La mentira del Emperador Constantino: ¿Nunca fue Cristiano?

Relatos Históricos
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Otros creen que Constantino apreció visionariamente que el cristianismo podía ser el pegamento que le urgía al imperio, en medio de un proceso de fragmentación y división.
¿Qué hay de cierto sobre la autenticidad del cristianismo de Constantino? ¿Cómo fue la vida de este célebre personaje? ¿Cómo murió y cuáles fueron sus legados más allá de la religión? Quédate hasta el final para que conozcas los apasionantes hechos históricos de la vida del gran Constantino.
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La mentira del emperador Constantino ¿Nunca fue cristiano?
Constantino I el Grande ha sido la figura no eclesiástica más influyente en la historia
del cristianismo.
Fue el primer emperador romano en convertirse al credo de Cristo, promulgó el Edicto de
Milán en el año 313, que convirtió la fe cristiana en una religión legal en el Imperio
Romano.
Fue el artífice del primer concilio de Nicea en el año 325, la primera reunión ecuménica
del cristianismo, donde hay rumores de que se establecieron los cánones de la actual
Biblia y se bautizó en su lecho de muerte, y fundó la ciudad de Constantinopla.
En apariencia el conjunto de las anteriores acciones convertirían al hijo de Santa Elena
en un auténtico cristiano, pero ¿lo fue realmente?
Muchos historiadores lo dudan y creen que Constantino sólo utilizó el cristianismo
para sus fines políticos.
Otros creen que Constantino apreció visionariamente que el cristianismo podía ser el pegamento
que le urgía al imperio, en medio de un proceso de fragmentación y división.
¿Qué hay de cierto sobre la autenticidad del cristianismo de Constantino, cómo fue
la vida de este célebre personaje, cómo murió y cuáles fueron sus legados más allá
de la religión?
Quédate hasta el final para que conozcas los apasionantes hechos históricos de la
vida del gran Constantino.
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¿Quién fue Constantino?
Constantino I, también conocido como Constantino el Grande, emperador de Roma entre los años
306 y 337, fue el primer soberano romano en convertirse al cristianismo.
Su reinado marcó una época nueva en la historia del Imperio Romano, y un periodo capital en
la transición de la Antigüedad Clásica a la Edad Media.
Su herencia política más inmediata fue el reemplazo de la Tetrarquía de Dioclesiano,
con el principio de facto de sucesión dinástica, al dejar el imperio a sus hijos y otros miembros
de la dinastía Constantiniana.
Promulgó el Edicto de Milán, que estableció la libertad religiosa en el Imperio Romano
y puso fin a la persecución de los cristianos.
Su reputación floreció durante la vida de sus hijos y durante siglos después de su
reinado.
La iglesia medieval lo consideró un modelo de virtud, mientras que los gobernantes seculares
lo invocaban como prototipo, símbolo de legitimidad e identidad imperial y punto de referencia.
Desde el Renacimiento ha habido juicios más críticos sobre su legado, con el redescubrimiento
de fuentes que lo cuestionan.
Muchos historiadores dudan de la sinceridad de sus creencias cristianas.
Constantino hizo cristiana a Roma, pero con frecuencia se cuestiona la sinceridad de su
creencia, que puede calificarse al menos como contradictoria.
Fue sin duda una de las personas más notables de la historia de Europa, porque su gobierno
marcó el punto de partida para la conformación de una iglesia católica romana extremadamente
poderosa.
Detuvo la persecución de los cristianos y los favoreció tanto política como financieramente
durante todo su reinado.
Limitó los templos paganos y construyó muchas iglesias cristianas, incluyendo la primera
basílica de San Pedro de Roma, llamada Basílica Constantiniana, que estaba en el mismo lugar
en el que se encuentra la actual.
Sin embargo, a pesar de su claro apoyo al cristianismo, que cambió la vida de millones
de personas, no resulta obvio que fuera un cristiano muy comprometido y de hecho veneró
dioses paganos durante la primera parte de su gobierno.
