Me accidento de noche en el desierto de Baja California y se rompe todo. Me recompongo, levanto la moto, manejo de noche y acabo llegando a un oasis llamado Rancho Escondido. Esta es la historia de lo que viví en la ruta de terracería del famoso rally Baja 1000.
📣 MÚSICA EN ESTE VÍDEO ➳ Joulik - Beshena ➳ Ikoliks - The western wind ➳ Dan Ayalon - Dreaming Lucifer ➳ Fermín - El viejón ➳ Amit Sagie - Chop the pop ➳ Los toritos
¡Qué dolor!
¡Soy Tribu Rally 1000!
¡Qué bonito está esto! Gracias, Otón.
Creo que es de las veces que más rápido estoy yendo en tierra en mi vida.
En los episodios anteriores comencé a recorrer la Baja California
de Sur a Norte.
A la altura entre Vizcaíno y Guerrero Negro
tomé una ruta de terracería por donde pasa el famoso Rally Baja 1000,
la cual me llevaría hasta Bahía de Los Ángeles.
Si no me parara a grabar hasta habría llegado con luz,
pero si no me parara a grabar no tendría sentido que estuviera aquí.
Y aunque alguno que otro critique, luego, en realidad, os gusta verlo, ¿eh?
Sí, sí. Que yo lo sé.
También sé que las prisas no son buenas
y aun así con ellas iba
para evitar que se hiciera de noche y para lograr llegar a tiempo,
pero también porque estaba sintiendo emociones fuertes,
de esas que te animan a seguir dando gas
para que duren un poco más,
para que continúe bombeando esa adrenalina
que te hace sentir muy vivo.
¡Qué bonito! ¡Estoy muy feliz!
Es que, os digo una cosa,
los mejores momentos no se graban.
Y también son muy difíciles de transmitir.
Aquello que os llegue de esto, multiplicarlo por 10.
Daos cuenta de que estoy aquí solo,
haciéndose de noche, haciendo una ruta del Baja Rally,
con la adrenalina, sintiéndome muy vivo,
despertando el ser, cumpliendo el sueño.
¡Qué no se te olvide, Agustín!
¡Estás cumpliendo el sueño!
Y mira qué manera de cumplirlo.
¡Dios!
¡Qué bonito!
Este campo de cirios bañados por los últimos rayos de sol
incrementó mis ganas de correr.
Era como si el camino, puesto de acuerdo con el cielo,
me estuviera enviando señales de que sí,
de que siguiese así,
de que esta vez podía.
No puedo explicar lo que estoy sintiendo ahora mismo.
Una sensación que no puedo narrar.
Hay un poco de arena, pero tengo tacos buenos que me salvan.
Que nada ni nadie nos quite nunca las ganas de estar vivos,
de hacer con nuestro tiempo lo que queremos.
Somos magas y magos,
creadores de nuestra realidad.
Una hora y 10 minutos para llegar a destino.
¡Vamos! ¡Vamos! Que se puede.
Placer y acción por esta carretera,
dejando que la moto baile y rezando para no tener un accidente,
que aquí, si me pasa algo, hasta mañana nadie me podría socorrer.
Pero confío en mis posibilidades,
estoy entregado a mi destino.
Eso es así.
Una de las razones por las que puedo ir tan rápido
es porque modifiqué los clicks de la suspensión.
Pero suele suceder que cuando vas por encima de tus posibilidades
y algo altera la situación,
hay suspense más que suspensión.
Pues entusiasmarte de noche, en medio del desierto,
es síntoma de ser muy testarudo.
Cada vez va oscureciendo más.
Creo que no le queda mucho.
¡Qué dolor!
¡Qué golpe me he dado!
¡Qué dolor!
Se ha partido todo esto.
Al final, sucedió.
Me duele el pecho.
Me duele el pecho.
Me ha salvado el peto por delante.
Lo que aún no sabía es que había roto el parabrisas con mi propio cuerpo.
Está el casco también.
El casco se ha llevado un buen golpe en algún sitio
porque he notado la cabeza contra el suelo.
Cosas de la aventura.
Venía muy rápido así que ha terminado sucediendo.
Yo lo único que pido es que arranque la moto.
