¿Quién era Baal el demonio antiguo mencionado en la Biblia?

Relatos Históricos
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1 Visualizaciones de video·16 jun 2026
La verdad de quién Baal ¿por qué era un dios para Israel? Hoy conoceremos cómo un dios pagano tuvo influencia importante en la forma como hoy entendemos el mal y la demonología.
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La verdad de quién era Baal, por qué era un dios para Israel.
Como un dios al que el propio pueblo de Israel llegó a adorar como su señor,
terminó convertido, siglos después, en la rey de todos los demonios,
identificado con el mismísimo Satanás del cristianismo.
Baal fue un dios de origen fenicio y cananeo, señor de la lluvia, las tormentas y la fertilidad.
Según la Biblia, el pueblo de Israel cayó una y otra vez en el pecado de idolatría al rendirle culto.
Como se relata en Números 25 y en 1 Reyes 16, pero su historia no termina ahí.
¿Por qué los mismos autores de la Biblia le arrebataron a Baal su título de jinete de las nubes?
¿Para dárselo a Yahvé?
¿Y por qué Jesús usaría esa misma imagen frente al sumo sacerdote?
¿Qué se escondía bajo las casi 20.000 urnas halladas en el Etófed de Cartago,
el mayor cementerio de sacrificios jamás descubierto?
¿Por qué más de mil años después, los caballeros templarios fueron llevados a juicio,
acusados de adorar a una deidad oscura ligada a esta misma figura?
Hoy conoceremos cómo un dios pagano tuvo influencia importante en la forma,
cómo hoy entendemos el mal y la demonología.
El nombre Baal significa señor o amo, tercer y segundo milenio antes de Cristo.
Baal o Baal es el nombre de una deidad religiosa cananea en el Antiguo Oriente Próximo.
Se la adoraba como un dios de la fertilidad y uno de los más poderosos del panteón.
El término también hace referencia a señor o amo,
por lo que como deidad se le consideraba como el señor de la tierra, de la lluvia y el rocío, y príncipe.
En el idioma ugarítico y en hebreo, el término Baal se asociaba con el dios de la tormenta.
Se creía que cabalgaba sobre las nubes.
En fenicio se le denominaba Bala Shamen, o señor de los cielos.
Durante los inicios de la tradición religiosa de Israel,
Baal no tenía una connotación negativa o demoniaca.
De hecho, llegó a considerarse como el dios más poderoso,
por lo cual se le consideraba como el señor de Israel.
Baal Hadad se erigió como el dios supremo de las tormentas en Canán y Ugarit.
Baal también era un dios importante para las religiones cananea, ugarita, mesopotámica y siria,
por quienes era conocido como Baal Hadad o Baal Hadad.
Era originario de Mesopotamia, donde se le consideraba un dios de la fertilidad y el cielo,
responsable de la lluvia, las tormentas y de la fertilidad de la tierra.
Baal Hadad se convirtió en el dios supremo o señor de los semitas occidentales,
al norte de Siria y las costas del río Éufrates y Fenicia,
debido a su poder y su superioridad, se le comparaba con dioses como Zeus y Júpiter.
El culto a Baal se extendió a Egipto durante el Reino Nuevo, 1550-1075 a.C.
En la décimo octava dinastía durante el Imperio Nuevo de Egipto,
el culto a Baal se estableció gracias a la extensión del imperio egipcio
hacia las regiones del cercano oriente.
Dado que uno de los dioses más adorados del cercano oriente era Baal,
su culto no tardó en unirse a los cultos religiosos egipcios.
El Ciclo de Baal, siglos XIV y XIII a.C.,
narra sus batallas cósmicas contra Yam y Mohot.
El Ciclo de Baal es un texto de origen ugarítico escrito entre los siglos XIV y XIII a.C.,
en el cual se narra el mito de Baal como dios de la tormenta y la fertilidad
y su elevación como dios supremo tras vencer a sus contrincantes, los dioses Yam y Mohot.
Estos textos se escribieron en tablillas y en escritura cuneiforme.
Se encontraron seis tablillas que fueron catalogadas como KTU 1.1 y 1.6.
El mito descrito en estas tablillas narra las batallas cósmicas de Baal
y su enfrentamiento primero al dios del mar, Yam, que buscaba quitarle su poder,
y luego a Mohot, dios de la muerte, quien también buscaba ocupar su lugar.
Baal logra así obtener el trono como dios supremo.