Muchos estudiosos han dudado de la sinceridad de sus creencias, señalando que más bien
se subió a la cresta de la ola de la nueva religión en auge.
Constantino tenía una fe superficial.
Constantino probablemente retuvo el título de pontífice máximo que los emperadores
llevaban como jefes de la antigua religión romana pagana hasta que Graciano renunció
a la dignidad cuatro décadas después de finalizado el reino de El Grande.
Esto constituiría un indicio de la superficialidad de su fe cristiana.
Según fuentes cristianas, Constantino tenía más de 40 años cuando finalmente se declaró
creyente del cristianismo, dejando en claro que debía sus éxitos únicamente a la protección
del dios supremo cristiano.
Sin embargo, a pesar de estas declaraciones de conversión, sólo fue bautizado cuando
se encontraba en su lecho de muerte.
Como ocurría con muchos bautizados tardíos, posiblemente lo hizo porque creía que el
bautismo lo liberaría de los pecados cometidos en el transcurso de su vida.
Es posible que su retraso en bautizarse se haya debido a que, según mencionó a miembros
de la jerarquía cristiana, deseaba realizar esta ceremonia en el río Jordán, donde Juan
el Bautista había bautizado a Jesús.
Constantino mató a su propio hijo, Crispo, y a su propia esposa, Fausta.
Flavio Julio Crispo fue el hijo primogénito de Constantino el Grande, con su primera esposa
Minervina, aunque existen versiones de que su padre no era el emperador.
Crispo fue comandante de tropas y gobernó Augusta, Treverorum, en la Galia Romana entre
los años 318 y 323.
Fue César al lado de Constantino entre los años 317 y 326, cuando su padre ordenó su
muerte.
La vida de Crispo llegó a un final repentino cuando fue ejecutado por orden de su padre
en Pola, Istria, en la región Augusta de Venecia, con un veneno frío, según el poeta
Poco después, Constantino también hizo matar a su esposa Fausta mediante un baño caliente,
según varias fuentes.
Tanto Fausta como Crispo fueron objeto del Danmatio Memoriae, o Condena de la Memoria,
y sus nombres quedaron borrados de las inscripciones, imágenes, monumentos y de todo lo que recordara
su memoria.
El motivo de las muertes nunca quedó claro, aunque se cree que se debió a una relación
ilícita entre Crispo y su madrastra.
El matrimonio que cambió a Roma
Constantino abandonó a Minervina, su primera esposa, para casarse con Flavia Máxima Fausta,
hija del emperador Maximiano.
El matrimonio selló un acuerdo que condujo a la Tretarquía en el año 293.
La Tetrarquía dividió el imperio romano entre dos emperadores mayores, llamados Augustos,
y dos subalternos y sucesores designados, denominados Césares.
Esta alianza marcó el final de la crisis del siglo III.
En el año 310, ya con Constantino como emperador mayor, Fausta le contó los planes de Maximiano
para asesinarlo.
De esta manera, la esposa de Constantino contribuyó a la muerte de su propio padre y se ganó
la lealtad de su esposo.
Fausta le dio tres hijos a Constantino, Constantino II, Constancio II y Constante, todos después
emperadores como miembros de la dinastía Constantiniana.
La pareja tuvo también tres hijas, incluida Helena, esposa del emperador Juliano.
Fausta fue respetada por Constantino, quien la nombró Augusta en el año 323.
Nada de esto impidió que el emperador ordenara su muerte por ebullición cuando sospechó
de su adulterio con Crispo.
La mentira que mató al futuro emperador Crispo
En el año 326, empezaron a circular rumores por Roma respecto a que la emperatriz Fausta,
esposa de Constantino, estaba sosteniendo una relación con su hijastro Crispo, hijo
mayor del emperador y César de la Tretarquía.
Algunos historiadores especulan que el rumor fue difundido por la misma Fausta, que intentaba
desacreditar al primogénito y heredero político de Constantino en favor de sus propios hijos
con el emperador.