¡Es que se ha roto! ¡Se ha roto todo!
Se ha roto ese palo,
esto,
esto de aquí,
la cámara de allí abajo…
Todo.
Todo, todo.
Todo menos los huesos,
lo cual ya era tener mucha suerte.
Ahora lo que urgía era levantar la moto y salir de allí cuanto antes.
Estoy solo, sí, estoy solo.
Es así.
Espero que no haya muchos coyotes por aquí.
¡Qué golpe me he dado!
Junto a la de la puerta de San Cristóbal, la más fuerte de mi vida.
Por lo menos la moto arranca.
¡Madre mía!
A ver si arranca…
¡Vamos!
Había perdido una de las dos luces de ShercoMoto,
pero me consideré afortunado por seguir teniendo la otra.
Todo esto está destrozado.
Menos mal que esto no me lo he clavado.
¡Menos mal!
Mira, la flecha.
Iba muy rápido.
Iba muy rápido porque no quería que se me hiciera de noche.
No era buena idea, ya lo sé.
Menos mal que no me he roto nada.
Creo que las costillas van a estar bien, pero el esternón me duele.
Si juntamos todas las piezas…
¡Somos tribu!
Yo creo que ya es buen momento para bajar la presión de los neumáticos.
Esta luz creo que la he perdido, ha desaparecido durante el suceso.
Vamos a bajar un poco la presión,
aunque lo tenía que haber hecho antes.
¡Qué golpe me he dado!
Menos mal que no me roto nada.
Esperemos que esto se encuentre todo bien.
Súper-Supernova te pido disculpas.
No solo por la caída, sino también por lo que le esperaba al día siguiente.
Creo que el manillar está un poco doblado,
pero seamos positivos,
ahora he ganado bastante visibilidad estando sentado.
Lo cual sería muy útil para los arenales que me encontraría.
Claro, es que aquí se ha convertido en arenal.
Si no me hubiese caído ahí, me habría caído más adelante, yo creo.
Vamos despacio que la prisa no es buena compañera.
Para la derecha, ¿no?
¡Mamá!
No me había pasado esto antes.
Pero vamos a llegar.
No nos podemos enterrar.
Eso, Agustín.
Sigue adelante y no mires para atrás.
Eso, eso, eso.
¡Muy bien!
¿Y qué me decís de cómo he levantado la moto?
La adrenalina te da fuerza.
52 minutos.
Sabía yo que en la Baja California iba a tener una buena aventura,
de esas que recordaré toda la vida.
Estoy quemando un poco de embrague, pero necesario.
Esto está todo averiado, todo averiado.
Ni siquiera me da la velocidad la moto.
Aquí le han pasado cosas.
Estoy encubierto por los cactus.
Son los guardianes del desierto.
¡Mira! ¿Será que aquí hay una casa?
Ahí hay un molino.
Sí, hay una casita ahí, pero yo voy a continuar.
Por lo menos sé que hay gente.
Creo que es por aquí.
Aquí está el camino.
No me quería meter ahí de noche. A ver si los voy a asustar
y me van a disparar con una escopeta.
¡Qué susto!
¡Las vacas!
Es que están en medio del camino.
Bueno, son pequeñas, espero que no me tiren.
Discúlpeme, lo siento.
¡Lo siento!
Para allá, para allá.
Eso es.
¡Qué me tira!
¡Me ha golpeado la vaca!
No saltes hacia mí, por favor.
Pero, ¿por qué no te vas para otro lado?
Aunque sea pequeña, como me dé, me tumba.
¿Qué puedo hacer? Si quieres…
Me estás mostrando el camino, ¿no?
Seguro que me estás llevando a mi destino.
¡Gracias!
Supongo que algunos de vosotros estaréis pensando qué estoy pensando.
Y la verdad es que no estoy pensando en nada.
Solo quiero llegar.
Estoy pensando en no pensar.
Pero no hay miedo en mi ser porque sé que la ruta es muy segura.
Lo que agradezco mucho es no haberme roto nada
porque ahí sí habría estado más complicado.
Ha habido un momento que me he estresado porque
hay dos personas que se han tenido que empezar a volver medio locas,
que son las dos que me están monitoreando por el dispositivo satelital.