La derrota de Baal sobre la serpiente de siete cabezas, Lotán, es paralela al Leviatán bíblico.
En el ciclo de Baal, una vez que Baal derrota al dios Yam,
éste envía a una serpiente mítica a atacar a Baal.
Esta serpiente se conoce como Lotán, que en ugarítico significa serpiente enroscada o que se retuerce.
Esta serpiente tenía siete cabezas y se le ha relacionado con el Leviatán bíblico,
otra serpiente gigante que se asocia con el caos y la destrucción de quienes
no han llevado una vida libre de pecado.
Tanto Lotán como Leviatán son seres míticos.
Lotán es de origen ugarítico y Leviatán es el mismo ser en la tradición hebrea.
Estos seres a menudo son representados como serpientes de siete cabezas o dragones.
También se encuentran en otras mitologías con otros nombres, pero similar descripción y significado.
Estos seres se han acuñado bajo un tipo de concepto mitológico denominado Kaus Kams,
que categoriza las narraciones de dioses venciendo el mal, representado en seres marinos míticos y caóticos.
El incidente de Baal Peor, números 25, marcó la primera gran apostasía de Israel.
En el capítulo 25 de Números se relata la caída del pueblo de Israel en apostasía
debido a la adoración que profieren al dios Baal durante su estadía en Es-Sidim,
ciudad ubicada en las llanuras de Moab, cercanas a la Tierra Prometida.
En estos versículos los israelitas son seducidos por las mujeres de la región y tienen relaciones íntimas con ellas.
Seguidamente, envueltos en su pecado, siguen a los moabitas en sus actos de adoración a Baal de Peor,
comiendo sus comidas sacrificiales y postrándose ante este dios pagano.
Este acto hace enfurecer a Yahvé por la idolatría a otros dioses,
y se conoce como la primera gran caída de Israel en idolatría y apostasía,
lo que cobró la vida de miles de personas debido a una plaga que se liberó en consecuencia.
Posteriormente, la furia de Yahvé se calma y las plagas se detienen gracias a la acción de Epingaz,
quien en un acto de celo profundo asesina a un israelita y su mujer Madianita.
Cartago fue fundada en 814 a.C. con Baal Jamón como su dios principal.
La ciudad de Cartago, actual Túnez, fue fundada en el siglo IX a.C. por fenicios que procedían de tiro.
En Cartago, el culto a Baal Jamón se estableció con rapidez.
En el siglo VIII ya se le consideraba un dios supremo y el jefe del panteón cartaginés.
Se cree que su culto implicaba el sacrificio de niños en su honor.
Aunque esta práctica fue registrada por romanos y griegos,
fue descartada por estudiosos hasta que se encontraron restos arqueológicos en excavaciones al norte de África,
en Sicilia y Cerdeña, denominadas tofets, lápidas o estelas de roca
con inscripciones que revelan ser ofrendas a dioses, como Baal Jamón,
y su posterior sustituto, Daniet.
En estas estelas, los restos de niños encontrados, en su mayoría, corresponden a bebés de tres meses.
El rey Aqab y la reina Jezabel convirtieron el culto a Baal en religión oficial de Israel, siglo IX a.C.
Jezabel era hija del sacerdote y rey Edbal, de las regiones costeras de Fenicia.
Cuando se casó con el rey Aqab, quien gobernaba el Reino Norte de Israel
y cuyo mandato se extendió desde el año 874 a 853 a.C.,
se encargó de persuadir a su esposo para introducir el culto a Baal en el pueblo de Israel,
derribando así la autoridad y el culto exclusivo y monoteísta a Yahvé.
Jezabel logró que el culto a Baal se extendiera asesinando a los sacerdotes de Yahvé
y destruyendo a quienes se le oponían.
Una de sus acciones más representativas fue su enfrentamiento continuo con Elías, profeta de Yahvé,
quien profetizó una gran sequía como castigo por la idolatría.
Luego de más de una década de lucha entre los sacerdotes de Yahvé y los de Baal,
Elías fue traser arrojada por una ventana por orden de Yehú,
el comandante militar que había sido ungido como rey de Israel por orden del profeta Eliseo.
El desafío de Elías en el Monte Carmelo humilló a los profetas de Baal.
Debido a que Jezabel y Aqab mantenían el culto a Baal en Israel,
Elías profetizó tiempos de sequía para todo el territorio.