Cuando los rumores llegaron a oídos de Constantino, el emperador montó en cólera, y una asustada
Fausta le confesó, llorando, que había sido atacada sexualmente en varias ocasiones
por Crispo, a pesar de que había intentado impedirlo.
Incluso, para dar mayor credibilidad a sus palabras, Fausta pagó a varios guardias y
esclavos para que confirmaran su versión.
Enfurecido, Constantino hizo matar a su hijo y futuro emperador, presuntamente por una
mentira.
Elena, la madre de Constantino y futura Santa Elena, nunca creyó la historia de Fausta
y siempre le reprochó a su hijo la muerte de su nieto.
Después Fausta correría la misma suerte, cuando el emperador quiso corregir un mal
con otro.
CONSTANTINO VENERABA AL DIOS SOL INVICTUS
Incluso después de favorecer a los cristianos con distintas acciones de gobierno, Constantino
continuó venerando al Sol Invictus, el dios solar pagano, al menos durante la primera
mitad de su reinado.
Era habitual que los emperadores romanos se identificaran con una deidad favorita para
efectos iconográficos, y el Sol Invictus, como astro invencible, era uno de los preferidos.
En el año 323, cuando habían transcurrido 18 años desde el comienzo del reinado de
Constantino, y 12 desde su supuesta conversión al cristianismo, todavía se acuñaban monedas
con la figura del dios del Sol.
Y un texto señala que el emperador había tenido una visión del dios Apolo, asegurándole
que estaría por lo menos 30 años en el trono.
En la medida que avanzó el reinado de Constantino, el uso de imágenes paganas empezó a reducirse,
en favor de símbolos cristianos, aunque esto no asegura que se haya producido una auténtica
conversión del emperador.
REVOLUCIÓN RELIGIOSA
Los historiadores estiman que el número de cristianos durante el reinado de Constantino
era de un máximo de 10%, es decir, que el cristianismo era un culto importante, pero
no mayoritario.
Los cristianos habían sido cruelmente perseguidos durante los gobiernos anteriores, y si el
apoyo de Constantino al cristianismo representó una elección pragmática, no lo fue porque
era la religión mayoritaria, aunque estuviera creciendo vigorosamente.
En realidad, antes de imponerse como religión hegemónica, el cristianismo tuvo que competir
en medio de una revolución religiosa y del pensamiento, con otras filosofías y credos,
como el Gnosticismo, el Neoplatonismo, el Miltraismo y el Maniqueísmo.
El Gnosticismo fue una mezcla temprana de cristianismo y creencias judaicas, el Neoplatonismo
fue una revitalización del pensamiento de Platón que se produjo en el siglo III en
la Alejandría de herencia helenística, pero ya romana desde hacía más de dos siglos.
El Miltraismo fue un culto muy difundido en la Roma Imperial entre los siglos I y IV,
con especial implantación entre los soldados romanos.
El Maniqueísmo fue una religión universalista fundada por el persa Mani en el siglo III.
Agustín de Hipona, el futuro San Agustín, nacido 17 años después de la muerte de Constantino
y máxima figura intelectual del cristianismo durante el primer milenio, antes de ser cristiano,
fue maniqueo.
La confusión entre el sol y Jesús
En tiempos de Constantino, combinar el culto al sol con la religión cristiana no era motivo
de escándalo.
Ter Tulliano, escritor y padre de la iglesia que vivió entre los siglos II y III, menciona
que muchas personas creían que los primeros cristianos eran adoradores del sol debido
a algunos de sus comportamientos iniciales.
Agustín señaló que los miembros de la secta maniquea confundían a Jesús con el sol físico.
Todavía en el siglo V, el Papa León I el Magno lamentaba que algunos cristianos continuaran
inclinándose en honor al sol, tal como lo hacían los paganos.
Es posible que la vacilación de Constantino, entre Cristo y el Dios solo fueran realidad,
un sincretismo aceptado de Jesús con el astro como deidad.