Habrán visto que no me he movido de ahí en 30 minutos
y se habrán imaginado lo peor
porque ya tenía que haber llegado,
pero deben de estar viendo que estoy en movimiento
y supongo que se habrán imaginado que me he quedado enterrado
en la arena o algo así.
¿Ves? ¡Otra vez!
Encuentras un montículo de estos de arena y no puedes hacer nada.
A pesar de que me haya caído, está siendo la mejor conducción
en arena de mi vida.
Y, a pesar de lo que podáis estar pensando,
que qué poco precavido, qué temerario,
una persona me está esperando.
Otón me dijo que aquí hay un señor, llamado Óscar,
que tiene un rancho y que, de vez en cuando, hospeda gente.
Él sabe que estoy en camino,
solo que me esperaba hace una hora y pico.
Yo también esperaba llegar hace una hora y pico,
pero aquí estamos sorteando la arena.
Entre otras cosas.
Fui atravesando penumbras hasta llegar a un sitio llamado Rancho Escondido,
lugar donde pasaría la noche.
¡Vamos allá!
Hemos llegado milagrosamente al Rancho Escondido.
Y escondido está, la verdad.
—¿Qué tal? ¿Todo bien?
—Sí.
—¿Está por aquí Óscar?
—¿Óscar?
—Sí.
—Sí, ahí está.
Hola mi gente, estamos en Rancho Escondido,
en Baja California,
invitando a toda la gente linda de por allá, de España,
para que vengan a visitarnos a Rancho Escondido y se lo pasen muy bien
comiendo una rica y sabrosa carne,
mira esto, es puro orgánico.
Que no les den nada malo,
aquí todo es original, para que se diviertan mucho.
Españoles os esperamos en el rancho,
Rancho Escondido en Baja California, México.
¡Bendiciones!
Bendiciones son las que la vida me regala,
pues ya lo fue no haberme fracturado nada
y encima había parrillada.
—¿Estas son las vacas del rancho?
—Estamos hablando de la raza Simmental que estamos haciendo en mi rancho.
Simmental.
Es una raza muy buena.
Y tras haber superado los retos una vez más,
disfruté de todo lo disfrutable y algo más.
—¿Somos creyentes o no somos creyentes?
El buen mezcal para mi amigo.
Tú me dirás, ¿eh?
—Excelente.
Creer es importante.
Creer, crea.
Crea historias, crea momentos y crea memorias.
—Rancho Escondido.
—Las ordeñamos un día sí y un día no.
Y ahora llevaremos un vaso de leche a una señora
que se la toma todos los días.
Natural, mi amigo Agustín.
En realidad, vivir aquí en mi rancho me hace sentir bien
porque estoy con la familia, con mi esposa y con mis hijos.
La riqueza para mí, en lo personal, es eso.
Tener una familia linda
y ya de ahí viene todo lo demás. La verdad es que
se siente muy bien.
Decidí hacer un rancho aquí
y le dije a mi papá: “Quiero hacer un rancho”.
Y me dijo: “¿Para qué? Te voy a dejar mi rancho”.
Y le contesté: “Papá, te agradezco, pero yo quiero tener mi propio rancho
y una nueva experiencia, una nueva familia”.
Y aquí estamos, ya desde el año 94 hasta la fecha de hoy,
ya vamos para 30 años.
Tenemos unas pocas de cabras, gallinas, caballos, vacas…
Somos afortunados los que estamos aquí en la Tierra
y a veces no lo sabemos apreciar, qué pena, pero…
Yo sí les diría que sepan apreciar lo que tenemos.
Hay un dicho que dice:
“Hay veces que el pato nada y, a veces, que ni agua bebe”.
O sea, a veces, existe la manera y podemos tener cosas,
pero a veces no. Y así nos pasa.
Yo creo que a todas las personas que andamos luchando
por lograr nuestros sueños,
la satisfacción de cuando lo vas logrando se aprecia mucho.
Me encantaría dejar un ejemplo de vida sana.
Y, sobre todo, hay que amarnos los unos a los otros, eso es maravilloso.
Y ahora en la actualidad cada uno va por su lado
y yo siento que en verdad todos estamos conectados.