Según el primer libro de Reyes, capítulo 18,
tras tres años de sequía, Yahvé se dirigió a Elías y le encomendó presentarse ante Aqab porque haría llover.
Elías, que había permanecido oculto, lo hizo y retó a Aqab a una especie de duelo de dioses.
Así, le dijo que reuniera a todos los profetas de Baal y que tomaran dos novillos para sacrificio,
que prepararan uno y que Elías prepararía otro.
Los llevaría a cada uno a sus altares en el Monte Carmelo, pero no encenderían fuego.
Sería el dios verdadero el que enviaría el fuego. Así lo hicieron.
Los profetas de Baal prepararon el novillo según sus costumbres
y pasaron horas implorando a Baal que encendiera el fuego.
No ocurrió. Llegando el turno de Elías, éste preparó al novillo,
elevó al altar y creó una zanja a su alrededor.
Luego llenó con sus ayudantes todo de agua y ésta cubrió la zanja.
Luego de su oración, Yahvé envió el fuego que consumió el novillo y bebió del agua de la zanja.
Con esta confirmación, todos los presentes cayeron rostro en tierra
y reconocieron a Yahvé como el único dios.
Entonces Elías mandó a capturar a los profetas de Baal y de su consorte y los degolló.
Esta acción confirmó el poderío de Yahvé.
El rey Yehú ejecutó una purga masiva del culto a Baal en Israel, 841 a.C.
Yehú, el rey de Israel ungido por Eliseo, convocó a todos los seguidores de Baal
para un gran sacrificio en su honor, haciéndoles creer que había cambiado de dios.
Todos los creyentes en Baal de todos los territorios de Israel llegaron al templo de Baal,
donde se realizaba el sacrificio, pero Yehú no había cambiado de dios.
Se trataba de una estrategia para poner fin al culto a Baal.
Previamente, según relata el capítulo 10 del segundo libro de Reyes,
había apostado a sus soldados fuera del templo y les ordenó matar a cada uno de los seguidores de Baal.
Así lo hicieron, entraron al templo y los pasaron al filo de espada, acabando con la vida de todos.
Seguidamente destruyeron el altar, quemaron la estela y derribaron el templo.
Así el rey Yehú dio fin al culto de Baal en Israel.
El profeta Oseas usó el matrimonio como metáfora de la apostasía de Israel con Baal, siglo VIII a.C.
Los primeros tres capítulos del libro de Oseas del Antiguo Testamento
narran el amor constante e infinito de Dios hacia Israel.
El profeta Oseas utiliza la imagen del matrimonio y su simbolismo
para hablar del amor de Dios como esposo y de la traición de Israel como esposa adúltera al caer en la idolatría.
Las comparaciones y metáforas en estos capítulos
se relacionan directamente con el pueblo de Israel y su infidelidad a Dios,
aun cuando el autor usa imágenes del matrimonio y de su propio matrimonio con Gomer,
la esposa prostituta y adúltera.
Al final el texto revela que a pesar de la infidelidad del pueblo de Israel
y su continua insistencia en dudar e idolatrar a otros dioses,
Jabelo recibe de nuevo como un esposo a la esposa infiel,
porque le ama y su amor por Israel es infinito.
Valesebuba, dios de Ecrón, se convirtió en el bíblico señor de las moscas.
En el libro de Reyes, el nombre Valesebuba se menciona tres veces
en un pasaje donde Ocosías, rey de Israel,
tras encontrarse malherido por una caída,
manda a consultar a sus mensajeros sobre su recuperación a esta deidad.
Este dios, denominado Valesebuba,
era el dios al cual se le rendía culto en la ciudad de Ecrón,
debido a esta acción, que a veces enojó y mandó a decirle por medio de Elías
que, por su consulta a otros dioses, no se recuperaría y moriría.
El nombre de Valesebuba con el tiempo derivó en Belsebul, o Belsebut,
y como señor de las moscas en la literatura rabínica,
ya que en hebreo Sebub significa moscas.
Posteriormente se ha considerado que el término señor de las moscas
era una especie de burla de los transcriptores del texto Abal,
ya que en los textos ugaríticos no toma la forma Sebub, sino Sebul,
la cual significa príncipe o señor de la tierra.
Se cree que para desprestigiar a Abal o reducir su poder,
los transcriptores usaron el término Sebub como referencia a moscas,
putrefacción y decadencia.