Esto otorgaba a Constantino una ventaja como político, ya que podía promocionarse ante
audiencias más amplias.
Un frente religioso multifacético podía atraer a mucha gente y el uso del simbolismo
solar era una apuesta segura.
Constantino era hijo de un emperador romano.
Flavio Valerio Constancio, padre de Constantino el Grande, fue emperador romano entre los
años 293 y 305 durante la Tetrarquía, primero como César y durante sus últimos 14 meses
como Augusto.
Reinó como Constancio I y en su condición de César dirigió varias campañas militares
en la región del Rhin, derrotando a los alamanes y a los francos.
Cuando alcanzó el rango de Augusto, emperador mayor en mayo del año 305, tras la abdicación
de Dioclesiano, lanzó varias campañas exitosas contra los rebeldes pictos, más allá de
la muralla de Antonino.
Se sabe poco de la vida temprana de Constancio, afirmándose que su madre era sobrina de los
emperadores Claudio II y Quintilo.
Sin embargo, muchos historiadores modernos creen que esta genealogía real fue un invento
de su hijo Constantino el Grande para legitimar su dinastía.
El padre de Constantino murió repentinamente en el año 306 en Eburacum, la actual ciudad
inglesa de York.
Vida temprana de Constantino
Constantino nació el 27 de febrero de 272 en Náuseos, hoy Nis, en Serbia, que formaba
parte de la provincia romana-balcánica de Dardania.
Se desconoce su nombre completo original y ha sido identificado con los prenombres de
Lucius, Marcus y Gaius.
Su padre, Flavio Constancio, fue un ilirio oriundo de la misma región en la que nació
su hijo.
Su madre, Flavia Julia Elena, era una grega de baja posición social que en el siglo IX
sería canonizada como Santa Elena.
Se desconoce si los padres de Constantino estaban casados o si eran concubinos.
Se cree que Constantino pasó poco tiempo con su padre, un oficial del ejército romano
que formaba parte de la Guardia Imperial del emperador Aureliano, que fue gobernador provincial,
prefecto pretoriano y emperador.
En 288 o 289, Flavio Constancio dejó a Elena para casarse con Teodora, hijastra del coemperador
Maximiano.
Constancio fue designado César y su hijo Constantino empezó a prepararse para heredar
el cargo, sirviendo a la corte de Dioclesiano en Nicomedia.
Reinado Temprano
En el año 305, renunciaron los dos emperadores mayores, Dioclesiano y Maximiano, y Constantino,
que se encontraba en campaña militar en la Britania romana, fue proclamado Augusto por
su ejército.
La proclamación de Constantino fue aceptada en Britania y la Galia, pero rechazada en
Hispania y otras regiones del imperio.
Buscando una solución de compromiso, Galerio, uno de los nuevos Augustos, nombró César
a Constantino, con autoridad sobre Britania y la Galia.
Sin embargo, el arreglo no funcionó por la aparición de otro actor, Magencio, hijo del
anterior Augusto Maximiano, quien tenía el apoyo de la guardia pretoriana y de la plebe
y fue proclamado Augusto en Roma.
Constantino nunca aceptó su nombramiento de César, siendo finalmente reconocido como
Augusto por Galerio.
De esta forma, en el año 306, el imperio tenía cuatro Augustos, o emperadores mayores.
Esta situación se extendió hasta el año 312, cuando Constantino se convirtió en Augusto
indiscutido de Occidente.
Desde sus comienzos como gobernante, Constantino manifestó una actitud tolerante con el cristianismo,
aunque todavía no se había declarado cristiano.
Guerra contra Magencio
Cuando Galerio nombró César a Constantino, el retrato de este fue llevado a Roma como
era costumbre, y Magencio se burló del retratado, señalándole como hijo de una ramera.
Galerio murió en el año 311, dejando el imperio en una situación caótica.
Maximino se apoderó de Asia Menor, mientras que Constantino recorría sus dominios de
la Galia y Gran Bretaña.
Y Magencio se preparaba para la guerra, fortificando el norte de Italia.
