía de los emperadores. Marco Aurelio, el hombre más poderoso de su tiempo,
escribía sus meditaciones en griego, no en latín. Los romanos brillaron en lo que los
gregos nunca terminaron de dominar, la ingeniería. Construyeron carreteras que aún hoy se pueden
recorrer, acueductos que cruzaban valles enteros, y ciudades que sostenían a más de un millón de
habitantes. Pero cuando un romano de familia acomodada quería formar a sus hijos, no los
enviaba a una academia romana. Los mandaba a estudiar a Atenas, a Rodas o a Alejandría.
Tras la conquista, Grecia dejó de ser una potencia política, pero se convirtió en el
centro educativo del imperio. Y ahí está la gran paradoja de esta historia. La legión venció a la
falange, pero la lengua, los dioses y los libros del vencido terminaron habitando para siempre la
casa del vencedor. Esperamos que este vídeo te haya sido útil. Si tienes algo que agregar,
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Roma conquistó Grecia. Si eres nuevo en nuestro canal, no olvides suscribirte. No se te olvide
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