Con el paso del tiempo, el término Valesebub derivó en Belsebu,
un demonio de gran poder que vemos reflejado en el Nuevo Testamento
cuando a Jesús se le increpa diciendo que expulsaba demonios en nombre de Belsebu.
Los autores bíblicos se apropiaron del epíteto de Vale,
jinete de las nubes, para ya ver.
Vale era considerado un dios de la fertilidad debido a su poder sobre la lluvia y las tormentas.
Por ello se le refería como jinete de las nubes.
Se creía que marchaba sobre las nubes como un carro
para llevar la lluvia y las tormentas a las regiones.
Con el tiempo, los autores bíblicos tomaron esta expresión o epíteto
para referirse a Yahvé.
Así lo vemos en el Salmo 68.4, el Salmo 104.3,
y en Isaías 19.1, donde se hace referencia a Yahvé como señor
que cabalga sobre las nubes.
De esta forma, los escritores bíblicos buscaban no solo exaltar el poder de Yahvé,
sino indicar a los israelitas que el verdadero jinete de las nubes
y señor de la lluvia era Yahvé.
Las profecías exílicas de Jeremías condenaron repetidamente el culto a Vale en Judá.
Jeremías fue un profeta hebreo que vivió entre el 650 y 570 a.C.
Como individuo, estuvo muy activo en la vida política y religiosa de Jerusalén y de su pueblo.
El libro de Jeremías del Antiguo Testamento y de la Biblia Hebrea fue escrito por él.
En este libro, Jeremías revela parte de sus conversaciones con Yahvé
y de las peticiones que Dios le hace de profetizar sobre la infidelidad de Israel
y el castigo venidero tras sus faltas en idolatría.
Entre los reclamos o exhortaciones que Jeremías realiza se encuentran repetidas veces
las condenas por el culto a Vale y a otras deidades como Ishtar.
Cada capítulo es una amonestación y un recordatorio de la idolatría de Israel,
su hipocresía y poca fidelidad cada vez que, por cualquier causa, optan por adorar a otros dioses.
En estos capítulos también se advierte sobre un nuevo exilio que se avecina como castigo.
La versión de Daniel del Hijo del Hombre viniendo con las nubes refleja imágenes del ciclo de Val.
El texto del ciclo de Val, el mito sobre Val y su lucha cósmica contra otros dioses
se asemeja mucho a la visión de Daniel en el capítulo 7 de su libro en el Antiguo Testamento.
En esta visión, Daniel ve monstruos marinos y de varias cabezas con cuernos
y otras características terribles.
También ve a un anciano sentado en un trono de fuego
y un ser parecido a un ser humano que llega flotando sobre las nubes.
Estas imágenes también están descritas en el ciclo de Val
y se han relacionado con el mito de Val,
pero en Daniel 7 el anciano representa a Yahvé
y el hombre entre las nubes a una especie de deidad bajo el mando de Yahvé,
lo que luego se entendió como un rey davídico elegido por Yahvé.
Posteriormente la teología cristiana entendería en esta profecía un anuncio de la llegada de Jesucristo.
Los sacrificios del Tófet, cartaginés,
alcanzaron su pico entre el 400 y el 200 a.C.
El Tófet de Cartago es el yacimiento arqueológico
que alberga el mayor cementerio de sacrificios humanos que se ha encontrado.
En este lugar se depositaban en pequeñas urnas las cenizas de los infantes previamente incinerados
en sacrificios rituales al dios Val Jamón y a su consorte.
Aunque aún existe cierta resistencia por parte de muchos investigadores
a creer que se trate de sacrificios infantiles,
un grupo de expertos sostiene que la evidencia arqueológica confirma
que sí se trataba de sacrificios debido a la cantidad de unas urnas encontradas,
aproximadamente 20.000,
que se cree que fueron depositadas entre los siglos 400 y 200 a.C.
Los sacrificios del Tófet aparecen descritos en la Biblia en el libro de Jeremías 7, 30-32,
donde Dios manifiesta que el pueblo de Judá ha realizado algo abominable ante sus ojos
y que jamás les pidió ni pensó quemar a sus hijos en sacrificio en Tófet.
En el segundo libro de Reyes, capítulo 17,
también se hace referencia a esta práctica en adoración a Val.
Jesús se identificó como el hijo del hombre de Daniel ante Caifás, Marcos 14, 62.
Jesús se refiere a sí mismo como el hijo del hombre varias veces a lo largo de todos sus discursos
y en contextos diferentes.