Sin embargo, el gobierno de Magencio desde la península itálica era inseguro y estallaron
disturbios en Roma y Cartago.
A pesar de que sus generales y adivinos le recomendaron no atacar a Magencio, en la primavera
del año 312, Constantino cruzó los Alpes cosios con un ejército de 40.000 hombres
y realizó una campaña triunfal, conquistando sucesivamente las actuales ciudades de Susa,
Turín, Brescia, Verona, Módena y Ravenna, y allanando su camino hacia Roma.
Magencio, que esperaba en la capital imperial, decidió salir con su ejército en busca de
su rival.
Antecedentes de la Batalla del Puente Milvio
El 28 de octubre de 312, los ejércitos de Constantino y Magencio se enfrentaron cerca
del Puente Milvio, uno de los tantos que cruza el río Tiber en Roma.
Fue el último enfrentamiento entre las fuerzas de los dos Augustos del Imperio, llegando
así a su fin el proceso político y militar, iniciado en el año 293, cuando el Imperio
Romano fue dividido en dos partes, cada una regida por un Augusto, o emperador mayor,
y un César, o emperador menor.
Tras la muerte de su padre, Constantino fue proclamado Augusto por su ejército.
Entró en escena Magencio, quien también fue nombrado Augusto, y comenzó una gran
rivalidad entre éste y Constantino, que llegó a los campos de batalla en varias ciudades
italianas, hasta su desenlace definitivo en el Puente Milvio.
El mito de la visión de Constantino
Se dice que en la tarde del 27 de octubre del año 312, mientras los ejércitos de los
dos emperadores enemigos se alistaban para enfrentarse en la Batalla del Puente Milvio,
Constantino tuvo una visión que lo llevó a creer que iba a combatir bajo la protección
del dios cristiano.
Sin embargo, existen diferencias entre las versiones que han sobrevivido sobre esta supuesta
visión.
El escritor latino-africano Lucio Lactantio, quien estaba vivo cuando los sucesos del Puente
Milvio, afirmó en su obra, sobre las muertes de los perseguidores, que la noche anterior
al día de la batalla, Constantino recibió en un sueño la orden de delinear el signo
celestial en los escudos de sus soldados.
Según Lactantio, Constantino obedeció las órdenes de su sueño y marcó los escudos
de sus soldados con un signo que representaba a Cristo.
El cronista describe el signo como un staurograma, una cruz monogramática latina compuesta por
una superposición de las letras gregas tau, equivalente a t, y ro, o p.
¿Quién fue Eusebio y qué relación tuvo con el emperador Constantino?
Otro cronista que se refirió a la batalla del Puente Milvio fue Eusebio de Cesárea,
quien escribió dos veces sobre el enfrentamiento, la primera vez, de forma breve, en su libro
Historia Eclesiástica.
En esta obra, Eusebio defiende la creencia de que el dios de los cristianos ayudó a
Constantino en la batalla, pero no menciona ninguna visión.
Eusebio de Cesárea, probablemente así llamado por la colonia romana de Cesárea Marítima,
en la región de Siria Fenicia, fue obispo y exégeta, y es considerado el fundador de
la historia de la iglesia, porque sus escritos están entre los primeros relatos históricos
del cristianismo primitivo.
En el año 296, estando en Palestina, conoció a Constantino cuando el futuro emperador visitó
esta provincia romana como miembro del séquito de Dioclesiano.
En el año 336, cuando se celebró el aniversario número 30 del ascenso de Constantino al trono,
Eusebio de Cesárea pronunció un discurso retratando al emperador como el rey cristiano
ideal.
Fue depuesto como obispo en el año 336, acusado de defender la doctrina del heresiarca africano
Sabelio, y murió en 339 o 340.
¿Qué decía Eusebio de la visión de Constantino en la batalla de Milvio?
En Vida de Constantino, su segunda obra en la que se refirió a la batalla del puente
Milvio, Eusebio de Cesárea ofreció un relato detallado de la presunta visión de Constantino
antes del combate, enfatizando que escuchó la historia de boca del propio emperador.