Si nos ayudamos podemos estar bien todos.
¡Qué maravilla! ¡Me encanta!
Así que… Bienvenidos todos los que vengan al rancho.
Está reventado.
Lo dije ayer y lo repito ahora,
las prisas no son buenas,
pero la emoción de todo lo que sucedió antes
y todo lo que sucedió después,
no me la quita nadie.
Esto se ha salvado.
Esto lo voy a dejar de recuerdo aquí, en Rancho Escondido.
Y esto lo tendré que atar con una brida.
Pues la verdad se ha dicha, si en vez de a 60 kilómetros por hora,
como creo que iba,
me caigo a 110 o a 130, hubiese sido diferente.
Fue una imprudencia total por mi parte
ir tan rápido en ese terreno,
solo.
No era el momento para correr, la verdad.
Pero quería aprovechar los últimos rayos del Sol
y pensé que no pasaría nada.
Lo positivo es que ahora voy a ir con más ventilación,
me va a dar más el aire en la cara.
Y lo negativo es que he roto un montón de cosas.
O sea, prácticamente todos los soportes de las cámaras están rotos,
una de las GoPro está rota,
de la 360 está rallada una de las lentes,
el palo no sé si lo voy a poder poner…
Creo que sí, de este lado.
Lo otro muy positivo es que más allá de
algunas contusiones que tengo
en varias partes del cuerpo,
cervical incluida,
por el golpe contra el suelo.
Pues sí, duele un poco, pero es que he llegado a un sitio tan bonito.
Ayer disfruté tanto quedándome hasta tarde tomando mezcal
con Óscar y su amigo
que llegamos a la conclusión de siempre:
“Todo pasa por algo”.
Mañana, si todo va bien, llegaré a Tijuana.
Hoy voy a ir más despacio, lo prometo.
Es difícil de explicar,
es que te entra una emoción, un veneno, la moto te pide sigas
y sigas, te sientes confiado, vas bien, vas bien,
y en el momento menos pensado estás en el suelo.
Pero insisto, todo lo que vives antes,
y si no se convierte en algo más serio, todo lo que vives después,
la sensación de saber que te has caído y te has revolcado,
pero te has levantado y has salido de ahí tú solo,
es fantástica.
Quién lo probó, lo sabe.
¡Vámonos!
Pero antes le compraría gasolina a Óscar,
pues con la que tenía no me habría alcanzado para llegar a destino.
—Con esto llego a Bahía de los Ángeles.
La gasolina es un bien preciado por aquí, ¿eh?
—Sí.
A pesar de ver a la muerte y a pesar de los pesares,
nada pesa más que las historias que vivir pueda
para poder contarles.
Por eso, señoras y señores, aquí les dejo un esquema
de las medidas en las que, tarde o temprano,
todos, absolutamente todos, vamos a acabar.
Y déjenme decirles las cosas que no caben.
El chalet por el cual trabajaste 30 años de tu vida para poder pagarlo,
el coche último modelo, con cenicero galáctico, fibra óptica y 340 caballos,
todos los zapatos y bolsos de aquella marca tan buena,
la televisión de plasma HD 2434 de 85 pulgadas,
los grandes relojes, los brillantes, collares y, en fin, todo lo material.
Y, sin embargo, lo que sí caben son los besos que dais,
los abrazos que os dieron, los lugares que visteis,
las veces que se os erizó la piel,
los orgasmos que recorrieron vuestro cuerpo,
las cosas que cuestionasteis y aprendisteis,
las enseñanzas que compartisteis y compartieron con vosotros,
las lágrimas de decepción y alegría,
las decisiones buenas y malas,
los “te quiero”, las carcajadas, los “lo siento”, los atardeceres,
flotar en el mar, los alimentos que saboreasteis y un largo etcétera.
El tiempo es limitado, decide bien en qué gastarlo
y piensa siempre si el esfuerzo y tiempo que has de consumir
para conseguir algo material es conveniente.
Yo el mío lo dedico a buscar historias,
aunque, a veces, estas me revuelquen por la arena.
Y si después de estos años algo queda,
espero que les sirva para, de pies y manos,
quitarse la cadena.