En el Evangelio de Marcos, capítulo 14, versículo 62,
utiliza una fórmula casi idéntica a la que Daniel le escribió en su visión.
Sí, yo soy, y veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del poder
y venir entre las nubes del cielo.
Con esta imagen, Jesús da a entender a Caifás que él es el hijo de Dios
y que se sentará a su derecha en el trono celestial y que regresará entre las nubes.
Jesús se apropia de la imagen de Daniel para tomar el lugar que le corresponde como hijo de Dios
y hacerlo saber al sumo sacerdote.
En otros contextos, Jesús utiliza la misma expresión,
hijo del hombre, para referirse a sí mismo como un servidor humilde,
para señalar el futuro de muerte y resurrección que le esperaba
y para advertir sobre su regreso escatológico en la parucía.
En el Nuevo Testamento, Belsebú, Belesebúl, es nombrado el príncipe de los demonios.
El nombre de Valsebúl con el tiempo se transformó en Belsebú o Belsebú.
Con este cambio también fue perdiendo su condición de deidad pagana
para convertirse en el príncipe de los demonios,
es decir, el que tiene el mayor poder o autoridad sobre todos los demonios.
Así se le encuentra en el Nuevo Testamento, específicamente en Mateo 12.24 y Marcos 3.22,
cuando se acusa a Jesús de expulsar demonios en nombre de Belsebú, príncipe de los demonios.
Bajo esta concepción, el antiguo dios Val pasó de ser un dios de la fertilidad
a adquirir connotaciones oscuras debido a los sacrificios que se le ofrecían
y su contraposición con Yahvé,
por lo que terminó por transformarse en Satanás dentro de la tradición cristiana.
El Corán condena el culto a Val en el Sura Ash Shafat 37.125, siglo VII d.C.
En el Corán, el culto a Val también es condenado, en el Sura Ash Shafat 37.125 se expresa,
invocas al ídolo de Val y abandonas al mejor de los creadores.
Es una clara referencia a la situación del pueblo de Israel bajo el mando del rey Acabi Jezabel,
cuando el culto a Val se hizo parte de la religiosidad del pueblo.
En las líneas que preceden a este versículo se refiere a que Elías fue el mensajero designado
para combatir el culto a Val, una deidad que se considera falsa
y por la que se asegura que el pueblo de Israel cayó en idolatría.
Los juicios a los caballeros templarios acusaron a la orden de adorar un ídolo llamado Baphomet.
Baphomet es una deidad oscura representada a partir del siglo XIX,
con forma humana, rostro de cabra, cuernos y patas de cabra,
una especie de representación del Satanás cristiano.
Su nombre apareció por primera vez durante los juicios a los caballeros templarios en el Medievo,
a quienes se les acusó de adorar a esta deidad.
Posteriormente, Baphomet pasó a formar parte del panteón pagano de diversas tradiciones ocultistas.
Las acusaciones y juicios a los templarios se realizaron entre 1307 y 1312 d.C.
Estas acusaciones se basaron en idolatría, herejía, sodomía,
relaciones íntimas entre hombres y escupir la cruz.
Aunque los cargos hasta la actualidad aún resultan dudosos,
ciertamente permitieron al rey Felipe IV de Francia expropiar todos los bienes de los templarios.
En el caso específico de la adoración a Baphomet,
se alegaba que los templarios gritaban su nombre durante los enfrentamientos,
aunque hoy se cree que pudo tratarse de una forma corrupta del francés antiguo,
de nombrar al profeta Mohammed, ya que los templarios habían asumido algunas ideas del Islam.
Lo cierto es que, tras la pena de muerte y la tortura,
muchos de los templarios terminaron por confesar que sí adoraban a Baphomet,
y que esta deidad era una cabeza de tres rostros o uno,
que era un demonio y que realizaban rituales en su honor.
La pseudo-monarquía Daemonum de Johan Weyer catalogó a Aval como el primer demonio.
Johan Weyer era un médico, escritor e investigador alemán
que centró su investigación y trabajo en desacreditar las afirmaciones de las brujas
de tener contacto con demonios y volar,
así como de asegurar que la Inquisición y la muerte de las brujas era innecesaria,
porque no se podía tratar como verdad algo que surgía de trastornos mentales.
Para este autor, todo lo referente a la magia, la brujería y la hechicería
era falso y producto de la imaginación de los supuestos brujos.