Según esta versión, Constantino estaba marchando con su ejército cuando vio hacia el sol,
observando una cruz de luz sobre el astro, así como un texto griego, que traducido a
latín equivalía a Inhoc signo vinces, o en este signo vencerás.
De acuerdo con Eusebio, en principio Constantino no estaba seguro sobre el significado de su
visión, pero la noche siguiente soñó que Cristo le explicaba sobre cómo utilizar la
señal contra sus enemigos.
Eusebio continuó su relato describiéndola en seña militar del ejército del emperador
en sus posteriores guerras contra Licinio, mostrando el crismón, o símbolo shiro, una
combinación de las letras X y P, conocida también como una de las representaciones
del cristograma o monograma de Cristo.
Ganó la batalla del puente Milvio
Antes de la batalla, se creía que Magencio iba a intentar resistir un asedio protegido
por las supuestamente inexpugnables murallas romanas.
De hecho, había utilizado exitosamente esa estrategia durante los asedios previos de
Severo y Galerio, y tenía almacenada una gran cantidad de alimentos en previsión de
un sitio prolongado.
Sin embargo, sorprendió con su decisión de enfrentar a Constantino en una batalla
abierta y situó a su ejército cerca del puente Milvio.
Algunas fuentes antiguas señalaron que la repentina decisión de Magencio de plantar
batalla fue una intervención divina en favor de Constantino.
Igualmente se mencionó que el 28 de octubre, día de la batalla, era el aniversario de
su ascenso al poder, lo que se consideraba un buen augurio.
Otra versión señala que Magencio consultó los libros civilinos oraculares que supuestamente
le dijeron que el 28 de octubre perecería un enemigo de los romanos, profecía que interpretó
a su favor.
Los dos ejércitos se enfrentaron con una victoria decisiva de Constantino, quien en
ese mismo día, 28 de octubre de 312, entró triunfalmente a Roma.
Edicto de Milán, una acción más política que religiosa.
El Edicto de Milán fue un acuerdo de febrero de 313 entre Constantino y su colega y rival,
el emperador Licinio, quien controlaba los Balcanes, para otorgar a los cristianos un
trato benevolente.
La reunión cumbre se celebró en la ciudad de Mediolanum, la actual Milán, y entre otras
cosas, los dos emperadores acordaron cambiar las políticas hacia los cristianos, tras
el Edicto de Tolerancia de Nicomedia.
Promulgado por el emperador Galerio dos años antes, que puso término a las persecuciones
contra los miembros de la nueva religión.
El Edicto de Milán otorgó al cristianismo el estatus de credo legal, pero no lo convirtió
en la religión oficial del Imperio Romano, lo que sí se instituyó en el año 380, con
el Edicto de Tesalónica.
Aunque la iniciativa fue de Constantino, recién convertido al cristianismo, muchos historiadores
piensan que fue una acción más política que religiosa, por parte del emperador, quien
de esta forma aumentó su aceptación entre el pueblo adepto a una religión en auge.
Concilio de Nicea en el año 325 y el rol de Constantino.
El primer concilio de Nicea, realizado entre mayo y agosto del año 325, en la ciudad bitinia
de ese nombre, ahora Iznik en Turquía, fue una reunión de obispos cristianos patrocinada
por el emperador Constantino.
Fue el primero de muchos esfuerzos ecuménicos para conseguir consensos en la iglesia a través
de una asamblea con representantes de toda la cristiandad.
Entre sus principales resoluciones estuvieron el establecimiento del credo, como la declaración
básica del cristianismo, y la promulgación de 20 leyes eclesiásticas, llamadas cánones.
Como máxima autoridad civil del imperio, Constantino garantizó la seguridad del evento.
También financió con fondos públicos los gastos de traslado y alojamiento de los 318
obispos participantes, y acondicionó el gran salón en el que se realizaron las deliberaciones.
El emperador pronunció las palabras inaugurales del concilio, exhortando a los obispos al
entendimiento y la concordia, y llamándolos a guiarse por las sagradas escrituras.
Fundación de Constantinopla en el año 330.
Desde antes de la llegada de Constantino al trono, el centro de poder del imperio romano
se había desplazado desde el más pobre y menos poblado occidente, hacia las ricas y
vigorosas ciudades del este.
Diocleciano había elegido a Nicomedia, no lejos de Bizancio, como su capital, una ciudad
bien situada para defender Tracia, Egipto y Asia, y Constantino reconoció la importancia
estratégica de proteger el Danubio de las incursiones bárbaras y de la hostil Persia.
Una nueva capital en esa región permitiría además controlar el tráfico marítimo entre
el Mediterráneo y el Mar Negro.
La nueva ciudad fue fundada, o más bien refundada sobre la antigua Bizancio, en el año 324,
y en el año 330 pasó a llamarse Constantinopla, en honor del emperador Constantino.
La Vera Cruz, la supuesta cruz en la que fue crucificado Jesús, y la vara de Moisés,
fueron las dos principales reliquias escogidas por Constantino para proteger la nueva ciudad.
Enfermedad y muerte de Constantino
Constantino enfermó seriamente en la primavera del año 337, pero sospechando que su final
no estaba muy lejano.
Desde antes había preparado secretamente un lugar en la iglesia de los Santos Apóstoles
de Constantinopla, que él mismo había mandado a construir para su enterramiento.
Viajó para realizarse un tratamiento de baños calientes cerca de la ciudad de Helenópolis,
intentó regresar a Constantinopla, pero sólo pudo llegar hasta un suburbio de Nicomedia.
Convocó a varios prelados y les habló de su interés en ser bautizado, seleccionando
a Eusebio de Nicomedia, obispo de la ciudad en la que agonizaba, para que le administrara
el sacramento.
Constantino I el Grande murió el 22 de mayo del año 337, en la villa Aquirón, en las
afueras de Nicomedia.
Su cuerpo fue trasladado a Constantinopla y enterrado en un sarcófago de granito, en
el lugar por él designado en la iglesia de los Santos Apóstoles.
Sus restos sobrevivieron al saqueo de la ciudad durante la Cuarta Cruzada, en 1204, pero fueron
destruidos en algún momento posterior.
Constantino no estableció el cristianismo como la religión oficial de Roma.
Algunas versiones señalan que Constantino se convirtió en una especie de líder de
la iglesia católica alrededor del año 313, tras su conversión al cristianismo, sin embargo,
este liderazgo es cuestionable, dado que ni siquiera estaba bautizado y solo lo estaría
poco antes de morir.
Ese mismo año se promulgó el Edicto de Milán, que no convirtió al cristianismo en la religión
oficial del Imperio Romano, sino que lo hizo un credo de práctica legal, como ya lo eran
el paganismo y el judaísmo.
Otras fuentes trasladan el comienzo del liderazgo cristiano de Constantino hasta el año 325,
tras convertirse en el gran artífice del Primer Concilio de Nicea, que fue el esfuerzo
pionero de unificación del cristianismo.
Al emperador le interesaba una religión cristiana unificada que constituyera un pegamento entre
los distintos territorios imperiales, en proceso de fragmentación y división.
Sin embargo, Constantino murió sin ver al cristianismo como la religión oficial de
su imperio, acontecimiento que se produjo el 27 de febrero del año 380, cuando el emperador
Teodosio promulgó el Edicto de Tesalónica.
CONSTANTINO FUE UN GRAN REFORMADOR
Aparte del primer emperador romano cristiano, lo haya sido por interés político o por
auténtica fe, Constantino también fue un gran reformador, dejando su importancia mediante
reformas políticas, militares, administrativas y monetarias.
Entendió que debía trasladar la capital imperial hacia oriente por razones geopolíticas,
económicas y militares, y fundó Constantinopla, una ciudad mucho más defendible que Roma,
por su localización privilegiada y sus puertos bien protegidos.