No obstante, su obra se extensa y se centra en identificar estos mundos imaginarios de los brujos,
el reinado de los demonios y otras ramas relacionadas con el esoterismo.
En su libro, pseudo-monarquía Daemonum, o falso reino de los demonios,
reúne el nombre de 69 demonios y coloca como el rey principal sobre todos a Val o Bael,
a quien se le asignan características físicas extrañas como tener tres caras,
una humana, una de sapo y otra de gato, así como un cuerpo humano que culmina en patas de araña.
Este listado de demonios parece haber sido tomado de otras obras preexistentes
como el libro de los oficios de los espíritus y el testamento de Salomón.
La Argoetia de la llave menor de Salomón, mediados del siglo XVII,
lista a Bael como el primero de los 72 demonios.
La Argoetia es el primer libro de la llave menor de Salomón,
una compilación de cinco libros sobre misticismo, magia y hechicería,
es decir, una especie de grimonio compilado en el siglo XVII.
En la Argoetia, el nombre de Bael o Val aparece como el primero de los 72 demonios registrados
y le otorga la cualidad de conceder la invisibilidad a quienes saben adorarlo,
se le considera el jefe de todos los demonios y de los poderes infernales.
El Diccionario Infernal de Colin de Plancy, 1818, ilustrado en 1863,
consolidó la imagen icónica de Bael.
El Diccionario Infernal es un libro que reúne a todos los demonios que se conocían hasta 1818
y buscaba aclarar sus orígenes y todo lo que se sabía acerca de ellos.
Este libro tuvo diversos cambios con el tiempo, incluso su autor, Colin de Plancy,
se convirtió al catolicismo y modificó el libro incorporando todas las nociones de la teología católica
sobre la demonología.
En el año 1863, el libro se imprimió con ilustraciones creadas por Luis Lebretona.
Cada ilustración caracteriza y realza la monstruosidad de estos demonios,
a la vez que se les representa según las descripciones de su forma o poder.
En el caso de Bael, la imagen ilustra claramente a un ser de tres cabezas,
una de gato, otra humana y otra de sapo.
La cabeza humana porta una corona, ya que es el rey de los demonios.
Estas cabezas se sostienen sobre patas de arañas.
Esto pasó a consolidar la referencia visual que hoy tenemos de Bael.
Alastair Crowley y S. L. McGregor Mathers reeditaron La Goetia en 1904.
Alastair Crowley y S. L. McGregor Mathers son dos reconocidos ocultistas de mediados del siglo XIX
y principios del siglo XX, ambos fundadores y participantes de algunas tradiciones ocultistas.
Inicialmente Crowley era estudiante de McGregor.
En el año 1904 reeditaron en conjunto La Goetia, el primer libro de la llave menor de Salomón.
Ya añadieron algunas invocaciones que no se encontraban en el libro original,
así como ensayos que presentaban los rituales como una búsqueda psicológica,
en lugar de una iniciación demoniaca.
Tras una disputa por el ascenso dentro de la orden Golden Dawn, su amistad culminó.
Las tablillas de Ras Shamra Ugarit fueron descubiertas en 1928 o 1929,
revolucionando el estudio de Bael.
En el año 1928, un campesino que elabraba su tierra en Ras Shamra
se topó con un túnel que atrajo arqueólogos como Claude Schaeffer.
Tras iniciar las excavaciones, se descubrió que se trataba de la antigua ciudad de Ugarit.
En este lugar se encontraron diversas tablillas de escritura cuneiforme alfabética
con textos como epopeyas, temas religiosos y el ciclo de Bael,
el mito sobre la disputa entre Bael y otros dioses por el poder supremo.
A partir de este descubrimiento, la investigación y el estudio sobre Bael tomó un nuevo impulso,
que ha permitido ubicar en un contexto real los textos bíblicos
y los paralelismos entre las tradiciones cananeas y la religiosidad de Israel,
así como la comprensión de términos antiguos que ahora permite traducciones más exactas de la Biblia.
Bael como dios era poderoso, garantizaba la fertilidad de la tierra y con ello la vida humana.
Pero con el tiempo, gracias a la reinterpretación de los profetas,
los rituales que se le celebraban y la evidencia arqueológica,
hoy podemos comprender cómo la concepción sobre su poder y divinidad
cambiaron al punto de convertirse no sólo en un dios pagano oscuro,
sino en el rey de todos los demonios, la figura más cercana a lo que hoy conocemos por Satanás.
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