La cercanía de la nueva capital a las fronteras calientes del este, aseguraba una respuesta
militar más rápida.
La condición de Constantinopla, la actual Estambul, la encrucijada entre Europa y Asia,
la convirtió rápidamente en una ciudad rica y cosmopolita.
Después de la caída del Imperio de Occidente, sería la capital del Imperio de Oriente durante
un milenio.
Constantino reorganizó el sector militar, estableciendo guarniciones fronterizas y
un ejército de campaña más pequeño, pero de mayor movilidad y dotado de unidades de
élite.
Modernizó el sistema monetario introduciendo el patrón oro y el sólidus, o sólido bizantino,
una moneda con mayor peso y pureza, que mantuvo su valor hasta el siglo XI.
Constantino estableció una nueva dinastía imperial.
Constantino dio su nombre a la dinastía Constantiniana, comenzada por su padre, y que se extendería
durante 79 años, hasta la muerte del emperador Juliano en el año 363.
Tras la muerte de Constantino, el trono romano pasó a sus tres hijos varones con Fausta,
Constantino II, Constancio II y Constante.
Los tres hermanos fueron co-emperadores desde el año 337, aunque Constantino II, hijo mayor
de Constantino y Fausta, que había sido nombrado César por su padre en el año 317, intentó
imponer derechos de primogenitura.
Se dividieron el imperio entre los tres y Constantino II, que gobernaba Britania, Galia
e España, murió en el año 340, cuando fue emboscado por generales de su hermano Constante.
Constancio II, también César, bajo su padre, gobernó la parte oriental del imperio y reinó
sólo hasta su muerte en el año 361, tras el asesinato de su hermano Constantino II
en 1340 y el de su otro hermano Constante, asesinado en el año 350 por el usurpador
Magnencio.
Henry Gregor dice que Constantino sólo usó al cristianismo por sus poderes políticos.
Las modernas interpretaciones del reinado de Constantino comenzaron en el siglo XIX
con la obra La era de Constantino el Grande, de Jacob Burckhardt.
Este instruador suizo presenta al emperador como un secularista intrigante y un político
capaz de todas las manipulaciones para asegurar su propio poder.
Posteriormente, el belga Henry Gregor, un notable estudioso de la antigüedad europea
y del imperio bizantino, dijo en la década de 1930 que Constantino sólo había desarrollado
su interés por el cristianismo después de apreciar su utilidad política.
Gregor se mostró escéptico sobre la autenticidad de los textos sobre Constantino atribuidos
a Eusebio de Cesárea y postuló a un falso Eusebio como el autor de las obras laudatorias
del emperador.
La mentira de la donación de Constantino La donación de Constantino es el nombre que
recibe un decreto imperial falsificado, atribuido a Constantino el Grande, mediante el cual
el emperador romano transfirió al papa la autoridad sobre Roma y la parte occidental
del imperio.
El decreto compuesto probablemente en el siglo VIII fue utilizado posteriormente, especialmente
en el siglo XIII, para respaldar las afirmaciones de autoridad política de la Santa Sede.
Aunque la legitimidad del documento venía siendo repetidamente cuestionada a lo largo
de varios siglos, se le atribuye a Lorenzo Villa, un humanista renacentista y sacerdote
católico italiano del siglo XV, la demostración de su falsedad mediante un sólido estudio
filológico del texto, realizado entre los años 1439 y 1440.
¿Era cristiano, Constantino?
¿Fue Constantino el Grande un auténtico cristiano?
Transcurridos casi 1700 años desde su muerte, probablemente nunca se tendrá una respuesta
certera a esta pregunta.
Sin embargo, si defendió el cristianismo únicamente por propósitos políticos, o por
este interés más que por el religioso, sólo fue el primer alto gobernante en hacerlo.
Después de él, muchos otros mandatarios han hecho lo mismo, no sólo con la fe cristiana,
sino con las religiones en general.
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